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“Space Oddity”: La canción que despegó la carrera de David Bowie
Ground Control to Major Tom… El 11 de julio de 1969, David Bowie estrenaba “Space Oddity”, una de las canciones más emblemáticas de su carrera. A pesar de que ya había lanzado su primer disco homónimo, que fue bien recibido pero que no era nada espectacular, fue hasta el lanzamiento de este sencillo que la carrera de Bowie tomó el rumbo que debía. Definió lo que después conoceríamos como la mitología de Bowie.
En la década de los 60, la carrera espacial entre los Estados Unidos y la URSS estaba latente y, gran parte del mundo estaba fascinado con la idea de que el hombre pudiera llegar al espacio. Inspirado en los viajes especiales después de ver 2001: A Space Odissey del grandioso Stanley Kubrick, Bowie empezó a imaginar cómo sería la vida de un astronauta en medio de la inmensidad de la galaxia. La estética visual que Kubrick logró sobre el espacio dio pie a que todos tengamos un concepto definido de lo que hay más allá de nuestro planeta.
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“Space Oddity” se planeó como parte del soundtrack de una película llamada Love You Till Tuesday, aunque no la escuchamos por primera vez ahí. Meses después de este desaire, David Bowie cambió de disquera y en un intento por vender la nueva imagen del músico es que estrenaron esta canción.
La historia es algo compleja, al principio escuchamos una conversación entre el Major Tom y su viaje en un transborador espacial, lo seguimos desde que se prepara para el conteo del despegue hasta que por fin sale del planeta. David Bowie nos habla de una ambigüedad enorme, por una parte nuestro protagonista está impactado por la inmensidad del universo mientras él esta en “una caja de lata”, pero por otro lado nos transmite una sensación desoladora ante tal inmensidad.
Todo termina cuando el Major Tom pierde comunicación con la base y por consiguiente con el mundo que conoce, pidiendo que le digan a su esposa que la ama y perdiéndose por la galaxia.

Hay muchas teorías sobre la temática principal de la canción, más allá de ser la historia de un astronauta. Muchos piensan que esta desconexión del mundo tiene que ver con la depresión, con el mundo de las drogas, específicamente con la heroína. Sin embargo, ninguna de estas historias ha sido reconocida como verdadera.
Algunos biógrafos del músico afirman que este fue el tema con el que Bowie le avisó al mundo todo lo que vendría después, los alter egos y personajes que adoptaría junto a los miles de sonidos que exploraría, tomándolo como una despedida a la persona que solía ser para convertirse en uno de los ídolos más grandes en la historia de la música. Conociendo la historia de Blackstar, su último disco, esta teoría podría ser cierta.
Foto: Getty Images
A través de sonidos ambientales sacados de un órgano, una guitarra acústica de 12 cuerdas y percusiones bastante discretas, el músico creó un folk espacial bastante peculiar. David Bowie logra con esta canción—aún con 50 años de existencia— imaginarnos que estamos despegando hacia el espacio. Flotando entre las estrellas y viajando hacia la Vía Láctea.
El video es uno de los más icónicos en la historia de la música. Sencillo pero contundente. En él vemos a Bowie interpretando la canción con su fiel guitarra en medio de imágenes difusas en el estudio y sondas espaciales. El look que utilizó para este videoclip fue el primer paso para transformarse en todos los personajes que se le dio la gana, como Ziggy Stardust.
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¿Davis Bowie se adelantó al lanzamiento del Apolo 11?
Sin saberlo (aunque hay quien dice que David lo hizo a propósito), se estrenó justo días antes del alunizaje del Apollo 11. La BBC utilizó “Space Oddity” para la cobertura de este evento que todo el mundo vio en 1969. La canción le valió el premio Ivor Novello por originalidad en la composición, siendo el primer reconocimiento que recibiría a lo largo de su inmensa carrera.
Años más tarde, “Space Oddity” serviría de inspiración para otra pieza importante del músico, “Ashes To Ashes”, que supuestamente es la segunda parte del viaje del Major Tom. Aunque en realidad la continuación de la canción no la hizo el propio Bowie, sino un músico alemán llamado Peter Schilling que en 1982 sacó “Major Tom”, la cuál cuenta el regreso de nuestro astronauta favorito a la Tierra después de perder toda comunicación. En su momento, este fue uno de los hitazos de la década que seguramente encontrarás en cualquier compilación de los 80.
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“Space Oddity” fue sin duda el cohete al que se subió David Bowie para despegar su carrera. No sabemos como hubiera sido su trayectoria sin esta canción, pero algo tenemos seguro, definió por completo su vida y la manera en la que todos lo conoceríamos.

El legado de “Space Oddity” en la cultura popular
En el cine
Para la película EVA del 2011, los actores Daniel Brühl y Marta Etura bailan esta canción durante un reencuentro de antiguos amores en un ambiente futurista.
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En la película lo e Te del fallecido director Bernardo Bertolucci, cantan una versión en italiano de “Space Oddity”.
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En 2013, el propio David Bowie junto a la actriz Kristen Wig grabaron una versión acústica para la banda sonora de la película The Secret Life of Walter Mitty, protagonizada por Ben Stiller. La secuencia de la cinta en la que sale “Space Oddity” es una de las más recordadas.
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En la música
En la enorme gira que U2 hizo durante 2009 y 2011, la banda entró al escenario con “Space Oddity”. El escenario del 360 Tour era una enorme estructura que parecía una gran nave espacial. Afortunadamente, en México pudimos vivir este pequeño momento entre los irlandeses y Bowie con tres shows en el Estadio Azteca.
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Una infinidad de músicos a lo largo de los años han covereado esta enorme canción. Desde bandas de hard rock hasta dream pop y cosas más experimentales, todos han hecho su versión para “Space Oddity”. Aquí les dejamos algunos:
The Flaming Lips
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The Smashing Pumpkins
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Steven Wilson
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Def Leppard
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En mayo de 2013, el astronauta canadiense Chris Hadfield, hizo un cover especial (y espacial) de esta canción. Una versión bastante emotiva, donde Chris canta y toca “Space Oddity” en la Estación Espacial Internacional. Cambió un poco la canción para terminar con las indicaciones para aterrizar en la Tierra y no perdiéndose como el Major Tom. El propio Bowie felicitó a Chris diciendo en su cuenta de Facebook que se trataba de: “posiblemente la más conmovedora versión de la canción jamás realizada”.
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Morelia: El FICM prepara una suite para celebrar al cine sonoro nacional
La música del cine mexicano, de la cual en varios casos no existen las partituras, está siendo recuperada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) para conformar una suite que se estrenará en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
Daniel Hidalgo, presidente de la Academia, informa que se trata de una de las varias actividades que se están haciendo para conmemorar los 80 años de la institución, que anualmente otorga el premio Ariel a lo mejor del cine nacional.
Recuerda que en varios casos las partituras no existen, ya sea por no conservarse o haberse perdido, por lo que mientras los compositores vivos harán sus propios arreglos; Enrique Chapela será el encargado de oír y reproducir las más antiguas.
“Estamos haciendo una investigación con la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) porque se tiene que hacer todo con cuidado. Una transcripción no funciona porque son cinco segundos en un lado (escena de película), 10 allá, cinco acá, entonces hay que trabajar mucho. Ya Morelia nos dijo que sí (el concierto, en octubre), pero todavía no sabemos qué día sería”, comenta.
Hidalgo ya tenía esta idea desde hace al menos una década, pero por cuestiones económicas no se había concretado. Él mismo es un compositor que ha colaborado en las películas “Amores perros” y “Cuidado con lo que deseas”, así como la serie “El apóstol”.
La suite, en la que se juntarían distintos temas de películas de las que se reserva los títulos, es una forma musical armónica compuesta por una serie de movimientos o piezas breves.
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Morelia: El FICM prepara una suite para celebrar al cine sonoro nacional
La música del cine mexicano, de la cual en varios casos no existen las partituras, está siendo recuperada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) para conformar una suite que se estrenará en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
Daniel Hidalgo, presidente de la Academia, informa que se trata de una de las varias actividades que se están haciendo para conmemorar los 80 años de la institución, que anualmente otorga el premio Ariel a lo mejor del cine nacional.
Recuerda que en varios casos las partituras no existen, ya sea por no conservarse o haberse perdido, por lo que mientras los compositores vivos harán sus propios arreglos; Enrique Chapela será el encargado de oír y reproducir las más antiguas.
“Estamos haciendo una investigación con la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) porque se tiene que hacer todo con cuidado. Una transcripción no funciona porque son cinco segundos en un lado (escena de película), 10 allá, cinco acá, entonces hay que trabajar mucho. Ya Morelia nos dijo que sí (el concierto, en octubre), pero todavía no sabemos qué día sería”, comenta.
Hidalgo ya tenía esta idea desde hace al menos una década, pero por cuestiones económicas no se había concretado. Él mismo es un compositor que ha colaborado en las películas “Amores perros” y “Cuidado con lo que deseas”, así como la serie “El apóstol”.
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Arte: José Pablo Moncayo, el hombre que moldeó el alma de la música mexicana
José Pablo Moncayo vivió apenas 45 años. Pero le bastó menos de medio siglo para convertirse en una de las figuras fundamentales de la música mexicana. Pianista, director de orquesta y compositor, formó parte de una generación de creadores que intentó responder una pregunta que atravesó buena parte del siglo XX: cómo construir una música capaz de dialogar con el mundo sin perder sus raíces mexicanas.
La búsqueda ocupó gran parte de su trayectoria. Desde las aulas del Conservatorio Nacional de Música hasta los escenarios más importantes del país, Moncayo trabajó junto a algunos de los compositores que redefinieron el panorama musical mexicano. Fue alumno de Carlos Chávez, integrante del llamado Grupo de los Cuatro y uno de los artistas que encontraron en los ritmos populares, las tradiciones regionales y los paisajes sonoros del país una fuente constante de inspiración.
Su nombre suele aparecer ligado a una sola obra, el célebre “Huapango”, pero la dimensión de su legado va mucho más allá de una partitura. El compositor participó en la construcción de una identidad musical mexicana moderna, desarrolló una voz propia como compositor y dejó obras que continúan formando parte del repertorio habitual de las orquestas nacionales.
Un prodigio de su generación
Nacido en Guadalajara el 29 de junio de 1912, creció en una familia donde la música formaba parte de la vida cotidiana. Su padre, carpintero de oficio y aficionado a la guitarra, alentó desde temprano el interés artístico de sus hijos. Cuando su familia se trasladó a la Ciudad de México, el joven Moncayo inició una formación musical que pronto reveló un talento excepcional. Ingresó al Conservatorio Nacional de Música, donde estudió piano, teoría musical, composición y dirección orquestal. Allí coincidió con algunos de los músicos que definirían el rumbo de la creación musical nacional durante las décadas siguientes.
Entre sus maestros destacó Carlos Chávez, figura central de la cultura nacional en la primera mitad del siglo XX. Chávez no solo impulsó la carrera de Moncayo, sino que también lo integró a un proyecto artístico que buscaba construir una identidad musical mexicana capaz de dialogar con las corrientes internacionales sin renunciar a sus raíces. Junto con compositores como Blas Galindo, Salvador Contreras y Daniel Ayala Pérez, Moncayo formó parte del llamado Grupo de los Cuatro, un conjunto de jóvenes creadores que exploraron las posibilidades de incorporar elementos populares, indígenas y regionales al lenguaje de la música sinfónica.
Aquella búsqueda coincidía con un momento particular de la historia cultural mexicana. Tras la Revolución, artistas, escritores, pintores y músicos intentaban responder una misma pregunta: ¿cómo representar a México desde el arte? Mientras los muralistas llenaban edificios públicos con imágenes de campesinos, obreros e indígenas, los compositores buscaban construir un equivalente sonoro de esa identidad nacional. Moncayo encontró una respuesta en los ritmos populares; a diferencia de otros nacionalismos musicales que se limitaban a citar melodías tradicionales, su trabajo consistió en transformar esos materiales dentro de una escritura orquestal compleja y sofisticada.
Una obra con eco eterno
La mejor muestra de ello apareció en 1941. Ese año, por encargo de Carlos Chávez, Moncayo viajó junto con Blas Galindo al Estado de Veracruz para recopilar sones tradicionales interpretados por músicos populares de la región. De aquella experiencia surgió “Huapango”, obra basada principalmente en los sones “El Siquisirí”, “El Balajú” y “El Gavilancito”. Lejos de limitarse a transcribir esas melodías, el compositor las reorganizó, expandió y convirtió en una pieza sinfónica de enorme energía rítmica. El resultado fue inmediato. Desde su estreno, la obra capturó algo difícil de definir, pero fácil de reconocer: la sensación de movimiento, celebración y vitalidad que muchos asociaban con el país. Con los años, el “Huapango” terminó siendo descrito como el segundo himno nacional mexicano.
La comparación puede parecer exagerada, pero revela el lugar que ocupa dentro del imaginario colectivo. Pocas composiciones académicas han alcanzado una popularidad semejante. Parte de su éxito radica en su capacidad para comunicar de manera directa, pues aunque la pieza posee una elaboración técnica notable, nunca pierde contacto con las melodías y ritmos que le dieron origen. El público puede seguir su desarrollo sin necesidad de conocimientos musicales especializados. La obra habla un lenguaje complejo sin dejar de ser cercana.
El nacionalismo encuentra su voz
La importancia de Moncayo también puede medirse por el momento histórico que representó dentro de la música mexicana. Durante buena parte del siglo XX, los compositores del país buscaron construir un lenguaje propio que dialogara con las tradiciones populares sin renunciar a las herramientas de la música académica. Aquella generación encontró en Moncayo una de sus voces más sólidas y personales.
El musicólogo Armando Torres Chibrás señaló que el compositor jalisciense representa “uno de los legados más importantes del nacionalismo musical mexicano”, colocándolo junto a figuras fundamentales como Carlos Chávez y Silvestre Revueltas. Varios historiadores de la música han visto en su muerte un punto de inflexión para la creación musical mexicana.
El crítico José Antonio Alcaraz llegó a afirmar que el ciclo del nacionalismo musical mexicano puede considerarse concluido simbólicamente en 1958, año de la muerte del compositor. Una valoración semejante hizo la investigadora Yolanda Moreno Rivas, quien sostuvo que la desaparición de Moncayo marcó el cierre de una etapa fundamental en la historia de la composición nacional.
La muerte llegó demasiado pronto. Problemas de salud derivados de una afección cardíaca limitaron su actividad durante sus últimos años. Falleció apenas unas semanas antes de cumplir los 46 años. La brevedad de su vida ha alimentado una pregunta recurrente entre musicólogos e historiadores: ¿qué más habría escrito José Pablo Moncayo si hubiera contado con dos o tres décadas adicionales de creación? Y aunque la interrogante permanece abierta, lo que sí resulta evidente es que su influencia continúa vigente.

Marca diversas generaciones
- Eterno – Cada generación de músicos mexicanos termina encontrándose con él de alguna manera: las orquestas siguen interpretando el “Huapango” de forma constante, los estudiantes de música analizan sus partituras y los directores lo incluyen en giras internacionales como una carta de presentación del repertorio nacional.
- Popular – Su obra también ha logrado algo poco frecuente dentro de la música académica: trascender los círculos especializados. Muchas personas reconocen el “Huapango” sin saber quién lo escribió. Otras identifican la pieza antes que el nombre del compositor: la música se integró a la vida cotidiana.
- Especial – Más de seis décadas después de su muerte, José Pablo Moncayo sigue ocupando un lugar singular dentro de la cultura mexicana. No solo porque escribió una obra extraordinaria, sino porque encontró una forma de transformar sonidos populares en una expresión artística capaz de dialogar con públicos muy distintos.
- Maestro – Su legado no reside únicamente en las partituras; reside también en la posibilidad de escuchar una orquesta sinfónica y reconocer, entre sus cuerdas, metales y percusiones, ecos de plazas, fiestas, ríos, fandangos y paisajes que forman parte de la historia colectiva del país.
Un maestro ligado a su obra
El enorme éxito de la pieza tuvo una consecuencia paradójica. Con el paso de los años, el “Huapango” terminó proyectando una sombra tan extensa que muchas de las demás composiciones de Moncayo quedaron relegadas a un segundo plano. Diversos músicos y estudiosos han señalado que la popularidad de la obra contribuyó a simplificar la imagen pública del compositor, reduciéndolo en ocasiones a una sola partitura. Reducir la figura de Moncayo al “Huapango” sería injusto, pues su catálogo incluye trabajos que muestran otras facetas de su personalidad artística.
Entre ellos destaca “Tierra de temporal” (1949), considerada por muchos especialistas como una de sus composiciones más logradas. Inspirada en la vida rural mexicana, la obra ofrece una visión menos festiva y más reflexiva del paisaje nacional. Allí aparecen las sequías, las esperanzas de la cosecha y la relación entre el ser humano y la tierra. También sobresalen obras como “Bosques”, “Muros verdes”, “Amatzinac”, “Sinfonietta”, así como piezas para piano, música de cámara y repertorio coral. En ellas puede apreciarse a un creador interesado en expandir su lenguaje más allá de las fórmulas nacionalistas que le dieron fama.
Durante la década de 1950, Moncayo comenzó a experimentar con procedimientos armónicos y estructurales más modernos. Algunos especialistas consideran que, de haber vivido más tiempo, su música habría seguido caminos muy distintos a los que suelen asociarse con su nombre. En paralelo, su carrera como director también fue notable. Dirigió importantes orquestas mexicanas y desarrolló una intensa actividad como intérprete. Muchos contemporáneos destacaban la precisión de su trabajo y su profunda comprensión de las partituras. Aun así, el reconocimiento público siempre estuvo ligado a la composición.
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