Escrito en ENTRETENIMIENTO el
Actualidad
“Hemos preferido inaugurar por encima de conservar. Nadie aplaude que un puente siga en pie”
“Las infraestructuras son sistemas vivos”, resume César Franco, ingeniero industrial. La frase resume bien la pasión con la que habla una persona que ha sido decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid, presidente del Consejo General de Ingenieros Industriales y presidente del Consejo de la Ingeniería de España.
Porque César Franco es ingeniero industrial. Pero decir eso es quedarse muy corto. Su experiencia le ha permitido tener una doble mirada “que es fundamental”. Y es que en los últimos 25 años ha estado ligado a la estructura más digital y tecnológica de multinacionales como HP o DXC. Pero ha compaginado su trabajo con esa vocación de servicio público que lo ha llevado a los puestos relevantes antes mencionados.
Ahora, dirige el Máster de Universitario en Ingeniería Industrial en la Universidad Alfonso X el Sabio donde habla con la misma pasión que transmiten las palabras de esta entrevista que nos ha concedido para analizar el estado de las carreteras españolas.
Una entrevista que nos ayuda a entender la situación española y los retos que tiene por delante. Porque las infraestructuras, nos dice, es mucho más que el ladrillo y el hormigón.
¿Cuál es la situación española general de las infraestructuras? ¿Estamos tan mal como dice el sentir general que se mueve en redes sociales?
Para nada. Las redes sociales tienden a amplificar la anomalía y el descontento, pero si miramos la radiografía con ojos técnicos, España cuenta con una red de infraestructuras realmente potente. Tenemos carreteras que, en términos generales, son envidiables; una red ferroviaria de alta velocidad que es un referente de ingeniería a nivel internacional; puertos estratégicos en las rutas globales y aeropuertos de primer nivel, todo ello respaldado por una ingeniería patria de una solidez tremenda.
El verdadero problema es que durante décadas las administraciones han padecido una clara tendencia a la priorización de la obra nueva: se ha preferido construir e inaugurar por encima de conservar lo que ya funcionaba. Una inauguración ante las cámaras ofrece un retorno político inmediato.
El mantenimiento se relega a los presupuestos: nadie aplaude que un puente siga en pie o que un asfalto continúe liso; se nota poco cuando se hace bien y se nota de golpe cuando se abandona. Con las vacas flacas, la conservación suele ser la primera víctima. No es un colapso instantáneo; es un deterioro silencioso que se va acumulando año a año. El firme se va cuarteando, las estructuras envejecen sin supervisión, los sistemas de drenaje se taponan, los taludes pierden estabilidad y la señalización se vuelve invisible.
A eso hay que sumar fenómenos meteorológicos mucho más extremos, una presión logística exigente y una red ferroviaria hiperutilizada tras la liberalización. No tenemos malas infraestructuras, tenemos unas infraestructuras excelentes sometidas a un estrés sin precedentes y con un déficit de mantenimiento acumulado que ya no se puede ocultar.
La Asociación Española de la Carretera considera que las carreteras españolas están en “el peor estado de su historia”. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?
El titular es muy duro pero la señal de alarma está justificada. Estamos hablando de que más de la mitad de los tramos analizados muestran deficiencias graves o muy graves en sus firmes. Hay unos 34.000 kilómetros que necesitan intervención de manera urgente. La propia DGT reconoce que es el peor escenario registrado desde que se iniciaron estos estudios históricos en 1985.
Para que el ciudadano lo entienda: esto no significa que viajar por España sea una ruleta rusa o que las autovías se vayan a quebrar por la mitad mañana. La red sigue siendo funcional. Lo que nos están diciendo los indicadores es que el pavimento ha entrado en una pendiente de degradación acelerada.
Un asfalto en mal estado no es solo una molestiaque hace vibrar el coche. El riesgo de accidentes es mayor, dispara el consumo y las emisiones contaminantes y acorta la vida útil de los vehículos. En ingeniería tenemos una máxima: una actuación a tiempo es eficiente pero si esperas demasiado la reparación se vuelve exponencialmente más costosa y compleja.
Según AEC, España necesita invertir 4.721 millones de euros en 26.000 km gestionados por el Estado y 8.770 millones en 75.300 km gestionados por gobiernos autonómicos y forales. ¿Qué intervenciones cree que se deberían realizar?
Efectivamente, el déficit es colosal: la red estatal reclama 4.721 millones de euros, pero el volumen principal está en las carreteras autonómicas y forales, que necesitan 8.770 millones.
Si yo tuviera que gestionar esos recursos, jamás cometería el error de lanzar una campaña masiva e indiscriminada de asfaltado. Hay que priorizar por niveles de criticidad: dónde hay más densidad de tráfico, puntos negros de accidentalidad, mayor exposición climática y cuáles son arterias vitales para la economía local.
Como propuesta técnica orientativa, la inversión debería estructurarse bajo un esquema de prioridades muy definido:
|
Prioridad |
Tipo de intervención |
Peso en el presupuesto |
criticidad |
|---|---|---|---|
|
1 |
Firmes y pavimentos |
40–50% |
Muy alta |
|
2 |
Drenaje, escorrentías y adaptación a lluvias extremas |
15–20% |
Muy alta |
|
3 |
Puentes, viaductos, túneles y estructuras |
15–20% |
Muy alta |
|
4 |
Taludes, desmontes, terraplenes y estabilidad geotécnica |
5–10% |
Alta |
|
5 |
Señalización, balizamiento, barreras y seguridad vial |
5–10% |
Alta |
|
6 |
Auscultación, inventario digital y mantenimiento predictivo |
3–5% |
Media-Alta |
|
7 |
Proyectos, inspecciones especiales y contingencias |
3–5% |
Media |
El firme se lleva la mitad del presupuesto porque es lo que pisamos, pero arreglar solo el asfalto es inútil si no se subsana el origen del problema estructural. El drenaje es el gran campo de batalla del siglo XXI. Con las DANAs y las lluvias torrenciales actuales, las carreteras no fallan por el desgaste habitual, sino porque las cunetas se desbordan, los pasos inferiores se inundan y el agua erosiona los cimientos de los terraplenes.
Por otra parte, los puentes, viaductos y túneles son elementos de criticidad extrema. Si un tramo de carretera se estropea, haces un desvío; si un viaducto falla, aíslas a una comarca entera. Necesitamos inspecciones estructurales exhaustivas. Y por último, destinaría una partida obligatoria a digitalizar la red: sensores de auscultación, inventarios digitales en tiempo real y gemelos digitales. No se puede gestionar ni proteger lo que no se conoce al milímetro.
El plan anunciado por el Ministerio para intervenir 5.000 kilómetros de la red estatal con 1.629 millones entre 2027 y 2031 va en la buena dirección, pero no podemos depender de planes de choque puntuales; la conservación debe ser una corriente presupuestaria constante y protegida.
“Si un tramo de carretera se estropea, haces un desvío; si un viaducto falla, aíslas a una comarca entera. Necesitamos inspecciones estructurales exhaustivas”
¿A qué retos nos enfrentamos que no se contemplaran hace 20 años?
Nos enfrentamos a una pinza compleja: un uso intensivo sin precedentes y los efectos del cambio climático.
El tráfico en las carreteras estatales subió un 3,55% en 2024, y el de camiones pesados un 2,94%. El transporte por carretera sigue cargando con el peso de nuestra economía.
Por el lado del clima, los parámetros de diseño han cambiado. Hace veinte años proyectábamos los puentes y los drenajes basándonos en series históricas de lluvia o calor relativamente estables. Hoy esas series ya no son predictivas.
Tal y como recoge el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030, hay que reformular los criterios de explotación de toda la red. El CEDEX lo explica de forma clara: sufrimos amenazas de evolución lenta, como el aumento térmico continuado que ablanda el asfalto, combinadas con eventos extremos violentos como DANAs o borrascas históricas que erosionan los taludes y provocan desprendimientos que cortan corredores vitales.
¿Tenemos un problema con los tiempos a la hora de proyectar y construir una nueva infraestructura? Hay carreteras que tardan décadas en construirse por completo y cuando se quieren sacar adelante las necesidades de la población ya pueden ser otras.
Es una de las grandes frustraciones públicas y un mal endémico que la OCDE ha analizado con rigor. Para entender el retraso hay que mirar lo que ocurre antes de que entre la primera máquina. La obra civil en sí es solo la fase final del proceso.
Antes de mover un solo metro de tierra, una infraestructura debe superar una compleja tramitación burocrática y legal que rara vez baja de los 8 o 10 años en proyectos estándar, y que se va fácilmente a los 12, 15 o 20 años si hay túneles complejos o zonas de alta sensibilidad ambiental. Estudios informativos, declaraciones de impacto ambiental, periodos de alegaciones, conflictos de competencias interadministrativas, expropiaciones forzosas, redacción del proyecto constructivo, licitaciones internacionales y los inevitables recursos de los licitadores. Al final, la fase de construcción dura quizás 3 o 4 años; el resto del tiempo se lo ha llevado la gestión documental.
¿Cuál es la consecuencia? Que, si diseñas una carretera pensando en el tráfico de hoy, cuando la inaugures dentro de quince años el entorno habrá cambiado por completo. Por eso la ingeniería actual no puede ser rígida; hay que proyectar manejando escenarios de futuro y con la flexibilidad suficiente para adaptar la obra sobre la marcha.
Desde 2008 y especialmente desde 2010 las inversiones en infraestructuras caen. Sin embargo, España ha crecido en unos 9 millones de habitantes en lo que llevamos de siglo ¿Hemos pecado de dejar de construir infraestructuras porque se dejó de ver con buenos ojos inaugurar nuevas carreteras, aeropuertos o líneas de tren?
Pasamos de una etapa de sobredimensionamiento a una de parálisis inversora. Hubo una época en la que se proyectaba con alegría, a veces buscando más el equilibrio del peso político territorial o el impacto público que la rentabilidad social y el tráfico real. Como respuesta a los excesos, caímos en la tendencia opuesta: penalizar cualquier obra nueva etiquetándola de innecesaria.
Y la realidad es tozuda: las grandes áreas metropolitanas como Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Sevilla o Bilbao están tensionadas y sus accesos se han quedado cortos ante el crecimiento demográfico.
En los años 90, la inversión en infraestructuras era del 1% del PIB, pero desde 2018 es inferior al 0,5%. ¿Es relevante o es la consecuencia de unas infraestructuras ya asentadas que hay que mantener?
Ambas lecturas tienen su parte de razón. España no puede mantener el ritmo inversor de los años 90 o los 2000. Aquella fue una época de expansión muy intensa en la que pasamos de una red de carreteras nacionales obsoleta a construir una de las redes de autovías y de alta velocidad más moderna de Europa. Una vez que ese esqueleto está de pie, no necesitas volver a construirlo desde cero.
El error de bulto es creer que una red madura se cuida sola o requiere pocos recursos. Cambia el objeto de la inversión, pero no la necesidad del flujo financiero. Ahora el dinero debe ir a la adaptación climática, a la seguridad, a la digitalización y a desatascar nodos metropolitanos que sufren cuellos de botella.
Las infraestructuras implican un compromiso a largo plazo: no se pagan solo el día de la inauguración, se pagan durante los siguientes 50 años en forma de energía, mantenimiento, actualizaciones normativas y reparaciones. En España adolecemos de una notable falta de cultura de mantenimiento; nos entusiasma la primera piedra, pero relegamos la gestión diaria del activo. Ya lo advirtió la OCDE: nuestro problema no es solo de recursos económicos, sino de gobernanza, de saber planificar a largo plazo y de evaluar qué proyectos aportan valor real antes de iniciar las obras.
¿Cómo podemos financiar el coste de estas construcciones? La UE lleva años exigiendo a España que imponga algún tipo de pago por uso, peajes, viñeta…
Es hora de madurar el debate en este aspecto: las carreteras sin coste no existen. Existen las carreteras financiadas a través de los Presupuestos Generales del Estado. Es decir, mediante los impuestos de todos los ciudadanos, usen la carretera o no y las carreteras financiadas de forma directa por quien las utiliza.
Bruselas lleva tiempo impulsando dos principios claros: “quien usa paga” y “quien contamina paga”. La normativa comunitaria permite y fomenta que los países recuperen los costes de construcción y mantenimiento gravando el uso de las vías, especialmente en la red transeuropea. En España convivimos con un modelo heterogéneo: no tenemos una viñeta generalizada, pero mantenemos peajes en ciertos tramos y autopistas de peaje que han revertido al Estado.
Un modelo de pago por uso mal planteado es profundamente regresivo. No puedes castigar igual al trabajador que carece de alternativas y debe utilizar un acceso metropolitano cada mañana, al transportista profesional que mueve nuestra economía o a los habitantes de la España rural que no disponen de transporte público eficiente. Si pones un peaje excesivo en una autovía, provocas un “efecto desvío”: los vehículos se desplazan a las carreteras secundarias, incrementando la siniestralidad.
La solución no es un sí o un no rotundo a los peajes. Necesitamos un modelo de financiación finalista donde lo recaudado vaya exclusivamente a conservar la vía, transparente y modulable. Si se implanta el pago por uso, debe contar con un esquema inteligente de bonificaciones y exenciones para residentes, usuarios recurrentes por motivos laborales, transporte de mercancías y vehículos de bajas emisiones.
Foto | Consejo General de Ingenieros Industriales y Ava Tyler
ues de anuncios individuales.
Source link
Actualidad
El próximo megacrucero de Carnival será descomunal. Su mayor cambio estará en cómo se verá el mar
Un megacrucero puede ofrecer tantas atracciones que, en algunos momentos, resulte fácil olvidar que está navegando. Carnival pretende responder a esa contradicción con el Carnival Destiny, un barco de dimensiones descomunales cuya propuesta no se apoyará únicamente en el volumen, la capacidad o el número de espacios a bordo. La naviera quiere que su rasgo distintivo sea la relación con el exterior. Para conseguirlo, ha planteado una arquitectura abierta, con más superficies acristaladas, perspectivas amplias y zonas concebidas para mantener el océano dentro del campo de visión.
El Carnival Destiny será el primer integrante de la nueva clase Ace, una familia de tres barcos con entregas previstas para 2029, 2031 y 2033. Su construcción comenzó formalmente con la ceremonia de corte de acero en el astillero de Fincantieri en Monfalcone, Italia, donde también se mostró un holograma 3D con el primer adelanto de su diseño. La entrega está programada para el verano de 2029, después de la cual navegará hacia destinos del Caribe, Bahamas y México.
Por tamaño, el Destiny entrará directamente en la categoría más alta del mercado. Sus aproximadamente 230.000 GT de arqueo bruto y su capacidad para alrededor de 8.000 pasajeros lo situarán cerca de los mayores cruceros construidos, aunque no encabezará la clasificación por volumen. Los barcos de la clase Icon de Royal Caribbean, como el Icon of the Seas y el más reciente Legend of the Seas, rondan los 250.800 GT y pueden alojar a unos 7.600 pasajeros a plena capacidad. El nuevo buque de Carnival competirá, por tanto, en esa misma liga, pero con una propuesta distinta.
Un gigante que no quiere ocultar el océano
Una vez situada su escala, la diferencia que la compañía quiere subrayar aparece en el diseño. Carnival no ha presentado todavía una atracción principal ni un gran espacio temático que defina al barco, sino una forma distinta de organizarlo alrededor de su relación con el exterior. La empresa lo describe como el megacrucero más orientado hacia fuera del mercado, una afirmación promocional que todavía tendrá que demostrar. La intención, en cualquier caso, es clara: que el océano funcione como una referencia constante y no como un elemento secundario.
Para materializar esa idea, el proyecto recurrirá a más de 18.200 m² de superficies acristaladas. Entre los elementos ya anunciados habrá paredes de cristal de varias plantas, líneas de visión más abiertas y una mayor presencia de espacios orientados hacia el exterior. No se trata únicamente de añadir ventanas, sino de organizar parte de la arquitectura para reducir obstáculos visuales y extender las vistas a través del buque. Carnival todavía no ha mostrado el diseño completo, por lo que el alcance real de esa transformación sigue pendiente de conocerse.

Esta imagen muestra el Legend of the Seas de Royal Caribbean, no el futuro Carnival Destiny. Entregado en junio de 2026 como tercer barco de la clase Icon, representa la referencia actual frente a la que Carnival situará su nuevo gigante
Otro de los pilares estará en los camarotes y en las cubiertas exteriores. La compañía sostiene que el Destiny tendrá una cantidad inédita de alojamientos con balcón y vistas al mar, pero no ha publicado una cifra que permita comprobar el alcance de esa afirmación. También rediseñará el Lanai, una cubierta exterior concebida para crear una conexión más continua con el océano. Con ello, la naviera pretende que esa relación no dependa únicamente de los grandes espacios panorámicos.
Los cambios no terminarán en la arquitectura, aunque el resto de las novedades todavía es difícil de medir. Según Carnival, más del 70% de los espacios y atracciones responderán a conceptos que la marca no ha utilizado antes, con propuestas previstas en restauración, bares, salones, entretenimiento y zonas al aire libre. La cifra resulta llamativa, pero aún no viene acompañada de nombres, planos ni descripciones detalladas. Hasta que lleguen esos anuncios, solo puede afirmarse que prepara una renovación amplia de su oferta, no que cada propuesta vaya a ser inédita en el sector.
La propuesta del Destiny parte de una contradicción: cuanto más crecen los cruceros y más actividades concentran, más fácil resulta que el mar quede relegado al fondo. Carnival intentará corregirlo con balcones, recorridos exteriores, grandes superficies acristaladas y una distribución concebida para ampliar las vistas. La idea ya está definida, pero todavía falta comprobar cómo funcionará en un barco preparado para alrededor de 8.000 pasajeros. Hasta 2029 no sabremos si esa arquitectura cambiará realmente la experiencia o si su mayor efecto quedará en el terreno promocional.
Imágenes | Carnival
ues de anuncios individuales.
Source link
Actualidad
El próximo megacrucero de Carnival será descomunal. Su mayor cambio estará en cómo se verá el mar
Un megacrucero puede ofrecer tantas atracciones que, en algunos momentos, resulte fácil olvidar que está navegando. Carnival pretende responder a esa contradicción con el Carnival Destiny, un barco de dimensiones descomunales cuya propuesta no se apoyará únicamente en el volumen, la capacidad o el número de espacios a bordo. La naviera quiere que su rasgo distintivo sea la relación con el exterior. Para conseguirlo, ha planteado una arquitectura abierta, con más superficies acristaladas, perspectivas amplias y zonas concebidas para mantener el océano dentro del campo de visión.
El Carnival Destiny será el primer integrante de la nueva clase Ace, una familia de tres barcos con entregas previstas para 2029, 2031 y 2033. Su construcción comenzó formalmente con la ceremonia de corte de acero en el astillero de Fincantieri en Monfalcone, Italia, donde también se mostró un holograma 3D con el primer adelanto de su diseño. La entrega está programada para el verano de 2029, después de la cual navegará hacia destinos del Caribe, Bahamas y México.
Por tamaño, el Destiny entrará directamente en la categoría más alta del mercado. Sus aproximadamente 230.000 GT de arqueo bruto y su capacidad para alrededor de 8.000 pasajeros lo situarán cerca de los mayores cruceros construidos, aunque no encabezará la clasificación por volumen. Los barcos de la clase Icon de Royal Caribbean, como el Icon of the Seas y el más reciente Legend of the Seas, rondan los 250.800 GT y pueden alojar a unos 7.600 pasajeros a plena capacidad. El nuevo buque de Carnival competirá, por tanto, en esa misma liga, pero con una propuesta distinta.
Un gigante que no quiere ocultar el océano
Una vez situada su escala, la diferencia que la compañía quiere subrayar aparece en el diseño. Carnival no ha presentado todavía una atracción principal ni un gran espacio temático que defina al barco, sino una forma distinta de organizarlo alrededor de su relación con el exterior. La empresa lo describe como el megacrucero más orientado hacia fuera del mercado, una afirmación promocional que todavía tendrá que demostrar. La intención, en cualquier caso, es clara: que el océano funcione como una referencia constante y no como un elemento secundario.
Para materializar esa idea, el proyecto recurrirá a más de 18.200 m² de superficies acristaladas. Entre los elementos ya anunciados habrá paredes de cristal de varias plantas, líneas de visión más abiertas y una mayor presencia de espacios orientados hacia el exterior. No se trata únicamente de añadir ventanas, sino de organizar parte de la arquitectura para reducir obstáculos visuales y extender las vistas a través del buque. Carnival todavía no ha mostrado el diseño completo, por lo que el alcance real de esa transformación sigue pendiente de conocerse.

Esta imagen muestra el Legend of the Seas de Royal Caribbean, no el futuro Carnival Destiny. Entregado en junio de 2026 como tercer barco de la clase Icon, representa la referencia actual frente a la que Carnival situará su nuevo gigante
Otro de los pilares estará en los camarotes y en las cubiertas exteriores. La compañía sostiene que el Destiny tendrá una cantidad inédita de alojamientos con balcón y vistas al mar, pero no ha publicado una cifra que permita comprobar el alcance de esa afirmación. También rediseñará el Lanai, una cubierta exterior concebida para crear una conexión más continua con el océano. Con ello, la naviera pretende que esa relación no dependa únicamente de los grandes espacios panorámicos.
Los cambios no terminarán en la arquitectura, aunque el resto de las novedades todavía es difícil de medir. Según Carnival, más del 70% de los espacios y atracciones responderán a conceptos que la marca no ha utilizado antes, con propuestas previstas en restauración, bares, salones, entretenimiento y zonas al aire libre. La cifra resulta llamativa, pero aún no viene acompañada de nombres, planos ni descripciones detalladas. Hasta que lleguen esos anuncios, solo puede afirmarse que prepara una renovación amplia de su oferta, no que cada propuesta vaya a ser inédita en el sector.
La propuesta del Destiny parte de una contradicción: cuanto más crecen los cruceros y más actividades concentran, más fácil resulta que el mar quede relegado al fondo. Carnival intentará corregirlo con balcones, recorridos exteriores, grandes superficies acristaladas y una distribución concebida para ampliar las vistas. La idea ya está definida, pero todavía falta comprobar cómo funcionará en un barco preparado para alrededor de 8.000 pasajeros. Hasta 2029 no sabremos si esa arquitectura cambiará realmente la experiencia o si su mayor efecto quedará en el terreno promocional.
Imágenes | Carnival
ues de anuncios individuales.
Source link
Actualidad
Aplazan la segunda parte de “The Batman” de Robert Pattinson; se estrenará hasta febrero de 2028
EFE.- La segunda entrega de “The Batman”, protagonizada por Robert Pattinson, aplazó su fecha de estreno una vez más hasta el 18 de febrero de 2028.
“The Batman Part II”, dirigida por Matt Reeves (“War for the Planet of the Apes”), tenía previsto llegar a los cines el 1 de octubre de 2027.
La película ya había sufrido otros cambios en su calendario de estreno. Inicialmente, DC Studios había fijado su lanzamiento para el 3 de octubre de 2025, pero las huelgas de Hollywood de 2023 obligaron a retrasar la producción y posponer su estreno al 2 de octubre de 2026.
Posteriormente, la fecha volvió a modificarse al 1 de octubre de 2027, antes del nuevo aplazamiento anunciado este martes.
Reeves dio a conocer la nueva fecha junto con las primeras imágenes de la película, publicadas en Vimeo. En el breve video se observa a Pattinson caracterizado como Batman durante una noche lluviosa; el personaje permanece inmóvil mientras gira hacia la cámara, con una patrulla visible a lo lejos y el sonido de una radio policial de fondo.
El director coescribió el guion de la secuela con Mattson Tomlin (“Terminator Zero”), y en la película también participarán Scarlett Johansson, Sebastian Stan, Charles Dance, Brian Tyree Henry y Sebastian Koch.
La primera película de “The Batman” recaudó en 2022 más de 772 millones de dólares a nivel mundial y logró el segundo mejor estreno de la pandemia con 134 millones de dólares a nivel nacional.
La película de Reeves no es la única que ha sufrido cambios en su estreno, Warner Bros. también anunció que “The Great Beyond” de JJ Abrams cambió su lanzamiento del 12 de noviembre de 2026 al 1 de octubre de 2027.
Por su parte, “Panic Carefully”, de Sam Esmail, retrasó su estreno del 26 de febrero de 2027 al 9 de abril del mismo año, mientras que “Revenge of La Llorona” también fue desplazada a esa fecha tras estar programada inicialmente para febrero.
ues de anuncios individuales.
Source link
-
Actualidad21 horas agoIntel acaba de poner 5.000 millones y un asterisco sobre la mesa
-
Actualidad21 horas agoIntel acaba de poner 5.000 millones y un asterisco sobre la mesa
-
Actualidad17 horas agoEl argumento de la creación de empleo ha sido la gran baza para levantar centros de datos. Estaría bien si fuera cierto
-
Actualidad2 días agoChina conquistó el mercado europeo del neumático barato. La UE acaba de ponerle freno
-
Tecnologia1 día agoNASA revela que desplazamiento de tierra de 60 centímetros causó daños extremos en Caracas
-
Actualidad5 horas agoChina acaba de reunir 100.000 aceleradores nacionales en un superclúster. El desafío ahora es que trabajen juntos con eficiencia
-
Actualidad2 días agoSK Hynix está apostando a que el ciclo de la memoria ha muerto. Lo demuestra haciendo justo lo que siempre lo mató
-
Actualidad23 horas agoSindicato de guionistas de Hollywood demanda a Paramount para bloquear la fusión con Warner Bros






