Actualidad
He terminado la PAU y quiero dedicarme a la IA, ¿qué tengo que estudiar? Cuatro expertos responden a la pregunta
“Quiero dedicarme a la inteligencia artificial.” Es una frase que empieza a escucharse entre quienes acaban de hacer la PAU, probablemente con la misma convicción con la que antes se decía medicina o ingeniería. Pero la frase encierra una trampa: dedicarse a la IA puede significar muchas cosas, y no todas requieren lo mismo. Cuatro voces especializadas —Pilar Manchón, Antonio Ortiz, Andrés Torrubia y Jon Hernández— nos ayudan a desmenuzar esa declaración. Y a entender qué estudiar, qué habilidades desarrollar y qué trampas evitar para no perderse en el camino.
Por dónde empezar: entender qué significa dedicarse a la IA
Te invitamos a sumergirte en un reportaje lleno de matices. Porque aquí no hay una única respuesta correcta: cada experto ofrece una mirada distinta, y en ese contraste está lo verdaderamente interesante. No todos imaginan el futuro de esta disciplina del mismo modo, ni coinciden en qué estudiar, cómo formarse o por dónde empezar. Aun así, entre todos van dejando señales, advertencias y certezas en construcción que pueden servir de guía a quienes buscan trazar su propio camino en un mundo que todavía se está escribiendo y que, todo indica, reclamará un papel protagonista.


El primer paso, antes de lanzarse a elegir una carrera, es entender que “IA” no es una única profesión. Dentro de este campo caben perfiles muy distintos, desde quienes se especializan en sacar el máximo partido a herramientas como ChatGPT o Gemini sin necesidad de conocer las matemáticas que hay detrás, hasta quienes quieren meterse de lleno en el corazón del sistema. Lo resume Pilar Manchón, directora senior de Ingeniería en Google: “Hay opciones casi para todo, en función de si te sientes más cómodo siendo usuario de esas herramientas […]. Y luego hay otra parte mucho más técnica, que es decir: ‘no, yo quiero entrar a las tripas del sistema. Quiero saber exactamente cómo funciona y quiero inventar una forma nueva que lo haga más eficiente’”.


Una distinción similar plantea Antonio Ortiz, divulgador de inteligencia artificial y cofundador de Weblogs SL, que hoy conduce el podcast ‘Monos Estocásticos‘. Ortiz invita a no dar por hecho que todo el que quiera trabajar en este campo debe convertirse en arquitecto de modelos o especialista en machine learning. “Porque si uno dice ‘me tengo que dedicar a la inteligencia artificial’, ¿eso significa que me tengo que hacer un experto en machine learning, aprender a entrenar un LLM, voy a trabajar con gráficas de NVIDIA y lo que tengo que hacer es diseñar un modelo transformer y todo el discurso, todo lo que conlleva crear un modelo de inteligencia artificial desde cero?”, reflexiona.
A esa misma complejidad alude también Jon Hernández, divulgador especializado en IA con un canal de YouTube que siguen más de 380.000 personas. Su experiencia autodidacta le permite trazar una línea clara entre quienes crean IA y quienes la aprovechan como herramienta. “Yo creo que hay dos vertientes que tenemos que diferenciar muchísimo, ¿no? Una es dedicarse a la inteligencia artificial per se […] La otra cosa es cómo sacarle partido a la inteligencia artificial en esta ola de grandísima oportunidad que se ha abierto para todo el mundo”.


Queda claro que “dedicarse a la IA” no implica una sola vía ni un único perfil profesional. Para algunos, el camino estará en entender a fondo cómo se construyen los modelos. Para otros, en explorar hasta dónde pueden llegar las herramientas ya existentes. Pero antes de lanzarse, hay una pregunta inevitable: ¿qué conviene estudiar?
Elegir qué estudiar no es tarea sencilla. Pero hay un principio que parece ineludible para quienes quieran adentrarse en la IA: una buena base. Así lo cree Andrés Torrubia, cofundador del Instituto de Inteligencia Artificial, que lo resume con contundencia: “Yo, a día de hoy, seguiría recomendando a los chavales que están haciendo la PAU estudiar las cosas fundamentales que nunca van a cambiar: matemáticas, física y los paradigmas de programación, a sabiendas de que cada vez más parte de la programación la va a hacer un sistema de inteligencia artificial”.


Una idea con la que coincide Antonio Ortiz. “La inteligencia artificial es software”, recuerda. “Entonces, tiene que estudiar cualquier disciplina, ya sea de formación profesional o universitaria, que le ayude a saber hacer mejor software”. Ortiz sugiere optar por estudios de espectro amplio, que no cierren puertas y permitan adquirir una base sólida en desarrollo informático: “Yo recomendaría invertir en tener fundamentos, en tener una base intelectual fuerte, más que buscar el atajo de aprender justo la técnica porque es lo que demanda el mercado ahora”.
Jon Hernández introduce otro matiz en la conversación: la importancia de la motivación personal. “Creo que lo que tenemos que recomendar a la gente joven es que estudie aquello que le guste y que le apasione”, afirma. Su argumento es que, más allá de las tendencias o las salidas profesionales del momento, lo decisivo será saber aplicar la inteligencia artificial al propio campo de interés: “Si tienen la pasión necesaria para hacerlo y, sobre todo, aplican la inteligencia artificial a eso que estén estudiando, creo que van a ser los mejores profesionales posibles en ese campo”. Y deja caer una idea curiosa: “La profesión más demandada dentro de cinco años… van a ser los filósofos”.
Lo que la universidad aporta (y lo que no)
La universidad sigue siendo una vía potente para adentrarse en el mundo de la inteligencia artificial, pero no es la única. Pilar Manchón defiende la formación reglada como una herramienta valiosa, especialmente por lo que ofrece más allá del contenido académico: “Se te ofrecen no solamente currículos muy flexibles donde puedes estudiar prácticamente de todo, sino que además, en esa experiencia, interactúas con el mundo […], la socialización con el resto de personas”. Sin embargo, matiza que esta vía “es necesaria, pero no suficiente”.
Andrés Torrubia ofrece un enfoque similar, aunque más estructurado: “La universidad te da tres cosas que empiezan por la letra C”, explica:
- Conocimientos, que sientan las bases técnicas necesarias.
- Compañeros, que ayudan a crecer en comunidad y a compartir proyectos.
- Caché, el prestigio del centro y la red de contactos que uno pueda construir.
“Intenta coger la [universidad] que más caché y mejores contactos veas que puedes hacer”, aconseja. Aun así, insiste en que el aprendizaje no puede depender solo de lo académico: “Esta es una disciplina donde muchas veces se aprende más usando que yendo a estudiar”. Por eso, recomienda empezar cuanto antes: “Le diría que, antes de estudiar, empezara a usar las herramientas”. Su consejo clave: complementar los estudios con una formación autodidacta y con experiencia práctica, porque “las empresas buscan gente que haya hecho, que haya probado cosas, que haya usado las herramientas”.
Andrés Torrubia: “Intenta coger la [universidad] que más caché y mejores contactos veas que puedes hacer”
Manchón coincide en la necesidad de ampliar horizontes. Desde Google, señala, se ofrecen cursos que van desde una introducción básica a la IA hasta el fine-tuning avanzado de grandes modelos de lenguaje. Y no es la única: universidades como Stanford o plataformas de empresas como AWS y Microsoft también ofrecen recursos abiertos que permiten aprender a distintos ritmos y niveles. “Puedes convertirte en un experto de una manera mucho más sencilla”, concluye. “No solamente con la formación reglada […], sino con estas herramientas que te ayudan a avanzar a tu propia velocidad”.
No todos los expertos coinciden en que formarse como desarrollador sea hoy la mejor jugada. Jon Hernández lanza una advertencia provocadora: “Sí, que no lo haga. Yo te diría que a día de hoy vamos tarde”. Su argumento es que, en el tiempo que transcurre entre empezar una carrera universitaria y terminarla, la IA podría haber cambiado tanto que esa preparación ya no sea tan demandada.
“Estamos viendo cómo los modelos tienen un porcentaje muy alto de datos sintéticos, cómo los modelos están teniendo unas capacidades de programación muy altas”, apunta. Según Hernández, el problema no es solo el avance de la IA, sino su impacto en la productividad de los propios programadores: “Esos mismos programadores asistidos por IA son extremadamente más productivos”. Y aunque seguirá haciendo falta cierta supervisión humana, lo previsible —dice citando al CEO de NVIDIA, Jensen Huang— es que se necesiten cada vez menos desarrolladores en tareas que antes requerían a cientos de ellos.
Su conclusión es tajante: “Llevamos 20 años diciéndoles a los jóvenes que se dediquen a estudiar programación. Y para cuando acaben, es muy probable que ya no haya trabajo”.
Estudies lo que estudies, la inteligencia artificial te va a alcanzar
Pensar que dedicarse a la inteligencia artificial implica necesariamente estudiar una ingeniería es quedarse corto. Antonio Ortiz plantea una idea poderosa: la IA acabará filtrándose en prácticamente cualquier profesión, desde la medicina hasta el derecho o la comunicación. “Aunque no me vaya a dedicar a la IA, sino a cualquier otra disciplina —comunicación audiovisual, ADE, medicina…—, en tanto en cuanto la inteligencia artificial va a ser un componente de las profesiones, ya casi presente seguro, creo que es interesante que toda esa gente se acerque a ella”.


La clave, según Ortiz, está en convertirse en un profesional de tu campo que entiende cómo se integra la IA en su disciplina. “Al final tú seas un profesional de tu disciplina, pero que entiendas el desarrollo técnico y la integración de la inteligencia artificial en ella”, explica. En ese escenario, el conocimiento digital se transforma: ya no basta con dominar las herramientas básicas, ahora hay que incorporar un nuevo lenguaje. “Va a ser como el conocimiento digital, pero con esteroides”.
Antonio Ortiz: “Ya no basta con dominar las herramientas básicas, ahora hay que incorporar un nuevo lenguaje”
También Andrés Torrubia advierte que el impacto de la IA será transversal. “Creo que la mayoría de carreras van a ser impactadas por la inteligencia artificial. No solamente las carreras técnicas, de una manera o de otra, desde profesionales de la salud hasta posiblemente los psicólogos…”.
Una visión que Pilar Manchón comparte desde su experiencia en Google: “Va a ser prácticamente en todos los campos del saber y de la ciencia donde vamos a ver irrupciones continuas con el uso de la inteligencia artificial. Entonces, lo que hay que ser es muy creativo a la hora de decir: ‘bueno, tengo esta herramienta maravillosa, ¿cómo la voy a utilizar? ¿Qué voy a hacer con ella?’”. Para ella, ahí está el verdadero reto: no solo dominar la tecnología, sino imaginar qué hacer con ella.
¿Qué hace falta para prosperar en un campo que se redefine a cada paso?
Los conocimientos técnicos importan, claro, pero no son lo único. Hay cualidades personales, enfoques y actitudes que, según los expertos, serán cada vez más determinantes. Pilar Manchón lo tiene claro: todo empieza con la curiosidad. “Incluso con 17 o 18 años, ya de muy jovencito, creo que hay mucha gente a la que le pica la curiosidad. No es solamente averiguar lo que tú no sabes, sino lo que el mundo no sabe. Es otro nivel”.
Pilar Manchón, sobre la curiosidad: “No se trata solo de descubrir lo que tú no sabes, sino lo que aún no sabe el mundo”
Jon Hernández, por su parte, reivindica el peso de las soft skills frente a los conocimientos técnicos. “A día de hoy, para mí la más importante con mucha diferencia es el pensamiento crítico. Las IAs tienden a tener, tanto en programación como en otros campos, un sesgo de autoridad increíble…”. Y va más allá. Destaca el valor de la capacidad emprendedora —“el emprendimiento creo que es la mayor oportunidad laboral de 2026 en adelante”— y otras habilidades menos evidentes, pero igual de relevantes: gestión emocional, liderazgo humano, trabajo con personas.
Para Andrés Torrubia, la clave pasa por desarrollar la flexibilidad mental y la capacidad de identificar problemas que puedan resolverse con IA, más allá de obsesionarse con las herramientas. También valora la iniciativa: “Haber hecho proyectos propios, aunque sean tonterías, mientras estás estudiando”.
Dedicarse a la inteligencia artificial no es una única cosa, ni hay un único camino para hacerlo. Puede implicar desarrollar modelos, aplicarlos en otras disciplinas o simplemente entenderlos lo suficiente como para integrarlos en el trabajo diario. Lo importante, coinciden las voces consultadas, es construir una base sólida, cultivar la curiosidad, mantenerse flexible y no perder de vista lo más importante: cómo queremos participar en un mundo que, con la inteligencia artificial como aliada, está cambiando mucho más deprisa de lo que solíamos imaginar.
Imágenes | Javier Miranda | World Economic Forum | Jon Hernández | Instituto de Inteligencia Artificial | Xataka | Wes Hicks
En Xataka | Algunas empresas apostaron muy fuerte por sustituir a sus trabajadores por una IA. Ya se están arrepintiendo
ues de anuncios individuales.
Source link
Actualidad
“Hemos preferido inaugurar por encima de conservar. Nadie aplaude que un puente siga en pie”
“Las infraestructuras son sistemas vivos”, resume César Franco, ingeniero industrial. La frase resume bien la pasión con la que habla una persona que ha sido decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid, presidente del Consejo General de Ingenieros Industriales y presidente del Consejo de la Ingeniería de España.
Porque César Franco es ingeniero industrial. Pero decir eso es quedarse muy corto. Su experiencia le ha permitido tener una doble mirada “que es fundamental”. Y es que en los últimos 25 años ha estado ligado a la estructura más digital y tecnológica de multinacionales como HP o DXC. Pero ha compaginado su trabajo con esa vocación de servicio público que lo ha llevado a los puestos relevantes antes mencionados.
Ahora, dirige el Máster de Universitario en Ingeniería Industrial en la Universidad Alfonso X el Sabio donde habla con la misma pasión que transmiten las palabras de esta entrevista que nos ha concedido para analizar el estado de las carreteras españolas.
Una entrevista que nos ayuda a entender la situación española y los retos que tiene por delante. Porque las infraestructuras, nos dice, es mucho más que el ladrillo y el hormigón.
¿Cuál es la situación española general de las infraestructuras? ¿Estamos tan mal como dice el sentir general que se mueve en redes sociales?
Para nada. Las redes sociales tienden a amplificar la anomalía y el descontento, pero si miramos la radiografía con ojos técnicos, España cuenta con una red de infraestructuras realmente potente. Tenemos carreteras que, en términos generales, son envidiables; una red ferroviaria de alta velocidad que es un referente de ingeniería a nivel internacional; puertos estratégicos en las rutas globales y aeropuertos de primer nivel, todo ello respaldado por una ingeniería patria de una solidez tremenda.
El verdadero problema es que durante décadas las administraciones han padecido una clara tendencia a la priorización de la obra nueva: se ha preferido construir e inaugurar por encima de conservar lo que ya funcionaba. Una inauguración ante las cámaras ofrece un retorno político inmediato.
El mantenimiento se relega a los presupuestos: nadie aplaude que un puente siga en pie o que un asfalto continúe liso; se nota poco cuando se hace bien y se nota de golpe cuando se abandona. Con las vacas flacas, la conservación suele ser la primera víctima. No es un colapso instantáneo; es un deterioro silencioso que se va acumulando año a año. El firme se va cuarteando, las estructuras envejecen sin supervisión, los sistemas de drenaje se taponan, los taludes pierden estabilidad y la señalización se vuelve invisible.
A eso hay que sumar fenómenos meteorológicos mucho más extremos, una presión logística exigente y una red ferroviaria hiperutilizada tras la liberalización. No tenemos malas infraestructuras, tenemos unas infraestructuras excelentes sometidas a un estrés sin precedentes y con un déficit de mantenimiento acumulado que ya no se puede ocultar.
La Asociación Española de la Carretera considera que las carreteras españolas están en “el peor estado de su historia”. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?
El titular es muy duro pero la señal de alarma está justificada. Estamos hablando de que más de la mitad de los tramos analizados muestran deficiencias graves o muy graves en sus firmes. Hay unos 34.000 kilómetros que necesitan intervención de manera urgente. La propia DGT reconoce que es el peor escenario registrado desde que se iniciaron estos estudios históricos en 1985.
Para que el ciudadano lo entienda: esto no significa que viajar por España sea una ruleta rusa o que las autovías se vayan a quebrar por la mitad mañana. La red sigue siendo funcional. Lo que nos están diciendo los indicadores es que el pavimento ha entrado en una pendiente de degradación acelerada.
Un asfalto en mal estado no es solo una molestiaque hace vibrar el coche. El riesgo de accidentes es mayor, dispara el consumo y las emisiones contaminantes y acorta la vida útil de los vehículos. En ingeniería tenemos una máxima: una actuación a tiempo es eficiente pero si esperas demasiado la reparación se vuelve exponencialmente más costosa y compleja.
Según AEC, España necesita invertir 4.721 millones de euros en 26.000 km gestionados por el Estado y 8.770 millones en 75.300 km gestionados por gobiernos autonómicos y forales. ¿Qué intervenciones cree que se deberían realizar?
Efectivamente, el déficit es colosal: la red estatal reclama 4.721 millones de euros, pero el volumen principal está en las carreteras autonómicas y forales, que necesitan 8.770 millones.
Si yo tuviera que gestionar esos recursos, jamás cometería el error de lanzar una campaña masiva e indiscriminada de asfaltado. Hay que priorizar por niveles de criticidad: dónde hay más densidad de tráfico, puntos negros de accidentalidad, mayor exposición climática y cuáles son arterias vitales para la economía local.
Como propuesta técnica orientativa, la inversión debería estructurarse bajo un esquema de prioridades muy definido:
|
Prioridad |
Tipo de intervención |
Peso en el presupuesto |
criticidad |
|---|---|---|---|
|
1 |
Firmes y pavimentos |
40–50% |
Muy alta |
|
2 |
Drenaje, escorrentías y adaptación a lluvias extremas |
15–20% |
Muy alta |
|
3 |
Puentes, viaductos, túneles y estructuras |
15–20% |
Muy alta |
|
4 |
Taludes, desmontes, terraplenes y estabilidad geotécnica |
5–10% |
Alta |
|
5 |
Señalización, balizamiento, barreras y seguridad vial |
5–10% |
Alta |
|
6 |
Auscultación, inventario digital y mantenimiento predictivo |
3–5% |
Media-Alta |
|
7 |
Proyectos, inspecciones especiales y contingencias |
3–5% |
Media |
El firme se lleva la mitad del presupuesto porque es lo que pisamos, pero arreglar solo el asfalto es inútil si no se subsana el origen del problema estructural. El drenaje es el gran campo de batalla del siglo XXI. Con las DANAs y las lluvias torrenciales actuales, las carreteras no fallan por el desgaste habitual, sino porque las cunetas se desbordan, los pasos inferiores se inundan y el agua erosiona los cimientos de los terraplenes.
Por otra parte, los puentes, viaductos y túneles son elementos de criticidad extrema. Si un tramo de carretera se estropea, haces un desvío; si un viaducto falla, aíslas a una comarca entera. Necesitamos inspecciones estructurales exhaustivas. Y por último, destinaría una partida obligatoria a digitalizar la red: sensores de auscultación, inventarios digitales en tiempo real y gemelos digitales. No se puede gestionar ni proteger lo que no se conoce al milímetro.
El plan anunciado por el Ministerio para intervenir 5.000 kilómetros de la red estatal con 1.629 millones entre 2027 y 2031 va en la buena dirección, pero no podemos depender de planes de choque puntuales; la conservación debe ser una corriente presupuestaria constante y protegida.
“Si un tramo de carretera se estropea, haces un desvío; si un viaducto falla, aíslas a una comarca entera. Necesitamos inspecciones estructurales exhaustivas”
¿A qué retos nos enfrentamos que no se contemplaran hace 20 años?
Nos enfrentamos a una pinza compleja: un uso intensivo sin precedentes y los efectos del cambio climático.
El tráfico en las carreteras estatales subió un 3,55% en 2024, y el de camiones pesados un 2,94%. El transporte por carretera sigue cargando con el peso de nuestra economía.
Por el lado del clima, los parámetros de diseño han cambiado. Hace veinte años proyectábamos los puentes y los drenajes basándonos en series históricas de lluvia o calor relativamente estables. Hoy esas series ya no son predictivas.
Tal y como recoge el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030, hay que reformular los criterios de explotación de toda la red. El CEDEX lo explica de forma clara: sufrimos amenazas de evolución lenta, como el aumento térmico continuado que ablanda el asfalto, combinadas con eventos extremos violentos como DANAs o borrascas históricas que erosionan los taludes y provocan desprendimientos que cortan corredores vitales.
¿Tenemos un problema con los tiempos a la hora de proyectar y construir una nueva infraestructura? Hay carreteras que tardan décadas en construirse por completo y cuando se quieren sacar adelante las necesidades de la población ya pueden ser otras.
Es una de las grandes frustraciones públicas y un mal endémico que la OCDE ha analizado con rigor. Para entender el retraso hay que mirar lo que ocurre antes de que entre la primera máquina. La obra civil en sí es solo la fase final del proceso.
Antes de mover un solo metro de tierra, una infraestructura debe superar una compleja tramitación burocrática y legal que rara vez baja de los 8 o 10 años en proyectos estándar, y que se va fácilmente a los 12, 15 o 20 años si hay túneles complejos o zonas de alta sensibilidad ambiental. Estudios informativos, declaraciones de impacto ambiental, periodos de alegaciones, conflictos de competencias interadministrativas, expropiaciones forzosas, redacción del proyecto constructivo, licitaciones internacionales y los inevitables recursos de los licitadores. Al final, la fase de construcción dura quizás 3 o 4 años; el resto del tiempo se lo ha llevado la gestión documental.
¿Cuál es la consecuencia? Que, si diseñas una carretera pensando en el tráfico de hoy, cuando la inaugures dentro de quince años el entorno habrá cambiado por completo. Por eso la ingeniería actual no puede ser rígida; hay que proyectar manejando escenarios de futuro y con la flexibilidad suficiente para adaptar la obra sobre la marcha.
Desde 2008 y especialmente desde 2010 las inversiones en infraestructuras caen. Sin embargo, España ha crecido en unos 9 millones de habitantes en lo que llevamos de siglo ¿Hemos pecado de dejar de construir infraestructuras porque se dejó de ver con buenos ojos inaugurar nuevas carreteras, aeropuertos o líneas de tren?
Pasamos de una etapa de sobredimensionamiento a una de parálisis inversora. Hubo una época en la que se proyectaba con alegría, a veces buscando más el equilibrio del peso político territorial o el impacto público que la rentabilidad social y el tráfico real. Como respuesta a los excesos, caímos en la tendencia opuesta: penalizar cualquier obra nueva etiquetándola de innecesaria.
Y la realidad es tozuda: las grandes áreas metropolitanas como Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Sevilla o Bilbao están tensionadas y sus accesos se han quedado cortos ante el crecimiento demográfico.
En los años 90, la inversión en infraestructuras era del 1% del PIB, pero desde 2018 es inferior al 0,5%. ¿Es relevante o es la consecuencia de unas infraestructuras ya asentadas que hay que mantener?
Ambas lecturas tienen su parte de razón. España no puede mantener el ritmo inversor de los años 90 o los 2000. Aquella fue una época de expansión muy intensa en la que pasamos de una red de carreteras nacionales obsoleta a construir una de las redes de autovías y de alta velocidad más moderna de Europa. Una vez que ese esqueleto está de pie, no necesitas volver a construirlo desde cero.
El error de bulto es creer que una red madura se cuida sola o requiere pocos recursos. Cambia el objeto de la inversión, pero no la necesidad del flujo financiero. Ahora el dinero debe ir a la adaptación climática, a la seguridad, a la digitalización y a desatascar nodos metropolitanos que sufren cuellos de botella.
Las infraestructuras implican un compromiso a largo plazo: no se pagan solo el día de la inauguración, se pagan durante los siguientes 50 años en forma de energía, mantenimiento, actualizaciones normativas y reparaciones. En España adolecemos de una notable falta de cultura de mantenimiento; nos entusiasma la primera piedra, pero relegamos la gestión diaria del activo. Ya lo advirtió la OCDE: nuestro problema no es solo de recursos económicos, sino de gobernanza, de saber planificar a largo plazo y de evaluar qué proyectos aportan valor real antes de iniciar las obras.
¿Cómo podemos financiar el coste de estas construcciones? La UE lleva años exigiendo a España que imponga algún tipo de pago por uso, peajes, viñeta…
Es hora de madurar el debate en este aspecto: las carreteras sin coste no existen. Existen las carreteras financiadas a través de los Presupuestos Generales del Estado. Es decir, mediante los impuestos de todos los ciudadanos, usen la carretera o no y las carreteras financiadas de forma directa por quien las utiliza.
Bruselas lleva tiempo impulsando dos principios claros: “quien usa paga” y “quien contamina paga”. La normativa comunitaria permite y fomenta que los países recuperen los costes de construcción y mantenimiento gravando el uso de las vías, especialmente en la red transeuropea. En España convivimos con un modelo heterogéneo: no tenemos una viñeta generalizada, pero mantenemos peajes en ciertos tramos y autopistas de peaje que han revertido al Estado.
Un modelo de pago por uso mal planteado es profundamente regresivo. No puedes castigar igual al trabajador que carece de alternativas y debe utilizar un acceso metropolitano cada mañana, al transportista profesional que mueve nuestra economía o a los habitantes de la España rural que no disponen de transporte público eficiente. Si pones un peaje excesivo en una autovía, provocas un “efecto desvío”: los vehículos se desplazan a las carreteras secundarias, incrementando la siniestralidad.
La solución no es un sí o un no rotundo a los peajes. Necesitamos un modelo de financiación finalista donde lo recaudado vaya exclusivamente a conservar la vía, transparente y modulable. Si se implanta el pago por uso, debe contar con un esquema inteligente de bonificaciones y exenciones para residentes, usuarios recurrentes por motivos laborales, transporte de mercancías y vehículos de bajas emisiones.
Foto | Consejo General de Ingenieros Industriales y Ava Tyler
ues de anuncios individuales.
Source link
Actualidad
El argumento de la creación de empleo ha sido la gran baza para levantar centros de datos. Estaría bien si fuera cierto
Los centros de datos consumen mucha electricidad, haciendo que suba la factura de la luz, contaminan el aire y a veces también el agua. Argumentos en contra hay cada vez más, mientras que los argumentos a favor para quien vive cerca de uno de estos mastodontes se reducen básicamente a uno: generan muchos puestos de trabajo. ¿Seguro?
Qué está pasando. Estados Unidos concentra un tercio de todos los centros de datos del mundo. Cuentan en Futurism que hay estados compitiendo por atraer a las grandes tecnológicas, ofreciendo recursos y exenciones fiscales a cambio de que generen empleo y ayuden a desarrollar sus comunidades. Sin embargo, cada vez está más claro que la creación de empleo estable y duradero es una promesa incumplida.
Miles de millones por un puñado de empleos. En Cedar Rapids, Iowa, hay dos proyectos en marcha para dos centros de datos de QTS y Google respectivamente. Tal y como refleja el Centro de Desarrollo Económico de Cedar Rapids, para incentivar la construcción de estas infraestructuras, la ciudad les ha ofrecido una exención del 70% del impuesto sobre la propiedad durante 20 años, además de devolverles el 75% de las tasas eléctricas (un recargo municipal que se aplica en la factura). Google y QTS van a gastar 1.300 millones en sus centros de datos, pero se calcula que van a ahorrar más de 580 millones en impuestos y tasas municipales. Y dirás ¿Cuántos puestos de trabajo van a crear? Según el contrato, sólo están obligados a crear 61 puestos de trabajo permanentes.
Por qué es importante. Los centros de datos se han convertido en el motor de la economía estadounidense, pero una cosa es la salvaje inversión de las big tech para construirlos y otra muy distinta el impacto en el empleo local. Son infraestructuras enormes, que cuestan muchísimo dinero, pero que una vez puestas en marcha funcionan prácticamente en piloto automático. Las tareas que realmente necesitan intervención humana son muy pocas en comparación a su envergadura.
En Aragón también. Esta situación no es exclusiva de Estados Unidos, en Aragón también está pasando lo mismo. Hace poco supimos las cifras de empleo que Amazon generará en Villanueva del Gállego, donde están construyendo seis centros de datos. La empresa había hablado de hasta 29.900 puestos a tiempo completos vinculados al proyecto, pero ahí estaban contando el empleo indirecto y el inducido, como proveedores y servicios asociados. La realidad es que entre seis centros de datos, van a contratar a sólo 180 personas fijas que trabajarán a turnos para que puedan operar las 24 horas, los 365 días del año. De nuevo, la narrativa del empleo masivo hace aguas por todas partes.
Empleo sí, pero temporal. Para construir centros de datos de esa magnitud hay que mover muchas empresas de distintos sectores, lo que indirectamente sí que genera mucho empleo. En el caso de Cedar Rapids, la ciudad presume de que los proyectos crearán “miles de empleos de construcción y oficios”, el problema es qué pasará con todos ellos cuando el centro de datos se ponga en marcha.
Según un informe reciente de Turner & Townsend del que se hacen eco en Futurism, la urgencia por construir nuevos centros de datos ha provocado que suban precios en otros proyectos como la construcción de viviendas, además de que está acaparando la mano de obra especializada en las zonas de construcción.
Imagen | Xataka con Magnific
ues de anuncios individuales.
Source link
Actualidad
Carles Porta estrena hoy en Movistar Plus una nueva temporada de ‘Crímenes’
El true crime tiene mucha presencia en casi todas las plataformas de streaming. Lógico: cada vez tiene más adeptos. Si hablamos de producción nacional, una de las figuras que más destaca entre este género es Carles Porta, que no está descansando ni en vacaciones. Hoy mismo, 14 de julio, se estrena nueva temporada de ‘Crímenes’ en Movistar Plus: puedes verla al completo por solo 4,99 euros al mes.
Más true crime de calidad llega a Movistar Plus


Es una razón más para darle una oportunidad a esta plataforma de streaming. Esta producción llega al Plan Libre de Movistar Plus con cine y series, que tiene un precio muy económico. Como ocurre con el otro plan que incluye deportes (que cuesta 9,99 euros al mes), no tiene ningún tipo de permanencia. Además, podemos compartir la cuenta con un amigo o familiar sin ningún tipo de problema.
De entre todo el true crime que tiene Movistar Plus, es Carles Porta de lo más destacado que hay dentro de su catálogo. Ya hay mucho de sus producciones en esta plataforma, como ‘Mátalo ya’, ‘Tor’ o ‘Peregrina’. Hoy se estrena esta nueva temporada de ‘Crímenes’ con un caso llamado ‘El asesino de la pandemia‘ que promete mantener el mismo nivel de calidad true crime de Porta.
Este estreno se une a una lista muy potente de pelis que llegarán en los próximos días a la plataforma, como ‘La bola negra’, ‘Anaconda’ o ‘Vida Privada’ entre otras. Te recordamos que puedes descargar lo que quieras de Movistar Plus y verlo sin conexión, lo que te puede ir genial de cara a estas vacaciones para hacer más ameno esos ratos muertos entre vuelos o viajes en tren .
Algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Xataka. En caso de no disponibilidad, las ofertas pueden variar.
Imágenes | Movistar Plus
En Xataka | Movistar Plus activa su Plan Gratuito con programas completos y mucho contenido, seas del operador que seas
ues de anuncios individuales.
Source link
-
Actualidad2 días ago“Si te esfuerzas al 95%, equivale al 0%”, un CEO de 22 años defiende la jornada 996 como un “producto” voluntario
-
Actualidad6 horas agoIntel acaba de poner 5.000 millones y un asterisco sobre la mesa
-
Actualidad6 horas agoIntel acaba de poner 5.000 millones y un asterisco sobre la mesa
-
Actualidad1 día agoChina conquistó el mercado europeo del neumático barato. La UE acaba de ponerle freno
-
Actualidad1 día ago“Vamos a hacerlo, confío en ti”: revelan primer trailer de “Digger”, de Tom Cruise e Iñárritu
-
Actualidad2 días agoEspaña está llena de cables que “no son de nadie”
-
Actualidad1 día agoSK Hynix está apostando a que el ciclo de la memoria ha muerto. Lo demuestra haciendo justo lo que siempre lo mató
-
Tecnologia2 días ago¿Qué es la Ingeniería en Inteligencia Artificial? La carrera del futuro









