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Si queremos cuidar nuestra microbiota, esto dice la ciencia sobre a qué hora es ideal cenar

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Cada vez le damos más importancia a lo que comemos, y comenzamos a tener muy en cuenta la información que hay en las etiquetas de los alimentos, e incluso a demonizar los ultraprocesados. Sin embargo, es tan importante el qué comemos como el cuándo comemos, aunque esto último es algo a lo que le podemos dar muy poca importancia en nuestro medio, pero que en verdad tiene un gran efecto sobre nuestra microbiota

Lo que ocurre. No somos los únicos que nos vamos a dormir, puesto que los dos billones de bacterias que habitan nuestro tracto digestivo tienen su propio reloj circadiano. Alterarlo cenando a deshoras no solo empeora nuestras digestiones, sino que, según los últimos estudios, nos empuja hacia un metabolismo proinflamatorio y obesogénico en cuestión de días. De esta manera, cambiar la hora a la que se cena puede ser fundamental para mejorar nuestra salud metabólica general. 

Las bacterias. Para entender por qué la hora de la cena es crítica, primero hay que comprender que nuestra microbiota no es estática, sino que la composición y función de nuestras bacterias oscilan en ciclos de 24 horas como nosotros mismos. De esta manera, durante el día, cuando comemos, van a proliferar bacterias como Firmicutes, que están activas para ayudarnos a procesar los nutrientes. 

Sin embargo, cuando llega el ayuno nocturno, el ecosistema cambia el turno y toman el relevo familias como los Bacteroidetes y Verrucomicrobia. Y esto es algo fundamental, porque es el momento en el que nuestras bacterias fermentan la fibra y producen ácidos grasos de cadena corta como el butirato, que van a actuar como escudo protector de la barrera intestinal y regulan nuestros niveles de glucosa. 

Es sensible. Hasta aquí todo parece maravilloso, pero en el momento que cenamos tarde o si rompemos el ayuno con alcohol y una comida rápida nocturna como el clásico kebab después de fiesta, este delicado ecosistema se desincroniza. En ese momento, los Bacteroidetes disminuyen, el intestino se inflama y perdemos ese escudo protector.

El experimento. La teoría suena bien, pero ¿cuánto tardamos en dañar este ecosistema por cenar tarde? La respuesta la tiene un equipo conjunto del CSIC, la Universidad de Murcia y la Universidad de Harvard a través de un riguroso ensayo donde se sometió a un grupo de mujeres jóvenes y sanas a un experimento cruzado. 

En este caso, las mujeres durante una semana hicieron la comida principal a las 14:00 horas, y a la semana siguiente se retrasó hasta las 17:30. Todo lo demás, como las calorías, el tipo de dieta o las horas de sueño, se mantuvo idéntico. 

Los resultados fueron contundentes, ya que bastaron siete días de comer tarde para invertir por completo el ritmo diario de la microbiota. Y es que, como hemos visto antes, al desplazar los horarios hacia la noche, la diversidad microbiana se alteró y comenzaron a proliferar bacterias asociadas a procesos proinflamatorios (como Fusobacterium o Porphyromonas). En términos clínicos, este patrón tardío empuja al cuerpo hacia un estado metabólico que facilita la obesidad y aumenta el riesgo de enfermedades intestinales.

La hora ideal. El consenso científico apunta a una ventana muy específica que para los españoles supone un reto cultural importante, puesto que se cree que la cena debería realizarse antes de las 20:00 o 21:00 horas, mientras que la comida no debería pasar de las 14:00. Aunque si vamos más allá, investigadores en microbiota coinciden en que la franja ideal se sitúa entre las 18:00 y las 20:00 horas, garantizando siempre que pasen al menos de dos a tres horas antes de irnos a dormir.

Es bastante importante, porque se ha visto que las personas que cenan temprano o al menos dejan dos horas de margen antes de acostarse tienen un 20% menos de riesgo de desarrollar cáncer de mama y de próstata. La clave parece estar en la melatonina, la hormona del sueño, que al segregarse de forma natural despliega un potente efecto antioxidante y antiinflamatorio, siempre y cuando no estemos en plena digestión.

Imágenes | Caroline Attwood  CDC

En Xataka | Cada vez sabemos más sobre la microbiota humana. Y aún es poco lo que sabemos de los beneficios de los probióticos

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las pausas de hidratación han convertido al fútbol en un nuevo deporte

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Corría el minuto 21 cuando Liviano Comenencia chuta un balón que queda sin dueño en la frontal del área de Alemania. El disparo se envenena entre las piernas de uno de los defensas y Manuel Neuer es sorprendido bajo la portería. Tan sorprendido como nos quedamos todos los que estábamos frente al televisor asistiendo al primer gol de Curazao en la fase final de un Mundial de Fútbol. 

El partido, para entonces, empezaba a enloquecer. Alemania manejaba pero a la selección germana se la veía incómoda. El traje de máxima favorita no le estaba sentando nada bien, se notaba que la camisa le quedaba un poco pequeña y que el cuello le apretaba demasiado. El público empezó a soñar con una de esas gestas históricas. 

Pero bastaron cinco minutos para despertarnos de la ensoñación. Parón para tomar aire. Cooling Break, pone en el rótulo de la televisión. Y a la vuelta, ahí estaba Alemania. Ahora sí se había recolocado la camisa, ya bien metida por dentro del pantalón. Antes de que llegara el descanso, el de toda la vida, los germanos ya se habían asentado en el partido y ganaban 3-1. 

Curazao puede presumir de haber empatado a Alemania unos minutos. Y también lamentará ser una de esas grandes víctimas de un nuevo fútbol que se juega a cuatro cuartos. 

De la protección de los jugadores al negocio de los anuncios

En los partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2026™, los jugadores disfrutarán de pausas de rehidratación de tres minutos a mediados de cada parte. Con esta medida, la FIFA da prioridad al bienestar de los jugadores durante la edición de la competición que se celebrará el próximo verano en Canadá, México y Estados Unidos.

Cuando la FIFA introdujo por primera vez las pausas de hidratación hace 12 años lo hizo por la presión de los propios jugadores. Ante el calor y la humedad extremas de Brasil, los futbolistas presionaron hasta conseguir que el máximo órgano del fútbol mundial se abriera a detener temporalmente el partido en el minuto 30 y el 60, siempre y cuando la temperatura certificada superara los 32 grados. 

Dos minutos y a seguir corriendo persiguiendo el balón. Desde entonces, la medida se ha extendido a todo tipo de competiciones, siempre y cuando las temperaturas y las condiciones meteorológicas fueran extremas

Pero la FIFA, tal y como señala en su propia página web, ha decidido que en este Mundial el partido se pause en el minuto 22 de cada parte. Una medida, aseguran, que “da prioridad al bienestar de los jugadores” y que se aplica “en todos los encuentros, con independencia de la meteorología y las temperaturas imperantes, para otorgar igualdad de condiciones a todas las selecciones en todos los partidos”. 

Es decir, el partido se para incluso cuando se disputa por debajo de los 32 grados antes mencionados. De hecho, se para incluso cuando el partido se disputa en un estadio con el techo cerrado y el aire acondicionado puesto. Cuando el Alemania-Curazao se detuvo, el termómetro marcaba poco más de 20 grados. 

Los caribeños fueron la víctima perfecta. La pausa, sin jugadores extenuados, fue el momento perfecto para tomarse el pequeño descanso como un tiempo muerto, respirar hondo y reorganizar ideas. Antes del descanso, Alemania había puesto tierra de por medio y había aplastado toda resistencia curazaeña. 

Es el mejor ejemplo de que el fútbol, lo quiere la FIFA en este Mundial, sea un nuevo deporte que se juega a cuatro cuartos de 22 minutos. Y, de paso, una nueva fórmula para meter por los ojos de los espectadores una nueva pausa publicitaria. Más tiempo en pantalla disponible, más negocio, más millones. 

Había pocas dudas sobre el verdadero propósito de estas espacios publicitarios pausas para la hidratación pero basta un móvil en el estadio para desarmar el discurso de la FIFA: los jugadores esperando la orden del árbitro que observa en una tablet si los anuncios han terminado en la señal de televisión ofrecida por los jugadores. 

“Estos tres minutos lo paran todo. Tenemos que adaptarnos. Las televisiones están contentas, ¿no?“, ironizaba Didier Deschamps, seleccionador de Francia, en palabras recogidas por The Wall Street Journal. “No me gusta. Solo las quiero cuando las condiciones son extremas pero si el tiempo es bueno, es innecesario”, se lamentaba Mauricio Pochetino, seleccionador de Estados Unidos. 

Las situaciones más ridículas se han visto cuando los jugadores de Alemania pidieron al árbitro reanudar el partido contra Curazao pasados 90 segundos. Lógico que el encuentro se mantuviera detenido. Explican en el diario estadounidense que los anunciantes pagan alrededor de 200.000 dólares por 30 segundos en dichas pausas pero que la cifra asciende hasta los 750.000 dólares si juega Estados Unidos. 

Explican en ese mismo artículo The Wall Street Journal que tampoco los responsables de los medios de comunicación se esconden del verdadero propósito. Antes del Mundial, Zac Kenworthy, uno de los vicepresidentes de Fox, ya apuntaba a que “FIFA siempre está buscando la manera de innovar. Están muy interesados en el mercado americano, en cómo se hacen aquí los deportes”. 

Las implicaciones de un nuevo fútbol

“He estado viendo todos los partidos y cuando hay una pausa por hidratación… bueno, no me gusta mucho. Creo que son necesarias si hace mucho calor pero deberías tratar cada partido por separado”. 

Con estas palabras se refería Virgil Van Dijk, capitán de Países Bajos, a la pausa obligada para hidratarse. “Ya he hablado demasiado”, decía a cámara con una cara de evidente incomodidad

Mucho menos incómodo se ha mostrado Jürgen Klopp, quien fuera entrenador del Liverpool y el Borussia Dortmund cree que las pausas son “una jaula dorada construida para los anunciantes. El fútbol está siendo secuestrado por directivos atrincherados en despachos con aire acondicionado”, recogen en Diario Vasco

Y el problema es que estas pausas cambian por completo la naturaleza del deporte. La pausa de tres minutos decretada para todos y cada uno de los partidos rompe el ritmo y ofrece ventaja a quien corre en todas direcciones sin encontrar el agua con el que apagar el fuego. Lo imprevisible en el fútbol, la locura temporal desatada en el terreno de juego paralizada en favor del enésimo anuncio de patatas fritas en la televisión. 

O, como recogen en elDiario.es, la mayonesa oficial de la Selección. Genuflexiones necesarias para atrapar los 7.775 millones de euros que la FIFA espera recaudar con este Mundial, de los cuales más de 4.000 millones de euros llegan desde las televisiones. 

A cambio, distorsionar ese juego en el que 11 jugadores se enfrentan durante dos partes de 45 minutos para reconvertirlo en un deporte de cuatro cuartos de 22 minutos (en el que siempre gana Alemania). Una fórmula mucha más cercana al gusto del público americano que ha crecido entre los tiempos muertos y comerciales del beisbol, el fútbol americano y la NBA. Deportes en los que las pausas son constantes y marcan los puntos de máxima expectación. Un problema para el fútbol, incapaz de enamorar a un espectador estadounidense que no puede hallar belleza en un deporte que puede terminar con un empate a cero. 

Las implicaciones sobre el juego son evidentes. Las pausas de hidratación se han convertido en tiempos muertos para que los equipos se reorganicen, más ventaja para quienes cuenta con los mejores entrenadores y son capaces de ajustar mejor los cambios tácticos. Otra facilidad para unos equipos grandes que desde la crisis del Covid-19 pueden introducir al campo otros dos jugadores más en lugar de los tres cambios tradicionales (y un tercero si el partido llega a la prórroga y un cuarto si alguno de los jugadores es sustituido por un golpe en la cabeza). 

Con los cinco cambios asentados y presupuestos que empiezan a rivalizar con el PIB de un país pequeño, el fútbol de clubes es cada vez más predecible con plantillas más y más largas que son un agujero negro para la clase media y, sobre todo, pone el listón más alto para los clubes pequeños. 

El Mundial, como todo fútbol de selecciones, suele ofrecer peor fútbol en lo táctico pero premia lo impredecible y lo inesperado, a quienes mejor manejan los sentimientos, a quienes se desenvuelven con soltura en el caos generado por no disponer de un equipo rodado y perfecccionado en el día a día. Con el desorden llega la diversión y las sorpresas. Se multiplican los momentos memorables. 

Queda por ver si alguien dentro de la FIFA descubre esta evidencia. Con 4.000 millones de euros más en la cuenta bancaria, lo más probable es que se pongan las vendas que sean necesarias delante de los ojos. 

Foto | Selección Española de Fútbol 

En Xataka | De 6.730 a 10.990 dólares en seis meses: la entradas de la final del Mundial son el negocio más rentable de la FIFA 



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Durante décadas subimos a este rascacielos de Nueva York sin saber que los tornillos que lo sujetaban no aguantaban

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La situación fue más o menos así. Durante dos décadas, cientos de miles de personas entraron y salieron por las puertas de uno de los rascacielos más grandes de la ciudad de Nueva York. Estas personas, muchos de ellos trabajadores, subían y bajaban en el ascensor ajenas totalmente al fallo crítico que tuvo el edificio, terrorífico en clave arquitectónica, y que nadie tuvo en cuenta. Pocas veces en la historia del urbanismo de las grandes urbes se dio una situación similar.

La historia se remonta a principios del siglo XX, cuando la iglesia luterana de San Pedro se encontraba en un terreno de la Calle 53, entre Lexington Avenue y la Tercera Avenida, en Midtown Manhattan. Para 1960, la comunidad de la iglesia pasaba por serios problemas económicos, lo que llevó al ayuntamiento a vender el terreno. Las negociaciones no fueron fáciles y duraron  años. Principalmente, porque la iglesia exigía la creación de un nuevo edificio separado del bloque de pisos en el que pudiera continuar con sus actividades.

Al final se dio luz verde al proyecto. El promotor aceptó las condiciones, y Citi Bank encargó a Hugh Stubbins & Associates el diseño del rascacielos. De la ingeniería se encargó William LeMessurier. El proyecto final constaba de un rascacielos, una iglesia, un espacio público bajo el nivel de la calle y el paisajismo.

El elemento más importante era, por supuesto, el rascacielos. El plano marcaba 46 plantas que se iban a distinguir del resto de la ciudad por el aluminio pulido y anodizado de la fachada. Además, entre los paneles había hileras de ventanas. No parecía realmente complicado, al menos no como el tejado y la base del edificio.

El dichoso tejado

Así, en el año 1977 se termina de levantar el rascacielos. Para entonces se había hecho más grande, con 59 plantas y una altura total de 279 metros. Una obra arquitectónica que deslumbraba a simple vista en el skyline de la ciudad, una torre colosal donde destacaba su cima inclinada de 45 grados.

La parte superior del tejado se asemeja a un triángulo isósceles. El plan original era construir terrazas y apartamentos, pero con el tiempo los arquitectos decidieron instalar enormes paneles solares. LeMessurier, profesor y graduado del Instituto Tecnológico de Massachusetts, realizó una serie de pruebas para comprobar la eficiencia de estos. Resultó que la energía convertida por la instalación era insuficiente. Finalmente, la idea de una pequeña planta solar se abandonó.

Citigroup Center
Citigroup Center

Sin embargo, nada como la base sobre la que se sustentaba el edificio. Unos “zancos”, como describió el propio LeMessurier, entre los que parecía flotar el para entonces séptimo rascacielos más grande del planeta. Nos referimos, por supuesto, a esos cuatro pilares gigantescos (34 metros cada uno) que se encuentran en el centro de cada lado (en lugar de en las esquinas) de la base.

También tenía una única columna en el centro, en este caso más estrecha, que albergaba los bancos del ascensor del edificio y que proporcionaba la fuerza adicional a los bastidores. Con este diseño se hizo sitio para la iglesia debajo de la esquina del noroeste del edificio, y dio a la estructura gigante un efecto brutal, casi como si estuviera levitando. De hecho, era excepcionalmente “ligero”, de tan solo 25.000 toneladas (como referencia, el Empire State Building era de 60.000).

Citigroup Center From Ground
Citigroup Center From Ground

Los famosos pilares

La base se convirtió en un icono de la arquitectura, ya que hacía que el espacio en las esquinas estuviera vacío. LeMessurier hizo que el peso del rascacielos se distribuyera al esqueleto exterior. En concreto, en una rejilla de marcos de forma triangular oculta bajo la fachada. Curiosamente, esta estructura era visible desde el interior. Los elementos no estaban completamente soldados, sino solo fijados con juntas atornilladas.

Al parecer, el marco de acero diseñado de esta manera estaba destinado a soportar vientos perpendiculares. Según los ingenieros, otros tipos de viento no deberían suponer una amenaza. Además, las normas municipales no obligaban a tener en cuenta otras ráfagas de aire en el diseño.

Lo cierto es que la arquitectura escondía un mecanismo importante en los pisos superiores. El Citigroup Center tenía uno de los primeros amortiguadores de masa sintonizados (TDM). Se trata de una esfera de hormigón de 360 ​​toneladas empotrada en aceite. Cuando las vibraciones del suelo o el viento movían el edificio, el mecanismo oscilaba en dirección opuesta a la inclinación del edificio.

Comienzan los problemas

Citigroupcenternight
Citigroupcenternight

Dicho balanceo se equilibraba a su vez mediante brazos hidráulicos que sostienen la esfera. Con esta solución, el rascacielos era capaz de “mantener el equilibrio”. Como explicó en su día LeMessurier, esta pieza era clave, ya que su función era la de cortar el balanceo del edificio por la mitad mediante la conversión de la energía cinética de balanceo en fricción.

Una vez terminado, el edificio fue alabado, pero también llegaron las primeras dudas. Nueva York no es un estado de grandes huracanes, pero los tiene de vez en cuando, ¿qué ocurriría si, una vez cada 50 años, los vientos soplaran a más de 100 km/h? Estos vientos pueden soplar desde diferentes direcciones.

El Citigroup Center se inauguró en 1977 con el nombre de Citicorp Center (que cambió a Citigroup Center en 1998 tras la fusión de Citicorp y Travelers Group). Pero solo un año después de su inauguración se hizo evidente que podría tener un gravísimo defecto estructural.

Un año después, LeMessurier recibe la llamada que ningún arquitecto espera en vida. Se trataba de Diane Hartley, una estudiante de arquitectura de la prestigiosa Universidad de Princeton que había estudiado la construcción del rascacielos para su tesis. La primera de las llamadas fue para hacerle varias preguntas técnicas sobre el diseño. El profesor de Hartley le había expresado sus dudas con respecto a la fuerza de un rascacielos inclinado donde las columnas de apoyo no estaban en las esquinas.

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Hartley hizo algunos cálculos de la carga de viento del edificio. Luego los comparó con los cálculos de LeMessurier y descubrió que las cifras de los ingenieros de construcción eran incorrectas. La estudiante pidió que le enviaran los cálculos de carga exactos para diferentes tipos de viento. Solo recibió datos relacionados con vientos perpendiculares y garantías sobre la solidez de la estructura.

Es más, LeMessurier le dijo que el profesor no tenía ni la más remota idea y que todo estaba en orden. La geometría del bastidor del edificio funcionaba perfectamente con los pilares en tales posiciones, permitiéndole resistir vientos muy fuertes, incluso desde un ángulo diagonal.

Poco después, el ingeniero recibe un segundo toque de atención. Otro estudiante, esta vez del departamento de arquitectura del Instituto Tecnológico de Nueva Jersey en Newark. Se trataba de Lee DeCarolis, y convence a LeMessurier para que hiciera un nuevo cálculo.

El hombre comienza a dudar por primera vez de su proyecto.  Cuando termina el nuevo cálculo, un sudor frío recorre su cabeza. Ahora la carga máxima sobre los triángulos de acero parecía superar en un 40% cuando los vientos soplan en diagonal. De ser así, los pernos que conectan las estructuras estaban aún más sobrecargados, junto a un incremento de hasta un 160% de la carga en todas las juntas de conexión.

Se sabía que LeMessurier estaba interesado en los efectos de un cambio de ingeniería que se hizo durante la construcción y que había parecido correcto en su momento: las numerosas juntas no se soldaron (como así fue en el diseño original), y se aseguraron con pernos (tornillos). Normalmente, este cambio puede ser aceptable, pero el diseño del centro del Citicorp era sensible a los vientos diagonales. De ahí que los resultados de sus cálculos fueran más que preocupantes.

Descubriendo el pastel

Citicorp
Citicorp

Para que nos hagamos una idea de lo que acababa de descubrir el ingeniero, pensemos que la fuerza del viento sobre las superficies planas de un edificio es enorme. El viento que empuja contra una arquitectura alta como las de los rascacielos tiene una gran influencia contra su base, aunque la gravedad hace gran parte del trabajo por mantener todo el edificio unido a través de la compresión.

Esto hace que un edificio sea seguro contra el viento, siempre y cuando las juntas sean lo suficientemente fuertes como para resistir cualquier fuerza que no sea contrarrestada por la gravedad. En el caso que nos ocupa, LeMessurier temía que los tornillos no fueran demasiado fuertes para la tarea.

Tras unos días sin salir de casa, el ingeniero se pone en contacto con abogados y otros especialistas para acordar un proceso con el que rectificar su error. Le confirman que las ráfagas a más de 100 kilómetros por hora serían suficientes para romper los pernos que sostienen las bases del edificio, dando como resultado un fallo estructural “muy grave”.

Poco después, los trabajadores comienzan las labores de reparación por la noche, no hay tiempo que perder ante una posible catástrofe de consecuencias impredecibles. Mientras, la vida seguía funcionando “normal” en el interior del rascacielos. El plan del ingeniero: reforzar las 200 juntas atornilladas soldando placas de acero de 5,1 cm de espesor para cubrir los pernos.

Además, la integridad de las columnas y de todo el esqueleto se iba comprobando constantemente, no podían permitirse ni el más ligero fallo. La bola de hormigón del tejado estaba asegurada en cuanto al acceso a las fuentes de energía. Dicho esto, Manhattan tenía un plan en caso de derrumbe, uno que nunca hicieron público para que nadie entrara en pánico.

Lo cierto es que el plan de refuerzo finalizó a finales de 1978, un año después de conocerse el fallo estructural, pero nadie dijo nada. El caso se destapó en 1995 con un artículo del New Yorker describiendo lo ocurrido hacía casi veinte años, sacando a la luz, ahora sí, el histórico fallo con el que se levantó el rascacielos.

Sin embargo, ni LeMessurier, ni los arquitectos e ingenieros del Citigroup Center, tuvieron que afrontar consecuencias legales por la corrección de sus errores. Al parecer, el coste de las modificaciones realizadas ascendió a varios millones de dólares, cantidad que fue cubierta por el seguro de la empresa.

Hoy y según los nuevos cálculos, cada varios cientos años se producen vientos que pueden dañar gravemente un edificio. Nunca sabremos lo que hubiera pasado de no haberse arreglado el Citicorp, pero sí sabemos el nombre de la heroína que, quizás, salvó miles de vida: Diane Hartley.

Imagen | Andrew Moore, Elisa.rolle, Johan Burati, Trxr4kds, Max Hermus, Amar.raavi

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*Una versión anterior de este artículo fue publicada en julio de 2024

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Guillermo del Toro es elegido para integrarse a la Junta de Gobernadores de la Academia de Hollywood

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- Guillermo del Toro, tres veces ganador del Óscar, fue elegido por primera vez como miembro de la Junta de Gobernadores de la Academia de Hollywood, en la rama de directores.

La institución dio a conocer este lunes la composición del organismo para el periodo 2026-27, entre cuyos nuevos integrantes figura también el director David Leitch, conocido por la saga John Wick, quien impulsó la creación de la categoría de acrobacias que será reconocida por primera vez en la ceremonia de 2027.

“La Junta de Gobernadores define la visión estratégica de la Academia, preserva la salud financiera de la organización y garantiza el cumplimiento de su misión”, reza el comunicado de la institución.

Entre los miembros reelegidos para un nuevo mandato se encuentran el actor Lou Diamond Phillips (Rama de Actores); Jinko Gotoh (Rama de Animación), Daniel Orlandi (Rama de Diseñadores de Vestuario); Hannah Minghella (Rama Ejecutiva), o Dana Stevens (Rama de Guionistas), entre otros.

Por su parte, la productora Bonnie Arnold (Rama de Animación); Bernard Telsey (Rama de Directores de Casting); el director Roger Ross Williams (Rama de Documentales); Bob Rogers (Rama de Cortometrajes); y Paul Debevec (Rama de Efectos Visuales), regresan a la Junta después de una pausa.

Entre los nuevos integrantes también destacan Michael Goi (Rama de Directores de Fotografía), Anne Goursaud (Rama de Editores de Cine), Patricia Dehaney (Rama de Maquilladores y Peluqueros), el compositor Kris Bowers (Rama de Música), entre otros.

La Academia cuenta con 19 ramas, cada una representada por tres gobernadores, quienes pueden ejercer hasta dos mandatos de tres años, consecutivos o no, con una pausa obligatoria de dos años antes de optar a dos mandatos adicionales, para un máximo vitalicio de 12 años.

Del Toro obtuvo su primer Óscar como director en 2018 con “The Shape of Water”, filme que también se alzó con la estatuilla a mejor película.

En 2023 el mexicano sumó un tercero en la categoría de mejor película animada con su versión de “Pinocchio”, rodada en animación cuadro a cuadro.

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