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Las tuneladoras modernas son auténticos monstruos comparadas con las de 1950. Lo paradójico es que son igual de lentas
Cada persona tiene su propio Imperio Romano. Se trata de esos cinco minutos diarios que dedicamos a pensar en lo que nos apasiona, y temas como megaestructuras o tractores absurdamente grandes pueden ser ese “Imperio Romano” personal. Hablando de maquinaria enorme, tenemos las tuneladoras. Cada vez son más grandes y tienen más tecnología, pero no están avanzando al ritmo que, quizá, necesitaríamos para transformar las ciudades.
Porque tras unos años meteóricos, su velocidad parece haberse estancado. Y… tiene sentido.
Inicios desesperantemente lentos. La historia de las tuneladoras es relativamente reciente, ya que es una maquinaria que dependió de los avances tecnológicos en maquinaria. Inspirado por el caparazón craneal de los teredos, que son moluscos con unas fauces capaces de perforar la madera de los barcos, el ingeniero francés Marc Isambard Brunel patentó en 1818 el escudo tunelador. Fue una revolución y, literalmente, un escudo: era una estructura de hierro fundido que protegía a los mineros mientras picaban.
A medida que progresaban, el tramo terminado se reforzaba con ladrillos y hacían avanzar el escudo mediante enormes gatos. No dejaba de ser un trabajo manual, pero el ir protegidos con ese escudo y no “a pecho descubierto” permitió acometer obras tan complejas como la del túnel bajo el Támesis. Y el problema es que esa prototuneladora avanzaba al ritmo del trabajo de los obreros: un metro al día, más o menos.

El escudo de Brunel. En la parte derecha vemos a los operarios picando y haciendo avanzar el escudo desde la parte trasera mientras, por detrás, otro grupo se encarga de colocar los soportes
La electricidad no mejora las cosas. En el desarrollo de las tuneladoras hubo tres momentos clave. El primero fue el de la idea del escudo, el segundo el de la mecanización de la herramienta. A lo largo del XIX y comienzos del XX, diferentes ingenieros intentaron mejorar la fórmula de Brunel añadiendo dispositivos de corte a la cabeza del escudo.
Se probaron varias ideas como taladros y discos de corte que se montaban en brazos o en una placa giratoria frontal. Esa mecanización se logró gracias a sistemas neumáticos, al vapor y, posteriormente, a la electricidad. Estaba claro que eran más seguras para los operarios gracias a esa automatización, pero el ritmo de perforación, aunque se había doblado respecto al ritmo manual, seguía siendo lento.
Las ciudades tenían hambre de túneles para sus redes ferroviarias y canales, pero el avance de las máquinas a vapor era de uno a dos metros diarios… y las eléctricas avanzaban entre dos y cinco metros al día. El colmo es que tenían problemas de fiabilidad y los operarios tenían que realizar el sostenimiento del túnel de forma tradicional.
Mediados de siglo a toda mecha. Además de los problemas técnicos, las tuneladoras seguían teniendo problemas con la roca dura. Los operarios necesitaban recurrir a la voladura, lo que hacía todo más lento y peligroso, pero en la década de los 50, al estadounidense James S. Robbins se le ocurrió algo que revolucionó el panorama: una cabeza giratoria que mezclaba los avances anteriores.
La tuneladora de la presa Oahe fue la primera tuneladora moderna y tenía una cabeza giratoria que equipaba cortadores de arrastre y discos. El tándem permitía trabajar en terrenos más duros de forma continua y, además, suponía la culminación de la idea de Brunel: la cabeza perforaba y el escudo protegía a los operarios que iban colocando el revestimiento del túnel a medida que el conjunto avanzaba. También era más seguro para esos operarios y los avances dieron paso a velocidades máximas de unos 200 metros a la semana, según el terreno.

La cabeza de la tuneladora de Oahe, la primera tuneladora moderna
Estancamiento. En medio siglo, la velocidad se había multiplicado por diez en el mejor de los casos, pero los avances del siglo XXI fueron por otros derroteros. Las máquinas continuaron evolucionando y perfeccionando la idea de ese ‘morro’ híbrido de Robbins. También se hicieron más grandes, eficientes, seguras y con sistemas automatizados a la hora de colocar los refuerzos. Pero pese a todas las mejoras, la velocidad no se multiplicó como en las décadas pasadas. Se dobló, pero hay un problema: esta velocidad es la teórica, no la real.

Fauces de la parte frontal de una tuneladora con cabeza en forma de doble ‘o’
Llega The Boring Company. Ahí entra Elon Musk en escena con su The Boring Company (un juego interesante, ya que Boring Machine es “máquina aburrida”, pero también es como se conoce a las tuneladoras). El empresario tenía el proyecto de Hyperloop, lo que daba sentido a que tuviese una empresa de tuneladoras, y el objetivo era aumentar drásticamente la velocidad de excavación.
¿Su objetivo? Superar la velocidad de 140 metros diarios de un caracol, 980 a la semana. Prufrock es su gran apuesta con, una velocidad prometida de más de 1.600 metros semanales y un objetivo de 80.000 metros semanales. Es un objetivo que parece utópico, pero su idea es que las máquinas trabajen sin detenerse para mantenimiento ni para instalar el revestimiento. En lugar de instalar los tradicionales rieles de transporte de segmentos de revestimiento, la máquina es más autónoma y se elimina ese tiempo de instalación de rieles para transportar los segmentos del revestimiento del túnel.

La idea de The Boring Machine es soltar la tuneladora, que empiece a excavar de forma ininterrumpida y vuelva a la superficie. Es buena, pero en terrenos urbanos y suelo poco estable, es más utópica
Realmente no es novedoso porque hay otras máquinas que lo hacen, pero en terrenos blandos, trabajar sin revestimiento puede ser peligroso. En proyectos actuales, como la Línea 2 del Metro de Lima, la velocidad ronda los 15 metros al día y todo tiene que ver porque el terreno es complejo y urbano. Hay muchos factores a tener en cuenta al hablar de la velocidad de estas máquinas, vaya.

La Prufrock
¿Y si la carrera ya no es la de la velocidad? Dejando a un lado los objetivos de The Boring Company, puede que el problema es que queremos máquinas más rápidas cuando los avances se están haciendo en un área más importante: la seguridad. Porque, aunque las máquinas ahora son más capaces y su velocidad se ha incrementado ligeramente, ese aparente estancamiento puede responder a un cambio de objetivo.
La velocidad de las máquinas está condicionada por la geología, por la logística de evacuación de escombros, por el montaje de revestimiento y por la seguridad de todos los que están trabajando dentro del túnel recién excavado. Podrían ir más rápido, pero se prioriza la precisión y la seguridad sobre la velocidad máxima. Y un ejemplo es China.
China y prioridades. El gigante asiático es sinónimo de inversión en tuneladoras con maquinaria descomunal que sea capaz de seguir el ritmo de los planes sobre infraestructuras en el país. Combinando máquinas enormes y potentes con técnicas más clásicas como la voladura, China está acometiendo obras de una gran dificultad, y lo hace con máquinas cuyo mayor avance no es la velocidad, sino la sostenibilidad y la seguridad.
Como decíamos, este es un elemento crucial y, por ejemplo, una de sus últimas tuneladoras es capaz de detectar las condiciones del terreno 40 metros por delante para tomar decisiones autónomas. También están investigando formas de optimizar el uso de energía y reducir las emisiones para que sean más sostenibles.
Por tanto, puede que la velocidad de las tuneladoras no aumente de forma tan sorprendente como lo visto hace unas décadas, pero están avanzando rápidamente en otra dirección. ¿Podrían ser más rápidas? Sí, pero da la sensación de que no quieren por un cambio en las prioridades.
Imágenes | TRJN, TBM, Robbins, Tambo
En Xataka | Inglaterra e Irlanda quisieron crear el túnel más largo del mundo. Uno “estúpido” y “adelantado a su tiempo”
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routers mal configurados por todo el mundo
El router suele quedarse fuera de nuestra atención: lo instalamos, comprobamos que hay conexión y dejamos que siga funcionando durante meses o años. Sin embargo, ese pequeño equipo que conecta una casa o una oficina con Internet también puede convertirse en una pieza útil para quienes buscan ocultar sus operaciones. El problema no está en lo que vemos, sino en lo que puede ocurrir en segundo plano cuando la configuración es débil o el firmware queda desactualizado. Y ahí empieza una historia que ya no afecta solo a especialistas en seguridad.
El escondite estaba en el router. Esa posibilidad dejó de ser una advertencia abstracta el 13 de julio de 2026. CISA, la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras de Estados Unidos, alertó de que actores del Centro 16 del FSB, el servicio de seguridad ruso, siguen aprovechando dispositivos de red vulnerables o mal configurados en distintos países. Según el aviso, esa actividad ya ha permitido comprometer redes de varios sectores de infraestructuras críticas. La advertencia fue emitida conjuntamente con organismos de Australia, Dinamarca, Nueva Zelanda y Reino Unido.
Una identidad prestada. El objetivo no es quedarse en el router, sino utilizarlo como intermediario para otras operaciones. Cuando el tráfico pasa por un dispositivo instalado en una vivienda o una pequeña oficina, la conexión puede parecer la de cualquier usuario legítimo. Es lo que se conoce como proxy residencial: una conexión doméstica utilizada como intermediaria para ocultar desde dónde actúa realmente el atacante. Para las defensas de una organización, distinguir a primera vista entre una conexión normal y una actividad maliciosa resulta mucho más difícil.
El rastreo empieza en Internet. Para encontrar nuevos dispositivos, los atacantes recorren rangos de direcciones IP en busca de routers con agentes SNMP activos, un protocolo utilizado para consultar y administrar equipos conectados a una red. El riesgo aparece cuando ese servicio está expuesto y acepta credenciales comunes o las que venían configuradas de fábrica. En ese escenario, el equipo puede responder a alguien que no debería tener acceso. El primer paso consiste, por tanto, en localizar cuáles siguen anunciándose en Internet con una configuración débil.
De objetivo a herramienta. Encontrar un router expuesto no basta para controlarlo. Según CISA, los actores envían tráfico malicioso con direcciones IP de origen suplantadas y aprovechan el agente SNMP mal configurado para ejecutar malware en el dispositivo. Lo hacen, además, desde redes formadas por otros routers ya comprometidos, de modo que el sistema se alimenta a sí mismo. El proceso tiene tres fases: primero encuentran el equipo, después explotan su configuración y, finalmente, lo incorporan a la red desde la que seguirán buscando nuevos objetivos.
El ataque sale desde otra casa Una vez incorporado a ese entramado, el router empieza a actuar como nodo de salida, es decir, como el último punto visible antes de que el tráfico llegue al objetivo. Para quien recibe la conexión, la actividad no parece proceder de sistemas vinculados al FSB, sino de una dirección IP de apariencia legítima. Esa cobertura puede reducir las posibilidades de bloqueo automático y complica el trabajo de quienes intentan reconstruir la ruta hasta los responsables de la operación.
Una persecución que no termina: la utilidad de esta red de intermediarios se entiende mejor cuando observamos sus posibles destinos. CISA señala redes de comunicaciones, defensa, energía, servicios financieros y organismos públicos, todos ellos sectores donde una conexión aparentemente legítima puede facilitar sondeos o ataques posteriores. El fenómeno, además, no empezó con esta advertencia: Actores rusos y chinos llevan años disputándose y reutilizando routers comprometidos. Aunque gobiernos y compañías han logrado desinfectar dispositivos y desarticular botnets, sus operadores suelen reconstruirlas incorporando nuevos equipos.
Cerrar la puerta. CISA recomienda desactivar SNMP 1 y 2, versiones que no cifran las contraseñas ni incorporan protecciones actuales, y utilizar SNMP 3 únicamente cuando sea necesario. Si no empleamos este protocolo para administrar la red, la opción más segura es apagarlo por completo. El organismo también aconseja deshabilitar Cisco Smart Install, sustituir las credenciales débiles, instalar las actualizaciones de firmware y limitar otros protocolos de red innecesarios. El router puede pasar desapercibido durante años, pero eso no significa que debamos dejarlo funcionando sin mantenimiento.
Imágenes | Xataka con Nano Banana
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su antena residencial es grande y gastona. La nueva generación llega para corregirlo
Durante años, conectarse a Internet por satélite ha implicado aceptar un intercambio bastante claro: llegar allí donde la fibra no llega, pero hacerlo con equipos más grandes, pesados y exigentes con la energía. Es algo que hemos visto tanto en viviendas aisladas como en instalaciones temporales, donde cada kilo y cada vatio cuentan más de lo que parece. Starlink ha ido afinando esa fórmula generación tras generación. Ahora, su siguiente paso no consiste en prometer una velocidad deslumbrante, sino en corregir justo esas limitaciones físicas.
El nuevo kit residencial. Starlink V5 es la siguiente generación del equipo que SpaceX ofrece para conectar viviendas a su constelación de satélites. El paquete conserva la configuración destinada a instalaciones fijas, con una antena exterior y un router independiente incluido para distribuir la conexión dentro del hogar. El rediseño tampoco persigue elevar el pico de velocidad anunciado para la generación anterior. La renovación se concentra, sobre todo, en transformar el tamaño, el peso y la eficiencia de una parte fundamental del sistema.
Una antena más manejable. El cambio se aprecia primero en las cifras. La Starlink V5 pesa 1,1 kg, frente a los 2,9 kg del Standard 4, una reducción aproximada del 62% que la deja en el mismo peso nominal que la Starlink Mini. También pasa de unas dimensiones de 594 × 383 × 39,7 mm a 384 × 306 × 34 mm, aunque conserva un campo de visión de 110 grados. Para quien vaya a instalarla por su cuenta, transportarla, colocarla en un soporte o cambiarla de ubicación debería resultar más sencillo.
Casi la mitad de consumo. Según las especificaciones publicadas por Starlink, el V5 funciona con una media de entre 35 y 50 W, frente a los 75-100 W del Standard 4. La reducción adquiere especial importancia en instalaciones alimentadas mediante baterías, generadores o estaciones portátiles, donde cada hora de autonomía depende del gasto acumulado. También puede permitir que una fuente de respaldo mantenga la conexión durante más tiempo cuando falla la red eléctrica.
Menos velocidad, pero por poco. Starlink sitúa el pico de descarga anunciado del V5 en 375+ Mbps, frente a los 400+ Mbps del Standard 4 y los 300+ Mbps de la Mini. Existe una diferencia de 25 Mbps entre las cifras de referencia de los dos equipos residenciales, no una pérdida garantizada en todas las conexiones. Aunque el rendimiento real dependerá también del plan contratado, la hora del día, la capacidad disponible y la congestión local.
Preparada para el exterior. Pese a ser mucho más ligera, la Starlink V5 eleva la velocidad operativa de viento admitida cuando está montada desde los 96 km/h del Standard 4 hasta los 265 km/h. Mantiene además la clasificación ambiental IP67 Type 4 y puede funcionar en temperaturas de entre -30 y 50 grados centígrados. Su sistema de deshielo alcanza los 40 milímetros de nieve por hora, la misma cifra que la generación anterior.
Dos equipos para usos diferentes: aunque el V5 se aproxima a la Starlink Mini en peso, SpaceX los orienta a necesidades distintas. El nuevo terminal forma parte de un kit residencial para instalaciones permanentes y trabaja con un router separado que viene incluido. La Mini, en cambio, integra su propia conexión Wi-Fi y puede funcionar sin ese dispositivo adicional, una ventaja cuando el usuario necesita trasladar el equipo entre ubicaciones. El V5 no sustituye directamente al modelo portátil, sino que renueva la alternativa pensada para permanecer instalada en una vivienda.
Un estreno todavía limitado. La nueva antena residencial de Starlink no está disponible oficialmente en España. Su comercialización ha comenzado entre clientes residenciales de Estados Unidos y la compañía únicamente ha adelantado que llegará a otros mercados a medida que aumente la producción, sin publicar un calendario concreto. Lo que sí deja claro el V5 es la dirección elegida por SpaceX: una antena más compacta y un consumo mucho menor, aunque no sea más rápida.
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convertir los aires acondicionados chinos en un fenómeno de masas en Europa
Bruselas lleva meses intentando frenar la avalancha de productos chinos que entran en el continente. Hace unas semanas escribíamos sobre el impuesto especial en artículos de pequeño valor en tiendas como AliExpress, Temu o Shein. La UE señala a China como responsable de un déficit comercial que no deja de crecer y ha amenazado con nuevas restricciones.
Lo que es imposible de frenar es el calor. Y es que este verano está siendo especialmente mortífero para millones de europeos. Algunos hasta han hecho colas, han recorrido varias ciudades y se han pasado el día actualizando webs con el fin de conseguir un aparato de aire acondicionado. La mayoría, por cierto, fabricados en China.
La política comercial europea no ha logrado frenar la dependencia de China. El termómetro, en cambio, lo ha conseguido en cuestión de semanas.
Qué ha pasado. Una ola de calor histórica ha golpeado a numerosos países en Europa, entre ellos Francia, Alemania, Países Bajos, Reino Unido, Bélgica, Polonia o la República Checa, países donde el aire acondicionado nunca ha sido una necesidad real. Con las temperaturas disparadas y un aumento notable de las muertes por calor, la demanda de aparatos de aire acondicionado se ha disparado de golpe. El problema es que la oferta no ha podido seguir el ritmo, pues son muchas las tiendas que se han quedado sin existencias.
Cómo hemos llegado hasta aquí. Aunque aquí en España estemos más que acostumbrados a tener casas con aire acondicionado (al menos en la parte más alejada del norte), en el resto de Europa no es tan común. De hecho, según datosde la Agencia Internacional de la Energía, solo alrededor del 20% de los hogares europeos cuenta con aire acondicionado, frente a cerca del 90% en Estados Unidos.
Durante décadas, el continente ha considerado estos aparatos ruidosos, antiestéticos para las fachadas históricas y, sobre todo, innecesarios, porque los veranos extremos eran algo puntual. Esta misma lógica ha llevado a levantar edificios diseñados para retener el calor en invierno. Cuando las olas de calor han dejado de ser una excepción, Europa se ha encontrado sin infraestructura, sin cultura de instalación y sin una industria propia capaz de cubrir esa demanda. Y es que ninguna de las cinco marcas más vendidas del continente es europea, según datos de Euromonitor International recogidos por CNBC.
En detalle. Según cifras de aduanas chinas citadas por The Wall Street Journal, las exportaciones de aparatos de aire acondicionado desde China hacia Francia crecieron un 57% en mayo respecto al año anterior, mientras que hacia España lo hicieron un 41%, y eso antes de los peores días de junio. El South China Morning Post, citando estimaciones de mayo, situaba el aumento interanual en un 186% en Francia, un 69,6% en Alemania y un 139,1% en Países Bajos. The Telegraph recogía además que las exportaciones chinas de aires acondicionados a la Unión Europea han crecido un 43% en el primer semestre del año, hasta 3.800 millones de dólares, con subidas de entre el 20% y el 97% en las ventas de ventiladores según el mercado.
Midea, uno de los grandes fabricantes, aseguraba a la agencia estatal china Xinhua que enviaría 100 contenedores de su modelo PortaSplit a Europa solo en un mes, y que sus pedidos habían superado ya las 200.000 unidades este año, el doble que en 2025, según recogía CNBC.
Entre líneas. Todo esto ocurre en el peor momento posible para la narrativa comercial europea. Bruselas y Pekín mantienen conversaciones para intentar reducir un déficit comercial que alcanzó los 360.000 millones de euros el año pasado y que en el primer trimestre de este año ya sumaba 98.000 millones, el nivel más alto desde 2022, según datos de Eurostat.
El propio comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, reconocía que la tendencia “no es sostenible”. Analistas como Ding Chun, del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Fudan, contaban al SCMP que existe una desconexión creciente entre el discurso político de Bruselas, centrado en la protección industrial, y las necesidades reales de los ciudadanos, que simplemente “buscan sobrevivir al calor al mejor precio posible”.
Y ahora qué. La Unión Europea se ha marcado octubre como fecha límite para lograr avances “tangibles” en la relación comercial con China. Pero el problema del aire acondicionado no va a desaparecer con el verano, pues la propia Comisión Europea calculaba en 2024 que para 2030 podrían instalarse hasta 70 millones de nuevos aparatos en el continente, lo que cubriría en torno al 35% de los hogares. Eso implica que, además de fabricantes chinos, Europa va a necesitar una red de instaladores y una regulación adaptada a una realidad que hasta hace poco no contemplaba.
Imagen de portada | TCL
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