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review con características, precio y especificaciones

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Caretas fuera: nunca me han hecho demasiada gracia los auriculares TWS semiabiertos. Creo que no ofrecen la mejor experiencia sonora, ni el mejor agarre, ni la mejor estabilidad ni la mejor cancelación de ruido. Si puedo elegir, prefiero unos auriculares TWS cerrados que sellen bien el canal auditivo con unas gomas de silicona (o mejor todavía, de espuma). Pero como todo en esta vida, hay auriculares y auriculares. Los nuevos FreeBuds 6 de Huawei son un ejemplo de estos últimos.

Estos auriculares semiabiertos con esta forma tan peculiar son la nueva propuesta de Huawei. La idea es sencilla: ofrecer unos auriculares cómodos que no nos aíslen por completo y no sacrifiquen la calidad de sonido. Pues no, no han conseguido que abandone mis FreeBuds Pro 4, pero sí debo reconocer que han conseguido sorprenderme en todos los sentidos. He aquí nuestro análisis.

¿Son unos auriculares caros siempre mejor que unos económicos?

Ficha técnica de los Huawei FreeBuds 6

Huawei FreeBuds 6

dimensiones y peso

Auriculares: 30,6 x 18,5 x 24 mm – 4,9 gramos

Estuche: 66,2 x 49,9 x 26,8 mm mm – 40,3 gramos

unidad de diafragma

Driver dinámico de 11 mm

Tweeter

Cancelación de ruido

Cancelación de ruido activa

batería

Auricular: 39,5 mAh

Estuche: 510 mAh

Códecs

AAC, SBC, L2HC, LDAC

Hi-Res Wireless

HWA Lossless

conexión

Bluetooth 5.2

compatibilidad

iOS, Android, PC

extras

Resistencia IP54

Google Assistant

Siri

Conexión multipunto

Ecualizador

Controles táctiles

Carga USB-C

Carga inalámbrica

precio

159 euros

HUAWEI FreeBuds 6 Auriculares Inalámbricos, Ajustados a los Oídos, Sonido Auténtico de Doble Controlador, Llamadas Estables y Claras, Open-fit ANC, 36H Duración de la Batería, IP54, iOS&Android,Negro

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Huawei FreeBuds 6, nuestra experiencia

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka
Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Muy cómodos. A pesar de lo que podría parecer a simple vista, los FreeBuds 6 son realmente cómodos. Su diseño en tres partes hace que el auricular quede en la concha de la oreja, el mástil (que es la zona de control) en la incisura intertrágica y la batería en la parte inferior de la oreja, lo que normalmente llamaríamos “la patilla”. Hasta aquí la charla de anatomía de la oreja. A diferencia de otros auriculares semiabiertos, estos no se menean lo más mínimo cuando estamos en movimiento o haciendo ejercicio suave.

Son muy ligeros, no llegan a los cinco gramos, y están hechos de plástico. Sin ser el acabado más premium que hemos podido probar, son agradables al tacto. Además, gracias a que se quedan bien encajados en la oreja, podemos dar toques y hacer pulsaciones en la zona central sin tener la sensación de que se van a caer. Lo que no son es disimulados. Son realmente cómodos, pero si buscamos unos auriculares que no sean llamativos mejor seguir buscando.

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka
Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Por cierto, en la caja vienen unas fundas de silicona para mejorar el agarre de la zona del auricular y la sujeción en el caso de tener orejas más grandes. Si podéis evitarlas, hacedlo. A mí me han parecido un poco incómodas y, si bien es cierto que aumentan la fricción oreja-auricular, no se sienten del todo bien. Además, ponerlas y quitarlas es un pelín complicado.

El huevito. Parece una nimiedad, pero que tenga esta forma y que se abra en vertical tiene mucho sentido: es muy cómodo de sujetar con una sola mano. Nunca me había percatado de esto, pero se siente más natural tener un estuche vertical en la mano que uno horizontal. ¿Es una tontería? Puede, sobre todo porque lo normal será tener el estuche en el bolsillo, pero es de esas decisiones de diseño acertadas que suelen llamar la atención.

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka
Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Volteretas mentales aparte, el estuche aloja una generosa batería de 510 mAh con carga rápida, puerto USB tipo C y base de carga inalámbrica. A diferencia de los auriculares, este no tiene resistencia IP54. Pesa poco más de 40 gramos y las sensaciones con el plástico del que está hecho son las mismas que en los auriculares: está bien, pero no es el mejor. Pero una de cal y una de arena: kudos a la bisagra y al imán de la tapa, diez de diez.

Experiencia de uso. AI Life será la aplicación que usaremos para conectar y controlar los auriculares al móvil. Recomendación personal: descargadla desde la web de Huawei. Si tenéis un iPhone, la tenéis en la App Store. Desde esta app podemos configurar los gestos, activar el control por la cabeza, buscar los auriculares si los hemos perdido, activar la cancelación de ruido y acceder al ecualizador. Fácil, sencillo y para toda la familia.

Recomendación general: configurad el gesto de mantener pulsado a la izquierda o a la derecha, el que más os guste, para invocar a Google Gemini, porque los auriculares no tienen reconocimiento de voz. También recomiendo cambiar los ajustes para priorizar la calidad de sonido sobre la estabilidad, sobre todo si no frecuentáis lugares abarrotados.

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka
Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Un sonido que sorprende. Huawei ha hecho muy bien los deberes con estos auriculares. A pesar de su diseño semiabierto, los FreeBuds 6 son capaces de ofrecer una calidad de sonido bastante buena. En el interior encontramos un driver dinámico de 11 milímetros (para los graves, hasta 14 Hz) y un tweeter microplano para los agudos (hasta 48 kHz), lo que ayuda a mejorar la reproducción de las frecuencias más extremas.

Los auriculares son compatibles con los códecs AAC y SBC, pero de la alta definición se encargará LDAC y LH2C en la mayoría de terminales. En algunos dispositivos Huawei la tasa de transferencia alcanza los 2,3 Mbps, que es una verdadera barbaridad. Pero en cualquier caso, la realidad es la siguiente: unos auriculares TWS semiabiertos como estos los vamos a usar para escuchar música en streaming vía Spotify, YouTube Music, Apple Music o Amazon Music sobre la marcha. No son dispositivos adecuados para la música en alta definición, aunque teóricamente estén preparados para ello.

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka
Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Ahora bien, es innegable que se escuchan muy bien. Los graves son geniales (sorprendentemente bien dado el formato de los auriculares), pero están mucho (muchísimo) mejor si en la app activamos el modo “Potenciador de graves”. Este me recuerda más al sonido característico de JBL y en géneros urbanos, electro, rock y pop se agradece ese extra de pegada. Las frecuencias más agudas también se aprecian con relativa claridad, pero las medias tienden a quedarse algo enmascaradas cuando tenemos nos graves demasiado pronunciados.

Además, tenemos que sumarle que son unos auriculares semiabiertos, por lo que el canal auditivo no está sellado. Eso significa que se nos colará algo de ruido de fuera y juega en detrimento de la calidad de sonora.

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka
Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Más que cancelación, reducción. La mejor cancelación de ruido se consigue cuando el canal auditivo está completamente sellado. Eso no es posible en estos auriculares, pero no quiere decir que no funcione bastante bien. No cancelan el ruido como sus hermanos FreeBuds Pro 4, pero sí reducen considerablemente el sonido del transporte público o de las tres impresoras 3D que tengo funcionando a escasos dos metros de mí. Es más un sistema de comodidad para evadirse un poco en ambientes ruidoso que uno que busque aislarnos. Funciona bien en ese sentido, pero no podemos esperar la misma experiencia que en modelos in-ear.

Los micrófonos. No son los mejores, pero permiten hacer una llamada sin mayor problema. Se aprecia algo de eco cuando hablamos por teléfono, pero más allá de eso la voz se escucha bien y no resulta desagradable. No tiene ese matiz metálico que sí podemos encontrar en otros auriculares de este estilo.

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka
Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Batería y autonomía. Dependerá mucho de cómo usemos los auriculares, pero utilizando el modo “Priorizar la calidad de sonido” y con la cancelación de ruido activada (es la forma más exigente) podemos esperar alrededor de cuatro horas de autonomía. Si desactivamos la cancelación de ruido conseguiremos una hora adicional. Con el estuche podemos cargar los auriculares al completo en una media hora, más o menos. La autonomía combinada es suficiente para echar el día.

Huawei FreeBuds 6, la opinión y nota de Xataka

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka
Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Huawei FreeBuds 6 | Imagen: Xataka

Aunque no van a conseguir que abandone mis auriculares in-ear por nada del mundo, los nuevos FreeBuds 6 han conseguido sorprenderme. Me esperaba unos auriculares TWS más y me he encontrado con unos auriculares que, sin ser mis favoritos, han resultado ser sorprendentemente cómodos, escucharse bastante bien y ayudar a mantener el ruido a raya.

La autonomía es su punto más flaco, con solo cuatro horas exprimiéndolos al máximo, pero se compensa con una velocidad de carga aceptable. También habría estado bien que los micrófonos fuesen más competentes y que sirvieran para invocar a Google Gemini con solo decir “Hey Google”. En cualquier caso, son una alternativa interesante para los que valoren ergonomía y sonido.

7,9

Diseño
8,5

Calidad de sonido
7,5

Cancelación de ruido
7,5

Ergonomía
9

Experiencia de uso
7,75

Batería
7

A favor

  • Para ser semiabiertos, son bastante cómodos
  • Se escuchan bien
  • El estuche con forma de huevo es todo un acierto

En contra

  • La autonomía no es de las mejores
  • El micrófono tiene algo de eco
  • El formato semiabierto juega en su contra cuando escuchamos música en zonas con ruido

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Este dispositivo ha sido cedido para prueba por parte de Huawei. Puedes consultar cómo hacemos las reviews en Xataka y nuestra política de relaciones con empresas.

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Mañana llega a Prime Video una de las películas más increiblemente extrañas del último Nicolas Cage

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Hay una escena en la que Nicolas Cage llena una botella con agua turbia de un grifo público y se la intenta beber. Poco después está a punto de comerse una rata muerta. Ninguna de las dos es la imagen más extraña de la película, y eso ya dice bastante del terreno en el que se mueve ‘The Surfer‘, un thriller psicológico que tuvo un paso muy discreto por cines en 2025 y ahora, año y medio después y desde el 17 de julio, brilla como una de las piezas más extrañas del catálogo veraniego de Prime Video.

La película sigue a un hombre sin nombre (Cage) que lleva a su hijo adolescente a la playa australiana donde surfeaba de niño. Quiere comprar la casa familiar situada sobre el acantilado, la misma en la que creció antes de la muerte de su padre. La bienvenida no es la esperada: un grupo de surfistas locales, los Bay Boys, liderado por el carismático Scally (Julian McMahon, al que recordamos de ‘Nip y Tuck’ y Los Cuatro Fantásticos -no, esa no, la otra… no, esa tampoco, la otra-), le impide entrar al agua con un mantra que se repite durante toda la cinta: “Si no vives aquí, no surfeas aquí”. Y lo que arranca como humillación puntual se convierte en una espiral de acoso con el calor del verano australiano de fondo.

El irlandés Lorcan Finnegan, director de la película, no es un nombre nuevo para los fans de las películas de tensión psicológica. Antes de esta firmó la magnífica ‘Vivarium’, con Jesse Eisenberg e Imogen Poots atrapados en un barrio residencial que se repite hasta el infinito, y ‘Efecto Nocebo’ (2022), con una Eva Green afectada por una asfixiante enfermedad exótica. En los tres títulos trabaja con un espacio cerrado y opresivo que empieza siendo cotidiano y termina convertido en trampa.

Y esta vez la película cuenta con un plus excelente: el sol australiano, que tantas magníficas obras de opresión extrema nos ha brindado, como ‘Largo fin de semana’ o ‘Despertar en el infierno’. En esta ocasión, además, se contrasta el perturbador desierto del país con las playas a las que acude Cage, que se permite brindar una de sus mejores interpretaciones maniacas y fuera de sí, por primera vez en un entorno que le hace justicia absoluta.

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Demis Hassabis, premio Nobel, advierte del riesgo de perder el control de la IA

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Pensemos por un momento en cómo se movía el mercado tecnológico antes de noviembre de 2022. La inteligencia artificial ya estaba presente en buscadores, cámaras, recomendaciones y servicios digitales, pero todavía no era la etiqueta que las marcas trataban de colocar en cada producto ni el argumento alrededor del que giraban buena parte de sus presentaciones. La industria tenía otras prioridades visibles y repartía su atención entre múltiples frentes. Menos de cuatro años después, cuesta encontrar un gran fabricante o una plataforma que no haya reorganizado parte de su estrategia alrededor de la IA.

Basta con observar hacia dónde está fluyendo el dinero para entender la magnitud de esta carrera. Las grandes tecnológicas destinan inversiones enormes a chips, servidores y centros de datos que se extienden por distintas partes del mundo, al tiempo que buscan asegurar la energía necesaria para mantenerlos en funcionamiento. Los gobiernos tampoco se limitan a observar: Estados Unidos y China apoyan el desarrollo de infraestructura y capacidad de computación como parte de una competencia económica y estratégica. En medio de esa aceleración, uno de sus principales protagonistas ha advertido que avanzamos más rápido de lo que comprendemos.

La advertencia de quien está en primera línea de la carrera

El mensaje no llega desde fuera del sector. Demis Hassabis es cofundador y consejero delegado de Google DeepMind, uno de los laboratorios que impulsan el desarrollo de los sistemas de inteligencia artificial más avanzados. Bajo su dirección surgieron proyectos como AlphaGo, que derrotó a un campeón mundial de Go, y AlphaFold, capaz de predecir estructuras de proteínas. En 2024, Hassabis y John Jumper recibieron conjuntamente la mitad del Premio Nobel de Química por sus trabajos sobre predicción de estructuras proteicas. Sus palabras tienen peso precisamente por esa doble condición: ayuda a construir esta tecnología y, al mismo tiempo, pide mecanismos para contener sus riesgos.


Demis Hassabis Mensaje
Demis Hassabis Mensaje

Parte del texto publicado por Demis Hassabis en X | Pulsa para ver el mensaje completo

Hassabis parte de una convicción que ayuda a entender la urgencia de su propuesta: cree que la inteligencia artificial general (AGI, por sus siglas en inglés), definida en su texto como un sistema capaz de exhibir todas las capacidades cognitivas del cerebro humano, podría llegar en apenas unos años. No lo presenta como una certeza, sino como una posibilidad cercana que obligaría a prepararnos antes de que la tecnología alcance ese punto. Su preocupación abarca la ciberseguridad, posibles riesgos biológicos y nucleares y, más adelante, sistemas cada vez más autónomos, capaces de actuar con menor supervisión y de mejorar sus propias capacidades.

En un extenso artículo publicado en X, el directivo intenta sostener dos ideas al mismo tiempo. La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta extraordinaria para la ciencia, la medicina y la economía, pero ese potencial no elimina la necesidad de establecer controles y mecanismos de supervisión. Tampoco propone esperar a que aparezca una amenaza concreta para reaccionar, porque entonces las medidas podrían llegar demasiado tarde. Antes de detallar qué organismo y qué evaluaciones considera necesarios, expone el diagnóstico que sirve de base a toda su propuesta:

“En estos momentos estamos atrapados en una carrera comercial y geopolítica extremadamente intensa que se desarrolla en varios niveles. Aunque estas dinámicas competitivas impulsan rápidos avances y aceleran sus extraordinarios beneficios, los progresos en la frontera de la IA están superando nuestra comprensión de la tecnología. Nadie en el mundo sabe con certeza qué va a ocurrir a partir de ahora, y ni siquiera los expertos están de acuerdo. Cuando existe un grado tan elevado de incertidumbre y hay tanto en juego, avanzar con un optimismo prudente es la estrategia sensata y correcta”.

La respuesta que plantea pasa por crear en Estados Unidos un organismo especializado en evaluar los modelos de inteligencia artificial más avanzados. Su propuesta toma como referencia una asociación público-privada o una entidad autorregulada con supervisión federal, dirigida por una junta en la que también participarían especialistas independientes y representantes del ecosistema de código abierto. Esta institución definiría qué umbrales convierten a un sistema en un modelo de frontera y diseñaría evaluaciones sobre ciberseguridad, amenazas biológicas y otros ámbitos de alto riesgo, además de pruebas para detectar intentos de eludir salvaguardas o señales de engaño. En una primera etapa, los laboratorios compartirían voluntariamente sus modelos hasta 30 días antes de lanzarlos.

La cooperación inicial podría transformarse después en un requisito obligatorio. Una vez validado el protocolo, cualquier modelo considerado de frontera tendría que aprobar la evaluación antes de llegar al mercado de Estados Unidos. Las pruebas se revisarían periódicamente para sustituir aquellas que quedaran desfasadas y para medir nuevas capacidades, mientras auditores independientes ayudarían a ampliar el sistema de control. El planteamiento llega incluso más lejos: si la gravedad de los riesgos lo justificara, el marco podría utilizarse para coordinar una ralentización del desarrollo entre los principales laboratorios.

La inquietud no es exclusiva de Hassabis. Geoffrey Hinton ha reconocido que no sabemos si podremos conservar el control de sistemas más inteligentes que nosotros, mientras Yoshua Bengio reclama más investigación y mecanismos específicos para supervisarlos. En 2023, Elon Musk firmó además una carta abierta que pedía pausar durante al menos seis meses el entrenamiento de sistemas de IA más potentes que GPT-4, aunque unos meses después anunció xAI y pasó a competir directamente en este mercado. Muchas de estas voces coinciden en pedir cautela, pero no existe consenso sobre la probabilidad de que lleguemos a perder el control.

La historia de la inteligencia artificial todavía no tiene un desenlace escrito, aunque sus primeros efectos ya hayan cambiado nuestra relación con la tecnología y las decisiones de quienes la desarrollan. Queda por ver si el organismo que propone Hassabis tendría cabida, si sus evaluaciones serían realmente eficaces y si los laboratorios y los gobiernos aceptarían someterse a ellas cuando entraran en conflicto con sus propios intereses. También puede ocurrir que algunos de los riesgos que plantea estén sobredimensionados o no lleguen a materializarse. Por ahora, su propuesta añade una hoja de ruta concreta a una discusión en la que todavía abundan más las incógnitas que las certezas.

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En Xataka | Claude tiene un espacio en el que manipula conceptos antes de su respuesta final. Y ha sorprendido a la propia Anthropic

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La banda mexicana Intocable recibe su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- “Intocable” recibió este jueves una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, en una ceremonia en la que participaron el compositor mexicano Edgar Barrera y el ejecutivo musical Nir Seroussi.

“Hace 35 años una banda como Intocable se suponía que no debía existir, iba contra las reglas, pero aparentemente nadie les avisó”, dijo Seroussi, presidente de Interscope Capitol Miami, en un discurso en el que celebró la incorporación de esta estrella, la número dos mil 852, en esta emblemática avenida de Los Ángeles.

“En ese momento la música mexicana tenía muchas reglas, Intocable las vio y dijo, no gracias”, añadió.

La agrupación, fundada en Zapata, Texas, por Ricky Muñoz y René Martínez a principios de la década de 1990, se consolidó como una de las principales exponentes de la música regional mexicana al fusionar los ritmos tradicionales del norteño con baladas de letras contemporáneas.

Entre sus temas más populares figuran “¿Y todo para qué?”, “Aire”, “Te amo (Para siempre)” y “Eres mi droga”, entre otros. A lo largo de su trayectoria, la agrupación ha vendido más de 55 millones de discos y ha colocado 21 canciones en el número uno de las listas de música regional mexicana.

“Ricky tomó el acordeón y lo hizo sonar como el futuro. Le mostraron al mundo lo que la música mexicana podía ser”, apuntó Seroussi, quien aseguró que la agrupación sentó las bases para que la música mexicana sea hoy uno de los géneros más escuchados del mundo.

Barrera, amigo cercano de los reconocidos, los describió como “una de las bandas más grandes de la música mexicana”.

El compositor, quien junto con Residente es la persona con más Latin Grammy en la historia, destacó la relevancia cultural de la agrupación.

“Los que crecimos en la frontera sabemos que ahí es donde se mezcla todo: el norteño con el pop, el inglés con el español. Es una identidad única, y esa mezcla empezó con Intocable”, afirmó.

Muñoz fue el único de la banda que tomó el micrófono durante la ceremonia, y durante su breve paso por la tarima el vocalista y acordeonista agradeció a dios, a su familia, a sus compañeros, a sus seguidores, a los compositores y a “toda la gente que ahorita está perteneciendo a Intocable de alguna forma”. 

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