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Pensábamos que el auge turístico de Japón era una oportunidad para la IA. Se ha convertido en un remedio inesperado

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Japón es uno de esos países que uno cree conocer sin haberlo pisado. Por sus templos milenarios, por sus trenes que superan los 300 km/h, por su tecnología y por sus robots. Por eso no extraña que millones de personas hagan las maletas cada año para recorrer sus ciudades, sus montañas y hasta sus zonas rurales menos conocidas. Lo que sí sorprende es esto: cómo la IA empieza a abrirse paso allí donde, hasta ahora, solo se aceptaba el talento humano.

La paradoja es tan japonesa como su cultura: un país donde se valora profundamente la hospitalidad, y, al mismo tiempo, donde escasean quienes puedan practicarla. Porque si algo ha revelado el tsunami de turistas que está recibiendo Japón es que la falta de guías bilingües se ha convertido en un problema serio. No es nuevo. Muchos se jubilaron durante los difíciles años que atravesó el sector durante la pandemia, otros cambiaron de sector. Pero ahora la situación aprieta, y el país empieza a responder.

Donde antes había un guía con sonrisa, ahora hay una app con IA

La escasez de guías no es una anécdota. Es una realidad que empieza a dejar huella en la experiencia de miles de viajeros. Como recoge Nikkei Asia, Japón contaba en 2019 con algo más de 46.000 guías bilingües. La cifra incluía tanto a profesionales licenciados como a certificados por gobiernos locales, e incluso a personas con conocimientos suficientes como para desempeñar ese rol. Cuatro años después, la cifra había caído casi un 20%. En 2023 quedaban unos 37.700. La tendencia sigue a la baja.

Los motivos se entienden rápido. La pandemia arrasó con los calendarios turísticos, congeló reservas y dejó a miles de guías freelance sin ingresos estables. Muchos buscaron otro camino. Algunos se retiraron. Y aunque han pasado años desde aquellos tiempos, lo que ha quedado es una plantilla envejecida: cerca del 60 % de los guías con licencia tienen más de 60 años. Si hablamos del examen oficial, en 2024 solo lo aprobaron 380 personas.

Las agencias lo notan. Algunas reconocen que han tenido que cancelar o reprogramar tours porque, sencillamente, no había nadie disponible para atenderlos. Antes, cuando su plantilla estaba al límite, podían recurrir a profesionales independientes. Ahora, ni eso. Y aunque desde 2018 Japón permite realizar tours de pago sin necesidad de licencia oficial, buena parte de los turistas y las agencias siguen prefiriendo guías autorizados, con conocimientos, acreditaciones y, sobre todo, confianza.

Japon2
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Hoy, en lugares como Okinawa, hay turistas que prefieren la voz robótica de aplicaciones como la del operador Cerulean Blue antes que quedarse sin tour. El sistema detecta su ubicación mediante el GPS del móvil, muestra información en tiempo real con realidad aumentada y activa audioguías a medida que el visitante avanza.

Ese gesto, casi imperceptible, dice mucho del presente… y tal vez también del futuro. Porque la IA aún no improvisa chistes, no siente orgullo al hablar de su ciudad, no responde con una sonrisa. Pero cuando el guía no llega, la tecnología  parece estar lista para responder.

Y lo más interesante es que el turismo no es un caso aislado. Lo que está ocurriendo con los guías forma parte de un patrón más amplio que empieza a notarse con fuerza en Japón. En la agricultura, por ejemplo, las empresas están usando apps basadas en IA capaces de identificar enfermedades de las plantas con solo una foto. En las escuelas, los profesores de inglés no dan abasto, así que algunas ya utilizan asistentes virtuales que conversan con los alumnos.

En la administración pública, ayuntamientos como el de Yokosuka han comenzado a usar ChatGPT para resumir reuniones y redactar documentos. Según cálculos del propio consistorio, el ahorro de tiempo se cuenta en miles de horas al año. Todo esto responde a un mismo problema estructural: la falta de manos. Japón es una potencia tecnológica, sí. Pero también es un país que está envejeciendo y cuenta con una tasa de natalidad muy baja.

Imágenes | Micah Camper | Angel | Geoff Oliver

En Xataka | Japón se ha dado cuenta de que para acoger a 60 millones de turistas le falta algo: trabajadores en los hoteles

ues de anuncios individuales.

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la ciencia de la productividad dice que no solo importan las pulgadas

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A mí me ha pasado y puede que a ti también: tienes un monitor y notas que ya no es suficiente. Podrías dar un saltito y cambiarlo por uno un poco más grande, pero sumarle únicamente pulgadas a la ecuación no va a cambiar la cosa demasiado. Para cambiar nuestra experiencia, necesitamos algo diferente, como apostar por un monitor ultrawide o sumar un monitor más a nuestro setup.

¿Cuál es la mejor opción para ti? Ambas están genial, pero puede que las dos no se adapten a tus necesidades de la misma manera. Por eso mismo, vamos a echar un vistazo a las ventajas e inconvenientes que tienen estas dos configuraciones para que sepas qué elegir según tus prioridades.

Elegir un monitor ultrawide

Kadyn Pierce Ao9hfn6rdx4 Unsplash
Kadyn Pierce Ao9hfn6rdx4 Unsplash

Un monitor ultrawide es más grande que uno convencional, pero no podemos quedarnos solo con eso. Estos monitores suelen tener en su mayoría un formato 21:9, lo que se traduce en que son más anchos. Eso hace que tengamos un espacio horizontal más alargado, lo que es una maravilla para la productividad

Y no solo eso: al ser una única pantalla, no hay ningún tipo de barrera o marco que corte la experiencia visual, algo ideal para trabajar con líneas de código largas u hojas de cálculo con infinidad de columnas. También tres ventanas con documentos o aplicaciones abiertas a la vez. Todo tu espacio de trabajo, sin interrupciones. Y para jugar, son lo más porque tienes un campo de visión más grande y la inmersión que dan no es comparable a la de un monitor normal.

A esta pantalla alargada hay que sumarle otro factor, que es la curvatura. Hay opciones de monitores ultrawide planos, aunque si te animas a dar el salto, yo te recomendaría optar por uno curvo. La razón es muy fácil de entender: la pequeña curva del monitor ayuda a que puedas verlo entero de un vistazo. ¿Qué implica esto? Que no tienes que girar la cabeza, algo que agradecerás cuando termines tu jornada. Además, el ultrawide te permite trabajar centrado y con la columna recta. Con dos monitores, tu “centro” serán los marcos de ambos. Por tanto, más movimientos de cuello.

Otro elemento más que juega a favor de los ultrawide: la Ley de Fitts. Esta, en resumidas cuentas, predice que el tiempo necesario para moverse a un objetivo depende de la distancia y el tamaño del mismo. ¿Y cómo se aplica esto a los monitores? Con dos de ellos, vamos a tener los marcos como una “barrera” de separación entre ambos que el cerebro va a entender como una interrupción. Eso no ocurre con el ultrawide, puesto que el ratón y todo se va a mover de forma fluida por toda la pantalla. Sin un salto continuo de un monitor a otro, la carga cognitiva se reduce y eso es genial para que haya menos fatiga.

No es la razón principal para elegir uno de estos monitores, pero tengo amigos que se han decantado por un ultrawide porque prefieren un espacio más minimalista y ordenado. Al final, es una experiencia visual continua que colocas en tu escritorio que, claro está, también tiene su lado negativo: necesitas un fondo de escritorio amplio.

Me dejo para el final dos contras más que, sin ser un drama, yo valoraría mucho antes de decantarme por esta opción. Como es una pantalla, si un día arrancas el ordenador y el monitor no enciende, te quedarás sin nada (ahí tener dos monitores gana claramente). Además, al tener muchos más píxeles que un monitor panorámico de toda la vida, vas a necesitar una tarjeta gráfica medio potente si no quieres que tus juegos caigan por debajo de 60 FPS.

Elegir dos monitores

Markus Spiske Wtwygdnbgts Unsplash
Markus Spiske Wtwygdnbgts Unsplash

La otra cara de la moneda: dos monitores, uno al lado del otro. Si tuviera que definir esta configuración con una palabra, sería versatilidad. Para construir un setup con dos pantallas, podemos lanzarnos a comprarlas ambas o simplemente adquirir una y sumarla a la que ya tenemos, ya sea idéntica o de un tamaño y características diferentes. Y no solo eso: también podemos cambiar su altura a nuestro antojo o girar una de ellas para ponerla vertical. Esto último es genial para leer documentos largos o echar un vistazo a las redes sociales mientras que, a la vez, tienes otra pantalla en horizontal para tener una experiencia normal.

Yo trabajo con dos monitores desde hace años y es mi elección porque ofrece la sensación de tener dos espacios separados. Por ejemplo, suelo tener abierto en una pantalla un documento donde escribo y el correo o el Slack en la otra. A cambio, sí que hay una cosa en la que los ultrawide ganan por goleada: te vas a encontrar un marco de por medio y te va a tocar mover más el cuello.

Me voy a detener en esto último un momento. Es muy necesario que los dos monitores estén bien colocados, algo que no es tan sencillo como suena. Si son idénticos es más fácil, pero puede ser una odisea como sean de diferentes tamaños o fabricantes. Dentro de lo posible, yo tiraría de un soporte para monitores, aunque eso engorda la cuenta. Y es mejor no escatimar ahí, puesto que van a tener que soportar el peso de los monitores todo el tiempo.

Lo bueno y lo malo de ambas opciones, frente a frente

monitor ultrawide

dos monitores

LO BUENO  🟢

Trabajas sin marcos en medio. Es ideal para editar vídeo (timeline infinito) o tener 3 columnas de texto legibles, y ayudan a no forzar el cuello

Te permite tener dos espacios de trabajo separados

LO MALO 🔴

No son para todos los escritorios: necesitas un soporte robusto, fondo de mesa y una buena tarjeta gráfica

Implican más movimiento de cuello y hay marcos negros en medio

Ideal para:

Tener todos tus documentos o apps en una misma pantalla para verlos de un vistazo

Más versatilidad: puedes poner uno en vertical (ideal para programar o leer redes) y el otro en horizontal

Echamos cuentas para ver qué te puede compensar más

Como ves, ambas configuraciones te van a ayudar a mejorar tu productividad. Si las dos “hacen lo mismo”, entonces, ¿cómo sabes cuál es mejor para ti? Son las diferencias de cada una las que tienes que conocer, sumadas al uso que le vas a dar al monitor (o monitores), puesto que no va a existir una gran diferencia de precio entre ambas opciones. Vamos a ver unos casos concretos para que sea más fácil de entender.

Si tu prioridad es tener un espacio de trabajo único donde puedas tener dos o tres aplicaciones y documentos abiertos a la vez, entonces me lanzaría a por un monitor ultrawide. ¿Por qué? Porque el formato 21:9 hace que esto sea mucho más sencillo. Y también más sano para tus cervicales.

  • Uso real: Quieres tener un espacio amplio en el que puedas ver todas tus cosas de un solo vistazo sin mover el cuello.
  • ¿Qué obtienes?: Un único monitor que te hará ganar en limpieza visual y que te permitirá tener un espacio de trabajo más ordenado.

Sin embargo, puede que prefieras tener dos espacios de trabajo separados que vayan de la mano. También que, puntualmente, te venga mejor tener una pantalla en posición vertical. Ahí los dos monitores ganan por goleada.

  • Uso real: Buscas la experiencia que te da tu monitor normal por duplicado.
  • ¿Qué obtienes?: Una configuración muy versátil que te permitirá trabajar de formas diferentes cada vez que lo necesites. Y si uno se te rompe, no te quedas vendido.

En resumen:

👉 Elige un monitor ultrawide si: quieres un espacio de trabajo único en una pantalla que puedas ver sin necesidad de mover el cuello.

👉 Elige dos monitores si: prefieres dos espacios separados que puedas usar (o mover) según necesites y no te importa que la experiencia se corte.

Modelos recomendados

Monitor ultrawide: LG 34WR50QK-B

De elegir ahora mismo un monitor ultrawide enfocado a productividad y para alguna partida esporádica, me quedaría con este de LG. Tiene 34 pulgadas con curvatura 1800R, lo que, como comenté más arriba, facilita mucho poder ver toda la pantalla de un vistazo sin mover el cuello. Además, tiene resolución QHD, que es lo más común y equilibrado para no gastar una fortuna.

Tiene 100 Hz, lo que hace que movernos entre aplicaciones y documentos sea más fluido, lo que también ayuda a que haya menos fatiga visual al final de la jornada. También puede venir bien para alguna partida ocasional (aunque no es un monitor pensado para jugar) y tiene un puerto USB-C, lo que nunca está de más para conectar el móvil, por ejemplo.


LG 34WR50QK-B – Monitor UltraWide Curvo, 34″, QHD: (3440x1440px), 21:9, ADM FreeSync Premium, Multiposición, Negro

El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces

Dos monitores: Samsung S40GD

Si te decantas por los dos monitores y vas a comprar dos iguales (que es lo ideal), me tiraría a por este Samsung S40GD. Es una opción de 24 pulgadas con resolución Full HD y una tasa de refresco idéntica al anterior de 100 Hz. Es cierto que tiene menor resolución que el anterior, pero no es tan importante al ser una pantalla tan pequeña.

Para trabajar con doble monitor, me parece genial: al usar panel IPS, ofrece muy buenos ángulos de visión, por lo que, los coloques como los coloques, vas a tener buena visibilidad. De hecho, para tener doble monitor, no apostaría por un monitor con panel VA por eso mismo, puesto que los vas a ver mal desde ciertos ángulos. También ofrece tanto HDMI como DisplayPort, lo que es ideal para conectar dos en caso de que tu PC tenga pocas opciones de conectividad.

Eso sí, al meter dos de estos monitores Samsung en el carrito, también agregaría un soporte doble como este de la marca Bontec: hace que la cuenta final suba, aunque a cambio te dará más opciones para colocarlos y te ayudará a reducir los movimientos de cuello.


SAMSUNG S40GD Essential Monitor 24″, Full HD, IPS Panel, Tasa de Refresco 100Hz, Eye Saver Mode, Super Slim Design, Less Screen Flickering, Altavoces Integrados, Contectividad Múltiple LS24D406GAUXEN

El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces

¿Quieres ver más modelos?

Si no te convence ninguno de estos dos monitores, puedes consultar nuestra guía de monitores ultrawide o esta otra centrada en monitores para trabajar.

Algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Xataka. En caso de no disponibilidad, las ofertas pueden variar.

Imágenes | Jose García, Markus Spiske, Mehmet Ali Peker

En Xataka | Cuál es el mejor ordenador portátil para trabajar en 2026. Consejos y recomendaciones

En Xataka | Mejores teclados para escribir y trabajar: cuál comprar y seis modelos recomendados

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la ciencia de la productividad dice que no solo importan las pulgadas

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A mí me ha pasado y puede que a ti también: tienes un monitor y notas que ya no es suficiente. Podrías dar un saltito y cambiarlo por uno un poco más grande, pero sumarle únicamente pulgadas a la ecuación no va a cambiar la cosa demasiado. Para cambiar nuestra experiencia, necesitamos algo diferente, como apostar por un monitor ultrawide o sumar un monitor más a nuestro setup.

¿Cuál es la mejor opción para ti? Ambas están genial, pero puede que las dos no se adapten a tus necesidades de la misma manera. Por eso mismo, vamos a echar un vistazo a las ventajas e inconvenientes que tienen estas dos configuraciones para que sepas qué elegir según tus prioridades.

Elegir un monitor ultrawide

Kadyn Pierce Ao9hfn6rdx4 Unsplash
Kadyn Pierce Ao9hfn6rdx4 Unsplash

Un monitor ultrawide es más grande que uno convencional, pero no podemos quedarnos solo con eso. Estos monitores suelen tener en su mayoría un formato 21:9, lo que se traduce en que son más anchos. Eso hace que tengamos un espacio horizontal más alargado, lo que es una maravilla para la productividad

Y no solo eso: al ser una única pantalla, no hay ningún tipo de barrera o marco que corte la experiencia visual, algo ideal para trabajar con líneas de código largas u hojas de cálculo con infinidad de columnas. También tres ventanas con documentos o aplicaciones abiertas a la vez. Todo tu espacio de trabajo, sin interrupciones. Y para jugar, son lo más porque tienes un campo de visión más grande y la inmersión que dan no es comparable a la de un monitor normal.

A esta pantalla alargada hay que sumarle otro factor, que es la curvatura. Hay opciones de monitores ultrawide planos, aunque si te animas a dar el salto, yo te recomendaría optar por uno curvo. La razón es muy fácil de entender: la pequeña curva del monitor ayuda a que puedas verlo entero de un vistazo. ¿Qué implica esto? Que no tienes que girar la cabeza, algo que agradecerás cuando termines tu jornada. Además, el ultrawide te permite trabajar centrado y con la columna recta. Con dos monitores, tu “centro” serán los marcos de ambos. Por tanto, más movimientos de cuello.

Otro elemento más que juega a favor de los ultrawide: la Ley de Fitts. Esta, en resumidas cuentas, predice que el tiempo necesario para moverse a un objetivo depende de la distancia y el tamaño del mismo. ¿Y cómo se aplica esto a los monitores? Con dos de ellos, vamos a tener los marcos como una “barrera” de separación entre ambos que el cerebro va a entender como una interrupción. Eso no ocurre con el ultrawide, puesto que el ratón y todo se va a mover de forma fluida por toda la pantalla. Sin un salto continuo de un monitor a otro, la carga cognitiva se reduce y eso es genial para que haya menos fatiga.

No es la razón principal para elegir uno de estos monitores, pero tengo amigos que se han decantado por un ultrawide porque prefieren un espacio más minimalista y ordenado. Al final, es una experiencia visual continua que colocas en tu escritorio que, claro está, también tiene su lado negativo: necesitas un fondo de escritorio amplio.

Me dejo para el final dos contras más que, sin ser un drama, yo valoraría mucho antes de decantarme por esta opción. Como es una pantalla, si un día arrancas el ordenador y el monitor no enciende, te quedarás sin nada (ahí tener dos monitores gana claramente). Además, al tener muchos más píxeles que un monitor panorámico de toda la vida, vas a necesitar una tarjeta gráfica medio potente si no quieres que tus juegos caigan por debajo de 60 FPS.

Elegir dos monitores

Markus Spiske Wtwygdnbgts Unsplash
Markus Spiske Wtwygdnbgts Unsplash

La otra cara de la moneda: dos monitores, uno al lado del otro. Si tuviera que definir esta configuración con una palabra, sería versatilidad. Para construir un setup con dos pantallas, podemos lanzarnos a comprarlas ambas o simplemente adquirir una y sumarla a la que ya tenemos, ya sea idéntica o de un tamaño y características diferentes. Y no solo eso: también podemos cambiar su altura a nuestro antojo o girar una de ellas para ponerla vertical. Esto último es genial para leer documentos largos o echar un vistazo a las redes sociales mientras que, a la vez, tienes otra pantalla en horizontal para tener una experiencia normal.

Yo trabajo con dos monitores desde hace años y es mi elección porque ofrece la sensación de tener dos espacios separados. Por ejemplo, suelo tener abierto en una pantalla un documento donde escribo y el correo o el Slack en la otra. A cambio, sí que hay una cosa en la que los ultrawide ganan por goleada: te vas a encontrar un marco de por medio y te va a tocar mover más el cuello.

Me voy a detener en esto último un momento. Es muy necesario que los dos monitores estén bien colocados, algo que no es tan sencillo como suena. Si son idénticos es más fácil, pero puede ser una odisea como sean de diferentes tamaños o fabricantes. Dentro de lo posible, yo tiraría de un soporte para monitores, aunque eso engorda la cuenta. Y es mejor no escatimar ahí, puesto que van a tener que soportar el peso de los monitores todo el tiempo.

Lo bueno y lo malo de ambas opciones, frente a frente

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Trabajas sin marcos en medio. Es ideal para editar vídeo (timeline infinito) o tener 3 columnas de texto legibles, y ayudan a no forzar el cuello

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No son para todos los escritorios: necesitas un soporte robusto, fondo de mesa y una buena tarjeta gráfica

Implican más movimiento de cuello y hay marcos negros en medio

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Más versatilidad: puedes poner uno en vertical (ideal para programar o leer redes) y el otro en horizontal

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Como ves, ambas configuraciones te van a ayudar a mejorar tu productividad. Si las dos “hacen lo mismo”, entonces, ¿cómo sabes cuál es mejor para ti? Son las diferencias de cada una las que tienes que conocer, sumadas al uso que le vas a dar al monitor (o monitores), puesto que no va a existir una gran diferencia de precio entre ambas opciones. Vamos a ver unos casos concretos para que sea más fácil de entender.

Si tu prioridad es tener un espacio de trabajo único donde puedas tener dos o tres aplicaciones y documentos abiertos a la vez, entonces me lanzaría a por un monitor ultrawide. ¿Por qué? Porque el formato 21:9 hace que esto sea mucho más sencillo. Y también más sano para tus cervicales.

  • Uso real: Quieres tener un espacio amplio en el que puedas ver todas tus cosas de un solo vistazo sin mover el cuello.
  • ¿Qué obtienes?: Un único monitor que te hará ganar en limpieza visual y que te permitirá tener un espacio de trabajo más ordenado.

Sin embargo, puede que prefieras tener dos espacios de trabajo separados que vayan de la mano. También que, puntualmente, te venga mejor tener una pantalla en posición vertical. Ahí los dos monitores ganan por goleada.

  • Uso real: Buscas la experiencia que te da tu monitor normal por duplicado.
  • ¿Qué obtienes?: Una configuración muy versátil que te permitirá trabajar de formas diferentes cada vez que lo necesites. Y si uno se te rompe, no te quedas vendido.

En resumen:

👉 Elige un monitor ultrawide si: quieres un espacio de trabajo único en una pantalla que puedas ver sin necesidad de mover el cuello.

👉 Elige dos monitores si: prefieres dos espacios separados que puedas usar (o mover) según necesites y no te importa que la experiencia se corte.

Modelos recomendados

Monitor ultrawide: LG 34WR50QK-B

De elegir ahora mismo un monitor ultrawide enfocado a productividad y para alguna partida esporádica, me quedaría con este de LG. Tiene 34 pulgadas con curvatura 1800R, lo que, como comenté más arriba, facilita mucho poder ver toda la pantalla de un vistazo sin mover el cuello. Además, tiene resolución QHD, que es lo más común y equilibrado para no gastar una fortuna.

Tiene 100 Hz, lo que hace que movernos entre aplicaciones y documentos sea más fluido, lo que también ayuda a que haya menos fatiga visual al final de la jornada. También puede venir bien para alguna partida ocasional (aunque no es un monitor pensado para jugar) y tiene un puerto USB-C, lo que nunca está de más para conectar el móvil, por ejemplo.


LG 34WR50QK-B – Monitor UltraWide Curvo, 34″, QHD: (3440x1440px), 21:9, ADM FreeSync Premium, Multiposición, Negro

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Dos monitores: Samsung S40GD

Si te decantas por los dos monitores y vas a comprar dos iguales (que es lo ideal), me tiraría a por este Samsung S40GD. Es una opción de 24 pulgadas con resolución Full HD y una tasa de refresco idéntica al anterior de 100 Hz. Es cierto que tiene menor resolución que el anterior, pero no es tan importante al ser una pantalla tan pequeña.

Para trabajar con doble monitor, me parece genial: al usar panel IPS, ofrece muy buenos ángulos de visión, por lo que, los coloques como los coloques, vas a tener buena visibilidad. De hecho, para tener doble monitor, no apostaría por un monitor con panel VA por eso mismo, puesto que los vas a ver mal desde ciertos ángulos. También ofrece tanto HDMI como DisplayPort, lo que es ideal para conectar dos en caso de que tu PC tenga pocas opciones de conectividad.

Eso sí, al meter dos de estos monitores Samsung en el carrito, también agregaría un soporte doble como este de la marca Bontec: hace que la cuenta final suba, aunque a cambio te dará más opciones para colocarlos y te ayudará a reducir los movimientos de cuello.


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Si no te convence ninguno de estos dos monitores, puedes consultar nuestra guía de monitores ultrawide o esta otra centrada en monitores para trabajar.

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el aumento de los petroleros abandonados

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Lo de abandonar un petrolero u otro buque comercial ha pasado de ser algo rara avis a convertirse en una peliaguda tendencia: solo en 2025 hay registrados 410 buques, una diferencia abismal respecto a los 20 casos de 2016, según datos de la Federación International de Trabajadores del Transporte (ITF), una organización sindical mundial que rastrea estos incidentes. ¿Qué está provocando este repunte?

Los primeros afectados: la tripulación. Un petrolero abandonado no implica únicamente desatenderse de la embarcación en sí, sino también de más de 6.000 marineros abandonados a su suerte, según las cifras globales de ITF. Los más afectados son los marineros de la India, con más de mil personas afectadas representan la mayoría del total. 

Un caso es el de Iván (nombre ficticio), el oficial jefe de cubierta de un petrolero que lleva semanas abandonado fuera de las aguas territoriales de China, que recientemente declaró para la BBC cómo este suceso les ha afectado a la salud y al ambiente: “Teníamos escasez de carne, cereales, pescado, cosas básicas para sobrevivir”. Y eso sin mencionar la incertidumbre de ver la costa china y no saber si vas a poder pisarla.

El contexto: las flotas fantasma. A lo largo de los últimos meses hemos oído hablar de “barcos fantasma” o “barcos zombies”, esto es, barcos que legalmente apenas existen, con dueños escondidos tras empresas pantalla. El objetivo es operar fuera del marco financiero y regulatorio oficial para evadir sanciones por rutas “prohibidas” como Irán, Rusia o Venezuela. La guerra de Ucrania y el contexto de sanciones han originado un mercado B de barcos viejos que transportan petroleo.

Los candidatos ideales para convertirse en bancos fantasmas son los buques envejecidos, generalmente petroleros que rondan las dos décadas de vida, una edad crítica en la que ya la embarcación apunta al desguace, lo que facilita que pasen a ese escenario clandestino. Quien lo compra no va a invertir en mantenimiento a largo plazo, quiere amortizarlo rápidamente transportando crudo sancionado. Este tipo de embarcaciones carecen de seguros completos como P&I Clubs, de modo que ante cualquier problema, el armador desaparece antes de asumir costes de reparación o repatriación.

La trampa legal de las banderas de alquiler. Aquí aparecen en escena las “banderas de conveniencia“, algo así como el paraíso fiscal de los mares. Es lo que pasa cuando un armador registra su buque en un país diferente al suyo para beneficiarse de normativas más laxas. Hay una desconexión jurídica entre la propiedad real del buque y el estado que le da la bandera. ¿Y qué tiene que ver con los petroleros abandonados? Según la ITF, el 82% de abandonos se producen en buques que operan bajo banderas de conveniencia.

Entre los estados con banderas de conveniencia se encuentran Panamá, Liberia y las Islas Marshall, que representan el 46,5% de todos los buques mercantes. Pero hay un país que merece una mención especial: Gambia. En 2023 pasó de no tener ningún buque a poseer 35 navegando bajo su bandera, tiempo récord para crear esa infraestructura de forma orgánica. Además de legislación más suave, muchos de estos países subcontratan las inspecciones a organismos privados y carecen de personal técnico suficiente para verificarlo después, como señala la Organización Marítima Internacional en varios informes.

Cárceles y bombas de relojería flotantes. El de Iván es solo un caso, pero qué ejemplo: el barco porta casi 750.000 barriles de petróleo ruso que tiene valor nominal de unos 50 millones de dólares (42 millones de euros). Salió a principios de noviembre de 2025 del lejano oriente ruso hacia China y allí está, a las puertas de su destino y sin poder entrar. 

Es para que salten las alarmas por el riesgo ambiental que supone un posible vertido de un buque abandonado y sin responsable. Además, la seguridad de la embarcación queda comprometida, en tanto en cuanto el error humano representa más del 80% de los accidentes marítimos y estos marineros no están en su mejor momento precisamente. Afortunadamente, la ITF se hizo cargo de la situación en diciembre, proporcionando las nóminas atrasadas hasta este momento, proporcionando víveres y otros elementos básicos y planificando la repatriación.

No es un problema aislado. El drástico aumento de petroleros abandonados representa no solo una vulneración de sanciones y normativas internacionales, también un drama humano y potencial desastre ambiental para el que no habría responsable legal que lo cubriese. 

Si bien es cierto que hay intervenciones y abordajes y que hay estados presionando a aquellos países estandartes de las banderas de conveniencia como Gambia y consiguiendo algo en el intento, la realidad es que este es un fenómeno global que requiere de una regulación internacional más estricta, sirva como ejemplo la lista negra de la India, que incorporó a una base de datos a 86 buques extranjeros por abandono de marineros y violación de sus derechos. 

En Xataka | Cada vez se desguazan menos barcos petroleros, y solo hay una explicación razonable: la flota fantasma de Rusia

En Xataka | Los barcos de la “flota fantasma” petrolera apagan sus GPS para no ser detectados. Malasia va a cazarlos con drones

Portada |  Jack Dong 

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