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En Corea del Sur hay un fenómeno curioso que mantiene en vilo a economistas y fans del K-pop: el regreso de BTS
Durante un tiempo la carrera de BTS, una de las bandas de K-pop más populares del planeta (si no la más popular), pareció imparable. Sus ventas sumaban millones, igual que sus legiones de fans dentro y fuera de Corea del Sur o su fama en la industria musical, que no tardó en extenderse al mercado angloparlante. El septeto rompió barreras, se coronó en la Billboard 200 e incluso posó con Joe Biden en la Casa Blanca. En 2022 sin embargo las cosas cambiaron. En su punto álgido, la boy band anunció una pausa temporal obligada por algo que poco tenía que ver con la música: la mili.
Ahora sus siete miembros han cumplido con las obligaciones con Seúl y se habla ya de un próximo rencuentro con una pregunta clave de fondo: ¿Qué supondrá para el K-pop, una industria cultural milmillonaria en plena transformación?
Cuando BTS colgó el fusil. En Corea del Sur la ley es implacable: todos los hombres de entre 18 y 28 años deben cumplir con el servicio militar obligatorio (o voluntariado social) durante un período que oscila entre 18 y 21 meses. La norma prevé algunas exenciones para atletas, bailarines o jóvenes que hayan logrado grandes galardones en sus disciplinas y supongan un orgullo para el país.
No ocurre lo mismo con los cantantes de K-pop. Como mucho ellos pueden, gracias a una reforma aprobada en 2020, retrasar el reclutamiento hasta los 30 años. De ahí que en 2022 los miembros de BTS hiciesen algo extraño en una formación subida a la cresta de la ola y con una fama creciente tanto dentro como fuera de Corea: anunciaron un parón para hacer la mili. Sus siete componentes no tienen la misma edad ni se alistaron a la vez, de ahí que el reencuentro de la banda se anunciase ya por entonces para 2025.


Y llegó la fecha. El componente de más edad, Jin, se alistó en diciembre de 2022 y finalizó su servicio en junio de 2024, lo que le ha permitido volver a los escenarios y reanudar su carrera en solitario. En las últimas semanas se han licenciado también RM, V, Jimin y Jung Kook. El último en cumplir con sus obligaciones con el Estado surcoreano, Suga, lo hizo hace solo unos días. En la práctica, recuerda Nikkei, eso se traduce en que (si no hay sorpresas) en julio todos los miembros de la boy band estarán en condiciones de retomar su carrera conjunta. Y, como era de esperar, eso ha desatado la expectación de la prensa internacional y sus fans.
La agencia que representa a la banda ha confirmado a The New York Times que aún no puede relevar ningún plan de regreso, pero eso no ha impedido que los seguidores de BTS estén de celebración y salten algunas filtraciones. Hace unos días Variety se hacía eco de una exclusiva de The Korea Herald que afirma que el grupo volverá a los escenarios en más o menos nueve meses, hacia marzo del año que viene. Nikkei no concreta tanto, pero revela que el entorno de la banda descarta que vuelva a pisar un escenario antes de 2026.
Mucho más que música pop. Que los planes de regreso de BTS (a pesar de ser difusos aún) hayan acaparado titulares en medios del alcance de la BBC, CNN o TNYTrevela que la boy band surcoreana es mucho más que un grupo popular. BTS es relevante por varias razones. Y no todas estrictamente musicales. Más allá de su éxito en Occidente o que rompiese moldes al coronar la Billboard 200, BTS es un exponente clave de Hallyu, la “Ola Coreana” que ha expandido la cultura, música y cine del país mucho más allá de sus fronteras.
En 2024 Asia Fund Managers aseguraba, citando una encuesta del propio Gobierno surcoreano, que la ola Hallyu sumaba alrededor de 225 millones de fans a lo largo y ancho del mundo, lejos de los 9,26 millones que había mostrado su primer sondeo, realizado en 2012. Según sus cálculos, en 2023 había más de 1.700 clubs de fans de Hallyu en 119 países y gran parte de ellos (68%) se centraban en el K-pop.
Es cultura… y es dinero. Asia Fund Managers recuerda también que la influencia del K-pop no se limita a la industria musical o el circuito de conciertos. Que haya más gente pendiente de grupos surcoreanos se traduce en un mayor interés en la cultura del país, su idioma, cocina, turismo o moda, lo que tiene un impacto medible en wones. Wion asegura que el valor global de las exportaciones de productos y servicios relacionados con el K-pop superaba los 5.000 millones de dólares en 2018, una cifra estratosférica comparada con los 40 millones de hace solo dos décadas.
Las cifras deben manejarse con cautela, pero dan una idea del alcalde del K-pop como industria cultural. Hay quien estima que en 2018 contribuía con el 1,7% del PIB de Corea del Sur. “El K-pop se ha convertido en una fuerza cultural importante, influyendo en la moda, tendencias de belleza e idioma”, reflexiona Falidio Romadhoni en Medium. “Esto ha contribuido a promover la cultura y el turismo surcoreanos, generando un aumento de ingresos en estos sectores”.
¿Y qué supone BTS? En 2022 Korea Science publicó un informe que refleja que en plena expansión internacional el “efecto BTS” llegó a impulsar las exportaciones de bienes de consumo de Corea del Sur por valor de 1.100 millones de dólares. En 2021, durante una entrevista en la NPR, Vanek Smith fue incluso más allá y estimó que la boy band aporta cada año cientos y cientos de millones de dólares a la economía surcoreana. Su efecto recuerda en cierto modo al de Taylor Swift, cuya actividad revierte en miles de millones de dólares para Estados Unidos, según la Reserva Federal.
¿El K-pop en crisis? Si la filtración de The Korea Herald es correcta y BTS vuelve a los escenarios en marzo de 2026, la gran pregunta es… ¿Se encontrará con el mismo K-pop que había en 2022, cuando el grupo anunció su parón temporal?
Durante este tiempo y a medida que se licenciaban, algunos miembros han seguido con carreras en solitario y durante estos últimos años su agencia se ha encargado de lanzar estratégicamente temas y vídeos para mantener vivo el interés en la boy band. La escena del K-pop cuenta además con otros representantes destacados, como Blackpink, Seventeen o NewJeans. Con todo, durante los últimos años ha habido múltiples voces que han identificado síntomas de crisis en el K-pop.
Un género en reinvención. No todos comparten que el K-pop esté en crisis, pero lo que sí parece evidente es que la industria afronta una transformación que afecta tanto a cómo se consume la música como su trasfondo. El primer signo de cambio lo deja el pinchazo en la comercialización de álbumes. Nikkei precisa que el año pasado las ventas cayeron un 17% y las exportaciones se estancaron, con un aumento testimonial, de apenas el 0,5%. Y el porcentaje podría reducirse todavía más si los aranceles impuestos por Donald Trump encarecen sus artículos.
En un artículo reciente sobre el fenómeno K-pop, la BBC desliza otra clave: la industria, sus artistas y el público están cambiando. El género ha visto cómo se sucedían las generaciones de músicos y bandas sin que las nuevas hornadas tengan grandes representantes como lo fue BTS en su día. Además la boy band no es la única estrella del género que se ha tomado un descanso. Blackpink, otra de las sensaciones internacionales, no saca un nuevo álbum desde septiembre de 2022.
Luces y sombras del género. El K-pop sigue teniendo en cualquier caso un peso destacado en las reproducciones en streaming, canal en el que ha vivido un crecimiento notable a lo largo de los últimos años. La semana pasada Yonhap revelaba que entre 2014 y 2024 las escuchas de K-pop en Spotify se multiplicaron de forma exponencial (470 veces), con millones de reproducciones. La agencia Hybe también ha logrado ampliar sus ingresos anuales en 2024 a pesar al parón de BTS, aunque ese dato llegó acompañado de una caída en el beneficio operativo.
Otra señal reveladora sobre el interés que sigue generando el K-pop es la expectación que genera el próximo regreso de BTS a los escenarios. Sin embargo no todo son señales positivas.
Algunos analistas han reconocido su temor a que el septeto haya perdido parte de su gancho tras su largo parón y recuerdan lanzamientos recientes en la industria del K-pop incapaces de igualar el éxito arrollador de temas como “Dynamite”, la primer canción de K-Pop en encabezar la lista Billboard Hot 100. Hay quien incluso va más allá y desliza que la internacionalización y el salto a los temas en inglés está pasando factura al género. La gran pregunta es… ¿Logrará el renacido BTS marcar un nuevo hito en la industria?
Imágenes | Wikipedia 1 y 2
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Sindicato de guionistas de Hollywood demanda a Paramount para bloquear la fusión con Warner Bros
EFE.- El sindicato de guionistas de Hollywood (WGA, en inglés) demandó este martes al poderoso conglomerado de medios Paramount al considerar que la adquisición de Warner Bros. Discovery infringe las leyes antimonopolio, sumándose a la ofensiva judicial emprendida por doce estados del país contra la polémica fusión.
“Los guionistas cobrarán menos y tendrán menos oportunidades de empleo”, afirmó el organismo en un comunicado.
El sindicato argumentó que la polémica fusión provocará una pérdida masiva de empleos orientada a recortar costos operativos ante la drástica reducción de competidores en el sector.
La demanda de uno de los sindicatos más populares de Hollywood, que agrupa a cerca de 20 mil miembros de la mayor industria del entretenimiento del mundo, se suma a la ofensiva legal iniciada el lunes por doce estados de Estados Unidos.
Esta coalición de fiscales generales, liderada por California y Nueva York, solicitó ante la justicia el bloqueo de la multimillonaria fusión al considerarla un monopolio ilegal.
La querella señala que, concretamente, la operación incumple la sección 7 de la Ley Clayton, que prohíbe acuerdos empresariales que puedan limitar la competencia o favorecer la creación de un monopolio.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ, en inglés) aprobó el pasado junio la compra de Warner, después de que las autoridades concluyeran que la transacción no perjudicará la competencia en los mercados de televisión, plataformas de contenido en línea (‘streaming’) y producción de contenidos.
El DOJ incluso aseguró que la evidencia recopilada durante la investigación sugiere que la fusión podría aumentar la competencia en la industria del entretenimiento al fortalecer la capacidad de la empresa combinada para competir con actores dominantes del mercado de “streaming” y medios digitales.
No obstante, la Unión Europea todavía está revisando el acuerdo para su aprobación, con fecha límite provisional fijada para el 22 de julio.
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OpenAI quiere su propio Alexa, pero con esteroides. Su primer dispositivo busca cambiar la relación con la IA, según Bloomberg
Los asistentes domésticos llevan años funcionando alrededor de una lógica sencilla: nosotros damos una orden, el dispositivo ejecuta una tarea y la relación suele terminar ahí. La apuesta en la que estaría trabajando OpenAI apunta precisamente a romper ese límite y dar a la inteligencia artificial un papel más continuo dentro de casa. No se trataría únicamente de responder preguntas o activar servicios, sino de aprender del usuario y ofrecer ayuda antes de que tenga que solicitarla.
El dispositivo de OpenAI. Según Bloomberg, OpenAI está trabajando en un dispositivo doméstico sin pantalla, similar en apariencia general a un altavoz, pero diseñado para moverlo por la casa gracias a una batería recargable. La compañía querría convertirlo en la encarnación física de ChatGPT, capaz de responder mensajes, reproducir contenido, controlar aparatos conectados y ayudar en distintas tareas. Cabe señalar que la compañía no lo ha presentado y todavía no hay información oficial.
Detrás del proyecto también está Jony Ive, el antiguo jefe de diseño de Apple. OpenAI pagó 6.500 millones de dólares en 2025 por io Products, la empresa que había cofundado, mientras que su estudio LoveFrom participa en el diseño de esta nueva familia de dispositivos. El equipo reúne además a numerosos antiguos diseñadores e ingenieros de Apple responsables de productos como el iPhone y el Mac, una concentración de talento que ayuda a entender tanto la ambición del proyecto como el conflicto legal que lo rodea.
Su propia Alexa, pero con otra ambición. La entrada de la firma liderada por Sam Altman en el hogar la colocaría frente a Amazon, Google y Apple, compañías que llevan años construyendo sus propios ecosistemas de altavoces, asistentes y dispositivos conectados. Según el mencionado medio, la diferencia estaría en una experiencia más personalizada y proactiva, capaz de aprender del usuario y ofrecer información sin esperar siempre una orden.
OpenAI lo describiría internamente no como un simple altavoz inteligente, sino como un ordenador concebido desde el principio para trabajar con inteligencia artificial. La diferencia estaría en su capacidad para interpretar lo que ocurre a su alrededor mediante una cámara, varios sensores y modelos más avanzados que los disponibles en los asistentes domésticos convencionales. En lugar de procesar una instrucción aislada, el sistema podría tener en cuenta el entorno y el momento concreto para determinar qué información resulta útil y cómo debe responder.
Nuevo modelo de voz. Buena parte de esa experiencia dependería de GPT-Live, una versión más avanzada del modo de voz de ChatGPT que OpenAI lanzó en julio de 2026. La idea es que pueda escuchar y hablar al mismo tiempo, adaptándose con mayor naturalidad durante las conversaciones y procesando información con rapidez. El dispositivo también incorporaría elementos mecánicos capaces de moverse por sí solos. Con ello, la compañía intentaría reforzar la personalidad del aparato y generar la sensación de que “está vivo”.
Para anticiparse, tendrá que conocernos. OpenAI querría que el dispositivo se convirtiera con el tiempo en una especie de experto sobre su usuario, capaz de identificar qué información puede resultarle útil en cada momento. Bloomberg señala que, para lograrlo, podría recurrir a información personal, como los correos electrónicos, y utilizarla para comprender mejor a su propietario. Esa personalización sería uno de sus principales argumentos, pero también obligaría a decidir hasta qué punto estamos dispuestos a abrir nuestra vida digital.
La demanda de Apple. El proyecto también avanza bajo la presión de una demanda de Apple, que acusa a OpenAI de haber utilizado secretos comerciales para acelerar el desarrollo de sus dispositivos. OpenAI sostiene que no conoce pruebas que respalden esas acusaciones, aunque Apple ha solicitado una orden judicial que podría retrasar su comercialización. Según Bloomberg, la compañía aspira a presentar el producto durante 2026 y lanzarlo en 2027, siempre que el proceso técnico y legal lo permita. La apuesta final es convertir ChatGPT en una presencia física con la que convivamos a diario.
Imágenes | OpenAI/LoveFrom
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Airbus deja los motores de sus aviones en manos de otros. Con el hidrógeno ha decidido entrar en ese negocio
Airbus ha construido durante décadas algunos de los aviones comerciales más importantes del mundo, pero sus motores siempre han llegado desde fuera. Rolls-Royce, GE Aerospace, Pratt & Whitney y CFM International han ocupado ese espacio especializado, mientras el fabricante europeo se concentraba en diseñar, integrar y ensamblar la aeronave. Esa separación ha sido una de las reglas no escritas de la industria. Ahora, la búsqueda de un avión propulsado por hidrógeno ha llevado al grupo a cruzar una frontera que hasta hoy había preferido mantener intacta.
El movimiento se concretará, si supera los pasos pendientes, en una empresa conjunta entre Airbus y MTU Aero Engines. Su objetivo será reunir en una misma organización el desarrollo, las pruebas, la certificación y la comercialización de un sistema de propulsión totalmente eléctrico alimentado por pilas de combustible de hidrógeno. Por ahora, ambas compañías han firmado un acuerdo no vinculante y la operación sigue sujeta a las autorizaciones regulatorias y a los procesos de consulta laboral correspondientes. La previsión es que la nueva sociedad comience a funcionar en 2027.
Airbus quiere fabricar el corazón de su futuro avión de hidrógeno
La operación supone la primera incursión de Airbus en la fabricación de motores aeronáuticos completos. El paso rompe con un modelo en el que los fabricantes definen e integran la aeronave, pero dejan la propulsión en manos de compañías especializadas. La firma europea no pretende competir con ellas en los motores convencionales que utilizan actualmente sus modelos. Su entrada se limitará, al menos por ahora, a una tecnología todavía en desarrollo que Airbus y MTU quieren transformar en un sistema industrializado y certificable.
Los dos socios llegan al proyecto desde posiciones complementarias. Airbus aporta su conocimiento de los programas de aviación comercial y su experiencia en propulsión con pilas de combustible e hidrógeno líquido; MTU suma capacidades en diseño, integración, validación, certificación y mantenimiento de motores. Los términos finales de la futura sociedad todavía se están negociando. El Financial Times sostiene, basándose en dos fuentes próximas a las conversaciones, que el fabricante europeo tendría cerca del 75%, que la valoración podría rebasar los 1.200 millones de euros y que ambas partes se inclinan por instalarla en Alemania.

Recreación del concepto turbohélice ZEROe presentado por Airbus en 2020
La iniciativa también refleja cómo ha cambiado ZEROe desde su lanzamiento en 2020. Airbus aspiraba inicialmente a introducir un avión de hidrógeno alrededor de 2035, pero terminó reconociendo que la tecnología y el ecosistema necesario no avanzarían a tiempo para cumplir ese horizonte. El periódico británico sitúa ahora el lanzamiento en la década de 2040 y asegura que el reajuste incluyó una reducción del presupuesto y la reasignación de personal. Tras revisar el programa, el grupo decidió priorizar una arquitectura completamente eléctrica basada en pilas de combustible.
La arquitectura priorizada no quemaría hidrógeno dentro de una turbina. El combustible, almacenado en estado líquido, alimentaría sistemas de pilas de combustible que lo combinarían electroquímicamente con el oxígeno para producir electricidad; esa energía llegaría después a los motores eléctricos encargados de mover las hélices. No debe confundirse con el demostrador de combustión directa que Airbus y CFM International habían previsto probar en un A380. Aquella era una vía tecnológica diferente. El sistema no produciría emisiones directas de CO₂ durante el vuelo y tendría el agua como subproducto de la reacción.
El anuncio no acerca de inmediato un avión de hidrógeno a los aeropuertos. Como decimos, la futura sociedad todavía debe constituirse, convertir la investigación y los resultados de los demostradores en un sistema industrializado y certificable, y enfrentarse a obstáculos que van desde el peso y la refrigeración hasta el suministro del combustible. Tampoco existe un modelo asignado ni un calendario comercial confirmado.
Imágenes | Airbus
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