Musica
La noche que confirmó el amor entre México y el artista
Lo que necesitas saber:
Después de seis años de espera, Lenny Kravitz regresó a México para confirmar el amor que siente por nuestro país, su gente y cultura.
¿Cuántas veces no hemos escuchado que un artista o banda dice que ama a México? Es la frase de cajón para ganarse al público cuando tocan por acá. Sin embargo, hay casos que confirman que en efecto, quieren mucho a nuestro país y nos demuestran que no lo dicen nomás porque sí. Uno de ellos es Lenny Kravitz, quien lo dejó claro durante su show en el Palacio de los Deportes.
En 2018, el músico, productor, cantautor, fotógrafo, actor y modelo estadounidense vino a nuestro país para presentar su decimoprimer material discográfico, Raise Vibration. Desde entonces, Lenny no había regresado a tierra azteca para dar conciertos en forma. Aunque eso sí, ha venido en varias ocasiones a la capital chilanga.


De entrada lo vimos dando el rol por colonias como Mixcoac y hasta grabó un video para promocionar un sencillo en un puesto callejero de hamburguesas de la Escandón. Incluso estuvo presente en los dos conciertos que Paul McCartney dio en el antiguo Foro Sol. En pocas palabras, Lenny Kravitz está más presente en la Ciudad de México que en otras partes del mundo.
Sin embargo, por más que nos emociona que ande seguido en la misma ciudad que nosotros, no se veía para cuándo lo volveríamos a ver dando un show en vivo de este lado de la frontera. Y afortunadamente, con el lanzamiento de su más reciente disco, Blue Electric Light, Lenny regresó a la capital chilanga para demostrar por qué quiere tanto esta tierra, a tal grado de considerarla su segundo hogar.


Lenny Kravitz regresó a la CDMX para dar un conciertazo de aquellos
Desde antes de entrar al concierto (e independientemente de que había otro show enfrente), se sentía el ambiente rockero para Lenny Kravitz en las calles cercanas al venue. Y es que además de las playeras y demás merch, vimos a varias personas vestidas con pelucas y toda la cosa que daban la pinta de que ahí andaba entre nosotros los simples mortales.
Eso sí, a pesar del ambiente y demás, algo que no estuvo tan cool es que el concierto inició tardecito. Se suponía que Lenny saldría a las 8.30, pero por razones que desconocemos, todo empezó hasta las 9:15 de la noche. De cualquier manera, Kravitz compensó todo ese tiempo de espera con un showsazo de aquellos.
Con un solo de guitarra de fondo, apareció Lenny Kravitz acompañado de su banda y sin decir “agua va”, comenzó una noche mágica en el Palacio de los Deportes. Kravitz no se guardó absolutamente nada, pues desde el inicio nos puso en el mood con “Are You Gonna Go My Way”, un temazo en toda la extensión de la palabra, ideal para arrancar con el concierto.
El show continuó y nomás no se veía cuándo sería el momento en el que Lenny hablara con sus fans. Sin embargo, antes de arrancarse con “TK421” (donde por cierto, se lució pegándole durísimo al bajo), dijo lo siguiente para emocionar a todo el mundo: “Bienvenidos, sean libres esta noche”. Y vaya que así se sintió su presentación, como un instante para desconectarnos y disfrutar de la música junto a él.
Y es que es impresionante lo que Lenny Kravitz provoca. No necesita ni cantar o tocar para emocionar al público. Solo basta con que se pare en el escenario para que la gente se vuelva loca. Su presencia es más que suficiente y eso es algo que muy pocos artistas en la actualidad pueden causar en una multitud, una muestra de lo grande que es.
“Ciudad de México, reserve lo mejor para el final” dijo Lenny en inglés, antes de aventarse las siguientes palabras en un español más perfecto y perfecto que el del ‘Tuca’ Ferretti o ‘Zague’: “Estoy muy feliz de estar aquí con ustedes, todos juntos somos energía, somos vida, somos amor. Significa tanto para mí, muchas gracias, los amo”.


La magia y el amor indescriptible que existe entre un artista y sus fans
“Entonces, empecemos esta celebración agradeciendo a Dios”, mencionó Lenny Kravitz antes de tocar “I Belong to You”. A partir de aquí, la cosa se puso más sentimental y prueba de ello fue “Stillness of Heart”, donde el músico intentó que todo el público cantara el coro al principio. Y aunque le costó trabajo que le agarraran la onda, logró que el Palacio de los Deportes coreara esa parte.
Pero no solo eso, Lenny también aprovechó para bajar a saludar a sus fans que llevaban años esperando su regreso. Que agradable sujeto, verdaderamente, aunque no fue la única vez que hizo esto. El grito de “Lenny, Lenny” no se hizo esperar, a lo que el músico contestó –también gritando de nuevo en español–: “Los amo, México”.
Pero el momento más emotivo de la noche fue cuando el público le empezó a gritar “Lenny, hermano, ya eres mexicano”, pues Kravitz se arrodilló frente a todo el Palacio de los Deportes para recibir humildemente el cariño de todos los presentes. Me atrevo a decir que pocas veces he visto tanto afecto entre un artista y sus fans, es algo indescriptible que te pone la piel de gallina.
Con “Low” se puso el ambiente sexy en el concierto, pues Lenny Kravitz se aventó unos pasitos prohibidos bastante sugerentes que claro, hicieron que sus fans pegaran el grito de la emoción (sobre todo las mujeres, jeje). La onda bailable siguió con “The Chamber”, donde de nuevo, el músico de 60 años nos dejó claro que sigue rockeando y prendiendo a quien sea que tenga enfrente.
En “Always on the Run”, Lenny presentó a su banda (a la que llamó su familia) y vaya que también se merecen un aplauso de pie. Más allá de ser unos musicazos de primer nivel, son capaces de seguirle el ritmo a Kravitz y darse cuenta del feeling que trae mientras está en el escenario. Y por supuesto que el público del Palacio de los Deportes los ovacionó como se debía, gritándoles y aplaudiéndoles como si ellos fueran las estrellas, algo que en años de ir a conciertos y festivales, jamás había checado.
Luego de regresar a 1991 hasta la época de Mamma Said, uno de los discos favoritos de Lenny Kravitz (dicho por él mismo), comenzó una montaña rusa de emociones que nos llevó desde lo romántico y nostálgico con temazos como “It Ain’t Over ‘Til It’s Over” y “Again”, hasta despeinarnos a punta de guitarrazos con su cover de “American Woman” y por supuesto, “Fly Away”.
Un último momento de amor entre Lenny y el público mexicano
Al ritmo de “Human”, Lenny terminó la primera parte de su presentación y salió un rato del escenario, mientras sus fans impacientes hacían ruido para lograr que saliera de nuevo a tocar aunque sea una rola más. Y lo consiguieron, pues Kravitz no solo regresó para tocar otra canción, también para darnos otro mensaje sobre su amor y respeto por este país.
Durante la charla que tuvimos en exclusiva con Lenny Kravitz (por acá pueden checar la plática completa), nos contó que hay varias razones por las que viene cada que puede a la CDMX. Entre otras cosas, nos dijo que le resulta familiar el ambiente de la ciudad, tanto así que se siente en casa. Sin embargo, durante el concierto, confesó más motivos por los que le encanta este país.
“México, esto significa mucho para mí. Desde el inicio han estado conmigo, me han dado vida, me han dado un propósito y ustedes han abrazado mi música así como amplificado el amor en ella (…) Siento el amor y el corazón de la gente mexicana, son sumamente hermosos, su cultura, su autenticidad. Así que gracias”.
Después de brindar con un trago del sotol de su marca, saludar a sus amigos de Chihuahua (donde se produce la bebida) y agradecer ese pequeño pedazo de nuestra cultura, Lenny Kravitz pidió que nos tomáramos un momento para sentir el amor que estaba en el aire y dárnoslo entre todos los que andábamos en el show.
“Let Love Rule” fue la rola con la que Lenny se despidió, una oda al cariño (muy similar a lo que ocurre cuando Paul McCartney toca “Hey Jude” en vivo) que nos dejó con la boca completamente abierta. No solo por cómo la coreó la gente durísimo, sino por lo que hizo el propio Kravitz en esta canción, pues decidió bajarse una vez más del escenario y esta vez a una escala mayor.
Lenny Kravitz le dio la vuelta completa a la pista del Palacio de los Deportes caminando, para saludar a todos los que pagaron un boleto para ir a verlo y claro, para sentir de primera mano el amor de sus fans mexicanos. Incluso tenía una plataforma detrás de la cabina de video a la que se subió para que el público más alejado pudiera verla un poquito más de cerca.
Con el afecto y la emoción a tope durante casi 25 minutos, Lenny acabó su show. Aunque eso sí, no sin antes recordarnos una última vez más que quiere mucho a este país y que al parecer, no tardará mucho en regresar a esta tierra: “México, los amo. Nos vemos muy pronto”. Esas fueron las palabras finales de Kravitz y con lo que demostró esta noche, nos queda muy claro que no miente, verdaderamente está enamorado de nuestro país.
Setlist de Lenny Kravitz en el Palacio de los Deportes
- “Are You Gonna Go My Way”
- “Minister of Rock ‘n Roll”
- “Bring It On”
- “TK421”
- “I’m A Believer”
- “I Belong to You”
- “Stillness of Heart”
- “Believe”
- “Paralyzed”
- “Low”
- “The Chamber”
- “Always on the Run”
- “It Ain’t Over ‘Til It’s Over”
- “Again”
- “American Woman” (cover de The Guess Who)
- “Fly Away”
- “Human”
- “Let Love Rule”
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Los Pericos dejan en Guadalajara un pedazo de su historia
Entre los gritos de los pájaros, vegetación de la jungla, aleteos de cotorros y guacamayas, el grupo argentino Los Pericos enterraron fragmentos de su pasado y de su historia la mañana de este lunes en el aviario del Parque Agua Azul de Guadalajara, en un gesto de agradecimiento a la ciudad donde tuvieron muchos de sus conciertos más importantes, y como un gesto a futuro: la música los trascenderá y los sobrevivirá, pues cuando ya no quede ninguno de ellos vivo en este mundo, las canciones de Los Pericos seguirán siendo cantadas en América Latina.
Como parte de su nuevo material discográfico, “Inmortal”, los Pericos realizaron el acto simbólico de dejar una cápsula del tiempo, resguardando objetos de valor sentimental, mensajes e imágenes que capturan el instante que la banda vive ahora, pero que también recopilan el universo sonoro que han construido desde hace décadas: diez canciones inéditas que, en un testimonio vivo, fueron resguardadas en el aviario del Agua Azul, y que en medio siglo, esperan sea redescubierto, resignificado y sentido por nuevas generaciones.
“Escogimos Guadalajara porque es la primera ciudad que nos recibió después de que nos volvimos masivos. Tenemos una conexión tremenda con el público acá, tremenda”, asegura Willie Valentinis, conversando con EL INFORMADOR. “Después, el Parque Agua Azul porque tocamos muchas veces en la Concha Acústica; es un lugar emblemático para nosotros. De los shows más lindos que hicimos en México fueron acá. Y después tenían el aviario, que era un lugar ideal para la cápsula del tiempo. Es un poco como preservar para el futuro. Es un mensaje hacia el futuro: preservación de la Tierra, semillas, nuestra música que nos va a trascender, etcétera. Y justo lo que hacen acá es eso: conservar cosas para las futuras generaciones; aves, plantas, mariposas. Es un pulmón dentro de la ciudad”.

“Eso es muy importante y nosotros estamos muy agradecidos de que nos hayan permitido dejar acá la cápsula del tiempo, la verdad. Les gustó la idea y nos pareció un lugar hermoso para hacerlo”.
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Con cuatro décadas de trayectoria, Los Pericos miran hacia el futuro con este acto simbólico de la cápsula del tiempo; al respecto de cómo esperan ser recordados en medio siglo, luego de cuarenta años de granjearse el amor de fanáticos de todas las edades y de todas las generaciones, el guitarrista Juan Alfredo Baleiron dice que han entregado al tiempo canciones accesibles, para todos, que espera superen la prueba del mismo tiempo. Hasta ahora lo han conseguido: cuatro décadas no las consigue cualquiera.
“Si la música es buena, no importa. Hoy escuchamos música de hace siglos y está igual de buena. No importa el género, la moda actual, lo que escuchen los chavos o la gente más grande. Si está bueno, está bueno. Y creo que ya con 40 años de carrera creemos que esas canciones van a quedar bien. Dentro de 50 años van a seguir siendo fáciles de escuchar, entendibles y lindas, porque son lindas”, compartió.
Casi medio siglo después, para Juan Alfredo Baleiron y Willie Valentinis sigue siendo sorpresivo cómo llegaron hasta donde están hoy, después de haber iniciado este camino sin más aspiración y esperanzas que las de crear música. Es decir: todo lo demás ha sido inesperado. “Nomás dijimos, hay que hacer música y ver qué ocurre. Pero incluso hoy nos pasa eso también“, dice Diego. “Siempre hacer un disco nuevo es ver qué ocurre, si a la gente le va a gustar. No casarte con tu pasado y decir lo que quieres decir hoy. El disco es una foto de un momento musical tuyo. Entonces hay canciones que han pasado el tiempo y están mejor que nunca, y canciones que tal vez ya no te representan tanto. Es lo que pensabas en ese momento. Estas canciones son lo que nosotros queremos dejar para el futuro de este momento. Hay canciones como “La Tierra”, que tiene un mensaje ecológico, canciones de amor o invitados con los que siempre quisimos colaborar, como Sabino. Pero la música de un disco siempre es una fotografía musical de lo que vive el grupo en ese momento”.

En la misma línea, los músicos reconocen que, aunque ya no son las mismas personas que crearon las canciones de hace décadas, han disfrutado contemplar la música como un espejo de lo que alguna vez fueron, de lo que han sido, de lo que son hoy. “Las canciones pasan por muchas etapas. Más allá de lo lindas que sean o de cuánto nos gusten, te marcaron en un momento y las tocaste mucho. Por ahí te cansaron. Después las vuelves a escuchar desde otra perspectiva”, dice Juan Alfredo Baleiron. “Quizás cuando uno es más joven, con los éxitos reniegas un poco: “Ay no, esta canción la escucha todo el mundo”. Y después te amigás y lo disfrutás porque uno madura, crece y amplía la percepción de uno mismo, de lo que hizo y de cómo era”.
“A veces, cuando eres más joven, ves una foto de cuando eras niño y te incomoda. Ya cuando res más grande decís: “Qué lindo todo lo que viví, todo lo que hicimos”. Nosotros hicimos todo convencidos, nos gustara más o menos. No tenemos nada de lo que realmente nos arrepintamos. Todo lo que hicimos lo hicimos con ganas, inspirados. Hay canciones que con el paso del tiempo se pusieron mejor y otras que quedaron un poco perdidas, pero a todas les pusimos mucho amor y ganas”.
La banda agradece al gobierno municipal
Por último, Los Pericos agradecieron al Gobierno de Guadalajara por las facilidades que les concedieron para llevar a puerto este proyecto que es significativo para ellos como banda, como memoria del tiempo, y como agradecimiento a una ciudad a la que le tienen afecto, y que los recibió de brazos abiertos desde siempre. Guadalajara no es la única ciudad en la que Los Pericos dejarán cápsula, pero sí tendrá ese pedacito de memoria, esa tiempo enterrado de lo que han sido.
“Guadalajara ha sido espectacular. De entrada dijeron que sí. Para nosotros este espacio es importante porque la Concha Acústica es un sitio muy emblemático en nuestra carrera, donde hicimos cinco o seis conciertos muy grandes. Y también tiene una parte natural que nos gustaba mucho. Todas las cápsulas las fuimos dejando en lugares emblemáticos de cada ciudad, que tengan relación con la ecología y con todo eso. En Mendoza dejamos una en una montaña; en Salta será en el Tren de las Nubes; y acá, en este parque. Entonces todo eso nos parecía importante, y dijeron que sí enseguida. Así que estamos muy agradecidos”, finalizó Willie Valentinis.
“Inmortal” marca además el regreso de la banda a un disco de canciones inéditas, consolidando así un presente que respeta su legado y lo proyecta hacia un futuro.
- Corazón Cristal Ft. Abel Pintos
- Amor Bonsai Ft. El Plan de la Mariposa
- Los Latidos Ft. Denny Denan (Timbalada)
- Inquilino en el Espacio Ft. Facundo Soto (Guasones)
- La Tierra Ft. Néstor Ramljak (Non palidece)
- Inmortal Ft. Sabino
- Baila el cielo
- Corre
- Soledad
- La Verdad

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Música: Miles Davis: el arquitecto del jazz moderno
El 26 de mayo se cumplen cien años del nacimiento de Miles Dewey Davis III, el trompetista estadounidense que transformó el jazz y que redefinió la manera en que la música moderna entiende la innovación. A un siglo de su llegada al mundo, su figura permanece como una de las más influyentes del siglo XX: un artista incapaz de repetirse, obsesionado con anticipar el futuro sonoro incluso cuando eso significaba incomodar a su propio público.
Trompetista, compositor y líder de banda, Davis convirtió cada etapa de su carrera en un punto de inflexión para el jazz. Desde el bebop hasta la fusión eléctrica, su trayectoria -que abarcó cinco décadas- puede leerse como una historia paralela del desarrollo del género durante la segunda mitad del siglo pasado.
Un oído formado entre tradición y cambio
Miles Davis nació en Alton, Illinois, el 26 de mayo de 1926, aunque creció en East St. Louis dentro de una familia afroamericana de clase media acomodada.
Su entorno familiar estuvo marcado por la música desde temprana edad: su madre tocaba el violín y su hermana interpretaba piezas clásicas al piano, mientras que el gospel, el blues y el jazz entraban en su vida a través de la radio, la iglesia y los viajes familiares.
A los diez años recibió su primera trompeta, regalo que definiría su destino. Bajo la guía del trompetista Elwood Buchanan, comenzó a desarrollar un estilo poco convencional, alejado del virtuosismo explosivo dominante en la época. Buchanan insistía en evitar el vibrato excesivo, una enseñanza que terminaría moldeando el sonido íntimo y contenido que caracterizaría a Davis durante toda su carrera.
El propio músico recordaría años después la influencia decisiva de su mentor Clark Terry. “La influencia principal que recibí debe haber sido Clark Terry… íbamos a una jam y el lugar se llenaba en diez minutos. Venía a mi casa, pedía permiso a mi padre y me llevaba a tocar desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana”.
Aquellas sesiones marcaron su formación práctica mucho más que cualquier aula.
Nueva York y el nacimiento del jazz moderno
En 1944, con apenas 18 años, Davis se mudó a Nueva York para estudiar en la Juilliard School. Sin embargo, su verdadera educación ocurrió fuera de las clases, en los clubes nocturnos de la Calle 52, donde el bebop estaba revolucionando el lenguaje musical.
Allí conoció a figuras clave como Charlie Parker y Dizzy Gillespie, quienes lo integraron a la nueva corriente musical. Davis describió aquel encuentro decisivo con humor y asombro. “Ni siquiera reconocí a Dizzy cuando me preguntó si tenía carnet del sindicato. Yo solo quería escucharlo tocar, pero terminé subiendo al escenario”.
La experiencia confirmó que su aprendizaje debía darse dentro del movimiento creativo que estaba transformando el jazz.
De “Birth of the Cool” al cambio constante.
A finales de los años cuarenta, Davis reunió un noneto con una instrumentación inusual que incluía trompa y tuba. Aunque las grabaciones iniciales pasaron desapercibidas, posteriormente serían publicadas como “Birth of the Cool” (1957), obra fundamental que dio nombre al cool jazz y abrió una nueva sensibilidad sonora menos frenética que el bebop.
Davis continuó cambiando de rumbo. Tras el cool jazz llegó el hard bop, donde recuperó la energía del rhythm and blues; después, el jazz modal, basado en escalas más que en progresiones armónicas tradicionales. Este periodo produjo obras esenciales como “Milestones” (1958) y el legendario “Kind of Blue” (1959), considerado uno de los discos más influyentes de la historia.
Piezas como “So What”, “All Blues”, “Blue in Green”, “Solar” y “Four” muestran la amplitud estética de su obra y explican por qué su música sigue siendo objeto de estudio.
El riesgo eléctrico y la incomprensión
A finales de los años sesenta, fascinado por el rock, el funk y el soul, Davis volvió a romper expectativas al incorporar instrumentos eléctricos y ritmos más agresivos. Álbumes como “In a Silent Way” (1969) y “Bitches Brew” (1970) marcaron el nacimiento del jazz fusión.
La decisión provocó rechazo entre sectores puristas del jazz, que consideraron su electrificación una traición. Sin embargo, el tiempo consolidó esas grabaciones como una expansión definitiva del género.
Su capacidad para adelantarse a las tendencias fue constante: mientras muchos músicos perdían impulso creativo con los años, Davis seguía reinventándose.
Retiro, regreso y apertura al hip-hop
En 1975 se retiró temporalmente debido a problemas de salud y adicciones. Durante cinco años permaneció alejado de la vida pública, hasta regresar en 1980 con una nueva etapa creativa marcada por la exploración tecnológica y sonora.
Incluso en sus últimos años se mantuvo atento a nuevas corrientes musicales. Su álbum final, “Doo-Bop” (1991), incorporó elementos del hip-hop, anticipando el diálogo entre jazz y cultura urbana que se volvería común décadas después.
No es casual que artistas como The Roots, Mobb Deep, Notorious B.I.G., Outkast o Queen Latifah hayan sampleado su música, confirmando su influencia más allá del jazz.
El legado de una mente adelantada
Miles Davis falleció el 28 de septiembre de 1991 en Santa Mónica, California, a los 65 años, tras complicaciones derivadas de enfermedades respiratorias, un accidente cerebrovascular y neumonía. Su último disco fue publicado de manera póstuma, cerrando una carrera marcada por la búsqueda constante.
Dueño de un sonido irrepetible
El sonido de la trompeta de Davis -frecuentemente interpretada con sordina Harmon- se distinguía por su lirismo, frases breves y una intensidad introspectiva que contrastaba con el virtuosismo dominante. Su estilo demostraba que la emoción podía surgir tanto del silencio como de la nota.
A lo largo de su trayectoria, convivió creativamente con gigantes del género, entre ellos Louis Armstrong, Duke Ellington, Charlie Parker y John Coltrane, formando parte del reducido grupo de artistas que redefinieron el rumbo del jazz y lo dotaron de una expresividad que rompió moldes.
El líder que construía sonidos colectivos
Parte del mito de Miles Davis reside en su habilidad para reunir músicos excepcionales y convertirlos en catalizadores de nuevas ideas. Aunque la autoría de algunas composiciones ha sido discutida -como el caso de “Blue in Green”, frecuentemente asociado al pianista Bill Evans- el resultado final siempre llevaba su sello artístico.
Más que imponer, Davis dirigía mediante la escucha y la intuición, nutriéndose de la creatividad colectiva para construir un sonido propio.
Cinco discos para entender su carrera
“Birth of the Cool” (1957)
El álbum que dio nombre al cool jazz. Davis rompió con la velocidad frenética del bebop y apostó por arreglos más sofisticados, atmósferas contenidas y un sonido elegante que cambiaría el rumbo del jazz moderno.
“Milestones” (1958)
Disco puente hacia el jazz modal. Aquí comenzó a abandonar las progresiones armónicas complejas para explorar estructuras más abiertas basadas en escalas, anticipando su obra maestra del año siguiente.
“Kind of Blue” (1959)
Considerado el disco de jazz más influyente de todos los tiempos. Con John Coltrane, Bill Evans y Cannonball Adderley, Davis creó una obra accesible, introspectiva y revolucionaria. Incluye clásicos como “So What” y “All Blues”.
“Sketches of Spain” (1960)
Su etapa más experimental y orquestal junto al arreglista Gil Evans. Fusionó jazz, música clásica y sonidos españoles en una obra atmosférica y cinematográfica encabezada por una reinterpretación del “Concierto de Aranjuez”.
“Bitches Brew” (1970)
El disco que detonó el jazz fusión. Davis incorporó instrumentos eléctricos, rock, funk y largas improvisaciones colectivas. Fue polémico en su momento, pero redefinió el jazz contemporáneo e influyó en generaciones posteriores.
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Zapopan convierte sus plazas en escenario musical para celebrar la quinta Fiesta de la Música
La música tomó las calles de Zapopan y convirtió el centro del municipio en una celebración colectiva. Desde temprana hora del sábado, miles de personas comenzaron a reunirse entre la Plaza de las Américas, el Andador 20 de Noviembre y las inmediaciones de la estación Zapopan Centro de la Línea 3, donde se realizó la quinta edición de la Fiesta de la Música Zapopan 2026.
La jornada que se extendió desde las 17:00 horas hasta la medianoche. Familias, jóvenes, parejas y grupos de amigos caminaron entre escenarios, puestos de arte y zonas de convivencia mientras el sonido de guitarras, metales y percusiones se mezclaba con el bullicio de la noche.
La edición 2026 contó con cuatro escenarios principales: Máxima Red Cola, Cultura Fest, Cultura UDG y Juventudes Zapopan, además de dos espacios complementarios donde hubo música tradicional, banda pop y karaoke. La propuesta reunió tanto a artistas emergentes como a agrupaciones con trayectoria, consolidando un cartel diverso que apostó por distintos géneros y públicos.
Entre las bandas y proyectos que formaron parte del festival destacaron Mexican Balkan Orkestar, Circo Kandela, Cruda Mata, The Tropikal Yeah! y Sr. Fillips, además de presentaciones de artistas como Paulina Jiménez, Montenegro, Silent Noir y Navit. El programa también incluyó a Apolinar, Dínamo, Habitantes, Metal Miura, Fonemics y Gargamel, entre otros proyectos locales y nacionales.
A lo largo de la tarde y la noche, el ambiente cambió constantemente de ritmo. En un escenario predominaban las fusiones balcánicas y tropicales; metros adelante aparecían propuestas de rock, rap o metal. Mientras algunos asistentes bailaban frente a las tarimas, otros recorrían el bazar de emprendedores, observaban piezas de arte urbano o participaban en dinámicas culturales instaladas en distintos puntos del centro zapopano.
La Fiesta de la Música, iniciativa que se celebra en más de 120 países, busca democratizar el acceso a la cultura y recuperar el espacio público a través del arte sonoro. En Zapopan, el festival también integró actividades complementarias como expoventa de arte, brigadas culturales y talleres impulsados por el Instituto de las Juventudes.
Uno de los aspectos que marcó esta edición fue el enfoque en accesibilidad universal. El evento contó con intérpretes de Lengua de Señas Mexicana y adecuaciones para personas usuarias de silla de ruedas, con el objetivo de ampliar el acceso a las actividades y reforzar el carácter incluyente del encuentro.
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