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México ya está haciendo cuentas de cómo le afectarían los aranceles de Trump. Y tienen un aspecto inquietante

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México es uno de los países que más exportan en el mundo. Con una participación del 2,5% en el mercado global en 2023, no es sólo uno de los grandes jugadores en la actualidad, sino el mayor exportador de productos a Estados Unidos. Los aranceles y la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China han provocado que México tome el relevo del país asiático, pero es algo que puede cambiar de un plumazo.

¿El motivo? Los aranceles del 25% que Donald Trump podría imponer a sus principales socios comerciales. Y eso es algo que pondría en jaque las 10 exportaciones más importantes de México a Estados Unidos.

La amenaza. Trump tiene varios países en el punto de mira. China por descontado, con nuevos aranceles. También Europa, pero sus vecinos México y Canadá tampoco se libran de las amenazas. Entre los tres, suman más del 43% de las importaciones de Estados Unidos y, concretando, México se llevó la mayor parte del pastel con el 15,4% de las mismas.

En esta guerra comercial 2.0, la amenaza es directa y algo que busca detener el magnate y futuro presidente es, entre otras cosas, la llegada de inmigrantes ilegales, pero también parece echar la culpa a México y Canadá de la epidemia de fentanilo en las calles de algunas ciudades estadounidenses.

“Tanto México como Canadá tienen el derecho absoluto y el poder para resolver fácilmente este problema que ha estado latente durante mucho tiempo. Por este medio exigimos que usen este poder, y hasta que lo hagan, es hora de que paguen un precio muy alto”, comentó Trump.

TOP 10 de exportaciones. No está claro que Trump vaya a imponer los aranceles, pero por si acaso, los países ya se están preparando. No en vano, si atendemos al gráfico elaborado por BBC en el que, con datos de la Secretaría de Economía de México, se exponen las 10 principales exportaciones de México a Estados Unidos. Son las siguientes:

exportación en millones de dólares

Partes de vehículos

35,98

Automóviles

35,75

Tractocamiones

31,8

Equipos de computación

27,08

Cables

16

Tractores

12,25

Instrumental médico

12,18

Teléfonos móviles

11,12

Monitores y proyectores

10,62

Controles para energía eléctrica

7,42

Guantazo a la economía. Para México, aranceles altos supondría un duro golpe debido a que ocho de cada diez productos fabricados en México se envían al vecino del norte. Al margen de los que aparecen en la tabla, hay industrias como la de mobiliario (9.400 millones de dólares), frutas y vegetales (12.000 millones de dólares), bebidas alcohólicas como la cerveza o el tequila (3.500 millones de dólares) o la del pan (2.360 millones de dólares) que dependen en gran medida de ese comercio exterior.

Peor para ellos. Marcelo Ebrard es el Secretario de Economía de México y, hace unos días, expuso que esto sería grave para el país, pero también para la propia Estados Unidos. Describió un futuro con esos aranceles del 25% como “un tiro en el pie” para algunas industrias y considera que, cuando Trump dice que va a poner un arancel del 25% a México, lo que realmente está diciendo es “vamos a poner un impuesto del 25% a las empresas norteamericanas más importantes del mundo porque producen en México”.

Habló, sobre todo, de la industria del automóvil, uno de los músculos comerciales entre ambos países. Ebrard comentó que el 88% de las pickups estadounidenses (un tipo de vehículo que les encanta) se fabrica en México, perteneciendo en su mayoría a los tres principales grupos estadounidenses (GM, Ford y Stellantis) y que esos aranceles harían que el precio para el comprador estadounidense aumentara en unos 3.000 dólares por unidad.

Tendiendo la mano. Al margen de Marcelo, la actual presidenta de México, Claudia Sheinbaum, también habló de este asunto. Comentó que hay dos alternativas: crear una región fuerte y competitiva para competir contra otras o empezar una guerra arancelaria. Lo que tiene claro es que no se quedarían de brazos cruzados si Estados Unidos comienza la batalla:

“Si nos ponen una tarifa, nosotros pondremos otra y Canadá otra. Va a ser una contienda de nunca acabar”, comentó Sheinbaum. Además, tanto ella como el canciller Mexicano hablaron recientemente con Donald Trump para abordar esos motivos que preocupan al líder estadounidense, como la estrategia de ambos países para el fenómeno de la migración y medidas para atajar el consumo de fentanilo.

Truncando los planes de China. La estrategia proteccionista estadounidense es clara, pero los planes de Trump, aunque agresivos, se encuadran dentro de una serie de acciones que Estados Unidos ya está llevando a cabo. Un ejemplo es la traca final de Biden contra China, un nuevo y brutal golpe a su industria de semiconductores, y aparte de las crisis migratorias, una posible explicación a las agresivas intenciones de Musk con México puede ser la alianza entre el país y China.

El comercio entre ambos se ha disparado en 2024 y conocidos son los planes de China de utilizar México como la puerta de entrada para sus productos en Estados Unidos, algo que con los aranceles sería mucho más complicado. De todos modos, veremos qué ocurre cuando Trump ocupe el sillón de la Casa Blanca y si sus primeros meses de mandato se transforman en una tormenta arancelaria con… todo el mundo.

Imagen | Stan Shebs

En Xataka | La victoria de Trump impulsa la migración inversa: el éxodo de estadounidenses que buscan “visados dorados” en Europa y el Caribe

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es que nos estamos rindiendo a ella

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A medida que la inteligencia artificial se va integrando en nuestras vidas, hay una pregunta que va adquiriendo más relevancia.  ¿Está la IA volviéndonos tontos? Quizás tontos no sea la palabra adecuada, sino más bien vagos, o al menos es la dirección en la que apunta un reciente estudio de la Universidad de Pensilvania.

Rendición cognitiva. Es como han llamado al fenómeno que surge cuando usamos la IA “con un escrutinio mínimo, anulando la intuición y la deliberación”.  Los investigadores realizaron tres experimentos en los que los participantes debían responder tests de reflexión cognitiva, en los que la respuesta intuitiva tiende a ser errónea y la deliberada es correcta (preguntas trampa, vaya). Un grupo sólo podía usar su cerebro y el otro tenía acceso a ChatGPT, aunque estaba manipulado para que la mitad de las veces fallara a propósito.

El resultado fue que, cuando la IA daba una respuesta incorrecta, las personas la copiaban el 80% de las veces. Y lo que es peor: la seguridad de los participantes que tenían acceso a la IA era superior a pesar de estar acumulando respuestas incorrectas. Dicho de otro modo, los participantes hicieron suya la gran seguridad con la que la IA formulaba sus respuestas y dejaron de comprobar si eran correctas. 

Un nuevo sistema . El estudio toma como punto de partida la teoría del sistema 1 y sistema 2 de Daniel Kahneman, en la que el sistema 1 es el pensamiento rápido o intuición y el sistema 2 es el pensamiento lento o deliberación. El problema de esta teoría, especialmente en el momento actual, es que ignora el hecho de que cada vez más estamos delegando el proceso cognitivo a la IA generativa. Por tanto, los investigadores proponen añadir un tercer sistema, al que han llamado “cognición artificial” y que hace referencia al pensamiento o razonamiento que ocurre fuera de nuestra mente, es decir, en la IA.

Rendirnos o delegar. El estudio hace una distinción entre la rendición cognitiva y la descarga cognitiva, es decir, no es lo mismo aceptar sin más lo que nos dice la IA, que usarla como una herramienta de ayuda. Lo primero sería usar el sistema 3 con un poco del sistema 1 (intuición), mientras que su uso como herramienta también implica el uso del sistema 2 (deliberación o razonamiento). Usar la IA para delegar ciertas tareas es comparable a usar una calculadora o buscar algo en Google. En el experimento, un 73% aceptó las respuestas equivocadas (se rindió) y  un 17% la corrigió (delegó en ella, pero sin aceptar a ciegas lo que decía). 

Los investigadores advierten que la rendición cognitiva puede erosionar el pensamiento crítico y hacer que perdamos la costumbre de desconfiar y comprobar las cosas por nosotros mismos.

La deuda cognitiva. En junio de 2025 se viralizó un estudio del MIT llamado “Tu cerebro en ChatGPT: acumulación de deuda cognitiva al utilizar un asistente de IA al escribir un ensayo”. En el experimento, monitorizaron a los participantes mediante encefalografía mientras realizaban la tarea. Los resultados fueron que el grupo que usó ChatGPT dio los peores resultados de actividad cerebral y se fue haciendo más perezoso conforme avanzaba la prueba. 

La IA no nos hace tontos. A lo largo de los años han surgido muchos estudios que buscaban comprobar si la tecnología está mermando nuestras capacidades, pero también hay otros que apuntan a todo lo contrario. Volviendo al estudio del MIT, tiene sentido que haya menos actividad cerebral si estamos usando una herramienta de apoyo (y además una tan potente como la IA). También habrá menos actividad si usamos una calculadora que si hacemos las operaciones a mano, pero no significa necesariamente que seamos peores en matemáticas. Eso sí, si necesitamos la calculadora para sumar 2+2, ahí  tenemos un problema. 

La clave no está en si usar la IA nos hace tontos, sino en cómo la usamos, si nos rendimos a ella o si delegamos en ella.

Imagen | Andrea Piacquadio, Pexels

En Xataka | EEUU está obsesionada con alcanzar la Inteligencia Artificial General antes que China. A China no podría importarle menos

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Alemania quiso comprobar si trabajar cuatro días a la semana era eficiente. El 70% de las empresas piensa que sí

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La semana laboral de cuatro días arrancó en Alemania como un experimento para buscar la máxima productividad de las empresas sin que ello repercuta en una plantilla agotada y sin capacidad de conciliación familiar. Dos años después del inicio de esa prueba, los datos confirman que para las empresas que participaron no fue una simple prueba, sino que se ha materializado en un cambio en la forma de trabajar que muchas compañías han decidido consolidar.

Ahora se ha concluído el informe de seguimiento elaborado por investigadores de la Universidad de Münster junto a la consultora 4 Day Week Global. En él se analiza qué ha ocurrido tras la prueba piloto que comenzó en 2024 y qué efectos posteriores ha tenido. La conclusión principal es que alrededor del 70% de las empresas que participaron en aquella prueba sigue aplicando algún modelo de reducción de jornada un año más tarde.

Una formula conocida y una muestra variada. El proyecto original de semana de cuatro días en Alemania articuló en torno al modelo 100-80-100: 100% del salario, 80% del tiempo y 100% de la productividad. Este modelo de reducción de jornada es que el mismo que se llevó a cabo en Valencia en 2023, Portugal o Reino Unido.

En la fase inicial participaron 45 empresas de distintos sectores, dedicadas a la manufactura, seguros, tecnología, medios de comunicación, comercio o educación. Además, para que fueran lo más representativas posible del tejido industrial alemán, se eligieron empresas de distintos tamaños: desde microempresas de 1 a 9 empleados, a grandes compañías con más de 250 empleados.

Los primeros datos ya daban pistas. Los investigadores han ido recopilando datos de las empresas participantes y de sus empleados desde el primer día. A los pocos meses de iniciarse la prueba las empresas estaban encantadas con los resultados, hasta el punto de que en los resultados preliminares, el 73% aseguraba que no volvería a la semana tradicional de cinco días. El nuevo informe aporta la perspectiva que da el tiempo y si aquel ímpetu inicial se ha consolidado.

Dos años después del inicio de la prueba, siete de cada diez empresas que participaron en la prueba no solo mantienen el modelo de jornada laboral de cuatro días, sino que la han integrado en su funcionamiento habitual.

Más que cuatro días: reducción flexible del tiempo de trabajo. Uno de los hallazgos más interesantes del seguimiento es que el modelo de semana laboral de cuatro días ha evolucionado y cada organización la ha implementado adaptándola a sus necesidades. No todas las empresas han optado por una semana laboral de lunes a jueves.

En torno al 22% de las empresas participantes ha adaptado el esquema inicial hacia fórmulas más flexibles: reducción de horas anuales, semanas alternas o ajustes internos según carga de trabajo. El propio informe habla ya menos de “semana de cuatro días” y más de “reducción del tiempo de trabajo“. La etiqueta importa menos que el rediseño de la jornada de trabajo y la eliminación de tareas superfluas, menos reuniones innecesarias y mayor autonomía de los equipos.

Sin impacto en los beneficios o la productividad. En términos empresariales, la prueba alemana ha sido un éxito ya que, pese a haberse mantenido un 80% de la jornada inicial, no se han registrado caídas ni en el nivel de beneficios ni en la productividad o se mejoró ligeramente con respecto al punto de partida. Es decir, que han conseguido hacer lo mismo en menos tiempo.

En lo que sí tuvo un fuerte impacto fue en el bienestar de los empleados, donde el 90% reportaba mejoras en el equilibrio entre vida personal y profesional. Como resultado de esa mejora, los empleados afirmaban sentir menos estrés y un mayor compromiso con la empresa. El 38% de las empresas indicaron que las bajas laborales y el absentismo laboral de sus empleados se habían reducido, mientras que el 56% aseguró no haber detectado cambios.

Luces y sombras en la reducción de jornada. También se observaron avances en satisfacción laboral y en la percepción de la empresa como lugar atractivo para trabajar. El estudio señala que el 87% de las empresas detectaron mejoras en la retención de talento. Por su parte, el 75% aseguraba que sus empresas ahora tenían mayor capacidad de atracción de talento en procesos de selección. Esto, en un escenario de escasez de mano de obra, supone una ventaja competitiva.

No obstante, al igual que sucedió en otras pruebas de la semana laboral de cuatro días, no todas las empresas han seguido la misma evolución. Cerca de un 30% dejó de aplicar el esquema inicial o volvió a la semana tradicional de cinco días. Las razones principales fueron operativas, dificultades para coordinarse con sus clientes, picos de trabajo difíciles de absorber o estructuras internas poco flexibles.

En Xataka | Los empleados en España despejan dudas: trabajar menos días es mejor que trabajar menos horas, según una encuesta

En Xataka | España ya tiene su primer municipio con semana laboral de cuatro días. No está en Madrid ni Barcelona, sino en un rincón de Cádiz

Imagen | Unsplash (Gonzalo Leon Jasin, Josue Isai Ramos Figueroa)

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Muere a los 71 años el actor Robert Carradine, padre de “Lizzie McGuire” y protagonista de “La revancha de los novatos”

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- El actor Robert Carradine, miembro del clan Carradine y conocido por su participación en la serie de televisión “Lizzie McGuire”, falleció a los 71 años tras suicidarse, según publica Deadline.

“En un mundo que puede parecer tan oscuro, Bobby siempre fue un faro de luz para quienes lo rodeaban. Estamos desconsolados por la pérdida de esta hermosa alma y queremos reconocer la valiente lucha de Bobby durante casi dos décadas contra el trastorno bipolar”, señala la familia en un comunicado remitido al medio estadounidense.

“Esperamos que su experiencia pueda arrojar luz y animar a abordar el estigma asociado con las enfermedades mentales“, concluyen.

Su hermano mayor, Keith Carradine explicó al medio estadounidense que Robert “luchó durante dos décadas contra el trastorno bipolar, que finalmente lo venció”.

“No hay nada de qué avergonzarse —dijo—. Fue una enfermedad que lo venció, y quiero celebrar su lucha contra ella y celebrar su hermosa alma -señaló-. Tenía un don inmenso y lo extrañaremos cada día. Nos consolará lo gracioso que podía ser, lo sabio, comprensivo y tolerante que era. Así era mi hermano pequeño”.

Nacido el 24 de marzo de 1954, Carradine era el hijo menor del actor John Carradine y hermano de los actores David Carradine y Keith Carradine. Fue conocido por el gran público con el personaje de Sam McGuire, el padre de la serie “Lizzie McGuire”, protagonizada por Hilary Duff.

Debutó en la gran pantalla en 1972 junto a John Wayne en “The Cowboys”, un papel para el que su hermano David le animó y le convenció para acudir a la audición diciéndole que “tenía todo que ganar y nada que perder”.

Posteriormente, apareció en la película ganadora del Oscar , “Coming Home” (“El regreso”, 1978), dirigida por Hal Ashby y junto a Jane Fonda y Jon Voight. A esta actuación le siguió un papel menor en “Mean Streets” (“Malas Calles”) de Martin Scorsese en 1973.

El actor también participó en el western “The Long Riders” (“Forajidos de Leyenda”, 1980) y el film “Revenge of the Nerds” (“La revancha de los novatos”, 1984). 

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