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¿De qué murió Sonny Rollins, coloso del saxofón y leyenda del jazz?
Sonny Rollins, mundialmente conocido y aclamado como el “Coloso del Saxofón”, falleció este lunes a los 95 años de edad, marcando el fin definitivo de una era dorada para el jazz a nivel internacional y dejando un legado musical que perdurará por siempre en la historia.
La triste y sorpresiva noticia fue confirmada a través de las redes sociales oficiales del artista y respaldada por su representante, Terri Hinte, detallando que el lamentable deceso ocurrió en la tranquilidad de su residencia ubicada en Woodstock, Nueva York, rodeado del cariño de sus seguidores a la distancia.
Cabe resaltar que los comunicados oficiales emitidos hasta el momento no han especificado una causa de muerte exacta ni han revelado detalles médicos adicionales sobre sus últimos momentos.
Sin embargo, fuentes cercanas al entorno del músico y diversos reportes de prensa indican que el legendario artista se encontraba retirado de los escenarios desde el año 2014, lidiando con severas complicaciones respiratorias y diversos problemas físicos propios de su avanzada edad.
El último adiós a una leyenda en Nueva York y su visión espiritual
“Con gran pesar y profundo cariño anunciamos el fallecimiento de Sonny Rollins”, rezaba la emotiva publicación oficial que rápidamente conmocionó a toda la industria musical, generando una ola de tributos por parte de los más grandes amantes del saxofón alrededor del mundo entero.
La página web del aclamado músico también aprovechó la ocasión para compartir una profunda reflexión que él mismo había expresado en vida durante una entrevista: “Creo que cuando la persona creativa termina su existencia, continúa en la siguiente etapa de forma trascendental”.
Rollins siempre mantuvo una visión sumamente trascendental sobre el ciclo de la vida y la muerte, afirmando con convicción que “esta vida no lo es todo”, una filosofía muy particular que logró impregnar en cada una de sus magistrales improvisaciones musicales sobre los escenarios.
Un legado imborrable junto a Miles Davis y otras figuras históricas
Nacido el 7 de septiembre de 1930 en el vibrante barrio de Harlem, Rollins creció rodeado de la efervescencia musical de sitios emblemáticos como el Teatro Apollo y el Savoy Ballroom, un entorno privilegiado que forjó su inigualable talento desde una edad muy temprana.
Durante las prolíficas décadas de 1950 y 1960, el virtuoso saxofonista trabajó codo a codo con gigantes indiscutibles de la talla de Miles Davis, Thelonious Monk y Clifford Brown, consolidando un estilo único y revolucionando el género del jazz por completo para las futuras generaciones.
Su estilo inconfundible, caracterizado por una creatividad melódica sin precedentes, una improvisación magistral y una constante experimentación sonora, lo llevó a ganar múltiples galardones de prestigio internacional, incluyendo codiciados premios Grammy que reconocieron su invaluable aportación a la cultura musical contemporánea.
Datos clave sobre la vida y obra de Sonny Rollins
Para entender la verdadera magnitud de su pérdida, destacan estos puntos clave en su carrera:
- Innovación constante con álbumes históricos como “Way Out West”.
- Retiros estratégicos para perfeccionar su técnica y explorar filosofías orientales.
- Múltiples reconocimientos, como la Medalla Nacional de las Artes y premios Grammy.
Su regreso triunfal a la música en los años 70, fuertemente impulsado por el apoyo incondicional de su esposa Lucille, demostró que su capacidad para reinventarse era verdaderamente inagotable, dando paso a una prolífica etapa de grabaciones de estudio y exitosas giras mundiales.
Hoy, el mundo entero despide con honores no solo a un músico excepcional y disciplinado, sino a un verdadero coloso que, a través de la magia de su inigualable talento, logró que la música tocara las fibras más profundas del alma humana para siempre.
CT
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Los Pericos dejan en Guadalajara un pedazo de su historia
Entre los gritos de los pájaros, vegetación de la jungla, aleteos de cotorros y guacamayas, el grupo argentino Los Pericos enterraron fragmentos de su pasado y de su historia la mañana de este lunes en el aviario del Parque Agua Azul de Guadalajara, en un gesto de agradecimiento a la ciudad donde tuvieron muchos de sus conciertos más importantes, y como un gesto a futuro: la música los trascenderá y los sobrevivirá, pues cuando ya no quede ninguno de ellos vivo en este mundo, las canciones de Los Pericos seguirán siendo cantadas en América Latina.
Como parte de su nuevo material discográfico, “Inmortal”, los Pericos realizaron el acto simbólico de dejar una cápsula del tiempo, resguardando objetos de valor sentimental, mensajes e imágenes que capturan el instante que la banda vive ahora, pero que también recopilan el universo sonoro que han construido desde hace décadas: diez canciones inéditas que, en un testimonio vivo, fueron resguardadas en el aviario del Agua Azul, y que en medio siglo, esperan sea redescubierto, resignificado y sentido por nuevas generaciones.
“Escogimos Guadalajara porque es la primera ciudad que nos recibió después de que nos volvimos masivos. Tenemos una conexión tremenda con el público acá, tremenda”, asegura Willie Valentinis, conversando con EL INFORMADOR. “Después, el Parque Agua Azul porque tocamos muchas veces en la Concha Acústica; es un lugar emblemático para nosotros. De los shows más lindos que hicimos en México fueron acá. Y después tenían el aviario, que era un lugar ideal para la cápsula del tiempo. Es un poco como preservar para el futuro. Es un mensaje hacia el futuro: preservación de la Tierra, semillas, nuestra música que nos va a trascender, etcétera. Y justo lo que hacen acá es eso: conservar cosas para las futuras generaciones; aves, plantas, mariposas. Es un pulmón dentro de la ciudad”.

“Eso es muy importante y nosotros estamos muy agradecidos de que nos hayan permitido dejar acá la cápsula del tiempo, la verdad. Les gustó la idea y nos pareció un lugar hermoso para hacerlo”.
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Con cuatro décadas de trayectoria, Los Pericos miran hacia el futuro con este acto simbólico de la cápsula del tiempo; al respecto de cómo esperan ser recordados en medio siglo, luego de cuarenta años de granjearse el amor de fanáticos de todas las edades y de todas las generaciones, el guitarrista Juan Alfredo Baleiron dice que han entregado al tiempo canciones accesibles, para todos, que espera superen la prueba del mismo tiempo. Hasta ahora lo han conseguido: cuatro décadas no las consigue cualquiera.
“Si la música es buena, no importa. Hoy escuchamos música de hace siglos y está igual de buena. No importa el género, la moda actual, lo que escuchen los chavos o la gente más grande. Si está bueno, está bueno. Y creo que ya con 40 años de carrera creemos que esas canciones van a quedar bien. Dentro de 50 años van a seguir siendo fáciles de escuchar, entendibles y lindas, porque son lindas”, compartió.
Casi medio siglo después, para Juan Alfredo Baleiron y Willie Valentinis sigue siendo sorpresivo cómo llegaron hasta donde están hoy, después de haber iniciado este camino sin más aspiración y esperanzas que las de crear música. Es decir: todo lo demás ha sido inesperado. “Nomás dijimos, hay que hacer música y ver qué ocurre. Pero incluso hoy nos pasa eso también“, dice Diego. “Siempre hacer un disco nuevo es ver qué ocurre, si a la gente le va a gustar. No casarte con tu pasado y decir lo que quieres decir hoy. El disco es una foto de un momento musical tuyo. Entonces hay canciones que han pasado el tiempo y están mejor que nunca, y canciones que tal vez ya no te representan tanto. Es lo que pensabas en ese momento. Estas canciones son lo que nosotros queremos dejar para el futuro de este momento. Hay canciones como “La Tierra”, que tiene un mensaje ecológico, canciones de amor o invitados con los que siempre quisimos colaborar, como Sabino. Pero la música de un disco siempre es una fotografía musical de lo que vive el grupo en ese momento”.

En la misma línea, los músicos reconocen que, aunque ya no son las mismas personas que crearon las canciones de hace décadas, han disfrutado contemplar la música como un espejo de lo que alguna vez fueron, de lo que han sido, de lo que son hoy. “Las canciones pasan por muchas etapas. Más allá de lo lindas que sean o de cuánto nos gusten, te marcaron en un momento y las tocaste mucho. Por ahí te cansaron. Después las vuelves a escuchar desde otra perspectiva”, dice Juan Alfredo Baleiron. “Quizás cuando uno es más joven, con los éxitos reniegas un poco: “Ay no, esta canción la escucha todo el mundo”. Y después te amigás y lo disfrutás porque uno madura, crece y amplía la percepción de uno mismo, de lo que hizo y de cómo era”.
“A veces, cuando eres más joven, ves una foto de cuando eras niño y te incomoda. Ya cuando res más grande decís: “Qué lindo todo lo que viví, todo lo que hicimos”. Nosotros hicimos todo convencidos, nos gustara más o menos. No tenemos nada de lo que realmente nos arrepintamos. Todo lo que hicimos lo hicimos con ganas, inspirados. Hay canciones que con el paso del tiempo se pusieron mejor y otras que quedaron un poco perdidas, pero a todas les pusimos mucho amor y ganas”.
La banda agradece al gobierno municipal
Por último, Los Pericos agradecieron al Gobierno de Guadalajara por las facilidades que les concedieron para llevar a puerto este proyecto que es significativo para ellos como banda, como memoria del tiempo, y como agradecimiento a una ciudad a la que le tienen afecto, y que los recibió de brazos abiertos desde siempre. Guadalajara no es la única ciudad en la que Los Pericos dejarán cápsula, pero sí tendrá ese pedacito de memoria, esa tiempo enterrado de lo que han sido.
“Guadalajara ha sido espectacular. De entrada dijeron que sí. Para nosotros este espacio es importante porque la Concha Acústica es un sitio muy emblemático en nuestra carrera, donde hicimos cinco o seis conciertos muy grandes. Y también tiene una parte natural que nos gustaba mucho. Todas las cápsulas las fuimos dejando en lugares emblemáticos de cada ciudad, que tengan relación con la ecología y con todo eso. En Mendoza dejamos una en una montaña; en Salta será en el Tren de las Nubes; y acá, en este parque. Entonces todo eso nos parecía importante, y dijeron que sí enseguida. Así que estamos muy agradecidos”, finalizó Willie Valentinis.
“Inmortal” marca además el regreso de la banda a un disco de canciones inéditas, consolidando así un presente que respeta su legado y lo proyecta hacia un futuro.
- Corazón Cristal Ft. Abel Pintos
- Amor Bonsai Ft. El Plan de la Mariposa
- Los Latidos Ft. Denny Denan (Timbalada)
- Inquilino en el Espacio Ft. Facundo Soto (Guasones)
- La Tierra Ft. Néstor Ramljak (Non palidece)
- Inmortal Ft. Sabino
- Baila el cielo
- Corre
- Soledad
- La Verdad

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Música: Miles Davis: el arquitecto del jazz moderno
El 26 de mayo se cumplen cien años del nacimiento de Miles Dewey Davis III, el trompetista estadounidense que transformó el jazz y que redefinió la manera en que la música moderna entiende la innovación. A un siglo de su llegada al mundo, su figura permanece como una de las más influyentes del siglo XX: un artista incapaz de repetirse, obsesionado con anticipar el futuro sonoro incluso cuando eso significaba incomodar a su propio público.
Trompetista, compositor y líder de banda, Davis convirtió cada etapa de su carrera en un punto de inflexión para el jazz. Desde el bebop hasta la fusión eléctrica, su trayectoria -que abarcó cinco décadas- puede leerse como una historia paralela del desarrollo del género durante la segunda mitad del siglo pasado.
Un oído formado entre tradición y cambio
Miles Davis nació en Alton, Illinois, el 26 de mayo de 1926, aunque creció en East St. Louis dentro de una familia afroamericana de clase media acomodada.
Su entorno familiar estuvo marcado por la música desde temprana edad: su madre tocaba el violín y su hermana interpretaba piezas clásicas al piano, mientras que el gospel, el blues y el jazz entraban en su vida a través de la radio, la iglesia y los viajes familiares.
A los diez años recibió su primera trompeta, regalo que definiría su destino. Bajo la guía del trompetista Elwood Buchanan, comenzó a desarrollar un estilo poco convencional, alejado del virtuosismo explosivo dominante en la época. Buchanan insistía en evitar el vibrato excesivo, una enseñanza que terminaría moldeando el sonido íntimo y contenido que caracterizaría a Davis durante toda su carrera.
El propio músico recordaría años después la influencia decisiva de su mentor Clark Terry. “La influencia principal que recibí debe haber sido Clark Terry… íbamos a una jam y el lugar se llenaba en diez minutos. Venía a mi casa, pedía permiso a mi padre y me llevaba a tocar desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana”.
Aquellas sesiones marcaron su formación práctica mucho más que cualquier aula.
Nueva York y el nacimiento del jazz moderno
En 1944, con apenas 18 años, Davis se mudó a Nueva York para estudiar en la Juilliard School. Sin embargo, su verdadera educación ocurrió fuera de las clases, en los clubes nocturnos de la Calle 52, donde el bebop estaba revolucionando el lenguaje musical.
Allí conoció a figuras clave como Charlie Parker y Dizzy Gillespie, quienes lo integraron a la nueva corriente musical. Davis describió aquel encuentro decisivo con humor y asombro. “Ni siquiera reconocí a Dizzy cuando me preguntó si tenía carnet del sindicato. Yo solo quería escucharlo tocar, pero terminé subiendo al escenario”.
La experiencia confirmó que su aprendizaje debía darse dentro del movimiento creativo que estaba transformando el jazz.
De “Birth of the Cool” al cambio constante.
A finales de los años cuarenta, Davis reunió un noneto con una instrumentación inusual que incluía trompa y tuba. Aunque las grabaciones iniciales pasaron desapercibidas, posteriormente serían publicadas como “Birth of the Cool” (1957), obra fundamental que dio nombre al cool jazz y abrió una nueva sensibilidad sonora menos frenética que el bebop.
Davis continuó cambiando de rumbo. Tras el cool jazz llegó el hard bop, donde recuperó la energía del rhythm and blues; después, el jazz modal, basado en escalas más que en progresiones armónicas tradicionales. Este periodo produjo obras esenciales como “Milestones” (1958) y el legendario “Kind of Blue” (1959), considerado uno de los discos más influyentes de la historia.
Piezas como “So What”, “All Blues”, “Blue in Green”, “Solar” y “Four” muestran la amplitud estética de su obra y explican por qué su música sigue siendo objeto de estudio.
El riesgo eléctrico y la incomprensión
A finales de los años sesenta, fascinado por el rock, el funk y el soul, Davis volvió a romper expectativas al incorporar instrumentos eléctricos y ritmos más agresivos. Álbumes como “In a Silent Way” (1969) y “Bitches Brew” (1970) marcaron el nacimiento del jazz fusión.
La decisión provocó rechazo entre sectores puristas del jazz, que consideraron su electrificación una traición. Sin embargo, el tiempo consolidó esas grabaciones como una expansión definitiva del género.
Su capacidad para adelantarse a las tendencias fue constante: mientras muchos músicos perdían impulso creativo con los años, Davis seguía reinventándose.
Retiro, regreso y apertura al hip-hop
En 1975 se retiró temporalmente debido a problemas de salud y adicciones. Durante cinco años permaneció alejado de la vida pública, hasta regresar en 1980 con una nueva etapa creativa marcada por la exploración tecnológica y sonora.
Incluso en sus últimos años se mantuvo atento a nuevas corrientes musicales. Su álbum final, “Doo-Bop” (1991), incorporó elementos del hip-hop, anticipando el diálogo entre jazz y cultura urbana que se volvería común décadas después.
No es casual que artistas como The Roots, Mobb Deep, Notorious B.I.G., Outkast o Queen Latifah hayan sampleado su música, confirmando su influencia más allá del jazz.
El legado de una mente adelantada
Miles Davis falleció el 28 de septiembre de 1991 en Santa Mónica, California, a los 65 años, tras complicaciones derivadas de enfermedades respiratorias, un accidente cerebrovascular y neumonía. Su último disco fue publicado de manera póstuma, cerrando una carrera marcada por la búsqueda constante.
Dueño de un sonido irrepetible
El sonido de la trompeta de Davis -frecuentemente interpretada con sordina Harmon- se distinguía por su lirismo, frases breves y una intensidad introspectiva que contrastaba con el virtuosismo dominante. Su estilo demostraba que la emoción podía surgir tanto del silencio como de la nota.
A lo largo de su trayectoria, convivió creativamente con gigantes del género, entre ellos Louis Armstrong, Duke Ellington, Charlie Parker y John Coltrane, formando parte del reducido grupo de artistas que redefinieron el rumbo del jazz y lo dotaron de una expresividad que rompió moldes.
El líder que construía sonidos colectivos
Parte del mito de Miles Davis reside en su habilidad para reunir músicos excepcionales y convertirlos en catalizadores de nuevas ideas. Aunque la autoría de algunas composiciones ha sido discutida -como el caso de “Blue in Green”, frecuentemente asociado al pianista Bill Evans- el resultado final siempre llevaba su sello artístico.
Más que imponer, Davis dirigía mediante la escucha y la intuición, nutriéndose de la creatividad colectiva para construir un sonido propio.
Cinco discos para entender su carrera
“Birth of the Cool” (1957)
El álbum que dio nombre al cool jazz. Davis rompió con la velocidad frenética del bebop y apostó por arreglos más sofisticados, atmósferas contenidas y un sonido elegante que cambiaría el rumbo del jazz moderno.
“Milestones” (1958)
Disco puente hacia el jazz modal. Aquí comenzó a abandonar las progresiones armónicas complejas para explorar estructuras más abiertas basadas en escalas, anticipando su obra maestra del año siguiente.
“Kind of Blue” (1959)
Considerado el disco de jazz más influyente de todos los tiempos. Con John Coltrane, Bill Evans y Cannonball Adderley, Davis creó una obra accesible, introspectiva y revolucionaria. Incluye clásicos como “So What” y “All Blues”.
“Sketches of Spain” (1960)
Su etapa más experimental y orquestal junto al arreglista Gil Evans. Fusionó jazz, música clásica y sonidos españoles en una obra atmosférica y cinematográfica encabezada por una reinterpretación del “Concierto de Aranjuez”.
“Bitches Brew” (1970)
El disco que detonó el jazz fusión. Davis incorporó instrumentos eléctricos, rock, funk y largas improvisaciones colectivas. Fue polémico en su momento, pero redefinió el jazz contemporáneo e influyó en generaciones posteriores.
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