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Ya no son unos chavos: Así han cambiado los miembros de Arctic Monkeys con el paso del tiempo

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La primera década de los 2000 fue increíble para el rock, pues surgieron bandas grandiosas alrededor del mundo. Sin embargo, en el Reino Unido y directamente de la ciudad de Sheffield aparecieron cuatro jóvenes que sin pensarlo, se convertirían en una de las agrupaciones más importantes de los últimos tiempos. Sí, por supuesto que hablamos de los Arctic Monkeys, quienes llegaron para armar toda una revolución dentro de la industria musical y convertirse en la voz de su generación.

Después de varios años haciéndose de un nombre en la escena independiente británica y convertirse en una de las primeras bandas en “impulsar” su carrera gracias al internet y a plataformas como MySpace, en 2006 sacudieron al planeta con su disco debut, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not. Tan solo un año después se consolidaron con su segundo álbum, Favourite Worst Nightmare pero vaya que dejaron a muchos con el ojo cuadrado cuando salió a la luz su tercer material discográfico, Humbug, pues en él adoptaron un sonido totalmente diferente al que los caracterizaba, dividiendo a los fans que los siguieron desde sus inicios.

Arctic Monkeys anuncian detalles nuevo disco 'The Car'
Foto: Zackery Michael

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Los Arctic Monkeys han cambiado (físicamente) y mucho con el paso de los años

Más tarde vendría Suck It And See, en donde una vez más, los Arctic Monkeys demostraron que la evolución es una constante para ellos. Sin embargo, para 2013 llegaría el disco quizá más exitoso –a nivel comercial de los de Sheffield–, el AM, con el cual se convirtieron en una de las bandas más grandes de todo el planeta. Pero como ya lo mencionábamos antes, ellos no se quedan estancados y en 2018 estrenaron Tranquility Base Hotel & Casino que de nuevo, causó polémica entre sus seguidores de hueso colorado.

En 2022, la agrupación regresó con The Car, un disco en el que vuelven a experimentar con su sonido y que sin duda, nos emociona porque gracias a este álbum los tendremos de vuelta en México. Sin embargo, los cambios no solo los hemos escuchado a nivel musical, pues es evidente que Alex Turner, Matt Helders, Nick O’Malley y Jamie Cook no son los mismos chavitos que tocaban “I Bet You Look Good on the Dancefloor”. Es por eso que acá repasaremos cómo han evolucionado –físicamente– cada uno de los integrantes con el paso del tiempo.

Matt Helders

Empecemos con Matt Helders, quien sin duda fue una de las piezas fundamentales para que los Arctic Monkeys se convirtieran en la banda que son en la actualidad. Y cómo no, si su creatividad, versatilidad, precisión y potencia con la bataca lo convirtieron en uno de los mejores exponentes del instrumento dentro del rock. Ahora sí que el apodo de “agile beast” le queda a la perfección, porque eso es, una bestia cuando se sienta detrás del bombo.

Sin embargo, más allá de su trabajo con los AM, Matt también ha tocado la bataca para otros artistas y proyectos como Iggy Pop, Lady Gaga, The Last Shadow Puppets, Toddla T y Mongrel (la banda de Andy Nicholson, exbajista de la agrupación). Por si esto no fuera suficiente, Helders ha producido a bandas como Good Cop Bad Cop y quizá no lo sabían, pero también es fan de la música electrónica. Es más, lanzó un álbum de mezclas en 2008 y ha armado remixes para artistas como The Hives, Roots Manuva, Duran Duran, Paul Weller y más.

Así han cambiado los miembros de Arctic Monkeys con el paso del tiempo
Fotos: Getty Images

Jamie Cook

Ahora vamos con Jamie Cook, un miembro infravalorado que quizá no se roba los reflectores, pero es muy importante para entender el camino que siguieron los Arctic Monkeys. Sobre todo en los últimos años, pues ayudó a Alex Turner a desarrollar Tranquility Base Hotel & Casino y supuestamente volvió a la banda en lo que es hoy en día

Jamie es un guitarrista bastante rifado, no es el más carismático pero es efectivo y tiene la capacidad de crear riffs icónicos, los cuales combina con un montón de efectos para darles ese toque especial. A diferencia de sus compañeros, Cook prácticamente solo se dedica a componer y tocar con la agrupación de Sheffield, pues la mayoría de su tiempo lo ocupa para su familia, ya que en 2014 se casó con la modelo Katie Downes y juntos tienen dos hijos: Forrest y Bonnie.

Así han cambiado los miembros de Arctic Monkeys con el paso del tiempo
Fotos: Getty Images

Nick O’Malley

En los inicios de los Arctic Monkeys, Andy Nicholson era el encargado de tocar el bajo. Pero en 2006, Nick O’Malley (quien era bajista de la banda The Dodgems) entró para reemplazarlo (pues Andy se estaba recuperando de la gira que armaron por gran parte de Europa) y a pesar de que pensó que solamente tomaría su lugar durante el tour que se aventaron en Norteamérica, al final, luego de rifarse y tener una gran química con los demás, se quedó como miembro permanente de la banda. Una decisión bastante complicada pero entendible.

Y es que basta con escuchar rolas como “Crying Lightning”, “Do Me A Favour”, “The Hellcat Spangled Shalalala”, “Why’d You Only Call Me When You’re High?” y más para entender por qué se quedaron con Nick, pues sus líneas son una joya y sabe cuándo es el momento perfecto para sobresalir o simplemente tocar para cumplir con las necesidades de la canción. Al igual que Jamie Cook, O’Malley no tiene otros proyectos musicales, pero también está casado y tiene una hija llamada Hearst.

Así han cambiado los miembros de Arctic Monkeys con el paso del tiempo
Fotos: Getty Images

Alex Turner

Por último pero no menos importante, tenemos al frontman de los Arctic Monkeys y obviamente el miembro más famoso de la banda, por supuesto que hablamos de Alex Turner. A diferencia de muchos vocalistas de su generación, en sus inicios no era muy carismático que digamos, pero con el paso de los años agarró confianza y prácticamente se convirtió en un showman sobre el escenario. Aunque también creció a pasos agigantados como músico y compositor, creando rolas simplemente espectaculares que han marcado a millones de personas.

Quizá es el integrante de los AM que ha hecho más cosas fuera de la banda, pues como recordarán junto a su amigo Miles Kane, formó The Last Shadow Puppets. Pero eso no es todo, ya que como solista compuso el increíble soundtrack de la película Submarine y también ha colaborado con artistas como el propio Miles en su proyecto en solitario, Queens of the Stone Age, Reverend and the Makers, Dizzee Rascal, Mini Mansions y Alexandra Savior.

Fotos: Getty Images

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Música: Sin máscaras: Lila Downs canta lo que otros callan

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Para Lila Downs, subirse a un escenario nunca ha sido un acto neutral. En su caso, cantar implica una toma de postura. No solo artística, sino ética.

Desde sus primeras presentaciones, la intérprete entendió que la música podía ser algo más que un refugio emocional: un espacio para nombrar lo que incomoda.

“Siempre el foro musical es para mí una expresión del alma, de lo que uno está pasando como individuo, pero también es importante el contexto. Desde que empecé fui aprendiendo que intuía cosas de mi sociedad, de mi cultura, de la situación política que se está viviendo, y decidí no tratar de enmascararlo”, explica Lila Downs en una charla con EL INFORMADOR

“Porque existe ese lado de la música que pretende decir: ‘Todo está bien y todo va a estar bien’. Y sí, está bien darse esas palmaditas. Pero en la música que yo hago también es necesaria la convicción, entender quién soy yo; en general, quiénes somos las personas, por qué estamos aquí, hacia dónde vamos, quién queremos ser”, agrega.

Esa convicción ha definido su trayectoria. En su obra, la violencia, la migración, el colonialismo o la discriminación no aparecen como consignas, sino como capas de una memoria viva. Su música funciona como un archivo emocional donde lo personal y lo colectivo se entrelazan.

Hija de madre mixteca y padre estadounidense, su identidad es también un territorio en disputa: una mezcla de privilegio, contradicción y resistencia.

“Yo tuve un contexto cultural muy afortunado porque tengo tres culturas importantes que influyen en mí, y hasta más, porque ser méxico-americana es otra forma de existir en la que no siempre se nos legitima. Entonces, cuando yo canto desde esa perspectiva, todavía estoy aguerrida”, explica. 

“A veces me siento no vista. Afortunadamente, en mi identidad indígena como mujer mixteca ya existe un espacio donde se puede dialogar más. Quizá no está completamente aceptado, pero sí es un espacio de conversación, y eso es muy importante”.

Cantar lo que incomoda

Esa necesidad de diálogo se refleja con claridad en su trabajo más reciente. Lejos de los temas habituales de la música popular, Downs ha decidido mirar hacia lo cotidiano: aquello que rara vez se canta.

“Una de las canciones de mi nuevo disco es ‘El jardín del placer’, que habla de la basura. Aquí vivimos una situación complicada; estuvimos un mes sin que levantaran la basura y fuimos conscientes de la cantidad que generamos. Ahí empezamos a separarla y a darnos cuenta de esa obligación que todos tenemos. Tengo un amigo activista que me dice: ‘Lila, no hay basura, lo que hay es flojera’. Y tiene razón. Él hace arte a través de la basura. Es un tema importante”.

A ese universo se suman otros temas igual de concretos: las plantas endémicas, los saberes locales, la pesca tradicional.

“Otro tema es sobre las plantas endémicas de México y América, como el pochote o la ceiba sagrada. Y otra canción es sobre la pesca, sobre el arilete, una especie endémica de atún de mi región, donde crecí en parte, en Puerto Ángel y Zipolite”.

En su propuesta, lo cotidiano adquiere una dimensión política: lo que se nombra existe, y lo que se canta permanece.

La tradición como materia viva

Pero su trabajo no solo mira hacia el presente. También dialoga con el pasado. La tradición, para Downs, no es un objeto estático, sino una herramienta viva que se transforma con cada interpretación.

“Con el son jarocho o la música afro-oaxaqueña que heredamos, como la chilena costeña, hay una poesía que alude a nuestra realidad. Me parece importante reinterpretarla porque a veces no es música muy conocida ni siquiera a nivel estatal. Hablar de la chilena costeña hace que la gente esté más consciente de que existe en nosotros esa raíz afromestiza”.

“Luego está la canción vernácula mexicana, las canciones de José Alfredo Jiménez, de Cuco Sánchez. Vale la pena reinterpretarlas porque nos hablan de nuestra identidad. Si venimos de algo tan fuerte, tan campesino, tan rural, eso habla de algo interno en nosotros”.

En ese ejercicio, la música se convierte en un puente entre generaciones, pero también en una forma de resistencia cultural.

Más allá del escenario

El compromiso de Lila Downs no termina en la música. A lo largo de su carrera, ha acompañado causas vinculadas a la migración, los derechos de los pueblos originarios y la justicia social. Una postura que, reconoce, tiene raíces personales.

“Me convertí en una gran defensora de los artesanos y artesanas que no eran tomados tan en cuenta; ahora creo que ya hemos revitalizado esa visión”, comparte.

Abrirse paso en ese camino tampoco ha sido sencillo. La industria musical -históricamente dominada por hombres- le ha exigido negociar constantemente su voz.

“Es más difícil hablar para algunas mujeres. Tenemos que mesurar a veces nuestros mensajes; lo lindo de ahora es que estamos en otro momento en el que podemos ser francas y honestas. Es una decisión en la que tú dices: ‘de ahora en adelante voy a hablar la verdad’, y eso cuesta porque luego algunos te dan la espalda”.

Esa decisión de hablar -aun con el costo que implica- atraviesa toda su obra.

Entre la curiosidad y el estereotipo

Cuando esa música cruza fronteras, la conversación cambia. En el extranjero, la recepción de lo mexicano oscila entre el interés genuino y la simplificación.

“Se abrió mucho con Peso Pluma. Hay un romanticismo histórico con la vida clandestina en la música. Pero también están nuestros elementos simbólicos, lo espiritual, lo milenario de nuestros ancestros. Es una oportunidad para tomar el micrófono desde muchas expresiones de México”.

“¿Cómo lo perciben afuera? Hay de todo. En Francia sentí que nos veían como algo exótico, y eso no me encantó. En Alemania pensaban que solo hablamos de la muerte. La muerte es importante, pero no siempre. Ir rompiendo esos estereotipos nos toca a cada músico desde su poesía”, finaliza. 

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Conciertos: Fernando Loher vuelve a casa con “Soñemos, es la hora”

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Después de más de una década de formación y trabajo en Europa, el tenor tapatío Fernando Loher se encuentra con el público de su ciudad. El próximo 11 de abril ofrecerá el concierto “Soñemos, es la hora”, acompañado por el pianista Juan Carlos Benavides, en el Instituto de Formación Artística Musik, un recital que nace de la necesidad de compartir belleza y tranquilidad en tiempos complejos.

En entrevista con EL INFORMADOR, Loher describe el programa como una búsqueda consciente hacia la luz emocional dentro del repertorio clásico.

“Quiero que haya canciones de arrullo, de amor, de conexión con la naturaleza, de contemplación, de tranquilidad. Durante muchos años le di importancia a lo más denso, quizá porque también era un reflejo psicológico. Pero ahora quiero disfrutar todo”, explica el tenor.

El concierto reunirá piezas que recorren distintas épocas y geografías musicales: desde el romanticismo alemán hasta la Belle Époque francesa, pasando por repertorio estadounidense moderno y composiciones mexicanas. La intención, dice, es construir una experiencia emocional continua más que una simple sucesión de obras.

Un descubrimiento temprano

Nacido en Guadalajara en 1989, Loher encontró su vocación casi por accidente. De niño probó múltiples actividades extracurriculares hasta que un coro infantil cambió su rumbo.

“Mis papás me llevaban a clases de todo: pintura, karate, futbol… y yo siempre decía que no me gustaba nada. Pero un día me llevaron a un coro en el Instituto Cultural Cabañas y eso me encantó muchísimo. Ahí dije: ‘de aquí en adelante quiero seguir por esta línea’”.

El canto se volvió parte de su vida cotidiana, aunque tuvo que pausarlo durante la adolescencia debido al cambio natural de la voz masculina, un proceso necesario pero difícil.

“No fue fácil detenerme. Yo seguía cantando a escondidas en mi cuarto, con falsete, cuando no había nadie en casa. Nunca me alejé por completo”.

Con el tiempo comprendió que la música ya formaba parte de su identidad, influida también por recuerdos familiares: “Mi mamá nos cantaba antes de dormir canciones que contaban historias. Crecí con eso sin pensar que podía ser una profesión”.

La búsqueda fuera del aula

Su ingreso a la licenciatura en Canto en la Universidad de Guadalajara representó un paso lógico, aunque no del todo satisfactorio. Loher recuerda una formación que, desde su perspectiva, resultaba impersonal para una disciplina profundamente individual.

“La voz humana tiene mucho que ver con el desarrollo psicológico. Pero éramos tantos alumnos que recibíamos 15 minutos de clase a la semana. Yo no sentía que realmente estuviera aprendiendo”.

Aquella experiencia lo llevó a buscar alternativas fuera del sistema académico tradicional, decisión que marcaría su trayectoria posterior. Encontró un espacio formativo clave en el Taller de Ópera de Sinaloa, donde obtuvo una beca y enfrentó una intensa dinámica escénica.

Durante dos años ofrecieron conciertos semanales con repertorios distintos -tango, canción alemana, bolero o música mexicana- integrados en propuestas teatrales colectivas.

“Era muy enriquecedor musical y escénicamente. Teníamos que resolver todo en equipo y en muy poco tiempo. Cada semana era un reto nuevo”.

El salto a Europa y empezar de nuevo

Tras esa etapa llegó una beca en Alemania que cambiaría su vida. Lo que inicialmente parecía una estancia temporal terminó convirtiéndose en diez años de residencia y aprendizaje en Berlín.

El proceso, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo. Al llegar, varios maestros coincidieron en que su técnica vocal estaba mal enfocada y que su verdadera tesitura no era barítono, sino tenor.

“Fue horrible porque yo iba listo para hacer audiciones y trabajar, y de pronto fue empezar otra vez desde abajo”, recuerda. “Descubrir que no había usado mi voz real durante tantos años fue muy confrontante”.

Ese reinicio transformó su camino artístico. Alemania se convirtió en un periodo profundamente formativo. Aprendió el idioma, comenzó a enseñar canto y participó en diversas producciones operísticas, además de colaborar con instituciones como la Deutsche Oper Berlin.

“A veces no es un crecimiento cómodo, pero no queda de otra”, afirma entre risas. “Si no hablas el idioma del país al que vas, no comes”.

Aunque reconoce los avances logrados, evita hablar de metas cumplidas. “Todavía no sé si lo logré. Sigo en el camino porque aún no he cantado donde quiero llegar a cantar”.

Un diálogo musical

El recital también representa un reencuentro artístico con el pianista tapatío Juan Carlos Benavides, con quien mantiene una relación musical desde la infancia.

“El pianista no es un acompañante. En la canción de arte existe un diálogo constante entre voz y piano”, explica. “Las partituras son complejas y requieren mucha sensibilidad. Con Juan Carlos hay esa disposición de construir juntos”.

Ambos se conocieron cuando estudiaban música en el Cabañas y retomaron el contacto años después, lo que derivó en la formación del dúo actual.

Volver a Guadalajara

Desde hace dos años, Loher reside nuevamente en Guadalajara, ciudad que -asegura- ha cambiado considerablemente para los músicos emergentes y profesionales.

“Ahora es más difícil cantar en museos y espacios públicos. Las salas ya no están abiertas para experimentar; hay que pagar renta, afinaciones, procesos burocráticos largos, y muchas veces la retribución económica es mínima”.

El tenor lamenta la desaparición de programas que antes ofrecían escenarios accesibles para artistas en formación, como ciclos abiertos en recintos culturales emblemáticos.

“Antes existía un presupuesto destinado a pagar a los artistas. Hoy el reconocimiento económico es ínfimo. A veces no cubre ni el traslado a los ensayos”.

A pesar de ello, mantiene una visión optimista y apuesta por generar espacios independientes de encuentro con el público, como el recital que presentará este mes.

Un concierto para respirar

“Soñemos, es la hora” busca justamente eso: una pausa emocional a través de la música. Más que demostrar virtuosismo, Loher pretende construir un refugio sonoro compartido.

“Quiero que el público salga con una sensación de contención y alegría. Que sea un momento para respirar”.

Los boletos pueden adquirirse mediante contacto directo al teléfono 33 20 42 50 26.

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Rosalía en Guadalajara: ¿Qué boletos quedan disponibles y cuánto cuestan?

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Luego de anunciar en diciembre las fechas oficiales de su gira mundial LUX Tour, Rosalía abrió la venta de boletos para sus presentaciones en la Arena VFG de Guadalajara, generando una alta expectativa entre sus seguidores. Desde entonces, la demanda ha sido constante y ya se refleja en la disponibilidad de entradas para sus conciertos.

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De acuerdo con la promotora Ocesa, la primera fecha programada para el 15 de agosto ya se encuentra completamente agotada. Sin embargo, el segundo concierto, que se llevará a cabo el 16 de agosto, aún cuenta con boletos disponibles en distintas zonas del recinto.

¿Qué boletos quedan disponibles para Rosalía en Guadalajara?

Según el mapa interactivo de Ticketmaster, todavía hay disponibilidad en la zona general de la arena, así como en áreas preferentes como Gold Circle izquierdo y Gold Circle derecho, consideradas zonas VIP cercanas al escenario.

Además, permanecen algunos lugares en secciones laterales como GP-05C, GP-07C, GP-01B, GP-03B, GP-06C, GP-08C, GP-02B y GP-04B. Estas localidades ofrecen una buena vista del espectáculo debido a su cercanía con el escenario, mientras que el resto del recinto ya se encuentra completamente agotado.

 CAPTURA DE PANTALLA/TICKETMASTER
CAPTURA DE PANTALLA/TICKETMASTER

¿Cuánto cuestan los boletos disponibles?

El precio más accesible ronda los 2 mil 467 pesos en la zona general. Por otro lado, las secciones GP con terminación “C” tienen un costo aproximado de 2 mil 827 pesos, dependiendo de la ubicación.

En el caso de las zonas VIP, los precios varían según el paquete seleccionado. El acceso a Gold Circle incluye combinaciones como el boleto base de 3 mil 590 pesos más paquetes adicionales: el Diamond VIP Package puede alcanzar los 8 mil 623 pesos, mientras que el Gold VIP Package ronda los 4 mil 599 pesos.

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Para otras zonas como GP-01B, existen opciones con Silver VIP Package que elevan el costo total a más de 7 mil pesos, mientras que boletos individuales en secciones con terminación “B” pueden alcanzar cerca de 4 mil 958 pesos.

¿Dónde comprar los boletos?

Los boletos se encuentran disponibles a través de la plataforma digital Ticketmaster, donde los usuarios pueden consultar en tiempo real las zonas disponibles y elegir los paquetes que mejor se ajusten a su presupuesto.

Con una fecha ya agotada y otra con disponibilidad limitada, los conciertos de Rosalía en Guadalajara mantienen alta la demanda, por lo que quienes deseen asistir aún tienen oportunidad de conseguir entradas antes de que se terminen.

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