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es la transición extratropical que va sufrir por el camino
En los últimos años, los huracanes han aprendido el camino hacia Europa y el mejor ejemplo es Kirk, un ciclón tropical que ha alcanzado categoría 4 y se ha convertido en un “gran huracán” en mitad del Atlántico central.
Durante las últimas horas no ha hecho sino repetirse la idea de que viene hacia España, pero el problema no se llama ‘huracán’ y cometeríamos un error si nos centráramos en eso. El problema tiene nombre y apellidos y se llama: “transición extratropical”.
¿Dónde está Kirk Ahora mismo? Empecemos por el principio. Kirk está en el Atlántico subtropical y se desplaza hacia el norte-noroeste. Durante la noche del domingo aún era un huracán de categoría 2 (con vientos máximos sostenidos de 165 km/h) y seguirá así a lo largo del lunes, mientras va perdiendo fuerza conforme se interna en aguas cada vez más frías.
El martes, si aciertan los modelos, Kirk perderá sus características tropicales y empezará a deshacerse transformándose en una potente borrasca atlántica “con vientos muy fuertes a su alrededor”.
Ese será el momento clave. Porque, convertida ya en una borrasca profunda, se moverá hacia el este-noreste y pasará muy cerca del noroeste de la Península. La trayectoria final aún no está clara, pero sí sabemos con bastante certeza que hacia la tarde del martes y el miércoles empezarán a sentirse los temporales en Galicia y el cantábrico.


¿Qué podemos esperar? Aunque este tipo de situaciones son cada vez más comunes, lo cierto es que los ciclones tropicales formándose a latitudes altas no dejan de ser algo anómalo (y demasiado poco estudiado). Por eso, aún hay una gran incertidumbre en la evolución del sistema.
El guión está claro: Kirk sufrirá una transición extratropical. Es decir “su campo de vientos intensos deja de ser localizado, desorbitado, circular, simétrico y pasa a expandirse, volverse asimétrico y perder intensidad”. Lo que no sabemos es cómo, cuando y dónde tendrá lugar exactamente esa transición. Y, por lo tanto, no sabemos cómo de duro será el impacto contra la Península.
¿Entonces no será un huracán? No, ni siquiera podemos decir que sean los restos de un huracán. Es otra cosa. Y, pese a no ser tan peligrosa como una tormenta tropical entrando por la ría de Arousa, esa “otra cosa” puede ser una borrasca de con un impacto tremendo.
Kirk, día a día. Pese a la incertidumbre (y teniendo presente que lo mejor es estar pendientes de los pronósticos actualizados), AEMET ha trazado una cronología clara que nos ayuda a prepararnos:
- Martes 8: A partir de la tarde del martes, el viento fuerte llegará a los litorales gallegos (con rachas muy fuertes en Galicia, cordillera cantábrica y norte del sistema ibérico). Las lluvias se irán extendiendo por el tercio noroccidental peninsular; aunque es probable que donde sean verdaderamente potentes es en el oeste de Galicia.
- Miércoles 9: Desde las primeras horas del miércoles, las rachas de viento ya estará instalado en toda la Península excepto en el valle del Ebro y en el extremo surooccidental. Las precipitaciones empujadas por estos vientos se extenderán también por buena parte de la Península.
- Jueves 10: La borraca seguirá su avance hacia el noreste y eso hará que suu impactó en la Península empiece a debilitarse. Quedará lluvia, frío y viento en muchas zonas del país, pero ya estará en retirada.

NHC
Entendiendo la incertidumbre. Con este esquema cronológico es mucho más fácil entender la incertidumbre que rodea a Kirk. Gracias a los modelos del Centro Nacional de Huracanes de EEUU podemos ver la trayectoria esperada. Lo interesante de la imagen superior es que el “cono” marca las posibles trayectorias del “centro” de la tormenta.
Es decir, que según pase más cerca o menos de las costas de la Península, la situación se complicará más o menos. Por ello, lo recomendable es no perder de vista las actualizaciones de AEMET y el resto de herramientas disponibles.
Imagen | AEMET
En Xataka | Cuándo va a llegar el huracán Kirk a España y qué comunidades autónomas se verán afectadas
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El Solar Impulse convirtió en realidad el sueño del avión solar. Ahora ha terminado destruido tras un accidente
Hubo un tiempo en el que el Solar Impulse 2 parecía sacado de una pregunta sencilla: hasta dónde puede llegar un avión si dejamos fuera el combustible convencional. La respuesta no fue un producto comercial, sino una aeronave experimental alimentada por energía solar y baterías que acabó dando la vuelta al mundo. Por eso la noticia tiene una carga especial. Aquel avión que simbolizó una forma distinta de imaginar la aviación ha terminado estrellado en el Golfo de México durante una prueba autónoma.
El golpe llegó el 4 de mayo. Según Aviation Safety Network, el Solar Impulse 2 estaba realizando un vuelo autónomo de pruebas cuando perdió potencia y terminó estrellándose en el agua. La parte menos amarga de la noticia es que no hubo heridos ni fallecidos, algo importante porque el avión ya volaba sin tripulación en esta nueva etapa. La parte más simbólica es otra: el aparato que durante años convirtió una promesa tecnológica en algo visible ha quedado reducido a los restos de un accidente.
Detrás del proyecto estaba Bertrand Piccard, una figura marcada por una tradición familiar de exploradores: su abuelo Auguste Piccard fue pionero de las profundidades y su padre, Jacques Piccard, llegó a la fosa de las Marianas. En 2003 empezó a imaginar una aeronave solar capaz de dar la vuelta al mundo para llamar la atención sobre la “energía sostenible”. Primero llegó Solar Impulse 1, con su vuelo inicial en 2009, y después el salto definitivo.
El avión que convirtió el sol en energía de vuelo
Lo llamativo es que aquella ambición no se apoyaba en una máquina gigantesca en el sentido tradicional. El Solar Impulse 2 tenía una envergadura enorme, unos 71 metros, superior a la de un Boeing 747, pero pesaba alrededor de 2,3 toneladas gracias a su estructura de fibra de carbono. La energía llegaba de 17.248 células fotovoltaicas repartidas por el avión, con una potencia máxima de 66 kW para mover cuatro motores eléctricos y cargar cuatro baterías de iones de litio.
El momento que lo convirtió en algo más que una rareza tecnológica llegó en 2016. Aquel año, el Solar Impulse 2 completó la primera vuelta al mundo de un avión de ala fija alimentado íntegramente por energía solar, una travesía que se alargó durante más de 15 meses. Bertrand Piccard y André Borschberg, cofundador de la fundación, se fueron alternando a los mandos durante el recorrido. No era una demostración de velocidad, desde luego: el avión se movía entre 31 y 62 millas por hora, bajando el ritmo durante los tramos nocturnos.


Después de aquella hazaña, la historia cambió de tono. En 2019, la Solar Impulse Foundation anunció la venta del avión a Skydweller Aero por una cantidad no revelada. La compañía hispanoestadounidense no miraba el proyecto exactamente desde el mismo lugar que sus creadores: su interés pasaba por explorar el potencial de la aeronave como plataforma de vigilancia y comunicaciones, un destino muy distinto al mensaje original de concienciación energética.


Con Skydweller empezó también la transformación técnica del aparato. Tras incorporar numerosas modificaciones, el avión completó en España su primer vuelo autónomo en 2023, y al año siguiente realizó en el aeropuerto internacional de Stennis, cerca de Bay St. Louis, Mississippi, su primera operación completamente no tripulada.
El objetivo declarado por la compañía era desarrollar una flota de aviones solares capaces de realizar vuelos sin escalas en determinadas latitudes, entre Miami y Río de Janeiro. La ambición era evidente: operaciones casi continuas para contratos militares y comerciales, con un coste mucho menor que las opciones basadas en satélites. Una promesa enorme que ha terminado bajo el agua.
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Policías de Florida demandan a la productora de Ben Affleck y Matt Damon por difamación en la película “The Rip”
EFE.- Dos policías del sur de Florida demandaron a la productora de los actores Ben Affleck y Matt Damon alegando que su última película “The Rip“, basada en un caso real, había contado detalles falsos en la cinta.
La demanda fue presentada contra Artists Equity la semana pasada ante un tribunal federal del sur de Florida, según documentación vista por EFE, y cuestionó que “The Rip” y su contenido promocional mostraban “mala conducta, falta de juicio y comportamiento poco ético en relación con una operación policial real”.
La película presenta la historia de un grupo de oficiales que, durante una redada en una operación de dinero oculto en 2016, ven cómo su confianza se desmorona cuando los miembros del equipo sospechan que otros intentan robar una gran suma de dinero.
En ella, Affleck y Damon interpretan a dos de los policías que participaron en el operativo, y los propios actores señalaron que se habían entrevistado con los agentes para preparar el papel.
Sin embargo, la demanda señala que uno de los protagonistas de la película nunca fue parte de la operación y que varios de los incidentes relatados nunca sucedieron.
“El uso en la película de detalles únicos y no genéricos sobre la investigación, combinado con su ambientación en Miami-Dade y la representación de un equipo de narcóticos, crea una inferencia razonable de que los oficiales representados son los demandantes”, se lee en el escrito.
Los demandantes son Jason Smith y Jonathan Santana, dos policías del Departamento de Narcóticos que lidera el operativo, aunque ninguno de ellos es mencionado en la cinta.
En su escrito, ambos agentes acusan a la productora de “difamación” y solicitan una compensación económica por los daños causados.
Además, aseguraron que mandaron una carta en diciembre de 2025 pidiendo que no lanzaran la película.
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el nuevo sistema operativo familiar que prioriza la salud mental sobre las extraescolares
Un cajón lleno de tuppers desparejados que amenaza con desbordarse al abrirse. Un disfraz de la función del colegio olvidado durante semanas en el asiento trasero del coche. Una madre riendo a carcajadas con sus hijos en medio de un salón donde los cojines sirven de fuerte militar, ignorando olímpicamente las pelusas del pasillo. Podría parecer el retrato de una familia desbordada, pero es, en realidad, la imagen de una revolución silenciosa.
Durante las últimas dos décadas, el estándar de oro de la crianza parecía tener un nombre: la Madre Tigre. Inspirado en el polémico libro de Amy Chua de 2011, este modelo exigía que los progenitores —especialmente las mujeres— actuaran como directores ejecutivos del futuro de sus hijos. El fin último era optimizar su éxito a base de agendas repletas, tutorías, fluidez en tres idiomas y una dieta inmaculada.
Pero las madres han dicho basta. Ante unos niveles de agotamiento insostenibles, una nueva generación está decidiendo bajarse de la rueda. Reclaman su derecho a convivir con los platos sucios en el fregadero y a aceptar que una calificación de “Bien” (una B) en el boletín de notas es más que suficiente. Ha irrumpido la Madre Beta, y este nuevo sistema operativo familiar está demostrando que, a veces, la mejor forma de proteger el futuro de los hijos es, sencillamente, dejarlos en paz.
La rebelión de lo imperfecto
Tal y como expone un extenso reportaje en The Wall Street Journal, estos actos de “renuncia” cotidiana están sumando fuerzas hasta convertirse en una “revolución feminista discreta”. El rotativo estadounidense ilustra este cambio de paradigma a través de mujeres como Sophie Jaffe, una madre de Los Ángeles que permite a su hijo de 13 años hacer parkour por la ciudad o marcar sus propios horarios, siempre y cuando respete el toque de queda. “Veo lo que les pasa a los niños que están excesivamente controlados”, relata Jaffe al diario. “Prefiero que estén fuera creando recuerdos que sentados frente a un videojuego”.
En la cultura de internet y la psicología divulgativa, este perfil ha sido bautizado como madre “Tipo B”. La revista TODAY recoge las explicaciones de la psicoterapeuta Colette Brown, quien define a estas madres como mujeres “relajadas, con mucha paciencia, a las que no les importa el caos”. Según Brown, el auge de este perfil en redes sociales es una respuesta directa y un rechazo frontal a la presión de las tradwives (esposas tradicionales) y al perfeccionismo tóxico de Instagram. Madres como Katie Ziemer resumen esta filosofía con una frase lapidaria: “Soy Tipo B, por supuesto que mi casa no parece un museo. Prefiero que mis hijos se diviertan jugando en el barro antes que viendo la televisión”.
El espectro, no obstante, tiene matices. Para aquellas mujeres incapaces de soltar el control por completo, la publicación The Bump señala el surgimiento de un término medio: la madre “Tipo C”. Acuñado por la creadora de contenido Ashleigh Surratt, define a las “perfeccionistas en recuperación”. Son mujeres que mantienen estructuras innegociables (como los horarios de sueño o las citas médicas), pero que aplican una dejadez estratégica en el resto. Como relata una de ellas: “Tienen sus camisetas limpias, aunque no estén colgadas en el armario; sé exactamente en qué montón están”.
Esta rebelión hacia lo imperfecto no nace del capricho, sino del colapso absoluto. Los datos sociológicos demuestran que la exigencia hacia los padres se ha multiplicado exponencialmente. Recientemente en Xataka documentábamos como los padres millennials dedican hoy cuatro veces más tiempo a sus hijos que la generación del baby boom. Y la economista Corinne Low constata en WSJ que, paradójicamente, tras la entrada masiva de la mujer al mercado laboral, el tiempo que estas dedican a tareas infantiles se ha disparado (de 14 minutos semanales de ayuda con los deberes en 1975 a más de una hora en la actualidad).
A nivel mundial, el andamiaje familiar está crujiendo. Un estudio publicado en la revista científica Healthcare revela tasas alarmantes de burnout (síndrome de desgaste profesional) aplicado a la maternidad y paternidad: afecta a un 8,9% de los padres en EEUU, un 9,8% en Bélgica o un 9,6% en Polonia. Y la peor parte se la llevan ellas. Aunque en países como España los permisos se han igualado a 19 semanas, estudios recientes indican que el 78% de las madres se declaran sobrecargadas, asumiendo el peso invisible de la “carga mental”. Como advierte la investigadora Eve Rodsky, los hombres hoy “ayudan”, pero las mujeres siguen siendo las directoras del proyecto, gestionando a sus parejas como si fueran amables subalternos.
La ciencia dicta sentencia
Pero este colapso materno no es el único daño colateral. Si todo este enorme sacrificio hubiera garantizado el bienestar de los menores, la historia sería otra. Pero la evidencia científica ha demostrado exactamente lo contrario. Criar bajo el modelo “helicóptero” —sobrevolando a los niños para evitarles cualquier frustración o fracaso— los está destruyendo.
Las revistas académicas son tajantes. Un metaanálisis publicado en el Journal of Adult Development, que revisó 53 estudios independientes, demostró que la sobreprotección paterna está directamente asociada con un aumento de los problemas de interiorización (como la ansiedad y la depresión) y una fuerte caída en la autoeficacia y el rendimiento académico de los jóvenes.
En esta misma línea, una investigación del Journal of Youth and Adolescence demostró que el control parental excesivo amenaza directamente la satisfacción de las necesidades psicológicas básicas de los adolescentes, especialmente su sentido de autonomía. El resultado en la vida real se traduce en un incremento drástico de los ingresos psiquiátricos de adolescentes y tasas alarmantes de ideación suicida vinculada a la incapacidad para gestionar la frustración. Evitar que un niño tropiece le priva del desarrollo neurológico necesario (específicamente en la corteza prefrontal) para aprender a levantarse.
Sin embargo, hay que tener una mirada más amplia. Como aporta The Conversation, el fenómeno de la hiperparentalidad es la psicologización de un enorme problema social. En otras palabras, es fácil criticar a la madre que llama a la universidad para revisar un examen de su hijo, pero ignoramos el contexto macroeconómico. Los padres someten a los niños a programas de entrenamiento académico casi desde preescolar porque perciben un mercado laboral salvaje y estancado. Cuando compites con millones de graduados para lograr un puesto de trabajo medianamente digno, la angustia por asegurar el futuro del niño se transforma en un control asfixiante.
Además, bajarse de la rueda tiene un coste emocional alto. La publicación Bolde documenta la “cara B” de ser una madre Beta. Estas mujeres lidian a diario con una “culpa de bajo grado” y soportan las miradas de juicio de las madres organizadas a las puertas del colegio.
Al relajar los límites, se enfrentan a desafíos diarios: desde niños que ponen a prueba las normas continuamente, hasta lo que se conoce como “la espiral de los snacks” (armarios llenos de carbohidratos infantiles porque la madre estaba demasiado agotada para librar la batalla de las verduras), o la anarquía total a la hora de dormir. A menudo, la pareja no comprende este estrés subterráneo porque, bajo una apariencia de relajación, la madre sigue llevando todo el peso de la planificación mental. Y de fondo, siempre late el miedo: ¿Estaré criando a unos tiranos incapaces de adaptarse a las normas de la sociedad?
El arte de dejar caer
A pesar de las dudas y del caos doméstico, la evidencia y la pura supervivencia apuntan a que este cambio de rumbo era inevitable. Como resume la revista Motherly, las investigaciones demuestran que los niños prosperan mucho más cuando experimentan sintonía emocional y aceptación, en lugar de rutinas rígidas en hogares inmaculados. La conexión real ocurre en medio del desastre, no en la planificación de una actividad de manualidades digna de Pinterest.
“Es una reacción a una tendencia que ha alcanzado sus límites prácticos”, reflexiona la economista Emily Oster en las páginas de The Wall Street Journal. “Los padres se están dando cuenta de que quizá ir a Harvard no va a servirte el éxito en bandeja de plata”.
Tal vez el resumen más certero de esta nueva era se encuentre en la metáfora del funambulista: la labor de los padres no es llevar al niño de la mano cruzando la cuerda floja, pues el día que falte el adulto, la caída será mortal. Su verdadero trabajo es ser la red de seguridad que espera abajo. Hay que dejarlos caer.
Frente a la tiranía de la Madre Tigre, la imperfección de la Madre Beta rescata una máxima esencial formulada por el escritor D.H. Lawrence: “¿Cómo empezar a educar a un niño? Primera regla: déjalo en paz”. Hoy, rendirse ante el desorden de un salón y renunciar a ser el mánager del éxito vital de un hijo no es un acto de negligencia. Es, paradójicamente, el mayor acto de amor y la única vía para salvar la salud mental de toda la familia.
Imagen | Photo by Ana Curcan on Unsplash
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