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El caza que aún resiste en Irán más de 40 años después de su llegada. No es ruso ni iraní. Es el F-14 estadounidense

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Mientras los misiles cruzan el aire entre Israel e Irán, la Fuerza Aérea israelí ha confirmado un nuevo ataque sobre instalaciones cercanas a Teherán. Según su versión, entre los objetivos había al menos un par de cazas F-14 Tomcat. En uno de los vídeos disponibles se aprecia el impacto sobre lo que sería una de las pocas unidades que aún siguen en servicio, casi medio siglo después de haber sido fabricada.

Que un caza estadounidense retirado en 2006 siga hoy volando en uno de los grandes adversarios de Washington no es casualidad. La explicación está en lo enrevesada —y a veces contradictoria— que puede ser la historia.

Un pedido, una revolución y una guerra

La historia del F-14 en Irán comienza en los años 70. El Sha, aún aliado estratégico de Estados Unidos, se decidió a incorporar decenas de cazas Tomcat a su fuerza aérea, en un paquete militar valorado en aproximadamente 2.000 millones de dólares. Para ello, envió a sus pilotos a entrenarse en California.

Pero todo cambió en 1979, con la Revolución Islámica. La relación entre Irán y Estados Unidos se deterioró rápidamente. El Ayatolá Ruhollah Jomeiní ordenó el arresto de muchos de esos pilotos y dejó los F-14 en tierra. Pero la situación dio un nuevo giro en 1980, cuando Irak invadió Irán. Las autoridades decidieron liberar a los aviadores, y comenzó una carrera a contrarreloj por reactivar una flota para la que ya no había repuestos.

F 14
F 14

Un piloto iraní junto a un F-14

Ahora bien, mantener en vuelo un F-14 no es tarea fácil. Cada hora de vuelo requería muchas más de mantenimiento, y muchos de sus componentes eran imposibles de fabricar localmente. Sin acceso a tecnología occidental, Irán recurrió a contrabandistas, al mercado negro… y también, en una maniobra tan sorprendente como documentada, a Estados Unidos. Durante los años 80, en el marco del escándalo Irán-Contras, la administración de Ronald Reagan autorizó en secreto la venta de armas a Teherán a cambio de la liberación de rehenes.

Irani F 14 Tomcats Carrying Aim 54 Phoenixs
Irani F 14 Tomcats Carrying Aim 54 Phoenixs

Tomcats iraníes equipados con múltiples misiles en pleno vuelo

Hoy, casi medio siglo después de aquel pedido del Sha, el F-14 Tomcat sigue apareciendo en Irán. No hay cifras oficiales sobre cuántos quedan ni cuántos están realmente operativos. Algunos se han visto en desfiles. Otros, en vídeos borrosos. Y ahora, según Israel, al menos dos habrían sido destruidos en un ataque reciente cerca de Teherán.

Fuerza Aerea Ataque F 14
Fuerza Aerea Ataque F 14

Fuerza Aérea Israelí anunciaba el impacto sobre los F-14 iraníes con esta publicación

Que un F-14 siga presente en 2025 no es solo una rareza técnica. Es un recordatorio de lo enrevesada que puede ser la historia. Un caza diseñado para portaaviones estadounidenses, pensado para enfrentar a la Unión Soviética y retirado hace casi veinte años, aún aparece —de una forma u otra— en una de las tensiones militares más serias del momento.

El Tomcat fue una proeza tecnológica. Pero también es un superviviente improbable: pasó de aliado a enemigo, se sostuvo gracias a ingenieros improvisados, a redes clandestinas, y a los propios descuidos de quienes intentaban dejarlo en tierra para siempre.

Imágenes | Nasim News Agency | IRIAF | Shahram Sharifi | IIAF 2 Marina de EEUU (vía Wikimedia Commons)

En Xataka | Si la pregunta es cuánto puede aguantar la Cúpula de Hierro de Israel, la respuesta es simple: mucho más que las defensas de Irán

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España va a encadenar tres olas de calor en seis semanas. AEMET lo tiene claro: ya no es una ola, es el clima

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España va a encadenar tres olas de calor en seis semanas. AEMET lo tiene claro: ya no es una ola, es el clima

España acaba de firmar su inicio del verano más cálido de la serie histórica. Ahí es nada. Entre el 1 de junio y el 15 de julio, la temperatura media se ha situado 3,3 ºC por encima de lo normal. 

En estas seis semanas, hemos sufrido dos olas oficiales de calor , un episodio extremo que no llegó a la serlo y, según AEMET, ya vamos en la subida de la siguiente ola este mismo domingo. 

Tanto es así que el calor empieza a ser lo de menos. La pregunta central de este 2026 es sencilla: si cruzamos el umbral del calor tres veces en cinco semanas, ¿no hay algo roto en ese umbral?

La tercera ola aún no existe. No quiero llevar a nadie a engaño. AEMET ha emitido una nota informativa (aún no es un aviso especial) y es así porque, aunque sabemos que habrá un ascenso térmico generalizado, los criterios siguen siendo extremadamente estrictos. 

El portavoz Rubén del Campo hablaba de temperaturas “extraordinariamente altas” y de máximas de hasta 44 ºC en la mitad sur. Pero la duración, extensión y fuerza está aún por definir.

Lo que sí está claro es que, en caso de no serlo, sería por poco. 

Por eso lo que pase la semana que viene no cambia el dibujo general. No sólo sería tres o cuatro episodios de calor extremo en seis semanas, sino que algunos climatólogos como Jorge Olcina suman también la “advección sahariana de finales de mayo” y hablan de cuatro episodios en ocho semanas.

Con periodos antiguos de referencia, probablemente estaríamos en esos términos. Pero como explicaban José Ángel Núñez y Rubén del Campo en el blog oficial de la agencia, la definición no se toca, precisamente, para ver cosas como las que estamos viendo. Es decir, lo que está haciendo el umbral es mostrar claramente que todo está cambiando. 

Según el estudio de la propia agencia, entre 2001 y 2025 España registró 91 olas de calor frente a las 43 del periodo 1976-2000, y los días bajo ola pasaron de 210 a 510. Este verano no encaja con el umbral, es verdad. Pero encaja perfectamente con la tendencia.

Y ese es el problema. El sistema MoMo del ISCIII, el modelo estadístico que señala el exceso de mortalidad, atribuyó al calor 3.649 muertes el verano pasado, la segunda peor cifra de la década. El problema aquí, como señalamos hace unos días, es que en 2026 ya hemos gastado la mitad de ese exceso antes de que empiece la canícula (la peor parte del verano). 

La meteorología nos ha mostrado que, en cualquier momento, la situación puede cambiar de repente. Lo que queda es esperar, pero la sensación de que el mundo está cambiando más rápido que nuestras adaptaciones a él ha dejado de ser un temor y ha empezado a convertirse en algo muy real.

Imagen | Meteociel

En Xataka | Ni Londres ni el Reino Unido: el mapa de la NASA que revela dónde está el cielo más gris de Europa

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España va a encadenar tres olas de calor en seis semanas. AEMET lo tiene claro: ya no es una ola, es el clima

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Javier Jiménez

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el 30% de los trabajadores se sienten menos útiles

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Según el último estudio de Ionos, el 41% de las pymes en España ya usa alguna herramienta de IA en sus procesos diarios. Eso, sobre el papel debería implicar un incremento de la productividad en esas tareas. Sin embargo, la realidad es bastante más obstinada.

El informe anual ‘People at Work 2026‘ que elabora la consultora ADP Research señala que pese a ese incremento en el uso de las herramientas de IA para la automatización, los empleados sienten que rinden menos.

El espejismo de la productividad. El informe de ADP preguntó a 39.000 empleados de 36 países sobre cómo les afecta la IA en su día a día. El resultado muestra que entre quienes usan la IA a diario, el 30% dice sentirse muy comprometido con su trabajo. Pero ese mismo grupo también afirma sentirse menos productivo que antes.

Los usuarios habituales de IA tienen cuatro veces más probabilidades de sentir que rinden poco. El propio estudio admite que no hay forma sencilla de medir la productividad real de estas personas. En realidad, es posible que trabajen más como ya se ha demostrado en otros ámbitos como en los ingenieros de software, pero sienten que logran menos por sí mismas.

El miedo a perder el puesto sigue ahí. Según la misma encuesta, en España, el 15% de los trabajadores usa IA todos los días, y el 11% cree que esa herramienta acabará por sustituirle en su puesto. Solo el 14% de los participantes en nuestro país ve el avance con buenos ojos.

El temor no se reparte igual entre generaciones. Casi dos de cada diez jóvenes de 18 a 26 años usan la IA a diario. Entre los mayores de 55, el 33% jamás la ha probado. Un informe de Funcas calcula que, entre 2025 y 2035, la IA podría acabar con hasta 2,3 millones de empleos en España. Sobre todo, en tareas administrativas y de gestión de datos.

Lo que dicen los datos oficiales. El Banco Central Europeo lleva meses observando el fenómeno de cerca y, según su propio análisis, las empresas que más invierten en IA no son las que luego despiden más. De hecho, tienden a incrementar el número de contrataciones. Por ahora, la tecnología actúa como complemento del trabajo humano, no como su sustituto. Por mucho que algunas empresas la pongan como excusa.

Otro estudio, del Banco Europeo de Inversiones, calcula que la IA ha subido la productividad laboral europea un 4%. La subida viene sobre todo de la inversión en herramientas y formación, no de recortes de plantilla. No obstante, pese a estos indicios, los expertos apuntan a que todavía es pronto para ver el posible incremento de la IA en los datos de productividad por su baja implantación y atribuyen ese incremento al otro gran impacto en el mercado laboral de los últimos años: el teletrabajo.

Compromiso sí, rendimiento no siempre. Bárbara Gómez, directora de operaciones de ADP Iberia asegura en un comunicado de la compañía que ” la IA está transformando la forma de trabajar, pero su sola adopción no garantiza una mayor productividad. Los trabajadores deben mejorar sus habilidades y familiarizarse con las herramientas de IA, comprendiendo cómo se integran en sus flujos de trabajo”. La tecnología cambia y automatiza los procesos, pero no cambia resultados por sí sola.

Nela Richardson, economista jefe de ADP, va un poco más allá. “La IA cambia el modo de trabajar pero también el cómo se sienten las personas que están en las empresas”, explica en el informe. Su receta pasa por dejar de ver la IA como una amenaza y tratarla como “un compañero, un miembro más del equipo”.

Del dicho al hecho. España no es una excepción en el sentir improductivo de los empleados que usan IA. El patrón se repite en casi todos los países de la encuesta de ADP. Los usuarios habituales de IA muestran menos estrés, mejor relación con sus compañeros de equipo, pero casi ninguno afirma sentirse más eficiente en su trabajo.

Puede que la clave esté en la curva de aprendizaje de estas herramientas. Cambiar de herramienta cuesta tiempo, aunque a la larga compense y las empresas necesitan un plazo de implementación para mejorar sus procesos. Mientras tanto, millones de trabajadores siguen atrapados entre dos sensaciones: usar más tecnología que nunca y sentir que rinden menos que antes.

En Xataka | Bill Gates: “A medida que la IA asuma más trabajos, podrás jubilarte antes y trabajar semanas laborales más cortas”

Imagen | Unsplash (Flipsnack)

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En 2024, un eclipse hizo desaparecer 14 gigavatios de la red eléctrica de Texas. Es la mejor pista de lo que le espera a España

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El 8 de abril de 2024, a las 12:15 del mediodía, en Texas entraban en la red 13,8 gigavatios de sol. Cuarenta y cinco minutos después quedaban 800 megavatios: el Sol se había apagado. 

Es cierto que el gas cubrió el hueco, que las baterías ayudaron a superar el bache y que nadie se enteró de nada. Pero aquel eclipse y todo lo que aprendimos de él son la mejor información posible para entender lo que va a pasar con la red eléctrica de España este 12 de agosto.

¿Qué pasará? Eso es lo curioso. El 12 de agosto de 2026, cuando la sombra de la Luna cruce España de A Coruña a Mahón, no va a pasar nada. Absolutamente nada. 

Y no porque tengamos una red eléctrica modélica, ni porque (desde el apagón) hayamos hecho los deberes. No pasará nada porque serán las ocho y media de la tarde. 

Lo que pasó en Texas. Según los datos de ERCOT, el operador texano, la fotovoltaica pasó del 27,6% del mix eléctrico al 1,7% y, luego, de vuelta al 27% en apenas dos horas. El gas rellenó en torno al 80% del hueco y las baterías ayudaron al también (con, en torno, a 1,4 GW).

Lo que pasa es que durante el mediodía texano hay mucha luz solar. Entre las 20:28 y las 20:32, el Sol estará a apenas 12 grados sobre el horizonte en Galicia y solo 2 en Baleares: la energía solar disponible en la red ya será muy escasa. Es decir, el eclipse llegará a España cuando la fotovoltaica ya se estará apagando sola.

¿Entonces no pasará nada? Aunque no hay previsiones oficiales aún publicadas, los cálculos señalan que el eclipse añadirá una perturbación de segundo orden: la baja que puede provocar (de entre 4-5 GW) está en el orden que suele manejar la red las tardes de agosto. No debería causar muchos problemas este agosto. 

Y “este agosto” son las palabras clave. Porque si nos estamos preguntando por el impacto del eclipse en España, quizás estamos mirando el eclipse equivocado. 

El 2 de agosto de 2027, entre las 10:45 y las 11:20 de la mañana, veremos cómo la Luna tapará un mínimo del 70% del disco solar en todo el territorio nacional (un 85% en Madrid y cerca del 100% en Cádiz y Málaga). Eso sí será un test para la red eléctrica porque, el 65% del parque fotovoltaico de España está en Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura y, a esas horas, estará en plena rampa de subida. 

¿Y estamos preparados? A decir verdad, no nos debería pillar por sorpresa. El Gobierno ya creó una comisión con trece ministerios para el trío de eclipses 2026-2028. Sin embargo, hoy por hoy, no tenemos un plan público para la red en 2027 y no estaría mal que alguien empezara a hablar de esto.

Imagen | Luis Olmos | Martijn Baudoin

En Xataka | Una oportunidad única de 1 minuto y 40 segundos: lo que los ciudadanos podremos aportar a la ciencia durante el eclipse

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