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Dariela Ludlow: desaprender, imaginar y pensar con imágenes

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Dariela Ludlow quería ser artista visual, pero solo le bastó un verano como asistente de cámara para cambiar de opinión. El cine, que generalmente se las arregla para entrar a la vida de formas inesperadas, a ella se la robó durante las vacaciones, semanas antes de su entrada a la Escuela Nacional de Artes Plásticas.

“Literalmente se coló en mi vida”, nos dice Dariela Ludlow, hoy directora y cinefotógrafa, tres veces nominada al Ariel. “Mi medio hermano era productor de cine, pero yo nunca estuve cerca de sus rodajes. En ese periodo me invitó al rodaje de una película en Puerto Vallarta y me impresionó muchísimo. Me colé. Ya nunca fui a la ENAP”.

Perdita Durango, cinta de Alex de la Iglesia protagonizada por Javier Bardem, se convirtió en la primera de diversas producciones en las que trabajó como trainee de cámara durante casi tres años, hasta que entró al Centro de Capacitación Cinematográfica. Después de estudiar dirección y cinefotografía, la llegada del video como una posibilidad más del cine independiente le abrió a su generación nuevos caminos. Muy pronto estaría filmando su primer cortometraje, Tr3s, y un primer largo documental. Con los años, se convirtió en una de las principales cinefotógrafas de México, cuyas imágenes podemos ver en cintas como No quiero dormir sola, Los adioses, Las niñas bien, y próximamente también en la tercera temporada de Narcos: México.

Dariela Ludlow
La cinta Las niñas bien le dio a Dariela Ludlow su tercera nominación al Ariel por Mejor fotografía.

Dariela habla de dos momentos clave en su formación como cineasta. El primero fue en la escuela. “El CCC cambió mi vida”, nos dice. “Los maestros me preguntaban para qué quería entrar si yo ya tenía un camino trazado. Pero había otra formación integral que yo necesitaba y que no se aprende en un set. El CCC me la dio, me enseñó lo que significa hacer cine, que uno es un cineasta, no solo un fotógrafo, un director o productor. Que es un trabajo colaborativo. Hay que entender todos los componentes que lo forman”.

La segunda gran revelación llegó en la forma de un seminario de filosofía y cine, impartido por la Filmoteca de la UNAM, en donde confrontó aquella creencia habitual, enraizada en las escuelas de cine, que entiende a la realización cinematográfica como un vehículo solo para contar relatos, es decir, con un fin únicamente narrativo.

“Entendí que limitar el cine solo a contar historias es coartarle todas sus posibilidades de expresión. Eso también lo hace la literatura, y muy bien, pero el cine tiene también otras virtudes, que van desde mostrarte otras realidades, hasta posibilitar que tu imaginación piense en otros mundos: otras formas ver, de oír y, sobre todo, de pensar. El cine, entendido como un arte y no sólo como un entretenimiento, es un proceso de pensamiento”.

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¿Es imposible detonar esos procesos de pensamiento en un cine narrativo, que cuente una historia? Para Dariela, es posible llevar cualquier proyecto a los terrenos de lo conceptual, lo metafórico y lo reflexivo. “Se oye muy difícil, pero empieza desde el lugar donde decides poner la cámara, ahí estás ya tomando una postura o crítica ante lo que estás mostrando”, dice la cinefotógrafa, quien exhorta a pensar las imágenes más allá de si son “bonitas” o de las leyes de composición. “Aunque sean los Ositos Cariñositos, no importa. Aunque sea una película de comedia. ¿Estás poniendo a personas ahí? ¿Desde dónde estás hablando? ¿Dónde vas a poner la cámara para mostrar que esa mujer está guapa? ¿En sus pompas? ¿Pooor? Eso hay que preguntárnoslo”.

Dariela Ludlow, en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

Descubrimientos

El primer acercamiento de Dariela a la ficción en largometraje ocurrió con Esa era Dania, cinta que presentó en el Festival Internacional de Cine de Morelia en 2016 y que también se alimenta de una realidad que le da tintes documentales: retrata un embarazo adolescente protagonizado por su sobrina, quien pasó por esa misma situación y quien ficcionaliza para la cámara su propias experiencias. La cineasta dirigió, fotografió y escribió la historia, aunque esa escritura nació de otro lado: se escribió en imágenes y no en palabras.

“Con esa película aprendí sobre las distintas formas que puede tener el proceso creativo. Yo no tengo la dedicación de sentarme a escribir como tal: a mí me vienen más bien imágenes a la cabeza y se vale también crear desde ahí”, reflexiona Dariela, quien describe el proceso de creación de esta película como un constante descubrimiento. Sin la presión de un productor, rodó a lo largo de seis años las escenas, que luego cobraron vida en la sala de edición. “Te enseñan que el guion es la base de todo y no necesariamente es así. Si tu sistema esta estructurado desde otro lugar, hay que entenderlo desde ahí. Te libera de cadenas, de fórmulas y de caminitos armados. De pronto eres libre. Y sí, te puedes perder, pero no pasa nada”.

¿Será, entonces, que hacer cine es un constante desaprender? “Sí, por supuesto. Uno debe ser capaz de destruir todo lo que sabe y de volverlo a reinventar. Da mucho miedo porque es negarte. Pero uno tiene que negarse, no nada más para ser radical o porque sí, sino para posibilitar un espacio nuevo de creación”.

Dariela tiene un último consejo para los que inician su camino: “Para hacer cine lo que hay que hacer es leer y vivir. No nada más ver películas. Lo que necesitas es desarrollar tu imaginación”, afirma. “Si no, lo único que harás es replicar. Todos debemos hacernos responsables de nuestra sensibilidad. No esperemos a que nos enseñen las cosas. Tienes que ser consciente de lugar desde donde creas, pero también de qué es lo que estás consumiendo”. 

Fotoarte: Viridiana Salazar (@un_astronauta)

Esa era Dania se encuentra disponible en Mubi.

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La misteriosa mirada del Flamenco – Una charla con su director, Diego Céspedes

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Seminuevos como nuevos: ¿ciencia ficción o realidad?

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Cine, azar y espectáculo, tres historias donde el juego es parte del relato

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El cine siempre ha sentido una fascinación especial por el azar. Desde hace décadas, tanto los directores como los guionistas han utilizado el juego como metáfora del riesgo, del deseo de cambio y de la eterna lucha entre el control y el caos. No es casualidad, porque pocas cosas generan tanta tensión dramática como una carta girándose lentamente, una ruleta deteniéndose o una apuesta que puede cambiarlo todo.

A lo largo de la historia, numerosas películas y series han sabido integrar el casino dentro de sus tramas como un elemento narrativo que define a los personajes, las decisiones y los destinos

Casino Royale y el renacer del espía moderno

Cuando Daniel Craig debutó como James Bond en Casino Royale, la saga dio un giro más oscuro y realista. Lejos del glamour exagerado de entregas anteriores, la película apostó por mostrar a un Bond vulnerable, físico y expuesto al error.

La mítica partida de póker contra Le Chiffre es el corazón emocional del film. Cada apuesta refleja la psicología de los personajes, su capacidad para engañar, resistir la presión y leer al adversario. Aquí, el casino no es un simple escenario lujoso, sino un campo de batalla donde se libra una guerra silenciosa. Este tipo de escenas explican por qué el imaginario del juego sigue tan presente en la cultura popular. Representa decisión, valentía y consecuencias.

Rounders, el lado más humano del póker

Mucho antes de que el póker se convirtiera en un fenómeno televisivo global, Rounders ya mostraba su cara más cruda. La película sigue a jóvenes jugadores que se mueven entre partidas clandestinas, deudas peligrosas y sueños de grandeza.

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Más allá de las cartas, el verdadero tema es la obsesión: personajes que creen haber encontrado en el juego una identidad, una forma de vida, incluso una vía de escape. Esta visión más íntima conecta con quienes ven el azar no solo como entretenimiento, sino como una pasión que puede volverse absorbente.

Peaky Blinders y el negocio detrás del juego

Ambientada en la Inglaterra de entreguerras, Peaky Blinders utiliza las apuestas y las casas de juego como parte esencial del ascenso criminal de la familia Shelby. Aquí, el juego no es un pasatiempo, sino una industria.

Las salas clandestinas, las carreras amañadas y las mesas privadas sirven para mostrar cómo el control del juego equivale al control del poder. Es una representación muy distinta a la de Casino Royale o Rounders, pero igual de poderosa, con el azar como negocio, no como ocio.

El juego como reflejo de nuestra relación con el riesgo

Estas historias, aunque muy distintas entre sí, comparten un punto en común, que es que el juego funciona como espejo de nuestras decisiones. Apostar es elegir. Es aceptar que no todo depende de uno mismo.

Quizá por eso el interés por este tipo de temáticas se mantiene vigente, tanto en el cine como en el entretenimiento digital. Hoy en día, muchas personas juegan a los mejores slots desde una perspectiva más casual, buscando experiencias visuales atractivas y mecánicas que prioricen la diversión por encima de la competición.

Del mismo modo que ocurre con el cine, los jugadores suelen sentirse atraídos por propuestas con identidad, estética cuidada y sensaciones reconocibles, donde valoran además de los premios, el diseño y la experiencia en su conjunto.

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Un vínculo que sigue evolucionando

Desde el blanco y negro hasta las superproducciones actuales, el cine ha sabido adaptar el universo del juego a cada época. A veces lo muestra como un mundo elegante, otras como un entorno peligroso, y en ocasiones como una simple forma de evasión.

Lo interesante es que, más allá de modas, el tema sigue funcionando porque conecta con la emoción de arriesgar, la esperanza de ganar y la tensión de no saber qué ocurrirá en el siguiente instante.

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