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Nueva York ha transformado sus autobuses escolares en minicentrales eléctricas para cubrir picos de demanda

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Toda persona familiarizada con películas estadounidenses conocerá el bus escolar, ese de color amarillo. Si ya era icónico en el mundo cultural, ahora va a pegar un salto al sector de las energías renovables como transportador de energía.

Iniciativa neoyorquina. La ciudad de Nueva York es un lugar bastante saturado y con un tránsito de vehículos incesante, sobre todo, en la gran avenida de Times Square. Ante tal nivel de contaminación y nefasta calidad del aire un nuevo proyecto ha encontrado la forma de revertir esta situación, reemplazando los autobuses por vehículos eléctricos con paneles solares. Sin embargo, no termina ahí, también se convertirán en una minicentral eléctrica que suministrará energía a la red local.

Las empresas Con Edison y First Student han desarrollado esta idea que contará con una flota de 12 autobuses escolares, transportando a los estudiantes de Brooklyn. Actualmente, cuatro ya están en funcionamiento y se prevé el resto entren en funcionamiento el próximo año escolar. Esta iniciativa ha contado con una inversión de nueve millones de dólares de Con Edison.

Pero, ¿cómo funcionarán? La empresa Con Edison en nota de prensa ha detallado que los autobuses escolares producirán cero emisiones. Cada bus contará con paneles solares en el techo de 500 kilovatios y un sistema de almacenamiento de 2MW. Además, al ser eléctrico también podrá tomar energía de la red eléctrica. Sin embargo, el proyecto se diferencia de otros sistemas porque la energía del bus se inyecta nuevamente a la red eléctrica cuando sea necesario, gracias a los cargadores bidireccionales. Como comenta la compañía, este recurso será necesario para cubrir los picos de demanda de la ciudad por lo que el autobús actuará a modo de batería o minicentral eléctrica.

Vehículos con paneles solares. Aunque aún en nuestra cotidianidad no hemos visto coches con paneles solares, empiezan a existir algunos proyectos como el coche Lightyear. Este vehículo con paneles solares tenía 70km de autonomía al día, pero finalmente la empresa decidió dedicarse únicamente a los paneles solares. El motivo de este cambio fue porque la compañía considera que es más fácil diseñar paneles solares para adaptarlos a los automóviles, que hacer todo el diseño y proceso.

Otras formas no tan visibles. Recientemente, las innovaciones en los coches eléctricos para aumentar la autonomía no paran de crecer. Un proyecto de la casa Mercedes-Benz consiste en una pintura que integra células solares, que puede capturar la luz solar y convertirla en energía. Según la compañía, el sistema añadiría 20.000 km de autonomía al año en condiciones óptimas.

La ciudad que nunca duerme está realizando diferentes cambios en los últimos años para mejorar su ciudad, como el sistema de basuras que aún ellos estaban en las antípodas. El nuevo proyecto de los buses solares pone en relevancia un sistema que actuará a modo de central eléctrica devolviendo energía a red en momentos de picos de demanda. Desde ambas empresas esperan lograr una flota total de 1.400 autobuses.

Imagen | ConEdison

Xataka | Hay quien se ha propuesto reinventar el parasol del coche con paneles solares. No lo van a tener fácil

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solo necesita aire, agua y electricidad

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En un mundo ideal, los futuros colonos lunares se alimentarían de lo que da la tierra. No es viable llevar cargas muy pesadas hasta allí, por lo que, una vez agotados los suministros, sería perfecto poder cultivar más. El problema es que “la tierra” en la Luna es el regolito lunar y sus ingredientes son mucho menos propicios para la agricultura que la tierra de nuestro planeta. Por eso, un equipo de científicos japoneses ha estado indagando en busca de un buen fertilizante lunar que haga que ese regolito pueda albergar vida vegetal. Parece que por fin han encontrado uno y lo mejor es que, para fabricarlo, solo necesitan aire atmosférico.

Plasma verde para obtener un fertilizante lunar. Estos científicos, procedentes de la Universidad de Tohoku y la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), han obtenido su fertilizante lunar con solo tres ingredientes: aire atmosférico, plasma y agua. Al entrar en contacto con el plasma (un gas ionizado con electricidad), el nitrógeno y el oxígeno presentes en el aire atmosférico reaccionan para dar lugar a pentaóxido de dinitrógeno. Después, este se disuelve en agua para transformarse en nitrato, un ion nitrogenado muy necesario para el crecimiento vegetal. Los suelos terrestres fértiles suelen ser ricos en este ion, por lo que las plantas lo absorben y fijan directamente. Si no está presente o escasea, como ocurre en el regolito lunar, debe añadirse por medio de fertilizantes como el que se ha obtenido con este proceso.

Ojo con la atmósfera. En ese mismo mundo ideal, debería valer con el aire ilimitado de la atmósfera lunar. Desgraciadamente, la luna no tiene una atmósfera propiamente dicha, por lo que se usaría el aire atmosférico que se introducirá en las estancias habitables de las bases lunares. No es un mundo ideal, pero sigue siendo una buena opción.

Un proceso muy eficiente. Es cierto que ya existe un proceso industrial para fijar nitrógeno a partir del aire atmosférico: la reacción de Haber-Bosch. El problema es que, con ella, se gasta muchísima energía. Es totalmente inviable en la Luna. En cambio, el proceso de obtención de fertilizante lunar mediante plasma es muy eficiente energéticamente. Se gastan menos de 100 vatios y no es necesario recurrir a combustibles fósiles ni nada parecido.

Plantas de arroz bien nutridas. Para comprobar si el fertilizante lunar funciona, estos científicos lo probaron sobre un simulador de regolito, sobre el que sembraron plántulas de arroz. Los resultados fueron muy buenos. Para empezar, el inhóspito pH alcalino del regolito se mejoró bastante, disminuyendo de 9,09 a 6,76. También se extrajeron más eficientemente ciertos nutrientes que normalmente no pueden absorberse directamente del regolito, como el calcio, el magnesio y el potasio. En cambio, los iones tóxicos, como el Al3+, quedaron recluidos en el polvo lunar en vez de pasar a las plantas. Con todo esto, el arroz creció mucho mejor que cuando el simulante de regolito se regó con agua pura, sin fertilizante lunar.

Fertilizante Lunar
Fertilizante Lunar

Otros beneficios. En este y otros estudios de estos científicos se ha visto que el fertilizante lunar no solo aporta los nutrientes necesarios para las plantas. También mejora el crecimiento vegetal, potencia su sistema inmunitario y las protege frente a algunos de los riesgos asociados a la microgravedad.

Utilidad más allá de la Luna. En realidad, nuestro propio planeta está repleto de terrenos infértiles. Por eso, estos científicos creen que este fertilizante tan eficiente puede ser también útil en la Tierra. Al fin y al cabo, las plantas son las mismas aquí que en la Luna y la necesidad de ahorrar energía también impera aquí abajo. Aunque este tipo de estudios se lleven a cabo con la vista puesta en las futuras bases lunares, no debemos dejar de lado lo que ya está bajo nuestros pies. Nuestros suelos también lo necesitan. 

Imagen | Magnific | Toshiro Kaneko

En Xataka |  La guerra de Irán ha roto el comercio mundial de fertilizantes. Y eso son pésimas noticias para la cesta de la compra

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es una reacción muy “humana”

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Es posible que alguno, en algún momento, haya tenido a ese compañero de trabajo prepotente que siempre alardea de sus éxitos y comete un error garrafal que resuena por toda la empresa. En ese momento, a más de uno es posible que se le alegre el rostro por ese fallo y se pregunte al momento: ¿Soy una mala persona por ello? Y la realidad es que, en términos generales, la respuesta es no

Está documentado. Esta reacción para la ciencia tiene un nombre específico, que es ‘schadenfreude‘, que viene del alemán Schaden, daño, y Freude, alegría. Y la evidencia académica nos advierte que reducirla a una simple “maldad” o, por el contrario, a una reacción inofensiva, es ignorar el fascinante cableado de nuestro cerebro social.

Entendiéndola. Para entender la schadenfreude no hay que mirar a los manuales de psiquiatría buscando un trastorno clínico, sino a las resonancias magnéticas funcionales. Y en esto mismo se basó una investigación publicada en el año 2009 en la revista Science, donde los investigadores descubrieron que la envidia y la schadenfreude están íntimamente conectadas en el cerebro.

Lo que pasa en el cerebro. De esta manera, se pudo ver que cuando las personas estudiadas sentían envidia, se activaba la corteza cingulada anterior dorsal, una región asociada al dolor físico. Pero cuando esa persona envidiada sufría una desgracia, la actividad se trasladaba al estriado ventral, el núcleo central del circuito de recompensa de nuestro cerebro.

En otras palabras, podemos decir que, neurológicamente, ver caer a quien envidiamos genera una recompensa genuina. Sin embargo, estudios fundamentales como los de la neurocientífica Tania Singer matizan esto al apuntar que estas respuestas no surgen porque tengamos un “gen de la maldad” o una “hormona de la felicidad” sádica, sino porque nuestras redes cerebrales están constantemente monitorizando la comparación social y la justicia percibida.

El termostato de la empatía. Si la schadenfreude fuera pura crueldad, nos reiríamos de las desgracias de nuestros seres queridos, y no lo hacemos en realidad. Aquí es donde entra un trabajo de investigación que demostró que el placer ante el fracaso ajeno se dispara bajo condiciones muy específicas. 

Por ejemplo, cuando una persona es percibida como un rival, cuando se tiene un estatus superior o cuando representa una amenaza para nuestra autoestima, es cuando sentimos este placer cuando comete algún tipo de error. Es por ello que la schadenfreude es el reverso oscuro de la empatía, ya que nuestra capacidad de empatizar se “apaga” temporalmente cuando el sufrimiento del otro equilibra una balanza que considerábamos injusta o cuando reafirma la posición de nuestra “tribu”.

Desde niños. Esta no es una reacción que aparece en la edad adulta, sino que en experimentos con niños pequeños han demostrado que también existe esta respuesta de alegría ante un evento de este tipo, especialmente en contextos de desigualdad. Por ejemplo, si un niño ve que otro recibe un trato injustamente favorable y luego este último sufre un pequeño percance, el primer niño muestra signos de satisfacción. 

Imágenes | Alexey Demidov 

En Xataka | La ciencia siguió a 184 adolescentes 25 años para averiguar el origen de la empatía. Esperemos no pase lo mismo con la maldad

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es una reacción muy “humana”

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Está documentado. Esta reacción para la ciencia tiene un nombre específico, que es ‘schadenfreude‘, que viene del alemán Schaden, daño, y Freude, alegría. Y la evidencia académica nos advierte que reducirla a una simple “maldad” o, por el contrario, a una reacción inofensiva, es ignorar el fascinante cableado de nuestro cerebro social.

Entendiéndola. Para entender la schadenfreude no hay que mirar a los manuales de psiquiatría buscando un trastorno clínico, sino a las resonancias magnéticas funcionales. Y en esto mismo se basó una investigación publicada en el año 2009 en la revista Science, donde los investigadores descubrieron que la envidia y la schadenfreude están íntimamente conectadas en el cerebro.

Lo que pasa en el cerebro. De esta manera, se pudo ver que cuando las personas estudiadas sentían envidia, se activaba la corteza cingulada anterior dorsal, una región asociada al dolor físico. Pero cuando esa persona envidiada sufría una desgracia, la actividad se trasladaba al estriado ventral, el núcleo central del circuito de recompensa de nuestro cerebro.

En otras palabras, podemos decir que, neurológicamente, ver caer a quien envidiamos genera una recompensa genuina. Sin embargo, estudios fundamentales como los de la neurocientífica Tania Singer matizan esto al apuntar que estas respuestas no surgen porque tengamos un “gen de la maldad” o una “hormona de la felicidad” sádica, sino porque nuestras redes cerebrales están constantemente monitorizando la comparación social y la justicia percibida.

El termostato de la empatía. Si la schadenfreude fuera pura crueldad, nos reiríamos de las desgracias de nuestros seres queridos, y no lo hacemos en realidad. Aquí es donde entra un trabajo de investigación que demostró que el placer ante el fracaso ajeno se dispara bajo condiciones muy específicas. 

Por ejemplo, cuando una persona es percibida como un rival, cuando se tiene un estatus superior o cuando representa una amenaza para nuestra autoestima, es cuando sentimos este placer cuando comete algún tipo de error. Es por ello que la schadenfreude es el reverso oscuro de la empatía, ya que nuestra capacidad de empatizar se “apaga” temporalmente cuando el sufrimiento del otro equilibra una balanza que considerábamos injusta o cuando reafirma la posición de nuestra “tribu”.

Desde niños. Esta no es una reacción que aparece en la edad adulta, sino que en experimentos con niños pequeños han demostrado que también existe esta respuesta de alegría ante un evento de este tipo, especialmente en contextos de desigualdad. Por ejemplo, si un niño ve que otro recibe un trato injustamente favorable y luego este último sufre un pequeño percance, el primer niño muestra signos de satisfacción. 

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