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review con características, precio y especificaciones

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Si hablamos de marcas generalistas y del mercado español, pocas marcas han calado tanto en nuestro país como Renault. La compañía francesa ha llenado nuestras calles de modelos que está renovando por completo (Scenic, Espace) o recuperando (Renault 5, Renault 4) en un momento crucial para la compañía.

El escenario europeo es complicado. En 2025 se aplicarán nuevos límites de emisiones que castigan (y mucho) a los vehículos más pequeños que no estén electrificados. En 2035, de momento, la idea es acabar con los motores de combustión que no sean neutros en carbono.

Ante esta disyuntiva, algunas marcas han optado por lanzarse a los brazos del coche eléctrico y, probablemente, tratar de correr antes de andar. En la fotografía general, la estrategia de Renault es más conservadora, sin cerrar puertas a ninguna compañía, pero es ambiciosa en el eléctrico. El Renault Scenic es el ejemplo de que van por el buen camino.

Ficha técnica del Renault Scenic

Renault Scenic

TIPO DE CARROCERÍA.

SUV compacto de cinco plazas.

MEDIDAS Y PESO.

4,470metros de largo, 1,908 metros de ancho y 1,571 metros de alto. Distancia entre ejes de 2,785 metros. 1.747 kg (60 kWh de batería) y 1.842 kg (82 kWh de batería)

MALETERO.

545 litros.

POTENCIA MÁXIMA.

160 kW (220 CV).

CONSUMO WLTP.

16,3 kWh/100 km batería de 60 kWh y 16,8 kWh/100 km batería de 82 kWh.

DISTINTIVO AMBIENTAL.

Cero emisiones.

AYUDAS A LA CONDUCCIÓN (ADAS).

Sistemas ADAS obligatorios por la Unión Europea como control de crucero adaptativo, frenada de emergencia o cámaras delanteras y traseras.

OTROS.

Sistema de infoentretenimiento basado en Android Automotive compatible con Apple CarPlay y Android Auto mediante conexión Bluetooth. Pantalla de 12,3 pulgadas para el cuadro de instrumentos y central de 12 pulgadas en formato vertical.

HÍBRIDO ELÉCTRICO.

No.

HÍBRIDO enchufable.

No.

eléctrico

Sí. Versiones de 125 kW (170 CV) con batería de 60 kWh y de 160 kW (220 CV) con batería de 82 kWh.

precio y lanzamiento

Disponible desde 38.700 euros (batería de 60 kWh) y 45.500 euros (batería de 82 kWh) sin ayudas del Plan MOVES III. Primeras entregas en junio de 2024.

Un producto con muy pocas pegas

Si por algo ha destacado el Renault Scenic ha sido por su fórmula de familiar espacioso, amplio y con huecos por todas partes. Aquel vehículo nacido a rebufo del Renault Mégane como una opción para llevar a toda la casa en el interior con un tamaño todavía contenido no ha abandonado al coche, pese a cambiar radicalmente su carrocería. Cambiar el envoltorio para mantener intacto el producto.

Apuesta Renault por un detalle que no es menor: no identificar al Scenic como un coche eléctrico. En los últimos años hemos visto cómo las marcas apostaban por una clara diferenciación entre su gama de combustión y la eléctrica (mucho más arriesgada). Se trataba de gritar que estábamos ante un coche eléctrico.

Poco a poco, los fabricantes están suavizando esta estrategia y van asemejando ambos productos. Audi es un buen ejemplo de cómo ha mantenido una misma línea de diseño en sus eléctricos, sin necesidad de artefactos extraños. Lo mismo sucede con el Scenic cuyas señas de identidad llegan por la pura funcionalidad, como las manetas enrasadas o llantas muy tapadas. Tampoco se ha optado por una calandra delantera completamente cerrada.

El lenguaje de diseño repite las formas angulosas que estamos viendo en los últimos modelos de la compañía como el Renault Espace o el Rafale y le dan una mayor presencia y empaque a un coche que se queda en los 4,47 metros, por lo que parece más grande de lo que en realidad es.

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Tecnologías multimedia: la apuesta por Google es ir sobre seguro

Esa sensación de familiaridad que desprende el coche por fuera se repite en su interior. En el asiento del conductor todo parece quedar a mano y todas las funciones que podríamos necesitar las tenemos al alcance de la misma. A todo esto lo acompañan unas calidades buenas, con buenos ajustes y acolchados allí donde se le piden.

En mi opinión, sí es necesaria una redistribución de los mandos detrás del volante o un rediseño. Es algo, sin embargo, por lo que lleva años apostando Renault y tampoco he leído demasiadas quejas al respecto. Con todo, a los clásicos mandos de luces y limpiaparabrisas hay que sumar la palanca de la transmisión, un mando para el control del sistema multimedia y unas pequeñas levas.

El entorno en la mano derecha queda algo emborronado y en alguna ocasión he tocado la palanca del limpiaparabrisas al querer maniobrar con rapidez. Supongo que es algo que la memoria muscular eliminaría con el paso del tiempo pero considero que sigue siendo algo un poco incómodo.

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En el lado derecho hay demasiados artefactos: palanca de cambios, de luces, de control multimedia y levas

Con todo, se agradece que todos los mandos necesarios durante la conducción los tengamos a mano. Si queremos tocar la climatización, ahí están los mandos físicos. Si queremos subir el volumen o cambiar de canción, ahí están los mandos físicos. Si queremos desactivar las alertas por velocidad, ahí están los mandos físicos.

Si queremos jugar con el control de crucero u otras ayudas ADAS, hay un botón físico en el volante aunque, en este caso, el tacto no es tan bueno como en el resto de mandos, al ser una sola pieza de plástico para todas las opciones. Pese a ello, el pequeño borde que segmenta las opciones facilita encontrar una u otra ayuda sin distracciones.

Tras el volante tenemos una doble pantalla en L, con un cuadro de instrumentos de 12,3 pulgadas (1920 x 720 píxeles) y una central de 12 pulgadas, en formato vertical (1250 x 1562 píxeles). Ambas se ven realmente bien y en el cuadro de instrumentos se ha hecho un trabajo de diseño exquisito en lo formal. Sólo creo que, en algunas pantallas, se peca un poco de exceso de información pero creo que todo el mundo encontrará aquella con la que se sienta cómodo.

El cuadro de instrumentos deja a la derecha la pantalla principal donde Android Automotive hace acto de presencia para lo bueno y para algunos pequeños detalles que generan alguna fricción.

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Si hablamos de facilidad de uso, aquí Android Automotive sigue siendo el sistema multimedia más interesante. Los hay más completos y bonitos pero si se trata de tener a mano lo más básico y simple, el trabajo de Google es mejor que el de cualquiera de sus rivales.

Tenemos una ventana a modo de home con el navegador, la radio (o la reproducción del teléfono móvil) y el asistente de Google a mano. Estas dos últimas opciones se pueden esconder en una pequeña tira. En la zona inferior, la información sobre el climatizador.

En su parte superior tenemos otras cuatro pestañas. La primera es un acceso rápido al multimedia, la segunda es el acceso al listado de llamadas del teléfono y la agenda, la tercera es un cajón de aplicaciones y la cuarta da paso a todas las opciones de configuración del coche, así como los ajustes de los sistemas ADAS de ayuda a la conducción.

Decimos que delegar el diseño del sistema multimedia a Google es jugar sobre seguro porque Renault habrá dedicado muy poco tiempo, dinero y recursos a este aspecto y, al mismo tiempo, el resultado es realmente bueno para el conductor. Si tienes iPhone, es posible utilizar Apple CarPlay pero yo no lo he echado de menos porque la conexión con el teléfono móvil es muy rápida por lo que tenemos a mano siempre la música o nuestro podcast favorito. También las llamadas que tengamos que hacer.

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Es muy fácil activar o desactivar cualquier ayuda a la conducción

La parte negativa es que arrastras algunos problemas que se repiten en los coches con los que se comparten los servicios de Google. De la predicción de la autonomía y de los puntos de carga disponibles hablaremos más adelante. Esta vez nos vamos a centrar en el asistente de voz.

En líneas generales, el asistente de voz hace su trabajo y es bastante útil para según qué órdenes. Sin embargo, muchas veces hace oídos sordos a nuestro “Ok, Google”. Especialmente cuando estamos reproduciendo algo por los altavoces. En algunas ocasiones he tenido que gritarle al coche.

Y lo segundo es que Google debe encontrar la manera de que entienda mejor las órdenes que le damos. No puede ser que a un “baja un poco el volumen” nos responda que tenemos que precisar el porcentaje de volumen que queremos. Con todo, el sistema funciona especialmente bien cuando le ordenamos que nos lleve a un lugar concreto y se beneficia de sus datos de tráfico en tiempo real, lo que siempre es de agradecer en una hora punta.

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Tecnologías de conducción: pidiendo algo más que carretera

Si algo queda claro cuando te subes al coche es que Renault no quiere que tengas la más mínima fricción con el Scenic. Se trata de hacer de este coche eléctrico un vehículo sencillo, como lo has llevado toda la vida pero con las ventajas propias de esta tecnología.

¿Cuáles son esas ventajas? Un confort de marcha realmente bueno. El aislamiento está muy bien conseguido y hasta pasados los 120 km/h no se nota el ruido aerodinámico. A partir de ahí, es más evidente pero no es ni mucho menos molesto. Es un coche silencioso, de esos eléctricos que cuando vuelves a un vehículo de combustión parece que has dado un salto al pasado.

En marcha, el coche va muy asentado y la suspensión es cómoda, aunque sin rechazar un punto dinámico que se ha dejado ver en los últimos coches de la firma del rombo. De hecho, la suspensión es un poco más dura que en sus rivales, lo que contiene bien las masas cuando salimos fuera de la autopista.

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En una carretera secundaria, si enlazamos virajes con tranquilidad, el coche se comporta dócil y, de nuevo, prima la facilidad de uso. Pero cuando entramos con más fuerza, el coche no pierde la compostura y sostiene bien el desplazamiento de las masas de un lado a otro.  Es con la dirección con lo que tengo más problemas.

Configurada por defecto, la noto excesivamente blanda, hasta el punto que la siento artificial y no termino de ser todo lo preciso que debería con ella. En ciudad, el coche podría llevarse casi con un dedo, lo que puede gustar a según qué conductores. En mi caso, prefiero un tacto más duro y directo.

Lo bueno es que esto sí se puede configurar. En el modo Sport, el peso en el aro del volante es más evidente y, de hecho, creo que es el tacto que debería llevar el coche de serie. Este modo se puede configurar en un perfil propio y, por tanto, podemos utilizar la dirección configurada con el modo Sport y la entrega de potencia en el modo ECO, por ejemplo. Es, por tanto, un problema menor que se repite (y tiene la misma solución) con el pedal del freno.

Las levas tras el volante nos ayudan a gestionar la frenada regenerativa. Hay cuatro niveles que llevan a eliminar cualquier tipo de frenada en autopista y a priorizar la máxima retención en ciudad. En este último caso, la frenada se deja sentir pero tampoco clava el vehículo, por lo que funciona realmente bien. Echo de menos un sistema de one pedal para rematar la experiencia.

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Ya en carretera, el coche se comporta de forma exquisita. La entrega de potencia del motor eléctrico está muy bien gestionada. Tenemos en el pie 160 kW (220 CV) que son más que suficientes para movernos con solvencia en todo tipo de situaciones y a menos que se busque con intención (modo Sport mediante) no encontraremos el golpe de inmediatez eléctrica que podemos encontrarnos en otros vehículos con esta tecnología.

En cuanto a los sistemas ADAS de ayuda a la conducción, la unidad probada contaba con todas las obligaciones de la Unión Europea, a las que se añaden (entre otros) el mantenimiento en el centro del carril o el control de crucero adaptativo.

Este último me ha funcionado correctamente en líneas generales. Las aceleraciones y las frenadas han sido suaves y no se ha dejado engañar por los camiones, que suelen provocar frenadas fantasma cuando el carril es más estrecho. Sin embargo, la detección del carril no siempre me ha funcionado correctamente y en algunos momentos ha tardado más en fijar la línea exterior de lo que sería deseable. Una vez en el centro, no hemos tenido mayores problemas a la hora de pasar las curvas sin movimientos extraños.

Punto a destacar el botón para activar o desactivar la alerta de exceso de velocidad obligatoria por la Unión Europea. Éste es físico y no sólo activa o desactiva las alertas sonoras, al pulsarlo se activa un perfil individualizado que actúa sobre la alerta de exceso de velocidad pero también sobre el mantenimiento de carril o la vibración del volante como alerta de salida del mismo, por poner un par de ejemplos.

Tecnologías de carga: convenciendo a los escépticos

Si algo hace bien el Renault Scenic es su faceta de mesías. Cuando hablamos con las marcas nos repiten una y otra vez que para vender un eléctrico suele ser imprescindible subirlo al coche. Estoy convencido de que la mayoría de conductores escépticos que convivieran con este coche durante una semana estarían dispuestos a comprarse un eléctrico.

El Renault Scenic monta dos tamaños de batería. En este caso hemos contado con la opción de gran autonomía que llega con una cantidad de kilómetros debajo del brazo que borra de inmediato las posibles dudas. Incluso la pequeña (60 kWh) puede ser realmente interesante si se sopesa bien qué se está comprando.

Como decíamos, nosotros hemos probado la batería de 82 kWh que homologa 627 kilómetros de autonomía. En nuestras pruebas de unos 500 kilómetros de autopista hemos recogido un consumo de 20,1 kWh/100 km a 120 km/h de velocidad de crucero en nuestro recorrido habitual.

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Esto deja al Renault Scenic con la capacidad de realizar 400 kilómetros de carretera sin despeinarse. Una cifra más que solvente y que debería ser suficiente en la mayoría de los casos. Especialmente si tenemos en cuenta que la carga alcanza picos de 150 kW. Se puede pasar del 15 al 80% de la carga en 37 minutos, lo que permite recorrer unos 350 kilómetros del tirón y tener disponibles otros 300 kilómetros de autonomía antes de terminar de comer algo rápido en una estación de servicio.

Lo que sigue siendo un problema es la gestión de los cargadores que hace Google. Ya lo mencionamos en la prueba del Volvo EX30 y es algo que repetimos en esta ocasión: se necesitan actualizaciones constantes de los puntos de carga disponibles. No es un problema muy grande si tiramos de Electromaps pero sigue siendo algo a tener en cuenta.

Y, por último, lo que más me ha sorprendido es la desviación en el cálculo de la autonomía del planificador de ruta. Hasta el punto de calcular un 20% menos de autonomía de la esperada en apenas 200 kilómetros de recorrido. No es cuestión del historial que tuviera el vehículo, ya que he reiniciado los valores a conciencia. Si tenemos en cuenta que Google se supone que calcula la autonomía con la orografía del terreno y la velocidad máxima permitida, esto no debería suceder.

Una vez más, no es un gran problema porque es sencillo echar cuentas de los kilómetros que podemos realizar con el consumo medio en una ruta ya conocida pero sí puede alarmar en exceso cuando viajamos por una ruta no conocida. Es un problema que también he visto repetido en las unidades de algunos compañeros.

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La conclusión de Xataka

El Renault Scenic es un coche eléctrico que mira de tú a tú a muchos compactos del mercado.

Es rotundo pero es lo que siento. Como siempre, dependerá de nuestra situación económica y de las posibilidades que tenemos de cargar pero si tenemos acceso a un enchufe es fácil echar cuentas. Aquí te dejamos una calculadora para que eches las tuyas.

En la versión probada, la de batería grande, el Renault Scenic parte de 45.500 euros sin descuentos ni ayudas. Puede sonar a mucho dinero pero con el Plan MOVES III y ofertas puntuales será posible encontrarlo por unos 35.000 euros. Sin irnos de Renault, un Austral ya lo encontramos en esos 35.000 euros con motor híbrido de 200 CV.

Incluso si sólo aplicamos los descuentos del Plan MOVES III, según nuestra calculadora en 10 años habríamos ahorrado 7.490 euros realizando 15.000 kilómetros al año. En la estimación, hemos supuesto un coste del kW a 0,10 euros y de la gasolina en 1,50 euros/litro. En ambos casos con los consumos WLTP homologados.

Eso si hablamos de un Scenic de batería grande porque la versión de 60 kWh parte de unos interesantes 38.700 euros que se pueden acercar (y mucho) a los 30.000 euros si descontamos las ayudas del Plan MOVES III. En este caso hay que tener en cuenta que hablamos de un coche con una autonomía de 300 kilómetros en autopista. Si estamos dispuestos a sacrificar algo de tiempo en uno o dos viajes largos al año, la inversión puede merecer mucho la pena.

Porque ya no es sólo una cuestión numérica. El Renault Scenic es un coche bien terminado, con unas calidades buenas (a la altura de su precio) y con un confort de marcha y una insonorización realmente buena. Es, desde luego, un coche eléctrico de referencia en su segmento.

Fotos | Xataka

En Xataka | Puestos los aranceles a China, el CEO de Renault tiene claro a quién debe imitar el coche eléctrico europeo: a China

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lo nuevo del director de ‘Longlegs’, en dos días en streaming

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Oz Perkins se ha convertido en uno de los nombres clave del terror moderno gracias a películas como ‘Longlegs’ (127 millones recaudados con un presupuesto de menos de 10) o ‘The Monkey’, que adaptaba un relato de Stephern King, todo rodado y estrenado en tiempo record. Con ellas todavía frescas llegó ‘Keeper‘, su tercer largometraje en dieciséis meses, avalado por Guillermo del Toro, Bong Joon-ho o James Wan. En cines no llamó tanto la atención como sus precedentes, pero desde este jueves tienes ocasión de comprobar con tus propios ojos si Perkins es el último gran maestro del terror o un bluff en Movistar Plus.

‘Keeper’ se rodó mientras el trabajo en ‘The Monkey’ se paralizaba con las huelgas de guionistas y actores de 2023. Con esas restricciones de tiempo y presupuesto, se optó por una sola localización y un reparto pequeño: la película sigue a una pareja que celebra su primer aniversario en una cabaña aislada en el campo, donde los secretos oscuros de uno de ellos comienzan a emerger. De este modo, Perkins convierte en materia de terror temas como el control en la pareja o la masculinidad tóxica.

La película se sostiene completamente sobre el trabajo de sus dos protagonistas, especialmente el de Tatiana Maslany, conocida por ‘Orphan Black’ y ‘She-Hulk: Abogada Hulka’ de Marvel. Pero lo más llamativo de la experiencia son sus estupendos monstruos, apariciones y efectos especiales: seres con caras congeladas en un grito infinito, criaturas con múltiples rostros, cuellos retorcidos… Sin embargo, la película no terminó de convencer.

Los números del fin de semana de apertura fueron los peores de la carrera de Perkins como director. ‘Keeper’ solo costó 6 millones de dólares, y aún así, se quedó corto a la hora de recuperar la inversión, con 6,2 millones de dólares de recaudación que palidecen en comparación con los mencionados 128 de ‘Longlegs’ o los 68 de ‘The Monkey0. Aún así, es una estupenda pesadilla claustrofóbica que deja más claro que nunca todo lo que Perkins le debe a Cronenberg, Aster o Argento. Ahora tienes la oportunidad perfecta para repescarla.

En Xataka | Hoy llega a Netflix por sorpresa la nueva película de ‘El Señor de los Anillos’, cuya génesis es tan interesante como su argumento

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‘Keeper’ se rodó mientras el trabajo en ‘The Monkey’ se paralizaba con las huelgas de guionistas y actores de 2023. Con esas restricciones de tiempo y presupuesto, se optó por una sola localización y un reparto pequeño: la película sigue a una pareja que celebra su primer aniversario en una cabaña aislada en el campo, donde los secretos oscuros de uno de ellos comienzan a emerger. De este modo, Perkins convierte en materia de terror temas como el control en la pareja o la masculinidad tóxica.

La película se sostiene completamente sobre el trabajo de sus dos protagonistas, especialmente el de Tatiana Maslany, conocida por ‘Orphan Black’ y ‘She-Hulk: Abogada Hulka’ de Marvel. Pero lo más llamativo de la experiencia son sus estupendos monstruos, apariciones y efectos especiales: seres con caras congeladas en un grito infinito, criaturas con múltiples rostros, cuellos retorcidos… Sin embargo, la película no terminó de convencer.

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cuando la IA no te libera del trabajo, sino que crea una nueva tarea que termina agotándote más

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Imagina que contratas a alguien para que te ayude a gestionar tu correo. Como es lógico, la primera semana tienes que explicarle cómo te gusta que filtre los mensajes y te comunique lo más urgente. La segunda semana, corriges los errores que va cometiendo y, para la tercera semana, le tienes que volver a explicar lo que ya le enseñaste la primera semana porque olvidó las instrucciones. A final de mes, tienes un ayudante, pero tardas más que antes porque no solo tienes que estar pendiente de lo que hace, sino que además tienes que gestionarte tú el correo.

Eso es, en esencia, lo que está pasando ahora mismo con la IA en el trabajo, según se recoge en el informe Work AI Index del instituto de Glean, realizado por investigadores de las universidades de Stanford, Berkeley y Notre Dame. Según sus conclusiones, los empleados dedican una media de 6,4 horas a la semana a hacer que la IA funcione. Casi una día de trabajo perdido cada semana.

El tiempo no se ahorra, se transforma. El 87% de los trabajadores que participaron en el estudio reconocen que utilizan IA en el trabajo. De estos, el 75% afirma que la IA les hace más productivos, ahorrándoles aproximadamente 11 horas semanales solo con la automatización. Sin embargo, solo el 13% de las empresas aseguran obtener un incremento real de la productividad. La brecha entre lo que percibe el individuo y lo que recogen los resultados de las empresas es enorme, y el informe tiene una explicación: esas horas no desaparecen, solo se redirigen hacia una nueva capa de trabajo que nadie estaba teniendo en cuenta.

Los autores han llamado a esta nueva tarea botsitting (un juego de palabras que viene a traducirse como “cuidado de bots”) que consiste en poco menos de hacer de “canguro de la IA” para darle contexto a la herramienta, revisar los errores en los resultados que genera, relanzar los prompts que no van bien y limpiar los resultados que parecen correctos, pero en realidad están llenos de datos inventados o alucinaciones. Tal y como describe Rebecca Hinds, directora del Work AI Institute, esta tutela es “a menudo un trabajo tedioso y agotador”, que nadie mide ni recompensa, por lo que el tiempo que la IA ahorra, termina siendo un préstamo que hay que devolver unas horas más tarde.

Demasiadas herramientas y cambios de contexto. Los investigadores destacan que parte de ese exceso de tiempo que se emplea en el uso de la IA no solo viene de la revisión de sus resultados sino de cómo se usa cada herramienta. El 77% de los encuestados usa varias herramientas de IA cada semana, y un tercio de los participantes combina cuatro o más. Cada salto de una app a otra tiene un coste de tiempo que rara vez se contabiliza, pero que implica, repetir las mismas instrucciones o reescribir el prompt en otro sistema porque el modelo anterior no entregó el resultado que se esperaba.

Casi la mitad de los trabajadores (46,5%) tiene que saltar entre dos o más herramientas de IA para completar una sola tarea. Los investigadores lo llaman “toggle tax”, el impuesto cognitivo de cambiar constantemente de contexto. Harvard Business Review ya calculó el coste cognitivo que supone el cambio de aplicaciones y la consultora McKinsey calculaba que los trabajadores pierden un promedio de casi dos horas al día buscando información entre herramientas, bandejas de entrada y chats. La IA, que se vende como la panacea de la productividad, no ha hecho más que sumar una nueva capa a ese caos en lugar de reducirlo.

Del botsitting al botshitting. El estudio descubrió que, cuando el trabajador lleva demasiado tiempo corrigiendo errores de la IA y mantiene sus plazos de entrega, comienza a saltarse la revisión de los resultados, generando algo que el informe ha dado en llamar botshitting o “porquería de bot” que sería entregar trabajo generado por IA sin haberlo verificado previamente. El 69% de los participantes admitió haber hecho esto al menos en alguna ocasión.

Las consecuencias van más allá de la calidad del trabajo en sí misma, cuando ese contenido llega al siguiente eslabón de la cadena de producción sin que nadie lo haya revisado, alguien que no lo produjo tiene que limpiarlo. Es decir, tanto el coste como el tiempo se traslada a otra persona, pero no se ahorra tanto como parece.

Para sorpresa de nadie, más IA no resuelve el problema. Bob Sutton, profesor emérito de Stanford y miembro fundador del Work AI Institute que ha elaborado este informe, ha señalado en otras ocasiones que una de las soluciones que acostumbran a tomarse desde los puestos directivos cuando algún proceso genera fricción es añadir más de ese elemento. En este caso, intentar solucionar un problema de mal uso de la IA…con más IA.

Los datos del informe apuntan a que las organizaciones que van por delante no son las que usan más IA. Son aquellas que han construido lo que los autores llaman “infraestructura humana”. El 53%de los trabajadores dice que la información que necesita no llega a través de sus sistemas de IA. En las empresas donde sí llega, los empleados se agotan un 64% menos y son un 52% menos propensos a entregar trabajos que no han sido revisados.

En Xataka | OpenAI asegura que la IA no ha tenido tanto impacto sobre el empleo. Anthropic cree justo lo contrario y ahí está el problema

Imagen | Unsplash (Flipsnack)

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