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Estoy harto de los cortes de luz. Este es el cacharro que evita que no pierda todo mi trabajo

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Un corte de luz desespera a cualquiera, dejándonos a mitad de esa gran partida que tenemos en un videojuego, mientras trabajamos o estudiamos y no hemos llegado a guardar los cambios o, en definitiva, en cualquier situación en la que un corte de luz no nos viene nada bien, que es prácticamente en cualquier momento. Y qué decir de cuando por un corte de luz se nos estropea alguno de los componentes del ordenador, un miedo que tenemos muchos de los que trabajamos desde casa.

Sin duda, se trata de un momento que queremos evitar a toda costa, pero que muchas veces no depende de nosotros. Por suerte, hay métodos para poder sortear estos cortes de luz, evitando que nos quedemos a mitad de realizar una tarea y permitiendo que, al menos, podamos organizarlo todo hasta que vuelva la luz. Y el mejor método es un SAI, pero… ¿esto qué es?


Salicru Sps One Imagen 1
Salicru Sps One Imagen 1

SAI montado (izquierda) y SAI desmontado (derecha) para extraer su batería.

Los SAI (Sistema de Alimentación Ininterrumpida) son dispositivos que funcionan con una batería, permitiendo suministrar alimentación a un determinado equipo o dispositivo para evitar que un molesto corte de luz pueda perjudicar nuestro trabajo. Lo bueno es que trabajan de forma automática: si hay un corte de luz, el SAI se encarga por sí sólo de que evitemos que, por poner un ejemplo, el ordenador se apague.

Para recomendar un SAI he estado hablando con José Manuel Gallego, director de Compradicción, acerca de qué es lo que debemos tener en cuenta, qué SAI merece la pena y cuál ha sido su experiencia general después de estar años utilizando uno. Y la verdad es que menciona algunos puntos interesantes para evitar comprar cualquier modelo.

Lo utilizo (Salicru SPS One) debido a los continuos cortes de luz. Uso 3: uno en el PC, otro en los monitores y otro en el router. Esto me permite seguir trabajando sin problemas.

Esta marca me permite sustituir las baterías fácilmente. Son 4 tornillos y se hace muy rápido. De este modo, cuando las baterías se degradan, no tengo que cambiar el SAI. Las baterías cuestan menos de 20 euros. Esta vez coloqué una de mayor capacidad. La batería aguanta unos 4/5 años. El último lo compré antes de la pandemia y cambié ahora la batería.


Salicru Sps One Imagen 2
Salicru Sps One Imagen 2

Las baterías del Salicru SPS One se pueden extraer fácilmente, de modo que este modelo en concreto ofrece una mayor vida útil al no tener que desechar el dispositivo entero.

Los SAI únicamente tienen dos enchufes por lo que solamente puedes colocar dos cacharros en cada uno. Los que yo tengo, su autonomía es de unos 20 – 25 minutos más o menos.

* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión

Lo más importante, además de la recomendación sobre la ubicación en la que los tiene colocados José Manuel, es que este modelo es interesante porque permite cambiar la batería sin necesidad de comprar un nuevo SAI, lo que engrosaría el precio cada vez que haya que renovarlo.

Personalmente nunca he entrado en este tipo de dispositivos, pero son cada vez más las personas que me recomiendan dar el salto a ellos. Y después de una temporada con algunos cortes de luz, con ese miedo que siempre me ronda cada vez que hay tormenta por si se estropea algún componente del ordenador, más pronto que tarde quiero comprar un modelo. Y este en concreto es el que más me ha llamado la atención por su capacidad de extraer las baterías de forma sencilla.

Algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Xataka. En caso de no disponibilidad, las ofertas pueden variar.

Imágenes | José Manuel (Compradicción), Salicru

En Xataka | Cambiar tu tarifa de luz: qué mirar, cómo comparar y qué necesitas para cambiar y pagar menos

En Xataka | Qué mirar en tu factura de la luz para saber si estás en el mercado libre o el regulado

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Decir que es una burbuja es una blasfemia contra la IA, esto no es más que el principio

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Burbuja sí, burbuja no. Nadie se pone de acuerdo. De un lado están quienes ven un claro paralelismo con la burbuja de las puntocom y creen que el estallido es inminente. De otro, los más optimistas que ven en la IA una fuente de riqueza inagotable (una que aún no hemos visto, dicen que porque no la sabemos medir). Adivinad en qué bando está el CEO de SoftBank, que sólo el año pasado metió nada menos que 40.000 millones de dólares en OpenAI.

¿Qué burbuja? Cuentan en Reuters que, durante la última conferencia anual de resultados, el CEO de la empresa Masayoshi Son fue tajante con quienes ven en el boom de la IA un apocalipsis inminente: “Creo que decir que es una burbuja es una blasfemia contra la IA (…) Esto no es más que el principio. El potencial de la IA está por descubrirse”. Son no descartó una caída por completo, pero auguró “muchos días dorados” incluso aunque eso sucediera. 

Su postura encaja con la de otros líderes empresariales como Jensen Huang, que cree que estamos ante la mayor construcción de infraestructura de la historia, o Satya Nadella, que dice que sólo sería una burbuja en caso de que nadie use la IA, cosa que no está pasando. 

Intereses. Para entender esta postura tan contundente basta con saber que SoftBank es el mayor inversor de OpenAI. En total, el conglomerado japonés se ha comprometido a invertir más de 64.000 millones de dólares, y lo que es más importante: no están invirtiendo en otras empresas de IA. De momento la apuesta les está yendo relativamente bien y en el primer trimestre del año registraron unos beneficios de 25.000 millones de dólares, lo que disparó el precio de su acción, que ya subieron un 216% en 2025. Sin embargo, no es menos cierto que el futuro de la compañía está fuertemente ligado al éxito o fracaso de OpenAI y el boom de la IA en general. Si la burbuja pincha, pinchan con ella.

Fe ciega. Contaban en Bloomberg hace poco que muchos directivos de SoftBank estaban preocupados por la extraña fascinación que su CEO mostraba por Sam Altman. En un momento en el que rivales como Anthropic ya valen más, la cúpula interna está inquieta por el riesgo de “poner todos los huevos en la misma cesta” y que después Altman no cumpliera sus promesas. Es algo que ya les pasó con la quiebra de WeWork y que repite los mismos ingredientes: líder carismático y inversión agresiva. Varios de estos directivos le han planteado a Son qué pasaría si OpenAI fallara, pero el CEO siempre descarta las dudas bruscamente, por lo que han optado por callarse. 

La salida a bolsa. OpenAI está planeando su salida a bolsa, probablemente para antes de que termine el año, por lo que esta ganancia es aún sobre el papel. Si la operación tiene éxito, SoftBank puede hacerse con una cantidad importante de beneficio, pero también se expone a fuertes pérdidas si sale mal. Hace poco el analista Ed Zitron filtró datos sobre el estado financiero de OpenAI y las pérdidas son tan altas que marean. A pesar de todo, los inversores siguen creyendo en OpenAI y la empresa ya vale la friolera de 852.000 millones de dólares. 

Contraste. La percepción de los líderes como Masayoshi Son contrasta con la creciente preocupación de la población estadounidense. Se calcula que la inversión total en IA ya ha superado el billón de dólares y los ciudadanos no ven claro que sea la mina de oro que prometen las empresas tecnológicas. Según una encuesta reciente de Haystack News, el 54,9% se mostró “muy preocupado” de que se esté formando una burbuja en la industria tecnológica por culpa de la IA, mientras que sólo un 21,2% dijo no estar preocupado en absoluto. Esto se suma al creciente rechazo a la construcción de centros de datos, principalmente por la contaminación que genera en las poblaciones cercanas.

Imagen | Xataka con Magnific

En Xataka | El CEO de NVIDIA ha vuelto del futuro con un aviso: quedan siete u ocho años de inversión astronómica en la IA

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España plantó millones de eucaliptos para tener madera barata. 90 años después, hemos confirmado que son un desierto verde

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Si acostumbras a moverte por la cornisa cantábrica, seguro que ya estás familiarizada con ese árbol largo y estilizado que tanto abunda por sus montes. No obstante, el eucalipto ya cubre el 30% de la superficie forestal de zonas como el noroeste de España. La omnipresencia del eucalipto es el resultado de una política forestal que empezó en los años 40 que tenía como principal objetivo abastecer la industria papelera: era barato, crecía rápido, así que tenía todas las papeletas para ser el candidato ideal para repoblar montes improductivos.

Décadas después, un estudio científico de la Universidad de Santiago de Compostela y el CSIC ha puesto números a las sospechas: para la fauna, esas plantaciones son casi un desierto.

El coste ambiental del omnipresente eucalipto. Esta investigación analizó 240 zonas de bosque atlántico autóctono y bosque de eucalipto en en el Parque Natural das Fragas do Eume y encontraron una diferencia abismal en riqueza y abundancia de aves. En pocas palabras: cuanto más eucalipto hay, menos pájaros viven en esa zona y no es casualidad.

Los eucaliptos maduros no pueden sustituir a los árboles maduros como hábitat funcional y su follaje ofrece un soporte muy limitado para las aves. Las más afectadas son las que comen insectos y las que crían en huecos de árboles viejos, como el pico picapinos o el carbonero. El eucalipto no genera suficientes insectos con los que alimentarse, no tiene sotobosque y se tala antes de que forme las cavidades que esas aves necesitan para anidar. En el lado menos malo, también han dado con una solución bastante sencilla que no implica erradicar el eucalipto: basta con dejar crecer vegetación silvestre en algunas zonas, sin limpiarla.

Por qué es importante. Porque el papel de las aves del bosque es importante dentro del equilibro del ecosistema: regula plagas de insectos, ayuda en la dispersión de semillas y actúa como indicador de salud ambiental. De hecho, la Directiva Aves de la UE 2009/147 obliga a los estados miembros a a conservar las poblaciones de aves en buen estado y este estudio documenta que esa obligación se está incumpliendo en las zonas más eucaliptizadas de Galicia y la cornisa cantábrica.

La situación tiene más miga de la que parece porque ya por 2017 el comité científico del Ministerio para la Transición Ecológica recomendó incluir el eucalipto en el Catálogo de Especies Exóticas Invasoras en 2017, pero la propuesta fue rechazada por la economía que hay detrás: en Galicia este sector genera 2.500 millones de euros anuales en madera y pasta de papel y da empleo a más de 19.000 personas, según el informe A Cadea Forestal-Madeira de Galicia 2025 elaborado por XERA. Es un conflicto de intereses en toda regla.

Contexto. El eucalipto llegó a la Península Ibérica en el siglo XIX con fines ornamentales y medicinales, pero su auténtico boom llegó con los planes de repoblación del franquismo y la demanda comercial de celulosa. En Parque Natural das Fragas do Eume, el lugar donde se realizó el análisis, es uno de los últimos bosques atlánticos costeros que quedan en la Península Ibérica. Allí las plantaciones de eucalipto son actualmente el segundo tipo forestal más extenso: 1.340 hectáreas, solo por detrás del bosque autóctono. Pero la especie ya ha colonizado también sus alrededores.

En cualquier caso, el problema con los eucaliptos no es local: en Portugal el eucalipto cubre ya más de 800.000 hectáreas y es la especie forestal más extendida del país, según datos del Inventario Forestal Nacional de Portugal elaborado por el Instituto da Conservação da Natureza e das Florestas. Allí también está bajo lupa por su relación con grandes incendios. De hecho, a escala global la comunidad científica lleva años documentando el impacto del eucalipto en ecosistemas mediterráneos y templados fuera de su Australia natal.

En detalle. El eucalipto es un killer silencioso: libera sustancias químicas que impiden el crecimiento de otras plantas bajo su copa (alelopatía), lo que elimina los arbustos autóctonos y con ellos, los insectos que alimentan a los pájaros. Además, como se tala cada diez o quince años, nunca llega a envejecer lo suficiente como para desarrollar los huecos que necesitan para nidificar aves cavernícolas como los carpinteros. El problema no se queda en tierra: las hojas muertas de eucalipto liberan aceites y compuestos tóxicos al llegar a los cursos fluviales, lo que daña a los insectos acuáticos y los anfibios que forman la base de la cadena alimentaria de los ríos.

Sí, pero. El daño a la diversidad del eucalipto es una realidad tan innegable como su importancia socioeconómica: es un vector económico y de fijación de población en estas zonas rurales y eliminar o restringir su cultivo tendría un impacto notable en comunidades donde no abundan las alternativas. De ahí que el propio estudio no pida su erradicación, sino algo más sencillo y práctico: dejar franjas de vegetación sin talar dentro de las plantaciones para que la flora autóctona se recupere y los pájaros vuelvan. Es una solución low cost que ya ha demostrado ser efectiva en otros contextos europeos.

Por otro lado, está la limitación de que el estudio se ha realizado en un único bosque y está centrado en aves. No todas las especies responden igual. En cualquier caso, la ciencia no dice que el eucalipto sea el mal, solo que cubrir el 30% de tus montes con ella tiene un peaje biológico serio. 

En Xataka | La Península Ibérica está siendo invadida: más de 1.200 especies exóticas han llegado para quedarse

En Xataka | El Ebro se está llenando de langostinos café, una especie invasora que cada vez nos vamos a encontrar más en el plato

Portada | Flickr

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Cada vez que un cohete espacial falla, una industria crece. Y China acaba de decidir que quiere ser dueña y señora

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En 2016, un Falcon 9 de SpaceX explotó en Cabo Cañaveral destruyendo el satélite Amos-6 de comunicaciones de Israel. Menos mal que, como cuando tú te das un cosque con un coche aparcando, había un seguro detrás que pagó el desaguisado porque el incidente costó casi 300 millones de dólares. Porque imagínate que tu último y más ambicioso proyecto explote y que como consecuencia acabes en quiebra. 

Los seguros son esa industria que cuando todo sale bien parece un gasto superfluo y que te salva cuando hay un accidente. Aplicados al espacio, mueven más de 4.000 millones de dólares al año. Pues bien, los seguros espaciales están viviendo una transformación histórica: China ha decidido que ya no quiere ser un mero cliente más, quiere ser la dueña del negocio.

China pasa de cliente a aseguradora. China llevaba años asegurando sus satélites a través de la aseguradora estatal PICC, pero parte del riesgo real lo absorbía el mercado internacional vía reaseguro. Así que cuando el ChinaSat-18 falló en 2019, fueron aseguradoras extranjeras las que absorbieron parte del golpe, según SpaceNews. China pagaba las primas y Londres y París, donde se concentra el negocio de reaseguro espacial, se quedaban con el negocio. 

Todo cambió en marzo de 2025: un consorcio de Pekín cubrió en su primer año 25 lanzamientos privados por 1.470 millones de dólares, reuniendo aseguradoras domésticas para que todo, el dinero y el control se queden en casa, según Caixin Global. Es el primer consorcio dedicado exclusivamente al sector aeroespacial comercial chino.

Por qué es importante. Porque si no hay un seguro, no hay inversión y sin esa financiación tampoco hay cohetes. Un dato: un satélite geoestacionario cuesta entre 150 y 400 millones de dólares en fabricación y lanzamiento, según la Satellite Industry Association. Si hay un fallo, el palo económico es tremendo y puede suponer la quiebra del operador, así que tener una póliza de seguros es condición para que cualquier inversor se anime a meter dinero en un proyecto espacial.

Controlar el seguro espacial es controlar quién puede asumir ciertos riesgos y cómo. El gobierno chino lo tiene claro: de acuerdo con el IISS, Shanghái destinó 300 millones de yuanes en subvenciones al sector aeroespacial comercial en abril de 2025 y Pekín ha anunciado subsidios específicos a las primas de seguro para empresas espaciales. China replica la jugada que ya ha usado en semiconductores o baterías: impulso estatal para lograr la independencia estratégica.

Contexto. El mercado de seguros espaciales crece simple y llanamente porque el sector espacial comercial también crece, y porque asegurarse es condición indispensable para operar en él: el Convenio de Responsabilidad Espacial de 1972 establece que los estados son los responsables por daños causados por sus objetos espaciales. 

Lloyd’s of London lleva asegurando satélites desde 1965 y durante décadas, este fue un mercado cerrado dominado por Europa por empresas como Munich Re, Swiss Re o AXA XL. Según Orbital Radar, este mercado genera entre 500 y 600 millones en primas anuales y sigue concentrado en Londres, París y Bermudas. SpaceX lo cambió todo: más lanzamientos, menor coste unitario, nuevos perfiles de riesgo… y ahora nuevos lanzadores privados chinos como LandSpace, CAS Space, Space Pioneer traen una nueva transformación: que todo quede en casa, China se lo guisa y China se lo come.

En detalle. Como pasa con los coches, las primas de los seguros dependen del historial del cohete y aquí China tiene un potencial hueco por el que colarse: para cohetes nuevos sin historial, las primas son muy altas. Explica Orbital Radar que las primas de lanzamiento oscilan entre el 5% y el 15% del valor asegurado dependiendo del vehículo y la órbita.

Ahí está la gran ventaja del consorcio chino: puede asumir riesgos donde otras aseguradoras pongan “peros”. Un dato revelador: de 10.000 satélites activos en órbita, solo 300 tienen seguro, según Space Insider. De hecho, SpaceX no asegura externamente ni su propia Starlink.

Sí, pero. El mercado en el que China quiere entrar con todo está en problemas: en 2024 pagó más en siniestros de lo que ganó en primas, según Insurance Business Magazine, entre otras cosas por la pérdida del Intelsat 33e. Y va a ir a peor: la basura espacial crece más rápido que la capacidad de calcularla y aquí China tiene buena parte de culpa

Además, de acuerdo con la normativa OFAC del Departamento del Tesoro de EE.UU., cuando un cohete chino falla, las aseguradoras americanas y europeas no siempre pueden pagar: las sanciones occidentales les prohíben legalmente operar con ciertos activos chinos, así que el mercado está fragmentado.

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En Xataka | La carrera por convertirse en la “SpaceX de China”: quién es quién en su sector privado de los lanzamientos espaciales

Portada | Iván Díaz y zhang kaiyv 

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