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Carrie: ¿Por qué es un clásico?

Hoy, es prácticamente imposible pensar en un libro de Stephen King que no haya sido llevado al cine. Con más de 100 adaptaciones fílmicas y televisivas basadas en sus obras, los horrores que el autor ha plasmado en las páginas se han quedado en el imaginario colectivo gracias a la intervención de muchos cineastas. Si bien, pareciera que hemos vivido siempre en el Kingverso, lo cierto es que no es difícil rastrear donde inició todo. Se trata de Carrie: extraño presentimiento (1976), dirigida por Brian De Palma. Un filme que pionero en muchas cosas, empezando por hacer que el escritor de la novela declarara que la versión filmada superaba el relato primigenio.
Ruptura de esquemas: no todo es color de rosa
Estrenada a finales de la década de los 70, Carrie fue una de esas producciones que marcó un antes y un después en la manera en la que los habitantes del mundo —y particularmente de Estados Unidos— percibían su entorno. El ’76 fue el año en el que también llegaron a salas cintas como Taxi Driver, Network: Poder que mata, La profecía o Todos los hombres del presidente. Estas retratan el despertar del país a la crudeza social que se empezaba a vivir. Había enojo, decepción tras las guerras y, sobre todo, hambre y sed de verdad. Que las cosas se digan como son. Sin edulcorantes. Sin tapujos.
¿Qué mejor escenario para desarrollar con plenitud esta visión de la novela de King? Desde su publicación dos años antes, en 1974, el libro dio de qué hablar. Le dio cabida a temas como la liberación adolescente y la exploración de la sexualidad en la juventud, así como también los cambios emocionales que llegan en esta etapa de cambio. Lo interesante es que el autor decidió abordar estas vicisitudes desde la perspectiva de un personaje femenino: Carrie White. Personaje que, además, como parte de su desarrollo, tiene un obstáculo importante: la falta de popularidad y el abuso escolar como consecuencia de su vida en un ambiente doméstico represivo. Carrie no sabe cómo desenvolverse alrededor de sus compañeros y compañeras de clase porque nadie le ha dicho cómo hacerlo. Y en este sentido, la historia, tanto impresa como fílmica, deja claro que enfrentarse a lo desconocido puede ser aterrador.

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No obstante, la versión para la pantalla grande es quizá la que hace más énfasis en los miedos que surgen durante una etapa de cambio. Lo hace mediante una escena de apertura tan memorable como angustiante y disruptiva, que inmediatamente le deja ver al espectador el tono realista que tendrán futuros eventos dentro de la trama. En ella, después de un partido de voleibol del equipo de la escuela, la protagonista y sus compañeras acuden a los vestidores. Cuando Carrie se está bañando tranquilamente, de pronto le llega su primera menstruación. Asustada, confundida y cubierta de sangre, ella corre hacia las demás jóvenes, quienes, hasta hace unos segundos, se paseaban libremente por el lugar, demostrando confianza en sus cuerpos.
Lo que vemos en pantalla contrasta sobremanera con la música calmada y dulce. Además, algunos momentos están editados en cámara lenta. Todo esto simboliza la dificultad de la estelar para adaptarse a una realidad mucho más abierta que de costumbre. Evidentemente, las burlas y el acoso no se hacen esperar, pues las chicas comienzan a lanzarle a la atemorizada Carrie varios tampones y toallas.

En cuestión de minutos, se nos comunica que estamos ante un conjunto que explorará el crecimiento humano por medio de la oscuridad y la venganza. De hecho, este ambiente de peligro se hace presente más allá de este incidente. A lo largo del resto de la película, la forma en la que los adolescentes se relacionan tiene un dejo de rebeldía y desconfianza. No hay tiempo para fraternidad, y eso es deprimente.
La religión como base del horror
A la par de la ansiedad omnipresente, Carrie: extraño presentimiento se permite hablar de otro aspecto que ya estaba en boga en otras producciones de la época: las costumbres religiosas.
No obstante, llama la atención que, si bien, en otras cintas como la ya mencionada Profecía (The Omen) o El exorcista, estrenada tres años antes, la espiritualidad era presentada como antídoto al mal en cuestión, en este filme el enfoque es mucho más pesimista, e incluso antagónico. En la cinta, Margaret White, la madre de la estelar, es retratada como una fanática que lleva su cristianismo a niveles extremadamente peligrosos. Esto hace que Carrie sea víctima de reprimendas terribles derivadas de sucesos que, para muchas personas, son totalmente normales, tales como asistir al baile de graduación.

En retrospectiva, es curioso que no haya registros de grupos religiosos protestando afuera de los cines que exhibieron la película en su época. Vamos, incluso el libro de King, a la fecha, está prohibido en algunas escuelas del país vecino por su tratamiento “negativo” de la devoción.
Sin embargo, la interpretación que se hace en el largometraje de imágenes bíblicas como la crucifixión, o la alusión al ejercicio de la sexualidad como puerta al pecado (“¡Eva fue débil!”, le repite Margaret a Carrie en repetidas ocasiones), es mucho más directa, por lo que cuesta creer que no haya levantado controversia, al tratarse de una de las primeras veces en las que una persona cristiana es vista bajo una óptica ominosa en el cine.
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No es como que Stephen King o las personas involucradas en la realización de la película decidieran atacar la fe de los lectores o espectadores. De hecho, el autor de la novela, considerado el “maestro del horror”, ha dicho que, aunque piensa que la religión “es una herramienta muy peligrosa que ha sido mal utilizada por mucha gente”, él mismo cree en Dios y le ha pedido ayuda en su proceso para mantenerse sobrio desde hace mucho tiempo. Esto le dijo a Rolling Stone en 2014:
“Elijo creer que Dios existe y, por tanto, puedo decir: ‘Dios, no puedo hacer esto yo solo. Ayúdame a no beber hoy. Ayúdame a no tomar drogas hoy’. Y eso funciona bien para mí”. morphs montanababe406

Por otro lado, en una entrevista para la edición especial de la película lanzada por Shout! Factory, el guionista, Lawrence D. Cohen aseguró que los abusos, disfrazados de protección por Margaret, son incluso más dañinos que los que se ve obligada a soportar en la escuela:
“[Uno de los aspectos que más me llamó la atención de la historia] era que Carrie regresaba a casa después de estar en un infierno escolar, y nos damos cuenta de que tiene una madre fanática religiosa, quien hace que ir a la escuela parezca un día en la playa”.
Entonces, el mensaje es claro: creer no es malo. Lo que sí es malo es utilizar esas creencias como escudo para desestimar aquello a lo que se le teme. Aquí entra un interesante giro, y es que Carrie descubre que tiene poderes telequinéticos. Cuando está perturbada, puede mover objetos y causar desastres. Con esto, caemos en cuenta de que Margaret no sólo se siente intimidada por la “impureza” física de su hija. También por su poder sobrenatural, el cual no logra comprender.
De nueva cuenta, se hablaba de lo perjudicial que puede ser el miedo a lo desconocido. Pero hacerlo cuestionando algo como la espiritualidad, que casi siempre se considera incuestionable, era sin duda algo transgresor.
Brian De Palma y su equipo
Tras analizar los anteriores elementos, ahora sí es momento para hablar de la principal razón por la que funcionan tan bien en conjunto: la dirección de Brian De Palma, quien supo inyectarle su estilo hiper-cinemático a un proyecto que ya era redondo por sí solo desde su origen literario.
Como parte de la entrevista ya citada, Cohen cuenta que, cuando estaba en proceso de escribir la película, inmediatamente se dio cuenta de algo:
“Después de leer 12 o 15 páginas, me quedó claro que esta no sólo era una novela debut impactante que tenía mucha seguridad y confianza, y era ambiciosa y retadora. Esto era algo serio. Y este sujeto [King] lo tenía. Abordó muchos temas, desde Carrie como una niña que, más o menos, servía como ejemplo del acoso; había elementos sobrenaturales y de ciencia ficción”.

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Esto sin duda suena como algo que De Palma estaba capacitado para adaptar. Después de todo, ya había demostrado ser capaz de trabajar en casi cualquier género. Dándoles a sus largometrajes mucha sustancia narrativa, siempre incluía también un estilo visual impactante y muy bien ejecutado.
Por esa razón, los ejecutivos del estudio United Artists decidieron que él era la mejor opción para hacerse cargo del filme. En una entrevista con la revista Cinefantastique, publicada en 1977, un año después del estreno, el cineasta comentó lo siguiente:
“El proyecto estaba en manos de United Artists, y el jefe de producción, Mike Medavoy, y el presidente, Eric Pleskow, insistieron en que querían que yo dirigiera la película. No creían que debiera hacerla nadie más. A Paul Monash [el productor], sin embargo, no le convencí, y sólo gracias a la presión de la gente del estudio llegó a la conclusión de que tal vez yo era la persona adecuada para su película”.

En UA tenían razón. De Palma logró, con creces, trasladar la atmósfera inquietante y tenebrosa de la novela a la gran pantalla. Levantada con un presupuesto de $1.8 MDD, al final de su corrida en salas de Estados Unidos y Canadá la cinta recaudó $33.8 MDD. Un éxito inesperado.
Pero el director no lo consiguió solo. Estaba acompañado de un equipo técnico y actoral inmejorable. Por ejemplo, para capturar el mundo de Carrie con cuadros simétricos, claustrofóbicos y desconcertantes, reclutó al cinefotógrafo Mario Tosi, quien elevó las cualidades de thriller de la cinta a niveles estratosféricos, sobre todo en tres escenas clave: cuando Margaret, la madre de la joven, le apunta con un cuchillo en las sombras; también en la escena en la que la señora White corta una zanahoria como si fuera un robot, todo en un plano cenital que provoca vértigo; y una que sucede en la ya mítica secuencia del baile de graduación, que presenta un diálogo entre la tímida estelar y el galán Tommy Ross. Mientras ellos bailan, la cámara gira sin parar, cada vez más rápido, acentuando la sensación de confusión.
Aunado a la fotografía, está el trabajo de edición de Paul Hirsch. Sin él, todo el misticismo del conjunto no existiría. Simplemente basta con recordar la escena de las duchas, en las que la cámara lenta retrata la soledad de Carrie, contrastándola con la actitud rebelde de sus compañeras de clase, que desfilan al compás de la dulce banda sonora compuesta por Pino Donaggio.
De igual forma, la edición destaca durante la graduación, en la que la pantalla dividida con colores contrastantes nos muestra la escala del terror que se cierne sobre los asistentes al gimnasio cuando el personaje principal desata sus poderes como venganza tras ser víctima de una broma cruel.

Con todo esto, queda hablar de las personas que se pusieron en la piel de los personajes más emblemáticos de la novela en su salto al celuloide. En su noveno esfuerzo directoral, De Palma fichó a actrices y actores con los que volvería a colaborar años más adelante en otras obras de su filmografía, como Nancy Allen y un jovencísimo John Travolta, de quien —erróneamente— se decía que este era “su primer papel en cine”. Estos dos actores, quienes después aparecerían en Estallido mortal (1981), encarnaban a los bullies principales, Chris Hargensen y Billy Nolan.
También tenemos a Amy Irving, quien fue la compasiva Sue Snell, compañera que comienza su arco molestando a Carrie, pero que, de a poco, se da cuenta de que puede ayudarla a destacar en el ámbito social. Por ello, junto a su novio, Tommy Ross, interpretado por William Katt, diseña un plan para cambiar el rumbo de la vida de Carrie.

Claro está, hay dos nombres que no se pueden dejar de mencionar: Sissy Spacek y Piper Laurie.
Spacek, quien al momento de la preproducción tenía 26 años, no fue la primera actriz en mente para el rol de la chica titular. En la novela y en la cinta, Carrie tiene 16 años, pero la actriz fue convencida por su esposo, el director de arte Jack Fisk, para hacer la audición.
Se quedó con el protagónico y su intervención le valió una nominación al Óscar a Mejor actriz en 1977. El que la Academia la haya considerado para el premio está totalmente justificado, pues el personaje está escrito como alguien que pasa de ser introvertida a alguien que, al menos por unas horas, recobra el control de su vida. Spacek logra capturar estos matices de forma excepcional. Sobre su actuación, ella le dijo esto a ComingSoon.net en 2017:
“Leí el libro antes de saber que se iba a hacer la película, pero lo volví a leer el día antes de la audición. Lo que más me llamó la atención de la novela fue que la niña era tan patética, tan perdedora, y creo que lo que añadí a la hora de filmar la película fue que le di al personaje un poco de esperanza”.

De igual forma, la interpretación de Laurie fue aclamada de manera unánime. La actriz se tomó un descanso de los escenarios y las cámaras tras aparecer en El audaz (1961), y el largometraje de De Palma significó su gran regreso tras 15 años de ausencia del cine.
Por su trabajo, cargado de intensidad y cólera que hacían de Margaret una villana en toda la extensión de la palabra, la Academia también le otorgó una nominación en la categoría de Mejor actriz de reparto. Aunque hay que aclarar que, al principio ella pensó que formaría parte de una sátira. Antes de su fallecimiento, comentó esto en una entrevista con el sitio HollywoodChicago.com:
“Una vez que De Palma me reveló que no quería un enfoque satírico y me dijo: ‘Te vas a reír si haces eso’, me di cuenta de que no quería risas, al menos no en nuestra interpretación consciente. Me limité a aceptar la realidad de lo que estaba interpretando. Debo decir que disfruté de la libertad infantil de actuar y ser la bruja malvada. Fue muy liberador y divertido”.

No es casualidad que, después de décadas, éste sea, para muchas personas, uno de los mejores exponentes cinematográficos de horror jamás hechos. No sólo por tratarse de la primera adaptación de una novela de King, sino porque, en un periodo en el que las imágenes en movimiento se usaban para expresar nuevas inquietudes, reconfiguró una conocida fórmula, entregando una de las obras mejor logradas del género. Si tan sólo el público hubiera sabido que ella tenía el poder…
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Latidos a mil por segundo: Cuando el ritmo cinematográfico se convierte en pura taquicardia visual
Apagar las luces de la sala o acomodarse en el sillón con el control remoto en la mano persigue, la mayoría de las veces, el simple deseo de desconectarse por completo de la monotonía cotidiana a través de un espectáculo que nos sacuda la estantería. Sin embargo, no cualquier persecución de autos o intercambio de disparos logra que nos olvidemos por completo de mirar el teléfono celular, el verdadero mérito radica en aquellas producciones que dominan el arte de la tensión cinética ininterrumpida.
El criterio central para dar forma a este exigente listado se basa en dar visibilidad a narrativas de precisión milimétrica donde el peligro se siente real, físico y asfixiante. Tanto las películas como las series de acción seleccionadas ganaron su lugar en este espacio porque logran que el espectador experimente una empatía visceral con los protagonistas, transformando la pantalla en una ráfaga de adrenalina constante que no da tregua ni respiro desde la escena de apertura hasta los créditos finales.
Nitro en las venas y puentes colgantes: La odisea rústica donde el camino es el verdadero infierno
La primera parada de este recorrido nos invita a rescatar a Carga maldita (Sorcerer), una producción salvaje de fines de los años 70´ que llevó al límite físico a su equipo de filmación y que hoy se alza como el monumento definitivo al suspenso rústico sobre ruedas. La trama nos introduce en un rincón miserable y olvidado de la selva sudamericana, donde cuatro hombres prófugos y desesperados de distintas nacionalidades aceptan una misión suicida a cambio de una fuerte suma de dinero y un pasaporte legal. El objetivo consiste en conducir dos camiones desvencijados y cargados hasta el tope con cajas de nitroglicerina en estado líquido a través de kilómetros de rutas destruidas, pantanos densos y condiciones climáticas extremas. El gran problema radica en que el material es tan inestable que cualquier vibración excesiva, una piedra en el camino o un frenazo brusco volatilizará los vehículos en mil pedazos de forma instantánea.
Al revisar el catálogo de las películas de acción que esquivan las fórmulas comerciales de los estudios de Hollywood, esta obra maestra del director William Friedkin destaca por su absoluta negativa a utilizar trucos de magia digital, apostando por un realismo sucio y asfixiante que transmite el peligro real de la filmación. El espectador se convierte en un pasajero invisible atrapado en las cabinas de esos gigantes de metal, sintiendo el crujido de los neumáticos sobre puentes de madera podrecida que se caen a pedazos bajo tormentas tropicales implacables. El guion prescinde de los héroes tradicionales e idealizados para concentrarse en la psicología del miedo primitivo, el desgaste de las máquinas y la fragilidad humana ante la naturaleza salvaje, logrando una descarga de adrenalina pura y física que se clava en la retina mucho después de que se apagan los motores.

Pasillos estrechos y artes marciales: La brutalidad claustrofóbica que llegó del sudeste asiático
Cambiando drásticamente de escala, pero multiplicando los niveles de violencia coreográfica, la segunda recomendación se llama La redada (The Raid) y nos encierra en los departamentos de un edificio multifamiliar controlado por un mafioso implacable en los suburbios de Yakarta. Un escuadrón de policías tácticos de élite ingresa al lugar a primera hora de la mañana con el objetivo de limpiar la estructura piso por piso, pero la misión se sale de control rápidamente al quedar atrapados y sin comunicación en un entorno donde cada inquilino está armado hasta los dientes. Lo que sigue es una demostración de supervivencia pura que utiliza las artes marciales tradicionales de la región como el motor principal de un suspenso asfixiante que no da margen de error.
El impacto que este largometraje indonesio generó en la industria global transformó la manera en que los coreógrafos de todo el mundo diseñan los combates cuerpo a cuerpo en las películas de acción contemporáneas, abandonando los cortes de edición rápidos que esconden las limitaciones de los actores para mostrar tomas largas llenas de dolor y destreza física real. Los protagonistas utilizan desde machetes y armas de fuego cortas hasta los propios muebles rotos de los pasillos para repeler oleadas interminables de agresores en espacios tan reducidos que generan una incomodidad física real en quien mira desde el sillón. La genialidad del libreto radica en que transforma la arquitectura del edificio en un personaje más del relato, convirtiendo cada puerta abierta en una potencial trampa mortal que exige una concentración absoluta.
El contrarreloj de una traición corporativa: El ritmo criminal que devora las calles de Londres
Para aquellos espectadores que prefieren trasladar la descarga de adrenalina al formato de la pantalla chica con narrativas expandidas, una de las grandes sorpresas de los últimos años llegó de la mano de Pandillas de Londres (Gangs of London) un crudo retrato sobre las mafias internacionales que operan en las sombras de las finanzas europeas. El detonante de la historia es el asesinato del líder criminal más poderoso de la ciudad, un evento que rompe el frágil equilibrio de paz entre las distintas bandas de narcotraficantes y lavadores de dinero, desatando una cacería humana implacable donde nadie está a salvo. La serie se enfoca en el hijo del capo fallecido, quien debe asumir el control de la organización mientras intenta descubrir quién dio la orden de ejecutar a su padre en medio de un mar de sospechosos de distintas nacionalidades.
Esta producción británica se alza con orgullo entre las mejores series de acción de la década gracias a la audacia de su realizador, Gareth Evans, quien no teme dedicar episodios enteros a asedios de casas de campo o fugas de prisiones que se sienten como cortometrajes autónomos de suspenso extremo. El guion balancea de forma impecable las intrigas políticas familiares con explosiones de violencia seca y estilizada que dejan al televidente sin palabras al final de cada bloque de transmisión. Ver esta historia en la televisión de casa es confirmar que el formato episódico ha alcanzado una madurez técnica envidiable, capaz de competir de igual a igual con los grandes blockbusters de la pantalla grande en términos de impacto visual y desarrollo de personajes complejos.

El tesoro del espionaje setentero: La joya oculta que se cuece a fuego lento en la cartelera
Como bonus track imprescindible para cerrar este recorrido de emociones intensas, resulta obligatorio rescatar del catálogo digital la serie El juego (The game), una producción de época que aborda la violencia urbana desde una perspectiva mucho más sucia, cínica y cercana al thriller policial de la vieja escuela. En este rincón menos transitado del streaming, las persecuciones no involucran autos de lujo último modelo ni superhéroes con trajes de mallas, alejándose por completo de la fantasía digital presente en producciones de la escala de El Hombre Araña 3 para meter los pies en el barro de las conspiraciones políticas y los tiroteos rústicos en callejones húmedos.
El valor fundamental que atesora esta recomendación final radica en su capacidad para demostrar que las producciones que verdaderamente dejan una marca en la retina son aquellas que entienden que el peligro se vuelve mucho más aterrador cuando los protagonistas son personas comunes con recursos limitados. La tensión se construye a partir de los ruidos de los motores viejos, las llamadas telefónicas interceptadas desde cabinas públicas y los enfrentamientos armados donde cada bala disparada cuenta y las heridas tardan capítulos enteros en sanar. Darle una oportunidad a este tipo de relatos menos evidentes enriquecerá por completo tu criterio como cinéfilo, recordándote que la adrenalina más pura no siempre grita ni explota, sino que a veces se esconde en la mirada de un fugitivo que sabe que no tiene un mañana asegurado en la gran ciudad.
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Cannes 2026 – Una edición desigual, pero aún llena de grandes obras
La edición 79 del Festival de Cannes estuvo marcada por la controversia. Para empezar, la selección, compuesta por 22 títulos, varios de grandes maestros, no tuvo la calidad que tanto ha deslumbrado en años recientes. Evidentemente, no es de esperarse que cada película de un gran director sea un trabajo excepcional, pero este año coincidió en que los nuevos títulos de realizadores consagrados como Pedro Almodóvar, Asghar Farhadi o Koreeda Hirokazu dejaran mucho que desear.
Por otra parte, el jurado presidido por el cineasta surcoreano Park Chan Wook fue un poco extraño, ya que estuvo conformado por cineastas con una trayectoria sólida como Chloe Zhao, noveles como el chileno Diego Céspedes o bien figuras glamorosas como Demi Moore, que no se caracteriza precisamente por una filmografía cuidada en sus más de cuatro décadas de carrera en Hollywood. De los títulos en competencia, 5 fueron dirigidos por mujeres y una de ellas, la alemana Valeska Grisebach ganó el Premio del Jurado por The Dreamed Adventure.

La Palma de Oro le fue otorgada a Fjord del realizador rumano Cristian Mungiu. Esta es la segunda vez que Mungiu recibe la presea, después de marcar un hito en la nueva ola del cine de su país con la espléndida 4 meses, 3 semanas, 2 días en 2007. Su sexto largometraje, también escrito por él, es el primero en ser ambientado y rodado fuera de Rumania, y cuenta con un reparto internacional encabezado por Sebastian Stan (quien por cierto es originario de Rumania) y la noruega Renate Reinsve, que ha cautivado al público de todo el mundo con cintas como The Worst Person in the World (por el que obtuvo el Premio de Mejor Actriz en Cannes en 2021) y Sentimental Value, ambas de Joachim Trier. Este año se anotó otro gran éxito con Backrooms de Kane Parsons, una cinta independiente estadounidense que ganó más de 350 millones de dólares en taquilla.
Después de haber colaborado juntos en A Different Man (2024) de Aaron Schimberg, Stan y Reinsve se reúnen en Fjord interpretando a la conservadora pareja Gheorghiu que emigra a Noruega. Mihai es rumano pero su mujer es noruega y ambos buscan un futuro mejor para sus cinco hijos en un pequeño pueblo. La familia pertenece a una estricta iglesia evangelista, de manera que los rezos y el estudio de la biblia dominan la rutina familiar. Por contraste, los niños acuden a una escuela pública inclusiva en la que cualquier expresión religiosa está prohibida. Mihai ha conseguido un trabajo técnico en esa misma institución en la que está sobre calificado, pero acepta el sacrificio profesional con el fin de brindarle mejores oportunidades a sus hijos. La familia es vista con extremo recelo por parte de la comunidad que es extremadamente liberal y es de esperarse que pronto los problemas surjan cuando los maestros perciben que hay un posible maltrato físico por parte de los padres hacia los hijos. Los prejuicios, la desconfianza y la barrera cultural y lingüística coloca a los padres en una situación jurídica muy compleja que explota a nivel mediático. A lo largo de su obra, Mungiu ha abordado la migración, el choque cultural entre la Europa oriental y occidental y el autoritarismo, pero en este caso la historia de la familia Ghiurghiu lo lleva a buscar un delicadísimo balance que nunca deja de ser ambiguo sobre la justicia en un caso de alteridad en el marco de un sistema ultra progresista que es completamente intransigente.
El estilo de Mungiu es su precisión y distanciamiento, y en Fjord nos presenta una historia subversiva en estos tiempos en donde una familia rígida y ultra religiosa resulta menos intolerante que la sociedad progresista noruega. Seguramente esta Palma de Oro creará una gran controversia entre el público cinéfilo, ya que podría interpretarse como una apología del autoritarismo, una postura que va precisamente en contra de la ideología que ha mostrado Mungiu a lo largo de su carrera.

El Gran Premio del Jurado fue para el gran cineasta ruso exiliado Andrey Zvyagintsev, que presenta su sexto largometraje, Minotaur, tras una prolongada ausencia de casi una década y después de haberse recuperado de una larga enfermedad. Llama la atención que sea una adaptación de la clásica película francesa La femme infidele (1969) de Claude Chabrol, pero esta historia de infelicidad conyugal, coescrita por Zvyagintsev y Simon Liashenko, le permite expandirse en el vasto paisaje de la Rusia corrupta de Vladimir Putin después de la invasión de Ucrania en 2022. El minotauro/monstruo en cuestión es Gleb, el rico presidente de una empresa de transporte (magníficamente interpretado por Dmitriy Mazurov) que vive en una lujosa casa en una provincia alejada de Moscú. Al igual que otros empresarios de la región, Gleb es convocado por el alcalde que les comunica de la necesidad del gobierno de enviar más hombres al frente de guerra, sin afectar la economía local. Gleb concibe el escalofriante plan de publicar un anuncio prometiendo duplicar el sueldo de catorce camioneros que serán reclutados antes de cobrar siquiera su primer sueldo.
Durante la primera parte de la película observamos la vida ordenada de Gleb, que está casado con una bella mujer, Galina (Iris Lebedeva) y son padres de un hijo adolescente. Durante su matrimonio ha sido infiel y distante, y los consejos que le da a su hijo de cómo responder a un bully en su clase, lo muestran como un hombre emblemático de la Rusia de Putin: déspota, intimidante y con un gran sentido de empoderamiento. Su esposa sólo parece medianamente contenta cuando recibe mensajes en el teléfono, lo que lo hace sospechar correctamente que mantiene un romance. Su rival es Anton, un joven y atractivo fotógrafo. Sólo entonces vemos que Gleb, que ha sido un hombre reservado, empieza a mostrar una pasión desmedida que le hace asesinar brutalmente al amante de su mujer. Sin embargo, después de esta crisis todo vuelve a la normalidad, Gleb no tendrá ningún castigo ya que es cómplice de las autoridades y su esposa ni siquiera lo desprecia, y menos aun se cuestiona su lugar en la sociedad corrupta a la que pertenece.
En Minotaur, Zvyagintsev logra el equilibrio perfecto entre un sofisticado thriller y una denuncia cáustica al estado déspota de Putin y seguramente será uno de los títulos más gustados este año.
El premio de Mejor Director fue compartido por el extraordinario cineasta polaco Pawel Pawlikowski y los debutantes cineastas españoles Javier Ambrossi y Javier Calvo, conocidos en su país por sus exitosas series televisivas como Los Javis, y considerados los herederos de Pedro Almodóvar.

Fatherland fue quizá la película mejor recibida por la crítica en todo el Festival de Cannes, y la que se pensaba que recibiría la Palma de Oro. Pawlikowski añade este título a una serie filmada en un riguroso blanco y negro que se centra en la Europa de la Guerra Fría y que inició en 2013 con Ida y que siguió en 2018 con Cold War, para abordar temas políticos e históricos como trasfondo de dramáticas historias personales. Fatherland, coescrita por Pawlikowski y Henk Handloegten, está ambientada en 1949, año en que el gran escritor alemán Thomas Mann (Hanns Zischler) regresa del exilio en Estados Unidos, y viaja desde Alemania Occidental a la Alemania Oriental, los dos polos ideológicos de la Guerra Fria, acompañado de su hija Erika (Sandra Hüller).
A lo largo de su obra, Thomas Mann observó la incompatibilidad entre el artista y la sociedad y esa es quizá la premisa de esta película, en la que Mann, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1929 y uno de los intelectuales más encumbrados del siglo XX, fue también el jefe de una familia plena de demonios. Para empezar, Mann luchó contra su propia homosexualidad y condenó la vida de excesos de su hijo predilecto Klaus, también escritor y abiertamente homosexual, que además tenía una relación muy estrecha con su hermana Erika. Fatherland inicia justamente en los días previos al suicidio de Klaus, durante el regreso glorioso de Mann a Frankfurt, una ciudad dominada por los Estados Unidos y lo seguimos a Weimar, territorio de los soviéticos, pero también la tierra del genio Johann Wolfgang von Goethe, el dios de las letras alemanas a quien Mann venera sobre todas las cosas.
En sus diferentes discursos, el laureado escritor busca curar el espíritu herido de Alemania y conmina a sus compatriotas a iniciar una rehabilitación espiritual que esté orientada por el pensamiento de Goethe que resistió “al culto romántico de la muerte”. Resulta paradójico que Mann hable con tanta majestuosidad sobre la sanación espiritual cuando su familia está al borde del colapso. Detrás de la fachada imperturbable de Mann, descubrimos gracias a Erika a un hombre moralmente derrotado y perteneciente a otro tiempo. Pawlikowski demuestra nuevamente su enorme maestría al narrar esta historia sobre la fama, el exilio, la identidad y la familia de una manera a la vez íntima y distante, con su característico estilo de brevedad y precisión. Fatherland es una obra sublime que restaura la fe en el arte cinematográfico y seguramente será una de las cintas más premiadas después de su paso por Cannes.

Una de las grandes sorpresas de esta edición del Festival de Cannes fue la presencia de La bola negra, una segunda cinta española producida por Pedro Almodóvar y dirigida por sus seguidores Javier Calvo y Javier Ambrossi. Se trata de una adaptación de la obra teatral La piedra oscura de Alberto Conejero e hilvanada en tres tiempos no lineales sobre tres hombres íntimamente ligados por el deseo, el amor clandestino y la herencia del dolor. Lo que los une es el primer texto abiertamente homosexual del gran escritor español Federico García Lorca que permaneció oculto durante décadas.
La bola negra es un gran mosaico maximalista donde confluyen todo tipo de tonos y estilos sorprendentes, excesivos, para presentar la historia de Sebastián (el cantante Guitarricadelafuente en su debut), un joven provinciano que es obligado a unirse como soldado raso al bando franquista. En estas circunstancias le toca vigilar en un hospital a Rafael (Miguel Bernardeau), un atractivo republicano, futbolista y hombre de teatro, personaje real que corresponde a Rafael Rodríguez Rapún, última pareja del gran poeta andaluz que para entonces ya había sido brutalmente asesinado. Rafael está malherido y sabe que lo mantienen vivo para torturarlo con el fin de denunciar a sus compañeros. Pronto se establece un romance entre ambos, lo que hace que Rafael le confíe el secreto de donde está escondido el manuscrito de Lorca.
Después de la muerte inevitable del republicano, Sebastián recupera el texto, pero éste desaparece durante décadas. La otra parte de la historia se ubica en 2017 y nos presenta a un joven historiador, Alberto (Carlos González), que vive alejado de su madre (Lola Dueñas) y que recibe una extraña herencia por parte de su abuelo materno. Este regalo será lo que une de manera misteriosa a los tres hombres. Penélope Cruz tiene un papel pequeño, pero muy lucidor, en el que interpreta a una atrevida cantante de cabaret que inspira al joven soldado Sebastián a seguir sus impulsos, en tanto que Glenn Close interpreta a una académica especializada en Lorca en el final de la historia, a la que toca autentificar el manuscrito perdido de Lorca.
La bola negra es una película única en muchos sentidos por su enfoque excesivo, melodramático, post-almodovariano, de un tema poco visto en el cine español y que aborda la represión sexual en el régimen franquista. Será una cinta sumamente atractiva para los espectadores que buscan una nueva sensibilidad en la representación de temas LGBT en un cine clásico que aspira a la monumentalidad.
Estos fueron los premios principales en una edición del Festival de Cannes que estuvo marcada por la polémica, pero que como siempre, muestra el espíritu inquebrantable y siempre renovado del cine proveniente de todos los rincones del planeta. Una razón para mantener el optimismo en estos tiempos difíciles.
Daniela Michel Desde 2003 es directora del Festival Internacional de Cine de Morelia, del cual es fundadora. Ha sido jurado de festivales como el de Cannes –en su sección Una Cierta Mirada y en la Semana de la Crítica–, el Venecia, Sundance, Locarno, San Sebastián y Berlín.
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ARIEL 2026: Lista completa de nominados
La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) continúa con su objetivo de promover e impulsar la calidad del cine en nuestro país, es por eso que este 2026 celebra una nueva edición de los Premios Ariel.
Desde su resurgimiento en 1972, el Ariel no para de reconocer públicamente a los mejores profesionales del cine en México. Para su 68ª edición, este no deja de ser su propósito; así que entérate aquí sobre quiénes son los nominados en las 25 categorías que premia la AMACC este 2026.
Rumbo al Ariel 2026
Aunque para la edición de este año se recibieron 151 películas, 67 largometrajes, 84 cortometrajes y 10 películas iberoamericanas, la lista oficial consta únicamente de 49 películas nominadas, mismas que se podrán ver a lo largo del ciclo de exhibición “Rumbo al Ariel 2026”.
Durante este ciclo, las películas se presentarán de forma gratuita, incluyendo las transmisiones de los cortometrajes de ficción, animación y documental en los canales que conforman la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México. Asimismo, pensando en las preferencias del público, también se podrán disfrutar en funciones diarias a través de la plataforma de streaming, FestivalOpen!
¿Cuándo se celebrará la ceremonia del Ariel 2026?
La ceremonia de entrega del premio Ariel 2026 se llevará a cabo el próximo 3 de octubre.
Nominaciones por categoria
Actor
- Andrés Catzín | Cosmos
- Ernesto Rocha | Adiós, amor
- Hoze Meléndez | Cocodrilos
- Mauricio Isaac | Café Chairel
- Osvaldo Sánchez | En el camino
Actriz
- Ángela Molina | Cosmos
- Diana Sedano | Juana
- Emma Dib | La eterna adolescente
- Mónica del Carmen | Las mutaciones
- Natalia Reyes | Aún es de noche en Caracas
Coactuación femenina
- Arcelia Ramírez | Cocodrilos
- Margarita Sanz | Juana
- Ángeles Cruz | Las locuras
- Ruth Ramos | La eterna adolescente
- Teresita Sánchez | Cocodrilos
Coactuación masculina
- Bernardo Gamboa | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Héctor Kotsifakis | Pérdida total
- Manuel Cruz Vivas | Cocodrilos
- Mariano López Sosa | En el camino
- Roberto Sosa | Las locuras
Cortometraje animación
- Azulesepia | Dir. Luis Manuel Villarreal Dávila
- Desdoblándome | Dir. Natalia Pájaro
- Te prometo violencia | Dir. Juan María León Piña
- Teatro Secreto | Dir. Diego Martínez Gutiérrez
- Wing Shop | Dir. Andrea León Gutiérrez, Gabriela Rojas Bustos, Sascha Schmit
Cortometraje documental
- La mar | Dir. Jean Chapiro Uziel
- Las voces del despeñadero | Dir. Victor Rejón, Irving Serrano
- Mácula | Dir. Mariana Xochiquétzal Rivera García
- Mujer de barro | Dir. Concepción Vásquez
- Toda la vida para siempre | Dir. Sebastián Molina Ruiz
Cortometraje ficción
- Azul | Dir. David Karlak
- Crónica menor | Dir. Francisco Usiel
- Oc ni temiki (sigo soñando) | Dir. Misael Alva
- Techiq | Dir. Missael Sánchez Arce
- Una torreta en llamas | Dir. Humberto Flores Jáuregui
Dirección
- David Pablos | En el camino
- Ernesto Martínez Bucio | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Gabriel Mascaro | O último azul
- Lucía Gajá | Vidas en la orilla
- Pablo Pérez Lombardini | La reserva
Diseño de arte
- Belén Estrada | En el camino
- Christian Alfredo Galindo García, Consuelo Ileana Martínez Ruiz | Autos, mota y rocanrol
- Daniela Rojas | Juana
- Ezra Buenrostro | Aún es de noche en Caracas
- Salvador Parra | Vainilla
Edición
- Alfonso Gastiaburo, Ana García, Lucía Gajá | Vidas en la orilla
- Ernesto Martínez Bucio, Karen Plata, Odei Zabaleta | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Jonathan Pellicer | En el camino
- Jorge Marquéz | Gerry Adams: El hombre de Ballymurphy
- Omar Guzmán, Sebastián Sepúlveda | O último azul
Efectos especiales
- Arturo Vázquez | Contraataque
- Gerardo Muñoz, Omar Israel Ayala de la Peña | Un cuento de pescadores
- José Martínez «Josh» | Mujeres del alba
- Luis Ambriz | Cocodrilos
- Ricardo Arvizu | Aún es de noche en Caracas
Efectos visuales
- Amet Ramos | Un cuento de pescadores
- Gaston Alvárez | Autos, mota y rocanrol
- Jorge Palma Bermúdez | En el camino
- María José Straffon | Soy Frankelda
- Paula Siqueira, Raúl «Ratón» Luna | Aún es de noche en Caracas
Fotografía
- Germinal Roaux, Inti Briones | Cosmos
- Guillermo Garza | O último azul
- Juan Pablo Ramírez | Aún es de noche en Caracas
- Moritz Tessendorf | La reserva
- Ximena Amann (AMC) | En el camino
Guión adaptado
- Javier Peñalosa, Mariana Chenillo | Los dos hemisferios de Lucca
- Jimena Montemayor Loyo | Mujeres del alba
- Jorge Hérnandez Aldana | La sombra del catire
- Jorge Ramírez-Suárez | Las mutaciones
- Mariana Josefina Rondón García, María Teresa Ugás Castro | Aún es de noche en Caracas
Guión original
- David Pablos | En el camino
- Ernesto Martínez Bucio, Karen Plata | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Gabriel Mascaro, Tibério Azul | O último azul
- Germinal Roaux | Cosmos
- Pablo Pérez Lombardini | La reserva
Largometraje animación
- La gran historia de la filosofía occidental | Dir. Aria L. Covamonas
- Soy Frankelda | Dir. Arturo Ambriz Rendón, Rodolfo Ambriz Rendón
Largometraje documental
- Brigada 2045 | Dir. Olivia Luengas Magaña
- Gaza, la franja del exterminio | Dir. Rafael Rangel
- La libertad de Fierro | Dir. Santiago Esteinou
- Llamarse Olimpia | Dir. Indira Cato Cortes
- Vidas en la orilla | Dir. Lucía Gajá
Maquillaje
- Adam Zoller | En el camino
- Alejandra Velarde | Vainilla
- Gerardo Muñoz | Un cuento de pescadores
- Karina E. Monroy | Autos, mota y rocanrol
- Karina Rodríguez | Aún es de noche en Caracas
Música original
- Andrea Balency-Bearn | En el camino
- María Giménez Cacho Goded | Juana
- Memo Guerra | O último azul
- Yolihuani Curiel Balzareti | Brigada 2045
- YOM | La reserva
Ópera prima
- Cocodrilos | Dir. J. Xavier Velasco
- El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) | Dir. Ernesto Martínez Bucio
- Juana | Dir. Daniel Giménez Cacho
- La reserva | Dir. Pablo Pérez Lombardini
- Vainilla | Dir. Mayra Hermosillo
Película iberoamericana
- Belén (Argentina) | Dir. Dolores Fonzi
- La misteriosa mirada del flamenco (Chile) | Dir. Diego Céspedes
- Los domingos (España) | Dir. Alauda Ruiz de Azúa
- Manas (Brasil) | Dir. Marianna Brennand
- Un poeta (Colombia) | Dir. Simón Mesa Soto
Revelación actoral
- Aurora Dávila | Vainilla
- Carolina Guzmán | La reserva
- Donovan Said | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Laura Uribe Rojas | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Victor Miguel Prieto Simental | En el camino
Sonido
- Alex de Icaza, David Montero | Autos, mota y rocanrol
- Antonio Porém Pires, Lena Esquenazi, Nayuribe Montero | Aún es de noche en Caracas
- Arturo Salazar, Liliana Villaseñor, María Alejandra Rojas, Vincent Sinceretti | O último azul
- Carlos Cortés Navarrete (C.A.S.), Miguel Mata, Odín Acosta Ascencio | Brigada 2045
- Denis Sechaud, Ivan Dumas, Raphaël Sohier | Cosmos
Vestuario
- Brenda Gómez | Aún es de noche en Caracas
- Felipe Criado | En el camino
- Felipe Criado | Cosmos
- Gilda Navarro | Vainilla
- Gilda Navarro, Joanna Nogueiras Yankelevich | Autos, mota y rocanrol
Película
- El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) | Mandarina Cine, Dir. Ernesto Martínez Bucio
- En el camino | Animal de Luz Films, Dir. David Pablos
- La libertad de Fierro | Javier Campos López, Santiago Esteinou, Dir. Santiago Esteinou
- O último azul | Cinevinay, Desvia, Dir. Gabriel Mascaro
- Vainilla | Huasteca CC, Redrum, Dir. Mayra Hermosillo
Te invitamos a que no te pierdas la transmisión de este evento, en el cual este año se galardonarán con el Ariel de Oro al documentalista Demetrio Bilbatúa y la actriz Rosita Arenas.
ues de anuncios individuales.
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