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10 razones para no perderte El tercer espacio

En el documental El tercer espacio (2017), el director Nejemye Tenenbaum nos ofrece un vistazo íntimo a la vida y la tradición de más de un siglo de la comunidad judía en nuestro país. A partir de las entrañables historias de nueve miembros de la Alianza Monte Sinai en la Ciudad de México, nos embarcamos en un viaje de 88 minutos que va de lo individual a lo colectivo, presentándonos un documento profundo y respetuoso de la identidad, evolución y logros de una minoría étnico-religiosa que a menudo pasa inadvertida dentro del mosaico multicultural de la nación; a la par de ofrecer una reflexión autocrítica y constructiva de lo que significa crear una comunidad dentro de una sociedad y un mundo globalizados.
El largometraje se entrena en línea este jueves 2 de julio en el sitio eltercerespaciopelicula.com. Por ello, aquí te ofrecemos 10 razones por las cuales no puedes perderte El tercer espacio:
1. Una ventana única a la comunidad judía en México
A principios del siglo XX, familias judías procedentes de Medio Oriente, los Balcanes y Europa Oriental comenzaron a arribar a México en busca de un mejor futuro, ya sea que sintieran atraídos por la política de fomento a la inmigración extranjera del presidente Porfirio Díaz o un deseo de cruzar eventualmente la frontera hacia Estados Unidos. Aunque la tradición judía en nuestro país está compuesta por colectividades de diversos orígenes, el documental explora un caso específico: la Sociedad de Beneficencia Alianza Monte Sinai I.A.P., fundada en 1912, y que se compone principalmente por judíos descendientes de Damasco, Siria y Líbano.
“Se me acercó Marcos Metta [Cohen, otrora vicepresidente de la Alianza Monte Sinai], y me dijo: ‘queremos celebrar el centenario de la comunidad, va a ser el 2012. Queremos hacer una película y queremos a un documentalista judío-mexicano profesional’”, relata Nejemye Tenenbaum en entrevista exclusiva con Cine PREMIERE. “La historia se me hacía interesante, se me hacía bonita: ¿qué es vivir en comunidad? Pero, entonces si comenté que no valía la pena hacer un video informercial o un video institucional de una hora y media. Así que lo convencí de aprovechar el hito histórico para hablar de los logros que ha tenido la comunidad a lo largo de este primer siglo y los retos que enfrenta, que sigue enfrentando o que se hayan agudizado por la modernidad”.

2. ¿Por qué ‘El tercer espacio’?
“¿Cómo defines una película que va a retratar 100 años de comunidad?”, esa era la pregunta que se realizaba constantemente el cineasta, lo cual derivó en conversaciones con sociólogos e historiadores. “Comencé a leer, leer y leer cada vez más sobre el tema de las comunidades y finalmente llegue a este sociólogo estadounidense llamado Ray Oldenburg”, nos cuenta. El profesor emérito de la Universidad de West Florida (UWF) acuñó el término “el tercer espacio” en su libro The Great Good Place en 1989, donde describe la existencia de tres espacios clave para la formación del ser humano. El primero de ellos es el hogar; el segundo es su lugar de trabajo; y el último es aquel dedicado a la vida social, donde los individuos se reúnen e interrelacionan de manera informal. “Me encantó la idea de que existen tres espacios entre los que nos movemos o transitamos los humanos (…) Me pareció un título extraordinario para la película. ¿Qué es la comunidad? Es un tercer espacio”.

3. La trayectoria del director
“Desde que tengo memoria, siempre quise ser cineasta, quería ser director”, recuerda Nejemye. Todo comenzó cuando tenía 8 años y vio Tiburón (1975), de Steven Spielberg, durante un verano en Acapulco. Tenenbaum estudió cine en la Universidad de Nueva York (NYU) e inició su carrera como asistente de cámara en La otra conquista (1998), de Salvador Carrasco. Entonces, decidió irse a Israel para trabajar en la televisión local y regresó a México, donde sería contratado por la Fundación Shoah, creada por el mismísimo Spielberg, para documentar decenas de testimonios de sobrevivientes del holocausto. Con una clara vocación por el cine documental, Nejemye tiene una carrera ya de más de 20 años como cinefotógrafo y realizador, además de haber trabajado en proyectos como la exhibición permanente de la Segunda Guerra Mundial en el Museo Memoria y Tolerancia. El tercer espacio marcó su debut como director en el largometraje documental.

4. Un antídoto contra los prejuicios
“Yo no veo que existan películas sobre la comunidad judía de México. Hay muy pocas”, reflexiona Tenenbaum. Pese a tener más un siglo de historia en territorio nacional, para un gran sector de la población, los descendientes judíos con quienes comparten el país son poco menos que desconocidos. Por medio de los relatos de las distintas personas que conocemos a lo largo del documental no sólo se desmitifican y rompen con estereotipos que se han prevalecido dentro de los medios y la opinión pública durante décadas, sino que los espectadores no judíos pueden reconocerse a sí mismos en sus conflictos y añoranzas personales.
“Quería mostrarle al público no judío que la comunidad judía afronta los mismos problemas y tiene las mismas inquietudes que aquellos no judíos. Mucha gente me dice: ‘es que no nos conocemos, que somos raros, que se mantienen como retraídos, amurallados’”, expone el cineasta. “Y después de que ven la película me dicen: ‘gracias por mostrarme esta película, porque ahora veo que ustedes son igual que nosotros’. Tenemos las mismas inquietudes, los mismos problemas y los mismo objetivos en la vida. Claro que hay desintegración familiar, que hay desempleo. Entonces, creo que está bien romper con los mitos, romper con los prejuicios”.

5. Amplio abanico de personajes
El documental ofrece un contraste entre los puntos de vista de nueve miembros de la Alianza Monte Sinai. Para hacer esto posible, el equipo comandado por Nejemye Tenenbaum llevó a cabo un proceso de preselección con entrevistas a aproximadamente 100 personas, desde niños de 6 años hasta personas de 90 años, a fin de elegir las historias que darían pie a la exploración de las diversas vicisitudes económicas y sociales que han afrontado cada una de las generaciones de esta asociación judío-mexicana. El equilibrio en la mezcla heterogénea de perspectivas también aporta un mayor dinamismo al documental, que es articulado de forma magistral. El proceso de filmación tomó un año en su conjunto, explorando así intervalos distantes en la vida de sus protagonistas.
Pero, ¿cómo se eligieron a las nueve personalidades que vemos en pantalla? “Primero que nada queríamos que hubiera una equidad de género, queríamos que estuviera balanceado. Tenemos nueve personajes: cinco son hombres, cuatro son mujeres. Segundo, queríamos que fueran personajes intergeneracionales, que representaran a todas o casi todas las generaciones. Tenemos a Sara [Camhaji], la señora de 93 años, que representa a la primera generación que nació en México y de ahí hasta que llegamos a Geny [Salame], que tiene doce años y ella representa a la cuarta generación. El tercer criterio es uno cinematográfico: los personajes debían tener algún tipo de conflicto. Y el último criterio es que fueran personajes interesantes, que les guste hablar y que tengan algo que aportar dentro de la película”, explica el director.
Nejemye añade que al tener un crisol de personalidades tan diversas, tanto el público judío como los espectadores no judíos seguramente encontrarán algo o alguien con quien identificarse. “Creo que como hay nueve personajes tan distintos, todos se pueden identificar con alguno de ellos, ya sea que se identifican con la beneficencia, con el hecho de ayudar al prójimo o quizá tienen alguna hija, una sobrina, que está pasando por una crisis de identidad, o con [José] Sefami, que es un actor y ve el mundo desde el punto de vista más universal, desde el punto de vista del arte. Entonces, creo que todos pueden identificarse con alguno de los personajes”.

6. Extensa investigación de archivo
A partir del inicio de la producción en 2012, El tercer espacio tardó entre cuatro y cinco años en concluir su realización. “Para mi propia investigación sobre la comunidad y la historia me dieron libros de Monte Sinai, hablé con gente y a raíz de la preentrevistas y de la lectura, pude ir empapándome de como empezó la comunidad y como fue creciendo”, relata el documentalista. El siguiente desafío fue conseguir todo el material de archivo necesario para ilustrar los pasajes históricos evocados por las figuras en cámara. Esta labor y el proceso de edición –realizado por el propio director– tomaron cerca de tres años. “Fue una odisea porque teníamos que encontrar material de archivo para 100 años y, básicamente, contratamos a tres personas: una investigadora en México [Diana Urow], un investigadora en Washington [Roslyn Cohen] y una en Israel [Tammy M. de Lati]. Entre las tres me consiguieron todo el material. Una gran parte del archivo de México lo compramos en Estados Unidos, en la Administración Nacional de Archivos y Registros (NARA)”, añade.

7. El equipo detrás de cámaras
Entre los créditos del documental cabe destacar a un puñado de artistas que ya han dejado su marca dentro del cine mexicano. La estructura del guion fue realizada por el propio director Nejemye Tenenbaum en colaboración con Enrique Chmelnik (Adiós mundo cruel; El cielo en tu mirada). En tanto, el diseño sonoro estuvo en manos de José Miguel Enríquez (Workers; Blanco de verano) y la música original fue compuesta por Darío González Valderrama (Cinco días sin Nora; Paraíso). La fotografía fue realizada por Jorge García Alonso, quien ya había colaborado con el director en sus cortometrajes Encuentro ausente (2006) y Ballet Teatro del Espacio 16 (2016).
Aquí aprovechamos para volver a mencionar a uno de los talentos que sí aparece delante de la cámara. José Sefami, ganador del Ariel a Mejor coactuación masculina por Conozca la cabeza de Juan Pérez en 2010, brinda uno de los nueve testimonios que hilvanan la narrativa, añadiendo una capa necesaria al documental sobre aquellos integrantes que optan por autoexiliarse de dicha comunidad. Su carrera de más de 30 años incluye películas como Amores Perros (2000), El infierno (2010), Días de gracia (2011), Colosio: El asesinato (2012) y Cantinflas (2014).

8. Exitoso recorrido en Cineteca Nacional
La película ha tenido un recorrido destacado en el circuito cultural dentro y fuera de nuestro país. El tercer espacio comenzó exhibiéndose por invitación de prestigiosas universidades de los Estados Unidos, como la Universidad de California y la Universidad de Yale. “Después de que nos dimos cuenta que tenía muy buena aceptación en esas universidades, pensé: ‘¿por qué no la mandamos a la Cineteca?’ Se la mandé a Nelson Carro [director de Difusión y Programación de la Cineteca Nacional], le gustó mucho y se exhibió allí durante seis semanas”, dice Nejemye. Posteriormente, se proyectó en distintas sedes dentro del circuito cultural de México, incluyendo funciones en el Cine Tonalá y el Tecnológico de Monterrey. Dentro de su breve recorrido en festivales destacan el Festival de Cine Judío de Washington y el Festival de Cine Latino de San Diego.

9. Reflexiones acerca de la vida comunitaria
Como ya se ha mencionado, uno de los mayores logros de El tercer espacio es no caer en el terreno propagandístico, convirtiéndose así en un mero panfleto institucional para conservar o convencer a más miembros de la comunidad judía en México de unirse a esta asociación en particular. Nejemye Tenenbaum tenía un objetivo más ambicioso: documentar los efectos edificantes y adversos de formar parte de una comunidad tan estructurada y hermética como lo puede llegar a ser la Alianza Monte Sinai.
En el segundo escenario, hay una crítica constructiva sobre los desafíos que este grupo especifico tiene para el futuro en el contexto de un mundo posmoderno donde ninguna comunidad puede desentenderse por completo de una sociedad globalizada. Sin embargo, eso no significa que no existan lecciones para el resto de nosotros. El cineasta espera que las enseñanzas de la vida en comunidad puedan servir como ejemplo a otras esferas de la población mexicana para construir una sociedad más armónica.
“Vivir en comunidad tiene muchísimas ventajas, el apoyo al individuo, al necesitado. En Monte Sinai si estás en el hospital y no tienes como pagar las cuentas, hablas por teléfono y en media hora vienen, liquidan tu deuda y te sacan del hospital. Esos valores son inigualables en el mundo porque no te vas a quedar sin comida, no te vas a quedar sin techo y te van a apoyar en todo lo que necesites. Creo que ese es un valor que se puede representar para que el público se inspiré y puedan organizarse para hacer comunidad”, confía el director.

10. Apoyar al cine independiente
“Ahora con la pandemia, que no sabemos que va a pasar, decidí con mi productor que no valía la pena esperar más. Decidimos que vale la pena que la gente vea la película, que la gente la conozca”, concluyó el director Nejemye Tenenbaum. Por ello, la producción abrió su propio sitio web eltercerespaciopelicula.com, donde aquellos interesados en conocer esta obra podrán rentarla a partir de este 2 de julio. Todo lo que debes hacer es registrarte, pagar tu renta con un costo de $60 pesos y podrás disfrutar del filme durante 48 horas, las veces que quieras. A fin de seguir construyendo una comunidad solidaria, el 20% de las ganancias se destinarán para comprar insumos médicos para el personal de salud que está enfrentando la crisis sanitaria por COVID-19.

El tercer espacio ya está disponible en eltercerespaciopelicula.com
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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
Staff Cine PREMIERE Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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