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Si la pregunta es si vale la pena dejar de fumar cuando llevas toda una vida haciéndolo, la ciencia tiene una buena noticia

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A estas alturas no hace falta hablar de lo perjudicial que resulta fumar. Hoy sabemos que es malo para todo: para tu salud, para tu productividad y para los que te rodean. Por eso, de un tiempo a esta parte los esfuerzos se han enfocado en reducir el número de personas que pueden verse tentadas a iniciarse. ¿Y los fumadores que no pueden dejarlo? Para ellos también hay buenas noticias.

El estudio. Una nueva investigación de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Michigan ha descubierto algo que a veces se ha puesto en tela de juicio en torno a los fumadores que llevan décadas con un cigarro en la boca. La conclusión: se vive más tiempo independientemente de la edad a la que se deje de fumar. O, dicho de otra forma, nunca es tarde para dejarlo, tengas 20 o 75 años.

El enfoque. La idea de la que partió el equipo de investigadores fue desmitificar muchas de las campañas y enfoques de los últimos años. La vinculación del hábito de fumar con, por ejemplo, el cáncer y sus variantes, o con las enfermedades cardíacas y pulmonares, ha hecho que los responsables de concienciar a la población de fumadores para que lo dejen se hayan centrado en un grupo de personas más o menos joven.

La clave, como indican, es esa coletilla tantas veces escuchada de “antes de que sea demasiado tarde”. Por tanto, ya tenían el enfoque del estudio, ¿de verdad hay un momento en que ya es demasiado tarde para dejarlo?

Como explica la investigadora y autora principal, Thuy Le: “Hemos visto una notable disminución del tabaquismo entre los adultos jóvenes durante la última década. Sin embargo, las tasas entre los adultos mayores que fuman se han mantenido estancadas y, hasta donde sabemos, ninguna investigación había establecido los beneficios que les reporta dejar de fumar. Queríamos demostrar que dejarlo es beneficioso a cualquier edad y ofrecer un  incentivo a los mayores que fuman para que dejen de hacerlo”.

Analizando la mortalidad. Lo primero que hizo el equipo fue calcular las tasas de mortalidad específicas por edad según el estado de tabaquismo. Para ello utilizaron los riesgos relativos de mortalidad por todas las causas a través de los datos de una variedad de fuentes nacionales en Estados Unidos.

De esta forma, los grupos estaban formado por personas que nunca fumaron, las que fuman actualmente y las que habían fumado, pero lo dejaron. Con esta información se creó lo que denominaron como “tablas de vida”, las cuales mostraban la esperanza de vida de las personas en intervalos de 10 años entre las edades de 35 y 75.

Resultados. Lo encontraron fue que, en comparación con los que nunca habían fumado, quienes fumaban actualmente y habían fumado durante la edad adulta hasta los 35, 45, 55, 65 o 75 años perderán, en promedio, 9,1, 8,3, 7,3, 5,9 y 4,4 años de vida, respectivamente, si continuaran fumando durante el resto de sus vidas.

Sin embargo, si dejaran de fumar a cada una de estas edades, evitarían una pérdida promedio de 8,0, 5,6, 3,4, 1,7 y 0,7 años, respectivamente. Entre los que dejaron de fumar a los 65 años, la probabilidad de ganar al menos un año de vida fue del 23,4%, y para los que dejaron de fumar a los 75, la probabilidad fue del 14,2%. Dicho de otro modo, dejar de fumar nunca deja de ser extremadamente positivo, como demuestran esas probabilidades incluso con 75 años.

Bola extra. No solo eso. Como indican en el estudio, sus datos mostraron que casi el 10% de las personas que dejaron de fumar a los 65 años ganaron al menos ocho años de vida en comparación con quienes siguieron fumando, y el 8% de quienes dejaron de fumar a los 75 años ganaron al menos cuatro años.

Como concluyen los autores, el beneficio de dejar de fumar no se limita a los adultos jóvenes y de mediana edad que fuman, “este estudio demuestra su aplicabilidad también a las personas mayores. Si bien los beneficios de dejarlo a edades más avanzadas pueden parecer bajos en términos absolutos, representan una gran proporción de la esperanza de vida restante de una persona”, zanjan.

Imagen | Pexels

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la ciencia de la productividad dice que no solo importan las pulgadas

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A mí me ha pasado y puede que a ti también: tienes un monitor y notas que ya no es suficiente. Podrías dar un saltito y cambiarlo por uno un poco más grande, pero sumarle únicamente pulgadas a la ecuación no va a cambiar la cosa demasiado. Para cambiar nuestra experiencia, necesitamos algo diferente, como apostar por un monitor ultrawide o sumar un monitor más a nuestro setup.

¿Cuál es la mejor opción para ti? Ambas están genial, pero puede que las dos no se adapten a tus necesidades de la misma manera. Por eso mismo, vamos a echar un vistazo a las ventajas e inconvenientes que tienen estas dos configuraciones para que sepas qué elegir según tus prioridades.

Elegir un monitor ultrawide

Kadyn Pierce Ao9hfn6rdx4 Unsplash
Kadyn Pierce Ao9hfn6rdx4 Unsplash

Un monitor ultrawide es más grande que uno convencional, pero no podemos quedarnos solo con eso. Estos monitores suelen tener en su mayoría un formato 21:9, lo que se traduce en que son más anchos. Eso hace que tengamos un espacio horizontal más alargado, lo que es una maravilla para la productividad

Y no solo eso: al ser una única pantalla, no hay ningún tipo de barrera o marco que corte la experiencia visual, algo ideal para trabajar con líneas de código largas u hojas de cálculo con infinidad de columnas. También tres ventanas con documentos o aplicaciones abiertas a la vez. Todo tu espacio de trabajo, sin interrupciones. Y para jugar, son lo más porque tienes un campo de visión más grande y la inmersión que dan no es comparable a la de un monitor normal.

A esta pantalla alargada hay que sumarle otro factor, que es la curvatura. Hay opciones de monitores ultrawide planos, aunque si te animas a dar el salto, yo te recomendaría optar por uno curvo. La razón es muy fácil de entender: la pequeña curva del monitor ayuda a que puedas verlo entero de un vistazo. ¿Qué implica esto? Que no tienes que girar la cabeza, algo que agradecerás cuando termines tu jornada. Además, el ultrawide te permite trabajar centrado y con la columna recta. Con dos monitores, tu “centro” serán los marcos de ambos. Por tanto, más movimientos de cuello.

Otro elemento más que juega a favor de los ultrawide: la Ley de Fitts. Esta, en resumidas cuentas, predice que el tiempo necesario para moverse a un objetivo depende de la distancia y el tamaño del mismo. ¿Y cómo se aplica esto a los monitores? Con dos de ellos, vamos a tener los marcos como una “barrera” de separación entre ambos que el cerebro va a entender como una interrupción. Eso no ocurre con el ultrawide, puesto que el ratón y todo se va a mover de forma fluida por toda la pantalla. Sin un salto continuo de un monitor a otro, la carga cognitiva se reduce y eso es genial para que haya menos fatiga.

No es la razón principal para elegir uno de estos monitores, pero tengo amigos que se han decantado por un ultrawide porque prefieren un espacio más minimalista y ordenado. Al final, es una experiencia visual continua que colocas en tu escritorio que, claro está, también tiene su lado negativo: necesitas un fondo de escritorio amplio.

Me dejo para el final dos contras más que, sin ser un drama, yo valoraría mucho antes de decantarme por esta opción. Como es una pantalla, si un día arrancas el ordenador y el monitor no enciende, te quedarás sin nada (ahí tener dos monitores gana claramente). Además, al tener muchos más píxeles que un monitor panorámico de toda la vida, vas a necesitar una tarjeta gráfica medio potente si no quieres que tus juegos caigan por debajo de 60 FPS.

Elegir dos monitores

Markus Spiske Wtwygdnbgts Unsplash
Markus Spiske Wtwygdnbgts Unsplash

La otra cara de la moneda: dos monitores, uno al lado del otro. Si tuviera que definir esta configuración con una palabra, sería versatilidad. Para construir un setup con dos pantallas, podemos lanzarnos a comprarlas ambas o simplemente adquirir una y sumarla a la que ya tenemos, ya sea idéntica o de un tamaño y características diferentes. Y no solo eso: también podemos cambiar su altura a nuestro antojo o girar una de ellas para ponerla vertical. Esto último es genial para leer documentos largos o echar un vistazo a las redes sociales mientras que, a la vez, tienes otra pantalla en horizontal para tener una experiencia normal.

Yo trabajo con dos monitores desde hace años y es mi elección porque ofrece la sensación de tener dos espacios separados. Por ejemplo, suelo tener abierto en una pantalla un documento donde escribo y el correo o el Slack en la otra. A cambio, sí que hay una cosa en la que los ultrawide ganan por goleada: te vas a encontrar un marco de por medio y te va a tocar mover más el cuello.

Me voy a detener en esto último un momento. Es muy necesario que los dos monitores estén bien colocados, algo que no es tan sencillo como suena. Si son idénticos es más fácil, pero puede ser una odisea como sean de diferentes tamaños o fabricantes. Dentro de lo posible, yo tiraría de un soporte para monitores, aunque eso engorda la cuenta. Y es mejor no escatimar ahí, puesto que van a tener que soportar el peso de los monitores todo el tiempo.

Lo bueno y lo malo de ambas opciones, frente a frente

monitor ultrawide

dos monitores

LO BUENO  🟢

Trabajas sin marcos en medio. Es ideal para editar vídeo (timeline infinito) o tener 3 columnas de texto legibles, y ayudan a no forzar el cuello

Te permite tener dos espacios de trabajo separados

LO MALO 🔴

No son para todos los escritorios: necesitas un soporte robusto, fondo de mesa y una buena tarjeta gráfica

Implican más movimiento de cuello y hay marcos negros en medio

Ideal para:

Tener todos tus documentos o apps en una misma pantalla para verlos de un vistazo

Más versatilidad: puedes poner uno en vertical (ideal para programar o leer redes) y el otro en horizontal

Echamos cuentas para ver qué te puede compensar más

Como ves, ambas configuraciones te van a ayudar a mejorar tu productividad. Si las dos “hacen lo mismo”, entonces, ¿cómo sabes cuál es mejor para ti? Son las diferencias de cada una las que tienes que conocer, sumadas al uso que le vas a dar al monitor (o monitores), puesto que no va a existir una gran diferencia de precio entre ambas opciones. Vamos a ver unos casos concretos para que sea más fácil de entender.

Si tu prioridad es tener un espacio de trabajo único donde puedas tener dos o tres aplicaciones y documentos abiertos a la vez, entonces me lanzaría a por un monitor ultrawide. ¿Por qué? Porque el formato 21:9 hace que esto sea mucho más sencillo. Y también más sano para tus cervicales.

  • Uso real: Quieres tener un espacio amplio en el que puedas ver todas tus cosas de un solo vistazo sin mover el cuello.
  • ¿Qué obtienes?: Un único monitor que te hará ganar en limpieza visual y que te permitirá tener un espacio de trabajo más ordenado.

Sin embargo, puede que prefieras tener dos espacios de trabajo separados que vayan de la mano. También que, puntualmente, te venga mejor tener una pantalla en posición vertical. Ahí los dos monitores ganan por goleada.

  • Uso real: Buscas la experiencia que te da tu monitor normal por duplicado.
  • ¿Qué obtienes?: Una configuración muy versátil que te permitirá trabajar de formas diferentes cada vez que lo necesites. Y si uno se te rompe, no te quedas vendido.

En resumen:

👉 Elige un monitor ultrawide si: quieres un espacio de trabajo único en una pantalla que puedas ver sin necesidad de mover el cuello.

👉 Elige dos monitores si: prefieres dos espacios separados que puedas usar (o mover) según necesites y no te importa que la experiencia se corte.

Modelos recomendados

Monitor ultrawide: LG 34WR50QK-B

De elegir ahora mismo un monitor ultrawide enfocado a productividad y para alguna partida esporádica, me quedaría con este de LG. Tiene 34 pulgadas con curvatura 1800R, lo que, como comenté más arriba, facilita mucho poder ver toda la pantalla de un vistazo sin mover el cuello. Además, tiene resolución QHD, que es lo más común y equilibrado para no gastar una fortuna.

Tiene 100 Hz, lo que hace que movernos entre aplicaciones y documentos sea más fluido, lo que también ayuda a que haya menos fatiga visual al final de la jornada. También puede venir bien para alguna partida ocasional (aunque no es un monitor pensado para jugar) y tiene un puerto USB-C, lo que nunca está de más para conectar el móvil, por ejemplo.


LG 34WR50QK-B – Monitor UltraWide Curvo, 34″, QHD: (3440x1440px), 21:9, ADM FreeSync Premium, Multiposición, Negro

El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces

Dos monitores: Samsung S40GD

Si te decantas por los dos monitores y vas a comprar dos iguales (que es lo ideal), me tiraría a por este Samsung S40GD. Es una opción de 24 pulgadas con resolución Full HD y una tasa de refresco idéntica al anterior de 100 Hz. Es cierto que tiene menor resolución que el anterior, pero no es tan importante al ser una pantalla tan pequeña.

Para trabajar con doble monitor, me parece genial: al usar panel IPS, ofrece muy buenos ángulos de visión, por lo que, los coloques como los coloques, vas a tener buena visibilidad. De hecho, para tener doble monitor, no apostaría por un monitor con panel VA por eso mismo, puesto que los vas a ver mal desde ciertos ángulos. También ofrece tanto HDMI como DisplayPort, lo que es ideal para conectar dos en caso de que tu PC tenga pocas opciones de conectividad.

Eso sí, al meter dos de estos monitores Samsung en el carrito, también agregaría un soporte doble como este de la marca Bontec: hace que la cuenta final suba, aunque a cambio te dará más opciones para colocarlos y te ayudará a reducir los movimientos de cuello.


SAMSUNG S40GD Essential Monitor 24″, Full HD, IPS Panel, Tasa de Refresco 100Hz, Eye Saver Mode, Super Slim Design, Less Screen Flickering, Altavoces Integrados, Contectividad Múltiple LS24D406GAUXEN

El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces

¿Quieres ver más modelos?

Si no te convence ninguno de estos dos monitores, puedes consultar nuestra guía de monitores ultrawide o esta otra centrada en monitores para trabajar.

Algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Xataka. En caso de no disponibilidad, las ofertas pueden variar.

Imágenes | Jose García, Markus Spiske, Mehmet Ali Peker

En Xataka | Cuál es el mejor ordenador portátil para trabajar en 2026. Consejos y recomendaciones

En Xataka | Mejores teclados para escribir y trabajar: cuál comprar y seis modelos recomendados

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la ciencia de la productividad dice que no solo importan las pulgadas

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A mí me ha pasado y puede que a ti también: tienes un monitor y notas que ya no es suficiente. Podrías dar un saltito y cambiarlo por uno un poco más grande, pero sumarle únicamente pulgadas a la ecuación no va a cambiar la cosa demasiado. Para cambiar nuestra experiencia, necesitamos algo diferente, como apostar por un monitor ultrawide o sumar un monitor más a nuestro setup.

¿Cuál es la mejor opción para ti? Ambas están genial, pero puede que las dos no se adapten a tus necesidades de la misma manera. Por eso mismo, vamos a echar un vistazo a las ventajas e inconvenientes que tienen estas dos configuraciones para que sepas qué elegir según tus prioridades.

Elegir un monitor ultrawide

Kadyn Pierce Ao9hfn6rdx4 Unsplash
Kadyn Pierce Ao9hfn6rdx4 Unsplash

Un monitor ultrawide es más grande que uno convencional, pero no podemos quedarnos solo con eso. Estos monitores suelen tener en su mayoría un formato 21:9, lo que se traduce en que son más anchos. Eso hace que tengamos un espacio horizontal más alargado, lo que es una maravilla para la productividad

Y no solo eso: al ser una única pantalla, no hay ningún tipo de barrera o marco que corte la experiencia visual, algo ideal para trabajar con líneas de código largas u hojas de cálculo con infinidad de columnas. También tres ventanas con documentos o aplicaciones abiertas a la vez. Todo tu espacio de trabajo, sin interrupciones. Y para jugar, son lo más porque tienes un campo de visión más grande y la inmersión que dan no es comparable a la de un monitor normal.

A esta pantalla alargada hay que sumarle otro factor, que es la curvatura. Hay opciones de monitores ultrawide planos, aunque si te animas a dar el salto, yo te recomendaría optar por uno curvo. La razón es muy fácil de entender: la pequeña curva del monitor ayuda a que puedas verlo entero de un vistazo. ¿Qué implica esto? Que no tienes que girar la cabeza, algo que agradecerás cuando termines tu jornada. Además, el ultrawide te permite trabajar centrado y con la columna recta. Con dos monitores, tu “centro” serán los marcos de ambos. Por tanto, más movimientos de cuello.

Otro elemento más que juega a favor de los ultrawide: la Ley de Fitts. Esta, en resumidas cuentas, predice que el tiempo necesario para moverse a un objetivo depende de la distancia y el tamaño del mismo. ¿Y cómo se aplica esto a los monitores? Con dos de ellos, vamos a tener los marcos como una “barrera” de separación entre ambos que el cerebro va a entender como una interrupción. Eso no ocurre con el ultrawide, puesto que el ratón y todo se va a mover de forma fluida por toda la pantalla. Sin un salto continuo de un monitor a otro, la carga cognitiva se reduce y eso es genial para que haya menos fatiga.

No es la razón principal para elegir uno de estos monitores, pero tengo amigos que se han decantado por un ultrawide porque prefieren un espacio más minimalista y ordenado. Al final, es una experiencia visual continua que colocas en tu escritorio que, claro está, también tiene su lado negativo: necesitas un fondo de escritorio amplio.

Me dejo para el final dos contras más que, sin ser un drama, yo valoraría mucho antes de decantarme por esta opción. Como es una pantalla, si un día arrancas el ordenador y el monitor no enciende, te quedarás sin nada (ahí tener dos monitores gana claramente). Además, al tener muchos más píxeles que un monitor panorámico de toda la vida, vas a necesitar una tarjeta gráfica medio potente si no quieres que tus juegos caigan por debajo de 60 FPS.

Elegir dos monitores

Markus Spiske Wtwygdnbgts Unsplash
Markus Spiske Wtwygdnbgts Unsplash

La otra cara de la moneda: dos monitores, uno al lado del otro. Si tuviera que definir esta configuración con una palabra, sería versatilidad. Para construir un setup con dos pantallas, podemos lanzarnos a comprarlas ambas o simplemente adquirir una y sumarla a la que ya tenemos, ya sea idéntica o de un tamaño y características diferentes. Y no solo eso: también podemos cambiar su altura a nuestro antojo o girar una de ellas para ponerla vertical. Esto último es genial para leer documentos largos o echar un vistazo a las redes sociales mientras que, a la vez, tienes otra pantalla en horizontal para tener una experiencia normal.

Yo trabajo con dos monitores desde hace años y es mi elección porque ofrece la sensación de tener dos espacios separados. Por ejemplo, suelo tener abierto en una pantalla un documento donde escribo y el correo o el Slack en la otra. A cambio, sí que hay una cosa en la que los ultrawide ganan por goleada: te vas a encontrar un marco de por medio y te va a tocar mover más el cuello.

Me voy a detener en esto último un momento. Es muy necesario que los dos monitores estén bien colocados, algo que no es tan sencillo como suena. Si son idénticos es más fácil, pero puede ser una odisea como sean de diferentes tamaños o fabricantes. Dentro de lo posible, yo tiraría de un soporte para monitores, aunque eso engorda la cuenta. Y es mejor no escatimar ahí, puesto que van a tener que soportar el peso de los monitores todo el tiempo.

Lo bueno y lo malo de ambas opciones, frente a frente

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No son para todos los escritorios: necesitas un soporte robusto, fondo de mesa y una buena tarjeta gráfica

Implican más movimiento de cuello y hay marcos negros en medio

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Más versatilidad: puedes poner uno en vertical (ideal para programar o leer redes) y el otro en horizontal

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Como ves, ambas configuraciones te van a ayudar a mejorar tu productividad. Si las dos “hacen lo mismo”, entonces, ¿cómo sabes cuál es mejor para ti? Son las diferencias de cada una las que tienes que conocer, sumadas al uso que le vas a dar al monitor (o monitores), puesto que no va a existir una gran diferencia de precio entre ambas opciones. Vamos a ver unos casos concretos para que sea más fácil de entender.

Si tu prioridad es tener un espacio de trabajo único donde puedas tener dos o tres aplicaciones y documentos abiertos a la vez, entonces me lanzaría a por un monitor ultrawide. ¿Por qué? Porque el formato 21:9 hace que esto sea mucho más sencillo. Y también más sano para tus cervicales.

  • Uso real: Quieres tener un espacio amplio en el que puedas ver todas tus cosas de un solo vistazo sin mover el cuello.
  • ¿Qué obtienes?: Un único monitor que te hará ganar en limpieza visual y que te permitirá tener un espacio de trabajo más ordenado.

Sin embargo, puede que prefieras tener dos espacios de trabajo separados que vayan de la mano. También que, puntualmente, te venga mejor tener una pantalla en posición vertical. Ahí los dos monitores ganan por goleada.

  • Uso real: Buscas la experiencia que te da tu monitor normal por duplicado.
  • ¿Qué obtienes?: Una configuración muy versátil que te permitirá trabajar de formas diferentes cada vez que lo necesites. Y si uno se te rompe, no te quedas vendido.

En resumen:

👉 Elige un monitor ultrawide si: quieres un espacio de trabajo único en una pantalla que puedas ver sin necesidad de mover el cuello.

👉 Elige dos monitores si: prefieres dos espacios separados que puedas usar (o mover) según necesites y no te importa que la experiencia se corte.

Modelos recomendados

Monitor ultrawide: LG 34WR50QK-B

De elegir ahora mismo un monitor ultrawide enfocado a productividad y para alguna partida esporádica, me quedaría con este de LG. Tiene 34 pulgadas con curvatura 1800R, lo que, como comenté más arriba, facilita mucho poder ver toda la pantalla de un vistazo sin mover el cuello. Además, tiene resolución QHD, que es lo más común y equilibrado para no gastar una fortuna.

Tiene 100 Hz, lo que hace que movernos entre aplicaciones y documentos sea más fluido, lo que también ayuda a que haya menos fatiga visual al final de la jornada. También puede venir bien para alguna partida ocasional (aunque no es un monitor pensado para jugar) y tiene un puerto USB-C, lo que nunca está de más para conectar el móvil, por ejemplo.


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Dos monitores: Samsung S40GD

Si te decantas por los dos monitores y vas a comprar dos iguales (que es lo ideal), me tiraría a por este Samsung S40GD. Es una opción de 24 pulgadas con resolución Full HD y una tasa de refresco idéntica al anterior de 100 Hz. Es cierto que tiene menor resolución que el anterior, pero no es tan importante al ser una pantalla tan pequeña.

Para trabajar con doble monitor, me parece genial: al usar panel IPS, ofrece muy buenos ángulos de visión, por lo que, los coloques como los coloques, vas a tener buena visibilidad. De hecho, para tener doble monitor, no apostaría por un monitor con panel VA por eso mismo, puesto que los vas a ver mal desde ciertos ángulos. También ofrece tanto HDMI como DisplayPort, lo que es ideal para conectar dos en caso de que tu PC tenga pocas opciones de conectividad.

Eso sí, al meter dos de estos monitores Samsung en el carrito, también agregaría un soporte doble como este de la marca Bontec: hace que la cuenta final suba, aunque a cambio te dará más opciones para colocarlos y te ayudará a reducir los movimientos de cuello.


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el aumento de los petroleros abandonados

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Lo de abandonar un petrolero u otro buque comercial ha pasado de ser algo rara avis a convertirse en una peliaguda tendencia: solo en 2025 hay registrados 410 buques, una diferencia abismal respecto a los 20 casos de 2016, según datos de la Federación International de Trabajadores del Transporte (ITF), una organización sindical mundial que rastrea estos incidentes. ¿Qué está provocando este repunte?

Los primeros afectados: la tripulación. Un petrolero abandonado no implica únicamente desatenderse de la embarcación en sí, sino también de más de 6.000 marineros abandonados a su suerte, según las cifras globales de ITF. Los más afectados son los marineros de la India, con más de mil personas afectadas representan la mayoría del total. 

Un caso es el de Iván (nombre ficticio), el oficial jefe de cubierta de un petrolero que lleva semanas abandonado fuera de las aguas territoriales de China, que recientemente declaró para la BBC cómo este suceso les ha afectado a la salud y al ambiente: “Teníamos escasez de carne, cereales, pescado, cosas básicas para sobrevivir”. Y eso sin mencionar la incertidumbre de ver la costa china y no saber si vas a poder pisarla.

El contexto: las flotas fantasma. A lo largo de los últimos meses hemos oído hablar de “barcos fantasma” o “barcos zombies”, esto es, barcos que legalmente apenas existen, con dueños escondidos tras empresas pantalla. El objetivo es operar fuera del marco financiero y regulatorio oficial para evadir sanciones por rutas “prohibidas” como Irán, Rusia o Venezuela. La guerra de Ucrania y el contexto de sanciones han originado un mercado B de barcos viejos que transportan petroleo.

Los candidatos ideales para convertirse en bancos fantasmas son los buques envejecidos, generalmente petroleros que rondan las dos décadas de vida, una edad crítica en la que ya la embarcación apunta al desguace, lo que facilita que pasen a ese escenario clandestino. Quien lo compra no va a invertir en mantenimiento a largo plazo, quiere amortizarlo rápidamente transportando crudo sancionado. Este tipo de embarcaciones carecen de seguros completos como P&I Clubs, de modo que ante cualquier problema, el armador desaparece antes de asumir costes de reparación o repatriación.

La trampa legal de las banderas de alquiler. Aquí aparecen en escena las “banderas de conveniencia“, algo así como el paraíso fiscal de los mares. Es lo que pasa cuando un armador registra su buque en un país diferente al suyo para beneficiarse de normativas más laxas. Hay una desconexión jurídica entre la propiedad real del buque y el estado que le da la bandera. ¿Y qué tiene que ver con los petroleros abandonados? Según la ITF, el 82% de abandonos se producen en buques que operan bajo banderas de conveniencia.

Entre los estados con banderas de conveniencia se encuentran Panamá, Liberia y las Islas Marshall, que representan el 46,5% de todos los buques mercantes. Pero hay un país que merece una mención especial: Gambia. En 2023 pasó de no tener ningún buque a poseer 35 navegando bajo su bandera, tiempo récord para crear esa infraestructura de forma orgánica. Además de legislación más suave, muchos de estos países subcontratan las inspecciones a organismos privados y carecen de personal técnico suficiente para verificarlo después, como señala la Organización Marítima Internacional en varios informes.

Cárceles y bombas de relojería flotantes. El de Iván es solo un caso, pero qué ejemplo: el barco porta casi 750.000 barriles de petróleo ruso que tiene valor nominal de unos 50 millones de dólares (42 millones de euros). Salió a principios de noviembre de 2025 del lejano oriente ruso hacia China y allí está, a las puertas de su destino y sin poder entrar. 

Es para que salten las alarmas por el riesgo ambiental que supone un posible vertido de un buque abandonado y sin responsable. Además, la seguridad de la embarcación queda comprometida, en tanto en cuanto el error humano representa más del 80% de los accidentes marítimos y estos marineros no están en su mejor momento precisamente. Afortunadamente, la ITF se hizo cargo de la situación en diciembre, proporcionando las nóminas atrasadas hasta este momento, proporcionando víveres y otros elementos básicos y planificando la repatriación.

No es un problema aislado. El drástico aumento de petroleros abandonados representa no solo una vulneración de sanciones y normativas internacionales, también un drama humano y potencial desastre ambiental para el que no habría responsable legal que lo cubriese. 

Si bien es cierto que hay intervenciones y abordajes y que hay estados presionando a aquellos países estandartes de las banderas de conveniencia como Gambia y consiguiendo algo en el intento, la realidad es que este es un fenómeno global que requiere de una regulación internacional más estricta, sirva como ejemplo la lista negra de la India, que incorporó a una base de datos a 86 buques extranjeros por abandono de marineros y violación de sus derechos. 

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Portada |  Jack Dong 

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