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es un módulo para experimentar con proyectos de visión artificial
En 2013 los responsables de Raspberry Pi Foundation lanzaron al mercado sus primeros módulos de cámara. Dicho modelo se mejoró en 2016 y luego de nuevo en 2020, pero ahora la empresa ha ido un paso más allá con el lanzamiento de la Raspberry Pi AI Camera.
Este accesorio va más allá de lo que fueron sus antecesores, sobre todo porque está pensado para quienes pretenden experimentar con proyectos de visión artificial usando todo tipo de sistemas de inteligencia artificial. Aunque es posible acceder a proyectos de este tipo sin este modelo, sus prestaciones invitan a ir un paso más allá en este terreno.
Lo demuestra el principal componente del accesorio, el Sony IMX500 Intelligent Vision Sensor. Este sensor de 12,3 Mpíxeles es más que un sensor porque integra un microcontrolador RP2040. El sensor es capaz de captar imágenes con una resolución de hasta 4.506 x 3.040 píxeles pero la resolución para las imágenes que se procesan por IA es de 640×640.

Es fácil poner en marcha proyectos con objetos reconocidos por la red neuronal.
Este componente se encarga de la gestión del firmware con el se comunica el sensor con la Raspberry Pi al que lo conectamos. Lo importante aquí es que el Sony IMX500 tiene además su propia NPU y realiza todo el trabajo computacional para los modelos de IA, y mientras la CPU de las Raspberry Pi queda liberada de cualquier proceso de ese tipo.
El módulo es compatible con cualquier Raspberry Pi —incluida la Pi Zero, que tan solo consume 2 W— y hay una detallada documentación en el sitio web del producto que permite explorar algunos de los escenarios en los que podemos usar este tipo de módulo.
Incluso podremos aprovechar la información disponible en AITrios, el proyecto conjunto de Sony y The Raspberry Foundation para aprovechar el sensor IMX500 para todo tipo de proyectos.
A partir de ahí, por supuesto, las posibilidades son múltiples, y estamos por lo tanto ante un elemento de lo más interesante si queremos introducirnos en el ámbito de la IA utilizada en escenarios de visión artificial.
El precio de la Raspberry Pi AI Camera es de 70 dólares. Es notablemente más alto que el de la Raspberry Pi Camera 3, por ejemplo (25 dólares), pero hay que tener en cuenta que el nuevo modelo es, como decíamos, mucho más que un sensor.
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ahora pueden hundir cualquier cosa, incluso islas
Lo hemos ido contando: China ha transformado su poder naval lejos de los focos más visibles durante años, avanzando de forma constante en tecnologías que priorizan el sigilo, la persistencia y la capacidad de negar el acceso al adversario. Mientras la atención internacional se centraba en portaaviones y grandes buques de superficie, bajo el mar se ha ido gestando una evolución silenciosa que ahora apunta a un cambio profundo en la forma de proyectar fuerza y resolver conflictos.
El arma inesperada. Sí, lejos de la idea clásico de portaaviones o bombarderos estratégicos, el último gran salto de China en la guerra naval no ha llegado desde las plataformas más visibles, sino desde sus submarinos convencionales, discretos y hasta ahora considerados secundarios frente al poder nuclear.
La incorporación del misil hipersónico antibuque YJ-19 a los submarinos diésel-eléctricos con propulsión independiente del aire ha convertido a estas unidades “ordinarias” en una amenaza capaz de cambiar las reglas del juego, al combinar sigilo extremo con una capacidad de ataque diseñada para superar las defensas navales más avanzadas y proyectar poder letal sin previo aviso.
De submarino convencional a cazador hipersónico. El misil YJ-19, presentado públicamente en 2025 y ahora aceptado para el servicio operativo, supone un salto cualitativo respecto al anterior YJ-18 al elevar la velocidad del ataque hasta el umbral hipersónico o, dicho de otra forma, ha multiplicado la dificultad de detección e interceptación.
Integrado en los Type-039B de la clase Yuan, columna vertebral de la flota submarina convencional china, este misil transforma a estos buques en los únicos submarinos no nucleares del mundo armados con un sistema de este tipo, un movimiento que refuerza de forma radical la capacidad de negación marítima de la Armada del Ejército Popular de Liberación y sitúa a su flota AIP en una liga propia dentro del equilibrio naval global.


La ventaja silenciosa de los tubos lanzatorpedos. La clave técnica que explica el carácter disruptivo de los misiles YJ-19 no está solo en su velocidad, obvio, sino en su compatibilidad con tubos lanzatorpedos horizontales estándar de 533 milímetros, una habilidad que permite modernizar submarinos existentes sin prácticamente tener que recurrir a complejos sistemas de lanzamiento vertical.
Esta decisión permite ahorrar costes, ya que abarata, acelera y masifica su despliegue, permitiendo, por ejemplo, que una flota numerosa de submarinos silenciosos pueda lanzar ataques hipersónicos desde posiciones ocultas, algo que otras potencias no pueden replicar fácilmente con sus submarinos convencionales.
Una flota convencional como arma estratégica. Es otra de las patas que surge tras el movimiento. Gracias a la propulsión AIP, los Yuan pueden permanecer sumergidos durante largos periodos a baja velocidad, lo que permite reducir su señal acústica y poder operar en aguas litorales o zonas de acceso restringido.
Por tanto, armados ahora con misiles diseñados específicamente para perforar defensas navales modernas, estos submarinos han dejado de ser simples plataformas tácticas para convertirse en auténticos multiplicadores estratégicos, capaces de amenazar grupos de combate enteros y de imponer costes inasumibles a cualquier fuerza naval que opere cerca de las costas chinas.
Taiwán en el fondo. La última lectura del avance es posiblemente la más obvia en clave futura. Si Pekín decidiera avanzar hacia un conflicto abierto en torno a la isla de Taiwán, la incorporación del YJ-19 a submarinos AIP tendría implicaciones profundas: permitiría establecer un cerco marítimo letal sin necesidad de exponer grandes unidades de superficie, dificultando la intervención de flotas aliadas y elevando el riesgo para cualquier intento de romper un bloqueo.
De esta forma, los submarinos silenciosos, dispersos y armados con misiles hipersónicos, podrían atacar buques, infraestructuras portuarias o incluso líneas de suministro con escaso margen de reacción, convirtiendo el mar que rodea la isla en un entorno extremadamente hostil y reforzando la estrategia china de negación de área desde la sombra.
Imagen | CCTV, SteKrueBe
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lidiar con las webs de la administración española
La última actualización de Claude no se anuncia como “más inteligente”: se anuncia como un agente que actúa. Sonnet 4.6 no solo razona, también navega webs, rellena formularios y completa trámites con el ratón y el teclado, como haría una persona. Es un salto cualitativo en lo que la IA puede hacer por ti, y no para ti.
La demostración elegida por Anthropic fue un ejemplo estupendo: un usuario renovando la matrícula de su coche en la web del equivalente americano a la DGT. Parece una web sencilla, funcional y bien diseñada. Queremos ver cómo le iría con la Sede Electrónica de la Agencia Tributaria.
El contexto. Claude ya había dado un gran salto este mes con la llegada de Opus 4.6 hace apenas dos semanas. Sonnet 4.6 es la versión intermedia, la que usan la mayoría de usuarios, incluyendo los del plan gratuito, y Anthropic la ha transformado en algo más que un chatbot mejorado: sus puntuaciones en OSWorld, el benchmark estándar para medir el uso de ordenadores por IA, han crecido de forma sostenida durante dieciséis meses.
La empresa afirma que tareas que antes requerían su modelo más potente (Opus 4.5 y 4.6) ahora las resuelve Sonnet 4.6, al mismo precio de siempre.
Entre líneas. Hay una estrategia de mercado muy clara aquí. Anthropic acaba de cerrar una ronda de 30.000 millones de dólares y emitió su primer anuncio en la Super Bowl tirando una pullita a OpenAI. Ahora democratiza capacidades agénticas en su plan gratuito. El objetivo no es solo captar a desarrolladores: es llegar al usuario de a pie y cambiar su relación cotidiana con la IA.
Cuando los chatbots empezaron a tener memoria, nuestra forma de interactuar con ellos cambió. Pasaron de herramientas a relaciones. Cuando empiecen a hacer cosas por nosotros de verdad, como reservar citas, rellenar impresos o gestionar papeleos infernales, el cambio será de otra magnitud.
Sí, pero. El reto técnico y cultural es enorme. La IA que navega ordenadores es vulnerable a ataques de prompt injection: instrucciones maliciosas ocultas en páginas web que pueden secuestrar al agente.
Anthropic ha mejorado la resistencia de Sonnet 4.6 en este punto, pero el problema no está resuelto. Y eso sin entrar en el ecosistema de webs gubernamentales europeas, donde la experiencia de usuario ya supone un reto para nosotros los humanos.
La gran pregunta. ¿Cuándo una demo brutal deja de ser una demo brutal y se convierte en algo que cualquiera usa para gestionar su declaración de la renta? Esa distancia, entre la promesa del agente y la realidad de la burocracia digital, es donde se va a jugar la partida de verdad, más allá del hype.
En Xataka | Qué es Claude Cowork, cómo funciona, y qué cosas puedes hacer con este asistente de IA en tu ordenador
Imagen destacada | Anthropic, Xataka
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si te interrumpen en tu hora de comer tienen que pagarla
Muchos empleados de servicio de atención al público, emergencias o mantenimiento realmente no tienen una pausa para comer, sino que deben interrumpir esa pausa en su jornada para volver al trabajo y atender a un cliente, responder una llamada o salir a una emergencia.
El Tribunal Supremo ha fijado un criterio que puede cambiar la forma en que muchas empresas contabilizan esa pausa para comer que, en muchos casos, no computa como tiempo de trabajo efectivo, sino como tiempo de descanso. Una sentencia no ha dejado margen de duda: si el empleado debe estar disponible durante el tiempo de comida, es tiempo de trabajo y, como tal, debe ser retribuido.
¿Qué pasó? El conflicto laboral que llegó hasta la Sala de lo Social del Tribunal Supremo tuvo su origen en una empresa de servicios de ambulancias de Barcelona. Los empleados tenían asignado un descanso de una hora diaria para comer pero, por la naturaleza del servicio, debían permanecer localizables y disponibles durante ese tiempo de comida para atender posibles incidencias.
Los sindicatos consideraron que esa situación convertía ese tiempo en trabajo efectivo, dado que los trabajadores no podían desconectarse de sus obligaciones e irse, por ejemplo, a comer a su casa o a un restaurante. En principio, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) dio la razón a los representantes sindicales y anuló la modificación de condiciones propuesta por la empresa, obligándola a seguir considerando esa pausa como tiempo efectivo de trabajo y, por tanto, a remunerarlo.
Qué dice la sentencia del Supremo. El Alto Tribunal dictaminó que, en ese supuesto, la pausa para comer debía computarse como tiempo de trabajo efectivo. El Supremo considera que no existe una desconexión real del trabajador con respecto a la empresa, ya que debe permanecer disponible por si surge algún imprevisto.
Para argumentar su escrito, el tribunal distingue dos escenarios.
Por un lado, si la empresa garantiza una desconexión total del empleado durante su pausa para comer, ese periodo puede considerarse descanso y, en principio, no retribuirse como tiempo de trabajo efectivo. En cambio, si la empresa no puede garantizar que se produce esa desconexión total (por ejemplo, porque el trabajador debe atender llamadas, responder correos o continuar disponible para incidencias), ese tiempo debe computarse como tiempo de trabajo efectivo e incluirse en el salario.
La clave: cómo debe contabilizarse la jornada. En la práctica, esta sentencia pone en cuestión una rutina muy extendida en la que se descuenta de forma sistemática la hora de la comida como si fuera un descanso real, incluso cuando el trabajador sigue disponible para la empresa.
El Supremo echa mano del artículo 34 del Estatuto de los Trabajadores que define la jornada laboral y especifica que en jornadas laborales de más de seis horas debe establecerse un tiempo de descanso no inferior a 15 minutos que computa como tiempo de trabajo efectivo, así como al hecho de que el trabajador se encuentra durante ese tiempo disponible para la empresa.
Este criterio tiene efectos directos sobre el registro horario y sobre el cómputo de la jornada ya que, si se produce esa desconexión, la jornada laboral debe detenerse, pero continua si el empleado está disponible para la empresa, aunque no se encuentre realizando el trabajo de la forma habitual.
Qué deben hacer las empresas. El mensaje del Supremo a las empresas es que, si quieren que la pausa de comida no compute como trabajo, deben poder acreditar que existe desconexión real, que el trabajador puede disponer libremente de ese tiempo de descanso y no está obligado a estar localizable o condicionado a interrumpir esa pausa antes de tiempo.
En sectores con actividad continua, como el de los servicios de ambulancias, comercio o servicios de atención al público, puede implicar la reorganización de turnos o asignar relevos que permitan que el empleado se desconecte sin que el servicio quede desatendido. De lo contrario, la pausa para comer se considera parte de la jornada laboral.
Importancia de la desconexión laboral. El criterio del Supremo encaja con el debate laboral sobre la desconexión digital y la importancia del descanso de los trabajadores. La sentencia no se limita a decir que la comida “se paga” o “no se paga”, sino que vincula esa respuesta a un elemento mucho más verificable: si el trabajador realmente tiene la capacidad de desconectar o no durante ese periodo.
En el fondo, lo que introduce esta doctrina es un incentivo para que las empresas definan mejor qué es descanso y qué no lo es en su jornada laboral.
Imagen | Unsplash (logan jeffrey)
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