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¡Ellos son los ganadores de los Iphone Photography Awards 2019!
En estos tiempos, un simple smartphone nos permite hacer cosas maravillosas, desde pedir comida, controlar nuestra casa entera, hasta tomar fotografías con una calidad incomparable, tanto así que, cada vez se reconoce más el trabajo hecho con ese pequeño gadget.
Los iPhone Photography Awards, mejor conocidos como IPPAWARDS, es la primera y más larga premiación para todos aquellos que logran hacer fotos espectaculares con la cámara de un iPhone, demostrándonos que no es necesario tener el equipo fotográfico más caro para poder capturar imágenes impresionantes.
Desde 2007, los IPPAWARDS han seleccionado a las mejores fotografías entre miles de imágenes enviadas por fotógrafos de iPhone de más de 140 países de todo el mundo. Los ganadores son seleccionados por miembros del jurado estimados en un proceso de varios pasos y luego se otorgan los fotógrafos del año.
Ahora sí vamos con lo bueno, estos son los ganadores de los iPhone Photography Awards a las mejores fotografías del año.
Gabriella Cigliano – Big Sister
Gabriella Cigliano ganó el premio mayor de los IPPAWARDS. Esta maravillosa fotografía la tomó en Zanzíbar, Tanzania y en ella vemos a dos niñas frente al mar. Sobre la historia de la fotografía, Gabriella contó lo siguiente:
“El año pasado estuve un mes en Wasa, Tanzania, enseñando a una clase de chicos jóvenes, curiosos y maravillosos. Antes de regresar a Italia, nos detuvimos en Zanzíbar, donde se tomó esta foto. Todavía me pregunto cómo podría capturar ese momento exacto en toda su belleza. Solo estaba observándolas a pocos metros, pero probablemente tenían más curiosidad por verme a mí que yo a ellas, quizá esa es la razón por la que la chica me estaba mirando. No hablábamos mucho, a excepción de algunas palabras en swahili que había aprendido en las semanas pasadas, pero esas niñas definitivamente podían hablar con los ojos. Fue una de las cosas más hermosas que he visto en mi vida, y la guardaré en mis recuerdos para siempre. La mejor parte fue mostrarles a ellas y a sus madres las fotos, para algunos fue la primera vez que vieron sus caras, y su emoción era inexplicable, desafortunadamente ellas tenían mi iPhone y no pude capturar sus reacciones”.
Diogo Lage – Sea Stripes
Dentro de los primeros lugares está Diogo Lage, que con esta espectacular fotografía tomada en la playa de Santa Rita en Portugal, logró capturar una nueva visión de este lugar con su iPhone SE. El propio fotógrafo explicó su trabajo: “En Santa Rita, las tiendas de playa con rayas son muy típicas y marcan el tono de los pequeños pueblos bien organizados y veraniegos. Jugando con este estilo de playa, un bañista en la distancia encarna el espíritu en una camisa a rayas”.
Yuliya Ibraeva – Sorry, No Movie Today
A veces solamente hay que tener los ojos bien abiertos para encontrarnos con una imagen que pueda impactar a todo el mundo, eso nos demostró Yuliya Ibraeva con esta fotografía que sacó con su iPhone 7 Plus. “Era un caluroso día de verano en Roma, Italia, incluso el asfalto se estaba derritiendo. Decidimos escapar del centro de la ciudad para ver los antiguos árboles de los Jardines Borghese y quizá ver una película italiana, pero cuando llegamos comenzó a llover. No vimos la película, pero tomé fotos maravillosas. Fue un gran momento del viaje que nunca olvidaré”, dijo Ibraeva.
Peng Hao – Come Across
Por último tenemos la fotografía que tomó Peng Hao con su iPhone X. Una imagen que podría haber salido del universo de Mad Max, Hao explicó que es lo que podemos ver en su foto: “La tomé en el desierto en Nevada, Estados Unidos durante el festival Burning Man. Me paré en un puente y vi a dos personas perdidas en una tormenta de arena, pero después de un tiempo, apareció algo muy especial, una enorme bola plateada y tenía que capturar ese momento único”.
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La ciencia siempre había creído que solo los humanos entienden de geometría. Hasta que volvimos a fijarnos en los cuervos
La percepción de la regularidad geométrica en las formas, una variante de la geometría elemental, se ha considerado desde hace mucho una habilidad que teníamos únicamente los seres humanos. Y no es para menos, puesto que desde etapas bastante tempranas del desarrollo y a través de múltiples culturas, nuestra especie ha demostrado una comprensión natural de las reglas espaciales. Pero esto ha cambiado en una especie similar a los cuervos.
Un cambio radical. Pese a que estaba bastante bien asentada esta cualidad innata de los humanos, la ciencia ahora ha demostrado que los cuervos también poseen la comprensión geométrica. Un hito cognitivo que replantea lo que creíamos saber sobre la inteligencia animal y la evolución de las matemáticas puras.
Un mito. Las bases científicas mostraban una notable brecha entre las habilidades humanas y las del resto del reino animal en lo que respecta a la geometría euclidiana. Investigaciones previas ya habían visto que los primates carecían de la capacidad de reconocer la regularidad geométrica en pruebas de percepción visual de formas, algo fundamental, ya que pueden ser los primeros que se nos vengan a la cabeza al pensar en esta propiedad.
Y es que esto fue crucial para determinar que los humanos tienen una habilidad innata para procesar la regularidad geométrica, ya que la incapacidad recurrente de especies como los babuinos tras un entrenamiento intensivo sentó estas bases. No obstante, los investigadores decidieron explorar estas capacidades en aves conocidas por sus impresionantes destrezas cognitivas y aritméticas.
Pantallas táctiles. Para poner a prueba la intuición espacial de las aves, los científicos de la Universidad de Tubinga diseñaron un experimento basado en la detección de anomalías visuales. En este caso se entrenó a dos cuervos macho de 10 y 11 años utilizando pantallas táctiles ubicadas dentro de cámaras de acondicionamiento.
Aquí las aves podían observar una matriz que mostraba seis formas simultáneas en la pantalla y la tarea consistía en detectar a un “intruso”, es decir, picotear la forma que difería en sus parámetros visuales respecto a los otros cinco estímulos base.
Las pruebas. Para la prueba final, se emplearon cinco cuadriláteros de referencia ordenados por su nivel de regularidad: el cuadrado, el trapecio isósceles, el rombo, la bisagra derecha y una forma completamente irregular. A partir de aquí, las figuras “intrusas” se generaban artificialmente desplazando el vértice inferior derecho de la figura original a una distancia fija equivalente al 75% de la distancia promedio entre los vértices.
Resultados. Lo más impresionante que se vio fue la inmediatez de la comprensión del problema, ya que los cuervos fueron capaces de aplicar el concepto de detectar al intruso inmediatamente al ser expuestos a los nuevos conjuntos de cuadriláteros.
Ambos sujetos superaron drásticamente el nivel de azar del 16.7% durante sus primeros ensayos, demostrando que entendían la tarea sin vacilar ni picotear sin conocimiento. Además, durante las primeras 60 pruebas, el primer cuervo alcanzó un 48.3% de éxito y el segundo cuervo un 56.7%.
Lo más impresionante. El dato más revelador de estas pruebas fue precisamente que las aves mostraron un rendimiento significativamente mejor con formas que presentaban propiedades de la geometría euclidiana pura, como ángulos rectos, líneas paralelas o simetría.
Es crucial aquí destacar que esta ventaja en el rendimiento no requirió de un gran entrenamiento previo, sino que el efecto de regularidad estuvo presente desde el comienzo mismo de la fase de prueba.
¿Por qué? Frente a la pregunta lógica de por qué los cuervos lograron lo que otros primates fallaron, los autores del estudio reconocen ciertas diferencias metodológicas importantes frente a los experimentos clásicos con babuinos. En este caso apuntan a que los cuervos fueron sometidos a un criterio de avance estricto durante el entrenamiento, necesitando mantener un 75% de aciertos a lo largo de cinco sesiones consecutivas. En contraste, los babuinos solo requirieron alcanzar un criterio del 80% de respuestas correctas una única vez, sin necesidad de sesiones consecutivas.
Y aunque esta diferencia puede dificultar una comparación directa y exacta entre las especies, el hallazgo principal es incontestable: los cuervos reconocen la regularidad geométrica.
Imágenes | Tyler Quiring
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La ciencia ha calculado el impacto real en tu cerebro de leer libros. Y tiene una receta muy simple: 30 minutos al día
Es bien conocido que el sedentarismo es uno de los grandes enemigos de la salud pública, especialmente en edades avanzadas donde la pérdida muscular es un gran peligro. Sin embargo, hay actividades que son sedentarias que son realmente beneficiosas y que a veces dejamos, como es la lectura de libros. Es tal su beneficio que la ciencia ha demostrado que sumergirse en las páginas de un buen libro no solo alimenta el intelecto, sino que alarga la vida.
La demostración. Uno de los estudios más importantes que quiso centrarse en los beneficios de la lectura, más allá de los beneficios cognitivos o en la riqueza de vocabulario para el día a día, analizó a un grupo de 3635 participantes representativos a nivel nacional en Estados Unidos durante 12 años. Y como resultado, vieron que a mayor tiempo de lectura de libros, menor riesgo de mortalidad.
Los resultados. Para entender la magnitud del descubrimiento, los investigadores fueron siguiendo a todos los pacientes hasta que un 20% de ellos fallecieron y solo quedaba el 80%. Ahí pusieron el corte y comenzaron a sacar conclusiones. La primera de ellas es que los no lectores alcanzaron este punto a los 85 meses, mientras que los lectores de libros llegaron a este mismo umbral a los 108 meses.
Esto es algo que se traduce en una ventaja de supervivencia de 23 meses para quienes tenían el hábito de leer libros, o lo que es lo mismo, los lectores redujeron en un 20% el riesgo de mortalidad a lo largo de los 12 años de seguimiento. Además, esta protección se mantuvo sin importar el género, la riqueza, la educación o el estado de salud de la persona.
El formato importa. Aunque se puede llegar a pensar que cualquier tipo de lectura es adecuada, incluso la parte de atrás de un champú, la realidad es bastante diferente. En este caso, el estudio comparó explícitamente el impacto de leer libros frente a leer el periódico o una revista.
Los hallazgos demostraron aquí que la lectura de libros contribuye a una ventaja de supervivencia significativamente mayor que la observada con los periódicos o revistas. Mientras que las revistas ofrecen artículos cortos que a menudo leemos por encima, los libros necesitan un mayor nivel de concentración. Algo que está potenciado sobre todo porque los autores presentan temas, personajes y tópicos de manera constante y que es fundamental para poder seguir el hilo de la historia que se nos está presentando delante.
¿Por qué? Aquí la ciencia tiene bastante claro que la clave está en el cerebro, puesto que el “puntaje cognitivo” funcionó como un mediador completo de esta ventaja de supervivencia. Esto quiere decir que leer los libros mejora la cognición y es esta mejora cognitiva lo que prolonga la vida.
Aquí la lectura de libros activa diferentes procesos neuronales específicos que crean esta ventaja. Entre los puntos más destacados, encontramos que la lectura activa de libros mejora las habilidades como el razonamiento, la concentración, el pensamiento crítico y el vocabulario. Pero además, fomenta la percepción social, la empatía y la inteligencia emocional, lo que puede conducir a mejores conductas de salud y a la reducción del estrés. Cosas fundamentales cuando hablamos de alargar la vida.
Está respaldado. Además del estudio original publicado en 2016, la ciencia ha querido seguir investigando al respecto de los beneficios de la lectura con un estudio publicado en 2024 donde la complejidad de la lectura en adultos mayores apuntó a un menor declive cognitivo.
Pero también se ha optado por analizar incluso el nivel cultural de los ciudadanos, donde se ha visto que bajo el alfabetismo aumenta la mortalidad, haciendo que nuevamente el hecho de leer libros estimule a nuestro cerebro y proteja la reserva cognitiva. Aunque no hace falta estar leyendo todo el día para garantizar tener un mejor cerebro, sino que los estudios apuntan concretamente a que con unos 30 minutos al día basta para empezar a cosechar estas ventajas y obtener más años de vida en los que seguir leyendo.
Imágenes | Blaz Photo
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El problema de Japón no es que esté dejando de tener bebés a una velocidad récord. Es que lo hace 17 años antes de lo que debería
Si hay una forma de salir del pozo demográfico, Japón todavía no la ha encontrado. Y no por falta de empeño. A pesar de todos sus esfuerzos, de la imaginación e inversión millonaria que ha destinado a políticas de natalidad, su balance de nacimientos sigue siendo desastroso. El último lo acaba de publicar el Gobierno y muestra que en 2025 nacieron en Japón 15.179 bebés menos que en 2024. Es el décimo año consecutivo de declive, un nuevo mínimo histórico y sobre todo un escenario en el que Japón no esperaba verse hasta 2042.
La pregunta es: ¿Está dispuesto Tokio a cubrir ese descalabro de natalidad con un mayor flujo migratorio, la tabla demográfica que mantiene a flote otros países?
¿Qué ha pasado? Que Japón ha recibido un duro baño de realidad demográfica, algo que empieza a ser habitual. El Ministerio de Salud acaba de publicar el balance de natalidad de 2025, un documento que deja poco margen para el optimismo. A lo largo del año pasado nacieron en el país 705.809 bebés, un mal dato se mire por donde se mire. Representa el registro más bajo desde que se empezaron a elaborar estadísticas, en 1899, y sobre todo confirma que la natalidad lleva diez años consecutivos a la baja… sin perspectiva de mejora.
En términos anuales, esos 705.809 nacimientos suponen un descenso del 2,1% con respecto a 2024. Si echamos la vista más atrás, a la última década, la caía es de alrededor del 30%. La única buena noticia es que el dato mejora (ligeramente) algunas previsiones lanzadas por la prensa japonesa hace unos meses y que la velocidad a la que cae la natalidad parece estar ralentizándose poco a poco. Al menos es inferior a la del período 2022-2024, cuando superaba el 5% anual.
¿Tan mala noticia es? Sí. Por varias razones. La principal es que la crisis demográfica japonesa está agravándose mucho más rápido de lo que creía el Gobierno, que hace años ya se preparó para un escenario pesimista.
En 2023 el Instituto Nacional de Investigación de Población y Seguridad y Seguridad Social (IPSS) publicó un informe en el que calculaba que el número de nacimientos anuales no descendería a 700.000 hasta 2042. La realidad es que el país ya se movió en esa franja en 2025, 17 años de lo esperado. Es más, el IPSS calculaba que en 2025 nacerían 774.000 bebés. El dato real que hoy conocemos (705.809) se aproxima más a su proyección más pesimista (681.000).
¿Por qué es un problema? Porque Japón está comprobando que, pese a sus múltiples intentos, no ha logrado taponar su brecha demográfica. No es solo que caiga su natalidad, es que el crecimiento vegetativo (diferencia entre nacimientos y muertes) da claras señales de alarma. Aunque las defunciones se han reducido un 0,8%, la población japonesa se contrajo el año pasado en 899.845 personas.
Medios como Nikkei o The Japan Times han publicado en las últimas horas análisis que advierten del paulatino envejecimiento del país y (sobre todo) la presión que ejerce sobre su sistema de seguridad social y las pensiones.
¿Algo habrá positivo, no? Más o menos. Las estadísticas dejan algunas lecturas positivas o que muestran posibles caminos a seguir, aunque con matices. Por ejemplo, en 2025 los matrimonios aumentaron ligeramente con respecto al año anterior (1,1%) hasta sumar 505.656. La pregunta es si ese repunte es fruto de la resaca de la pandemia, cuando muchas parejas pospusieron sus bodas.
Otro dato curioso es que hay territorios que parecen haber dado con la tecla demográfica correcta: en Tokio los nacimientos aumentaron cerca de un 1,3% el año pasado, hasta sumar 88.518, y se calcula que su área metropolitana acapara casi un tercio (el 30%) de todos los alubramientos registrados en el país.
¿Cuál es la solución? La gran pregunta. Lo difícil es responderla. Japón ha probado con incentivos económicos y laborales, programas para formar parejas… De todo para impulsar su natalidad, un objetivo al que ha destinado millones y millones. Le ha servido de poco. Hay quien cree que ante ese escenario una posible tabla de salvación es replantearse la política inmigratoria nacional.
“Negarnos a aceptar un flujo adecuado de migrantes no solo es ignorar la realidad económica, sino renunciar a nuestro futuro colectivo”, apuntaba hace poco a El Mundo Akito Tanaka, de la Red de Solidaridad con los Migrantes.
“Las políticas que están limitando cada vez más la entrada de trabajadores extranjeros están agravando precisamente este problema”, insiste Tanaka, quien advierte que Japón se enfrenta a “una encrucijada demográfica sin precedentes”. Los últimos datos del Ministerio de Salud dejan de hecho una idea interesante: los 705.809 bebés registrados en Japón en 2025 no solo se corresponden con nacimientos de padres de origen nipón, también incluye a los extranjeros.
¿Cuál es la posición de Tokio? No parece muy dispuesto a apostar por los extranjeros para reflotar su población. De hecho ayer mismo trascendió que la agencia de inmigración de Japón ha endurecido las directrices que deben cumplir los solicitantes de residencia permanente. En la práctica los cambios hacen más difícil cumplir los requisitos para obtener la visa, para la que es clave demostrar una buena conducta y autosuficiencia financiera, entre otras condiciones.
No es exactamente una novedad. Se sabe desde hace meses que el Gobierno de la conservadora Sanae Takaichi planeaba duplicar el tiempo de estancia mínimo que deben permanecer los extranjero en Japón para optar a la ciudadanía.
¿Puede cambiar? En plena avalancha de turismo internacional (lo que ha generado múltiples tensiones entre visitantes foráneos y población autóctona) la presencia de extranjeros se ha vuelto un tema relevante en la política japonesa. De hecho tras tomas las riendas del Gobierno, Takaichi no tardó en impulsar una política migratoria que gira en torno a una normativa con un nombre elocuente: “Ley para una sociedad de coexistencia ordenada con extranjeros”. Sus últimos resultados en las urnas muestran que su posición no disgusta al electorado.
Imagen | Andrew Leu (Unsplash)
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