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Películas más importantes del cine soviético

El cine hollywoodense convirtió a la URSS en eterna amenaza y, como tal, en continua rival a vencer. Basta con un vistazo a la larga y compleja industria de la región para conocer una cara más certera de la sociedad euroasiática. Historias de distintos géneros, algunas de las cuales son dominadas por el nacionalismo, pero también por sensaciones e inquietudes bien conocidas en todo el mundo. El resultado es una filmografía tan fascinante como hipnótica y que sigue siendo motivo de estudio y admiración a casi 30 años de la caída del bloque. Desde clásicos del cine silente hasta las obras maestras de directores de talla mundial y con divertidas escalas por la comedia, repasamos las películas esenciales del cine soviético.
10. The Irony of Fate, or Enjoy Your Bath! (Dir. Eldar Ryazanov, 1976)

La ficción convirtió a los soviéticos en una sociedad fría y trágica en el imaginario colectivo occidental, al grado de que resulta difícil imaginar una comedia al interior de su industria. The Irony of Fate, or Enjoy Your Bath! no sólo es una de las más exitosas, sino también una de las más queridas entre las audiencias rusas al tratarse de todo un clásico de la temporada navideña. Una comedia romántica sobre un hombre que planea pasar el Año Nuevo con su prometida en Moscú, pero una tarde previa de alcohol con sus amigos le deja en un vuelo rumbo a Leningrado y en una serie de divertidas confusiones. A pesar de su naturaleza ligera, la cinta no ha estado exenta de debate en territorio occidental, pues mientras algunos la consideran un mero equivalente de ¡Qué bello es vivir! (1946), hay quienes la ven como una crítica velada a la uniformidad soviética. Más allá de la polémica, su popularidad resultó en una secuela estrenada a 30 años de distancia. No ha podido igualar el estatus de la original, pero el público la recibió con entusiasmo y la convirtió en una de las películas más taquilleras en la historia del cine soviético.
9. Bim, mi mejor amigo (Dir. Stanislav Rostovsky, 1977)

Un título obligado para quienes disfrutaron –y lloraron– con filmes como Marley y yo (2008) y Siempre a tu lado (2009). La cinta explora el afecto entre un hombre mayor y su perro Bim, el cual se caracteriza por una coloración impropia de su raza: cuerpo blanco y una oreja negra. El drama inicia cuando el hombre es hospitalizado y el desesperado can parte en búsqueda de su mejor amigo, en un viaje que le permitirá conocer en carne propia las dos caras de la naturaleza humana. La profundidad de su mensaje en una trama de bases sencillas le valió la nominación al Premio de la Academia en la categoría de Mejor película extranjera. No ganó, pero su presencia en la terna representó un impulso importante que le permitió convertirse en una de las películas más representativas del cine soviético.
8. The Diamond Arm (Dir. Leonid Gaidai, 1969)

Leonid Gaidai es uno de los grandes exponentes de la comedia soviética, siendo The Diamond Arm su título más representativo. Como es una tradición en su filmografía, la película combina humor y criminalidad, en este caso para presentarnos a un hombre cualquiera que se ve involucrado accidentalmente en una operación de tráfico de joyas a gran escala. Como muchos de los principales exponentes del género en toda la historia del cine, la película tuvo un gran impacto sociopolítico al incluir elementos sumamente polémicos para su contexto, como alusiones a la prostitución o el alcoholismo. No menos sonada fue la incorporación de vehículos estadounidenses que estaban prohibidos en el país, lo que fue visto como un desafío directo a las autoridades estatales. Estos elementos, aunados a una memorable banda sonora y la hilarante actuación estelar de Yuriy Nikulin le convirtieron en una de las cintas más populares de la región, así como en uno de los grandes clásicos de la comedia a nivel mundial.
7. La guerra y la paz (Dir. Sergey Bondarchuk, 1966)

La primera adaptación del clásico literario de León Tolstói fue realizada en Rusia en 1915, pero la primera en obtener fama mundial fue la dirigida por King Vidor y protagonizada por Audrey Hepburn y Henry Fonda. Ambas fueron relegadas a segundo término por la versión soviética de Sergey Bondarchuk y que fragmentada en cuatro partes –dura más de siete horas–, facilitó la traslación cinematográfica de la que es considerada una de las obras cumbre de la literatura rusa. Una historia que muestra las distintas caras de las élites euroasiáticas ante la inminente guerra con Napoleón: los adultos se preparan para una invasión que podría resultar catastrófica; los jóvenes habitan en un mundo de ensoñaciones que les priva de toda preocupación. Todo esto resulta en un estupendo recuento histórico del conflicto y en una brillante exploración social de una sociedad que se ha ido para siempre. Su grandeza le convirtió en la primera del cine soviético en ser reconocida con el Óscar a Mejor película extranjera.
6. Moscú no cree en las lágrimas (Dir. Vladimir Menshov, 1980)

Aunque nunca ha gozado de la aceptación total del público y la crítica de cine por la naturaleza de su mensaje central, la película sí que ha sido ovacionada por su fiel reflejo del pensamiento soviético en una época de franca reestructuración social a escala global. La historia inicia en 1958 con la llegada de una joven a Moscú quien es embarazada y abandonada por un joven de la ciudad, para luego trasladarnos a 1979 y mostrar cómo el ser una madre soltera no le impidió cosechar una carrera exitosa, pero que complicó su búsqueda de felicidad al condenarla a una complicada vida sentimental. Fue la tercera y última película de la URSS en hacerse con el Óscar a Mejor película extranjera, pero más destacado aún fue que Ronald Reagan la empleó como franco objeto de estudio al verla al menos ocho veces para entender la mentalidad de los euroasiáticos previo a sus encuentros diplomáticos con Mikhail Gorbachev. Esta situación no pasó desapercibida en Hollywood que consideró la realización de un remake estadounidense que nunca se concretó porque el guionista Valentin Chernykh consideraba que la esencia de la trama nunca podría ser replicada fuera de la unión.
5. Pasaron las grullas (Dir. Mikhail Kalatozov, 1957)

Las películas del cine soviético siempre mostraron un enorme interés por los distintos conflictos bélicos de la región. No sólo para explorar su heroísmo en el campo de batalla, sino también los sacrificios propios de la pérdida y la separación. Pocas lograron el cometido con la destreza de Pasaron las grullas, sobre un romance interrumpido cuando el joven es reclutado para pelear en el frente durante la II Guerra Mundial. Sus bases le permitieron explorar los pesares vividos por los rusos durante los ataques germánicos, destacando además que esto fue hecho desde una inusual perspectiva femenina con una brillante Tatiana Samoilova en el rol estelar. Su estreno cuatro años después de la muerte de Stalin fue clave para el resurgimiento de la industria local, así como para elevar la moral de un país en una dura transición política. Fue la primera y única película de la URSS en ser reconocida con la Palma de Oro, mientras que la historia le considera una pieza fundamental rumbo a la segunda era dorada del cine soviético.
4. El hombre de la cámara (Dir. Dziga Vertov, 1929)

El documental experimental concebido por Dziga Vertov fue visto con recelo en sus primeros años. Mientras el cineasta deseaba demostrar el poder narrativo y omnipresente de la cámara, las autoridades soviéticas consideraron que las imágenes capturadas sólo confirmaban los peligros de un cine que mal ejecutado podía ser un temible distractor de masas. El tiempo demostró su valía al elevarle entre las películas más trascendentes no sólo del cine soviético, sino de toda la historia del celuloide gracias a una amplia gama de técnicas experimentales que fueron decisivas para la evolución del arte cinematográfico. Esto incluye el slow motion, el primer plano extremo, la animación en stop motion y el metraje invertido, por nombrar algunas. El Festival Internacional de Cine de Toronto le ubicó entre las cien películas esenciales que todo cinéfilo debe ver, mientras que una encuesta de la revista Sight & Sound a cargo del British Film Institute la nombró la octava mejor película de todos los tiempos. El cine contemporáneo no sería el mismo sin ella.
3. Stalker (Dir. Andrei Tarkovsky, 1979)

Ninguna lista con las mejores películas del cine soviético estaría completa sin la presencia de Andrei Tarkovsky. El director responsable de clásicos como La infancia de Iván (1962), Solaris (1972) y El espejo (1975) alcanzó su punto más alto con la adaptación de la novela Roadside Picnic escrita por los hermanos Strugatsky. Una historia de ciencia ficción sobre tres hombres que emprenden un viaje hacia una zona misteriosa bajo la promesa de que la travesía concederá el mayor deseo de cada uno, pero que en manos del cineasta se convierte en una profunda reflexión sobre la naturaleza humana. Los méritos del proyecto incrementan cuando recordamos que, no conforme con los retos propios de una cinta tan compleja en sus aspectos narrativos y simbólicos, la realización se complicó aún más por problemas técnicos con el revelado de la cinta. Esto obligó a un reshoot prácticamente completo que, según muchos de los involucrados en la producción, dejó una película muy distinta a la contemplada originalmente. Nunca sabremos cuáles eran los primeros planes de Tarkovski para esta historia, pero nos queda el consuelo de que el resultado que todos conocemos fue memorable.
2. Ven y mira (Dir. Elem Klimov, 1985)

La que suele ser considerada como la mejor y más cruenta película de la Segunda Guerra Mundial no fue realizada en Estados Unidos, Alemania o Japón, sino en la Unión Soviética. Aun así, son pocos los que siquiera saben de su existencia, ya que sus orígenes limitaron su distribución a nivel internacional. El guionista Ales Adamovich aprovechó su propia experiencia para abordar la historia de un chico bielorruso cuya búsqueda de un rifle perdido que le permita unirse a la resistencia resulta en la brutal aniquilación de su pueblo y en su inmersión en un conflicto plagado de horrores que nunca imaginó. Ha sobresalido por su hiperrealismo extremo, lo que incluyó el uso de uniformes originales y armas reales que ayudaron a construir una atmósfera dominada por el miedo, la incertidumbre y la desolación. No menos significativa es su parte simbólica encabezada por un rifle que representa el paso a una madurez en un mundo dominado por la violencia y de la que no hay vuelta atrás. Finalmente sobresalen los inusuales métodos empleados por el director Elem Klimov, quien intentó hipnotizar a su joven protagonista para evitar que el rodaje le dejara secuelas psicológicas. Aunque no fue susceptible al tratamiento, su profesionalismo y fuerza emocional le permitieron soportar la carga sin mayores complicaciones.
1. El acorazado Potemkin (Dir. Sergei Eisenstein, 1925)

Historia pura del cine. No hay mejor manera de referirse a la dramatización realizada por Sergei Eisenstein sobre el motín ocurrido en 1905 y en el que los elementos del acorazado ruso Potemkin se levantaron contra sus oficiales. El cineasta plasmó un suceso determinante para el país euroasiático y que terminaría convirtiéndose en uno de los primeros pasos hacia la revolución rusa de 1917. Más importante aún fue el modo en que lo hizo, con el primer gran montaje realizado por el cine. El resultado es un título de primer nivel, nombrado la mejor película de todos los tiempos en la Feria Mundial de Bruselas de 1958 y la undécima mejor de todos los tiempos por el British Film Institute, y cuyas bases técnicas y narrativas le han convertido en objeto de estudio por generaciones.
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Latidos a mil por segundo: Cuando el ritmo cinematográfico se convierte en pura taquicardia visual
Apagar las luces de la sala o acomodarse en el sillón con el control remoto en la mano persigue, la mayoría de las veces, el simple deseo de desconectarse por completo de la monotonía cotidiana a través de un espectáculo que nos sacuda la estantería. Sin embargo, no cualquier persecución de autos o intercambio de disparos logra que nos olvidemos por completo de mirar el teléfono celular, el verdadero mérito radica en aquellas producciones que dominan el arte de la tensión cinética ininterrumpida.
El criterio central para dar forma a este exigente listado se basa en dar visibilidad a narrativas de precisión milimétrica donde el peligro se siente real, físico y asfixiante. Tanto las películas como las series de acción seleccionadas ganaron su lugar en este espacio porque logran que el espectador experimente una empatía visceral con los protagonistas, transformando la pantalla en una ráfaga de adrenalina constante que no da tregua ni respiro desde la escena de apertura hasta los créditos finales.
Nitro en las venas y puentes colgantes: La odisea rústica donde el camino es el verdadero infierno
La primera parada de este recorrido nos invita a rescatar a Carga maldita (Sorcerer), una producción salvaje de fines de los años 70´ que llevó al límite físico a su equipo de filmación y que hoy se alza como el monumento definitivo al suspenso rústico sobre ruedas. La trama nos introduce en un rincón miserable y olvidado de la selva sudamericana, donde cuatro hombres prófugos y desesperados de distintas nacionalidades aceptan una misión suicida a cambio de una fuerte suma de dinero y un pasaporte legal. El objetivo consiste en conducir dos camiones desvencijados y cargados hasta el tope con cajas de nitroglicerina en estado líquido a través de kilómetros de rutas destruidas, pantanos densos y condiciones climáticas extremas. El gran problema radica en que el material es tan inestable que cualquier vibración excesiva, una piedra en el camino o un frenazo brusco volatilizará los vehículos en mil pedazos de forma instantánea.
Al revisar el catálogo de las películas de acción que esquivan las fórmulas comerciales de los estudios de Hollywood, esta obra maestra del director William Friedkin destaca por su absoluta negativa a utilizar trucos de magia digital, apostando por un realismo sucio y asfixiante que transmite el peligro real de la filmación. El espectador se convierte en un pasajero invisible atrapado en las cabinas de esos gigantes de metal, sintiendo el crujido de los neumáticos sobre puentes de madera podrecida que se caen a pedazos bajo tormentas tropicales implacables. El guion prescinde de los héroes tradicionales e idealizados para concentrarse en la psicología del miedo primitivo, el desgaste de las máquinas y la fragilidad humana ante la naturaleza salvaje, logrando una descarga de adrenalina pura y física que se clava en la retina mucho después de que se apagan los motores.

Pasillos estrechos y artes marciales: La brutalidad claustrofóbica que llegó del sudeste asiático
Cambiando drásticamente de escala, pero multiplicando los niveles de violencia coreográfica, la segunda recomendación se llama La redada (The Raid) y nos encierra en los departamentos de un edificio multifamiliar controlado por un mafioso implacable en los suburbios de Yakarta. Un escuadrón de policías tácticos de élite ingresa al lugar a primera hora de la mañana con el objetivo de limpiar la estructura piso por piso, pero la misión se sale de control rápidamente al quedar atrapados y sin comunicación en un entorno donde cada inquilino está armado hasta los dientes. Lo que sigue es una demostración de supervivencia pura que utiliza las artes marciales tradicionales de la región como el motor principal de un suspenso asfixiante que no da margen de error.
El impacto que este largometraje indonesio generó en la industria global transformó la manera en que los coreógrafos de todo el mundo diseñan los combates cuerpo a cuerpo en las películas de acción contemporáneas, abandonando los cortes de edición rápidos que esconden las limitaciones de los actores para mostrar tomas largas llenas de dolor y destreza física real. Los protagonistas utilizan desde machetes y armas de fuego cortas hasta los propios muebles rotos de los pasillos para repeler oleadas interminables de agresores en espacios tan reducidos que generan una incomodidad física real en quien mira desde el sillón. La genialidad del libreto radica en que transforma la arquitectura del edificio en un personaje más del relato, convirtiendo cada puerta abierta en una potencial trampa mortal que exige una concentración absoluta.
El contrarreloj de una traición corporativa: El ritmo criminal que devora las calles de Londres
Para aquellos espectadores que prefieren trasladar la descarga de adrenalina al formato de la pantalla chica con narrativas expandidas, una de las grandes sorpresas de los últimos años llegó de la mano de Pandillas de Londres (Gangs of London) un crudo retrato sobre las mafias internacionales que operan en las sombras de las finanzas europeas. El detonante de la historia es el asesinato del líder criminal más poderoso de la ciudad, un evento que rompe el frágil equilibrio de paz entre las distintas bandas de narcotraficantes y lavadores de dinero, desatando una cacería humana implacable donde nadie está a salvo. La serie se enfoca en el hijo del capo fallecido, quien debe asumir el control de la organización mientras intenta descubrir quién dio la orden de ejecutar a su padre en medio de un mar de sospechosos de distintas nacionalidades.
Esta producción británica se alza con orgullo entre las mejores series de acción de la década gracias a la audacia de su realizador, Gareth Evans, quien no teme dedicar episodios enteros a asedios de casas de campo o fugas de prisiones que se sienten como cortometrajes autónomos de suspenso extremo. El guion balancea de forma impecable las intrigas políticas familiares con explosiones de violencia seca y estilizada que dejan al televidente sin palabras al final de cada bloque de transmisión. Ver esta historia en la televisión de casa es confirmar que el formato episódico ha alcanzado una madurez técnica envidiable, capaz de competir de igual a igual con los grandes blockbusters de la pantalla grande en términos de impacto visual y desarrollo de personajes complejos.

El tesoro del espionaje setentero: La joya oculta que se cuece a fuego lento en la cartelera
Como bonus track imprescindible para cerrar este recorrido de emociones intensas, resulta obligatorio rescatar del catálogo digital la serie El juego (The game), una producción de época que aborda la violencia urbana desde una perspectiva mucho más sucia, cínica y cercana al thriller policial de la vieja escuela. En este rincón menos transitado del streaming, las persecuciones no involucran autos de lujo último modelo ni superhéroes con trajes de mallas, alejándose por completo de la fantasía digital presente en producciones de la escala de El Hombre Araña 3 para meter los pies en el barro de las conspiraciones políticas y los tiroteos rústicos en callejones húmedos.
El valor fundamental que atesora esta recomendación final radica en su capacidad para demostrar que las producciones que verdaderamente dejan una marca en la retina son aquellas que entienden que el peligro se vuelve mucho más aterrador cuando los protagonistas son personas comunes con recursos limitados. La tensión se construye a partir de los ruidos de los motores viejos, las llamadas telefónicas interceptadas desde cabinas públicas y los enfrentamientos armados donde cada bala disparada cuenta y las heridas tardan capítulos enteros en sanar. Darle una oportunidad a este tipo de relatos menos evidentes enriquecerá por completo tu criterio como cinéfilo, recordándote que la adrenalina más pura no siempre grita ni explota, sino que a veces se esconde en la mirada de un fugitivo que sabe que no tiene un mañana asegurado en la gran ciudad.
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Cannes 2026 – Una edición desigual, pero aún llena de grandes obras
La edición 79 del Festival de Cannes estuvo marcada por la controversia. Para empezar, la selección, compuesta por 22 títulos, varios de grandes maestros, no tuvo la calidad que tanto ha deslumbrado en años recientes. Evidentemente, no es de esperarse que cada película de un gran director sea un trabajo excepcional, pero este año coincidió en que los nuevos títulos de realizadores consagrados como Pedro Almodóvar, Asghar Farhadi o Koreeda Hirokazu dejaran mucho que desear.
Por otra parte, el jurado presidido por el cineasta surcoreano Park Chan Wook fue un poco extraño, ya que estuvo conformado por cineastas con una trayectoria sólida como Chloe Zhao, noveles como el chileno Diego Céspedes o bien figuras glamorosas como Demi Moore, que no se caracteriza precisamente por una filmografía cuidada en sus más de cuatro décadas de carrera en Hollywood. De los títulos en competencia, 5 fueron dirigidos por mujeres y una de ellas, la alemana Valeska Grisebach ganó el Premio del Jurado por The Dreamed Adventure.

La Palma de Oro le fue otorgada a Fjord del realizador rumano Cristian Mungiu. Esta es la segunda vez que Mungiu recibe la presea, después de marcar un hito en la nueva ola del cine de su país con la espléndida 4 meses, 3 semanas, 2 días en 2007. Su sexto largometraje, también escrito por él, es el primero en ser ambientado y rodado fuera de Rumania, y cuenta con un reparto internacional encabezado por Sebastian Stan (quien por cierto es originario de Rumania) y la noruega Renate Reinsve, que ha cautivado al público de todo el mundo con cintas como The Worst Person in the World (por el que obtuvo el Premio de Mejor Actriz en Cannes en 2021) y Sentimental Value, ambas de Joachim Trier. Este año se anotó otro gran éxito con Backrooms de Kane Parsons, una cinta independiente estadounidense que ganó más de 350 millones de dólares en taquilla.
Después de haber colaborado juntos en A Different Man (2024) de Aaron Schimberg, Stan y Reinsve se reúnen en Fjord interpretando a la conservadora pareja Gheorghiu que emigra a Noruega. Mihai es rumano pero su mujer es noruega y ambos buscan un futuro mejor para sus cinco hijos en un pequeño pueblo. La familia pertenece a una estricta iglesia evangelista, de manera que los rezos y el estudio de la biblia dominan la rutina familiar. Por contraste, los niños acuden a una escuela pública inclusiva en la que cualquier expresión religiosa está prohibida. Mihai ha conseguido un trabajo técnico en esa misma institución en la que está sobre calificado, pero acepta el sacrificio profesional con el fin de brindarle mejores oportunidades a sus hijos. La familia es vista con extremo recelo por parte de la comunidad que es extremadamente liberal y es de esperarse que pronto los problemas surjan cuando los maestros perciben que hay un posible maltrato físico por parte de los padres hacia los hijos. Los prejuicios, la desconfianza y la barrera cultural y lingüística coloca a los padres en una situación jurídica muy compleja que explota a nivel mediático. A lo largo de su obra, Mungiu ha abordado la migración, el choque cultural entre la Europa oriental y occidental y el autoritarismo, pero en este caso la historia de la familia Ghiurghiu lo lleva a buscar un delicadísimo balance que nunca deja de ser ambiguo sobre la justicia en un caso de alteridad en el marco de un sistema ultra progresista que es completamente intransigente.
El estilo de Mungiu es su precisión y distanciamiento, y en Fjord nos presenta una historia subversiva en estos tiempos en donde una familia rígida y ultra religiosa resulta menos intolerante que la sociedad progresista noruega. Seguramente esta Palma de Oro creará una gran controversia entre el público cinéfilo, ya que podría interpretarse como una apología del autoritarismo, una postura que va precisamente en contra de la ideología que ha mostrado Mungiu a lo largo de su carrera.

El Gran Premio del Jurado fue para el gran cineasta ruso exiliado Andrey Zvyagintsev, que presenta su sexto largometraje, Minotaur, tras una prolongada ausencia de casi una década y después de haberse recuperado de una larga enfermedad. Llama la atención que sea una adaptación de la clásica película francesa La femme infidele (1969) de Claude Chabrol, pero esta historia de infelicidad conyugal, coescrita por Zvyagintsev y Simon Liashenko, le permite expandirse en el vasto paisaje de la Rusia corrupta de Vladimir Putin después de la invasión de Ucrania en 2022. El minotauro/monstruo en cuestión es Gleb, el rico presidente de una empresa de transporte (magníficamente interpretado por Dmitriy Mazurov) que vive en una lujosa casa en una provincia alejada de Moscú. Al igual que otros empresarios de la región, Gleb es convocado por el alcalde que les comunica de la necesidad del gobierno de enviar más hombres al frente de guerra, sin afectar la economía local. Gleb concibe el escalofriante plan de publicar un anuncio prometiendo duplicar el sueldo de catorce camioneros que serán reclutados antes de cobrar siquiera su primer sueldo.
Durante la primera parte de la película observamos la vida ordenada de Gleb, que está casado con una bella mujer, Galina (Iris Lebedeva) y son padres de un hijo adolescente. Durante su matrimonio ha sido infiel y distante, y los consejos que le da a su hijo de cómo responder a un bully en su clase, lo muestran como un hombre emblemático de la Rusia de Putin: déspota, intimidante y con un gran sentido de empoderamiento. Su esposa sólo parece medianamente contenta cuando recibe mensajes en el teléfono, lo que lo hace sospechar correctamente que mantiene un romance. Su rival es Anton, un joven y atractivo fotógrafo. Sólo entonces vemos que Gleb, que ha sido un hombre reservado, empieza a mostrar una pasión desmedida que le hace asesinar brutalmente al amante de su mujer. Sin embargo, después de esta crisis todo vuelve a la normalidad, Gleb no tendrá ningún castigo ya que es cómplice de las autoridades y su esposa ni siquiera lo desprecia, y menos aun se cuestiona su lugar en la sociedad corrupta a la que pertenece.
En Minotaur, Zvyagintsev logra el equilibrio perfecto entre un sofisticado thriller y una denuncia cáustica al estado déspota de Putin y seguramente será uno de los títulos más gustados este año.
El premio de Mejor Director fue compartido por el extraordinario cineasta polaco Pawel Pawlikowski y los debutantes cineastas españoles Javier Ambrossi y Javier Calvo, conocidos en su país por sus exitosas series televisivas como Los Javis, y considerados los herederos de Pedro Almodóvar.

Fatherland fue quizá la película mejor recibida por la crítica en todo el Festival de Cannes, y la que se pensaba que recibiría la Palma de Oro. Pawlikowski añade este título a una serie filmada en un riguroso blanco y negro que se centra en la Europa de la Guerra Fría y que inició en 2013 con Ida y que siguió en 2018 con Cold War, para abordar temas políticos e históricos como trasfondo de dramáticas historias personales. Fatherland, coescrita por Pawlikowski y Henk Handloegten, está ambientada en 1949, año en que el gran escritor alemán Thomas Mann (Hanns Zischler) regresa del exilio en Estados Unidos, y viaja desde Alemania Occidental a la Alemania Oriental, los dos polos ideológicos de la Guerra Fria, acompañado de su hija Erika (Sandra Hüller).
A lo largo de su obra, Thomas Mann observó la incompatibilidad entre el artista y la sociedad y esa es quizá la premisa de esta película, en la que Mann, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1929 y uno de los intelectuales más encumbrados del siglo XX, fue también el jefe de una familia plena de demonios. Para empezar, Mann luchó contra su propia homosexualidad y condenó la vida de excesos de su hijo predilecto Klaus, también escritor y abiertamente homosexual, que además tenía una relación muy estrecha con su hermana Erika. Fatherland inicia justamente en los días previos al suicidio de Klaus, durante el regreso glorioso de Mann a Frankfurt, una ciudad dominada por los Estados Unidos y lo seguimos a Weimar, territorio de los soviéticos, pero también la tierra del genio Johann Wolfgang von Goethe, el dios de las letras alemanas a quien Mann venera sobre todas las cosas.
En sus diferentes discursos, el laureado escritor busca curar el espíritu herido de Alemania y conmina a sus compatriotas a iniciar una rehabilitación espiritual que esté orientada por el pensamiento de Goethe que resistió “al culto romántico de la muerte”. Resulta paradójico que Mann hable con tanta majestuosidad sobre la sanación espiritual cuando su familia está al borde del colapso. Detrás de la fachada imperturbable de Mann, descubrimos gracias a Erika a un hombre moralmente derrotado y perteneciente a otro tiempo. Pawlikowski demuestra nuevamente su enorme maestría al narrar esta historia sobre la fama, el exilio, la identidad y la familia de una manera a la vez íntima y distante, con su característico estilo de brevedad y precisión. Fatherland es una obra sublime que restaura la fe en el arte cinematográfico y seguramente será una de las cintas más premiadas después de su paso por Cannes.

Una de las grandes sorpresas de esta edición del Festival de Cannes fue la presencia de La bola negra, una segunda cinta española producida por Pedro Almodóvar y dirigida por sus seguidores Javier Calvo y Javier Ambrossi. Se trata de una adaptación de la obra teatral La piedra oscura de Alberto Conejero e hilvanada en tres tiempos no lineales sobre tres hombres íntimamente ligados por el deseo, el amor clandestino y la herencia del dolor. Lo que los une es el primer texto abiertamente homosexual del gran escritor español Federico García Lorca que permaneció oculto durante décadas.
La bola negra es un gran mosaico maximalista donde confluyen todo tipo de tonos y estilos sorprendentes, excesivos, para presentar la historia de Sebastián (el cantante Guitarricadelafuente en su debut), un joven provinciano que es obligado a unirse como soldado raso al bando franquista. En estas circunstancias le toca vigilar en un hospital a Rafael (Miguel Bernardeau), un atractivo republicano, futbolista y hombre de teatro, personaje real que corresponde a Rafael Rodríguez Rapún, última pareja del gran poeta andaluz que para entonces ya había sido brutalmente asesinado. Rafael está malherido y sabe que lo mantienen vivo para torturarlo con el fin de denunciar a sus compañeros. Pronto se establece un romance entre ambos, lo que hace que Rafael le confíe el secreto de donde está escondido el manuscrito de Lorca.
Después de la muerte inevitable del republicano, Sebastián recupera el texto, pero éste desaparece durante décadas. La otra parte de la historia se ubica en 2017 y nos presenta a un joven historiador, Alberto (Carlos González), que vive alejado de su madre (Lola Dueñas) y que recibe una extraña herencia por parte de su abuelo materno. Este regalo será lo que une de manera misteriosa a los tres hombres. Penélope Cruz tiene un papel pequeño, pero muy lucidor, en el que interpreta a una atrevida cantante de cabaret que inspira al joven soldado Sebastián a seguir sus impulsos, en tanto que Glenn Close interpreta a una académica especializada en Lorca en el final de la historia, a la que toca autentificar el manuscrito perdido de Lorca.
La bola negra es una película única en muchos sentidos por su enfoque excesivo, melodramático, post-almodovariano, de un tema poco visto en el cine español y que aborda la represión sexual en el régimen franquista. Será una cinta sumamente atractiva para los espectadores que buscan una nueva sensibilidad en la representación de temas LGBT en un cine clásico que aspira a la monumentalidad.
Estos fueron los premios principales en una edición del Festival de Cannes que estuvo marcada por la polémica, pero que como siempre, muestra el espíritu inquebrantable y siempre renovado del cine proveniente de todos los rincones del planeta. Una razón para mantener el optimismo en estos tiempos difíciles.
Daniela Michel Desde 2003 es directora del Festival Internacional de Cine de Morelia, del cual es fundadora. Ha sido jurado de festivales como el de Cannes –en su sección Una Cierta Mirada y en la Semana de la Crítica–, el Venecia, Sundance, Locarno, San Sebastián y Berlín.
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ARIEL 2026: Lista completa de nominados
La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) continúa con su objetivo de promover e impulsar la calidad del cine en nuestro país, es por eso que este 2026 celebra una nueva edición de los Premios Ariel.
Desde su resurgimiento en 1972, el Ariel no para de reconocer públicamente a los mejores profesionales del cine en México. Para su 68ª edición, este no deja de ser su propósito; así que entérate aquí sobre quiénes son los nominados en las 25 categorías que premia la AMACC este 2026.
Rumbo al Ariel 2026
Aunque para la edición de este año se recibieron 151 películas, 67 largometrajes, 84 cortometrajes y 10 películas iberoamericanas, la lista oficial consta únicamente de 49 películas nominadas, mismas que se podrán ver a lo largo del ciclo de exhibición “Rumbo al Ariel 2026”.
Durante este ciclo, las películas se presentarán de forma gratuita, incluyendo las transmisiones de los cortometrajes de ficción, animación y documental en los canales que conforman la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México. Asimismo, pensando en las preferencias del público, también se podrán disfrutar en funciones diarias a través de la plataforma de streaming, FestivalOpen!
¿Cuándo se celebrará la ceremonia del Ariel 2026?
La ceremonia de entrega del premio Ariel 2026 se llevará a cabo el próximo 3 de octubre.
Nominaciones por categoria
Actor
- Andrés Catzín | Cosmos
- Ernesto Rocha | Adiós, amor
- Hoze Meléndez | Cocodrilos
- Mauricio Isaac | Café Chairel
- Osvaldo Sánchez | En el camino
Actriz
- Ángela Molina | Cosmos
- Diana Sedano | Juana
- Emma Dib | La eterna adolescente
- Mónica del Carmen | Las mutaciones
- Natalia Reyes | Aún es de noche en Caracas
Coactuación femenina
- Arcelia Ramírez | Cocodrilos
- Margarita Sanz | Juana
- Ángeles Cruz | Las locuras
- Ruth Ramos | La eterna adolescente
- Teresita Sánchez | Cocodrilos
Coactuación masculina
- Bernardo Gamboa | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Héctor Kotsifakis | Pérdida total
- Manuel Cruz Vivas | Cocodrilos
- Mariano López Sosa | En el camino
- Roberto Sosa | Las locuras
Cortometraje animación
- Azulesepia | Dir. Luis Manuel Villarreal Dávila
- Desdoblándome | Dir. Natalia Pájaro
- Te prometo violencia | Dir. Juan María León Piña
- Teatro Secreto | Dir. Diego Martínez Gutiérrez
- Wing Shop | Dir. Andrea León Gutiérrez, Gabriela Rojas Bustos, Sascha Schmit
Cortometraje documental
- La mar | Dir. Jean Chapiro Uziel
- Las voces del despeñadero | Dir. Victor Rejón, Irving Serrano
- Mácula | Dir. Mariana Xochiquétzal Rivera García
- Mujer de barro | Dir. Concepción Vásquez
- Toda la vida para siempre | Dir. Sebastián Molina Ruiz
Cortometraje ficción
- Azul | Dir. David Karlak
- Crónica menor | Dir. Francisco Usiel
- Oc ni temiki (sigo soñando) | Dir. Misael Alva
- Techiq | Dir. Missael Sánchez Arce
- Una torreta en llamas | Dir. Humberto Flores Jáuregui
Dirección
- David Pablos | En el camino
- Ernesto Martínez Bucio | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Gabriel Mascaro | O último azul
- Lucía Gajá | Vidas en la orilla
- Pablo Pérez Lombardini | La reserva
Diseño de arte
- Belén Estrada | En el camino
- Christian Alfredo Galindo García, Consuelo Ileana Martínez Ruiz | Autos, mota y rocanrol
- Daniela Rojas | Juana
- Ezra Buenrostro | Aún es de noche en Caracas
- Salvador Parra | Vainilla
Edición
- Alfonso Gastiaburo, Ana García, Lucía Gajá | Vidas en la orilla
- Ernesto Martínez Bucio, Karen Plata, Odei Zabaleta | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Jonathan Pellicer | En el camino
- Jorge Marquéz | Gerry Adams: El hombre de Ballymurphy
- Omar Guzmán, Sebastián Sepúlveda | O último azul
Efectos especiales
- Arturo Vázquez | Contraataque
- Gerardo Muñoz, Omar Israel Ayala de la Peña | Un cuento de pescadores
- José Martínez «Josh» | Mujeres del alba
- Luis Ambriz | Cocodrilos
- Ricardo Arvizu | Aún es de noche en Caracas
Efectos visuales
- Amet Ramos | Un cuento de pescadores
- Gaston Alvárez | Autos, mota y rocanrol
- Jorge Palma Bermúdez | En el camino
- María José Straffon | Soy Frankelda
- Paula Siqueira, Raúl «Ratón» Luna | Aún es de noche en Caracas
Fotografía
- Germinal Roaux, Inti Briones | Cosmos
- Guillermo Garza | O último azul
- Juan Pablo Ramírez | Aún es de noche en Caracas
- Moritz Tessendorf | La reserva
- Ximena Amann (AMC) | En el camino
Guión adaptado
- Javier Peñalosa, Mariana Chenillo | Los dos hemisferios de Lucca
- Jimena Montemayor Loyo | Mujeres del alba
- Jorge Hérnandez Aldana | La sombra del catire
- Jorge Ramírez-Suárez | Las mutaciones
- Mariana Josefina Rondón García, María Teresa Ugás Castro | Aún es de noche en Caracas
Guión original
- David Pablos | En el camino
- Ernesto Martínez Bucio, Karen Plata | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Gabriel Mascaro, Tibério Azul | O último azul
- Germinal Roaux | Cosmos
- Pablo Pérez Lombardini | La reserva
Largometraje animación
- La gran historia de la filosofía occidental | Dir. Aria L. Covamonas
- Soy Frankelda | Dir. Arturo Ambriz Rendón, Rodolfo Ambriz Rendón
Largometraje documental
- Brigada 2045 | Dir. Olivia Luengas Magaña
- Gaza, la franja del exterminio | Dir. Rafael Rangel
- La libertad de Fierro | Dir. Santiago Esteinou
- Llamarse Olimpia | Dir. Indira Cato Cortes
- Vidas en la orilla | Dir. Lucía Gajá
Maquillaje
- Adam Zoller | En el camino
- Alejandra Velarde | Vainilla
- Gerardo Muñoz | Un cuento de pescadores
- Karina E. Monroy | Autos, mota y rocanrol
- Karina Rodríguez | Aún es de noche en Caracas
Música original
- Andrea Balency-Bearn | En el camino
- María Giménez Cacho Goded | Juana
- Memo Guerra | O último azul
- Yolihuani Curiel Balzareti | Brigada 2045
- YOM | La reserva
Ópera prima
- Cocodrilos | Dir. J. Xavier Velasco
- El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) | Dir. Ernesto Martínez Bucio
- Juana | Dir. Daniel Giménez Cacho
- La reserva | Dir. Pablo Pérez Lombardini
- Vainilla | Dir. Mayra Hermosillo
Película iberoamericana
- Belén (Argentina) | Dir. Dolores Fonzi
- La misteriosa mirada del flamenco (Chile) | Dir. Diego Céspedes
- Los domingos (España) | Dir. Alauda Ruiz de Azúa
- Manas (Brasil) | Dir. Marianna Brennand
- Un poeta (Colombia) | Dir. Simón Mesa Soto
Revelación actoral
- Aurora Dávila | Vainilla
- Carolina Guzmán | La reserva
- Donovan Said | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Laura Uribe Rojas | El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)
- Victor Miguel Prieto Simental | En el camino
Sonido
- Alex de Icaza, David Montero | Autos, mota y rocanrol
- Antonio Porém Pires, Lena Esquenazi, Nayuribe Montero | Aún es de noche en Caracas
- Arturo Salazar, Liliana Villaseñor, María Alejandra Rojas, Vincent Sinceretti | O último azul
- Carlos Cortés Navarrete (C.A.S.), Miguel Mata, Odín Acosta Ascencio | Brigada 2045
- Denis Sechaud, Ivan Dumas, Raphaël Sohier | Cosmos
Vestuario
- Brenda Gómez | Aún es de noche en Caracas
- Felipe Criado | En el camino
- Felipe Criado | Cosmos
- Gilda Navarro | Vainilla
- Gilda Navarro, Joanna Nogueiras Yankelevich | Autos, mota y rocanrol
Película
- El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) | Mandarina Cine, Dir. Ernesto Martínez Bucio
- En el camino | Animal de Luz Films, Dir. David Pablos
- La libertad de Fierro | Javier Campos López, Santiago Esteinou, Dir. Santiago Esteinou
- O último azul | Cinevinay, Desvia, Dir. Gabriel Mascaro
- Vainilla | Huasteca CC, Redrum, Dir. Mayra Hermosillo
Te invitamos a que no te pierdas la transmisión de este evento, en el cual este año se galardonarán con el Ariel de Oro al documentalista Demetrio Bilbatúa y la actriz Rosita Arenas.
ues de anuncios individuales.
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