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lo hemos visto en su fábrica
En este mundo hay muchos sitios a los que muy pocas personas pueden entrar. Lugares que guardan secretos como, por ejemplo, cómo se fabrica un móvil y cómo se pone a prueba para que aguante todas las penurias a las que lo sometemos día tras día. Por eso visitar una fábrica siempre tiene algo especial, porque sabes que lo que estás viendo no suele verse a menudo. El problema es mostrarlo, porque una cosa es ver y otra muy distinta es poder echar fotos y enseñar lo que hemos visto. No es el caso de la visita que hoy nos ocupa.
Hace una semanas estuvimos en Shenzhen con OnePlus. Durante nuestra visita pudimos acceder al Laboratorio de Salud, como ya hemos contado, pero también a la línea de producción en la que se fabrica el OnePlus 13. Hemos visto cómo lo que comienza siendo una placa base pasa por todo un circuito de máquinas y manos hasta salir como un OnePlus 13 hecho y derecho. No solo eso, sino que también hemos visto de primera mano cómo lo torturan en el Laboratorio de Durabilidad y cómo testean la cámara. Y hoy no solo os lo podemos contar, sino que os lo podemos mostrar de primera mano.
La fábrica

Esqueletos de OnePlus 13 | Imagen: Xataka
En la fábrica de OnePlus no solo se fabrican smartphones OnePlus porque, de hecho, el edificio en el que estábamos era de OPPO. Al fin y al cabo, OPPO, OnePlus y Realme son primas cercanas. Vivo también, pero es algo más independiente. En cualquier caso, desde OnePlus nos confirmaron que la línea que estábamos visitando se usaba sola y exclusivamente para ensamblar los OnePlus 13.

Imagen | Xataka
A diferencia de la fábrica de Samsung que visitamos en Corea del Sur, que estaba prácticamente robotizada, esta línea de OnePlus era sorprendentemente manual. Había herramientas robóticas haciendo, por ejemplo, test de software o soldaduras concretas, pero era llamativo ver a una enorme ristra de trabajadores (bastante jóvenes en su mayoría) uno tras otro ensamblando los móviles como si de un LEGO se tratase.

Empleados de OnePlus fabricando un OnePlus 13 | Imagen: Xataka
OnePlus mantiene en secreto el número concreto de trabajadores y, aunque no los conté uno a uno, sí diría que solo en esta línea podría haber alrededor de cien personas. De aquí salen 3.000 unidades de OnePlus 13 al día. Todos los empleados han de completar programas de capacitación y deben obtener certificaciones específicas para su puesto que, aunque en algunos casos consiste en limpiar el agujero de la cámara con un palito de algodón, en otros casos consiste en operar máquinas.
Antes de llegar a la zona de ensamblaje hay una parte separada del resto, literalmente. Es una zona estanca donde se ensamblan y analizan componentes principales, como las placas base, y que requieren de ciertas condiciones ambientales. Esos componentes van a parar a la línea siguiente, donde los trabajadores están sentados en línea montando el teléfono desde cero.

Imagen | Xataka
El orden está perfectamente marcado y no vamos a detenernos en detallar cada proceso porque ni nos lo explicaron en detalle ni tiene sentido. Los componente se ensamblan uno a uno en el más absoluto silencio: chasis, placa base, batería, SMT, sensores de cámara (sí, se ensamblan de uno en uno), pantallas, chasis trasero… Lo que empieza siendo un marco sale como un móvil listo para empaquetar. ¿Y dónde se empaqueta? En la planta de abajo, aunque no la visitamos.

Operario coloca la batería en un OnePlus 13 | Imagen: Xataka
Nos vamos a detener en la cámara. Estamos tan acostumbrados a verla y usarla que , muchas veces, no nos paramos a pensar en cómo se monta. Los sensores vienen en blísteres como si de pastillas para la tos se tratasen. Un empleado coge un sensor con sus manos (usando unos guantes para dedos que desechan cada poco), lo coloca en la placa base, pasa una comprobación en una máquina, y pasa al siguiente.

Así son los sensores de cámara | Imagen: Xataka

Y así se colocan | Imagen: Xataka
El siguiente le pone otro sensor, pasa la comprobación, y así hasta el final. Esperaba que fuese una de las primeras cosas que se colocan, pero no. Se ponen los sensores de cámara antes que la batería, por ejemplo. Cada sensor tiene una protección, como una especie de película protectora, que se retira (a mano) más adelante, tras lo cual pasa una inspección visual y se ensambla a la trasera.
Y esto nos llamó poderosamente la atención. Había una persona, solo una, limpiando los agujeritos de la carcasa por los que asomarán los sensores con un palito de algodón. La idea, claro, era asegurarse de que no entran motas de polvo al interior que puedan perjudicar la experiencia. Esta persona, por supuesto, trabaja en una zona estanca y con más protecciones en su cuerpo.

Sí, está limpiando los orificios de la cámara con un bastoncillo de algodón | Imagen: Xataka
Tras una serie de comprobaciones finales, el dispositivo pasa a una caja metido en una bolsita que, posteriormente, será transportada a la planta baja para su empaquetado. ¿Y eso es todo? Ni mucho menos, porque una vez tenemos el teléfono está listo hay que ponerlo a prueba. De eso se encargan en el laboratorio de durabilidad.
La hora del dolor
El laboratorio de durabilidad está separado de la fábrica. En el mismo edificio, pero en otra zona. Tiene sentido. Este laboratorio está compuesto de diferentes zonas donde se realizan diferentes pruebas. De sus resultados dependen que la firma pueda decir que el terminal cumple con la certificación IP68, que aguanta a caídas desde tal altura, etc. No solo eso, sino que algunas pruebas tienen como objetivo comprobar que el teléfono no hace cosas como partirse en dos cuando lo llevamos en el bolsillo.

¿Ves ese móvil? Está a punto de reventarse contra el suelo (varias veces) | Imagen: Xataka
La primera prueba fue la de caída. Durante la prueba, el teléfono se deja caer libremente sobre una placa de mármol, apuntando a sus seis caras, ocho esquinas y 12 bordes. Después de cada caída, el operador realiza una inspección visual en busca de arañazos, golpes, grietas, etc. Tras una primera ronda, se hacen más caídas desde 1,5 metros para asegurar la integridad de, sobre todo, la batería.

Esa caja interior gira y tiene un móvil dando bandazos en su interior | Imagen: Xataka
A su lado está la prueba de volteo, que simula los típicos golpes que podemos darle al móvil durante el uso. Los operadores introducen el teléfono en una cámara que gira y lo dejan caer desde alturas de entre medio y un metro con una velocidad de rotación de entre ocho y diez ciclos por minuto durante 150 ciclos. Pasa la prueba si sigue funcionando después del test.

En esa prueba se aseguran de que el teléfono aguanta las caídas más típicas del día a día | Imagen: Xataka
A continuación, prueba de micro-caídas. Esta consiste en dejar caer el teléfono sobre todas sus caras desde una altura de diez centímetros un total de 14.000 veces. Después de la prueba, se desarma para verificar que los componentes internos y el ensamblaje estructural estén intactos. El objetivo, sobra decir, es simular caídas como soltar el teléfono sobre una mesa o sobre la cama.

Prueba de inserción de USB | Imagen: Xataka
Justo a su lado está la prueba de inserción de USB, que sirve para comprobar que el puerto USB tipo C sigue funcionando a pesar del desgaste. Varios teléfonos son colocados en vertical mientras una máquina introduce y extrae 20.000 veces un USB. Tras la prueba, el teléfono se desarma para ver si todo sigue en orden o si ha habido algún problema.

Si alguna vez te dicen que una imagen no puede doler, enseña esta y diles que se imaginen el teléfono retorciéndose hacia los lados | Imagen: Xataka
La prueba de torsión simula el daño por fuerzas de torsión durante el uso. Según el ancho y grosor del teléfono, se aplica un torque calculado durante 750 torsiones. No se permiten defectos funcionales ni estructurales. Tras la prueba, el teléfono se inspecciona completamente antes de desarmarlo para evaluar la integridad estructural interna. Esta es de esas pruebas que duelen nada más verlas.

Esta prueba simula la presión ejercida al llevar el teléfono en el pantalón | Imagen: Xataka
De esta otra prueba no nos dieron datos exactos, pero se trata de una máquina que simula el comportamiento del móvil cuando lo llevamos en el bolsillo. El teléfono es introducico en una especie de saco de tela vaquera y una presa lo presiona hacia abajo para comprobar que no se dobla.

Siempre es bonito ver una prueba de lluvia en tiempo real | Imagen: Xataka

¿Ves eso? Son los OnePlus Watch 3 | Imagen: Xataka
También vimos la prueba de lluvia. Esta prueba, que suena muy fancy, es la que valida la compatibilidad con los estándares IPX2 e IPX4. El móvil se enciende y, mientras reproduce un vídeo o una llamada, se inclina 75 grados en los cuatro lados mientras se rocía agua durante entre diez minutos y una hora. Luego se deja secar y se examina a los dos días. La prueba se pasará si no hay corrosión en la placa base, pantalla o conectores. La prueba de IPX8 es todavía más bruta: el teléfono se sumerge en un tanque de agua de 1,5 metros durante media hora.

Prueba de resistencia de los cables de carga | Imagen: Xataka

Prueba de resistencia a la tensión en las correas de los relojes | Imagen: Xataka
En este laboratorio también se analizan los cables de los cargadores (su elasticidad y capacidad de compresión) y las correas de los relojes, que se estiran y comprimen en una máquina para comprobar su deterioro. Fue curioso ver cómo prueban la resistencia a cinco atmósferas, que normalmente significa que lo puedes sumergir 50 metros. Para el que se estuviera imaginando una piscina de 50 metros, no. Es un tanque normal que simula cinco atmósferas de presión jugando con la temperatura y la presión.

Así comprueban que la pantalla aguanta los arañazos | Imagen: Xataka
De la misma manera, la compañía comprueba la resistencia a arañazos tanto de la parte trasera como de la pantalla usando máquinas dedicadas. Si imaginabas una prueba extravagante, nada más lejos de la realidad: el cristal o la trasera se pegan a una base con dos tiras de cinta y se pasa un mástil texturizado por encima para ver si se arañan o no.

Estas son las nuevas baterías de silicio-carbono de OnePlus | Imagen: Xataka
Y por último, las baterías. Una de las pruebas más importantes para una batería es la de carga y descarga y la de temperatura. De nada sirve tener una batería de silicio-carbono buenísima si sufre más de la cuenta cuando la temperatura aumenta o si tiene problemas de carga. En una zona separada del resto de pruebas, donde hacía un calor tremendo, había armarios y armarios llenos de baterías conectadas, simulando el comportamiento del usuario, y siendo analizadas.
Las pruebas, por cierto, no son acumulativas. Varias pruebas se llevan a cabo con varios teléfonos al mismo tiempo. El móvil que ha pasado las penurias del agua no tiene por qué pasar las pruebas de la torsión, y viceversa. Eso sería imposible en términos de tiempo y eficiencia.
El curioso laboratorio de cámaras

Imagen | Xataka
Otro lugar escondido de los ojos del público es el laboratorio de cámaras. A diferencia de los otros sitios, que sí gritan “edificio de empresa” por todos lados, el laboratorio de cámaras está en una zona aparentemente residencial. Tanto, que al lado había hasta un campito para echarse un furbito. Por fuera es un edificio de apariencia totalmente mundana, pero la planta baja es un lugar que de lo más peculiar.
Imagina una planta llena de habitaciones y que cada habitación fuera un escenario. En una zona tienes una recreación ultradetallada de un supermercado, con productos de colores, cristales, luz blanca, etc. Justo enfrente, lo que podría ser una mesa de un restaurante con luz cálida más tenue. Al lado, la recepción de un hotel. Enfrente, una biblioteca, el salón de tu casa, un restaurante de comida rápida o una discoteca. Cada zona con su atrezzo, su luz, todo para comprobar cómo rinde la cámara en diferentes condiciones. Nada que ver con el que vimos hace años.

Algunos de los escenarios del laboratorio de cámaras | Imagen: Xataka

Sí, eso es la recreación de un supermercado | Imagen: Xataka
En total, 16 escenarios diferentes con 500 pegatinas en el suelo repartidas por varios puntos estratégicos. ¿Para qué son esas pegatinas? Para marcar todas y cada una de las ubicaciones en las que hay que sacar fotos con todas las lentes del móvil. Si tienes un móvil OPPO o OnePlus, que sepas que su cámara se ha analizado, perfilado y afinado gracias a un laboratorio como este.

Imagen | Xataka
No es viable ajustar la cámara de un móvil en situaciones reales del mundo real. Se necesitan condiciones ceteris paribus para, por un lado, aligerar el proceso y, por otro lado, iterar entre generaciones. Si sacas la misma foto desde el mismo sitio con el OnePlus 1, el OnePlus 2, el OnePlus 3, el OnePlus 4, etc., podrás ver cómo evoluciona la cámara y qué aspectos se pueden mejorar.

Detalle del brazo del robot donde puede verse un móvil en fase de pruebas | Imagen: Xataka
Tampoco tendría sentido hacer esto a mano, y de hecho no lo hacen. OnePlus tiene en su haber tres robots con un brazo que se mueven por el escenario y toman fotos desde los lugares marcados. El robot se desplaza, mueve el brazo, saca la foto y cambia entre objetivos de forma autónoma (aunque según una ruta prefijada por un operario). En total, para cada móvil se sacan la friolera de 75.000 fotos. En casa paseo, cada robot saca 500 fotos.
Esta fue, sin duda, una de las zonas más curiosas de ver. No por el robot, no por las zonas, sino porque muchas de las fotos que acompañan este artículo (todas menos de la de la fábrica, de hecho) las tomé con un OPPO Find X8 Pro que también pasó por este laboratorio. Y si nos fijamos en el brazo veremos que el teléfono está escondido en una especie de funda negra. Eso significa que ese teléfono es un prototipo o un teléfono en fase de desarrollo.
¿Cuál? Seguramente no tardemos mucho en salir de dudas.
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qué autos pueden circular y cuáles descansan el 18 de julio
Efectivamente, es muy probable que ya lo hayas adivinado, este fin de semana se reactiva el esquema del Hoy No Circula sabatino. Y es que la estrategia de control de la circulación con la que la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA) busca frenar la contaminación no descansa.
¿Qué quiere decir esto? Que quienes tengan pensado salir a la calle con sus coches tendrán que revisar, sí o sí, el holograma de su coche y el último dígito de su matrícula. Unas restriciciones que no se limitan de manera exclusiva a las 16 demarcaciones de la CDMX, sino que se extienden también a diversos municipios conurbados de la periferia en el Estado de México. En concreto, el programa opera igualmente en:
- Atizapán de Zaragoza
- Coacalco de Berriozábal
- Cuautitlán
- Cuautitlán Izcalli
- Chalco
- Chicoloapan
- Chimalhuacán
- Ecatepec de Morelos
- Huixquilucan
- Ixtapaluca
- La Paz
- Naucalpan de Juárez
- Nezahualcóyotl
- Nicolás Romero
- Tecámac
- Tlalnepantla de Baz
- Tultitlán
- Valle de Chalco
De igual manera, recuerda que si tu trayecto contempla cruzar por cualquiera de estas localidades, el Hoy No Circula sabatino se te aplicará obligatoriamente.


A qué autos y placas afecta el Hoy No Circula sabatino
Como seguro que sabes, el propósito de esta iniciativa es el de reducir el número de coches en circulación para mitigar las emisiones, con unas normas que los sábados son específicas para ese día. Porque la obligación de descansar no afecta a todos los propietarios de vehículos el mismo fin de semana: la combinación entre el holograma, el último número de la placa y el calendario es lo que marca si puedes o no utilizar tu coche.
Recuerda que el Hoy No Circula sabatino no se encuentra vigente durante las 24 horas del día. El horario de aplicación transcurre estrictamente de las 05:00 a las 22:00 horas, de tal modo que fuera de ese periodo —durante la noche y la madrugada— el programa no limita el tránsito de los vehículos, siempre y cuando no se declare una contingencia ambiental u otra medida extraordinaria por parte de las autoridades que imponga restricciones adicionales.
Para el caso específico del 18 de julio de 2026, tercer sábado del mes, estamos ante lo que se considera como “semana impar”. Es decir, los vehículos que cuenten con holograma 1 y cuyas placas terminen en un número impar serán los que deban permanecer fuera de circulación a lo largo de las horas programadas.
Si tu auto cumple con esa combinación, tendrás que mantenerlo guardado hasta después de las 22:00 horas. Por el contrario, los coches con hologramas 0 y 00 pueden circular sin restricciones bajo el esquema del Hoy No Circula sabatino. Por su parte, los de holograma 2 no pueden circular en ningún caso los sábados.
Además de las restricciones explicadas con anterioridad, ten en cuenta que existe una serie de vehículos exentos que pueden circular con total libertad sin verse afectados por estas medidas ecológicas. En este grupo se encuentran:
- Vehículos eléctricos, a gas natural o con tecnología híbrida
- Unidades registradas con placas de personas con discapacidad
- Todos los destinados a servicios de transporte público urbano (incluyendo servicios funerarios)
- Los dedicados al transporte escolar o de pasajeros
- Aquellos asignados a seguridad pública y/o protección civil
La penalización por no cumplir este reglamento va desde las 20 hasta las 30 veces la Unidad de Medida y Actualización (UMA), un rango que se traduce aproximadamente en un piso de 1,924.40 pesos y un techo de 2,886.60 pesos. Sumado al golpe al bolsillo, el infractor se arriesga al arrastre o retención del vehículo y a la consecuente pérdida de tiempo que conlleva solucionar el trámite administrativo ante los cuerpos de seguridad. A qué autos y placas afecta el Hoy No Circula sabatino.
En caso de incumplir con el Hoy No Circula se castigará con una multa que oscila entre 20 y 30 veces el valor de la Unidad de Medida y Actualización (UMA), una cifra que representa aproximadamente desde 1,924.40 pesos en su escalón más bajo hasta alcanzar los 2,886.60 pesos en el límite superior. Además, el conductor se arriesga a que el automóvil sea trasladado al depósito de vehículos.
Foto | Silas Lundquist
En Xataka | Los países que más contaminan del mundo, reunidos en un detallado gráfico
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Es una de las series de televisión más queridas de todos los tiempos, ideal para un maratón, y acaba de llegar a Netflix
Sin previo aviso, ‘Friends‘ ha aparecido en el catálogo de Netflix. Y sin abandonar HBO Max, su casa de siempre. Hace siete años, tener las diez temporadas en exclusiva valía 85 millones de dólares al año. Pero los tiempos han cambiado, y ahora la plataforma de streaming más vista tiene también una de las series más seguidas y queridas de la historia.
Y no fue una cosa solo de España: la sitcom regresó a principios de julio a muchos mercados internacionales, con cinco excepciones relevantes: Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Alemania e Italia. En cuestión de días, la serie se ha colado en el puesto 10 de la lista mundial de series más vistas de Netflix. Todo un éxito que además esconde unos números dignos de estudio.
En 2015, Warner Bros. licenció los 236 episodios a Netflix para Estados Unidos y Canadá. Cuatro años después, la renovación para 2019 se cerró sin exclusividad en una horquilla de entre 70 y 80 millones de dólares. Pero no duró mucho: en 2019, WarnerMedia pagó 85 millones anuales durante cinco años, 425 millones en total, para llevarse la serie a su propia plataforma superando la oferta de Netflix. De la noche a la mañana, la serie era exclusiva de Warner. Pero Warner, ahora en pleno proceso de compra, no es el gigante de los contenidos que era entonces.
De este modo, exclusivas millonarias como ésta ya no tienen sentido, al menos desde el lado de Warner. Posiblemente no sea la última de este tipo que veamos, pero mientras vemos cómo el catálogo de HBO Max se expande por otras plataformas, podemos revisar este icono de la cultura pop (recomendamos empezar por la temporada 3, la más equilibrada) e intentar entender cómo su final pudo poner a más de 50 millones de espectadores delante del televisor en 2004.
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rellenar de agua el mar de Aral para capturar CO2
La desaparición del mar de Aral, situado entre Kazajistán y Uzbekistán, es ampliamente conocida como uno de los mayores desastres ecológicos provocados por la mano humana. A partir de la década de 1960, el desvío de los ríos que lo alimentaban para potenciar los cultivos intensivos de algodón soviéticos transformó el cuarto lago más grande del mundo en un inmenso desierto salino. Sin embargo, las consecuencias van mucho más allá de la pérdida de biodiversidad o los cambios geográficos locales.
El impacto climático. Un estudio con firma española ha puesto cifras a un problema que va mucho más allá de la desecación, puesto que la realidad es que el lecho seco del Aral es una gigantesca fuente emisora de gases de efecto invernadero. Y para ponerlo en contexto, se ha visto que desde el inicio de su desecación ha liberado unas 748 millones de toneladas de CO₂, una cifra equivalente a las emisiones conjuntas de un año de España, Francia y Bélgica.
El mecanismo biológico. Históricamente, las zonas áridas transformadas en cultivos mediante regadío, como ocurrió en Asia Central, se han contabilizado como sumideros de carbono. Sin embargo, al cruzar el ciclo de esos regadíos con las emisiones del lago que secaron para existir, el balance global se invierte completamente en favor de la emisión de gases de efecto invernadero.
Algo que hemos repetido bastante es que los lagos y humedales actúan como sumideros naturales al retener el carbono atmosférico que la vegetación absorbe durante la fotosíntesis, el cual termina depositado e inmovilizado en los sedimentos del fondo arrastrado por las redes fluviales. Y ahora nos estamos acordando de este mismo mecanismo.
El problema. La columna de agua actúa como un tapón físico que aísla los sedimentos del oxígeno atmosférico y, cuando el agua desaparece, ese tapón se esfuma. Esto hace que el oxígeno penetre rápidamente en las capas de sedimentos y desencadene una respuesta biológica inmediata: las comunidades de microorganismos letárgicos “despiertan” y comienzan a degradar la materia orgánica que llevaba siglos acumulada. Es durante este proceso de degradación microbiana aeróbica cuando se produce la liberación masiva de dióxido de carbono a la atmósfera que se ha ido acumulando durante muchísimos años.
Las mediciones del equipo español corroboran este proceso, puesto que, mediante análisis de sedimentos en un gradiente espacial hasta el centro del humedal, los investigadores comprobaron que los lechos secados más recientemente retienen aún una gran cantidad de carbono orgánico en comparación con los que quedaron expuestos en los años sesenta.
La solución. Una de las conclusiones más tajantes del trabajo es que las actuales estrategias de mitigación en el área no están funcionando. Los esfuerzos por plantar vegetación sobre el antiguo lecho seco presentan una capacidad de absorción de CO₂ prácticamente nula en este tipo de ecosistemas áridos y no están aportando ninguna solución real.
Es por todo esto que la única manera que se tiene para detener la degradación microbiana y frenar las emisiones de CO₂ es restaurar el aislamiento físico, es decir, volver a cubrir la zona con agua.
Los datos. Los investigadores calculan que todavía quedan por liberarse unos 605 millones de toneladas de CO₂ si no se toman medidas, y evitar esta fuga masiva requiere una intervención monumental, pero técnicamente viable. El problema que se ha visto ahora mismo es que la obsoleta red de riego de la zona desperdicia hasta el 90% del agua que transporta.
Es por ello que modernizar toda la infraestructura, que requeriría 8.500 millones de euros, permitiría recuperar alrededor del 50% de la superficie original del lago de 1960. Y el resultado nos beneficiaría a todo el planeta.
La financiación. Para sufragar una obra de ingeniería hídrica de esta magnitud, los autores de la investigación proponen utilizar las propias emisiones evitadas como moneda de cambio. Y es que si se logra inundar de nuevo el humedal y frenar la emisión de esos 605 millones de toneladas de CO₂, esa cantidad podría transformarse en créditos de carbono comercializables. Los cálculos estiman que el proyecto generaría unos 323 millones de toneladas equivalentes en créditos, cuyo valor en el mercado internacional oscilaría entre los 3.100 y los 15.800 millones de euros.
Imágenes | Khusen Rustamov
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