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Jane Fonda: actriz de películas e icono político
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Jane Fonda colecciona en su biografía, además de reconocidas películas, una serie de sucesos que podrían pasar en los titulares como chismes o anécdotas de ocasión, pero que en realidad son más relevantes de lo que parecen. Sin importar que la actriz ya tenga 83 años de edad y se pueda decir que ya pertenece a otra generación, el pensamiento activista de la actriz está más actualizado que nunca y es más interesado que el de muchos otros de sus compañeros de la industria.
Fonda es reconocida por su carrera en la actuación, por su constante lucha política en varios temas preocupantes para la humanidad, e incluso por su gran influencia durante los inicios de la cultura del wellness en Estados Unidos. A continuación repasamos por qué Jane Fonda es una figura influyente tanto dentro como fuera de sus películas.
Jane Fonda, la actriz de películas

Antes de ser reconocida como una gran actriz de cine, Jane Fonda fue modelo e incluso portada en varias ocasiones de la revista Vogue durante los años 50. Si bien nació en una familia más que acomodada, e incluso podría calificarse como aristocrática, su realidad no fue del todo cómoda. Cuando tenía 12 años su madre se suicidó cortándose la garganta con una navaja y aunque su padre intentó ocultar la manera trágica en que ésta había fallecido, la realidad surgió a la luz gracias a los medios de comunicación ocasionándole un trauma que desembocó en una bulimia que le acosó durante más de dos décadas.
No obstante, su trabajo como modelo persiguió siempre fines económicos. Fonda trabajó incansablemente para pagar su carrera como actriz en clases con Lee Strasberg, el padre del «método». Precisamente fue él quien le convenció de que definitivamente tenía talento para la actuación. Y así años más tarde consiguió su primer protagónico en la película Me casaré contigo de 1950 a lado de Anthony Perkins. De allí su carrera fue en constante ascenso y ahora se le recuerda como la actriz de más de un par de clásicos de los sesenta como Barbarella (1968), Walk on the Wild Side (1962) o Barefoot in the Park (1967).

Sin embargo, no fue hasta la siguiente década cuando obtuvo el reconocimiento de la propia industria. Gracias a They Shoot Horses, Don’t They? (1969) obtuvo su primera nominación al Óscar, premio que ganó dos años después por Klute (1971), en donde interpretó a una sexoservidora telefónica que asiste a un detective en la resolución de un crimen. En 1979 obtuvo su segunda estatuilla por Coming Home (1978), un filme que se liga íntimamente con el conflicto bélico en Vietnam. Su participación en ésta película, bien pudo o no, ser una consecuencia de su pensamiento político para que entonces ya despertaba cierto furor y comentarios varios entre los miembros de Hollywood.
La mujer del abrigo rojo

A Jane Fonda también se le recuerda por su constante lucha política y sus ideales fuertemente representados en declaraciones fotografías e incluso arrestos varios. A finales de la década de los 60, varios episodios trágicos en su vida le orillaron a escapar a la India en busca de reflexión interna. Sucesos como la Guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King y la pobreza que experimentó en dicho país le obligaron a regresar a los Estados Unidos con otro pensamiento y una determinación totalmente diferente que le ha marcado hasta la fecha.
A su regreso se convirtió en activista política. Apoyó constantemente el movimiento de los derechos civiles y encabezó marchas continúas que condenaban la Guerra de Vietnam. Durante aquella época, muchos compatriotas y compañeros actores le observaron con recelo e incluso recibió críticas que la calificaron de traidora de la patria. Su intenso activismo desembocó en el apodo de Jane Hanoi, después de un viaje que realizó a Vietnam en donde convivió con soldados vietnamitas y posó con ellos para algunas fotografías.
Experimentó la cárcel por primera vez en 1970 cuando a su regreso de un viaje a Canadá, en donde participó en manifestaciones en contra de la Guerra de Vietnam, se le detuvo en el aeropuerto de su país bajo pretexto de unas pastillas que cargaba con ella. No eran más que vitaminas, pero el episodio y sobre todo la fotografía de la ficha policial con la actriz alanzando el puño en señal de protesta se convirtieron en historia.

A lo largo de los años, la actriz no ha dejado de lado su preocupación política y los temas que afectan a la humanidad. Además de luchar por los derechos civiles, protestar contra el racismo, las víctimas de acoso sexual, o el fin de la creación de armas nucleares, en la actualidad se preocupa fervientemente por el cambio climático. Inspirada por Greta Thunberg, en el 2019 Fonda participó en varias protestas en Washington que condenaban la inmovilidad de los políticos ante la agenda apremiante ecologista.
Durante cinco semanas consecutivas fue arrestada por la policía en medio de las protestas. Sin importar que la primera vez fuera llevada a prisión con 80 años, la actriz resolvió en usar entonces un llamativo abrigo rojo que pudiera ser visto por las cámaras y por los medios de comunicación, durante sus arrestos y lo que estuvieran por venir. «¿Ves este abrigo? Necesitaba algo rojo, así que salí a buscar y encontré este abrigo en oferta. Es la última prenda de ropa que voy a comprar», le dijo a los medios, cuando la policía le colocaba las esposas y la escoltaban a una patrulla.

La fotografía de Fonda con el abrigo rojo y las manos esposadas en alto, se convirtió en la segunda instantánea histórica de una actriz que no tiene miedo a expresar su ideología. Más icónico fue todavía cuando se presentó en la gala de los premios Óscar en 2020 repitiendo un vestido que había llevado al Festival de Cannes del 2014. Desde luego era una prenda roja, pero por si eso no fuera suficiente, también colgó su abrigo rojo del hombro, un símbolo político de la Jane Fonda de nuestros tiempos.
La estética deportiva de Jane Fonda

El rostro y voz de Jane Fonda no sólo resulto icónico en sus películas y en fotografías de contextos políticos. A decir verdad, a la actriz también se le debe la creación y posicionamiento de una estética deportiva que resuena hasta nuestros días. ¿Recuerdas el video de la canción «Hang Up» de Madonna? ¿O el más reciente «Physical» de Dua Lipa? Ambos beben del estilo workout que predominó en los videos musicales y las películas de los 80 en donde las grandes estrellas eran mostradas en amplios espacios y gimnasios haciendo ejercicio con música predominante de sintetizador.
Jane Fonda fue la primera que lo hizo y no como parte de un relato de ficción. Su obsesión con los aerobics comenzó a finales de los 60 y por ello tuvo la idea de plasmar los beneficios de dicho ejercicio en un libro con ejemplos y tablas de instrucción. Cosa que eventualmente hizo en Jane Fonda’s Workout Book, sin embargo, Stuart Karl, quien por aquel entonces era dueño de una productora de videos caseros del emergente formato VHS le propuso la idea de trasladar sus ejercicios al audiovisual.
En principio la actriz mostró cierto recelo ante la idea, sobre todo por su estatus de gran estrella de Hollywood, pero pronto se dio cuenta de que sin su imagen, posiblemente los beneficios de los aerobics pasarían al olvido. Para ella era importante que las mujeres estadounidenses entraran de lleno a lo que ahora es llamado como cultura del wellness, por lo que al final del día (o una década) terminó realizando 16 cintas de video.

Su proyecto fue imitado hasta el cansancio desde entonces. Mujeres carismáticas y con un cuerpo bonito que instruían sobre los ejercicios que podían realizar desde casa, con música animada y la vibra carismática necesaria para impulsar lo que inició un rush sobre el cuidado del cuerpo en las mujeres de la época.
Está comprobado que este exitoso proyecto reportó ganancias millonarias tanto para la actriz como para Stuart Karl y ayudó a posicionar el formato del VHS que dominó el entretenimiento en casa prácticamente hasta el nuevo milenio. Incluso hay quienes mencionan que la actriz podría o no haber posicionado la moda de los mallones ajustados, los calentadores y varias prendas que para los gurús de la moda podrían pasar como ridículos, pero que, sin embargo, se han convertido en el uniforme por excelencia de los amantes del fitness y la cultura del wellness.
Jane Fonda: el ícono

Como una gran estrella hollywoodense, Jane Fonda es querida en la actualidad no sólo por sus películas, sino por su sencillez y su forma innata de permanecer como una elegante luminaria, a pesar de publicar fotografías de resaca con el pelo alborotado y la ropa del día anterior.
Después de haber donado el dinero obtenido por sus videos de aerobics a la fundación ecológica de su esposo de aquel tiempo, a principios de los 90 Fonda anunció su retiro de la actuación. Una promesa que rompió en 2004 cuando protagonizó una comedia a lado de Jennifer López, más tarde en un filme con el director italiano Paolo Sorrentino y eventualmente en la serie The Newsroom, de Aaron Sorkin.
Sin embargo, actualmente su proyecto más querido es la serie de comedia Grace & Frankie que estelariza junto a su amiga Lily Tomlin, un proyecto que le permitió regresar a las entregas de premios y al cariño del público contemporáneo. El ícono de Jane Fonda trasciende más allá de la actuación y sin duda es el ejemplar perfecto de lo que significa ser una gran estrella de Hollywood.
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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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