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Las mejores películas del 2024, uno de los años más duros para la pantalla grande

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El año que terminó ayer fue bastante duro para el cine. Entre los éxitos de taquilla, sin embargo, el desafío de no sólo captar la atención del público, sino simplemente llegar a la pantalla, parece más difícil que nunca.

El 2024 estuvo marcado por cineastas que apostaron todo, desde un monto de 120 millones de dólares, como Francis Ford Coppola con “Megalopolis” (“Megalópolis”), hasta su vida, como el cineasta disidente iraní Mohammad Rasoulof con “The Seed of the Sacred Fig” (“La semilla de la higuera sagrada”).

Considerando los caminos de “The Apprentice” (“El aprendiz”), sobre el ascenso de Donald Trump en Nueva York, o el documental sobre la ocupación israelí “No Other Land” (que aún carece de distribuidor), la pregunta sobre qué se estrena fue un refrán común y escalofriante.

Eso también hizo que las películas que lograron abrirse camino —aquellas que contaron historias urgentes o deslumbraron con originalidad en una época de dominio de secuelas— fueran aún más dignas de celebración.

A continuación, la selección de los críticos de cine de The Associated Press, Jake Coyle y Lindsey Bahr, para las mejores películas de 2024

“All We Imagine As Light” (“La luz que imaginamos”)

¿Fue este un gran año para el cine? El consenso parece ser que no, y eso puede ser cierto. Pero sí produjo algunas obras maestras impresionantes, ninguna más que la sublime historia de Payal Kapadia sobre tres mujeres en la Mumbai moderna. Es una película realista y áspera, agraciada, en partes iguales, por un documental perspicaz y poesía soñadora. De manera fascinante, “All We Imagine as Light” se vuelve más profunda a medida que se aleja más de la realidad.

“Nickel Boys”

Como Kapadia, RaMell Ross comenzó en el documental antes de llevar una visión singular al cine narrativo. Su adaptación de la novela ganadora del Premio Pulitzer de Colson Whitehead, sobre dos adolescentes negros en una escuela-reformatorio abusiva en el sur de Estados Unidos durante la era de la segregación racial, está filmada principalmente desde la perspectiva en primera persona de los dos chicos. El resultado es una de las películas estadounidenses más inventivas visualmente de la década y, con toda certeza, una de las más ricas en empatía.

“Anora”

Muchas de las razones para ir al cine —reírse con una pieza cómica, presenciar el despegue de un joven intérprete, ser devastado por algo trágico— están contenidas dentro del emocionante “todo vale” de “Anora”. Es una mezcla que sólo Sean Baker podría concebir y ejecutar. Por cierto, si te gustó la actuación de Yura Borisov junto a Mikey Madison, busca “Hytti nro 6” (“Compartment No. 6”).

“I Saw the TV Glow” (“Vi el brillo del televisor”)

La segunda película de Jane Schoenbrun —un salto dramático hacia adelante para la cineasta y una parábola trans cautivadora— es un escalofriante relato del paso a la edad adulta en la década de 1990 en el que una serie al estilo de “Buffy the Vampire Slayer” (“Buffy, la cazavampiros”) llamada “The Pink Opaque” ofrece un posible portal fuera de la monótona vida suburbana. Se siente escalofriantemente, bellamente tomada del alma de Schoenbrun —y tiene una banda sonora impresionante.

“Zielona granica” (“La frontera verde”)

Conocida en inglés como “Green Border”, la furia del intenso drama migratorio de Agnieszka Holland está adecuadamente calibrada para la crisis. A lo largo de la frontera Polonia-Bielorrusia, un pequeño grupo de migrantes de Siria y Afganistán son enviados de un lado a otro a través de un bosque fronterizo —a veces incluso literalmente arrojados— en un sombrío juego de “no en mi patio trasero”. No es una película fácil de ver, ni debería serlo. Para mantenerse al día con los tiempos, podrían necesitarse más películas incómodas como esta.

“The Fall Guy” (“Profesión peligro”)

También necesitamos más películas grandes y divertidas con Ryan Gosling. La afectuosa oda de David Leitch a los dobles de acción logra celebrar a los miembros del equipo detrás de cámaras mientras es llevada por dos estrellas de cine encantadoras: Gosling y Emily Blunt. El valor social de ver a Gosling llorar con “All Too Well” de Taylor Swift no debe subestimarse.

“The Seed of the Sacred Fig”

La forma en que el cineasta iraní Mohammad Rasoulof, quien fue forzado al exilio mientras editaba el filme, condensa la agitación social de la vida real en un drama familiar hace de esta una película inquietantemente única. Como “Nora inu” (“El perro rabioso”) de Kurosawa, la película de Rasoulof se centra en una pistola perdida. La búsqueda subsiguiente revela lo profundo que las políticas del gobierno iraní han calado en las relaciones más íntimas.

“Ghostlight” y “Sing Sing”

“Ghostlight” de Alex Thompson y Kelly O’Sullivan trata sobre un padre en duelo, un trabajador de la construcción (un excepcional Keith Kupferer), que se une a regañadientes a una producción local de “Romeo y Julieta”.

“Sing Sing”

“Sing Sing” dramatiza un programa real de rehabilitación en prisión. Su proyección en la Correccional de Sing Sing, donde muchos de sus intérpretes estuvieron alguna vez encarcelados, fue por mucho la experiencia cinematográfica más conmovedora del año.

“His Three Daughters”

En el drama familiar, divertido, crudo y tierno de Azazel Jacobs, un elenco impecable integrado por Carrie Coon, Elizabeth Olsen y Natasha Lyonne interpreta a tres hermanas que cuidan a su padre moribundo. En espacios cerrados y con la muerte acechando, todo sale a la luz.

“Made in England: The Films of Powell and Pressburger” (“Hecho en Inglaterra: las películas de Powell y Pressburger”)

Entre grandes y largas épicas, Martin Scorsese ha hecho algunas de sus películas más interesantes y personales. En esta, Scorsese narra para el director David Hinton su viaje de toda la vida con las películas de Powell y Pressburger, los grandes cineastas de “The Red Shoes” (“Las zapatillas rojas”), “I Know Where I’m Going!” (“Sé a dónde voy”) y “Black Narcissus” (“Narciso negro”). Como expresión de amor por el cine —del poder del cine para cautivarte, cambiar tu vida, vivir junto a ti mientras envejeces— “Made in England” difícilmente podría ser más efusiva. Tales testimonios apasionados e ilustradores son cada vez más necesarios en una cultura cinematográfica donde los algoritmos típicamente son ciegos a los tesoros del pasado.

“Blitz”

Steve McQueen cuenta un tipo diferente de historia de la Segunda Guerra Mundial en “Blitz”, una odisea poderosa y clara por Londres durante el bombardeo alemán. Estructurada alrededor de un niño de 9 años (Elliott Heffernan) que intenta regresar con su madre (Saoirse Ronan), es una visión revolucionaria y una elegía conmovedora para mundos inexplorados e historias no contadas.

“Thelma”

La primera película de Josh Margolin sobre una nonagenaria (interpretada por la incomparable June Squibb) en una misión para recuperar 10 mil dólares de un estafador es tan modesta en alcance y tan fácilmente disfrutable que es fácil subestimarla. Esta película independiente se siente tan aguda y bien armada como una comedia de estudio de antaño. Es pura alegría y una de esas películas que podrías recomendar a cualquiera.

“Dune: Part Two” (“Duna: Parte Dos”)

Décadas de soñar con una película no siempre parecen beneficiar a dicha película, pero Denis Villeneuve pudo traducir su pasión por la obra de Frank Herbert en un espectáculo cinematográfico puro sobre el surgimiento de un líder. Es una aventura grandiosa y emocionante que podría convertirnos a todos en nerds de la ciencia ficción.

“A Real Pain”

Jesse Eisenberg lidia con traumas modernos e históricos en esta entretenida película de viaje por carretera “A Real Pain”, que escribió, dirigió y protagoniza junto a Kieran Culkin como primos revisitando sitios del Holocausto en Polonia.

“The Outrun”

Saoirse Ronan ofreció una de las mejores actuaciones del año como una alcohólica que se aisla en las Islas Orcadas en un intento por comenzar una nueva vida. Las películas sobre la adicción difícilmente son novedosas, y sin embargo, Nora Fingscheidt captura los altibajos salvajes y los intermedios de la condición humana con verdadera honestidad.

“Aku wa sonzai shinai” (“El mal no existe”)

La continuación de Ryûsuke Hamaguchi a “Doraibu mai kâ” (“Drive My Car”) nos lleva a un pequeño pueblo montañoso de Japón, donde los residentes dudan en dar la bienvenida a una empresa de la gran ciudad con planes de establecer un sitio de glamping. Es una experiencia de combustión lenta, con debates comunitarios sobre arroyos y tanques sépticos que quizás no suenen terriblemente emocionantes y, sin embargo, es una de las experiencias más inquietantes y efectivas del año.

“Good One”

Fue un gran año para los directores primerizos, incluida India Donaldson, cuyo estudio de personajes pausado y brillante de una adolescente en un viaje de campamento con su padre y su amigo resuena incluso un año después.

 

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romper el monopolio de China sobre las tierras raras

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Si en el siglo XX las potencias se disputaban los pozos petroleros, en 2026 la batalla se libra en la tabla periódica. El litio, el cobalto, el galio y las tierras raras se han convertido en los nuevos barriles de crudo, esenciales para fabricar desde la batería de un coche eléctrico hasta el sistema de guía de un misil hipersónico.

En este escenario, la administración de Donald Trump se ha topado con una realidad geológica ineludible: la retórica de “America First” tiene un límite físico. Para ganar la carrera tecnológica del siglo XXI, Washington necesita a sus vecinos. En una maniobra diplomática y económica sin precedentes, Estados Unidos ha lanzado una ofensiva para reclutar a México, Argentina y un bloque de aliados globales, con el objetivo declarado de blindarse ante la vulnerabilidad que supone el dominio casi absoluto de China sobre los minerales críticos.

La cumbre de la ansiedad estratégica. El epicentro de este giro copernicano fue el Departamento de Estado en Washington, donde el secretario de Estado Marco Rubio y el vicepresidente J.D. Vance ejercieron de anfitriones en la “Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos”. La convocatoria no fue menor: 55 delegaciones internacionales se sentaron a la mesa, bajo una premisa urgente de que el mercado libre ha fallado.

El diagnóstico estadounidense es severo. China controla el 90% de la capacidad de procesamiento de tierras raras y ha comenzado a utilizar ese monopolio como arma geopolítica, imponiendo requisitos de licencia y restringiendo exportaciones para presionar a la industria estadounidense. “El mercado internacional de minerales críticos está fallando”, sentenció el vicepresidente Vance, argumentando que Beijing inunda el mercado con precios bajos para arruinar a la competencia occidental y luego subir los precios a su antojo.

Project Vault y el lapsus. Para contrarrestar esto, la Casa Blanca ha presentado herramientas que reescriben las reglas del capitalismo global. Trump anunció la creación de una reserva estratégica de minerales valorada en 12.000 millones de dólares (10.000 millones en préstamos del Ex-Im Bank y casi 1.670 millones de capital privado). Al igual que la Reserva Estratégica de Petróleo creada en los años 70, esta “bóveda” —llamada Project Vault— acumulará stock para proteger a gigantes como General Motors, Stellantis y Google de futuras crisis de suministro.

Pero la mentalidad de la Casa Blanca ha pasado de lo comercial a lo bélico, literalmente. En un desliz freudiano o una declaración de intenciones, los documentos oficiales de la administración Trump sobre estas inversiones listan al Pentágono bajo su nombre del siglo XIX: Department of War (Departamento de Guerra). Bajo este epígrafe anacrónico, Washington ya está financiando proyectos mineros en Alaska y Carolina del Norte, dejando claro que la extracción de recursos ya no es un asunto de mercado, sino de defensa nacional pura y dura.

La alianza FORGE y los “suelos de precios”. Para sostener este esquema, se ha lanzado el Forum on Resource Geostrategic Engagement (FORGE), presidido inicialmente por Corea del Sur, para coordinar una “zona de comercio preferencial”. La idea revolucionaria aquí son los precios suelo: si China tira los precios globales, los miembros del bloque aplicarán aranceles externos para mantener el valor interno alto, garantizando así la rentabilidad de las inversiones mineras en países aliados.

Sin embargo, el mercado ha reaccionado con escepticismo ante este intervencionismo. Paradójicamente, tras el anuncio, las acciones de mineras estadounidenses como MP Materials y USA Rare Earth se desplomaron entre un 6% y un 9%. Según analistas citados por Reuters, el temor es que la administración Trump retire los subsidios directos a proyectos individuales para centrarse en esta compleja ingeniería de precios globales, dejando a las empresas locales expuestas a la incertidumbre regulatoria.

Toda esta estrategia estadounidense dibuja un mapa del mundo con dos velocidades. Por un lado, está el “club VIP” tecnológico: Estados Unidos, Japón y la Unión Europea firmarán un acuerdo trilateral vinculante en 30 días para coordinar sus industrias. Por otro, están los proveedores de materias primas: América Latina.

Argentina y la entrega del Litio. En el sur, la administración de Javier Milei ha decidido alinear sus recursos incondicionalmente con los intereses de Washington. Argentina, quinto productor mundial de litio, firmó un acuerdo marco que la ata a la cadena de suministro estadounidense, utilizando como cebo el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones). Para la Casa Blanca, Argentina es la pieza clave para asestar un golpe a Beijing. Actualmente, más del 70% del litio argentino viaja a China, un flujo que EEUU está decidido a cortar y redirigir hacia sus propias fábricas.

La operación ya está en marcha. Mientras la diplomacia firmaba papeles, el dinero se movía: el gigante Glencore ha pactado con el consorcio Orion (respaldado por EEUU) la adquisición de activos, demostrando cómo los capitales occidentales empiezan a tomar posiciones en el terreno. El secretario Marco Rubio no ocultó su entusiasmo por esta disposición total: “Argentina va a ser un socio clave para el mundo”, afirmó, destacando no solo la extracción, sino la capacidad del país para procesar los materiales que EEUU necesita. En la práctica, esto convierte al país sudamericano en un eslabón primario de la seguridad nacional estadounidense.

México: El mapa del tesoro y la amenaza del “Menú”. La situación de México es de un pragmatismo forzado bajo amenaza. Con la revisión del T-MEC programada para julio, el gobierno mexicano aceptó un “Plan de Acción” de 60 días que va mucho más allá del comercio. El acuerdo abre la puerta a algo que toca la fibra sensible de la soberanía nacional: el Servicio Geológico de EEUU colaborará en el “mapeo geológico” del territorio mexicano para localizar yacimientos, una radiografía de los recursos del vecino realizada desde Washington para “aportar transparencia”. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, justificó la cesión con una frase de realismo brutal: “Si no estás en la mesa participando, estás en el menú”.

Pero para muchos, México ya está siendo devorado. El colectivo “Cambiémosla Ya” ha lanzado una alerta feroz, denunciando que este plan es un “regreso al neoliberalismo” que subordina la soberanía nacional a las necesidades industriales del norte. Advierten que la prisa por cumplir con las cuotas de Washington provocará “el despojo, el desplazamiento y la destrucción de comunidades”, relajando las regulaciones para convertir el territorio en una zona de sacrificio para la transición energética de EEUU.

Pasaporte para las rocas, muros para la gente. El telón de fondo de esta gran alianza mineral revela una contradicción que define la era actual. Mientras la administración Trump mantiene una retórica de cierre fronterizo y proteccionismo cultural —en un momento donde la influencia latina es tan innegable que fenómenos globales como Bad Bunny hacen historia en la Super Bowl—, la Casa Blanca ha tenido que admitir una dependencia existencial del sur.

La urgencia del litio y el cobalto ha forzado una tregua hipócrita: Washington parece decir que, aunque sus fronteras pueden endurecerse para las personas, deben permanecer abiertas de par en par para los recursos. Es una actualización sutil de la diplomacia continental, donde la integración se mide en toneladas de mineral y la soberanía se negocia en mesas comerciales. Como resumió Heidi Crebo-Rediker, del Consejo de Relaciones Exteriores: “Las rocas están donde están las rocas”. Al final, en este nuevo mapa trazado por la necesidad tecnológica, lo único que parece tener la Green Card garantizada son las piedras.

Imagen | The White House y Freepik

Xataka | Europa se la jugó a un futuro donde “fabricar cosas” dejaría de ser relevante: ahora China le está mostrando su error

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Llevamos años buscando el origen de la vida en charcos calientes. Bennu ha demostrado que el hielo radiactivo funciona igual de bien

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Cuando la cápsula de la misión OSIRIS-REx aterrizó en el desierto de Utah en septiembre de 2023, la NASA sabía que tenía un tesoro entre manos. Hablamos de un poco de polvo negro que fue recogido a millones de kilómetros de la Tierra y que estaba a punto de reescribir uno de los capítulos más importantes de la ciencia: el origen de la vida

Lo que sabíamos. Hasta ahora, la teoría predominante en lo que respecta al origen de la vida nos decía que para “cocinar” todos los componentes básicos de la vida, como los aminoácidos, hacía falta calor y agua líquida para hacer una especie de sopa caliente química. 

Sin embargo, la ciencia acaba de dar un giro de guion: los ladrillos de la vida no solo se forman en el calor, sino que pueden nacer en el frío más extremo y bajo radiación gamma. Y eso cambia por completo nuestra comprensión de cómo llegamos aquí, y también de la posible presencia de vida en cualquier rincón del Universo

La importancia de Bennu. Sin duda es el protagonista de toda esta historia, y es que no es más que un asteroide de unos 500 metros de diámetro que funciona como un fósil del sistema solar primitivo. Pero lo más interesante es que tiene aproximadamente 4.600 millones de años, la misma edad que la Tierra, aunque, a diferencia de nuestro planeta, su superficie no se ha fundido ni alterado drásticamente por procesos geológicos a lo largo de toda su ‘vida’. 

Y poco a poco vamos conociendo más acerca de este asteroide gracias a las muestras traídas por OSIRIS-REx que ya habían confirmado en análisis preliminares una abundancia inusual de carbono, nitrógeno, agua y compuestos orgánicos. Pero lo que ha encontrado ahora el equipo liderado por la Universidad de Penn State va un paso más allá.

La sorpresa. Este mismo equipo, al analizar la composición isotópica de los aminoácidos presentes, especialmente la glicina, se topó con una firma química que no encajaba con la teoría clásica de formación en agua caliente. 

Un congelador radioactivo. Hasta ahora, pensábamos que los aminoácidos en los asteroides se formaban principalmente a través de procesos de alteración acuosa: el hielo se derrite por el calor, el agua líquida interactúa con la roca y voilà, química orgánica compleja.

Sin embargo, la ciencia ahora sugiere que no hace falta agua líquida para que los aminoácidos, una molécula esencial de la vida, puedan formarse. Simplemente a partir de hielos simples pueden surgir sin mucho problema. Y de estos hay mucho en el universo. 

El catalizador. El otro factor importante en esta formación era la energía, que en este caso provino de la radiación gamma emitida por elementos radioactivos que abundaban en el sistema solar temprano. Y es que la energía no podía llegar desde el calor térmico, puesto que este proceso ocurre en entornos gélidos, mucho antes de que el asteroide se compactara o calentara lo suficiente para tener agua líquida.

Esto explica por qué encontramos aminoácidos tanto en asteroides que sufrieron mucho calentamiento por agua como en aquellos que permanecieron más “secos” y fríos. La vida, al parecer, es más obstinada de lo que creíamos y puede empezar a gestarse en las condiciones más hostiles del vacío espacial.

Un menú cada vez más complejo. Pero no hablamos únicamente de moléculas simples, puesto que los análisis de las muestras de Bennu han identificado una variedad de compuestos. Entre estos se encuentra el triptófano, que es un aminoácido esencial, mucho más complejo estructuralmente, y vital para la vida terrestre.

Además, se han detectado componentes del ADN y ARN, además de amoníaco y aminas, superando en riqueza a muchas muestras de meteoritos famosos como el de Murchison.

Espaldarazo a la Panspermia. Si los aminoácidos se pueden formar fácilmente en granos de hielo irradiados en la nebulosa solar —antes incluso de que se formaran los planetas—, significa que estos “ingredientes” están esparcidos por todo el sistema solar.

El hecho de que Bennu, un asteroide carbonáceo tipo B, esté repleto de estos compuestos refuerza la idea de que la Tierra no tuvo que producir todos los componentes de la vida por sí misma. Una lluvia constante de asteroides y meteoritos durante el bombardeo intenso tardío pudo haber “sembrado” nuestro planeta con un kit de inicio biológico prefabricado en el espacio profundo. Es por ello que al final mirar un grano de polvo de Bennu es mirarnos a nosotros mismos. O, al menos, a los tatarabuelos químicos que hicieron que hoy estemos aquí. 

Imágenes | NASA Hubble Space Telescope 

En Xataka | La NASA acaba de anunciar que este asteroide grande tiene un 1% de probabilidades de impactar con la Tierra. Eso no es normal

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Embolia pulmonar, la posible causa de muerte de la actriz Catherine O’Hara

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- La actriz Catherine O’Hara, fallecida el 30 de enero a los 71 años, murió tras sufrir una embolia pulmonar derivada de un cáncer ubicado al final de su tracto digestivo, específicamente en el recto, según un certificado de defunción de la Oficina del Médico Forense del Condado de Los Ángeles, obtenido por la revista People.

Su representante confirmó la muerte de la actriz de “Mi pobre angelito” (“Home Alone”) a finales de enero en su casa de Los Ángeles, y agregó que ocurrió “tras una breve enfermedad”, aunque hasta el momento no se habían proporcionado más detalles.

O’Hara es recordada por haber interpretado a Kate McCallister, la madre de Kevin, interpretado por Macaulay Culkin, en la comedia navideña “Mi pobre angelito” en los años 90, pero su carrera comenzó en televisión con la serie de comedia “SCTV Network”.

Su participación en esa serie le valió su primer Emmy. El segundo lo ganaría en 2020 gracias a su participación en la serie “Shitt’s Creek”, en donde daba vida a la excéntrica y dramática matriarca de la familia Rose, Moira Rose.

Nacida en Toronto en 1954, O’Hara era reconocida por su capacidad de improvisación en la comedia. Después de “SCTV”, la actriz protagonizó filmes como “After Hours”, de Martin Scorsese, o “Beetlejuice”, de Tim Burton.

También tuvo una breve aparición en la aclamada serie de HBO, “Six Feet Under”, donde interpretaba a Carol Ward, una neurótica productora de películas.

En los últimos años, O’Hara además había participado en algunas de las series más reconocidas del momento como “The Last of Us” o más recientemente en “The Studio”, la serie de Apple TV en donde dio vida a Patty Leigh, una exjefa de estudio de cine que ayuda a Matt Remick (Seth Rogen) a dirigir uno de los estudios más importantes de Hollywood. 

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