Cine y Tv
Cine mexicano LGBTIQ+: Hacia un camino de libertad

Visibilidad, aceptación, solidaridad y respeto por la vida de los demás. Aquí un breve repaso por algunas de las películas y momentos que han marcado la historia del cine mexicano LGBTIQ+ y que han construido el camino hacia representaciones más justas, humanas y complejas.
En la noche del Ariel 2014 llovía como nunca. El Palacio de Bellas Artes era azotado por una tormenta feroz que solo era mitigada por los aplausos al interior. Ahí, donde la crema y nata del cine mexicano celebraba con entusiasmo a las mejores películas del año, el cineasta y productor Roberto Fiesco se coronó con el premio a Mejor documental por Quebranto. “Hoy todo el día estuve pensando que hace más de 10 años, cuando Julián Hernández y yo queríamos producir nuestra primera película Mil nubes de paz, un alto funcionario del IMCINE dijo: ‘El Estado no tiene por qué apoyar películas de maricones’”.
En ese momento era como si hasta el ruido de la lluvia se hubiera quedado en silencio. Sin embargo, Fiesco, acompañado por Coral Bonelli –la protagonista de su cinta–, continuó con orgullo: “Desde entonces, esa frase ha resonado en mi cabeza y un día me llevó a buscar a Coral y a doña Lilia para contar una historia de vida; una que me parecía fundamental e importante contar, porque hablaba de las relaciones maternofiliales –que se parecían mucho a las mías–, de la diversidad sexual y de cómo alguien puede asumir una nueva identidad y dejar todo atrás para comenzar otra vez; desde cero, contra todo, y contra todos”.
“El cine mexicano, salvo algunas bellas excepciones, ha sido desde sus orígenes, y con un irritante recrudecimiento en los últimos años, un cine de moraleja, y lo que es peor, un cine de moraleja condenatoria”, escribió el célebre Salvador Elizondo en el texto Moral sexual y moraleja en el cine mexicano. Aquel artículo –que inauguró la historia de la breve pero icónica revista Nuevo Cine– señalaba a la industria fílmica de nuestro país como “un cine que desconoce, cuando moraliza, el sentido esencial de la moral, que no es, ciertamente, el de condenar determinados actos humanos, sino el de justificar los actos humanos que la hipocresía se empeña en condenar”.
En este país de moral y buenas costumbres, la representación a complejidad de las disidencias no tiene muchos años de historia. Sin embargo, las imágenes de la comunidad LGBTIQ+ se han escrito, no sin dificultad, gracias a momentos que, con valentía, iniciaron un camino de libertad que aún hoy se sigue labrando.

Momentos de disidencia
“Oiga, don Pedrito, quiero preguntarle una cosa”, le dice Librada (Emma Roldán) a Pedro (Manuel Tamés) en la cinta La casa del ogro, de Fernando de Fuentes, en 1938. “¿Esos bigototes se los deja usted para despistar?”, remata la mujer entre risas. Mirándola de arriba a abajo, mientras alza la cabeza, el hombre truena la boca e, indignado, sale de escena.
Si bien aquella cinta fue opacada por los grandes títulos de su realizador –como su Trilogía Revolucionaria o Allá en el Rancho Grande, el filme que detonó la Época de Oro del cine nacional–, La casa del ogro capturó en celuloide al primer personaje gay del cine mexicano del que se tenga registro. La presencia de Pedro –o “Doña Petrita, como se le llegó a llamar–, sin embargo, fue como la de otros en aquel periodo de esplendor: amanerado, con roles secundarios, satirizados y hasta escarnecidos. Nunca al frente de una historia; lejos de las normalidades dictadas por la sociedad.

Aunque transgresor, aquel personaje de Manuel Tamés tuvo que quedarse a solas por un largo tiempo en la historia del cine mexicano LGBTIQ+. Fue hasta 1950 cuando el director Alfredo B. Crevenna filmó Muchachas de uniforme, una cinta que mostró una fuerte atracción entre Lucila y Manuela, interpretadas por Marga López e Irasema Dilián. Aunado a eso, y su discurso contra una educación autoritaria y basada en la moral, le valió una censura inmediata que la mantuvo un par de semanas en cartelera. «Esta película mexicana se reducía a contar un caso de lesbianismo inconsciente y lamentable», escribió en 1972 el historiador Emilio García Riera en Historia documental del cine mexicano. «Al final, Marga López se hacía monja para pagar de alguna manera el atrevimiento que supone tocar en un melodrama el tema del amor por vías inusuales y, en el fondo, la muerte de la joven lesbiana dejaba muy tranquilo a todo el mundo, porque nadie habría sabido qué hacer con esa pobre chica».
Una década y media después, Tres mujeres en la hoguera (1976) abordó nuevamente el lesbianismo en el cine mexicano. Protagonizada por Maricruz Olivier y Pilar Pellicer, la cinta de Abel Salazar se une a una muy breve lista de largometrajes LGBTIQ+ que han retratado el amor entre dos mujeres en la pantalla grande.
«Como mujeres, hemos sido retratadas por los ojos de fuera», nos dice la actriz y cineasta Ángeles Cruz quien, en 2014, filmó el cortometraje La carta, el cual presenta una relación entre dos mujeres indígenas y sus consecuencias. «No todas, pero hay muchas historias con una gran cantidad de misoginia. Y creo que podemos hacer un cine inteligente; no peyorativo ni machista. Y, en esta industria, nos falta diversidad; en todos los sentidos».
Para la ganadora de dos premios Ariel, una de las razones que excluyen al lesbianismo en el cine mexicano es «cómo nos comportamos como sociedad. El cine nos da un espacio para existir, para nombrarnos y mostrar cosas que, a veces, están acotadas por lo que es socialmente aceptado. A veces, nos dicen que historias como La carta no son interesantes o a nadie le va a interesar; o nosotros mismos somos quienes nos ponemos el freno de mano. Como creadoras y creadores, hay cosas de las que nos gusta hablar y de las que no, también. Para mí, el cine se ha convertido en un lugar donde me gusta preguntar sobre lo que no tengo respuesta y poner en la mesa lo que sucede en mi comunidad, lo que somos y lo que soy como mujer. Hablar de dos mujeres lesbianas, en una comunidad indígena, rodeadas de tabúes y machismos tremendamente aceptados, creo que es bueno preguntarlo».

Aunque aún pocos, los valiosos esfuerzos que han tratado de cambiar las narrativas fueron fuertemente impulsados con la llegada de un personaje que, sin titubeos, arribó al cine para romper con el puritanismo de nuestra industria. Portando un vistoso vestido rojo, bailando flamenco y sonriéndole a la vida, La Manuela se abrió paso en la cartelera y en la historia del cine nacional. Con El lugar sin límites (1977), de Arturo Ripstein, Roberto Cobo logró lo inimaginable: dar vida a un personaje igual de potente que su despiadado Jaibo, de Los olvidados (Dir. Luis Buñuel). Aquí, un apasionado encuentro entre Pancho (Gonzalo Vega) y La Manuela inmortalizó a la cinta como la primera en mostrar a dos hombres besándose y como el filme LGBTIQ+ por excelencia del cine mexicano.

El logro, no sencillo ni exento de polémica, se materializó con varios Arieles: uno a Mejor película y un par más a los actores mencionados, entre otros, así como en un premio especial en San Sebastián. Para Gonzalo Vega, su presencia aquí marcó lo que vendría más adelante en su filmografía. Casi a la par de la cinta de Ripstein, el actor filmó en 1977 Las apariencias engañan, bajo la dirección de Jaime Humberto Hermosillo. El cineasta que se atrevió a coquetear con la homosexualidad en la pantalla –en cintas como El cumpleaños del perro (1974) y Matinée (1976)– ahora tenía entre manos una historia tan impactante que fue víctima de la censura. “Al desnudo, la Isela Vega que nadie conoce”, decía el póster oficial de aquella cinta; posiblemente el papel más arriesgado de la actriz y el filme más transgresor de Hermosillo, que se mantuvo cinco años enlatado. En ella, Vega da vida a un hermafrodita que se enamora de un hombre llamado Rogelio (Vega) y se convierte en el primer –y único personaje trans a la fecha– en protagonizar una cinta de ficción en el cine mexicano LGBTIQ+.

Después de esta cinta, era natural que nuestra industria volteara la mirada hacia el lugar donde se han gestado sus historias más apasionantes: la familia. Ahí, el cine mexicano LGBTIQ+ vio nacer obras como El hombre de la mandolina (1982) o Doña Herlinda y su hijo (1984), las cuales comenzaron a mostrar a la homosexualidad al interior de los hogares mexicanos.
La primera se trata de un filme realizado por Gonzalo Martínez Ortega, que nos lleva a la ciudad de Querétaro en los años 50, donde una familia tradicional descubre que su hijo (Omar Moreno) es homosexual. La noticia fractura para siempre la relación entre aquella familia y lleva a la madre –interpretada por Rosita Quintana– al borde de la locura.

La segunda opta por un camino completamente diferente. Ambientada en la Guadalajara conservadora de los años 80, Doña Herlinda y su hijo nos presenta a una madre abnegada (Guadalupe del Toro; madre de Guillermo del Toro) quien intenta ignorar la relación entre su hijo Rodolfo (Marco Treviño) y Ramón (Arturo Meza), su mejor amigo. La cinta más famosa de Hermosillo –el cineasta más importante del cine mexicano LGBTIQ+– muestra cómo la madre obliga a su hijo a casarse con una mujer, al tiempo que facilita que su hogar se convierta en el oasis donde sigue existiendo el gran amor entre estos dos hombres.
Jorge Fons, el hombre que sacudió a la audiencia con Rojo amanecer (1989), filmó en 1994 la galardonada El callejón de los milagros. Una de las películas más premiadas en la historia del Ariel –recibió once estatuillas en 1995– llevó a la pantalla a Don Rutilio (Ernesto Gómez Cruz), un hombre que oculta su homosexualidad detrás del machismo típico de este país y que escapa de su matrimonio –de 30 años de historia– a través de encuentros clandestinos con Jimmy (Esteban Soberanes), su joven amante.

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Películas que abrieron camino
“El Estado no tiene por qué apoyar películas de maricones”, le dijo el cineasta Alfredo Joskowicz a Roberto Fiesco, quien se encontraba buscando apoyo para la posproducción de Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor. A pesar de la reticencia del entonces director del IMCINE, la ópera prima de Julián Hernández recibió cuatro nominaciones al Ariel –incluidas Mejor película y dirección–, y triunfó en distintos festivales de México y el mundo. Uno de ellos fue la Berlinale, donde la cinta se llevó el prestigioso Oso Teddy en 2003, dedicado a celebrar las mejores obras con temática LGBTIQ+, el cual Julián obtuvo de nuevo en 2009 gracias a la cinta Rabioso sol, rabioso cielo.
“En mi paso por el CUEC sentimos que el cine no nos representaba”, dijo Julián Hernández recientemente en la charla Contar historias de diversidad, organizada por la Academia Mexicana de Cine (AMACC), la Cátedra Bergman y la Filmoteca de la UNAM. «Lo que estábamos viendo en las películas de aquel entonces era un cine donde la sexualidad era algo que se evitaba a toda costa», complementa Roberto Fiesco, al charlar sobre la dupla que ha formado con Julián desde hace 20 años. «Especialmente la de los jóvenes».

El cortometraje Actos impuros (1994) marcó la primera colaboración entre Roberto y Julián –el primero dirigiendo, el segundo produciendo y ambos escribiendo el guion–. Hubo un tiempo en que los sueños dieron paso a largas noches de insomnio (1998) –tesis de Julián para el CUEC– afianzó el camino para la realización de Mil nubes y dictó la dirección que ambos cineastas tomarían –en conjunto– a partir de ahí.
«En ese entonces había una gran ausencia de retratos fidedignos en torno a la sexualidad; particularmente en torno a la diversidad sexual en el cine mexicano», afirma Fiesco. «Y nosotros queríamos encontrar lugares en dónde reflejarnos. Al no existir, decidimos crearlos«.
Aunque Mil nubes de paz tardó cinco años en realizarse, su llegada a los cines de nuestro país –y el reconocimiento internacional– abrieron un camino que transformaría la realidad de las siguientes generaciones. «Nosotros confiábamos muchísimo en este proyecto», recuerda Fiesco. «Mil nubes de paz trata sobre un chico gay en la periferia de la Ciudad de México. Que vive cerca de las barrancas, en el Olivar del Conde o en el Metro Oceanía. Su personalidad atípica –muy criticada en México pero muy celebrada en el extranjero– nos ayudó también a mostrar una representación no culposa del personaje. Nuestro protagonista no sufre por su orientación sexual; no tiene un conflicto con eso –cosa que sí ocurre en El hombre de la mandolina, en Doña Herlinda y su hijo y de alguna manera en El lugar sin límites–. Él sufre por amor. Y entonces, al hacer retratos no culposos –que fue lo mismo que hicimos en El cielo dividido (2006)– lo que tratábamos de hacer en la pantalla era que nuestros personajes no vivieran su sexualidad con culpabilidad».

Hoy, a dos décadas de Mil nubes de paz, Julián Hernández posee una prolífica filmografía de más de 30 títulos –entre cortos y largometrajes– con los que ha labrado el camino para otro tipo de representaciones. Roberto Fiesco, por su parte, ha dividido su vida entre la dirección y la producción de historias, como la galardonada Quebranto (2013) y el corto ganador del Ariel Trémulo (2015), así como la serie El juego de las llaves, entre otras. Su cortometraje David (2005) se convirtió en la primera historia corta de temática LGBTIQ+ del cine mexicano en ser producida por el IMCINE; todavía bajo la administración de Joskowicz. «Afortunadamente, él no tenía nada que ver con esas decisiones», cuenta Roberto. «El corto se realizó gracias a Patricia Coronado, entonces directora de producción del Instituto, y por un jurado conformado por Marina Stavenhagen, Guillermo Arriaga, Beatriz Novaro y Felipe Cazals».
El trabajo de Julián y de Roberto, asimismo, le abrieron la puerta no solo a las historias LGBTIQ+ en el cine mexicano sino a las y los cineastas que eventualmente surgirían en el camino. “Para mi generación”, dijo la realizadora Astrid Rondero (Los días más oscuros de nosotras) en la mencionada charla de la AMACC y la UNAM, “partíamos ya de referentes cercanos y exitosos; rabiosos. [Julián] No fue nuestro maestro en el CUEC, pero creo que cambió nuestro contexto”.

Del beso entre Diego Luna y Gael García Bernal en Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2000) al amor oculto entre Hoze Meléndez y Juan Pablo de Santiago en Sueño en otro idioma (Ernesto Contreras, 2017); de la relación tormentosa entre Andrea Portal y Naian González Norvind en Todo el mundo tiene a alguien menos yo (Raúl Fuentes, 2011); el despertar sexual de Ángel Onésimo Nevárez en Quemar las naves (Francisco Franco, 2006), al peligro que rodea a José Pescina en Carmín tropical (Rigoberto Perezcano, 2012); del amor electrizante entre Diego Calva y Eduardo Martínez en Te prometo anarquía (Julio Hernández Cordón, 2015) al lazo inquebrantable entre Víctor y Fernando en Etiqueta no rigurosa (Cristina Herrera Bórquez, 2016); de la atracción inevitable entre Pablo Mezz y Carlos Hendrick en Velociraptor (Chucho E. Quintero, 2014), a la aceptación de uno mismo en las historias que conforman Cuatro lunas (Sergio Tovar Velarde, 2014).
En los últimos 20 años, el cine mexicano LGBTIQ+ ha brillado en la pantalla con una intensidad cada vez mayor. Su representación progresiva se ha materializado en historias que han normalizado y complejizado las experiencias. Su evolución de miradas, asimismo, corresponde a una mayor presencia de realizadoras y realizadores de la comunidad. “Son tiempos en donde es importante que las comunidades mismas cuenten las historias”, dice Astrid Rondero en la mencionada charla. “Eso hace que la diversidad sea más nutrida, más amplia, que incluya a más gente, que no siempre sea desde la perspectiva de lo heteropatriarcal”, explica la cineasta, quien ha hecho una mancuerna inquebrantable con la también directora y productora Fernanda Valadez (Sin señas particulares).
“Necesitamos como población contar nuestras historias”, afirma Alejandro Zuno, responsable de los cortometrajes Oasis y Cuarto de hotel. “Pero lo que ocurre siempre es que lo presente es la [letra] G y la L –más o menos–. Pero las otras letras [de la comunidad] –lo intersexual, lo trans– cómo se que diluyen; están en otras luchas, en otras batallas. Esperemos que pronto haya un director o una directora trans que también tenga esas oportunidades”.

Aunque la ficción se ha resistido a representarla, la comunidad trans ha encontrado lugar en el cine documental con trabajos como Las flores de la noche (2020), de Omar Robles y Eduardo Esquivel –responsables de los cortos Los desterrados hijos de Eva y Uriel y Jade, respectivamente–, o Cosas que no hacemos (2020), de Bruno Santamaría (Margarita). «Nosotros queremos hablar de lo que nos mueve y nos representan», afirman Omar y Eduardo. «Las flores de la noche es una oda a la juventud y a los nuevos tipos de refugios y familias [que se construyen en la comunidad]. Somos muy conscientes de que, desafortunadamente, vivimos en un país donde es peligroso ser uno mismo. Allá afuera hay gente que odia y actúa desde la violencia. Pero nosotros quisimos hacer una película luminosa, que hablara sobre lo importante que es enfrentar la violencia con dignidad».

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La homofobia invisible
No solo basta con filmar una historia: es necesario que llegue al público. Ante la ausencia de espacios para proyectar historias LGBTIQ+ en 1997 surgió el Festival Mix, considerado el primer evento cinematográfico en nuestro país dedicado a historias de diversidad sexual. «Las ganas [de crear este evento] nacieron del amor al cine y de saber que existe alguien como tú haciendo cine y queriendo contar historias en las que te puedes reflejar», nos dice Arturo Castelán, director y fundador de dicho evento.
«Yo, como espectador, me sentía con las ganas de ir al cine y ver lo que estaba haciendo mi comunidad en el mundo. Y, más que nada, lo hacía para franquear esa frontera invisible que se ponían los programadores [de películas] en aquel entonces. Cuando llegábamos a pedir apoyo, escuchaban el término ‘diversidad sexual’ y pensaban que era cine porno. Las películas de Hermosillo, por ejemplo, se estrenaban el cine Teresa o en el cine Savoy, los cines porno soft que existían en la ciudad. O estaban ahí o en la Cineteca, pero nunca en el resto de las salas».
A 25 años de distancia, y cientos de historias que han llegado a su público a través de este espacio, el Festival Mix se ha convertido en una poderosa ventana de disidencia y representación. «La homofobia es algo que, sin motivos, se cuela por todos lados. Es un odio que vas heredando y que haces que permanezca. Por eso hicimos el festival, para enfrentarnos a eso, para mostrarle a le gente otras realidades, para inspirar y generar un diálogo entre el público y los realizadores».

A pesar de los avances, de las batallas que se han ganado y los espacios que se han conquistado, el cine mexicano LGBTIQ+ sigue lidiando con una homofobia invisible que parece resistirse a desaparecer. El baile de los 41, la película más reciente de David Pablos (Las elegidas), experimentó en carne propia los tres tipos de censura que dictan el camino de nuestra industria fílmica: aquella que se genera cuando se niega el apoyo a un proyecto, cuando se decide no programar una historia en cartelera o cuando las autoridades delimitan el público que podrá ver cierta película. La película llegó a los cines del país con una clasificación C, apta únicamente para mayores de 18 años. “Me sorprende que sean mucho más censurables los desnudos masculinos, los actos amorosos entre hombres, que la violencia explícita”, nos dijo David Pablos sobre la calificación a su película. “Y eso habla mucho del país y de la realidad en que vivimos. Aquí, la violencia está tan normalizada y mediatizada que ya ni siquiera es un tema. Es algo que simplemente no entiendo”.
Algo similar sucedió con La región salvaje, de Amat Escalante, en 2018, cuando días antes de su estreno comercial en México, Cinemex decidió cancelar sin previo aviso –y sin mayor explicación– la exhibición de dicha película. En aquel momento, al ganador del León de Plata a Mejor dirección en Venecia se le dijo que «no tenían suficiente espacio por la cantidad de títulos” que estrenarían aquel fin de semana. “Es una lástima», nos dijo Amat. «Sólo hay dos cadenas de cine en el país. Le cerraron la puerta a La región salvaje y es algo indignante”.

Para Los días más oscuros de nosotras, su ópera prima, Astrid Rondero perdió a uno de los contribuyentes que apoyaría su exhibición a través de EFICINE “al enterarse que había un tema lésbico [en la película]». Actualmente, los nuevos estatutos de IMCINE se han enfocado en apoyar la producción de historias sobre poblaciones vulnerables o que no han tenido mucha visibilidad. Aunque se busca impulsar historias dirigidas por mujeres o por miradas indígenas, se ha dejado fuera la producción de cine mexicano LGBTIQ+.
“La comunidad salió [de las convocatorias], afirmó Astrid. “No estamos como parte de las prioridades [de producción]. Me parece interesante conversar [sobre eso] porque todavía no estamos en el punto de que no juegue en contra de nosotros la discriminación”.
El cambio desde la pantalla
En el año 2000, cuando Julián Hernández estrenó Mil nubes de paz, la escritora Malú Huacuja del Toro –quien años después escribiría el guion de su película Rencor tatuado– le preguntó sobre lo que pasaría con él cuando todas aquellas temáticas de diversidad que él quería abordar, fueran tratadas por mucha gente. “Yo dejaré ese lugar y me iré a hacer otras cosas que también me interesan”, respondió Julián. “Para después regresar”, agregó en aquel entonces. “Yo pensé que ese día jamás llegaría y afortunadamente llegó”, dice hoy, tras haber estrenado La diosa del asfalto, su sexta película en la silla de dirección.
«Que los personajes principales de una película sean parte de la comunidad LGBTIQ+, y que eso no se asuma como el tema principal de una historia, es un avance importante», afirma el actor Armando Espitia, protagonista de la cinta Te llevo conmigo (2020). El debut en la ficción de la documentalista Heidi Ewing (Jesus Camp, 2006) retrata la historia de Iván y Gerardo, una pareja de mexicanos que debe emigrar a Estados Unidos en busca de una vida mejor. «Pero sí considero que el cine mexicano va tarde como reflejo de la sociedad mexicana. Tenemos que ponernos al día con la ellos y representar cómo se vive en todos sectores de nuestro país. No todos vivimos con los mismos privilegios y hay que seguir trabajando por ellos», afirma el también actor de Nuestras madres. «Nuestra película, por ejemplo, va más allá de eso: aquí vemos a dos personas luchando por un sueño. Y su amor va más allá de cualquier etiqueta», complementa Christian Vázquez, coestelar de esta historia.

«Lo digo sin ningún asomo de soberbia», advierte Roberto Fiesco, «pero Mil nubes empezó a abrir puertas y creo que el trabajo que hicimos Julián y yo ayudó mucho a que muchas cosas cambiaran. Me siento muy orgulloso de eso. Yo no me considero activista, pero creo que sí hay una manera de hacer activismo a través del oficio que uno tiene; y en nuestro caso es el cine. La postura política que podemos tener y el activismo social que podríamos hacer lo hemos hecho siempre en nuestras películas, otorgándole a la comunidad la visibilidad y la identidad que merece».
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ARIEL 2026: Lista completa de nominados
La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) continúa con su objetivo de promover e impulsar la calidad del cine en nuestro país, es por eso que este 2026 celebra una nueva edición de los Premios Ariel.
Desde su resurgimiento en 1972, el Ariel no para de reconocer públicamente a los mejores profesionales del cine en México. Para su 68ª edición, este no deja de ser su propósito; así que entérate aquí sobre quiénes son los nominados en las 25 categorías que premia la AMACC este 2026.
Rumbo al Ariel 2026
Aunque para la edición de este año se recibieron 151 películas, 67 largometrajes, 84 cortometrajes y 10 películas iberoamericanas, la lista oficial consta únicamente de 49 películas nominadas, mismas que se podrán ver a lo largo del ciclo de exhibición “Rumbo al Ariel 2026”.
Durante este ciclo, las películas se presentarán de forma gratuita, incluyendo las transmisiones de los cortometrajes de ficción, animación y documental en los canales que conforman la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México. Asimismo, pensando en las preferencias del público, también se podrán disfrutar en funciones diarias a través de la plataforma de streaming, FestivalOpen!
¿Cuándo se celebrará la ceremonia del Ariel 2026?
La ceremonia de entrega del premio Ariel 2026 se llevará a cabo el próximo 3 de octubre.
Nominaciones por categoria
Actor
- Andrés Catzín | Cosmos
- Ernesto Rocha | Adiós, amor
- Hoze Meléndez | Cocodrilos
- Mauricio Isaac | Café Chairel
- Osvaldo Sánchez | En el camino
Actriz
- Ángela Molina | Cosmos
- Diana Sedano | Juana
- Emma Dib | La eterna adolescente
- Mónica del Carmen | Las mutaciones
- Natalia Reyes | Aún es de noche en Caracas
Coactuación femenina
- Arcelia Ramírez | Cocodrilos
- Margarita Sanz | Juana
- Ángeles Cruz | Las locuras
- Ruth Ramos | La eterna adolescente
- Teresita Sánchez | Cocodrilos
Coactuación masculina
- Bernardo Gamboa | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Héctor Kotsifakis | Pérdida total
- Manuel Cruz Vivas | Cocodrilos
- Mariano López Sosa | En el camino
- Roberto Sosa | Las locuras
Cortometraje animación
- Azulesepia | Dir. Luis Manuel Villarreal Dávila
- Desdoblándome | Dir. Natalia Pájaro
- Te prometo violencia | Dir. Juan María León Piña
- Teatro Secreto | Dir. Diego Martínez Gutiérrez
- Wing Shop | Dir. Andrea León Gutiérrez, Gabriela Rojas Bustos, Sascha Schmit
Cortometraje documental
- La mar | Dir. Jean Chapiro Uziel
- Las voces del despeñadero | Dir. Victor Rejón, Irving Serrano
- Mácula | Dir. Mariana Xochiquétzal Rivera García
- Mujer de barro | Dir. Concepción Vásquez
- Toda la vida para siempre | Dir. Sebastián Molina Ruiz
Cortometraje ficción
- Azul | Dir. David Karlak
- Crónica menor | Dir. Francisco Usiel
- Oc ni temiki (sigo soñando) | Dir. Misael Alva
- Techiq | Dir. Missael Sánchez Arce
- Una torreta en llamas | Dir. Humberto Flores Jáuregui
Dirección
- David Pablos | En el camino
- Ernesto Martínez Bucio | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Gabriel Mascaro | O último azul
- Lucía Gajá | Vidas en la orilla
- Pablo Pérez Lombardini | La reserva
Diseño de arte
- Belén Estrada | En el camino
- Christian Alfredo Galindo García, Consuelo Ileana Martínez Ruiz | Autos, mota y rocanrol
- Daniela Rojas | Juana
- Ezra Buenrostro | Aún es de noche en Caracas
- Salvador Parra | Vainilla
Edición
- Alfonso Gastiaburo, Ana García, Lucía Gajá | Vidas en la orilla
- Ernesto Martínez Bucio, Karen Plata, Odei Zabaleta | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Jonathan Pellicer | En el camino
- Jorge Marquéz | Gerry Adams: El hombre de Ballymurphy
- Omar Guzmán, Sebastián Sepúlveda | O último azul
Efectos especiales
- Arturo Vázquez | Contraataque
- Gerardo Muñoz, Omar Israel Ayala de la Peña | Un cuento de pescadores
- José Martínez «Josh» | Mujeres del alba
- Luis Ambriz | Cocodrilos
- Ricardo Arvizu | Aún es de noche en Caracas
Efectos visuales
- Amet Ramos | Un cuento de pescadores
- Gaston Alvárez | Autos, mota y rocanrol
- Jorge Palma Bermúdez | En el camino
- María José Straffon | Soy Frankelda
- Paula Siqueira, Raúl «Ratón» Luna | Aún es de noche en Caracas
Fotografía
- Germinal Roaux, Inti Briones | Cosmos
- Guillermo Garza | O último azul
- Juan Pablo Ramírez | Aún es de noche en Caracas
- Moritz Tessendorf | La reserva
- Ximena Amann (AMC) | En el camino
Guión adaptado
- Javier Peñalosa, Mariana Chenillo | Los dos hemisferios de Lucca
- Jimena Montemayor Loyo | Mujeres del alba
- Jorge Hérnandez Aldana | La sombra del catire
- Jorge Ramírez-Suárez | Las mutaciones
- Mariana Josefina Rondón García, María Teresa Ugás Castro | Aún es de noche en Caracas
Guión original
- David Pablos | En el camino
- Ernesto Martínez Bucio, Karen Plata | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Gabriel Mascaro, Tibério Azul | O último azul
- Germinal Roaux | Cosmos
- Pablo Pérez Lombardini | La reserva
Largometraje animación
- La gran historia de la filosofía occidental | Dir. Aria L. Covamonas
- Soy Frankelda | Dir. Arturo Ambriz Rendón, Rodolfo Ambriz Rendón
Largometraje documental
- Brigada 2045 | Dir. Olivia Luengas Magaña
- Gaza, la franja del exterminio | Dir. Rafael Rangel
- La libertad de Fierro | Dir. Santiago Esteinou
- Llamarse Olimpia | Dir. Indira Cato Cortes
- Vidas en la orilla | Dir. Lucía Gajá
Maquillaje
- Adam Zoller | En el camino
- Alejandra Velarde | Vainilla
- Gerardo Muñoz | Un cuento de pescadores
- Karina E. Monroy | Autos, mota y rocanrol
- Karina Rodríguez | Aún es de noche en Caracas
Música original
- Andrea Balency-Bearn | En el camino
- María Giménez Cacho Goded | Juana
- Memo Guerra | O último azul
- Yolihuani Curiel Balzareti | Brigada 2045
- YOM | La reserva
Ópera prima
- Cocodrilos | Dir. J. Xavier Velasco
- El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) | Dir. Ernesto Martínez Bucio
- Juana | Dir. Daniel Giménez Cacho
- La reserva | Dir. Pablo Pérez Lombardini
- Vainilla | Dir. Mayra Hermosillo
Película iberoamericana
- Belén (Argentina) | Dir. Dolores Fonzi
- La misteriosa mirada del flamenco (Chile) | Dir. Diego Céspedes
- Los domingos (España) | Dir. Alauda Ruiz de Azúa
- Manas (Brasil) | Dir. Marianna Brennand
- Un poeta (Colombia) | Dir. Simón Mesa Soto
Revelación actoral
- Aurora Dávila | Vainilla
- Carolina Guzmán | La reserva
- Donovan Said | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Laura Uribe Rojas | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Victor Miguel Prieto Simental | En el camino
Sonido
- Alex de Icaza, David Montero | Autos, mota y rocanrol
- Antonio Porém Pires, Lena Esquenazi, Nayuribe Montero | Aún es de noche en Caracas
- Arturo Salazar, Liliana Villaseñor, María Alejandra Rojas, Vincent Sinceretti | O último azul
- Carlos Cortés Navarrete (C.A.S.), Miguel Mata, Odín Acosta Ascencio | Brigada 2045
- Denis Sechaud, Ivan Dumas, Raphaël Sohier | Cosmos
Vestuario
- Brenda Gómez | Aún es de noche en Caracas
- Felipe Criado | En el camino
- Felipe Criado | Cosmos
- Gilda Navarro | Vainilla
- Gilda Navarro, Joanna Nogueiras Yankelevich | Autos, mota y rocanrol
Película
- El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) | Mandarina Cine, Dir. Ernesto Martínez Bucio
- En el camino | Animal de Luz Films, Dir. David Pablos
- La libertad de Fierro | Javier Campos López, Santiago Esteinou, Dir. Santiago Esteinou
- O último azul | Cinevinay, Desvia, Dir. Gabriel Mascaro
- Vainilla | Huasteca CC, Redrum, Dir. Mayra Hermosillo
Te invitamos a que no te pierdas la transmisión de este evento, en el cual este año se galardonarán con el Ariel de Oro al documentalista Demetrio Bilbatúa y la actriz Rosita Arenas.
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Cine y Tv
Películas que marcaron tendencia en moda, belleza y preferencias olfativas
Las películas tienen la capacidad de influir en mucho más que las conversaciones posteriores a una función. A lo largo de la historia, numerosas producciones lograron modificar hábitos de consumo, inspirar estilos de vestimenta y popularizar determinadas formas de entender la belleza. Algunas incluso dejaron huella en aspectos menos visibles, como las preferencias relacionadas con perfumes y aromas.
La conexión entre cine y tendencias existe prácticamente desde los comienzos de la industria. Los espectadores observan cómo se visten los personajes, qué accesorios utilizan, cómo se peinan y qué tipo de estilo proyectan. Con el paso del tiempo, muchas de esas características terminan trasladándose a la vida cotidiana, impulsando fenómenos culturales que trascienden la pantalla.
Desayuno en Tiffany’s y el nacimiento de un ícono
Cuando Desayuno en Tiffany’s llegó a los cines en 1961, pocos imaginaban el impacto que tendría en la cultura popular. La imagen de Audrey Hepburn vestida de negro frente a una joyería neoyorquina se convirtió rápidamente en una referencia global de elegancia.
La película ayudó a consolidar una idea de sofisticación basada en la simplicidad, donde los accesorios, el maquillaje y la actitud tenían tanta importancia como las prendas elegidas. Décadas después, continúa siendo una fuente de inspiración para diseñadores, estilistas y amantes de la moda.
Además de influir en la vestimenta, este tipo de producciones contribuyó a reforzar la asociación entre glamour, cuidado personal y determinados hábitos vinculados con la imagen.
Sexo en la Ciudad y el lujo cotidiano
Aunque nació como serie televisiva, Sex and the City tuvo una continuidad cinematográfica que consolidó aún más su influencia cultural.
Los personajes no solo marcaron tendencias en moda, sino también en accesorios, cosméticos y estilos de vida. La narrativa presentó una visión del lujo integrada a la rutina cotidiana, donde cada elección estética parecía formar parte de una declaración personal.
Este fenómeno impulsó el interés por marcas exclusivas y productos asociados a una determinada imagen de sofisticación. Dentro de ese contexto más amplio, comenzaron a ganar relevancia numerosas conversaciones relacionadas con fragancias masculinas y femeninas que complementaban determinados estilos.
En algunos espacios especializados dedicados a la perfumería, por ejemplo, aparecen referencias a bharara king dentro de discusiones vinculadas con tendencias contemporáneas y preferencias aromáticas.
Casino Royale y el regreso de la elegancia masculina
La llegada de Daniel Craig al papel de James Bond marcó una nueva etapa para uno de los personajes más emblemáticos del cine.
Casino Royale presentó una imagen masculina basada en la elegancia clásica, los trajes bien confeccionados y una estética refinada que influyó en tendencias posteriores. A diferencia de otras producciones centradas exclusivamente en la acción, la película otorgó gran importancia a la construcción visual del protagonista.
La influencia de James Bond sobre la moda masculina tiene décadas de historia. Sin embargo, esta versión logró acercar nuevamente ciertos códigos tradicionales a una audiencia contemporánea.

El cine y el universo de las fragancias
Aunque los perfumes no pueden percibirse directamente en una sala de cine, numerosas películas han contribuido indirectamente a despertar interés por el mundo de los aromas.
Los personajes elegantes, los ambientes sofisticados y las historias vinculadas al lujo suelen generar curiosidad sobre los detalles que completan una determinada imagen. Entre ellos, las fragancias ocupan un lugar destacado.
Actualmente, las redes sociales amplifican este fenómeno. Los espectadores ya no se limitan a comentar una película; también investigan productos asociados a los estilos que observan en pantalla.
Por ese motivo, búsquedas relacionadas con el perfume Bharara King pueden aparecer entre personas interesadas en explorar opciones vinculadas a una determinada estética o perfil de sofisticación.
La construcción de una identidad visual completa
Uno de los aspectos más interesantes del cine es su capacidad para presentar personajes coherentes en todos sus detalles.
Vestuario, maquillaje, accesorios, lenguaje corporal y entornos forman parte de una construcción cuidadosamente planificada. Esa coherencia suele resultar atractiva para el público, que muchas veces intenta incorporar algunos elementos a su propia imagen.
En la actualidad, algunas personas interesadas en perfumería investigan opciones como versace eros cuando exploran fragancias asociadas a estilos contemporáneos de elegancia masculina.
Tendencias que trascienden generaciones
No todas las películas mantienen su influencia con el paso del tiempo. Sin embargo, ciertas producciones logran conservar relevancia incluso décadas después de su estreno.
Esto ocurre porque sus propuestas estéticas consiguen superar modas pasajeras y transformarse en referencias culturales más amplias. Los personajes, los vestuarios y los códigos visuales continúan inspirando nuevas interpretaciones adaptadas a cada época.
Dentro de ese ecosistema de recomendaciones e intereses compartidos también aparecen consultas vinculadas con Versace Eros y su precio, reflejando cómo la influencia cinematográfica puede extenderse hacia ámbitos tan diversos como la moda, la belleza y las preferencias olfativas que acompañan la construcción de una identidad personal.

Grease y el poder de una estética reconocible
La década de 1970 encontró en Grease una de sus expresiones más influyentes. Aunque la historia estaba ambientada en los años cincuenta, la película revitalizó tendencias relacionadas con peinados, maquillaje y estilos de vestimenta que volvieron a ganar popularidad entre nuevas generaciones.
Las camperas de cuero, los pantalones ajustados y los peinados cuidadosamente trabajados se transformaron en símbolos fácilmente identificables. La producción demostró cómo el cine podía rescatar modas del pasado y convertirlas nuevamente en objeto de deseo.
El fenómeno también puso en evidencia que la construcción de una imagen personal no depende exclusivamente de la ropa, sino de una combinación de elementos visuales y actitudinales.
El Diablo Viste a la Moda y la influencia de la industria fashion
Pocas películas exploraron el universo de la moda con tanto detalle como El Diablo Viste a la Moda. La producción permitió que millones de espectadores conocieran algunos mecanismos internos de una industria caracterizada por las tendencias cambiantes y la búsqueda constante de innovación.
Uno de los aspectos más interesantes de la película es la manera en que muestra cómo pequeños detalles pueden transformar completamente una imagen. Accesorios, maquillaje, peinados y elecciones de vestuario aparecen como herramientas capaces de comunicar personalidad, ambición o pertenencia a determinados círculos sociales.
Más allá de la alta costura, esa misma lógica de traducir referencias cinematográficas en productos concretos también llegó a las marcas de consumo masivo. Zara, por ejemplo, lanza colecciones cápsula con guiños constantes a estéticas de época y al universo del cine, y traslada esa propuesta a su línea de fragancias. Quienes buscan replicar determinada atmósfera visual encuentran en el perfume de la marca Zara una alternativa accesible para completar un estilo inspirado en la pantalla, sin recurrir necesariamente a las grandes casas de lujo.
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Cine y Tv
La misteriosa mirada del Flamenco – Una charla con su director, Diego Céspedes
El 12 de junio llega a Mubi La misteriosa mirada del Flamenco, el primer largometraje dirigido por Diego Céspedes. Esta producción chilena también fue escrita por Céspedes y se llevó el premio Una cierta mirada en el Festival de Cannes en 2025. Además, también fue premiada en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y seleccionada para el de Toronto.
La historia tiene lugar en Chile en 19821 y sigue a Lidia, una niña de 11 años criada por artistas queer en la cantina de un pueblo minero en medio del desierto. Su relación más estrecha es con Flamingo, a quien reconoce como su mamá. Cuando la crisis del sida llega a este aislado lugar, el miedo y la violencia comienzan a apoderarse de sus habitantes. Pero hasta en las circunstancias más adversas, el amor y la comunidad pueden ayudarnos a resistir.
Platicamos con Diego Céspedes sobre su obra. Nos compartió sus inspiraciones, su visión sobre la dualidad de la historia como reflejo de la vida misma, y el rol que juega el realismo mágico en la película.
Hablemos de las dualidades de esta historia. En la película vemos violencia, pero también hay amor; vemos pérdida, pero también celebración. Creo que es una manera muy acertada de abordar una historia queer, porque la experiencia queer no debería ser encasillada en una sola cosa, y debe de tomar en cuenta todo por lo que puede estar conformada. ¿Cómo manejaste ese balance, para poder retratar todos los ángulos de la historia, dándole a cada uno el espacio y el tiempo necesarios?
Creo que fue de una forma muy intuitiva. El discurso más formado de la película se va dando después de la promoción de la película; pero cuando yo escribo y la hago, es de manera muy intuitiva.
Creo que el humor ha sido una base fundamental en la supervivencia de nuestra comunidad. Es una película que no es de una apariencia sesuda, que uno puede disfrutar, se puede reír, puede llorar y puede emocionarse desde distintos lados. Eso es justamente porque la experiencia que yo viví, y la experiencia de las personas que me inspiran a escribir esta película, ha sido así.
Entonces, ese balance entre humor, violencia, amor, ternura, es justamente donde sentía que era el lugar más honesto. Y cuando iba escribiendo el guión, ya tenía mucho de esto, tenía los dos elementos que me parecían reales, fluidos. Después, las chicas en el elenco también me fueron dando sus propias vivencias, y muchas apuntaban al humor y otras eran también oscuridad. Al final, en el montaje, es cuando uno finalmente va balanceando todo esto.

La relación que hay entre Lidia y Flamingo es muy importante y muy tierna; pero la que existe entre Lidia y Mamá Boa es la más cautivante. Es una relación muy compleja que está marcada por el dolor de la pérdida, y también sobre todo por esta lucha entre querer proteger a alguien que al mismo tiempo quiere explorarlo y saberlo todo, no deja de preguntar, así que hay una gran tensión ahí. ¿Cómo construiste esa relación, tanto en el guión como en el trabajo de tus intérpretes?
Soy muy cercano a Paula Dinamarca, quien interpreta a Mamá Boa, entonces fue un personaje súper fácil de escribir. Se inspira no solamente en ella sino también en su abuela y en referentes que nosotros dos teníamos. La siento un poco mamá protectora pero también un poco que a veces la protejo yo. Entonces este juego que tengo con ella en la vida real hizo que escribirlo en Lidia me fuera fácil y me fuera natural.
Además, Paula es un ser muy emocional, pero también muy duro. Tiene esa dualidad. Así que interpretó a Mamá Boa de una manera espectacular, que tiene mucho que ver con ella, con lo que ella es y lo que ella es capaz de representar por sus propios referentes.
Ahora platícanos de los elementos fantásticos que hay en la película. Hay una conexión con la inocencia de Lidia, quien es el personaje a través del cual estamos viendo toda esta historia. Y siendo Latinoamérica un espacio que está tan marcado por el realismo mágico, ¿cuáles fueron las inspiraciones que nutrieron estos elementos en tu película? ¿Cómo fue su inclusión en el guión?
Al principio del guión había mucho más realismo mágico, y fue perdiendo peso porque me fueron llamando más la atención los personajes y las personas que interpretaban a estos personajes. Entonces también es una suerte de balance casi intuitivo de qué debería ir en todos los lugares.
Y creo que el realismo mágico en esta película particularmente es eso, que Lidia responde en su cabeza a las preguntas que no entiende. Cuando no encuentra respuestas y le están hablando de un personaje que quiere, que encuentra hermoso, pero también le están refiriendo a algo sexual y negativo, viene esta imagen de realismo mágico que un poco apunta a cómo se va construyendo lentamente el imaginario de un niño. Que un niño no es que vea un mensaje y lo entienda por completo, es un proceso más lento en su cabeza. Y simplemente en esta película el realismo mágico responde a esa construcción y lo materializa un poco.
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