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La industria del móvil lleva años desesperada por mejorar sus cámaras. Honor cree haber dado con la tecla
Hace unas semanas tuve la oportunidad de probar el Honor 400 Pro. Es un teléfono de gama media-alta con el foco puesto en la fotografía móvil. Hasta aquí, no hay nada especialmente sorprendente. Pero si te cuento que este teléfono asienta las bases de una Honor que no cree que el futuro de la fotografía esté en el hardware, sino en la computación en la nube, puede que cambien las cosas.
En Xataka hemos podido hablar con Luo Wei, Chief Imaging Architect de HONOR. Es quien se encarga de liderar la parte de fotografía, IA aplicada a la misma y Super Zoom en Honor, y ex-Huawei. Y alguien que tiene claro que para ganar la carrera de los smartphones hay que ganar la carrera de la IA. Si te suena a marketing puedes estar tranquilo. No lo es, es la visión de futuro de un gigante que aspira a conquistar Europa.
Honor quiere liderar en Europa, y quiere hacerlo con IA


Para entender por qué es tan importante la IA para Honor en teléfonos y no malinterpretarla como un ejercicio de marketing, es necesario conocer la relevancia que tiene la compañía con su Alpha Plan. En marzo de 2025, la compañía desvelaba una inversión de 10.000 millones de dólares en cinco años para impulsar inteligencia artificial en sus dispositivos y desplegar su primer agente de IA, en asociación con Qualcomm y Google.
El objetivo es claro: liderar los agentes de IA en el ecosistema móvil y ser el principal referente en esta carrera. Por el momento, lo hará de la mano de estos dos socios en Europa.
Honor tiene estrategias distintas para China y Europa. En nuestro territorio, Google Cloud es el principal partner
Es también relevante comprender que este plan tiene mucho que ver con la posición de Honor en Europa y cómo aspira a conquistar nuestro mercado, más que en una propuesta centrada puramente en su país natal. Con datos de Counterpoint en la mano, Honor es la marca que más crece en envíos en Europa de forma interanual, y quiere seguir empujando liderando las funciones de IA.
En China, su enfoque con la IA es distinto, más profundo y local. Allí el socio no es Google Cloud, son gigantes nacionales como Alibaba (Qwen + Wanxiang), Baidu y Tencent Cloud, profundizando mucho más en su asistente YoYo y de la mano con DeepSeek.
Todo a la IA
Uno de los pilares de este plan, además de la creación de la primera IA agéntica para smartphones, es AiMAGE. Aterrizando el término a lo tangible: los teléfonos de gama alta de Honor procesan las fotografías en la nube para “mejorarlas”. Y sobre esto hay muchas preguntas. La primera es por qué.
Aquí Luo Wei plantea que, históricamente, la fotografía móvil ha estado limitada por el hardware. Una limitación que según Honor tan solo puede superarse utilizando computación en la nube, sobre todo para tareas como la restauración de imágenes, dotar de movimiento (convertir en vídeo corto) imágenes estáticas o mejoras en el zoom.
Siendo más concretos, 12.500 millones de parámetros procesables por su modelo en la nube vs los 3.000 millones de parámetros con los que puede lidiar el hardware actual. Añadiendo a este punto la posibilidad que recalca Honor de actualizar sus algoritmos vía OTA.
Es algo sobre lo que hemos hablado en Xataka: llevamos años viendo una industria estancada a nivel fotográfico y con un claro límite físico a la hora de mejorar su hardware. Actualmente, no caben sensores más grandes.
El segundo punto está en la democratización de funciones como Super Zoom (zoom mejorado con IA) en dispositivos más allá de su flagship. Crear una plataforma en la nube de la que pueden beber modelos de gamas inferiores permite a Honor llevar una experiencia similar a la de un gama alta en modelos más económicos.
“Los algoritmos han ido mejorando cada vez más desde diciembre del año pasado, cuando esta función acababa de salir. Y si comparas el futuro con lo que hay ahora, cinco meses después, puedes ver que está volviéndose notablemente más real. En nuestro caso el algoritmo basado en la nube se actualiza cada dos semanas.”
Para Honor es también especialmente importante el margen de mejora mediante actualizaciones que permite la IA. Honor se lo toma en serio: lo actualizan cada dos semanas. La clave aquí no está solo en el tiempo, está en el cómo. Las actualizaciones de sistema pueden instalarse o no, dependen del espacio de almacenamiento y requisitos de hardware. Luo cuenta que, usando la nube, podrían actualizar el algoritmo a diario si quisiesen y el acceso al mismo sería inmediato.
La segunda gran incógnita tiene que ver con la rentabilidad. Usar la nube de Google suena bien, pero alguien tiene que pagarla. Aquí sorprende la transparencia de Luo, quien explica que Honor aún está debatiendo cuál será el modelo de negocio y si acabarán cobrando o no a los usuarios por usar estos servicios en la nube.
Aquí, Luo explica que Honor no paga por usuarios ni por peticiones, sino por QPS (consultas por segundo). En otras palabras, para por la capacidad que brinda a los usuarios de acceder al servicio a la nube, y así sus costes no dependen del comportamiento de los usuarios.
Es, actualmente, su forma de hacer sostenible este negocio, aunque deja claro que es algo en lo que se está trabajando y discutiendo de forma interna.
Apostarlo todo a la nube trae consigo una pregunta inevitable, qué pasa con la privacidad de los usuarios. Honor explica que su IA no se puede utilizar sin previo consentimiento del usuario (aparece desde el asistente de configuración), y en segundo lugar, que todas las fotografías que se suben a la nube para ser procesadas se eliminan después de tratarse.
Sobre el futuro de la fotografía, Luo cierra con una metáfora. Al principio de la historia de la automoción, la caja de cambios era manual. Posteriormente se pasó a los cambios automáticos y, a día de hoy, ya estamos hablando de conducción autónoma. Y aún así, seguimos necesitando conductores.
Para Honor la IA permitirá a cualquier usuario, independientemente de su grado de habilidad, obtener la mejor fotografía en cualquier escenario. Para los usuarios expertos, será un copiloto en funciones de edición, eliminación de elementos y trabajo post-foto.
Imagen | Honor
En Xataka | Honor 400, análisis: si buscas un móvil de gama media para hacer fotos, he aquí una serio contendiente
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Llevamos años buscando el origen de la vida en charcos calientes. Bennu ha demostrado que el hielo radiactivo funciona igual de bien
Cuando la cápsula de la misión OSIRIS-REx aterrizó en el desierto de Utah en septiembre de 2023, la NASA sabía que tenía un tesoro entre manos. Hablamos de un poco de polvo negro que fue recogido a millones de kilómetros de la Tierra y que estaba a punto de reescribir uno de los capítulos más importantes de la ciencia: el origen de la vida.
Lo que sabíamos. Hasta ahora, la teoría predominante en lo que respecta al origen de la vida nos decía que para “cocinar” todos los componentes básicos de la vida, como los aminoácidos, hacía falta calor y agua líquida para hacer una especie de sopa caliente química.
Sin embargo, la ciencia acaba de dar un giro de guion: los ladrillos de la vida no solo se forman en el calor, sino que pueden nacer en el frío más extremo y bajo radiación gamma. Y eso cambia por completo nuestra comprensión de cómo llegamos aquí, y también de la posible presencia de vida en cualquier rincón del Universo.
La importancia de Bennu. Sin duda es el protagonista de toda esta historia, y es que no es más que un asteroide de unos 500 metros de diámetro que funciona como un fósil del sistema solar primitivo. Pero lo más interesante es que tiene aproximadamente 4.600 millones de años, la misma edad que la Tierra, aunque, a diferencia de nuestro planeta, su superficie no se ha fundido ni alterado drásticamente por procesos geológicos a lo largo de toda su ‘vida’.
Y poco a poco vamos conociendo más acerca de este asteroide gracias a las muestras traídas por OSIRIS-REx que ya habían confirmado en análisis preliminares una abundancia inusual de carbono, nitrógeno, agua y compuestos orgánicos. Pero lo que ha encontrado ahora el equipo liderado por la Universidad de Penn State va un paso más allá.
La sorpresa. Este mismo equipo, al analizar la composición isotópica de los aminoácidos presentes, especialmente la glicina, se topó con una firma química que no encajaba con la teoría clásica de formación en agua caliente.
Un congelador radioactivo. Hasta ahora, pensábamos que los aminoácidos en los asteroides se formaban principalmente a través de procesos de alteración acuosa: el hielo se derrite por el calor, el agua líquida interactúa con la roca y voilà, química orgánica compleja.
Sin embargo, la ciencia ahora sugiere que no hace falta agua líquida para que los aminoácidos, una molécula esencial de la vida, puedan formarse. Simplemente a partir de hielos simples pueden surgir sin mucho problema. Y de estos hay mucho en el universo.
El catalizador. El otro factor importante en esta formación era la energía, que en este caso provino de la radiación gamma emitida por elementos radioactivos que abundaban en el sistema solar temprano. Y es que la energía no podía llegar desde el calor térmico, puesto que este proceso ocurre en entornos gélidos, mucho antes de que el asteroide se compactara o calentara lo suficiente para tener agua líquida.
Esto explica por qué encontramos aminoácidos tanto en asteroides que sufrieron mucho calentamiento por agua como en aquellos que permanecieron más “secos” y fríos. La vida, al parecer, es más obstinada de lo que creíamos y puede empezar a gestarse en las condiciones más hostiles del vacío espacial.
Un menú cada vez más complejo. Pero no hablamos únicamente de moléculas simples, puesto que los análisis de las muestras de Bennu han identificado una variedad de compuestos. Entre estos se encuentra el triptófano, que es un aminoácido esencial, mucho más complejo estructuralmente, y vital para la vida terrestre.
Además, se han detectado componentes del ADN y ARN, además de amoníaco y aminas, superando en riqueza a muchas muestras de meteoritos famosos como el de Murchison.
Espaldarazo a la Panspermia. Si los aminoácidos se pueden formar fácilmente en granos de hielo irradiados en la nebulosa solar —antes incluso de que se formaran los planetas—, significa que estos “ingredientes” están esparcidos por todo el sistema solar.
El hecho de que Bennu, un asteroide carbonáceo tipo B, esté repleto de estos compuestos refuerza la idea de que la Tierra no tuvo que producir todos los componentes de la vida por sí misma. Una lluvia constante de asteroides y meteoritos durante el bombardeo intenso tardío pudo haber “sembrado” nuestro planeta con un kit de inicio biológico prefabricado en el espacio profundo. Es por ello que al final mirar un grano de polvo de Bennu es mirarnos a nosotros mismos. O, al menos, a los tatarabuelos químicos que hicieron que hoy estemos aquí.
Imágenes | NASA Hubble Space Telescope
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Embolia pulmonar, la posible causa de muerte de la actriz Catherine O’Hara
EFE.- La actriz Catherine O’Hara, fallecida el 30 de enero a los 71 años, murió tras sufrir una embolia pulmonar derivada de un cáncer ubicado al final de su tracto digestivo, específicamente en el recto, según un certificado de defunción de la Oficina del Médico Forense del Condado de Los Ángeles, obtenido por la revista People.
Su representante confirmó la muerte de la actriz de “Mi pobre angelito” (“Home Alone”) a finales de enero en su casa de Los Ángeles, y agregó que ocurrió “tras una breve enfermedad”, aunque hasta el momento no se habían proporcionado más detalles.
O’Hara es recordada por haber interpretado a Kate McCallister, la madre de Kevin, interpretado por Macaulay Culkin, en la comedia navideña “Mi pobre angelito” en los años 90, pero su carrera comenzó en televisión con la serie de comedia “SCTV Network”.
Su participación en esa serie le valió su primer Emmy. El segundo lo ganaría en 2020 gracias a su participación en la serie “Shitt’s Creek”, en donde daba vida a la excéntrica y dramática matriarca de la familia Rose, Moira Rose.
Nacida en Toronto en 1954, O’Hara era reconocida por su capacidad de improvisación en la comedia. Después de “SCTV”, la actriz protagonizó filmes como “After Hours”, de Martin Scorsese, o “Beetlejuice”, de Tim Burton.
También tuvo una breve aparición en la aclamada serie de HBO, “Six Feet Under”, donde interpretaba a Carol Ward, una neurótica productora de películas.
En los últimos años, O’Hara además había participado en algunas de las series más reconocidas del momento como “The Last of Us” o más recientemente en “The Studio”, la serie de Apple TV en donde dio vida a Patty Leigh, una exjefa de estudio de cine que ayuda a Matt Remick (Seth Rogen) a dirigir uno de los estudios más importantes de Hollywood.
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su “remolcador” de satélites está listo para volar
Estamos acostumbrados a hablar de lanzamientos de satélites como si ese momento marcara el final del viaje. El cohete despega, la carga alcanza la órbita y la misión parece cumplida. Pero eso no siempre es sufciente: colocar un satélite en el espacio es solo el principio de un proceso mucho más delicado, el de llevarlo exactamente al punto donde debe operar y asegurar que pueda cumplir su misión en las condiciones previstas. En ese tramo silencioso es donde empiezan a surgir nuevas propuestas. Entre ellas, una startup española que afirma tener listo su propio vehículo de transporte orbital y una primera misión prevista para 2026.
UARX Space. Detrás de esa propuesta aparece UARX Space, una compañía con sede en Nigrán, en la costa de Galicia. Fundada en 2020, la empresa ha defendido una estrategia poco habitual dentro del ecosistema: avanzar durante sus primeros años con bajo perfil público y centrarse en la madurez tecnológica antes de presentarse al mercado. Ese enfoque plantea la idea de llegar con sistemas más desarrollados.
Listo para volar. El punto de inflexión más reciente no llega de un lanzamiento, sino de una validación técnica. En una publicación difundida en LinkedIn hace unas horas, UARX Space señala que su vehículo orbital OSSIE ha completado la campaña de cualificación ambiental, una fase que incluye pruebas de vibración, estanqueidad y condiciones representativas del despegue. Los resultados, según detalla la compañía, confirman el cumplimiento de los requisitos de misión y sitúan al sistema en estado de preparación para vuelo.
El trabajo del “remolcador”. La diferencia entre entender el concepto y ver su impacto real está en cómo se aplican esas capacidades en una misión concreta. Un vehículo como OSSIE no solo mueve satélites de un punto a otro, sino que asume maniobras que determinan si una constelación funciona como estaba diseñada o si una carga alcanza la órbita exacta que necesita para operar. Como decimos, el sistema está concebido para ejecutar inyecciones precisas, modificar parámetros orbitales y coordinar el posicionamiento relativo entre satélites.


¿Cuándo será el lanzamiento? Con ese hito sobre la mesa, la siguiente pregunta es cuándo podría llegar el despegue. Por lo que hemos podido observar en la información pública de UARX, la primera misión de OSSIE se sitúa en 2026 y queda acotada al primer trimestre del año, con una inserción inicial prevista en órbita sol-síncrona alrededor de los 500-600 kilómetros. Otro datos nos llega de un comunicado publicado anteriormente, que señala que el sistema de lanzamiento orbital contratado para este importante paso será el Falcon 9 de SpaceX.


OSSIE transportará doce cargas en su vuelo inicial. Una de ellas será CORTIS, una iniciativa del UVigo SpaceLab concebida para comparar el rendimiento de sensores de radiación comerciales con desarrollos propios y poner a prueba una cámara con herencia de vuelo prevista para otra misión. El proyecto ha superado ensayos de vibración en las instalaciones de la compañía antes de su integración, un paso necesario para cualquier carga que aspire a viajar al espacio. Esta colaboración entre entorno académico e infraestructura industrial ofrece una imagen más concreta del modelo que la empresa intenta construir.
Repostar en órbita, pero más adelante. El alcance del proyecto no se limita al movimiento de satélites, sino que apunta a una forma distinta de operar en el espacio. UARX trabaja junto a Dawn Aerospace en la integración de un sistema de acoplamiento que, en esta primera misión, tendrá únicamente función estructural, pero que forma parte de una arquitectura pensada para permitir servicios en órbita en el futuro. Entre ellos aparece la posibilidad de reabastecimiento orbital, una idea todavía en desarrollo dentro del ecosistema europeo.
Imágenes | UARX Space
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