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El Corte Inglés celebra el Día Mundial del Shopping con descuentos de hasta el 30% en tecnología

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Actualmente, se celebran días para todo y, ahora, El Corte Inglés, quiere promocionar las compras a través del Día Mundial del Shopping. Una campaña que dio el pistoletazo de salida ayer y que estará vigente hasta el próximo 11 de noviembre, con grandes descuentos en todas las categorías de su web y, especialmente, en tecnología. Te vamos a mostrar los cinco mejores chollos que hemos encontrado.

  • Freidora de aire Cosori Dual Blaze Chef Edition por 139 euros: de 6,4 litros y con conexión WiFi.
  • Robot de limpieza Cecotec Conga 8290 Immortal Ultra Power Home Genesis por 219 euros: con base de autovaciado y una potencia de 7.000 Pa.
  • Cafetera superautomática De´Longhi Magnifica Start ECAM220.60.B por 379 euros: con cuatro recetas predefinidas y 15 bares de presión.
  • Barra de sonido Yamaha SR-X50 Pro True X por 398,65 euros: con Dolby Atmos y conectividad Bluetooth.
  • Apple AirPods (2ª Generación) por 109 euros: con control táctil y autonomía de 5 horas.

Freidora de aire Cosori Dual Blaze Chef Edition

Si aún no has sucumbido a las freidoras de aire, pero siempre has pensando en comprar una, esta Cosori Dual Blaze Chef Edition es una de las mejores que encontrarás en el mercado. Su precio habitual es de 199 euros pero, ahora, en El Corte Inglés, tiene un 30% de descuento, por lo que la puedes comprar por 139 euros.

Esta Dual Blaze de Cosori es el modelo más completo de la firma. Cuenta con doble resistencia, capacidad de 6,4 litros (ideal para familias de entre 3 a 5 miembros) y funciona con una potencia de 1.700 W. Otro de sus puntos fuertes es la conectividad WiFi y viene con un libro de 100 recetas.


Cosori Dual Blaze Chef Edition

* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión

Robot de limpieza Cecotec Conga 8290 Immortal Ultra Power Home Genesis

Para limpiar nuestros hogares, los robots aspiradores se han convertido en la opción favorita para muchos. Ahora, en El Corte Inglés, hemos encontrado este Conga 8290 Inmortal Ultra Power Home Genesis en oferta, por 219 euros frente a los 349 euros que suele costar, obteniendo así un ahorro de 130 euros.

Este robot aspirador de la firma Cecotec cuenta con una potencia de succión de 7.000 Pa, por lo que arrasará con toda la suciedad sin esfuerzo. Además, incorpora una base de autovaciado, que solo tendrás que preocuparte de vaciar cuatro veces al año. Además de aspirar, friega en diferentes niveles.

Cecotec Robot Aspirador Conga 8290 Power Ultra Home Genesis

* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión

Cafetera superautomática De’Longhi Magnifica Start ECAM220.60.B

Las cafeteras superautomáticas ya están desbancando a las cafeteras de cápsulas en muchas cocinas. Si aún no has comprado una, ahora, en El Corte Inglés tienes esta de la firma De’Longhi que es una auténtica superventas y está rebajada. Su precio habitual es de 499 euros pero tiene un descuento de 120 euros, que hace que se quede disponible por 379 euros.

Esta cafetera superautomática es perfecta para preparar espressos y lattes de forma rápida y sencilla. Cuenta con un panel táctil con cuatro botones con recetas predeterminadas, aunque las puedes modificar a tu antojo con los botones de abajo. Además, su molinillo ofrece 13 niveles de molienda diferentes. Funciona con una potencia de 1.450 W y una presión de 15 bares.

Cafetera Superautomática De´Longhi Magnifica Start ECAM220.60.B

* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión

Barra de sonido Yamaha SR-X50 Pro True X

¿Quieres montar tu propio cine en casa? Entonces, no dudes en añadir una barra de sonido a tu televisor. En El Corte Inglés, hemos encontrado una muy buena opción en oferta. Se trata de la Yamaha SR-X50 Pro True X que tenía un precio anterior de 469 euros pero que, ahora, con el 15% de descuento aplicado, se queda en 398,65 euros.

Esta barra de sonido de la firma Yamaha viene con subwoofer inalámbrico y es compatible con Dolby Atmos, además de con Spotify Connect, Alexa y AirPlay 2. Su tecnología True X surround, te permite añadir fácilmente dos altavoces. Viene con mando y en el apartado conectividad cuenta con Bluetooth y entrada HDMI y salida HDMI e-ARC.

Yamaha – Barra de sonido Yamaha SR-X50 Pro True X con subwoofer inalámbrico.

* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión

Apple AirPods (2ª Generación)

Si tienes un iPhone y te encanta escuchar música o hacer llamadas sin tener que sostener el teléfono, los AirPods 2ª generación son el modelo más económico de auriculares de Apple. Habitualmente cuestan 149 euros pero, en estos momentos, en El Corte Inglés, tienen 40 euros de descuento y los puedes comprar por 109 euros.

Estos AirPods son de diseño intraauricular con patilla y sin almohadillas de silicona. Se cargan a través de cable Lightning y su batería ofrece hasta 5 horas de reproducción o 24 horas con el estuche de carga. Disponen de control táctil y su emparejamiento es muy sencillo gracias al chip W11.

Apple AirPods con Estuche de Carga con Cable (2.ª generación)

* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión

Algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Xataka. En caso de no disponibilidad, las ofertas pueden variar.

Imágenes | Webedia, Cosori, Cecotec, De’Longhi, Yamaha y Apple

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Spotify mató al disco y la industria pivotó a los conciertos. Netflix mató al cine y la industria se quedó con una “crisis del espacio”

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Nunca en la historia habíamos visto tantas películas: el streaming nos permite ver varias a la semana pero, sin embargo, las salas de cine están vacías. Literalmente, más vacías que nunca en décadas. Consumimos contenido audiovisual en masa, pero no donde lo disfrutábamos históricamente. Mientras tanto los conciertos se han convertido en la alternativa de ocio por excelencia. ¿Por qué pagamos cientos de euros por ir a un estadio con otras 50.000 personas, pero no quince por ver una superproducción en pantalla grande? La respuesta está en cómo valoramos el espacio físico en la economía de la experiencia.

Algunas cifras. Sobrevolemos algunas cifras de taquilla: el verano de 2025, tradicionalmente la temporada más lucrativa de la industria, ha sido el más desastroso desde 1981 ajustado por inflación. Ni se sueña con volver a cifras pre-COVID: en octubre de 2025 en EEUU se recaudaron apenas 445 millones de dólares, menos de la mitad del último octubre antes de la pandemia, que superó los mil millones. El espectador promedio acudió apenas 2,31 veces a las salas en 2024, una caída del 33% respecto a las 3,5 visitas anuales de 2019. 

En España, los datos de 2025 son igualmente oscuros: la taquilla total cae un 14% (casi 30 millones menos), y el propio cine español retrocede un 2,5-3%. El autor de este último estudio, Pau Brunet, dice expresamente que “la fantasía de Hollywood se desmorona”. Y la erosión es constante: España tenía más de 105 millones de espectadores en 2019, lo que representa una pérdida de un tercio de su volumen en cinco años: ahora estamos en 71 millones.

Ventanas que no rinden. El problema es tan multifactorial que resulta ridículo quedarse solo en la caída de la taquilla para explicarlo. Por ejemplo, tenemos el colapso de las ventanas de exhibición: el estándar pre-pandémico era de 90-120 días en cines, tres o cuatro semanas posteriores en venta digital y luego ya formatos domésticos y streaming. Tras la pandemia esas ventanas se redujeron más de un 60%, y aunque ahora varían según el estudio, Universal y Warner dejan 45 días de ventana para sus producciones más cotizadas (puede reducirse a 17 días), con la excepción de Disney, que las explota durante 60 días.

En cualquier caso, el resto de las ventanas ser han acortado o desaparecido, y es común ver una película en streaming solo un mes y medio después de su paso por cines. Es uno de los principales motivos de que la gente haya abandonado las salas: hasta superproducciones como ‘Wicked’ se pueden ver en streaming apenas 40 días después de su paso por salas.

Hasta China. Hace unos años, China era el mercado que parecía destinado a salvar las cuentas de Hollywood, pero experimentó su propio colapso en 2024: la taquilla cayó un 23% hasta los 42.500 millones de yenes (5.800 millones de dólares), regresando a cifras de hace una década. La asistencia descendió en más de 200 millones de espectadores respecto a hace diez años. Uno de los principales motivos es la degradación de la experiencia teatral: cines sin climatización y sin personal de atención al cliente más allá del bar, una característica que desde hace años se extiende a salas de todo el mundo.

La crisis viene de largo. En realidad, esta caída no tiene sus raíces en el streaming ni en la pandemia. La asistencia del público estadounidense venía cayendo desde los años sesenta, pasando de una visita por persona cada dos o tres meses a apenas dos veces al año antes de la pandemia. El precio real de la entrada (ajustado por inflación) se ha mantenido estable desde los años ochenta, pero los consumidores han decidido que ya no quieren ir a las salas. El problema, como afirma este estudio de Bain & Company es que, durante décadas, la industria ha puesto todo el acento de su producción en el contenido puro, pero las películas han acabado llegando a casa en pocas semanas.

Mientras tanto, la música ha llegado a comprender algo fundamental: el valor no está en el contenido grabado, sino en el evento único e irrepetible.

El triunfo de la música. El Eras Tour de Taylor Swift cerró en diciembre de 2024 tras 149 conciertos en 51 ciudades, generando ingresos brutos de 2.077 millones de dólares. Es decir, más que los ingresos anuales de taquilla de cine de países enteros (compárese con los pírricos 71 millones de recaudación en taquilla en España en 2024). Y no hablamos solo de los conciertos: el gasto promedio por asistente osciló entre 1.300 y 1.500 dólares, incluyendo transporte, alojamiento, merchandising y cenas. Más que fans, son turistas generando impacto económico sistémico. “Swiftonomics” ya ha dejado de ser una metáfora, para convertirse en categoría analítica real en informes económicos gubernamentales.

Más allá de Taylor. Swift no es una anomalía. El mercado global de música en vivo generó 28.100 millones de dólares en 2023 y las proyecciones lo sitúan en 79.700 millones para 2030. Ese crecimiento equivale a triplicar el tamaño del mercado en siete años, mientras el cine lucha por recuperar los niveles de hace una década. ¿Qué tiene la música en vivo que el cine ha perdido? Lo explica el término “funflation“: los consumidores priorizan gastar en experiencias memorables incluso durante períodos de alta inflación

Los festivales han capitalizado esta lógica: venden identidad, pertenencia y experiencias imposibles de replicar en casa. Justo lo contrario del cine: una película es exactamente idéntica en todo el mundo y una vez vista, el incentivo para repetir en sala es mínimo, especialmente sabiendo que estará en streaming en 45 días.

Se impone reinvención. La crisis de los cines no es una sentencia de muerte, pero sí una demanda de reinvención. Porque el espacio físico del entretenimiento no está muriendo, está siendo reformulado. El camino que ha seguido la industria de la música al pivotar completamente su modelo de negocio con la desaparición de los formatos físicos es el que tiene que seguir el cine. De momento, las salas no han acertado con las experiencias premium (restauración sofisticada, salas más cómodas, mejoras en calidad de imagen y sonido), pero es porque siguen sin diferenciarse lo suficiente de la experiencia doméstica. El cine necesita su propia Taylor Swift, pero de momento es un deseo sin solución clara.

Cabecera | Karen Zhao en Unsplash

En Xataka | Netflix adoraba los cines. Luego los odió. Ahora ha llegado a un término medio muy beneficioso

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Spotify mató al disco y la industria pivotó a los conciertos. Netflix mató al cine y la industria se quedó con una “crisis del espacio”

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Nunca en la historia habíamos visto tantas películas: el streaming nos permite ver varias a la semana pero, sin embargo, las salas de cine están vacías. Literalmente, más vacías que nunca en décadas. Consumimos contenido audiovisual en masa, pero no donde lo disfrutábamos históricamente. Mientras tanto los conciertos se han convertido en la alternativa de ocio por excelencia. ¿Por qué pagamos cientos de euros por ir a un estadio con otras 50.000 personas, pero no quince por ver una superproducción en pantalla grande? La respuesta está en cómo valoramos el espacio físico en la economía de la experiencia.

Algunas cifras. Sobrevolemos algunas cifras de taquilla: el verano de 2025, tradicionalmente la temporada más lucrativa de la industria, ha sido el más desastroso desde 1981 ajustado por inflación. Ni se sueña con volver a cifras pre-COVID: en octubre de 2025 en EEUU se recaudaron apenas 445 millones de dólares, menos de la mitad del último octubre antes de la pandemia, que superó los mil millones. El espectador promedio acudió apenas 2,31 veces a las salas en 2024, una caída del 33% respecto a las 3,5 visitas anuales de 2019. 

En España, los datos de 2025 son igualmente oscuros: la taquilla total cae un 14% (casi 30 millones menos), y el propio cine español retrocede un 2,5-3%. El autor de este último estudio, Pau Brunet, dice expresamente que “la fantasía de Hollywood se desmorona”. Y la erosión es constante: España tenía más de 105 millones de espectadores en 2019, lo que representa una pérdida de un tercio de su volumen en cinco años: ahora estamos en 71 millones.

Ventanas que no rinden. El problema es tan multifactorial que resulta ridículo quedarse solo en la caída de la taquilla para explicarlo. Por ejemplo, tenemos el colapso de las ventanas de exhibición: el estándar pre-pandémico era de 90-120 días en cines, tres o cuatro semanas posteriores en venta digital y luego ya formatos domésticos y streaming. Tras la pandemia esas ventanas se redujeron más de un 60%, y aunque ahora varían según el estudio, Universal y Warner dejan 45 días de ventana para sus producciones más cotizadas (puede reducirse a 17 días), con la excepción de Disney, que las explota durante 60 días.

En cualquier caso, el resto de las ventanas ser han acortado o desaparecido, y es común ver una película en streaming solo un mes y medio después de su paso por cines. Es uno de los principales motivos de que la gente haya abandonado las salas: hasta superproducciones como ‘Wicked’ se pueden ver en streaming apenas 40 días después de su paso por salas.

Hasta China. Hace unos años, China era el mercado que parecía destinado a salvar las cuentas de Hollywood, pero experimentó su propio colapso en 2024: la taquilla cayó un 23% hasta los 42.500 millones de yenes (5.800 millones de dólares), regresando a cifras de hace una década. La asistencia descendió en más de 200 millones de espectadores respecto a hace diez años. Uno de los principales motivos es la degradación de la experiencia teatral: cines sin climatización y sin personal de atención al cliente más allá del bar, una característica que desde hace años se extiende a salas de todo el mundo.

La crisis viene de largo. En realidad, esta caída no tiene sus raíces en el streaming ni en la pandemia. La asistencia del público estadounidense venía cayendo desde los años sesenta, pasando de una visita por persona cada dos o tres meses a apenas dos veces al año antes de la pandemia. El precio real de la entrada (ajustado por inflación) se ha mantenido estable desde los años ochenta, pero los consumidores han decidido que ya no quieren ir a las salas. El problema, como afirma este estudio de Bain & Company es que, durante décadas, la industria ha puesto todo el acento de su producción en el contenido puro, pero las películas han acabado llegando a casa en pocas semanas.

Mientras tanto, la música ha llegado a comprender algo fundamental: el valor no está en el contenido grabado, sino en el evento único e irrepetible.

El triunfo de la música. El Eras Tour de Taylor Swift cerró en diciembre de 2024 tras 149 conciertos en 51 ciudades, generando ingresos brutos de 2.077 millones de dólares. Es decir, más que los ingresos anuales de taquilla de cine de países enteros (compárese con los pírricos 71 millones de recaudación en taquilla en España en 2024). Y no hablamos solo de los conciertos: el gasto promedio por asistente osciló entre 1.300 y 1.500 dólares, incluyendo transporte, alojamiento, merchandising y cenas. Más que fans, son turistas generando impacto económico sistémico. “Swiftonomics” ya ha dejado de ser una metáfora, para convertirse en categoría analítica real en informes económicos gubernamentales.

Más allá de Taylor. Swift no es una anomalía. El mercado global de música en vivo generó 28.100 millones de dólares en 2023 y las proyecciones lo sitúan en 79.700 millones para 2030. Ese crecimiento equivale a triplicar el tamaño del mercado en siete años, mientras el cine lucha por recuperar los niveles de hace una década. ¿Qué tiene la música en vivo que el cine ha perdido? Lo explica el término “funflation“: los consumidores priorizan gastar en experiencias memorables incluso durante períodos de alta inflación

Los festivales han capitalizado esta lógica: venden identidad, pertenencia y experiencias imposibles de replicar en casa. Justo lo contrario del cine: una película es exactamente idéntica en todo el mundo y una vez vista, el incentivo para repetir en sala es mínimo, especialmente sabiendo que estará en streaming en 45 días.

Se impone reinvención. La crisis de los cines no es una sentencia de muerte, pero sí una demanda de reinvención. Porque el espacio físico del entretenimiento no está muriendo, está siendo reformulado. El camino que ha seguido la industria de la música al pivotar completamente su modelo de negocio con la desaparición de los formatos físicos es el que tiene que seguir el cine. De momento, las salas no han acertado con las experiencias premium (restauración sofisticada, salas más cómodas, mejoras en calidad de imagen y sonido), pero es porque siguen sin diferenciarse lo suficiente de la experiencia doméstica. El cine necesita su propia Taylor Swift, pero de momento es un deseo sin solución clara.

Cabecera | Karen Zhao en Unsplash

En Xataka | Netflix adoraba los cines. Luego los odió. Ahora ha llegado a un término medio muy beneficioso

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El gran plan de las marcas chinas para abrir centenares de concesionarios en España: un movimiento a contracorriente

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Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo

Eran los años 80 y los detergentes de Colón habían colado su famoso eslogan en todas las casas de España. 40 años después, un trabajador de BYD me explicaba cómo buscaban romper prejuicios en España: 

“Estamos dejando que la gente se lleve el coche a casa. No queremos hacer la típica prueba de 20 minutos con el comercial dentro del coche. Decimos al cliente que no tenga miedo, que se lleve el coche y que nos lo traiga al día siguiente”

BYD apenas tenía un puñado de puntos de venta en España aquellos días de 2023. Poco antes habíamos acudido a la presentación oficial de la marca. La compañía china llegaba con tres coches eléctricos (dos de ellos de claro enfoque premium) y lo vi claro: la marca tenía que conseguir atraer al cliente hasta el concesionario. Que se sentara en el coche, que lo tocara y lo sintiera. Era la única manera de dinamitar los prejuicios. 

Estamos a poco más de un mes de que termine 2025. Al cierre de octubre, BYD ha vendido en España 22.357 con unidades exclusivamente enchufables según datos de Anfac. Doblan holgadamente a Fiat. Superan a Mazda y Volvo. Hace tiempo que dejaron atrás a Tesla. Tienen en el horizonte cercano a Opel o Cupra. Empiezan a acercarse a Ford.

Al mismo tiempo, BYD cerrará con 100 concesionarios el año (ya tienen activos 96 en toda España) y prevén abrir otra treintena el año que viene. Al mismo tiempo, Chery ha colocado en nuestro país 31.493 coches al cierre de noviembre entre Ebro, Omoda y Jaecoo. Y eso que estamos ante el primer año completo en el que han vendido coches en nuestro país. La suma de todos ellos también supera holgadamente el centenar de puntos de venta.

MG suma 38.989 unidades entre enero y octubre de 2025. Con 11 puntos de venta disponibles en toda España. 

La irrupción es tal que el 10% de los coches que se compran en España son chinos. Era una cifra difícil de imagen de imaginar hace tan solo unos años. 

Una cifra que se ha conseguido llevando al cliente al concesionario. 

Y dinamitando sus prejuicios. 

La importancia de estar en la calle

Son muchos los factores que explican el brutal crecimiento de las marcas chinas en nuestro país. Podemos hablar de sus precios bajos, de ofrecer una puerta de entrada a una tecnología (la eléctrica o la híbrida enchufable) que han encarecido el producto o el amplísimo equipamiento que se ofrece en cada coche.

Pero además del precio, que sobrevuela todos los argumentos anteriores, encontramos un esfuerzo expansivo de todas estas marcas por estar en la calle, al pie del cliente, con los concesionarios. 

“Llevábamos mucho tiempo pendiente de su llegada. Ya hace 15 años, en la primera incursión de la marca, tuvimos uno de sus modelos, ahora no recuerdo exactamente el nombre. En cuanto a volumen, capacidad de fabricación y desarrollo, es un producto realmente excelente. Pensamos que está por encima del resto de las marcas chinas que están llegando a nuestro país”. 

Quien habla es José María Blitz, Director de Proyecto en el concesionario que BYD tiene en la en la calle Concha Espina en Madrid (junto al Santiago Bernabéu) y que pertenece a Astara Retail, distribuidora con presencia en 19 países y que lo mismo te vende un Bentley o un Rolls-Royce que un BYD. Esta vez es a la marca china a la que hace referencia. 

Nos cuenta que el público ha acogido con los brazos abiertos a la compañía y que desde que abrieran su primer concesionario, este junto al estadio madridista, el interés solo ha ido en aumento. 

“El cliente ya ha superado eso de ‘marca desconocida’. Podía haberla en un principio, hace tres años o cuatro años pero yo creo que está prácticamente vencida. Es más, la percepción que tiene el cliente de la marca es excelente”, explica. Sumado a que “el producto europeo era muy caro y el quipamiento muy justo. Las marcas chinas ofrecen un producto de calidad a precio competitivo con un nivel de equipamiento mucho más alto. Podemos estar tranquilamente un 20% o un 25% por debajo de marcas de la competencia con niveles de equipamiento más alto”, señala Blitz.

BYD es solo una de las marcas chinas que venden en nuestro país. Junto a MG y al Grupo Chery (Omoda, Jaecoo y Ebro) forman una suerte de quinteto representativo de las 28 marcas chinas que ya venden en nuestro país, según Faconauto

La patronal de concesionarios de nuestro país dice contabilizar unos 600 puntos de venta ahora mismo, entre concesionarios y servicios oficiales. Eso sí, nos señalan que “conviene contextualizar esta cifra: la mayor parte de los puntos de venta en España sigue correspondiendo a fabricantes consolidados —europeos, japoneses, coreanos o americanos—, cuya presencia es estructural y se ha desarrollado a lo largo de décadas.

Ahora mismo, Faconauto contabiliza 28 firmas chinas vendiendo coches a través de 600 concesionarios repartidos por todo el país

¿Qué ha pasado para encontrarnos con esta explosión? Blitz lo tiene claro, el producto, asegura, es parte del éxito. Pero también con quiénes se han asociado estas marcas. “Su estrategia ha sido cerrar acuerdos con grandes grupos de concesionarios, gente que es realmente profesional”, aseguran desde este concesionario propiedad de Astara.

Lo mismo opinan en Faconauto, quienes señalan que “han decidido entrar en nuestro mercado con un modelo ‘tradicional’ aprovechando la implantación de los empresarios concesionarios. Y la clave es la palabra ‘empresarios’, que eligen dónde invertir su dinero. Resulta evidente que muchos grupos de concesionarios han visto una buena oportunidad en invertir en la distribución de las marcas chinas”

Esa apuesta genera confianza hacia el cliente, lo que les ha permitido crecer “hasta el nivel de cualquier otra marca europea”, para Blitz. La clave: un producto disruptivo y un buen servicio postventa.

“Son muy ágiles y quieren que sus colaboradores también lo sean. Hay un sentido de urgencia en todo lo que hacen. Quieren crecer muy rápido, pero con sensatez”. Esta vez quien habla es Víctor Moll, cofundador y CEO de Moll Motor que desde hace más de 60 años han vendido todo tipo de productos. De hecho, en su cartera tienen Mazda, Fiat, Abarth, Alfa Romeo, Jeep y Suzuki… y Omoda-Jaecoo o Ebro, marcas a las que se refiere en esta ocasión. 

Moll Motor representa a la perfección esa figura de distribuidor que mantiene una cartera amplia de marcas tradicionales pero que no ha dudado en sumarse a la “fiesta china”. Una fiesta que ha mirado hacia el negocio clásico de los concesionarios, una fórmula donde las marcas tradicionales han apretado en los últimos años. Volvo, por ejemplo, saltar al “todo online” pero ha sido un fiasco. Mercedes trabaja en instaurar un modelo de agencia y Carlos Tavares ya hablaba de un profundo adelgazamiento de la cartera de concesionarios de Stellantis en 2022.

En los últimos años, explican desde Faconauto, “ha habido procesos de racionalización, especialmente en marcas con redes históricamente muy amplias, motivados por la digitalización, ajustes de eficiencia o cambios en los modelos contractuales. En 2014, por ejemplo, había unos 2.100 concesionarios de marcas ‘tradicionales’ y a finales de 2024 había unos 1.600… pero en ese año hemos tenido que sumar los 500 puntos nuevos que las marcas chinas han ido generando”. 

“Las marcas chinas ofrecen mejores condiciones que algunas marcas tradicionales, es normal si quieren entrar, la cuestión es si las mantendrán en el tiempo. Son muy rápidos sirviendo producto, y eso hace que se incrementen los volúmenes, y finalmente nuestro beneficio, es una cuestión de escala”, señala Moll quien defiende su papel: “los fabricantes chinos tienen muy claro lo que quieren y como lo quieren hacer, y para ello han contado con los concesionarios, cosa que otros tradicionales parecen haber olvidado”.

“Tienen muy claro lo que quieren hacer, y para ello han contado con los concesionarios, cosa que otros tradicionales parecen haber olvidado. Quisieron reinventar la rueda”

“Lo que le hicimos ver a la marca era que el servicio en postventa era fundamental. O sea, creemos que el éxito no está solo en tener un producto competitivo, sino en poder dar luego un alto nivel de servicio. En cuanto a instalaciones, formación, formación técnica, garantías, que no haya rotura de stock. El cliente necesita que ese coche funcione todos los años que lo tenga y que esté realmente bien atendido. Y creo que eso es uno de los éxitos también de hoy. Eso se ha hecho muy bien con todo un almacén muy potente para Iberia en Guadalajara. Ese almacén está por encima del 90% de las piezas disponibles”, recupera Blitz. Y recalca: “eso es fundamental. Esa es la clave”.

Victor Moll defiende la misma posición. “Para construir una imagen de marca y acercarla al consumidor, con el mejor servicio de postventa, la forma más directa, eficiente y económica siempre ha sido a través de una red de concesionarios. Vender es lo más fácil, eso lo saben hacer muchos, pero dar después el servicio necesario ya no es tan fácil, y las redes de concesionarios eso lo vienen haciendo desde hace mucho tiempo.  Muchos fabricantes tradicionales decidieron ‘reinventar la rueda’ y claramente se han equivocado, y eso ha dejado un espacio para que nuevos players hayan entrado por el camino que abrieron otros”. 

Y resume “tienen muy claro que el cliente es lo primero y se esfuerzan mucho por comprender el mercado local. Escuchan y preguntan mucho”.

Lo que narran Blitz o Moll es el éxito de BYD, Omoda y Jaecoo, compañías chinas que como MG o Ebro, han sido abrazadsa rápidamente por el cliente general. Pero no son las únicas que tratan de hacerse un hueco en España. 

Deepal, Zeekr, iCar, GAC, Lepas, Nevo, Luxeed o Avatr son marcas mucho menos conocidas. Todas ellas han levantado el interés de los grandes grupos de concesionarios españoles que ven bajo sus siglas lo mismo que vio Astara con BYD: un producto atractivo a un precio lo suficientemente bueno como para convencer al cliente particular. 

En líneas generales, y como se puede ver en el caso de Astara o Moll Motor, las marcas chinas no han abierto una red propia en un tiempo récord. La mayoría se ha asentado sobre gigantes de la distribución en nuestro país, aprovechando la red que ya tenían desplegada para ser más ágiles, posicionar el producto en la calle y ofrecerlo lo más rápidamente posible.

Faconauto describe bien el movimiento. La patronal nos confirma que aunque “se están produciendo movimientos puntuales” no hay un fenómeno generalizado en el que los concesionarios estén abandonando a las firmas tradicionales para pasarse al mercado de las compañías chinas. 

“Hay grupos que incorporan una marca nueva como complemento a su porfolio; otros lo hacen para reforzar su oferta electrificada; y algunos mantienen exclusivamente su apuesta por fabricantes tradicionales”, explican desde la asociación que aglutina a los concesionarios en nuestro país. 

¿Y en el futuro? “Dependerá de factores como la estabilidad regulatoria, la evolución del mercado eléctrico, la continuidad o adaptación de las ayudas y el compromiso de cada fabricante con su inversión en red y postventa. Pero la tendencia observada hasta ahora muestra una irrupción progresiva y ordenada, que convive con una red tradicional muy sólida y mayoritaria”, describen en Faconauto que, además, subrayan que “el factor decisivo no es el origen, sino la solidez del proyecto, el soporte en postventa, la inversión que requiere y la visibilidad a medio y largo plazo. Las decisiones se toman con criterios estratégicos, no por cuestiones de procedencia”. 

Foto | BYD

En Xataka | China está fabricando tantos coches que los concesionarios ya mandan un mensaje a la industria: no quieren convertirse en sus almacenes

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