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las primeras centrales nucleares flotantes
La compañía estadounidense Westinghouse y la británica Core Power se han asociado para llevar juntas a cabo un proyecto muy interesante. Planean poner a punto plantas nucleares flotantes utilizando los reactores ultracompactos eVinci desarrollados por Westinghouse. El propósito de este proyecto es desarrollar un tipo de centrales nucleares que pueden ser transportadas fácilmente a través de mares y océanos para proporcionar electricidad a islas, puertos, comunidades costeras e industrias.
El corazón de este proyecto es, como podemos intuir, el reactor ultracompacto eVinci. Se trata de un diseño modular de cuarta generación que sobre el papel es aún mucho más compacto que los reactores SMR (Small Modular Reactors) de los que tantas veces hemos hablado en Xataka. En cualquier caso, sus características son realmente interesantes. Puede entregar hasta 5 MWe; trabaja bajo todo tipo de condiciones ambientales y en un rango de temperatura externa muy amplio; se ensambla completamente en la fábrica de Westinghouse, y, lo que si cabe es aún más importante, es capaz de operar durante más de ocho años sin ningún tipo de reabastecimiento de combustible nuclear.
“No hay un futuro neto cero sin la energía nuclear. Una serie de centrales llave en mano idénticas utilizando múltiples instalaciones del reactor ultracompacto eVinci entregadas por el mar crea una verdadera oportunidad de escalar la energía nuclear como la solución perfecta para satisfacer la creciente demanda de electricidad limpia, flexible y fiable, entregada a tiempo y dentro del presupuesto”. Estas palabras las ha pronunciado Mikal Bøe, director general de Core Power, y son toda una declaración de intenciones. Sobre el papel su proyecto pinta bien. Será interesante comprobar si finalmente sus plantas nucleares tienen las características que han prometido.
El futuro de la fisión nuclear pasa por los reactores de 4ª generación
Los físicos y los ingenieros involucrados en el desarrollo de los reactores nucleares de fisión de cuarta generación están trabajando para proponer nuevos diseños que conceptualmente pueden ser muy diferentes a los de las generaciones anteriores. Eso sí, los requisitos que deben cumplir estas nuevas centrales nucleares están claramente definidos. El primero de ellos consiste en alcanzar la máxima sostenibilidad posible, de manera que el combustible se aproveche al máximo para producir energía, se minimice la cantidad de residuos radiactivos resultantes del proceso y su gestión sea lo más eficiente posible.
La seguridad y la fiabilidad deben ser lo suficientemente altas para minimizar la probabilidad de que el núcleo del reactor sufra daños
El segundo requisito atañe a la inversión económica que es necesario afrontar para poner en marcha y mantener la central nuclear, que debe ser lo más baja posible para que pueda equipararse al gasto que exigen otras fuentes de energía, reduciendo, de esta forma, el riesgo financiero. Y el tercer y último requisito estipula que la seguridad y la fiabilidad deben ser lo suficientemente altas para minimizar la probabilidad de que el núcleo del reactor sufra daños. Además, si se produjese un accidente no debería ser necesario tomar medidas de emergencia más allá de las instalaciones de la central nuclear.
Como acabamos de ver, las exigencias que introducen las centrales nucleares de Generación IV son ambiciosas porque aspiran a erradicar de un plumazo muchas de las deficiencias que lastran a los diseños anteriores. En este escenario China va un paso por delante. De hecho, en enero de este año inició la operación comercial el primer reactor de cuarta generación del planeta.
Se trata de un reactor modular pequeño de origen estrictamente chino conocido como HTR-PM (High-Temperature Reactor-Pebble bed Modules), que podemos traducir al español como reactor modular de lecho de bolas de alta temperatura. Este dispositivo se caracteriza por emplear helio como refrigerante y grafito como moderador, y está instalado en la planta nuclear Shidao Bay-1, que está alojada en la provincia de Shandong.
Imagen | Core Power
Más información | Business Wire
En Xataka | China se ha colocado a la cabeza en energía nuclear. Su gran apuesta: su reactor de sales fundidas y torio
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La misión conjunta entre Europa y China ya está en el espacio. Lo verdaderamente importante llega ahora
Por fin, a pesar del aplazamiento del pasado mes de abril, SMILE se ha lanzado con éxito. La misión que une a China y Europa para estudiar cómo interaccionan los vientos solares con la magnetosfera terrestre partió del Puerto Espacial de Kurú, en la Guayana Francesa, a las 03:52 GMT (05:52, hora peninsular española). Por delante le quedan al menos 3 años de trabajo, pero antes de empezar con su labor deberá dar algunos pasos previos.
Viaje a la órbita final. Durante los primeros 25 días de la misión, SMILE deberá encender sus motores 11 veces. Esto le va a permitir alargar gradualmente su órbita alrededor de los polos terrestres, hasta alcanzar los 121.000 km sobre el Polo Norte y los 5.000 km sobre el Polo Sur. Una vez en su órbita final, alrededor del 13 de junio, llegará el momento de poner a punto todos sus instrumentos.
El despliegue final. Remotamente, desde Tierra, los ingenieros de la misión comprobarán que todos los instrumentos de SMILE funcionan adecuadamente. Para eso, algunos deben cambiar su conformación. Concretamente, será necesario desplegar el brazo del magnetómetro y abrir el obturador de la cámara de rayos X y la tapa de la cámara ultravioleta. Cada uno de estos puntos es esencial para el buen desarrollo de la misión.
Las primeras imágenes. Una vez comprobados los experimentos, SMILE comenzará con su trabajo. Las primeras imágenes se enviarán a la Tierra para su análisis tres meses después.
La misión. SMILE estudiará la interacción de la actividad solar con el escudo que utiliza la Tierra para protegerse de ella. Aunque otras misiones han realizado tareas similares, será la primera vez que se tomen imágenes globales de dicha interacción, tanto en rayos X como en ultravioleta.
Esto nos aportará un conocimiento mejor que el actual sobre las tormentas solares y cómo afectan a nuestro planeta. Y es que no solo nos dibujan auroras preciosas en el cielo. También pueden afectar a las telecomunicaciones, a veces de forma preocupante. Es importante entenderlas y saber predecir en la medida de lo posible los efectos perjudiciales que podrían provocar.
Al menos tres años. La duración nominal de la misión será de 3 años. Esto significa que está diseñada para alcanzar sus objetivos principales en este tiempo. La inversión económica de las agencias espaciales europea y china se ha centrado en garantizar esta duración. Sin embargo, eso no quiere decir que dentro de tres años se vaya a desorbitar la nave o que se vayan a apagar todos sus instrumentos. Si sigue funcionando adecuadamente, se podría alargar mucho su vida útil.
El caso de Cluster. Cluster fue una misión de la ESA cuyo objetivo era también medir el entorno magnético de la Tierra. En cierto modo, se podría considerar una predecesora de SMILE. Su lanzamiento se produjo en el año 2000 y permaneció activa hasta 2024. Sin embargo, su duración nominal inicialmente era de 2 años. Una vez llegada la fecha de jubilación, se comprobó que Cluster estaba totalmente en forma, por lo que se decidió invertir en ella durante mucho más tiempo.
Quizás pase algo parecido con SMILE. De momento, habrá que ir paso a paso. Para empezar, debe llegar a su órbita operativa. Una vez allí, empieza la magia. O mejor dicho: la ciencia.
Imagen | ESA
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China acaba de darles una misión mucho más ambiciosa
Cada vez que le pedimos algo a una IA, la escena parece casi invisible: escribimos una frase, recibimos una respuesta y seguimos adelante. Pero detrás de esa aparente ligereza hay edificios llenos de servidores, sistemas de refrigeración funcionando sin descanso y una demanda eléctrica que no deja de crecer. La nube, por mucho que la llamemos nube, tiene suelo, cables, calor y consumo. Y precisamente por eso empieza a cobrar sentido una idea que hace no tanto sonaba a experimento extraño: sacar parte de esa infraestructura de tierra firme y llevarla al mar.
China ya lo está llevando al terreno comercial. MERICS señala que el país ha presentado el primer centro de datos submarino comercial en Hainan y un módulo alimentado por energía eólica marina en Shanghái, dos movimientos que apuntan en una misma dirección: comprobar si esta arquitectura puede dejar de ser una rareza técnica y convertirse en una pieza aprovechable dentro de su despliegue digital. La novedad no está solo en sumergir servidores, sino en plantearlos como una posible respuesta a tres tensiones que ya pesan sobre la infraestructura de la IA: energía, refrigeración y suelo.
Hainan es la primera pieza de ese salto. Las pruebas piloto del centro de datos submarino de Hainan empezaron en 2023, primero con servicios de almacenamiento para el puerto de libre comercio de la isla y operadores de telecomunicaciones, antes de extenderse a empresas cloud y de IA. El proyecto no juega en la liga de los grandes centros de datos terrestres, pero sí tiene una escala suficiente para dejar de ser una simple maqueta: cada cabina está situada a 35 metros bajo el agua, cuenta con 24 racks y puede albergar hasta 500 servidores. Su valor está precisamente ahí: demostrar que China está intentando convertir una idea experimental en una infraestructura comercial real.
Shanghái como escaparate energético. Si Hainan representa el salto comercial, Shanghái añade la pieza que hace que la historia sea más ambiciosa: la integración directa con energía eólica marina. Este proyecto está frente a Lingang, donde CGTN sitúa una plataforma submarina ya operativa y conectada directamente a un parque eólico marino cercano. La inversión total prevista es de 1.600 millones de yuanes, unos 235 millones de dólares según esa fuente, y la instalación parte de una fase piloto de 2,3 MW, mientras que el proyecto completo está previsto que alcance los 24 MW.
Refrigerar sin pelear contra el entorno. Esa es la promesa técnica que explica buena parte del interés por estos centros de datos submarinos. El medio estatal chino recuerda que las instalaciones terrestres pueden dedicar hasta el 40% de su electricidad a refrigeración, un problema especialmente visible cuando hablamos de racks cada vez más densos. Bajo el mar, la idea cambia: aprovechar el agua como disipador natural de calor. En Shanghái, por ejemplo, la temperatura media del mar ronda los 15 grados Celsius.
La otra mitad de la ecuación está en la energía. El centro de Shanghái está conectado mediante un cable compuesto fotoeléctrico a un parque eólico marino de 200 MW, con más de 50 turbinas, y más del 95% de su electricidad procede de energía renovable. Si el proyecto alcanza su escala completa, se calcula que podría ahorrar 61 millones de kWh al año y reducir de forma notable sus emisiones de carbono.
También hay desafíos. MERICS advierte de que estos centros de datos plantean retos importantes: sellar los módulos, lidiar con la corrosión del agua marina, operar en un entorno de alta presión y asumir que el mantenimiento puede exigir sacar módulos enteros a la superficie. Esto no es ningún secreto. Acceder al hardware sumergido en caso de un fallo es uno de los puntos más sensibles.
Microsoft ya había probado el camino. El antecedente más conocido es Project Natick, una iniciativa con la que Microsoft sumergió un centro de datos frente a las islas Orcadas, en Escocia, y lo recuperó en 2020 tras dos años de funcionamiento bajo el agua. La prueba sirvió para demostrar que la idea podía funcionar técnicamente, pero no terminó convirtiéndose en una línea comercial.
La lectura no es una solución mágica. Como podemos ver, China está probando otra forma de repartir las piezas del problema. Hainan muestra el intento de llevar los centros de datos submarinos al terreno comercial; Shanghái añade una ambición más amplia, conectarlos con energía eólica marina y orientarlos hacia cargas cada vez más exigentes. Los centros de datos bajo el mar parecían una rareza tecnológica. Ahora, al menos en China, empiezan a parecer una apuesta industrial con una misión mucho más ambiciosa.
Imágenes | Shanghai Hailanyun Technology
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Gemini Omni quiere hacer con el vídeo lo que Nano Banana hizo con las imágenes: Google apunta muy alto
Crear una imagen con IA ya no sorprende como antes. Lo que empieza a marcar la diferencia es la capacidad de modificarla, darle continuidad y convertir una idea inicial en algo más elaborado sin perder el hilo por el camino. En vídeo, ese reto es mucho mayor: hay movimiento, tiempo, física y personajes que debe seguir pareciendo coherentes. Gemini Omni llega con la promesa de abordar este problema y hacer de la edición una tarea mucho más sencilla.
La propia Google DeepMind pide pensar en Gemini Omni como en Nano Banana, pero para vídeo. La referencia tiene sentido porque Nano Banana fue el generador de imágenes de Google que llevó la creación visual con IA a una escala muy llamativa. La primera versión, lanzada en agosto de 2025, sumó 13 millones de usuarios en cuatro días y había generado más de 5.000 millones de imágenes a mediados de octubre.
Google presenta ahora Gemini Omni Flash como el primer modelo de la familia Gemini Omni. Según la compañía, está diseñado para crear contenido a partir de cualquier entrada. La idea es que el usuario podamos combinar imágenes, audio, vídeo y texto como punto de partida para generar vídeos de alta calidad apoyados en el conocimiento del mundo real de Gemini.
Un modelo de generación de vídeo que apuesta por la coherencia
La parte más interesante está en cómo Google describe el proceso de edición. No se plantea solo como una herramienta para generar un clip desde cero, sino como un sistema capaz de trabajar sobre una escena mediante instrucciones encadenadas. La compañía habla de cambiar elementos concretos o transformar por completo un vídeo de partida, ajustando estética, acción, entorno, ángulo, estilo o detalles específicos. También promete mantener la consistencia de los personajes, conservar la continuidad de la escena y ofrecer una física más coherente.
En su nota, enseña cómo Gemini Omni puede partir de una escena y modificarla con una instrucción directa, ya sea para cambiar el material de un objeto, alterar una acción o convertir una idea compleja en una explicación visual. Veamos algunos ejemplos de prompts.
- “Make the sculpture out of bubbles” (Haz que la escultura esté hecha de burbujas)
- “When the person touches the mirror, make the mirror ripple beautifully like liquid, and the person’s arm turns into reflective mirror material” (Cuando la persona toque el espejo, haz que el espejo ondule con un efecto líquido y elegante, y que su brazo se convierta en un material reflectante)
- “Claymation explainer of protein folding, everything is made out of clay, no hands, stop motion, accurate” (Un explicador en claymation sobre el plegamiento de proteínas, todo hecho de arcilla, sin manos, en stop motion y con precisión)
En Xataka hemos hecho una primera prueba con una imagen reconocible: la Puerta de Alcalá, en Madrid. El punto de partida era una fotografía estática y el prompt que utilizamos fue el siguiente:
- “Create a video from this image. Cars are moving forward and people are walking.” (Crea un vídeo a partir de esta imagen. Los coches avanzan y la gente camina).
La idea era comprobar hasta qué punto Gemini Omni podía convertir una escena real en un pequeño clip con movimiento. En el vídeo de arriba se aprecia precisamente ese intento de animar la imagen original, con coches que avanzan, peatones que caminan y un sonido ambiental que encaja con la escena. También parece conservar algunos elementos de marca visibles en los vehículos, especialmente el logo de Mercedes-Benz, aunque en otros casos, como Fiat, el resultado resulta menos claro.
Hablemos de disponibilidad. Google asegura que Gemini Omni Flash empieza a llegar a los suscriptores de Google AI Plus, Pro y Ultra a través de Gemini y Google Flow, mientras que su despliegue sin coste en YouTube Shorts y YouTube Create App arranca esta semana.
En nuestra prueba con una cuenta corporativa, sin embargo, nos encontramos con un límite bastante ajustado: tras generar tres vídeos, el sistema nos avisó de que “habíamos alcanzado nuestro límite de generación de vídeo hasta el 20 de mayo a las 19:59”. No sorprende demasiado si pensamos en lo que está ocurriendo por debajo: crear vídeo con IA exige muchos recursos, así que todo apunta a que Google estaría dosificando el acceso, al menos en esta primera fase.
Cuando hablamos de generación de vídeo con inteligencia artificial, es probable que uno de los primeros nombres que se nos venga a la cabeza sea Sora. Llegó como una de las grandes promesas de OpenAI para este terreno. El recorrido, sin embargo, terminó siendo bastante más corto de lo que sugería aquella ambición inicial. Su web y su app dejaron de estar disponibles a finales de abril de 2026, aunque la API seguirá funcionando hasta el 24 de septiembre.
Imágenes | Google | Xataka
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