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es una antigua cárcel franquista
A las puertas del Carnaval los responsables del Parador de San Marcos, un edificio monumental de León, tuvieron una idea: sugerir a sus visitantes que se disfrazasen de presos en un guiño a la historia del recinto. “Ubicado en un antiguo monasterio, te ofrece una ‘celda’ de comodidad”, explicaba con un punto de humor la web de Paradores. El problema es que a lo largo de los siglos el edificio ha sido algo más que un parador o convento. Desde hace tiempo la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) exige que se visibilice otro de sus usos, menos agradable: el de campo de concentración para los represaliados del franquismo.
Y eso ha hecho que lo de animar a los turistas del parador a disfrazarse de presos haya generado un enorme revuelo.
En busca de disfraces originales. Hace unos días Paradores publicó en su web oficial un artículo en el que animaba a sus usuarios a disfrazarse con trajes relacionados con la historia de sus alojamientos, habitualmente situados en edificios o lugares históricos, como el de Antequera.
Para el Parador de Zafra, situado en el antiguo palacio de los Duques de Feria, proponían trajes de caballeros medievales. En el de Mérida sugerían vestidos inspirados en el Imperio romano. A quienes visitan el de Alarcón, un castillo, los anima a formar parte de “un cuento de princesas o príncipes”. Cada propuesta iba acompañada de un breve texto y una foto de posibles disfraces: piratas, reyes, cavernícolas… En el caso del Parador de León la imagen era otra, la de un preso con el icónico uniforme de rayas.
“Una ‘celda de comodidad'”. La reseña de la cadena sobre su alojamiento de León se acompañaba además de un breve mensaje: “Si tu disfraz de preso te tiene recluido, el Parador de León será tu prisión de lujo. Ubicado en un antiguo monasterio, este Parador te ofrece una ‘celda’ de comodidad, con una arquitectura impresionante y una historia que te hará sentir como un recluso real”. Justo debajo podía verse la imagen de un hombre vestido con una traje y gorro de rayas blancas y negras, los brazos en jarra y cara de enfado.
Si accedes hoy al post de Paradores podrás ver las referencias a sus edificios de Zafra, Mérida, Antequera, Alarcón, Costa da Morte y Ciudad Rodrigo, pero no al del antiguo Hostal de San Marcos. No queda ni rastro de su texto ni de la foto del reo. Paradores los ha eliminado tras reconocer que se trató de un “desafortunado error” y “lamentar” lo ocurrido. El motivo es simple: esa publicación desató una enorme polémica y las críticas de ARMH, que no tardó en poner el grito en el cielo por la iniciativa.
¿Y eso por qué? Porque a lo largo de su antiquísima historia San Marcos ha sido mucho más que un claustro o un parador en el que disfrutar de unas vacaciones cómodas y agradables. El edificio se concibió en el siglo XII como convento y hospital de peregrinos, pero ha servido de casa de misiones, centro de enseñanza e incluso se usó como una prisión en la que estuvo encarcelado Francisco de Quevedo. Durante los últimos años ARMH e investigadores han reivindicado que no caiga en el olvido otro uso: el de campo de concentración franquista.
De ahí que ARMH haya dejado claro su enfado ante la decisión de Paradores de invitar a sus huéspedes de León a disfrazarse de presos estos Carnavales. “Se trata de una clara banalización del dolor de las víctimas que fueron detenidas y torturadas en sus instalaciones y una convocatoria de mal gusto que atenta contra la memoria de esas víctimas”, clama ARMH, y advierte: si algo parecido pasase en Alemania o Austria “el responsable acabaría sentado ante un juez”.
Una polémica con historia. No es la primera vez que ARMH habla sobre San Marcos. Ni tampoco este ha sido el primer roce entre la asociación y los responsables del parador, que reabrió sus puertas a finales de 2020 con 51 habitaciones y una categoría de cinco estrellas tras una inversión de 15 millones de euros. Hace no mucho ARMH reclamó al Gobierno que declare el Parador de San Marcos de León “Lugar de Memoria” y se informe en su acceso de su pasado reciente.
ARMH pide en concreto que se explique a los visitantes que “fue un campo de concentración en el que los fascistas que dieron el golpe de julio de 1936 detuvieron de forma ilegal a miles de hombres y mujeres”, exigencia que en realidad no es nueva y se entiende mejor si se conoce el contexto.
Ahora mismo ARMH ya existe una placa con esa referencia en el parador, una instalada hace años; pero la asociación denuncia que permanece en un punto en el que resulta difícil que puedan verla los visitantes, lo que para sus responsables supone “una forma de esconder” la historia. El colectivo también lamenta que la web del Parador “no dice nada”.
Historia… y actualidad. La del disfraz de reo no es siquiera la primera polémica que sacude a San Marcos en lo que va de 2025. National Geographic decidió hace poco retirar el parador de los premios al Mejor Hotel con Historia de España. La revista cambió la referencia al edificio de León por la de Paradores, en general, tras recibir quejas de familiares de represaliados. “Nos sorprendió que habiendo sido uno de los campos de concentración más grandes y duros lo incluyeran”, reconoce a elDiario la nieta de una víctima.
Un recinto con historia. La clave está en el pasado reciente de San Marcos, que antes de convertirse en parador en la década de los 60 o de su reapertura a finales de 2020, sirvió de prisión franquista. Los familiares de los represaliados apuntan que desde 1936 pasaron por San Marcos miles de personas y que cientos de ellos fallecieron por las condiciones que allí sufrían, el maltrato o los paseos. En 2021 se organizó un homenaje al último superviviente de la cárcel de San Marcos, un acto al que acudió el expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero.
Imagen | Turismo Castilla y León
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lo nuevo del director de ‘Longlegs’, en dos días en streaming
Oz Perkins se ha convertido en uno de los nombres clave del terror moderno gracias a películas como ‘Longlegs’ (127 millones recaudados con un presupuesto de menos de 10) o ‘The Monkey’, que adaptaba un relato de Stephern King, todo rodado y estrenado en tiempo record. Con ellas todavía frescas llegó ‘Keeper‘, su tercer largometraje en dieciséis meses, avalado por Guillermo del Toro, Bong Joon-ho o James Wan. En cines no llamó tanto la atención como sus precedentes, pero desde este jueves tienes ocasión de comprobar con tus propios ojos si Perkins es el último gran maestro del terror o un bluff en Movistar Plus.
‘Keeper’ se rodó mientras el trabajo en ‘The Monkey’ se paralizaba con las huelgas de guionistas y actores de 2023. Con esas restricciones de tiempo y presupuesto, se optó por una sola localización y un reparto pequeño: la película sigue a una pareja que celebra su primer aniversario en una cabaña aislada en el campo, donde los secretos oscuros de uno de ellos comienzan a emerger. De este modo, Perkins convierte en materia de terror temas como el control en la pareja o la masculinidad tóxica.
La película se sostiene completamente sobre el trabajo de sus dos protagonistas, especialmente el de Tatiana Maslany, conocida por ‘Orphan Black’ y ‘She-Hulk: Abogada Hulka’ de Marvel. Pero lo más llamativo de la experiencia son sus estupendos monstruos, apariciones y efectos especiales: seres con caras congeladas en un grito infinito, criaturas con múltiples rostros, cuellos retorcidos… Sin embargo, la película no terminó de convencer.
Los números del fin de semana de apertura fueron los peores de la carrera de Perkins como director. ‘Keeper’ solo costó 6 millones de dólares, y aún así, se quedó corto a la hora de recuperar la inversión, con 6,2 millones de dólares de recaudación que palidecen en comparación con los mencionados 128 de ‘Longlegs’ o los 68 de ‘The Monkey0. Aún así, es una estupenda pesadilla claustrofóbica que deja más claro que nunca todo lo que Perkins le debe a Cronenberg, Aster o Argento. Ahora tienes la oportunidad perfecta para repescarla.
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Oz Perkins se ha convertido en uno de los nombres clave del terror moderno gracias a películas como ‘Longlegs’ (127 millones recaudados con un presupuesto de menos de 10) o ‘The Monkey’, que adaptaba un relato de Stephern King, todo rodado y estrenado en tiempo record. Con ellas todavía frescas llegó ‘Keeper‘, su tercer largometraje en dieciséis meses, avalado por Guillermo del Toro, Bong Joon-ho o James Wan. En cines no llamó tanto la atención como sus precedentes, pero desde este jueves tienes ocasión de comprobar con tus propios ojos si Perkins es el último gran maestro del terror o un bluff en Movistar Plus.
‘Keeper’ se rodó mientras el trabajo en ‘The Monkey’ se paralizaba con las huelgas de guionistas y actores de 2023. Con esas restricciones de tiempo y presupuesto, se optó por una sola localización y un reparto pequeño: la película sigue a una pareja que celebra su primer aniversario en una cabaña aislada en el campo, donde los secretos oscuros de uno de ellos comienzan a emerger. De este modo, Perkins convierte en materia de terror temas como el control en la pareja o la masculinidad tóxica.
La película se sostiene completamente sobre el trabajo de sus dos protagonistas, especialmente el de Tatiana Maslany, conocida por ‘Orphan Black’ y ‘She-Hulk: Abogada Hulka’ de Marvel. Pero lo más llamativo de la experiencia son sus estupendos monstruos, apariciones y efectos especiales: seres con caras congeladas en un grito infinito, criaturas con múltiples rostros, cuellos retorcidos… Sin embargo, la película no terminó de convencer.
Los números del fin de semana de apertura fueron los peores de la carrera de Perkins como director. ‘Keeper’ solo costó 6 millones de dólares, y aún así, se quedó corto a la hora de recuperar la inversión, con 6,2 millones de dólares de recaudación que palidecen en comparación con los mencionados 128 de ‘Longlegs’ o los 68 de ‘The Monkey0. Aún así, es una estupenda pesadilla claustrofóbica que deja más claro que nunca todo lo que Perkins le debe a Cronenberg, Aster o Argento. Ahora tienes la oportunidad perfecta para repescarla.
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cuando la IA no te libera del trabajo, sino que crea una nueva tarea que termina agotándote más
Imagina que contratas a alguien para que te ayude a gestionar tu correo. Como es lógico, la primera semana tienes que explicarle cómo te gusta que filtre los mensajes y te comunique lo más urgente. La segunda semana, corriges los errores que va cometiendo y, para la tercera semana, le tienes que volver a explicar lo que ya le enseñaste la primera semana porque olvidó las instrucciones. A final de mes, tienes un ayudante, pero tardas más que antes porque no solo tienes que estar pendiente de lo que hace, sino que además tienes que gestionarte tú el correo.
Eso es, en esencia, lo que está pasando ahora mismo con la IA en el trabajo, según se recoge en el informe Work AI Index del instituto de Glean, realizado por investigadores de las universidades de Stanford, Berkeley y Notre Dame. Según sus conclusiones, los empleados dedican una media de 6,4 horas a la semana a hacer que la IA funcione. Casi una día de trabajo perdido cada semana.
El tiempo no se ahorra, se transforma. El 87% de los trabajadores que participaron en el estudio reconocen que utilizan IA en el trabajo. De estos, el 75% afirma que la IA les hace más productivos, ahorrándoles aproximadamente 11 horas semanales solo con la automatización. Sin embargo, solo el 13% de las empresas aseguran obtener un incremento real de la productividad. La brecha entre lo que percibe el individuo y lo que recogen los resultados de las empresas es enorme, y el informe tiene una explicación: esas horas no desaparecen, solo se redirigen hacia una nueva capa de trabajo que nadie estaba teniendo en cuenta.
Los autores han llamado a esta nueva tarea botsitting (un juego de palabras que viene a traducirse como “cuidado de bots”) que consiste en poco menos de hacer de “canguro de la IA” para darle contexto a la herramienta, revisar los errores en los resultados que genera, relanzar los prompts que no van bien y limpiar los resultados que parecen correctos, pero en realidad están llenos de datos inventados o alucinaciones. Tal y como describe Rebecca Hinds, directora del Work AI Institute, esta tutela es “a menudo un trabajo tedioso y agotador”, que nadie mide ni recompensa, por lo que el tiempo que la IA ahorra, termina siendo un préstamo que hay que devolver unas horas más tarde.
Demasiadas herramientas y cambios de contexto. Los investigadores destacan que parte de ese exceso de tiempo que se emplea en el uso de la IA no solo viene de la revisión de sus resultados sino de cómo se usa cada herramienta. El 77% de los encuestados usa varias herramientas de IA cada semana, y un tercio de los participantes combina cuatro o más. Cada salto de una app a otra tiene un coste de tiempo que rara vez se contabiliza, pero que implica, repetir las mismas instrucciones o reescribir el prompt en otro sistema porque el modelo anterior no entregó el resultado que se esperaba.
Casi la mitad de los trabajadores (46,5%) tiene que saltar entre dos o más herramientas de IA para completar una sola tarea. Los investigadores lo llaman “toggle tax”, el impuesto cognitivo de cambiar constantemente de contexto. Harvard Business Review ya calculó el coste cognitivo que supone el cambio de aplicaciones y la consultora McKinsey calculaba que los trabajadores pierden un promedio de casi dos horas al día buscando información entre herramientas, bandejas de entrada y chats. La IA, que se vende como la panacea de la productividad, no ha hecho más que sumar una nueva capa a ese caos en lugar de reducirlo.
Del botsitting al botshitting. El estudio descubrió que, cuando el trabajador lleva demasiado tiempo corrigiendo errores de la IA y mantiene sus plazos de entrega, comienza a saltarse la revisión de los resultados, generando algo que el informe ha dado en llamar botshitting o “porquería de bot” que sería entregar trabajo generado por IA sin haberlo verificado previamente. El 69% de los participantes admitió haber hecho esto al menos en alguna ocasión.
Las consecuencias van más allá de la calidad del trabajo en sí misma, cuando ese contenido llega al siguiente eslabón de la cadena de producción sin que nadie lo haya revisado, alguien que no lo produjo tiene que limpiarlo. Es decir, tanto el coste como el tiempo se traslada a otra persona, pero no se ahorra tanto como parece.
Para sorpresa de nadie, más IA no resuelve el problema. Bob Sutton, profesor emérito de Stanford y miembro fundador del Work AI Institute que ha elaborado este informe, ha señalado en otras ocasiones que una de las soluciones que acostumbran a tomarse desde los puestos directivos cuando algún proceso genera fricción es añadir más de ese elemento. En este caso, intentar solucionar un problema de mal uso de la IA…con más IA.
Los datos del informe apuntan a que las organizaciones que van por delante no son las que usan más IA. Son aquellas que han construido lo que los autores llaman “infraestructura humana”. El 53%de los trabajadores dice que la información que necesita no llega a través de sus sistemas de IA. En las empresas donde sí llega, los empleados se agotan un 64% menos y son un 52% menos propensos a entregar trabajos que no han sido revisados.
Imagen | Unsplash (Flipsnack)
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