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El híbrido enchufable es el caballo de Troya de China. Mirábamos al coche eléctrico y su gran arma era el motor de combustión

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Estaba a punto de acabarse el tiempo que la propia Unión Europea se había dado para decidir sobre los aranceles al coche eléctrico chino cuando la Comisión Europea confirmó que éstos pasaban a activarse. Como medida de negociación, señalaron que los derechos compensatorios cobrados hasta entonces se devolvían pero no así lo recaudado a partir del 31 de octubre.

El motivo para poner en marcha estos aranceles estaba, según la Unión Europea, en el dopaje que el Estado chino presta a sus compañías locales y a las que allí producen (incluidas occidentales, como Tesla, Volkswagen o BMW que también se han beneficiado de sus subsidios o fabrican asociados a empresas que los han recibido).

Este dopaje les permitía, según sus cuentas, poner en el mercado coches eléctricos a un precio inferior que el resto de competidores europeos. Una ventaja que no se considera justa porque estarían ofreciendo precios más bajos simplemente por contar con ese empujón del Gobierno chino, no por contar con una ventaja competitiva real.

Europa se centró, por tanto, en la tecnología que debería liderar el futuro del sector del automóvil en el futuro. Con las medidas que se han ido tomando (prohibición de 2035 de vender motores de combustión que no sean neutros en carbono pero, por supuesto, los nuevos límites de emisiones para 2030 y 2025), el interés de Europa se ha centrado en que los fabricantes chinos no ganen una cuota de mercado ahora que los pongan en una ventaja competitiva antes de popularizar la tecnología.

Datos que no son optimistas

Según los últimos datos de ACEA, la cuota de mercado del coche eléctrico se ha reducido ligeramente en lo que llevamos de año. En 2023, entre enero y octubre el 14% de los coches vendidos eran eléctricos. Entre enero y octubre de 2024 (últimos datos disponibles) ese porcentaje se ha reducido al 13,1%.

Un descenso que llega impulsado por Alemania especialmente. El país germano lleva un año complicado. Cuando 2023 llegaba a su fin, la Justicia acabó de golpe con todas las ayudas al coche eléctrico de la noche a la mañana. Sin el impulso gibernamental, sus ventas se han resentido en una economía que no marcha.

Para hacernos una idea del descalabro, en toda la Unión Europea se han vendido 1.172.737 de coches eléctricos entre enero y octubre de este año, por los 1.232.937 coches movidos por esta tecnología en el mismo periodo de 2023. Una caída de 60.200 unidades. En Alemania, el principal mercado de Europa para el eléctrico, la caída hasta ahora es del 26,6%.

Entre enero y octubre de 2023, en Alemania se vendieron 424.623 coches eléctricos. Este año, las ventas se han quedado en 311.881 matriculaciones. Es decir, se han dejado de vender casi 113.000 unidades en diez meses. Casi el doble de la caída total que al suma del resto de mercados.

Pese a que el crecimiento en países como Francia (segundo mercado del coche eléctrico), Bélgica o Países Bajos sigue creciendo, los datos dicen que uno de los principales inconvenientes para seguir apuntalando sus ventas es el alto precio. La cuota de mercado en países con menor poder adquisitivo, el coche eléctrico sigue estando muy por debajo del 10% y, en algunos países como España, lidian con una cuota de mercado del 5%.

La red de recarga y el poder adquisitivo siguen siendo claves para que los conductores abracen esta tecnología. Y a esos dos problemas está dando respuesta China. Porque la mirada se ha puesto en los eléctricos hasta ahora.

Pero, ¿y si Europa ha errado el tiro?

¿Ha apuntado a donde no tocaba?

Los híbridos enchufables chinos pueden ser el caballo de Troya con el que Europa no contaba.

Los coches que necesitamos

Con estos condicionantes, los fabricantes chinos han puesto su ojo en Europa para vender sus eléctricos pero, por supuesto, también otras tecnologías con las que claramente pueden ganar cuota de mercado.

Conscientes de que en Europa siguen haciendo falta coches con motores de combustión a un precio asequible, MG o BYD tienen un buen nicho de mercado que conquistar. Tanto con vehículos electrificados como los no electrificados. ACEA no ofrece los datos de ventas de BYD pero sí podemos esperar un aumento muy significativo de ventas en este 2023 con la llegada de nuevos modelos entre los que se encuentran los híbridos enchufables.

Sí sabemos que en España, la compañía ha vendido entre enero y noviembre de 2024 un total de 4.047 unidades, según datos de ANFAC. No es una cifra, ni mucho menos, de superventas, pero sí está por encima de Alfa Romeo (2.569 unidades), DS (3.721 unidades) u Honda (3.438 unidades). Y a la par que Mitsubishi, que ha vendido 4.638 unidades.

Y la cuota de mercado sigue aumentando entre los modelos que tienen modelos no electrificados. Omoda y MG son el mejor ejemplo que los coches poco o nada electrificados a un precio muy bajo tienen un enorme espacio que ganar. ACA no entrega datos de Chery en Europa pero Omoda en España se ha ido a 6.893 matriculaciones en lo que llevamos de año. Además de los casos anteriores, se sitúa a la par que Suzuki y MINI (6.083 y 6.867 unidades, respectivamente).

El caso de MG es el más llamativo. En España ha colocado en lo que llevamos de año 27.336, un poco más que las 25.861 matriculaciones del año pasado entre enero y noviembre. Mazda, Fiat, Ford, Volvo y hasta Opel han vendido menos coches que MG.

Omoda y MG ya venden más coches eléctricos que marcas asentadas hace décadas en España como Mazda, Fiat, Ford u Opel

En Europa, ACEA entrega los datos de SAIC como grupo, donde MG es su marca cabecera. Sus ventas han pasado de 184.758 unidades entre enero y octubre de 2023 a 197.625 en el mismo periodo de 2024. En Europa (a pesar de encontrarse en la zona baja de la tabla), Suzuki, Mazda, Jaguar Land Rover, Honda y Mitsubishi han vendido menos unidades.

Con esta fotografía, los fabricantes chinos saben que el motor de combustión no electrificado y el híbrido enchufable son claves. En primer lugar porque los motores de combustión sin electrificar les hace ganarse el favor de un público que ha perdido apoyo en los últimos años. Los coches son ahora mucho más caros que hace un lustro, la oferta es más reducida y los fabricantes europeos están dándoles la espalda porque son más caros de fabricar y menos rentables en sus ventas.

A esto se suma un híbrido enchufable altamente competitivo. Los lanzamientos de BYD apuntan a este mercado y le ha permitido superar a Honda o Ford en los últimos tiempos, ya que las ventas de esta tecnología en todo el mundo le han permitido crecer un 70% respecto al año anterior.

El híbrido enchufable es esencial en china donde más y más público se está sumando en los últimos meses (de hecho, el Gobierno chino activó nuevas ayudas a la compra de eléctricos para dinamizar las ventas de esta tecnología). Pero también en países de Europa donde los nuevos límites de emisiones de 2025 y 2030 harán que ganen peso ya que, por su particular homologación) rebajan sensiblemente las emisiones registradas en cada grupo automovilístico.

En ese mercado, BYD tiene híbridos enchufables que prometen mil kilómetros de autonomía. Son los DM-i que utilizan una tecnología compleja para sacar el mayor rendimiento de sus baterías. Para entenderlo mejor, el motor eléctrico delantero se conecta a las ruedas de su eje pero, además, actúa como generador en las frenadas, aprovechando la frenada regenerativa para extender la autonomía eléctrica.

Hasta aquí todo normal pero sus cuatro modos de funcionamiento, como la tecnología e:HEV de Honda, le permite moverse como eléctrico puro pero, al mismo tiempo, como híbrido en serie, híbrido en paralelo o exclusivamente con el motor térmico. Los modos de conducción los varía el software en función de las exigencias del conductor.

A todo lo anterior hay que añadir que los híbridos enchufables de BYD permiten ser cargados con corriente continua lo que no es habitual en este tipo de vehículos. Honda, que monta un sistema muy similar, ofrece datos de consumo en su Honda CR-V híbrido enchufable ligeramente más bajos que los de BYD con una batería de tamaño muy similar y carece de esa carga rápida.

Pero, sobre todo, la gran diferencia está en el precio. Un Honda CR-V con su tecnología e:PHEV se vende en España por 61.760 euros. El BYD Seal U DM-i que es ligeramente más grande, más potente y empata en consumo y autonomía eléctrica se queda en 37.290 euros. Además, el modelo de BYD puede sumar una ayuda de hasta 5.000 euros con el Plan MOVES III, porque se queda por debajo de los 45.000 euros antes de impuestos. El Honda no disfruta de esta ventaja.

De hecho, si filtramos coches híbridos enchufables entre 4,65 y 4,80 metros de largo, MG y BYD destacan por ser mucho más baratos que el resto de sus rivales. El MG HS híbrido enchufable se puede comprar por 35.780 euros y el BYD Seal U DM-i por los anteriormente mencionados 37.290 euros.

Por encima, solo el Cupra Leon Sportstourer se queda por debajo de la barrera de los 40.000 euros. Opciones como el Skoda Kodiaq, Opel Grandland o Peugeot 408 se venden por encima de los 42.000 y 43.000 euros, siendo estas dos últimas opciones sensiblemente más pequeñas que las opciones de MG o BYD. Salvo el Skoda, el primer SUV híbrido enchufable por encima de los 4,70 metros es el Mitsubishi Outlander y ya hablamos de más de 48.000 euros.

Son solo algunos ejemplos de cómo China tiene un nicho de mercado enorme para conquistar en Europa. La Unión Europea se ha centrado en frenar el coche eléctrico chino pero, quizás, ha errado el tiro perdiendo de vista que el híbrido enchufable es una tecnología que está por crecer y la combustión pura no está muerta. Y en ambos casos, los fabricantes chinos tienen opciones mucho más baratas y asequibles que los europeos.

Foto | BYD

En Xataka | Europa se ha propuesto vendernos coches eléctricos y China se frota las manos: ya fabrica el 76% de los vendidos en todo el mundo

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la genética apunta a que los machos neandertales preferían a las humanas

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Desde hace años sabemos que las poblaciones no africanas actuales conservan entre un 1 y un 4% de ADN neandertal como herencia de los cruces prehistóricos que existieron. Sin embargo, al observar nuestro cromosoma X (que determina el sexo), los genetistas se encontraban repetidamente con un vacío absoluto, un fenómeno que ha sido bautizado como ‘desierto neandertal‘ puesto que no había nada de ADN antiguo. Y la pregunta aquí es bastante obvia: ¿Por qué la huella de esta especie desapareció de nuestro cromosoma sexual, pero no del resto de cromosomas? 

El dato clave. A partir de aquí la ciencia comenzó a investigar, y un nuevo artículo publicado en Science propone una respuesta mucho más centrada en la demografía: el sexo entre ambas especies tuvo un fuertísimo sesgo de género. Es decir, que el hecho de que un miembro de cada especie tuviera relaciones sexuales con una gran frecuencia ha llegado hasta nuestros días con esta huella genética. 

Cómo se sabe. Lo que se hizo para poder ver qué pasó con el material genético y su paso entre generaciones dentro de las poblaciones neandertales fue simplemente analizar genomas. En concreto, el ADN de mujeres de poblaciones africanas actuales, que no tienen ninguna genética neandertal, y los compararon con genomas de neandertales femeninas, principalmente la neandertal de Altai, pero también especímenes de Chagyrskaya y Vindija. 

El resultado. Aquí los investigadores se percataron de que el cromosoma X de las neandertales analizadas presentaba una gran cantidad de ADN que provenía del Homo sapiens. En concreto, se vio un exceso del 62% en comparación con el resto de cromosomas del organismo. 

Esto lo único que confirma es que el intercambio genético entre ambas especies no fue un cambio de un solo sentido, sino que se enriquecieron las dos partes, haciendo que los neandertales también tuvieran ADN sapiens, pero en proporciones diferentes. 

Cuestión de preferencias. ¿Cómo se explica una asimetría tan brutal en los cromosomas sexuales? Hasta ahora, la hipótesis más acertada para justificar nuestro “desierto neandertal” era la incompatibilidad biológica entre especies. Aquí se pensaba que los híbridos masculinos sufrían problemas de fertilidad o viabilidad si recibían este ADN, lo que provocaba una selección negativa de genes testiculares que borraba la huella neandertal de nuestros cromosomas X. 

Sin embargo, la ciencia ahora ha descartado que este exceso del 62% en el lado neandertal se deba a que el ADN sapiens les aportara una ventaja evolutiva, puesto que acabaron desapareciendo de una manera hasta ahora inexplicable. 

La conclusión. Todo apunta aquí a que hubo un sesgo sexual extremo en el mestizaje. Es decir, que los cruces se produjeron de forma abrumadoramente mayoritaria entre machos neandertales y hembras Homo sapiens, y siempre con este patrón. 

Esta preferencia de apareamiento persistente a lo largo de las generaciones, donde los machos neandertales preferían a las hembras sapiens, y la descendencia híbrida resultante también era “preferida” en las dinámicas de grupo. De esta manera estamos ante la pieza que encaja en el puzzle bidireccional de nuestra historia evolutiva.

Hay matices. Como ya es habitual, siempre hay un ‘pero’ en estas historias. En este caso, los investigadores apuntan que, aunque la genética es bastante clara, la interpretación conductual tiene matices, puesto que el patrón que vemos hoy podría ser resultado de una mezcla de factores. 

Uno de ellos es que las sociedades donde las mujeres sapiens abandonaban su tribu para integrarse en los clanes de sus parejas neandertales, introduciendo su cromosoma X en el acervo genético de la otra especie. 

Imágenes | Jan Jakubowski

En Xataka | La extinción de los neandertales siempre ha sido un misterio. La ciencia cree ahora que siguen con nosotros

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Zuckerberg en la primera fila de Prada parece un error en Matrix, pero en realidad es la mayor declaración de intenciones de Meta

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Cualquier asistente asiduo a la Semana de la Moda de Milán sabe qué esperar en la primera fila: un ecosistema perfectamente coreografiado de ídolos del K-pop, estrellas de internet y actores de Hollywood con contratos millonarios. Sin embargo, en la presentación de la colección femenina de Prada Otoño/Invierno 2026, apareció una figura que a primera vista parecía un error en Matrix: Mark Zuckerberg. Como señala la revista GQ, el público habitual de la moda está sufriendo una metamorfosis y la élite tecnológica está reclamando su lugar bajo los focos, tal y como demostró la aparición de Jeff Bezos en el debut de Jonathan Anderson para Dior.

Sin embargo, el fundador de Meta no terminó de mimetizarse con el entorno. Como describió The Times con cierta ironía británica, Zuckerberg lucía tenso frente a los flashes, como “alguien que alguna vez escuchó hablar del concepto de sentarse en un banco, pero nunca lo ha intentado”, extendiendo torpemente los dedos sobre sus pantalones y sin saber muy bien hacia dónde mirar mientras las modelos desfilaban.

¿Pero qué está haciendo la élite de Silicon Valley ahí? A pesar de su reciente cambio de imagen —que algunos han bautizado como el Zuckaissance, dejando atrás su uniforme de camisetas grises por prendas de Balenciaga y cadenas doradas—, su presencia en Milán no responde a un mero capricho de turista de compras. Es un movimiento de ajedrez corporativo de primer nivel.

Según detalla The Times, la clave estaba en la disposición de los asientos (el codiciado Frow o front row). Zuckerberg no fue colocado junto a cualquier celebridad al azar, sino estratégicamente hombro con hombro con Lorenzo Bertelli, director de marketing de Prada e hijo de la diseñadora Miuccia Prada. A su lado, su esposa, Priscilla Chan, compartía confidencias nada menos que con Andrea Guerra, director ejecutivo de la marca italiana. Además, cumplieron con los deberes estéticos cambiando totalmente su estilo por la sobriedad de Prada. 

La alta costura como caballo de Troya. Toda esta coreografía social apunta en una única dirección comercial. Según recoge la CNBC, Meta y Prada están colaborando estrechamente para lanzar unas gafas inteligentes de lujo con inteligencia artificial. El puente corporativo que une Silicon Valley con Milán ya está construido. Meta lleva años colaborando con éxito con EssilorLuxottica, el gigante franco-italiano que fabrica las actuales Ray-Ban Meta. Unas gafas que, por cierto, alcanzaron la nada desdeñable cifra de 7 millones de unidades vendidas en 2025. Dado que EssilorLuxottica acaba de renovar su acuerdo de licencia con Prada hasta la década de 2030, la triangulación del negocio es evidente.

El objetivo de esta maniobra es legitimar la tecnología de vigilancia personal a través de la exclusividad. Como explica TechCrunch, llevar la IA a la alta costura cubre un nicho que marcas más deportivas o casuales como Oakley y Ray-Ban no pueden alcanzar. Consolidar estas gafas como un símbolo de estatus y lujo es el paso definitivo para beneficiar la imagen global de la marca Meta.

El músculo tecnológico detrás del diseño. Para que un producto de Prada tenga sentido, la tecnología interior no puede fallar, y aquí es donde los medios especializados en tecnología aportan el contexto crucial. Como explica un análisis en profundidad de mi compañero Lacort en Xataka, el hardware de las actuales Ray-Ban Meta es brillante —fantásticas como altavoces y geniales como cámara discreta—, pero su software es el eslabón débil. Su asistente “Meta AI” se siente actualmente como un “becario despistado” que sufre de falta de contexto y respuestas erráticas.

Para solucionar esto y estar a la altura de una etiqueta de lujo, Meta ha sacado la chequera. Otro reciente reportaje de Xataka detalla que la compañía acaba de firmar un acuerdo milmillonario con NVIDIA para adquirir su nueva generación de infraestructura de servidores (la arquitectura Rubin y procesadores Grace). Mark Zuckerberg sabe que para vender las gafas del futuro necesita alcanzar lo que llama la “superinteligencia personal”, procesando datos en tiempo real sin los fallos actuales, cueste lo que cueste.

El elefante en la habitación. A pesar del cambio de look y la inversión multimillonaria, Meta se enfrenta a un desafío que la moda no puede ocultar fácilmente. Apenas unos días antes de sentarse en la pasarela, el dueño de Meta estaba testificando en un tribunal de Los Ángeles en un juicio histórico sobre la adicción a las redes sociales. Lo más irónico de todo es que la jueza amenazó con declarar a su equipo en desacato por presentarse en la sala con gafas Meta equipadas con cámara, en un lugar donde grabar está prohibido.

Como advierte TechCrunch, las gafas de Prada llegarán en un momento de creciente rechazo ciudadano hacia los dispositivos de vigilancia constante. La sociedad está empezando a reaccionar contra la tecnología invasiva. El rechazo es tan real que, como subraya el medio, ya existe un desarrollador que ha creado una aplicación móvil exclusivamente para avisarte si alguien a tu alrededor lleva puestas gafas con IA. Esto plantea serias dudas sobre si Meta se atreverá a incorporar funciones polémicas como el reconocimiento facial, algo que The New York Times ya sugirió que estaba en estudio.

¿El diablo viste de Prada? Al final del desfile, un detalle no pasó desapercibido. Como observó Business Insider, Zuckerberg no llevó puestas sus características gafas inteligentes de Meta mientras estaba sentado en la primera fila. Y es que no le hacía falta. La fotografía de él sentado junto a la cúpula directiva de Prada era el mensaje en sí mismo. 

Silicon Valley ha comprendido finalmente que, para convencer a millones de personas de llevar una cámara, un micrófono y una IA en su rostro todos los días, el diseño importa tanto como los microchips. La próxima gran revolución tecnológica no se anunciará en un aséptico auditorio de California con un presentador en vaqueros; se está decidiendo ahora mismo, bajo los focos de la pasarela de Milán.

Imagen | José Goulão y Mark Zuckerberg

Xataka | AMD quiere ser la gran alternativa a NVIDIA en chips para IA, y Meta tiene un plan que involucra a las dos



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Jesús no nació en el año 1 ni el 25 de diciembre. Esto es lo que sabemos sobre su fecha real y exacta de nacimiento

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Con Jesús de Nazaret ocurre algo curioso. Pocos personajes han sido más celebrados, discutidos y revisados a lo largo de los siglos. Hoy los historiadores suelen coincidir en que (pese a que no hay evidencias materiales de su existencia) fue una figura histórica que puede enmarcarse en la Galilea de hace 2.000 años. Sin embargo y a pesar de toda la atención que ha recibido durante los últimos 20 siglos, hay ciertos datos clave de su biografía que siguen envueltos en sombras. 

Por ejemplo la fecha de su nacimiento. Y con “fecha” no nos referimos solo al día, también al año. Puestos a discutir incluso podríamos cuestionar dónde nació.

Lo habitual es pensar que Jesús llegó al mundo un 25 de diciembre en Belén de Judea y que seis días después la humanidad (al menos Occidente o el Occidente de influencia cristiana) entró en una nueva era, una en la que la historia quedó dislocada en dos etapas que aún hoy usamos en pleno siglo XXI, seamos o no cristianos: la anterior y la posterior al nacimiento de Cristo (Anno Domini).

¿Totalmente normal, no? Es decir, ¿por qué si no íbamos a celebrar cada 25 de diciembre la Navidad, palabra que parte del latín “https://www.xataka.com/magnet/nativitas” (“nacimiento”)? ¿Y por qué hablamos de años a.C. y d.C. si no es por el nacimiento de Cristo? 

La realidad es más complicada y tiene algunos claroscuros.

¿Qué sabemos del nacimiento de Jesús?

Fere
Fere

La respuesta a la pregunta anterior es muy simple: poco.

Los historiadores suelen coincidir en que hay básicamente dos fuentes para abordar el tema del nacimiento de Jesús y ambas están plasmadas en la misma obra: el Nuevo Testamento de la Biblia. Una pista nos la da el evangelista Mateo. La otra, Lucas. El problema no es solo la escasez de información, sino que ambos textos se escribieron muchas décadas después de los hechos que narran. Para ser más precisos, hacia el 80 y 90 d.C., medio siglo después de la crucifixión.

Por supuesto en el Nuevo Testamento hay textos más antiguos (como las cartas de Pablo o incluso el evangelio de Marcos, escrito hacia el 70 d.C.), pero sirven de poco si lo que nos interesa es la infancia (y sobre todo el natalicio) de Jesús.

Teniendo en cuenta las pocas referencias que hay y la importancia del tema (hablamos del nacimiento del personaje central de una de las religiones más influyentes de la historia), lo lógico sería que Mateo y Lucas coinciden en sus relatos. No es así. En sus textos ambos nos ofrecen lo que los expertos llaman “anclajes cronológicos”, referencias que nos ayudan a datar el natalicio de Jesús, pero esas pistas son escasas y no acaban de encajar del todo entre sí.

¿Qué nos dicen exactamente? Veamos.

“Y cuando Jesús nació en Belén de Judea en los días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del orienta a Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle. Al oír esto Herodes se turbó y Jerusalén con él”.

Mateo 2:2-4

“Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. 

Entonces subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David, para ser empadronado con María, su mujer, desposada con él, la que estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de dar a luz”.

Lucas 2:2-7

Aunque a priori no lo parezca, ambos pasajes ocultan una pequeña discordancia, como explica en Desperta Ferro el profesor Javier Alonso, filólogo, historiador y biblista. El evangelista Mateo (y Lucas) nos dice que Jesús nació en tiempos del rey Herodes, pero luego Lucas precisa que María salió de cuentas mientras ella y José viajaban para cumplir con el censo ordenado en tiempos de Augusto. 

Si repasamos la historia comprobamos que ambos “anclajes” chocan entre sí. Herodes el Grande, mandatario a las órdenes de Roma, gobernó Judea más o menos entre el 40 y 4 a.C, año de su muerte. En cuanto al padrón del que nos habla Lucas, los historiadores creen que coincidió con el censo realizado por Quirino en tiempos de Augusto, un hecho mencionado por Flavio Josefo.

El problema, recuerda Alonso, es que Quirino gobernó hacia el 6 d.C. la región que abarca Judea, años después de la muerte de Herodes. ¿Conclusión? Ambos evangelistas están trazando en realidad un marco temporal bastante amplio, de una década, que podría fijarse entre los años previos a la muerte del rey y 6.d.C. “Hay Una diferencia de mínimo 10 años entre Mateo y Lucas”, explica Alonso.

¿Por qué decimos que Jesús nació cuando nació?

Llegados a este punto esa es la pregunta más razonable. Si los evangelistas apuntan a un horizonte temporal que arranca varios años antes de nuestra era (Anno Domini), ¿por qué diablos decimos que Jesús nació unos días antes del I d.C.? ¿Quién y cómo fijó esa fecha? Para responder a esas cuestiones hay que remontarse unos cuantos siglos atrás, aunque sin llegar a la era de Herodes.

Nuestra atención se centrará a comienzos del V d.C., cuando a instancias del Papa el monje escita Dionisio ‘el Exiguo’ se lanzó a una tarea peliaguda: calcular la fecha del nacimiento de Cristo. Quizás suene raro que tantos siglos después los seguidores de Jesús se preocupasen de esa cuestión, pero en juego había un tema primordial: aclarar cuándo debía celebrarse la Pascua (Computus paschalis), la principal celebración de la cristiandad. Su fecha dependía de los ciclos lunares y obligaba a tener en cuenta cuestiones como los meses sinódicos y años solares.  

Dionisio echó mano de toda su erudición (y no era poca) para remontarse siglos atrás y desveló la fecha del alumbramiento de Cristo con una precisión pasmosa: finales del año 753 ad urbe condita, es decir, desde la fundación de Roma. 

Su cálculo podría haber pasado sin pena ni gloria si no fuera porque sirvió para dislocar toda la historia (al menos a ojos de Occidente) en dos etapas: a.C. y d.C., dos bloques que quedaron divididos a finales de ese año. Con su trabajo, puso la puntilla a la era diocleciana, que arrancaba con la coronación de Diocleciano.

El problema es que el monje patinó. Se supone que para sus cuentas tuvo en cuenta el reinado de Herodes I el Grande y la fecha de fundación de Roma, pero sorprendentemente le bailaron los números. Como precisa Alonso, su propuesta apunta a un momento (754 ad urbe condita) en el que Herodes ya llevaba unos cuantos años muerto, lo que choca con el evangelio de Mateo. Tampoco acaba de encajar con el Lucas poque es algo anterior al famoso censo de Quirino.

 ¿Se equivocó el sapientísimo monje bizantino? Otro misterio.

¿De dónde viene lo del 25 de diciembre?

Si el año de nacimiento de Jesús es terreno resbaladizo más aún lo es la fecha exacta, con día y mes. Sí, lo celebramos el 25 de diciembre; pero en realidad eso tiene más que ver con la estrategia política que con la historiografía. En este caso la explicación se remonta al siglo IV, en el que el Imperio abrazó el cristianismo.

Tras la convocatoria del Concilio de Nicea (325 d.C.) y sobre todo el edicto del emperador Teodosio I el Grande (380 d.C.) el cristianismo pasó a convertirse en la religión fuerte de Roma. Una cosa era sin embargo proclamar que la doctrina de Jesús de Narazet era la doctrina del Estado y otra muy distinta que el mensaje calase realmente en una población que ya tenía sus propios ritos y costumbres. Para facilitar el trance se recurrió a una vieja (y efectiva) táctica: la asimilación.

Más o menos en la época del año en la que nosotros adornamos nuestras ciudades con miles de luces led la Roma imperial celebraba sus Saturnales, una fiesta pagana celebrada en honor a Saturno y en la que abundaban también la comida, los regalos y los festejos. Eso sí, en vez de incidir en mensajes de paz y confraternidad reinaba una relajación más similar a la del carnaval.

 Al fin y al cabo coincidía con la época del año en la que los días (horas de luz) empiezan a crecer de nuevo, marcando el ‘nacimiento’ del Sol Invicto.

Christ With Beards
Christ With Beards

Para festejar ese renacimiento se reservaba una jornada especial: el 25 de diciembre. En la Roma del siglo IV que abrazó el cristianismo la asimilación fue clara y directa: si ese era el día del nacimiento del Sol, ¿no debía de ser también el día del nacimiento de Cristo? No fue solo una cuestión espontánea y popular. Las autoridades eclesiásticas, con Julio I y Liberio a la cabeza, favorecieron la idea. El natalicio de Jesús pasó a encajar así con el solsticio de invierno y las Saturnales.

¿Cuándo nació entonces Jesús?

La respuesta breve es que no podemos precisarlo. Nno sabemos el día exacto y tampoco podemos concretar el año, aunque manejamos un marco acotado si tomamos como referencia la muerte de Herodes y el censo de Quirino. 

Eso no quiere decir que la pregunta siga coleando dos milenios después. Por ejemplo, hay quien ha buscado anclajes temporales en otras etapas de la biografía de Jesús, como su crucifixión. En ella asoma el nombre de Poncio Pilatos, que ejerció su prefectura en la provincia romana de Judea entre el 26 y 36 d.C. Otra referencia valiosa es cuándo empezó a predicar, en el 15º año de Tiberio.

“Si hacemos caso a Mateo y Jesús nació en el 4 a.C., tiene sentido. Moriría en el año 30 y tendría, quizás, unos 34 años”, explica a la BBC Alonso. Lo que sabemos sobre la edad que tenía al morir y su predicación permite a algunos autores trazar un marco que coincide con los últimos años del reinado de Herodes. Hay quien ha ido incluso más allá, saliéndose de ese horizonte y apuntando a un mes en concreto: diciembre del 1 a.C., basándose en las peregrinaciones judías.

La realidad es que es complicado dar respuestas certezas. 

Y lo en parte por la mentalidad de los primeros cristianos. 

Primero porque pudieron estar tentados de incluir referencias para que el nacimiento de Jesús se ajustase mejor a las profecías. “Lo del censo de Quirino no encaja, y se entiende que Lucas lo usara como excusa para mover a unas personas que son de Nazaret, en el norte de Israel, hasta Belén, que es donde tiene que nacer el mesías, pero nada más”, señala Alonso. “Es un artificio literario”.

La otra razón es que la fecha del nacimiento de Cristo igual nos intriga a nosotros, pero desde luego no era algo que quitase el sueño a las primeras comunidades critianas, más centradas en el futuro, en la llegada de un Reino de los Cielos que se prometía inminente, que en el pasado terrenal de Jesús.

Imágenes | Wikipedia 1, 2 y 3 

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