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La historia del saxofonista que dejó los escenarios por las calles de la CDMX
Román Santillán es del Distrito Federal, “pero he andado por muchos lugares”, nos platica. Como miles de músicos, tuvo que dejar los escenarios en eventos y cambiarlos por las calles. Tuvo que cambiar el gusto de tocar en vivo por tocar a través de una pantalla cuando tiene suerte y lo contratan para un evento.
No es noticia que la pandemia ha afectado terriblemente a los músicos y artistas en general. Sin espectáculos en vivo, sin eventos para disfrutar de una tarde o noche de música, los escenarios se vaciaron por completo dejando a muchos con una mano por delante y una por detrás. Pero lo que sí tenemos ahora, son miles de historias. Historias que nacen en las calles como la de Román Santillán y que le han regresado la oportunidad de seguir tocando el saxofón.
Román Santillán y su hermano tocan en las calles de la colonia Del Valle en la Ciudad de México.
“Toco como solista, pero a veces también toco con mi hermano y un guitarrista en una banda”, empieza Román a contarnos su historia de los últimos 4 meses. “Pero con esta onda [COVID-19], todo se vino abajo y ya no hay eventos”.
Partiendo de la necesidad de tener un ingreso y poder subsistir en los tiempos de pandemia, Román ha tenido que salir todos los días a la calle con su hermano y cuando se puede, el resto de su banda. “Hemos tenido que salir todos los días. Hay veces que nos va muy bien, hay veces que no nos va tan bien”, dijo. “[Tocamos] De lunes a domingo como 4 horas en la tarde”.
Como Santillán, miles de músicos encuentran en las calles su nuevo “negocio”, y como todo negocio, inteligentemente Román lo ha estado analizando para sacarle el mejor provecho. Por ejemplo, espera el momento perfecto para salir la calle y regalarle un momento agradable a los que se quedan en casa. “Esperamos a que la gente coma, porque después de comer viene un relax y ahí es cuando entramos”, analiza.
“Por ejemplo, aquí tocamos cinco canciones. Pero hay veces que tocamos seis o siete. Estamos insistiéndole a la gente. Porque tampoco es de: ‘paso, llego, me echo una canción y me voy’. No. Estamos invitando. Hay quienes salen desde la primera canción, hay otros que salen a la quinta o sexta. Luego salen hasta que acabamos. Estamos estudiando esa onda”, nos platica sobre cómo funciona el negocio.
Román Santillán
Cuando de un día para otro tu negocio se pasa a las calles, te das cuenta que es un universo gigante. ¿Se lo han imaginado? Tener que elegir qué calles o qué colonias son las mejores para ganar unas monedas. En el caso de Román, nos platicó que ha sido un proceso de prueba y error, pero que finalmente encontró que la colonia Del Valle ha sido la mejor para él y su banda.
“Nosotros somos de la Narvarte, pero por donde más nos movemos es la Del Valle. Pero en todas las colonias está muy locochón porque la Nápoles es muy diferente [a la Del Valle]. Ahora hemos ido a la Condesa, y no es una colonia… Por la cantidad de movimiento que hay siempre, creo que ya están hartos. Hemos ido y no está padre. En la Roma no está padre. En Polanco sí y no. ¡La colonia Del Valle ha sido la onda para nosotros!”, nos platica.
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Jazz coltrane
Historias de la calle y el internet
“Nos han pasado cosas súper interesantes”, nos empieza a contar Román sobre sus historias en la calle. “Una chica, no nos quiso decir qué película grabó, pero una de las piezas que toco la quiere para su película”, lo dice emocionado. “No nos quiso decir aún para qué película, porque todavía no sale, pero nos han pasado cosas así”.
Las calles no son el único lugar al que se ha tenido que adaptar el saxofonista Santillán en esta cuarentena. Su negoció se ha ido al internet de un día a otro. “También esta onda de transmisiones por zoom, de las videollamadas. Es una onda que nunca habíamos hecho. Además esta cuestión de músicos en vivo es muy diferente, pero ahora, que se tiene que hacer a la fuerza [tocar en línea], está muy locochón“.
Román Santillán y su hermano tocan en las calles de la colonia Del Valle en la Ciudad de México.
“También estuve en una fiesta. Una chica la hizo en su casa, ella sola, y todos sus invitados estaban conectados en zoom. Toqué yo y un guitarrista argentino súper buenísimo. Porque tocaba mucha música de protesta y mucha trova. Tocó algunas piezas originales y estuvo súper divertido”, dice Román entre risas y orgulloso.
“Es súper raro tocar atrás de una computadora, es muy diferente. Es muy diferente porque los errores, una cosa que sale mal, creo que se ve más. En vivo, hay un margen de que la gente no se de cuenta. Acá más minuciosa esta parte”. Y es verdad, cuando estás pegado a la pantalla tu atención absoluta se centra en la videollamada. “Está padre porque es como si entraras a cámara a un escenario, sales de la cámara y hay otra cosa, ¿no?”.
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Por otro lado está la parte de tocar en las calle pero para una fiesta virtual. El simple hecho de escribirlo suena raro, pero el 2020 lo hizo una realidad nada descabellada y completamente inteligente. “Una señora nos contrató. Tocamos afuera de su edificio e hizo una fiesta con sus familiares de Estados Unidos”, cuenta Román. “Entonces fue una transmisión. Tocamos afuera de su casa para toda la gente y para ellos, ¿no?”.
Como el gran optimista que es, Román destaca que lo más positivo de la situación es que ha tenido la posibilidad de conocer gente. “Hemos conocido a esta gente que se ha aventado a hacer estas cosas y ha estado súper”.
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#jazzromani
No necesitas ser alguien que haya tenido que trabajar en la calle durante la pandemia para saber que allá a fuera pasa de todo. Cosas buenas, como las que nos cuenta Román, pero también hay por ahí tragos amargos. Sin embargo, Román cuenta estas experiencias rescatando siempre lo positivo.
“Una vez llegó la policía aquí en la Del Valle. A la vuelta del Metro Coyoacán. Llegó y nos dijo: ‘Me dijeron que estaba escandalizando’. Nos tuvimos que ir”. Pero también nos cuenta que algunos policías se han orillado a escuchar su música. “Pasó el policía y se quedó a ver el show. ‘A ver, échese otra’, me dijo”.
Tarjeta de contacto del saxofonista Román Santillán
Román hace todo tipo de eventos y ya hasta le entró a los éxitos de TikTok
Tú decides qué fiesta quieres hacer y Román se va a encargar de darle sabor. Nos cuenta que su ultima transmisión la hizo para una graduación. “Había conectadas como 150 personas”, nos platica. “La administradora [de la reunión virtual] ponía en la pantalla, en este caso me puso a mí un momento, fotos de los graduados, y se fue haciendo”.
Hablando sobre sus proyectos futuros y cuánto tiempo más piensa seguir en las calles, cuenta que es algo temporal, pero que lo hizo por la necesidad de darle de comer a sus tres hijos.
“La gente ya empezó a salir más de sus casas. Esto fue de esta onda de que no trabajábamos. En 20 años que llevo trabajando en esto, nunca había para un mes y medio seguido sin nada de nada”, dijo Santillán. “Entonces ha sido un cambio que hay que tomarlo para bien. Hay que moverse. Hay que hacerlo por internet, por aquí, por allá y nos estamos expandiendo”.
Cuando el saxofonista habla de expandirse, habla sobre aprender canciones que jamás pensó que iba a tocar, sin embargo, sabe que ahora hay que hacerlo. “Lo que yo más tocaba era jazz, bossa nova, boleros y algunas piezas de son cubano, pero ahora he tenido que sacar piezas nuevas que la gente y los niños ya la escuchan. El TikTok que no nos vino a poner… El TikTok no es ni bueno ni malo, pero nos piden canciones que salen ahí y las hemos tenido que sacar”.
Román Santillán
“Hoy en la mañana tuve que sacar la de ‘Bella Ciao’, esta versión de la ‘Casa de Papel’. Hay que abrirse a lo que uno no quería. Hay que hacer cosas que no sólo a ti te gustan para salir adelante, ¿no?”, finaliza Román y nos da una lección de vida para reflexionar.
La belleza de las historias y la filosofía de Román son de admirarse. Son un ejemplo de adaptación, superación y positivismo. Él seguirá recorriendo las calles de la Del Valle y algunas otras colonias con la esperanza de llevar sustento a su casa, y por qué no, alegrar tu fiesta o tu tarde con una sesión de jazz y bossa nova. Por lo menos hasta que todo esto pase y pueda regresar a los escenarios.
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Oliver Tree dejó un tierno mensaje sobre el bullying y el acoso escolar antes de morir
¿Sabías que el último gran legado de Oliver Tree no fue una canción, sino un valiente grito contra el acoso escolar? Tras su trágica muerte en Brasil, su mensaje final en Instagram invita a las personas a replantearse cómo tratamos a los demás en el día a día.
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El excéntrico cantante estadounidense, conocido mundialmente por éxitos virales y pegadizos como “Life Goes On”, perdió la vida el 14 de junio de 2026 en un fatal accidente aéreo. Dos helicópteros colisionaron trágicamente en el cielo de Río de Janeiro, apagando de forma repentina la voz de un artista verdaderamente irrepetible.
Sin embargo, poco antes de la tragedia que conmocionó profundamente a la industria musical global, el músico decidió usar su enorme plataforma digital para un fin noble. En una publicación que ahora da la vuelta al mundo, abordó con total crudeza y honestidad el doloroso impacto del bullying.
Un mensaje que trasciende la música
A través de su cuenta oficial, el artista compartió una reflexión íntima sobre las profundas cicatrices emocionales que deja el acoso en los jóvenes. Sus palabras resonaron de inmediato entre sus millones de seguidores, mostrando una faceta vulnerable y muy alejada de su habitual personaje cómico e irreverente.
Aunque siempre se caracterizó por su humor absurdo y su estética extravagante, esta vez decidió hablar desde el corazón para defender a quienes sufren en silencio. Esta declaración cobró un significado aún más poderoso al conocerse su repentino fallecimiento, convirtiéndose en un testamento imborrable de empatía y respeto mutuo.
El artista no solo hablaba del tema por compromiso mediático, sino que lo integraba orgánicamente en su filosofía de vida y en su innovadora propuesta artística.
Su postura frente al acoso escolar se basaba en acciones concretas que buscaban generar un cambio real y tangible en su joven audiencia. A continuación, destacamos los pilares fundamentales de su incansable lucha contra esta grave problemática social:
- Vulnerabilidad como fortaleza: Siempre animó a sus fans a abrazar sus rarezas y a nunca avergonzarse de ser diferentes al resto de la sociedad.
- Apoyo a las víctimas: Utilizaba sus multitudinarios conciertos para crear espacios seguros donde la tolerancia y la inclusión eran las únicas reglas permitidas.
- Alianzas estratégicas: Su estrecho vínculo con diversas ONGs demostró un interés genuino y sostenido en erradicar la violencia en las aulas escolares.
- Mensaje directo: Sus letras, especialmente en canciones icónicas como Jerk, ya anticipaban su rechazo frontal y sin tapujos hacia los abusadores.
El impacto de su despedida en la sociedad actual
La pérdida de Oliver Tree nos deja una lección invaluable sobre la extrema fragilidad de la vida y el peso de nuestras palabras. La rápida viralización de su último post nos recuerda que el ciberacoso y el bullying presencial siguen cobrando víctimas silenciosas a diario en todo el planeta.
Te puede interesar: El adiós a Oliver Tree: Las canciones icónicas para recordar su legado musical
El legado de este ícono del pop alternativo ya no se mide únicamente en reproducciones de Spotify o en visualizaciones masivas dentro de TikTok. Su verdadera herencia es un llamado urgente a la acción colectiva: debemos ser más amables, proteger a los vulnerables y jamás callar ante la injusticia.
Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor.
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Oliver Tree: Las canciones para recordar su legado musical
La sorpresiva noticia sobre la muerte de Oliver Tree en un trágico accidente aéreo ha conmocionado a internet. Conocer su legado a través de sus canciones más icónicas es la mejor forma de entender por qué este artista logró conectar de manera tan genuina con toda una generación.
De empezar siendo un domingo tranquilo como cualquier otro, el pasado 14 de junio pasó a ser uno de los días más tristes para la comunidad digital. A través de diversos medios de comunicación se informó el lamentable fallecimiento del cantante estadounidense en un fatal accidente de helicóptero ocurrido en Río de Janeiro, Brasil; sin embargo, las autoridades de esta ciudad no han confirmado el fallecimiento.
Alrededor de las 9:30 de la mañana, los primeros reportes comenzaron a circular en las plataformas informativas, generando desconcierto. Poco después se confirmó oficialmente que el músico viajaba junto con el reconocido creador de contenido YouTuber Gaspi en una de las aeronaves que colisionaron trágicamente en pleno vuelo cerca de las 8:59 horas.
El innegable talento musical de Tree saltó de YouTube a la viralidad masiva en las redes sociales en muy poco tiempo. Sus composiciones destacaban por una lírica capaz de transmitir sentimientos profundos, logrando que sus fans empatizaran con facilidad gracias a su ritmo contagioso, siendo casi inevitable no bailarlo.
Oliver Tree y sus canciones llenas de autenticidad
Una de las piezas fundamentales que cimentó su carrera artística fue “Alien Boy”, un verdadero himno para los incomprendidos. Esta canción ayudó a fijar su identidad como un artista outsider y orgullosamente incómodo, cruzando magistralmente géneros como el pop alternativo, el hip hop y la música electrónica con un concepto único.
Posteriormente, el lanzamiento de “Life Goes On” representó su salto definitivo al gran público y a las listas de popularidad globales. Con una producción mucho más limpia y un coro inmediato, el tema aborda el control emocional y la imperiosa necesidad de seguir adelante incluso cuando una relación se desgasta por completo.
Vulnerabilidad detrás del surrealismo de Tree
Aunque su peculiar imagen de ropa oversize y corte de tazón parecía construida exclusivamente para la comedia, temas como “Hurt” y “Let Me Down” revelaron su lado más vulnerable. Estas pistas muestran una escritura sumamente emocional, marcada por la decepción, la fragilidad humana y el constante miedo a fallar o ser abandonado.
Por otro lado, el éxito “Miss You” se consolidó rápidamente como un fenómeno viral indiscutible que dominó las tendencias digitales. Al mismo tiempo, con Cash Machine explotó su faceta más satírica, criticando duramente el consumo desmedido, la fama vacía, el dinero y el narcisismo imperante en la cultura digital moderna.
El impacto del legado musical de Oliver Tree
Para comprender a fondo la esencia de su obra y su impacto cultural, hay elementos clave que explican por qué lo hicieron destacar en la industria:
- Autenticidad: Nunca temió mostrarse como alguien diferente o extraño ante los medios.
- Fusión musical: Mezcló rock, pop y electrónica sin ningún tipo de prejuicios.
- Mensaje profundo: Escondía reflexiones sobre la salud mental detrás de ritmos alegres.
- Crítica social: Cuestionó constantemente la superficialidad del internet y las apariencias.
El lamentable fallecimiento de Tree nos recuerda de manera dolorosa lo efímera que puede ser la vida y cómo todo cambia en pocos minutos. Artistas y seguidores lo despiden hoy recordando siempre sus valiosos mensajes sobre la importancia de que nunca falte el amor propio en nuestro día a día.
Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor.
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Libros: Un “Final feliz” para las dudas
A sus casi 60 años, Joselo Rangel asegura que todavía hay preguntas que no termina de responderse. La fe, la familia, la paternidad, el paso del tiempo y la imaginación son algunos de los temas que atraviesan “Final feliz”, su nuevo libro de cuentos publicado por Seix Barral, una obra donde el músico y escritor mexicano explora historias marcadas por el humor negro, la fantasía y la ciencia ficción, pero también por inquietudes profundamente humanas.
El volumen reúne 12 relatos que van desde hombres disfrazados de Charly García convertidos en líderes de culto hasta pilotos alcohólicos convencidos de que los aviones vuelan gracias a milagros. Aunque la imaginación domina el libro, Joselo reconoce que muchas de las historias nacen de experiencias personales llevadas al extremo.
“Siento que cada uno de los libros que he publicado tiene algo de mí, pero siempre hago la aclaración porque mucha gente me pregunta si todo lo viví. A mí me gusta usar la ficción al escribir. Se me haría un desperdicio contar solamente cosas que ya me sucedieron”, dice en entrevista con EL INFORMADOR.
El integrante de Café Tacvba explica que su proceso creativo suele partir de una experiencia cotidiana o de una idea mínima que después crece a partir de la imaginación.
“Si algo en la realidad me desata imaginarme algo, pues lo llevo hasta el final”.
Sin proponérselo del todo, “Final feliz” terminó convirtiéndose en un libro atravesado por las relaciones familiares. Padres, madres, hijos y matrimonios aparecen constantemente en las historias. Para Joselo, eso tiene que ver con el momento de vida en el que se encuentra.
“Lo que estoy viviendo no es lo mismo que vivía hace 10 o 20 años. Ahora tengo una familia, llevo 20 años con mi esposa, tenemos dos hijas, mis papás ya murieron. Somos cuatro hermanos y, de hecho, les dediqué el libro a ellos. Ya somos los que quedamos hasta arriba; para arriba ya no hay nadie”.
Deja que la escritura fluya
Joselo asegura que no suele dirigir deliberadamente los temas de su escritura, sino que deja que las ideas fluyan hasta que encuentra conexiones entre ellas.
“En cierto momento me di cuenta de que tenía muchas ideas relacionadas con familias, con papás, con mamás. Entonces pensé que estaría buenísimo hacer un libro cuyo hilo conductor fuera ese. Pero también me gustó que hubiera cuentos distintos, porque cuando hay diferencias ciertos temas resaltan más”.
Además de la familia, otro de los temas que terminó apareciendo de forma inesperada fue la fe. Al revisar los cuentos ya terminados, el músico encontró reflexiones relacionadas con la religión, las creencias y hasta con el propio acto artístico.
“El arte también es un acto de fe. ¿Quién dice que una caja de zapatos vacía puesta en una galería es arte? Hay un acto de fe tanto del que la expone como del que la observa. De repente me di cuenta de que ese tema estaba dentro del libro y creo que tiene que ver con la edad”.
El artista reconoce que, con el paso del tiempo, comenzó a cuestionarse aspectos que antes daba por sentados.
“Naces en una familia que ya viene con una religión, con un contexto sociocultural; todo viene dado desde que naces. Y luego puedes o no cuestionarlo. Hay gente que sigue ahí toda la vida y hay otros que rechazan todo eso”.
Influencias que van de Philip K. Dick a José Agustín
En la exploración literaria, la ciencia ficción sigue ocupando un lugar central para Joselo. Desde niño encontró en autores como Philip K. Dick y Ursula K. Le Guin una puerta para imaginar otros mundos posibles.
“Mucho de lo que vemos ahora en películas o series, Philip K. Dick ya lo estaba planteando hace muchísimo tiempo”.
Sin embargo, el autor que realmente le hizo pensar que él también podía escribir fue José Agustín. Lo mismo ocurrió al leer Tiempo transcurrido, de Juan Villoro.
“Yo veía la literatura como algo lejano, pero cuando leí a José Agustín supe que también podía escribir. Porque hablaba de música, de lo cotidiano, de temas cercanos a mí”.
En los últimos años también ha seguido de cerca el trabajo de autores argentinos como Pedro Mairal, Mariana Enríquez y Samanta Schweblin, escritores que, considera, han ayudado a romper prejuicios sobre géneros como el terror o la ciencia ficción.
“Antes se veía a la ciencia ficción o al terror como géneros menores y ahora todo eso está cambiando. Eso me gusta mucho”.
Más que un músico
La literatura y la música han convivido desde hace años en la vida de Joselo Rangel. Antes de “Final feliz”, publicó “Crócknicas Marcianas” en 2011, el libro de cuentos “One Hit Wonder” en 2015, la novela “Los desesperados” en 2018 y “La niña aburrida” en 2020. Sin embargo, durante mucho tiempo sintió que el público seguía viéndolo únicamente como músico.
“Creo que ya se están equilibrando las cosas. Sí hay gente que todavía se sorprende de que escriba, pero tampoco le doy mucha importancia. Hay personas a las que simplemente no les interesa leer”.
Para el guitarrista, esa sorpresa también refleja cierta idea reduccionista sobre los músicos y los artistas.
“Es como si alguien dijera: ‘¿Cómo un roquero va a escribir?’. Hay muchísimos músicos que escriben, pintan o hacen otras cosas. Pensar que una persona solo puede ser una cosa en la vida es muy triste”.
Parte de su proceso creativo ocurre en una libreta que carga desde hace años a todos lados. Ahí conviven ideas para canciones, cuentos, dibujos y anotaciones cotidianas.
“Siempre cargo una mochila o un morral y ahí llevo una sola libreta para todo. Luego las reviso y encuentro cosas que ya había olvidado. Tener distancia con las ideas me sirve muchísimo”.
Incluso recuerda que esa costumbre nació cuando leyó “Nadie sale vivo de aquí”, la biografía de Jim Morrison.
“Decía que él cargaba una libreta para todos lados y yo pensé: ‘Yo quiero ser así’. Un amigo me dijo: ‘Yo también leí ese libro, pero yo me fui por las drogas y no por el cuaderno’”, cuenta entre risas.
Aunque reconoce similitudes entre escribir cuentos y componer canciones, Joselo considera que ambos procesos parten de lugares distintos. Mientras las canciones nacen desde la emoción inmediata, la narrativa requiere disciplina y trabajo constante.
“Las canciones son más sentimentales. De repente estoy tocando guitarra y sale una palabra, luego otra, y descubro que estaba triste o enojado. En cambio, escribir cuentos sí empieza con una idea más clara, pero es mucho más trabajo. Tengo que obligarme a sentarme a escribir”.
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