Cine y Tv
Desde el set: Feeling Randy, una cinta independiente con 30 años de historia

5:18PM – 24 Mar 22 @MarkDuplass tweet
“El mayor programa de televisión del año vino de fuera de los EE.UU. Una pequeña película independiente, la actual favorita a Mejor Película. Una película japonesa de 3 horas sobre los sentimientos está nominada a múltiples premios Oscar. No hay “grandes nombres” en ninguno de ellos. Nadie sabe nada más. Está abierto. Vayan a hacer sus cosas.”
(CODA ganó Mejor Película; Drive My Car ganó Mejor Película Internacional.
Tomando en cuenta lo difícil que es hacer cualquier película, este año, los Premios de la Academia – no importa si te haya gustado el programa o no- fueron un símbolo de esperanza para todos los que aspiramos a ser cineastas independientes. En estos días más que nunca, en el negocio del cine – porque es un negocio antes que todo- , lograr hacer una película sin presupuesto y estrellas es un milagro. Así que estaba particularmente emocionada de que mi amigo Dean Lent finalmente hubiera recaudado los fondos para hacer su debut cinematográfico como director con una película muy personal y de muy bajo presupuesto: una comedia coming of age sobre su propia experiencia.
Ya escribía esta historia cuando nos conocimos hace 25 años, Dean nos la contó sentados alrededor de una hoguera, bebiendo cervezas, después de que un sábado por la noche terminamos de filmar nuestra propia película, The Dogwalker. Yo era la productora, mi entonces novio, ahora esposo, Paul Duran, era el escritor y director, y habíamos contratado a Dean como nuestro director de fotografía – debido a sus créditos visualmente estilizados, como el clásico de culto punk de 1987, Border Radio (que también codirigió), y la icónica indie de 1992, Gas Food Lodging.

Desde entonces, le había insistido por años para que siguiera trabajando en su historia, así que cuando, para los fines de esta historia, le pregunté cómo surgió este proyecto, ya sabía la respuesta. Él sonrió y tranquilamente respondió:
“Me tomó 30 años escribir. Filmar Gas Food me inspiró. Vi nacer ante mí un éxito que yo había ayudado a crear. Entonces me dije: ¿Qué podría hacer? Bueno, ya sé, creo que debería escribir mi versión de Gas Food Lodging para chicos. Escribiré sobre cuando fui a Mustang Ranch a los 17 años y perdí mi virginidad heterosexual”.
Wow, esa es una línea bastante larga. (Para su información, el notorio Mustang Ranch se convirtió en el primer burdel- prostíbulo -con licencia de Nevada, en 1971.]
El set de Feeling Randy al que estoy invitada es una casa destartalada en expansión dentro del Valle de San Fernando, el epítome de la basura de remolque que encaja en la historia, al igual que la bochornosa temperatura de 88 grados Farenheit. Es una producción con un presupuesto tan bajo, que se quedó sin hielo para las bebidas del elenco y el equipo, así que tuvieron que correr por más. Pero nadie se queja, todos están emocionados por hacer esta película y la camaradería es palpable. Los “chicos” están aquí, Reid Miller (de Joe Bell), también Tyler Lawrence Gray, O. Hibbs Wyman y Shane Almagor. El cast también incluye a Jonathan Silverman (Good Girls), Chris Mulkey (Twin Peaks) y Marguerite Moreau (Wet Hot American Summer).

Sé la respuesta, pero de todos modos pregunto: “Después de tantos años y de filmar tantas películas de otras personas, ¿qué fue lo que realmente te mantuvo en pie para llegar a donde estás ahora?”. Se ríe a carcajadas.
“Porque tú y Paul me dijeron que siguiera adelante, siguieron creyendo en mí. Hacer despegar tu propio proyecto es muy complicado. Antes de la pandemia estaba a punto de rendirme y simplemente volver a subir la montaña para hacer mi fotografía. Fue un camino largo y loco y no sabía qué diablos estaba haciendo respecto al financiamiento y todo eso. No sabía cómo lograrlo. Sí, fui director de fotografía durante veinte, treinta años, pero eso era completamente diferente. Vas a una entrevista, consigues un empleo y luego trabajas en la visión de otra persona”.
Pero Dean había estado en sets de cine casi toda su vida adulta. Entonces, incluso cuando no estudiaba técnicamente cine en UCLA (Universidad de California, Los Ángeles), él estudiaba películas, cineastas y cinematografía. Aprendía de primera mano cómo iluminar, filmar y tratar con los actores. No se daba cuenta qué tan listo estaba. Y luego consiguió un increíble productor independiente que comparte su pasión por el proyecto.
“Rodé Fast Sofa, de Salome Breziner, en 2001, luego perdimos contacto durante 8 o 9 años cuando me mudé a Nueva York y Chicago para filmar reality shows para Tyra Banks y Nate Burkus. Luego, cuando publiqué en Facebook que estaba reescribiendo el guion y dando un último empujón, ella comentó: “Oh, Dios mío, tengo que leer esto, dame algo tan pronto como lo tengas”. Pero cuando lo leyó, dijo: “Solo estaba tratando de ser una buena amiga, no esperaba nada. Pero ahora que he leído veinte páginas, ¡quiero hacer esto contigo!”.
Entonces, cuando las cosas empezaron a calmarse con la pandemia, ella se fue encima y todas las piezas comenzaron a encajar. Me sorprendo todos los días, ¿Cómo sé cómo hacer esto? Digo, en Border Radio, Kurt (Voss) y Allison (Anders) trataron más con la gente del punk rock y, como yo tenía miedo y era tímido, me encargué de lo visual y me mantuve apartado”.

Claro, no fue tan simple como “y así, él consigue hacer su película”. La realidad es que Dean tomó la drástica decisión de vender su cabaña en las montañas donde estaba viviendo, para alcanzar su minúsculo presupuesto, asegurándose de hacer su película a su manera. Y mientras tanto, Salome logrando milagro mágico tras milagro mágico. Es así que, cuando haces una película pequeña, el impulso sigue creciendo como una bola de nieve rodando colina abajo. Finalmente, cuando le entregó el guion a Reid Miller, el joven actor que le robó todas las críticas a Mark Wahlberg en Joe Bell, y este lo aceptó, fue la pieza del rompecabezas que hizo que el resto de las piezas se alinearan.
Entonces, mientras Dean estaba sentado en mi cama con nosotros para ver los Óscar de este año, como lo hemos hecho durante muchos años, no pude evitar preguntarme dónde estaremos el próximo año (suponiendo que alguna de las entregas de premios sobreviva, pero esa es otra historia). ¿Feeling Randy será el brindis de Sundance? Como dice Mark Duplass en ese tweet, todo es posible. El tiempo es ahora. Así que vayan a hacer sus cosas.
Feeling Randy – Remember the name of this little movie
5:18PM – 24 Mar 22 @MarkDuplass tweets
“Biggest TV show of the year came from outside the US. A tiny indie film the current Best Picture frontrunner. A 3-hour Japanese film about feelings is up for multiple Oscars. No “big names” in any of them. Nobody knows anything anymore. It’s wide open. Go make your stuff.”
(CODA did win Best Picture; Drive My Car won Best International Feature.)
Considering how hard it is to get any movie made, this year’s Academy Awards – whether you liked the show or hated it – were a beacon of hope for all of us aspiring indie filmmakers. Because these days more than ever, in the movie business – and it IS a business first and foremost – managing to make a film with no budget and no stars is a miracle. So I was particularly excited that my friend Dean Lent had finally raised the funding to make his very personal, very low budget, directorial debut movie – a coming-of-age comedy about his own experience.
Already writing this story when we first met 25 years earlier, Dean had told us about it sitting around the fire pit drinking beers after we wrapped shooting one Saturday night on our own film, The Dogwalker. I was the producer and my then boyfriend, now husband Paul Duran was the writer-director, and we had hired Dean as our cinematographer – because of his visually stylized credits like the 1987 punk cult classic Border Radio (which he also co-directed) and the iconic 1992 indie Gas Food Lodging.

Ever since then, I’d been nagging him for years to keep working on his story, so I already knew the answer, when for the purposes of this story I asked him how this project came about. But he smiled and quietly answered, “It took me 30 years to write. I got inspired after shooting Gas Food Lodging. I saw a success born right in front of me that I had helped create. And so I said to myself, What could I do, well I know, I think I should write my version of Gas Food Lodging for boys. I’ll write about when I went to Mustang Ranch as a 17-year-old and lost my heterosexual virginity.” Wow, right there, that’s quite a log line. [FYI the notorious Mustang Ranch became Nevada’s first licensed brothel – house of prostitution – in 1971.]
The Feeling Randy set I’m invited to visit is a sprawling ramshackle house in the San Fernando Valley, the epitome of trailer trash which suits the story, as does the muggy 88 degrees Fahrenheit temperature. It’s such a low budget production they’ve run out of ice for the craft service beverages and someone has to make a run to get more. But no one’s complaining, the cast and crew are excited to be making this movie and the camaraderie is palpable. The “boys” are all here, Reid Miller (from Joe Bell), plus Tyler Lawrence Gray, O. Hibbs Wyman and Shane Almagor. (Other cast includes Jonathan Silverman (Good Girls), Chris Mulkey from Twin Peaks and Marguerite Moreau from Wet Hot American Summer.)

I know the answer but I ask it anyway, “After so many years and shooting so many other people’s movies, what actually kept you going, to get to where you are now?”
He laughs out loud. “Because you and Paul told me to keep going, kept believing in me. Getting your own project off the ground is a really hard thing to do. Just before the pandemic I was about to give up and just go back up the mountain to do my photography. It was a long and insane road and I didn’t know what the hell I was doing, as far as getting it funded and all that stuff. I didn’t know how to get it made. Yes I was a cinematographer for twenty, thirty years but that’s a whole different ball game. You go in for an interview and you get a job and then work on somebody else’s vision.”
But Dean had been on film sets almost his entire adult life. So even when he wasn’t technically studying film at UCLA, he was studying films and filmmakers and filmmaking, learning first hand how to light and shoot and deal with actors. He just didn’t realize how ready he was. And then he landed an amazing indie producer who shares his passion for the project.
“I shot Salome Breziner’s film Fast Sofa in 2001 then we kind of lost touch for 8 or 9 years when I moved to New York and Chicago to shoot reality shows for Tyra Banks and Nate Burkus. Then when I posted on Facebook that I was rewriting the script and making one last push, she commented “OMG I have to read this, give it to me as soon as you have something.” But then when she read it, she said, “I was just trying to be a nice friend, I was not expecting anything.
But now I’ve read twenty pages and I want to make this with you!” So as things started to ease up with the pandemic she jumped on it and all the pieces just started falling into place. I’m shocked every day, like How do I know how to do this? I mean on Border Radio, Kurt (Voss) and Alison (Anders) dealt more with the punk rock people and because I was shy and afraid of them, I handled the visuals and kept to myself.”

Of course it wasn’t as simple as “and just like that he gets to make his movie.” The truth is Dean made a drastic decision to sell his cabin in the mountains where he’s been living, in order to reach his minimum, miniscule budget, assuring he gets to make his film his way. And meanwhile Salome keeps coming up with one magic miracle after the other. Its like that when you make a small movie, the momentum keeps growing, like a snowball rolling down a hill. Finally when she got the script to Reid Miller, the young actor who stole all the reviews from Mark Wahlberg in Joe Bell, and Reid flipped for it, it was the piece of the puzzle that started the rest of the pieces falling in line.
So as Dean sat on my bed with us watching this year’s Oscars, like we’ve done for many years by now, I couldn’t help but wonder where we’ll all be next year (assuming any of the awards shows survive but that’s another story.) And will Feeling Randy be the toast of Sundance? Like Mark Duplass says in that tweet, anything’s possible. The time is now. So go make your stuff.
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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
Staff Cine PREMIERE Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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