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Una sola isla alberga el 70% de las bases militares de EEUU en Japón. Hay una razón de peso para que no salgan: China

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A finales del mes de enero, en las islas de Japón más cercanas a Taiwán, muchos locales comenzaron a evacuar la zona. La acción formaba parte de una serie de simulacros que se han ido intensificando en los dos últimos años preparándose para “lo peor”, entendiéndose esto como un conflicto armado entre China y Taiwán. De hecho, la isla más importante de la prefectura de Okinawa tiene un dato que da fe de la tensión en la zona: no hay otro lugar en Japón con tal número de soldados de Estados Unidos, y llevan allí desde la Segunda Guerra Mundial.

Okinawa: atrapada entre dos potencias. Desde hace más de un siglo, Okinawa ha sido un territorio en disputa, marcado por el conflicto entre Japón, Estados Unidos y China. Su historia, que va desde ser un reino independiente hasta convertirse en un campo de batalla y base militar, refleja el peso de las decisiones geopolíticas sobre la vida de sus habitantes. La isla fue originalmente el Reino de Ryukyu, un estado independiente que mantenía relaciones tributarias tanto con China imperial como con el dominio japonés de Satsuma. Sin embargo, en la década de 1870, Japón anexó el archipiélago, estableciendo su control sobre la isla.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Okinawa fue el escenario de una de las batallas más sangrientas, utilizada como un escudo para evitar que las tropas estadounidenses llegaran a las islas principales de Japón. Después de la guerra, en lugar de ser devuelta a la soberanía japonesa, Okinawa quedó bajo control de Estados Unidos, convirtiéndose en un punto estratégico militar.

Ya en 1972, después de 27 años de ocupación estadounidense, la isla fue finalmente devuelta a Japón. Sin embargo, la presencia militar estadounidense nunca desapareció. De hecho, Okinawa alberga el 70 % de las bases militares estadounidenses en Japón, a pesar de representar solo el 0.6 % del territorio nacional. Se calcula que hay 80.000 estadounidenses en la isla, de los cuales 30.000 son militares uniformados.

La “lenta” retirada. Contaba esta semana el New York Times que la salida de esos miles de Marines estadounidenses ya ha comenzado, más o menos, aunque con un retraso de más de 20 años respecto al calendario original. Antes de Navidad, un contingente de 105 Marines que normalmente habría sido enviado a la isla fue redirigido a la nueva base de Camp Blaz en Guam.

Este pequeño movimiento marcó el primer recorte de personal militar en Okinawa dentro del acuerdo entre Washington y Tokio para reducir esa presencia militar estadounidense en la isla que se remonta a la Segunda Guerra Mundial. Según el pacto, 9.000 Marines (casi la mitad de las tropas en la isla) deberían ser reubicados en algún momento. Sin embargo, debido a la construcción de bases de reemplazo, su salida podría tardar más de una década en completarse.

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Maniobras de Estados Unidos en la isla

Un acuerdo de descontento. La negociación para la reducción de la presencia militar comenzó en 1995, cuando el caso de tres soldados estadounidenses que violaron a una niña okinawense provocó protestas masivas en la isla. Esto llevó a que Estados Unidos y Japón acordaran aliviar la carga militar sobre Okinawa. ¿Cómo? En esencia, mediante el cierre de la base aérea de Futenma y la construcción de una nueva instalación en el norte de la isla.

El primer plan, firmado en 1996, establecía un período de cinco a siete años para la reubicación, pero a casi tres décadas de ese acuerdo, la base original sigue operativa y la nueva pista de aterrizaje aún está a 12 años de ser terminada.

Geopolítica: el freno en la reducción. En cualquier caso, el retraso en la retirada de las tropas estadounidenses se debe, en gran parte, a la creciente presencia militar de China en la región. Recientemente y como contamos, el Ministerio de Defensa de Japón informó que cuatro buques de guerra chinos navegaron entre Okinawa y una isla cercana, aumentando la preocupación en Tokio y Washington sobre la seguridad en el Pacífico occidental.

El ascenso de China, junto con la amenaza de Corea del Norte y las tensiones en Taiwán, ha cambiado la dinámica estratégica. De hecho, contaba el Times que muchos en Tokio y Washington se preguntan si realmente deben reducir la presencia de los Marines en Okinawa, especialmente cuando la isla está dentro del rango de misiles chinos y sería un punto clave en cualquier conflicto en la región.

La sombre de China. Si bien históricamente Okinawa mantuvo relaciones comerciales con China, la influencia actual de Pekín sobre la región es vista con preocupación por muchos japoneses. Las tensiones entre China y Japón por las islas Senkaku/Diaoyu han avivado el temor de que Okinawa pueda convertirse en un punto de conflicto entre ambos países.

Un futuro incierto. Por todo ello, y a pesar de la presión internacional, el traslado de los Marines avanza a paso lento, casi testimonial. Japón, por su parte, ha optado por mantener el statu quo, invirtiendo en la modernización de bases existentes en lugar de acelerar la reubicación. A este respecto, Camp Schwab, en el norte de la isla, será el nuevo hogar de los Marines reubicados desde Futenma. La construcción incluye una extensión de terreno cinco veces mayor que el Pentágono para albergar pistas de aterrizaje y hangares. No parece, por tanto, que se piense demasiado en una salida.

Por su parte, Camp Foster, en la parte sur de Okinawa, está siendo remodelado con nuevos cuarteles, escuelas y viviendas, consolidando la presencia militar en esa área. Japón gasta, según el New York Times, 1,5 mil millones de dólares al año en la construcción de nuevas instalaciones, además de los 2.8 mil millones de dólares que ya destinó para la base de Camp Blaz en Guam, la cual, como decíamos, albergará a una parte de los Marines desplazados de Okinawa.

Con todo, el Pentágono sigue sin proporcionar un calendario claro para la reubicación. Y aquí volvemos a la casilla de salida: en caso de conflicto en Asia, la lejanía de Guam podría representar un problema estratégico, ya que los Marines tendrían que regresar a Japón atravesando una zona de combate. Así las cosas, lo que está claro es que la isla sigue siendo una pieza clave en el tablero del Indo-Pacífico, atrapada entre las necesidades estratégicas de Estados Unidos y Japón, y las propias aspiraciones de autonomía de su población.

Imagen | U.S. Indo-Pacifi

En Xataka | Las islas de Japón más cercanas a Taiwán han comenzado a evacuar la zona. Llevan dos años preparándose para lo peor

En Xataka | Taiwán no quiere más problemas con China ni con sus cables submarinos. Así que ha activado un plan de seguridad inédito

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EEUU estaba convencida de que China realizaba ensayos con armas nucleares, y ahora tiene pruebas

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Washington y Moscú mantenían una regla no escrita que ahora se ha roto: si se hacía una prueba, el mundo debía enterarse. Durante décadas, el equilibrio estratégico mundial se sostuvo sobre acuerdos frágiles, desconfianzas mutuas y líneas rojas que nadie quería cruzar abiertamente. Cuando esos límites han empezado a difuminarse, incluso el más leve indicio puede alterar la estabilidad que parecía garantizada. Así comienzan las acusaciones nucleares.

Un temblor reabre el fantasma. La historia la contamos la semana pasada, pero ahora, a priori, hay más datos que sustentan la retórica de Washington. Estados Unidos ha endurecido su acusación de que China realizó una prueba nuclear subterránea de bajo rendimiento el 22 de junio de 2020 cerca de Lop Nur, en Xinjiang, apoyándose en datos sísmicos detectados por una estación en Kazajistán que registró un evento de magnitud aproximada 2,75. 

Washington sostiene algo que para ellos es una evidencia: que la señal no puede encajar con un terremoto ni con explosiones mineras, y que Pekín habría empleado técnicas de “desacoplamiento” para amortiguar la señal sísmica y dificultar la detección, aunque admite que no puede determinar con precisión el rendimiento de la supuesta detonación.

El tratado que no obliga. El trasfondo de todo es el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares de 1996, el mismo que prohíbe explosiones nucleares pero que nunca ha entrado plenamente en vigor por falta de ratificaciones, pese a que las grandes potencias aseguran respetar su espíritu inicial. 

Por su parte, el organismo internacional de supervisión detectó dos pequeños eventos sísmicos separados por 12 segundos en la fecha señalada, pero también reconoció que eran demasiado débiles para atribuirlos con total certeza a una explosión nuclear, lo que deja la disputa en un terreno técnico donde la evidencia pública resulta, cuanto menos, ambigua.

Presión estratégica sin New START. La acusación llega tras la expiración del último tratado que limitaba los arsenales estratégicos de Estados Unidos y Rusia, y en un momento en que la administración Trump busca impulsar un nuevo acuerdo que incluya también a China

Desde ese prisma, detallar públicamente el supuesto ensayo puede funcionar como palanca diplomática para forzar a Pekín a sentarse a negociar. Al mismo tiempo, a Washington le sirve para abrir otro escenario quizás más inquietante: advertir que no aceptará quedarse de brazos cruzados en lo que han tildado como una “desventaja intolerable” si otros realizan pruebas de bajo rendimiento mientras Estados Unidos mantiene su moratoria vigente desde 1992. Dicho de otra forma, tanto si fue una prueba nuclear real como si no, las potencias parecen estar tomando posiciones ahora que no hay pactos de por medio.

El debate sobre apretar el botón. De hecho, Trump ha insinuado que Estados Unidos podría reanudar ensayos “en igualdad de condiciones” si China y Rusia también los están llevando a cabo, una posibilidad que inquieta a expertos en control de armamentos que temen romper el tabú pos-Guerra Fría y desencadenar una nueva carrera de pruebas. 

La discusión, por tanto, no es solo técnica, sino política: si Washington responde con detonaciones propias, podría legitimar que otras potencias hagan lo mismo, erosionando décadas de contención informal.

Equilibrio nuclear en transformación. Aunque el arsenal chino (estimado en torno a 600 ojivas) sigue siendo menor que el de Rusia y Estados Unidos, su expansión rápida preocupa a Washington, que interpreta cualquier ensayo de bajo rendimiento como parte de una estrategia para modernizar y perfeccionar su fuerza nuclear. 

Pekín niega haber cruzado la línea y defiende que respeta su moratoria. Y, mientras tanto, el debate sobre pruebas clandestinas revela un sistema internacional cada vez más frágil, uno donde la desconfianza y la opacidad tecnológica pesan casi tanto como las propias armas.

Imagen | Planet Labs, Google Earth

En Xataka | Imágenes satelitales no dejan lugar a dudas: el renacimiento nuclear de China ya es visible desde el espacio

En Xataka | Estados Unidos está convencida de que China está realizando pruebas nucleares. El problema es que no lo puede probar

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Microsoft acaba de dar un paso clave en su tecnología para preservar datos durante milenios

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Guardar datos “para siempre” es una de esas ideas que suenan sencillas hasta que miras de cerca los soportes que usamos a diario. Un archivo puede estar perfecto hoy y volverse ilegible dentro de unos años, o décadas, por degradación del material o, directamente, porque el soporte acaba fallando con el tiempo. Por eso, cuando hablamos de preservar información durante siglos, los CD, los DVD, los discos duros o las cintas no son una respuesta definitiva. Y es justo en ese hueco, el de un soporte capaz de resistir sin cuidados permanentes, donde proyectos como el de Microsoft intentan abrir una vía distinta.

Project Silica. Aquí es donde entra en juego este proyecto de Microsoft Research orientado a replantear qué significa archivar información a muy largo plazo. En lugar de confiar en tecnologías magnéticas u ópticas convencionales, el sistema utiliza láseres ultrarrápidos para modificar propiedades internas del vidrio y almacenar datos en forma de vóxeles tridimensionales, que después pueden leerse mediante técnicas ópticas asistidas por aprendizaje automático, según detalla Microsoft en un estudio publicado recientemente en la revista Nature. No busca competir con SSD o discos duros en velocidad, sino ofrecer una base material diseñada específicamente para la conservación duradera.

Mirando atrás. El gigante de Redmond lleva años trabajando en esta línea, y una de sus demostraciones más conocidas llegó en 2019, cuando consiguió guardar la película ‘Superman’ completa en un fragmento de vidrio del tamaño aproximado de un posavasos. Aquella prueba confirmó que el almacenamiento tridimensional dentro del material no era solo teórico y que, además, el soporte podía resistir calor y agua, e incluso pruebas de desmagnetización. Lo que cambia ahora no es la idea fundamental, sino el grado de desarrollo tecnológico que podría acercarla a usos reales de preservación.

Del laboratorio al vidrio común. La novedad central del anuncio de 2026 no está solo en la longevidad estimada, sino en el material utilizado para lograrla. Investigaciones anteriores dependían de sílice fundida de alta pureza, limitada en coste y producción, mientras que el nuevo estudio demuestra la posibilidad de codificar información en vidrio borosilicato, un material ampliamente disponible y mucho más barato. Según Microsoft, este avance aborda directamente los obstáculos de comercialización relacionados con el medio de almacenamiento. Ahora bien, esto no significa que la tecnología esté lista para desplegarse, pero sí reduce la distancia entre experimento científico y aplicación real.

Escritura más simple y rápida. El trabajo difundido esta semana introduce cambios relevantes en la forma de escribir y leer los datos. El equipo ha introducido los llamados phase voxels, que pueden formarse con un único pulso, y ha refinado la escritura de los vóxeles birefringentes para reducir pulsos y acelerar el proceso, incluyendo un enfoque de “escritura pseudo-de pulso único”. A esto se suman técnicas de escritura en paralelo para registrar múltiples puntos de datos de forma simultánea y un lector simplificado que pasa a necesitar una sola cámara, con apoyo de aprendizaje automático para la clasificación y la mitigación de interferencias.

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Detalle del equipo de escritura durante la codificación de datos con pulsos láser multihaz a gran velocidad

Las cifras. Técnicamente, el sistema puede alcanzar densidades de hasta 1,59 gigabits por milímetro cúbico, lo que se traduce en unos 4,84 terabytes en alrededor de 300 capas dentro de un chip de vidrio de 12 centímetros cuadrados y 2 milímetros de grosor. Esa capacidad equivale aproximadamente a millones de libros impresos o miles de películas en 4K. Desde luego, que se trata de una capacidad que no pasa desapercibida. Como podemos ver, más que competir en velocidad, el interés está en cuánto puede conservarse en un espacio reducido durante periodos extremadamente largos.

10.000 años. Las estimaciones proceden de ensayos de envejecimiento acelerado en los que las placas de vidrio grabadas se someten a altas temperaturas para simular el paso del tiempo, una metodología habitual en ciencia de materiales. Los resultados de las pruebas realizadas por el equipo de investigación sugieren que la información podría mantenerse legible durante periodos de más de 10.000 años en condiciones de almacenamiento normales, una longevidad tremendamente superior a la de los soportes electrónicos actuales. Aun así, se trata de proyecciones basadas en modelos experimentales, no de una verificación directa a escala histórica.

Lo que sigue. Estamos ante un avance técnico sorprendente, pero la tecnología sigue dependiendo de equipamiento costoso y de velocidades de escritura muy por debajo de las soluciones comerciales actuales, factores que condicionan su viabilidad fuera del laboratorio. A esto se suman retos de producción a gran escala, compatibilidad futura y modelos de adopción en instituciones que realmente necesiten preservar datos durante siglos. Microsoft sitúa por ahora Project Silica en el terreno de la investigación compartida, abierta a que otros actores desarrollen aplicaciones concretas.

Imágenes | Microsoft

En Xataka | Los primeros discos duros de la historia eran gigantescos. Luego sucedió un milagro: la miniaturización

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Las empresas españolas han vuelto a contratar en 2026. El problema es que no hay nadie a quien contratar

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Las empresas españolas arrancan 2026 con ganas de ampliar sus plantillas, pero se topan de frente con un gran problema: no encuentran suficientes candidatos cualificados para sus vacantes.

Según los datos de la Guía del Mercado Laboral 2026‘ elaborada por la consultora Hays, las compañías están listas para crecer y contratar más personal. Sin embargo, el mercado laboral ha cambiado y los profesionales ya no quieren renunciar a sus actuales empleos.

Las empresas se ponen las pilas. El estudio de Hays refleja que el 81% de las empresas españolas tiene previsto aumentar su plantilla durante 2026. La tendencia de crecimiento económico impulsa los objetivos de expansión de las empresas españolas y, para llevarlo a cabo, se han abierto nuevas vacantes. Este crecimiento en las ofertas laborales se nota especialmente en sectores dinámicos como la tecnología, los servicios profesionales y la industria.

Sin embargo, el gran obstáculo aparece rápidamente: no hay suficientes profesionales con la formación necesaria para cubrir esas vacantes. El 93% de las empresas consultadas para el estudio de Hays afirma tener serias dificultades para encontrar perfiles cualificados, un porcentaje que alcanza un récord histórico y que está paralizando muchos planes de contratación.

Escasez de talento vs. poca formación. La falta de profesionales cualificados se ha convertido en un muro infranqueable en los procesos de contratación en nuevas vacantes. El 85% de las empresas asegura haber lanzado programas de formación interna para desarrollar las capacidades de sus empleados. Solo el 18% de los participantes admite abiertamente no estar invirtiendo lo suficiente en cerrar esta brecha de habilidades que tanto las frena.

Desde el lado de los empleados, la percepción es distinta. Solo el 48% de los empleados tiene constancia de que en su empresa se estén llevando a cabo formaciones para mejorar su capacitación. Esa desconexión entre lo que prometen las empresas y lo que ven los trabajadores agrava la situación, haciendo más complicado atraer y formar el talento. No se encuentras talento cualificado externo, pero tampoco se destinan recursos para formar al talento que ya está en plantilla.

Menos rotación laboral. A diferencia de lo que sucedía años atrás, en 2026 los profesionales han priorizado la estabilidad y el crecimiento dentro de su empresa, en lugar de saltar a otra oferta. Este cambio de mentalidad, representa un giro respecto a los años 2022 y 2023 en los que el mercado laboral registraba una alta movilidad y los trabajadores cambiaban de trabajo con frecuencia en busca de mejores condiciones laborales.

Aun así, el 62% de los trabajadores siente que su salario no refleja todo el esfuerzo que ponen día a día, pero esa insatisfacción no basta para empujarlos a moverse, ya que valoran más la estabilidad y el equilibrio personal. Christopher Dottie, director general regional de Hays para el Sur y Oeste de Europa, lo pone en palabras claras: “las empresas siguen buscando talento, mientras que el talento sigue buscando estabilidad”.

Mejor salario y jornadas flexibles: claves para atraer talento. Para romper esta inercia y captar al talento disponible, el 72% de las empresas planea incrementos salariales en 2026, con subidas del 7% en áreas como atención al cliente, administración y finanzas, y del 6% en el sector tecnológico para responder a las expectativas salariales que exigen los candidatos.

Además, las jornadas flexibles se imponen como una pieza clave en la atracción de talento, aunque muchas compañías aún se resisten a implementarlas a pesar de que la gran mayoría de los empleados las consideran esenciales para su bienestar. De hecho, esa capacidad de adaptarse a las demandas de flexibilidad y ofrecer opciones de teletrabajo son las que están decantando la balanza entre el sector público y el privado.

En Xataka | La paradoja del empleo en España: tenemos el paro más alto de la UE y también el menor número de vacantes de empleo

Imagen | Unsplash (Beatriz Cattel)

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