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quiénes son los “operadores privados” a los que acusa el Gobierno tras el apagón

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Han pasado más de 48 horas del gran apagón que sufrió España, Portugal y el sur de Francia. Las especulaciones durante este tiempo no se hicieron esperar, incluso se llegó a pensar que fue un ciberataque. Sin embargo, la Red Eléctrica Española (REE) ha comunicado que la causa preliminar fue una “desconexión masiva de generación eléctrica”. Ahora, más allá de lo que falló técnicamente, la verdadera incógnita es quién debe asumir responsabilidades.

La comparecencia. En la rueda de prensa del 29 de abril, el Presidente del Gobierno dejó claro que el Ejecutivo exige explicaciones y colaboración tanto a Red Eléctrica (Redeia) como a los “operadores privados”. Según El País, Sánchez ha convocado en Moncloa a los principales actores del sistema eléctrico: la presidenta de REE, Beatriz Corredor, y representantes de Iberdrola, Endesa, Naturgy, Acciona Energía y EDP.

¿Redeia o REE? En la rueda de prensa, el presidente mencionó a Redeia, pero mucha gente ha leído en los medios REE, ¿cuál es la diferencia? Para empezar, Red Eléctrica Española (REE) es la empresa que se encarga del transporte de electricidad en alta tensión, es decir, de llevar la energía desde las centrales generadoras a las grandes subestaciones. En otras palabras, sería como la “autopista eléctrica” del país. 

Desde hace tres años, esta compañía forma parte del grupo Redeia, que es el nombre comercial que adoptó la antigua Red Eléctrica Corporación para englobar todas sus filiales. Para que se más fácil de entender: Redeia es el grupo empresarial y REE es la filial encargada de operar la red de transporte eléctrico. 

¿REE es pública? Aunque mucha gente piensa que REE es una empresa pública, en realidad el Estado solo controla el 20% de sus acciones a través de la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales). El 80% restante está en manos privadas, principalmente en fondos de inversión.

Según eldiario.es, este es uno de los motivos del malestar del Gobierno: ni las eléctricas privadas ni REE han ofrecido información clara tras el apagón, y REE no ha facilitado al Ejecutivo el acceso a los datos técnicos sobre lo sucedido.

“Los operadores privados”. En rueda de prensa, Sánchez repitió en varias ocasiones el término “operadores privados”, provocando una duda generalizada: ¿a quién se refería exactamente? Como se ha aclarado la diferencia entre REE y Redeia, queda claro que los “operadores privados” son las grandes compañías eléctricas privadas: Iberdrola, Endesa, Naturgy, EDP y Acciona Energía.

Estas compañías tienen un papel muy distinta al de REE, ya que ellas son las generan electricidad con su propias plantas (renovables o no). También, distribuyen la electricidad en media y baja tensión, es decir, desde las subestaciones hasta los hogares e industrias. Aquí hay que hacer un pequeño inciso, mientras REE gestiona la red de alta tensión, estas empresas se encargan del tramo final del viaje de la electricidad. Por último, son las encargadas de comercializar la energía a través de sus propias marcas o empresas asociadas: la factura de la luz. En este punto hay que destacar que no todas las comercializadoras generan electricidad, ya que algunas como HolaLuz o Podo solo compran energía para venderla al consumidor. 

Más fácil de entender. Aunque REE opera la “autopista eléctrica española”, son las operadoras privadas las que manejan el tramo final y gran parte de la producción.

Una ligera sospecha. Toda esta situación está dejando entrever que el Ejecutivo tiene una sospecha de que las compañías eléctricas no han sido suficientemente transparentes, y no han colaborado activamente durante las primeras horas del apagón, según Cadena Ser. En sus declaraciones, el presidente Sánchez ha lanzado una crítica técnica hacia las centrales nucleares, preguntándose porque no contribuyeron a la recuperación del sistema, a pesar de que antes del colapso estaban aportando un 10% a la demanda eléctrica, según datos REE

El presidente ha afirmado que “la generación nuclear no fue más resiliente que otras fuentes” y que incluso podría haber ralentizado la recuperación. Como ha declarado el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), solo dos de los siete reactores nucleares estaban en funcionamiento ese día; los otros cinco llevaban días parados por decisión empresarial, al no considerarse competitivos frente a las renovables. Aunque el Gobierno no lo ha dicho de forma directa, la crítica es evidente: ¿las eléctricas estaban preparadas para una emergencia?

No han tardado en responder. Según RTVE, Iberdrola ha asegurado que todas sus centrales funcionaron correctamente y que siguieron las indicaciones de REE durante el apagón. Por su parte, como ha explicado El Confidencial, las empresas se comprometieron a colaborar con el Gobierno, aunque ninguna ha ofrecido hasta ahora una explicación completa sobre lo que falló.

¿Y ahora? El Gobierno ha anunciado la creación de una comisión de investigación interna y ha solicitado a la Comisión Europea una auditoría independiente, según El Periódico. Mientras se intenta esclarecer qué falló exactamente, el apagón no solo ha puesto a prueba el sistema eléctrico, sino también las relaciones entre el Gobierno, REE y operadoras privadas. La batalla política, económica y legal apenas comienza.

Imagen | Pexels y La Moncloa

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es que nos estamos rindiendo a ella

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A medida que la inteligencia artificial se va integrando en nuestras vidas, hay una pregunta que va adquiriendo más relevancia.  ¿Está la IA volviéndonos tontos? Quizás tontos no sea la palabra adecuada, sino más bien vagos, o al menos es la dirección en la que apunta un reciente estudio de la Universidad de Pensilvania.

Rendición cognitiva. Es como han llamado al fenómeno que surge cuando usamos la IA “con un escrutinio mínimo, anulando la intuición y la deliberación”.  Los investigadores realizaron tres experimentos en los que los participantes debían responder tests de reflexión cognitiva, en los que la respuesta intuitiva tiende a ser errónea y la deliberada es correcta (preguntas trampa, vaya). Un grupo sólo podía usar su cerebro y el otro tenía acceso a ChatGPT, aunque estaba manipulado para que la mitad de las veces fallara a propósito.

El resultado fue que, cuando la IA daba una respuesta incorrecta, las personas la copiaban el 80% de las veces. Y lo que es peor: la seguridad de los participantes que tenían acceso a la IA era superior a pesar de estar acumulando respuestas incorrectas. Dicho de otro modo, los participantes hicieron suya la gran seguridad con la que la IA formulaba sus respuestas y dejaron de comprobar si eran correctas. 

Un nuevo sistema . El estudio toma como punto de partida la teoría del sistema 1 y sistema 2 de Daniel Kahneman, en la que el sistema 1 es el pensamiento rápido o intuición y el sistema 2 es el pensamiento lento o deliberación. El problema de esta teoría, especialmente en el momento actual, es que ignora el hecho de que cada vez más estamos delegando el proceso cognitivo a la IA generativa. Por tanto, los investigadores proponen añadir un tercer sistema, al que han llamado “cognición artificial” y que hace referencia al pensamiento o razonamiento que ocurre fuera de nuestra mente, es decir, en la IA.

Rendirnos o delegar. El estudio hace una distinción entre la rendición cognitiva y la descarga cognitiva, es decir, no es lo mismo aceptar sin más lo que nos dice la IA, que usarla como una herramienta de ayuda. Lo primero sería usar el sistema 3 con un poco del sistema 1 (intuición), mientras que su uso como herramienta también implica el uso del sistema 2 (deliberación o razonamiento). Usar la IA para delegar ciertas tareas es comparable a usar una calculadora o buscar algo en Google. En el experimento, un 73% aceptó las respuestas equivocadas (se rindió) y  un 17% la corrigió (delegó en ella, pero sin aceptar a ciegas lo que decía). 

Los investigadores advierten que la rendición cognitiva puede erosionar el pensamiento crítico y hacer que perdamos la costumbre de desconfiar y comprobar las cosas por nosotros mismos.

La deuda cognitiva. En junio de 2025 se viralizó un estudio del MIT llamado “Tu cerebro en ChatGPT: acumulación de deuda cognitiva al utilizar un asistente de IA al escribir un ensayo”. En el experimento, monitorizaron a los participantes mediante encefalografía mientras realizaban la tarea. Los resultados fueron que el grupo que usó ChatGPT dio los peores resultados de actividad cerebral y se fue haciendo más perezoso conforme avanzaba la prueba. 

La IA no nos hace tontos. A lo largo de los años han surgido muchos estudios que buscaban comprobar si la tecnología está mermando nuestras capacidades, pero también hay otros que apuntan a todo lo contrario. Volviendo al estudio del MIT, tiene sentido que haya menos actividad cerebral si estamos usando una herramienta de apoyo (y además una tan potente como la IA). También habrá menos actividad si usamos una calculadora que si hacemos las operaciones a mano, pero no significa necesariamente que seamos peores en matemáticas. Eso sí, si necesitamos la calculadora para sumar 2+2, ahí  tenemos un problema. 

La clave no está en si usar la IA nos hace tontos, sino en cómo la usamos, si nos rendimos a ella o si delegamos en ella.

Imagen | Andrea Piacquadio, Pexels

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Alemania quiso comprobar si trabajar cuatro días a la semana era eficiente. El 70% de las empresas piensa que sí

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La semana laboral de cuatro días arrancó en Alemania como un experimento para buscar la máxima productividad de las empresas sin que ello repercuta en una plantilla agotada y sin capacidad de conciliación familiar. Dos años después del inicio de esa prueba, los datos confirman que para las empresas que participaron no fue una simple prueba, sino que se ha materializado en un cambio en la forma de trabajar que muchas compañías han decidido consolidar.

Ahora se ha concluído el informe de seguimiento elaborado por investigadores de la Universidad de Münster junto a la consultora 4 Day Week Global. En él se analiza qué ha ocurrido tras la prueba piloto que comenzó en 2024 y qué efectos posteriores ha tenido. La conclusión principal es que alrededor del 70% de las empresas que participaron en aquella prueba sigue aplicando algún modelo de reducción de jornada un año más tarde.

Una formula conocida y una muestra variada. El proyecto original de semana de cuatro días en Alemania articuló en torno al modelo 100-80-100: 100% del salario, 80% del tiempo y 100% de la productividad. Este modelo de reducción de jornada es que el mismo que se llevó a cabo en Valencia en 2023, Portugal o Reino Unido.

En la fase inicial participaron 45 empresas de distintos sectores, dedicadas a la manufactura, seguros, tecnología, medios de comunicación, comercio o educación. Además, para que fueran lo más representativas posible del tejido industrial alemán, se eligieron empresas de distintos tamaños: desde microempresas de 1 a 9 empleados, a grandes compañías con más de 250 empleados.

Los primeros datos ya daban pistas. Los investigadores han ido recopilando datos de las empresas participantes y de sus empleados desde el primer día. A los pocos meses de iniciarse la prueba las empresas estaban encantadas con los resultados, hasta el punto de que en los resultados preliminares, el 73% aseguraba que no volvería a la semana tradicional de cinco días. El nuevo informe aporta la perspectiva que da el tiempo y si aquel ímpetu inicial se ha consolidado.

Dos años después del inicio de la prueba, siete de cada diez empresas que participaron en la prueba no solo mantienen el modelo de jornada laboral de cuatro días, sino que la han integrado en su funcionamiento habitual.

Más que cuatro días: reducción flexible del tiempo de trabajo. Uno de los hallazgos más interesantes del seguimiento es que el modelo de semana laboral de cuatro días ha evolucionado y cada organización la ha implementado adaptándola a sus necesidades. No todas las empresas han optado por una semana laboral de lunes a jueves.

En torno al 22% de las empresas participantes ha adaptado el esquema inicial hacia fórmulas más flexibles: reducción de horas anuales, semanas alternas o ajustes internos según carga de trabajo. El propio informe habla ya menos de “semana de cuatro días” y más de “reducción del tiempo de trabajo“. La etiqueta importa menos que el rediseño de la jornada de trabajo y la eliminación de tareas superfluas, menos reuniones innecesarias y mayor autonomía de los equipos.

Sin impacto en los beneficios o la productividad. En términos empresariales, la prueba alemana ha sido un éxito ya que, pese a haberse mantenido un 80% de la jornada inicial, no se han registrado caídas ni en el nivel de beneficios ni en la productividad o se mejoró ligeramente con respecto al punto de partida. Es decir, que han conseguido hacer lo mismo en menos tiempo.

En lo que sí tuvo un fuerte impacto fue en el bienestar de los empleados, donde el 90% reportaba mejoras en el equilibrio entre vida personal y profesional. Como resultado de esa mejora, los empleados afirmaban sentir menos estrés y un mayor compromiso con la empresa. El 38% de las empresas indicaron que las bajas laborales y el absentismo laboral de sus empleados se habían reducido, mientras que el 56% aseguró no haber detectado cambios.

Luces y sombras en la reducción de jornada. También se observaron avances en satisfacción laboral y en la percepción de la empresa como lugar atractivo para trabajar. El estudio señala que el 87% de las empresas detectaron mejoras en la retención de talento. Por su parte, el 75% aseguraba que sus empresas ahora tenían mayor capacidad de atracción de talento en procesos de selección. Esto, en un escenario de escasez de mano de obra, supone una ventaja competitiva.

No obstante, al igual que sucedió en otras pruebas de la semana laboral de cuatro días, no todas las empresas han seguido la misma evolución. Cerca de un 30% dejó de aplicar el esquema inicial o volvió a la semana tradicional de cinco días. Las razones principales fueron operativas, dificultades para coordinarse con sus clientes, picos de trabajo difíciles de absorber o estructuras internas poco flexibles.

En Xataka | Los empleados en España despejan dudas: trabajar menos días es mejor que trabajar menos horas, según una encuesta

En Xataka | España ya tiene su primer municipio con semana laboral de cuatro días. No está en Madrid ni Barcelona, sino en un rincón de Cádiz

Imagen | Unsplash (Gonzalo Leon Jasin, Josue Isai Ramos Figueroa)

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Muere a los 71 años el actor Robert Carradine, padre de “Lizzie McGuire” y protagonista de “La revancha de los novatos”

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- El actor Robert Carradine, miembro del clan Carradine y conocido por su participación en la serie de televisión “Lizzie McGuire”, falleció a los 71 años tras suicidarse, según publica Deadline.

“En un mundo que puede parecer tan oscuro, Bobby siempre fue un faro de luz para quienes lo rodeaban. Estamos desconsolados por la pérdida de esta hermosa alma y queremos reconocer la valiente lucha de Bobby durante casi dos décadas contra el trastorno bipolar”, señala la familia en un comunicado remitido al medio estadounidense.

“Esperamos que su experiencia pueda arrojar luz y animar a abordar el estigma asociado con las enfermedades mentales“, concluyen.

Su hermano mayor, Keith Carradine explicó al medio estadounidense que Robert “luchó durante dos décadas contra el trastorno bipolar, que finalmente lo venció”.

“No hay nada de qué avergonzarse —dijo—. Fue una enfermedad que lo venció, y quiero celebrar su lucha contra ella y celebrar su hermosa alma -señaló-. Tenía un don inmenso y lo extrañaremos cada día. Nos consolará lo gracioso que podía ser, lo sabio, comprensivo y tolerante que era. Así era mi hermano pequeño”.

Nacido el 24 de marzo de 1954, Carradine era el hijo menor del actor John Carradine y hermano de los actores David Carradine y Keith Carradine. Fue conocido por el gran público con el personaje de Sam McGuire, el padre de la serie “Lizzie McGuire”, protagonizada por Hilary Duff.

Debutó en la gran pantalla en 1972 junto a John Wayne en “The Cowboys”, un papel para el que su hermano David le animó y le convenció para acudir a la audición diciéndole que “tenía todo que ganar y nada que perder”.

Posteriormente, apareció en la película ganadora del Oscar , “Coming Home” (“El regreso”, 1978), dirigida por Hal Ashby y junto a Jane Fonda y Jon Voight. A esta actuación le siguió un papel menor en “Mean Streets” (“Malas Calles”) de Martin Scorsese en 1973.

El actor también participó en el western “The Long Riders” (“Forajidos de Leyenda”, 1980) y el film “Revenge of the Nerds” (“La revancha de los novatos”, 1984). 

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