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Muere Paquita la del Barrio a los 77 años
Lamentablemente, informo que Francisca Viveros Barradas, conocida artísticamente como Paquita la del Barrio, falleció el 17 de febrero de 2025 en su hogar en Veracruz, a los 77 años de edad. La noticia fue confirmada a través de un comunicado en sus redes sociales oficiales, donde se destacó su legado como una artista única e irrepetible.
Nacida el 2 de abril de 1947 en Alto Lucero, Veracruz, Paquita la del Barrio se convirtió en un ícono de la música ranchera y popular mexicana. Conocida por canciones emblemáticas como “Rata de dos patas”, sus letras denunciaban la cultura machista y resonaban especialmente entre las mujeres.

En los últimos años, su salud se había visto afectada por diversos problemas, incluyendo complicaciones pulmonares y molestias en el nervio ciático. A pesar de estos desafíos, Paquita continuó activa en su carrera hasta su retiro en 2023.
Su partida deja un vacío en la música mexicana, pero su legado perdurará en las generaciones futuras. Familiares y seguidores han expresado su dolor y respeto, solicitando privacidad en estos momentos difíciles.
Descanse en paz, Paquita la del Barrio.
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Los influencers han puesto de moda darte calambrazos en el nervio vago para curar el estrés. La ciencia tiene malas noticias
Después de un día maratoniano, que si el informe que no llega, dar de comer a los niños, sacar el perro, ir a esa clase de pilates… Y tu cerebro se niega a apagarse. Abres TikTok o Instagram buscando una distracción y, entre bailes y recetas, aparece un influencer. Lleva un dispositivo de diseño minimalista pegado al cuello o enganchado a la oreja. Promete que, con solo pulsar un botón y recibir unos pequeños pulsos eléctricos, su ansiedad desaparecerá, dormirá como un bebé y su “niebla mental” se disipará. Lo llaman “el gran reinicio del sistema nervioso”.
Durante siglos, el nervio vago ha funcionado en la más absoluta oscuridad anatómica, pero hoy ha alcanzado un estatus casi mítico en el ecosistema del bienestar. Según The New York Times, hay miles de millones de impresiones en redes sociales sobre este nervio. Celebridades como Kelly Ripa y podcasters de la talla de Andrew Huberman alaban sus virtudes. “Gran parte de esto está siendo impulsado por influencers que dicen: ‘Solo haz esto para estimular tu nervio vago, y todos los problemas de tu vida se resolverán'”, explica el Dr. Kevin Tracey, neurocirujano y presidente de los Institutos Feinstein para la Investigación Médica.
Suena a ciencia ficción, pero los pronósticos apuntan a que la estimulación de este nervio generará una industria de mil millones de dólares para el año 2030. La pregunta obligada que surge es: ¿realmente podemos “hackear” nuestro estrés a base de calambrazos en el cuello, o estamos ante el enésimo placebo caro de internet?
Para entender el fenómeno, primero hay que entender la biología. Tal y como explica la Cleveland Clinic, el nervio vago (cuyo nombre proviene del latín “vagabundo”) es el décimo de los doce pares craneales y el más largo de todos. Nace en el tronco del encéfalo y serpentea por el cuello, el pecho y el abdomen, conectando el cerebro con el corazón, los pulmones y el sistema digestivo. Es la autopista principal de nuestro sistema nervioso parasimpático, el encargado de la función de “descansar y digerir”. Básicamente, es el freno de mano del cuerpo. Cuando nos estresamos, se activa el sistema simpático (la respuesta de “lucha o huida”); cuando el peligro pasa, el nervio vago debería entrar en acción para calmar las pulsaciones y relajar el organismo.
¿Pero por qué la gente está obsesionada con electrocutarlo? Según detalla la revista Women’s Health, vivimos una epidemia de estrés crónico. La avalancha de correos electrónicos, los atascos y las presiones diarias provocan lo que se conoce como “disfunción vagal”. Nuestro cuerpo se queda atascado en modo supervivencia y pierde la capacidad de volver a la calma. La promesa de solucionarlo rápidamente ha propiciado la aparición de dispositivos comerciales.
Ante la idea de aplicarse electricidad casera, es normal preguntarse si esto es peligroso. Generalmente, la respuesta física es no. Según el Dr. Michael Kilgard, director del Texas Biomedical Device Center, entrevistado por The New York Times, las baterías de estos dispositivos comerciales son demasiado pequeñas para quemar la piel. Lo máximo que se siente es un hormigueo.
Sin embargo, el peligro real es psicológico y médico. “La rareza de las sensaciones es lo suficientemente molesta como para que la gente sienta que los dispositivos están haciendo algo”, advierte Kilgard. En la mayoría de los casos, estos gadgets son “probablemente poco más que un placebo disfrazado de neurociencia“. El riesgo reside en la falsa esperanza: pacientes que gastan cientos de euros en aparatos que no hacen nada, retrasando tratamientos médicos que sí han demostrado ser efectivos. Para comprender el verdadero impacto de esta falsa esperanza, es vital separar el grano de la paja y definir dónde termina el rigor científico.
La línea entre la medicina y el marketing de wellness
La ciencia de la Estimulación del Nervio Vago (ENV o VNS por sus siglas en inglés) es real, fascinante y muy compleja, pero está a años luz de lo que venden los influencers. Existen dispositivos médicos reales, pero como subraya un exhaustivo artículo de revisión publicado en la revista científica Comprehensive Physiology, la estimulación invasiva (iVNS) “sigue siendo el estándar de oro con eficacia bien documentada”. Es decir, hablamos de pequeños aparatos parecidos a marcapasos que se implantan quirúrgicamente bajo la piel del pecho, con cables enroscados directamente al nervio. Según Cleveland Clinic, la FDA (la agencia estadounidense del medicamento) ha aprobado estos implantes severos para tratar casos de epilepsia resistente y depresión clínica grave.
La investigación médica no deja de avanzar. Un ensayo clínico fundamental publicado recientemente en Nature Medicine (el ensayo RESET-RA), demostró que un sistema neuromodulador implantado dirigido al nervio vago logró reducir significativamente la inflamación en pacientes con artritis reumatoide que no respondían a los medicamentos convencionales. Por otro lado, como señala una revisión de la revista Exploratory Research and Hypothesis in Medicine, se está estudiando intensamente el uso de estimuladores no invasivos (en la oreja o el cuello) en entornos clínicos para la rehabilitación tras un ictus o para frenar el deterioro cognitivo.
Pero, ¿qué hay de los aparatos que cualquiera puede comprar por internet para “quitarse el estrés”? Los expertos son tajantes. La Dra. Kristl Vonck, neuróloga de la Universidad de Gante, advierte que los aparatos de consumo están “ligeramente regulados y no tienen que demostrar a la FDA que realmente funcionan”. Muchas empresas se escudan en afirmaciones vagas sobre el “bienestar” para esquivar los controles médicos y utilizan el lenguaje de los ensayos clínicos reales como mera táctica de marketing.
Además, como explica un investigador clínico en The Conversation, manipular el nervio vago no es una panacea y no funciona igual para todos. Algunas personas en ensayos clínicos experimentan dolores de cabeza, empeoramiento de migrañas o incluso un bajón en el estado de ánimo al recibir estimulación. “La mayoría de las enfermedades implican múltiples factores biológicos y psicológicos, y ningún nervio por sí solo explica o soluciona todos”, sentencia.
La desinformación no se limita a los dispositivos; también abarca los diagnósticos caseros. La revista Bustle se hizo eco recientemente de una tendencia viral en TikTok: la prueba de los “tres tragos”. Creadoras de contenido aseguraban que si eres incapaz de tragar saliva tres veces seguidas y de forma rápida, tu nervio vago está gravemente desregulado por culpa del estrés crónico.
Los terapeutas tuvieron que intervenir. Chloë Bean, terapeuta experta en trauma somático, aclaró que tragar sí involucra a este nervio, pero no poder hacerlo tres veces seguidas “no significa automáticamente que tu nervio vago esté atascado”. Puede deberse a algo tan mundano como la deshidratación, alergias o, paradójicamente, la propia ansiedad de estar haciéndote un test de TikTok.
La buena noticia es que no necesita gastar cientos de euros en tecnología ni obsesionarse con tests virales para cuidar su sistema nervioso. Existen métodos avalados por psicólogos y científicos que estimulan el nervio vago:
- Respiración asimétrica: Al exhalar más lentamente de lo que se inhala, se envían señales a los receptores pulmonares conectados al nervio vago para que bajen las pulsaciones.
- El frío: Lavarse la cara con agua muy fría (un truco que hizo viral Hailey Bieber antes de la Met Gala) activa un reflejo fisiológico de inmersión que dirige la sangre al cerebro y reduce el ritmo cardíaco.
- El sonido: Dado que este nervio pasa por el oído interno y las cuerdas vocales, cantar en voz alta, tararear o escuchar música relajante lo estimula directamente.
No obstante, como precaución, también los expertos advierten que hay personas con el nervio vago “hiperactivo”, una condición médica (síncope vasovagal) que hace que la presión arterial baje demasiado rápido ante estímulos, provocando desmayos. Para ellos, estimular el nervio a la ligera no es buena idea.
La medicina bioelectrónica es una frontera científica apasionante. Es indudable que el nervio vago es la gran autopista que conecta nuestra mente con nuestro cuerpo, y los ensayos clínicos demuestran que, manipulado por manos médicas expertas, puede ayudar a pacientes con enfermedades graves, desde la epilepsia hasta la artritis. Sin embargo, el mercado del bienestar se ha adelantado apresuradamente a la ciencia. Vender la idea de que un pequeño gadget pegado al cuello va a borrar de un plumazo el estrés del siglo XXI, el insomnio y la fatiga es, hoy por hoy, un ejercicio de marketing más que de medicina.
Como bien resume The Conversation, el mensaje clave debe ser “precaución sin cinismo”. El nervio vago es real y su cuidado es importante. Pero hasta que los dispositivos de consumo logren alcanzar el rigor de los ensayos clínicos, quizás lo más inteligente para su salud —y para su bolsillo— sea apagar el móvil, dar un paseo por la naturaleza y, simplemente, respirar profundo.
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Muere Dick Parry, emblemático saxofonista de Pink Floyd, a los 83 años
Dick Parry, el emblemático saxofonista del grupo de rock psicodélico Pink Floyd, murió la mañana del pasado viernes a los 76 años de edad, informó el guitarrista de la banda, David Gilmour, en una publicación en redes sociales donde recordó su pasión por la música desde la adolescencia y que marcó una era de éxitos como “Shine On You Crazy Diamond“.
Gilmour no precisó las causas del fallecimiento, pero sí destacó que ambos compartieron escenario durante la giras como On An Island y en el festival Live 8 de 2005, cuando Pink Floyd se reunió con el exlíder y bajista Roger Waters para dar un concierto después de más de 20 años de ruptura.
“Desde que tenía 17 toqué en bandas con Dick al saxofón”, recordó en la publicación. “Su sensibilidad y timbre hacen que su forma de tocar el saxofón sea inconfundible, un sello distintivo de enorme belleza conocido por millones y que constituye una parte fundamental de canciones como Shine On You Crazy Diamond, Wish You Were Here, Us and Them y Money“, agregó.
Asimismo, compartió una serie de fotografías donde se puede ver a ambos músicos desde la época de 1963, en la reunión de Pink Floyd de 2005 y en las giras de sus proyectos solistas.

Pink Floyd se formó en 1965, integrada por Syd Barret (quien después fue reemplazado por Gilmour), Roger Waters, Richard Wright y Nick Mason. A lo largo de los años, la formación de la banda cambió, dejando atrás a sus entonces líderes Syd Barret (1968) y Roger Waters (1985).
Aunque nunca fue considerado un miembro oficial de la alineación, Parry imprimió un sello característico en las composiciones de la banda desde el aclamado Dark Side of The Moon (1973) y a través de otros álbumes como Wish You Were Here (1975) y The Division Bell (1994), además de participar en las giras mundiales de la banda.
El álbum Dark Side of The Moon les valió el reconocimiento como uno de los grupos más exitosos e importantes de la música pop. El álbum permaneció en la lista Billboard Top 200 más tiempo que cualquier otro de la época.
Por otro lado, The Wall de 1979 consolidó al grupo de rock como “exponentes de una visión distintamente oscura”, según reconoce la revista especializada Rolling Stone.
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En 1967 Canadá construyó viviendas futuristas como piezas de Lego. Medio siglo después siguen sin saber cómo repararlas
Cuando Moshe Safdie diseñó Habitat 67 siendo estudiante de arquitectura, tuvo una idea revolucionaria: utilizó miles de piezas de Lego para probar cómo podían encajar los módulos de viviendas en tres dimensiones. Décadas después, el propio arquitecto seguía recordando que llegó a vaciar tiendas enteras de Lego en Montreal para construir las maquetas. Y quizás ahí estaba el problema.
Reinventar la vivienda a lo Lego. A comienzos de los años 60, las ciudades occidentales estaban atrapadas entre dos modelos que parecían inevitables: enormes bloques de apartamentos impersonales o interminables suburbios dependientes del coche. Un joven estudiante de arquitectura llamado Moshe Safdie creyó que existía una tercera vía.
Su idea era aparentemente simple y radical al mismo tiempo: construir viviendas prefabricadas apilando módulos de hormigón como si fueran piezas gigantes de Lego, de forma que cada familia pudiera tener luz, terraza, vegetación y sensación de casa individual dentro de una gran estructura urbana. El proyecto terminó convirtiéndose en Habitat 67, el gran icono futurista de la Expo de Montreal. Lo que Canadá presentó al mundo como el futuro definitivo de las ciudades acabó siendo una de las obras arquitectónicas más fascinantes y problemáticas del siglo XX.
Habitat 67 era una utopía. La imagen del edificio sigue pareciendo futurista incluso hoy: 354 enormes módulos de hormigón prefabricado, cada uno de unas 90 toneladas, apilados en formas irregulares sobre una península artificial frente al río San Lorenzo. Safdie estaba obsesionado con resolver un problema que consideraba central para el futuro urbano: cómo mantener la densidad de la ciudad sin sacrificar la privacidad, la naturaleza y la sensación de hogar.
Su lema era “For everyone a garden”. Cada apartamento debía tener jardín propio, ventilación cruzada, vistas abiertas y calles peatonales elevadas en lugar de pasillos cerrados. La inspiración venía tanto de las viviendas pueblo del suroeste estadounidense como del metabolismo japonés que contamos hace unos días, un movimiento arquitectónico que imaginaba edificios formados por células modulares capaces de crecer y reorganizarse como organismos vivos.


El gran problema: hacerlo barato. La paradoja de Habitat 67 es que nació precisamente para abaratar vivienda urbana… y terminó costando muchísimo más de lo previsto. Safdie imaginó que la prefabricación industrial permitiría fabricar apartamentos en cadena con rapidez y eficiencia, pero la realidad fue muy distinta. El complejo requería un sistema de ensamblaje extremadamente sofisticado, una fábrica instalada dentro de la propia obra, grúas gigantescas y conexiones técnicas complejísimas entre módulos.
Cada caja debía salir de fábrica prácticamente terminada, con ventanas, cableado, baños y cocinas incorporadas antes de ser elevada hasta su posición definitiva. La reducción del proyecto original (de 1.200 viviendas previstas a apenas 158) disparó todavía más los costes. El experimento pensado para democratizar la ciudad terminó convirtiéndose en un complejo demasiado caro incluso para la clase media que pretendía atraer.


Aparecen las goteras y el moho. Con el paso del tiempo apareció el otro gran enemigo de Habitat 67: el agua. La estructura escalonada llena de terrazas, jardines y uniones entre módulos generó una pesadilla de impermeabilización. El hormigón comenzó a sufrir filtraciones constantes en el clima extremo de Montreal y el agua acabó penetrando en muros y sistemas de ventilación. Algunos residentes denunciaron problemas graves de humedad y moho durante años.
Las reparaciones nunca fueron sencillas porque el edificio no funciona como un bloque convencional: cada módulo forma parte estructural de un entramado tridimensional extremadamente complejo. Medio siglo después, las restauraciones siguen siendo casi quirúrgicas. En la gran rehabilitación realizada para el 50 aniversario hubo que desmontar capas exteriores, volver a aislar enormes superficies y rediseñar sistemas completos para proteger la estructura de los inviernos canadienses.
De sueño social a símbolo de élite. Otra de las ironías más llamativas de Habitat 67 es su evolución social. Lo que nació como manifiesto de vivienda urbana accesible terminó transformándose en una de las direcciones más exclusivas de Montreal. Los alquileres originales ya eran prohibitivos en los años 60 y la privatización posterior convirtió los apartamentos en propiedades de lujo.
Hoy algunas unidades alcanzan precios millonarios y los costes de mantenimiento mensual son altísimos. La “ciudad para todos” acabó siendo un enclave para élites culturales, empresarios y amantes de la arquitectura. Sin embargo, incluso sus críticos admiten que el edificio logró algo extraordinario: demostrar que la vivienda densa podía ser emocionalmente distinta a los bloques repetitivos que dominaron el urbanismo moderno.
Nunca murió del todo. Lo más fascinante es que, pese a todos sus problemas, Habitat 67 continúa ejerciendo una influencia gigantesca sobre arquitectos y urbanistas. Décadas después sigue inspirando proyectos modulares, complejos aterrazados y nuevas ideas sobre cómo combinar densidad urbana y calidad de vida. Incluso las herramientas digitales actuales han resucitado el proyecto original nunca construido.
En los últimos años, Safdie Architects y Epic Games recrearon virtualmente el gigantesco “Project Hillside” que el gobierno canadiense recortó por falta de dinero en los años 60. Gracias a Unreal Engine, drones y modelos hiperrealistas, el arquitecto pudo recorrer por primera vez la versión completa de la ciudad modular que había imaginado de joven.
Hay algo profundamente simbólico en esa estampa: Habitat 67 fue tan ambicioso que ni siquiera la tecnología de su tiempo podía hacerlo plenamente viable. Quizá por eso sigue fascinando hoy. Porque parece una reliquia del pasado… pero también una visión de un futuro urbano que todavía no sabemos cómo construir sin que se venga abajo a base de filtraciones, costes disparatados y reparaciones eternas.
Imagen | Parcours riverain – Ville de Montréal, Thomas Ledl, Vassgergely
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