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The Cure regresa al número uno en Reino Unido con “Songs Of A Lost World”
The Cure regresó este viernes a lo más alto de las listas de éxitos del Reino Unido después de 32 años, al colocarse en el número uno su esperado álbum “Songs Of A Lost World”.
La banda británica publicó el disco, su primer álbum de estudio en 16 años, el 1 de noviembre. Según la Official Charts Company, superó en ventas al resto de los cinco primeros álbumes de la lista de álbumes del Reino Unido.
“Es enormemente alentador y realmente reconfortante experimentar una reacción tan maravillosa al lanzamiento del nuevo álbum de The Cure”, declaró el cantante Robert Smith.
La última vez que The Cure encabezó las listas de álbumes del Reino Unido fue en 1992 con “Wish“. Su último álbum de estudio fue “4:13 Dream“, publicado en 2008.
El viernes pasado, The Cure ofreció un concierto de tres horas en Londres para celebrar el lanzamiento de álbum ‘Songs of A Lost World’.
La sala Troxy de la capital británica, de estilo art deco y con cierto aire decadente, fue el escenario escogido por Robert Smith, Simon Gallup, Jason Cooper, Roger O’Donnell y Reeves Gabrels para corroborar su vuelta a la primera línea de la música. Y no defraudaron.
Los de Crowley dieron un concierto de tres horas, conformado por un repertorio de 31 canciones en los que la banda presentó sus más recientes temas, pero también recordó algunos de los grandes éxitos de su casi medio siglo de carrera ante unas 3 mil personas.
Y salió Robert Smith, con sus 65 años, sus pelos alocados, sus ojos pintados y demostró que la estrella de su guitarra Schecter no era la única que había sobre ese escenario, porque la voz del británico sigue incombustible y consiguió que, para muchos, esta noche se detuviera el tiempo y regresaran a sus años de juventud.
La primera parte del concierto sirvió de carta de presentación de “Songs of A Lost World” y reprodujeron, en el mismo orden, las ocho canciones de su último disco, que comparadas con el resto de su discografía reafirman el cariz más introspectivo y oscuro que The Cure ha tomado en este álbum.
Ganan mucha más presencia en directo las largas introducciones musicales, a base de pianos, guitarras y sintetizadores, mientras un desgarrador Smith confiesa en “All I Ever Am” que ha “perdido” toda su vida reflexionando sobre el tiempo y los recuerdos y se pregunta en qué momento aquel niño que quería comerse el mundo ha envejecido tanto en “End Song”.
Tras un breve intermedio, The Cure volvió a las tablas y el público londinense enloqueció al escuchar los acordes de “Plainsong”, “Lovesong” o “High” y, escuchando sus letras con perspectiva, sorprende que ya en 1989 sus canciones hablaran de la vejez.
La parte final fue, en parte, un homenaje a “Seventeen Seconds”, su segundo disco de estudio (1980), que cumplirá 45 años en 2025 y por supuesto no faltó el himno gótico “A Forest” y otros temas como “At Night”, “M” o “Play for Today”.
Este concierto tenía que ser un viernes. Es el día de la semana que más alegrías ha dado a la banda británica y es el día en el que decidieron cantarle al amor en “Friday, I´m In Love” y que, con tan solo escuchar las primeras notas, levantó de sus asientos a todo el público.
El colofón llegó de la mano de “Boys Don´t Cry” y puede que su canción asegure que los chicos no lloran, pero Smith se despidió con un “Gracias. Nos vemos pronto” y se llevó las manos al pecho mientras el público aplaudía incesante y coreaba su nombre. Porque The Cure está de vuelta y la espera de dieciséis años ha valido la pena.
Con información de Reuters y EFE.
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EEUU estaba convencida de que China realizaba ensayos con armas nucleares, y ahora tiene pruebas
Washington y Moscú mantenían una regla no escrita que ahora se ha roto: si se hacía una prueba, el mundo debía enterarse. Durante décadas, el equilibrio estratégico mundial se sostuvo sobre acuerdos frágiles, desconfianzas mutuas y líneas rojas que nadie quería cruzar abiertamente. Cuando esos límites han empezado a difuminarse, incluso el más leve indicio puede alterar la estabilidad que parecía garantizada. Así comienzan las acusaciones nucleares.
Un temblor reabre el fantasma. La historia la contamos la semana pasada, pero ahora, a priori, hay más datos que sustentan la retórica de Washington. Estados Unidos ha endurecido su acusación de que China realizó una prueba nuclear subterránea de bajo rendimiento el 22 de junio de 2020 cerca de Lop Nur, en Xinjiang, apoyándose en datos sísmicos detectados por una estación en Kazajistán que registró un evento de magnitud aproximada 2,75.
Washington sostiene algo que para ellos es una evidencia: que la señal no puede encajar con un terremoto ni con explosiones mineras, y que Pekín habría empleado técnicas de “desacoplamiento” para amortiguar la señal sísmica y dificultar la detección, aunque admite que no puede determinar con precisión el rendimiento de la supuesta detonación.
El tratado que no obliga. El trasfondo de todo es el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares de 1996, el mismo que prohíbe explosiones nucleares pero que nunca ha entrado plenamente en vigor por falta de ratificaciones, pese a que las grandes potencias aseguran respetar su espíritu inicial.
Por su parte, el organismo internacional de supervisión detectó dos pequeños eventos sísmicos separados por 12 segundos en la fecha señalada, pero también reconoció que eran demasiado débiles para atribuirlos con total certeza a una explosión nuclear, lo que deja la disputa en un terreno técnico donde la evidencia pública resulta, cuanto menos, ambigua.
Presión estratégica sin New START. La acusación llega tras la expiración del último tratado que limitaba los arsenales estratégicos de Estados Unidos y Rusia, y en un momento en que la administración Trump busca impulsar un nuevo acuerdo que incluya también a China.
Desde ese prisma, detallar públicamente el supuesto ensayo puede funcionar como palanca diplomática para forzar a Pekín a sentarse a negociar. Al mismo tiempo, a Washington le sirve para abrir otro escenario quizás más inquietante: advertir que no aceptará quedarse de brazos cruzados en lo que han tildado como una “desventaja intolerable” si otros realizan pruebas de bajo rendimiento mientras Estados Unidos mantiene su moratoria vigente desde 1992. Dicho de otra forma, tanto si fue una prueba nuclear real como si no, las potencias parecen estar tomando posiciones ahora que no hay pactos de por medio.
El debate sobre apretar el botón. De hecho, Trump ha insinuado que Estados Unidos podría reanudar ensayos “en igualdad de condiciones” si China y Rusia también los están llevando a cabo, una posibilidad que inquieta a expertos en control de armamentos que temen romper el tabú pos-Guerra Fría y desencadenar una nueva carrera de pruebas.
La discusión, por tanto, no es solo técnica, sino política: si Washington responde con detonaciones propias, podría legitimar que otras potencias hagan lo mismo, erosionando décadas de contención informal.
Equilibrio nuclear en transformación. Aunque el arsenal chino (estimado en torno a 600 ojivas) sigue siendo menor que el de Rusia y Estados Unidos, su expansión rápida preocupa a Washington, que interpreta cualquier ensayo de bajo rendimiento como parte de una estrategia para modernizar y perfeccionar su fuerza nuclear.
Pekín niega haber cruzado la línea y defiende que respeta su moratoria. Y, mientras tanto, el debate sobre pruebas clandestinas revela un sistema internacional cada vez más frágil, uno donde la desconfianza y la opacidad tecnológica pesan casi tanto como las propias armas.
Imagen | Planet Labs, Google Earth
En Xataka | Imágenes satelitales no dejan lugar a dudas: el renacimiento nuclear de China ya es visible desde el espacio
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Microsoft acaba de dar un paso clave en su tecnología para preservar datos durante milenios
Guardar datos “para siempre” es una de esas ideas que suenan sencillas hasta que miras de cerca los soportes que usamos a diario. Un archivo puede estar perfecto hoy y volverse ilegible dentro de unos años, o décadas, por degradación del material o, directamente, porque el soporte acaba fallando con el tiempo. Por eso, cuando hablamos de preservar información durante siglos, los CD, los DVD, los discos duros o las cintas no son una respuesta definitiva. Y es justo en ese hueco, el de un soporte capaz de resistir sin cuidados permanentes, donde proyectos como el de Microsoft intentan abrir una vía distinta.
Project Silica. Aquí es donde entra en juego este proyecto de Microsoft Research orientado a replantear qué significa archivar información a muy largo plazo. En lugar de confiar en tecnologías magnéticas u ópticas convencionales, el sistema utiliza láseres ultrarrápidos para modificar propiedades internas del vidrio y almacenar datos en forma de vóxeles tridimensionales, que después pueden leerse mediante técnicas ópticas asistidas por aprendizaje automático, según detalla Microsoft en un estudio publicado recientemente en la revista Nature. No busca competir con SSD o discos duros en velocidad, sino ofrecer una base material diseñada específicamente para la conservación duradera.
Mirando atrás. El gigante de Redmond lleva años trabajando en esta línea, y una de sus demostraciones más conocidas llegó en 2019, cuando consiguió guardar la película ‘Superman’ completa en un fragmento de vidrio del tamaño aproximado de un posavasos. Aquella prueba confirmó que el almacenamiento tridimensional dentro del material no era solo teórico y que, además, el soporte podía resistir calor y agua, e incluso pruebas de desmagnetización. Lo que cambia ahora no es la idea fundamental, sino el grado de desarrollo tecnológico que podría acercarla a usos reales de preservación.
Del laboratorio al vidrio común. La novedad central del anuncio de 2026 no está solo en la longevidad estimada, sino en el material utilizado para lograrla. Investigaciones anteriores dependían de sílice fundida de alta pureza, limitada en coste y producción, mientras que el nuevo estudio demuestra la posibilidad de codificar información en vidrio borosilicato, un material ampliamente disponible y mucho más barato. Según Microsoft, este avance aborda directamente los obstáculos de comercialización relacionados con el medio de almacenamiento. Ahora bien, esto no significa que la tecnología esté lista para desplegarse, pero sí reduce la distancia entre experimento científico y aplicación real.
Escritura más simple y rápida. El trabajo difundido esta semana introduce cambios relevantes en la forma de escribir y leer los datos. El equipo ha introducido los llamados phase voxels, que pueden formarse con un único pulso, y ha refinado la escritura de los vóxeles birefringentes para reducir pulsos y acelerar el proceso, incluyendo un enfoque de “escritura pseudo-de pulso único”. A esto se suman técnicas de escritura en paralelo para registrar múltiples puntos de datos de forma simultánea y un lector simplificado que pasa a necesitar una sola cámara, con apoyo de aprendizaje automático para la clasificación y la mitigación de interferencias.

Detalle del equipo de escritura durante la codificación de datos con pulsos láser multihaz a gran velocidad
Las cifras. Técnicamente, el sistema puede alcanzar densidades de hasta 1,59 gigabits por milímetro cúbico, lo que se traduce en unos 4,84 terabytes en alrededor de 300 capas dentro de un chip de vidrio de 12 centímetros cuadrados y 2 milímetros de grosor. Esa capacidad equivale aproximadamente a millones de libros impresos o miles de películas en 4K. Desde luego, que se trata de una capacidad que no pasa desapercibida. Como podemos ver, más que competir en velocidad, el interés está en cuánto puede conservarse en un espacio reducido durante periodos extremadamente largos.
10.000 años. Las estimaciones proceden de ensayos de envejecimiento acelerado en los que las placas de vidrio grabadas se someten a altas temperaturas para simular el paso del tiempo, una metodología habitual en ciencia de materiales. Los resultados de las pruebas realizadas por el equipo de investigación sugieren que la información podría mantenerse legible durante periodos de más de 10.000 años en condiciones de almacenamiento normales, una longevidad tremendamente superior a la de los soportes electrónicos actuales. Aun así, se trata de proyecciones basadas en modelos experimentales, no de una verificación directa a escala histórica.
Lo que sigue. Estamos ante un avance técnico sorprendente, pero la tecnología sigue dependiendo de equipamiento costoso y de velocidades de escritura muy por debajo de las soluciones comerciales actuales, factores que condicionan su viabilidad fuera del laboratorio. A esto se suman retos de producción a gran escala, compatibilidad futura y modelos de adopción en instituciones que realmente necesiten preservar datos durante siglos. Microsoft sitúa por ahora Project Silica en el terreno de la investigación compartida, abierta a que otros actores desarrollen aplicaciones concretas.
Imágenes | Microsoft
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Las empresas españolas han vuelto a contratar en 2026. El problema es que no hay nadie a quien contratar
Las empresas españolas arrancan 2026 con ganas de ampliar sus plantillas, pero se topan de frente con un gran problema: no encuentran suficientes candidatos cualificados para sus vacantes.
Según los datos de la ‘Guía del Mercado Laboral 2026‘ elaborada por la consultora Hays, las compañías están listas para crecer y contratar más personal. Sin embargo, el mercado laboral ha cambiado y los profesionales ya no quieren renunciar a sus actuales empleos.
Las empresas se ponen las pilas. El estudio de Hays refleja que el 81% de las empresas españolas tiene previsto aumentar su plantilla durante 2026. La tendencia de crecimiento económico impulsa los objetivos de expansión de las empresas españolas y, para llevarlo a cabo, se han abierto nuevas vacantes. Este crecimiento en las ofertas laborales se nota especialmente en sectores dinámicos como la tecnología, los servicios profesionales y la industria.
Sin embargo, el gran obstáculo aparece rápidamente: no hay suficientes profesionales con la formación necesaria para cubrir esas vacantes. El 93% de las empresas consultadas para el estudio de Hays afirma tener serias dificultades para encontrar perfiles cualificados, un porcentaje que alcanza un récord histórico y que está paralizando muchos planes de contratación.
Escasez de talento vs. poca formación. La falta de profesionales cualificados se ha convertido en un muro infranqueable en los procesos de contratación en nuevas vacantes. El 85% de las empresas asegura haber lanzado programas de formación interna para desarrollar las capacidades de sus empleados. Solo el 18% de los participantes admite abiertamente no estar invirtiendo lo suficiente en cerrar esta brecha de habilidades que tanto las frena.
Desde el lado de los empleados, la percepción es distinta. Solo el 48% de los empleados tiene constancia de que en su empresa se estén llevando a cabo formaciones para mejorar su capacitación. Esa desconexión entre lo que prometen las empresas y lo que ven los trabajadores agrava la situación, haciendo más complicado atraer y formar el talento. No se encuentras talento cualificado externo, pero tampoco se destinan recursos para formar al talento que ya está en plantilla.
Menos rotación laboral. A diferencia de lo que sucedía años atrás, en 2026 los profesionales han priorizado la estabilidad y el crecimiento dentro de su empresa, en lugar de saltar a otra oferta. Este cambio de mentalidad, representa un giro respecto a los años 2022 y 2023 en los que el mercado laboral registraba una alta movilidad y los trabajadores cambiaban de trabajo con frecuencia en busca de mejores condiciones laborales.
Aun así, el 62% de los trabajadores siente que su salario no refleja todo el esfuerzo que ponen día a día, pero esa insatisfacción no basta para empujarlos a moverse, ya que valoran más la estabilidad y el equilibrio personal. Christopher Dottie, director general regional de Hays para el Sur y Oeste de Europa, lo pone en palabras claras: “las empresas siguen buscando talento, mientras que el talento sigue buscando estabilidad”.
Mejor salario y jornadas flexibles: claves para atraer talento. Para romper esta inercia y captar al talento disponible, el 72% de las empresas planea incrementos salariales en 2026, con subidas del 7% en áreas como atención al cliente, administración y finanzas, y del 6% en el sector tecnológico para responder a las expectativas salariales que exigen los candidatos.
Además, las jornadas flexibles se imponen como una pieza clave en la atracción de talento, aunque muchas compañías aún se resisten a implementarlas a pesar de que la gran mayoría de los empleados las consideran esenciales para su bienestar. De hecho, esa capacidad de adaptarse a las demandas de flexibilidad y ofrecer opciones de teletrabajo son las que están decantando la balanza entre el sector público y el privado.
Imagen | Unsplash (Beatriz Cattel)
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