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Berlinale 2020: Un festival con sorpresas y cambios

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Son muchas las cosas que hacen de la Berlinale 2020 un festival -un poco o un mucho, según se quiera ver- distinto de los anteriores. De entrada debemos recordar de que se trata de su septuagésima edición, y ya se sabe lo mucho que gustan los números cerrados en el asunto de las conmemoraciones. Es así que el número 70 aparece por todos lados, ya en los pósters que se hallan estratégicamente ubicados en cada rincón de la ciudad, ya en la cortinilla que se proyecta previo a cada filme y que se ha convertido en un elemento inseparable de esta fiesta del cine.

Un número tan atractivo también sería usado por los organizadores para crear un galardón especial de aniversario, mismo que suplirá oportunamente al premio Alfred Bauer, el cual se otorgaba dese 1987 a películas consideradas innovadoras por sus propuestas narrativas y estilísticas. Y es que hará apenas unas pocas semanas, un reportaje publicado por el semanario Die Zeit denunció que el señor Bauer, quien entre otras cosas dirigió la Berlinale desde su fundación, en 1951 y hasta 1975, aparentemente colaboró con la dictadura nazi. Es de todos conocido que este tema es observado con lupa en Alemania, así que nadie se vio sorprendido con que, sin siquiera ahondar en detalles de las indagaciones, la dirección del festival suspendiera de manera inmediata la entrega de dicho reconocimiento, uno que por cierto reconoció la labor artística de Baz Luhrmann (Romeo y Julieta), Park Chan-wook (Oldboy) y el mexicano Fernando Eimbcke (Lake Tahoe), entre varios cineastas más. En cualquier caso, los encargados del festival han asegurado que apoyarán la realización de una investigación paralela dirigida a esclarecer el pasado de este ya polémico personaje.

A esta inesperada situación habría que agregar que, después de dieciocho años, la máxima responsabilidad de la Berlinale 2020 no recaerá más en manos de Dieter Kosslick. De hecho el nuevo capitán del barco no es uno sino dos: Mariette Rissenbeek en la dirección ejecutiva, y el italiano Carlo Chatrian como director artístico. De este modo, los cambios no se han limitado a una imagen más visual más sobria -nada de los ositos que tanto gustaba a Kosslick-, sino que también han desaparecido secciones como NATIVe y Kulinarisches Kino, y han surgido otras como Encounters, la cual está dedicada a la exhibición de obras de nuevos talentos. 

En pocas palabras a la Berlinale 2020, como a todo, también le llegó su “sexenazo”. Esperemos que para bien. 

Salinger a la Weaver

No hay ningún margen para la confusión: Sigourney Weaver tiene la personalidad avasalladora que todo el mundo se imagina que posee. Camina con paso de gigante -sus 1.81 metros son lucidos sin temor- y cuando habla todos callan en la sala de prensa. Su voz, profunda y elegante, se impone sobre los rechinidos de las sillas y la tos del periodista resfriado que nunca falta en este tipo de eventos. Viene por My Salinger Year, película dirigida por el canadiense Philippe Falardeau. En ella Weaver encarna a quien fuera la agente literaria de J. D. Salinger y otros escritores estadounidenses míticos, y lo hace tan bien que no sería nada descabellado augurarle una nominación futura para el Óscar de Mejor actriz de reparto. Quizás ella misma ya lo sabe y por eso se la ve tan segura, imponente, como si acabase de masacrar a una legión de aliens. Paradójicamente, su contraparte histriónica no podría ser más distinta: Margaret Qualley, quien da vida a una joven asistente recién llegada a la agencia -Weaver es su jefa- es todo timidez y contención. Habló poco y con voz muy delgada. Aunque no hay que confundirnos. Qualley realiza un trabajo espectacular en la película y es complicado pensar en una actriz de la actualidad que pudiese emularla en soltura y naturalidad. No por nada la hija de la también actriz Andie MacDowell es cada vez más solicitada por cineastas de prestigio, entre ellos Quentin Tarantino.

El filme se basa en la novela con tintes autobiográficos de Joanna Rikoff, quien también estuvo presente y confesó sentirse honrada con esta adaptación a su libro. Falardeau, por su parte, aseguró que no solamente quiso rendirle un pequeño homenaje al ya fallecido autor de El guardián entre el centeno, sino también a una época que, aunque parecería relativamente reciente, ha dejado de existir: “los noventas eran otro mundo, uno que todavía no había sido engullido por el Internet y que era ajeno a los teléfonos inteligentes. En ese mundo todavía confiábamos y valorábamos a la palabra escrita y para establecer una relación humana se necesitaba el contacto físico, personal”.

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La misteriosa mirada del Flamenco – Una charla con su director, Diego Céspedes

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Seminuevos como nuevos: ¿ciencia ficción o realidad?

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Cine, azar y espectáculo, tres historias donde el juego es parte del relato

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El cine siempre ha sentido una fascinación especial por el azar. Desde hace décadas, tanto los directores como los guionistas han utilizado el juego como metáfora del riesgo, del deseo de cambio y de la eterna lucha entre el control y el caos. No es casualidad, porque pocas cosas generan tanta tensión dramática como una carta girándose lentamente, una ruleta deteniéndose o una apuesta que puede cambiarlo todo.

A lo largo de la historia, numerosas películas y series han sabido integrar el casino dentro de sus tramas como un elemento narrativo que define a los personajes, las decisiones y los destinos

Casino Royale y el renacer del espía moderno

Cuando Daniel Craig debutó como James Bond en Casino Royale, la saga dio un giro más oscuro y realista. Lejos del glamour exagerado de entregas anteriores, la película apostó por mostrar a un Bond vulnerable, físico y expuesto al error.

La mítica partida de póker contra Le Chiffre es el corazón emocional del film. Cada apuesta refleja la psicología de los personajes, su capacidad para engañar, resistir la presión y leer al adversario. Aquí, el casino no es un simple escenario lujoso, sino un campo de batalla donde se libra una guerra silenciosa. Este tipo de escenas explican por qué el imaginario del juego sigue tan presente en la cultura popular. Representa decisión, valentía y consecuencias.

Rounders, el lado más humano del póker

Mucho antes de que el póker se convirtiera en un fenómeno televisivo global, Rounders ya mostraba su cara más cruda. La película sigue a jóvenes jugadores que se mueven entre partidas clandestinas, deudas peligrosas y sueños de grandeza.

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Más allá de las cartas, el verdadero tema es la obsesión: personajes que creen haber encontrado en el juego una identidad, una forma de vida, incluso una vía de escape. Esta visión más íntima conecta con quienes ven el azar no solo como entretenimiento, sino como una pasión que puede volverse absorbente.

Peaky Blinders y el negocio detrás del juego

Ambientada en la Inglaterra de entreguerras, Peaky Blinders utiliza las apuestas y las casas de juego como parte esencial del ascenso criminal de la familia Shelby. Aquí, el juego no es un pasatiempo, sino una industria.

Las salas clandestinas, las carreras amañadas y las mesas privadas sirven para mostrar cómo el control del juego equivale al control del poder. Es una representación muy distinta a la de Casino Royale o Rounders, pero igual de poderosa, con el azar como negocio, no como ocio.

El juego como reflejo de nuestra relación con el riesgo

Estas historias, aunque muy distintas entre sí, comparten un punto en común, que es que el juego funciona como espejo de nuestras decisiones. Apostar es elegir. Es aceptar que no todo depende de uno mismo.

Quizá por eso el interés por este tipo de temáticas se mantiene vigente, tanto en el cine como en el entretenimiento digital. Hoy en día, muchas personas juegan a los mejores slots desde una perspectiva más casual, buscando experiencias visuales atractivas y mecánicas que prioricen la diversión por encima de la competición.

Del mismo modo que ocurre con el cine, los jugadores suelen sentirse atraídos por propuestas con identidad, estética cuidada y sensaciones reconocibles, donde valoran además de los premios, el diseño y la experiencia en su conjunto.

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Un vínculo que sigue evolucionando

Desde el blanco y negro hasta las superproducciones actuales, el cine ha sabido adaptar el universo del juego a cada época. A veces lo muestra como un mundo elegante, otras como un entorno peligroso, y en ocasiones como una simple forma de evasión.

Lo interesante es que, más allá de modas, el tema sigue funcionando porque conecta con la emoción de arriesgar, la esperanza de ganar y la tensión de no saber qué ocurrirá en el siguiente instante.

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