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ha disparado su producción y está a punto de decir adiós a la importación
Aunque oficialmente la guerra que copa todos los titulares estos días es el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, la realidad es que la geopolítica mundial es un avispero tal que todo el mundo se está rearmando. Y mientras que Europa descubre que le faltan cosas esenciales como munición o personal cualificado para fabricarlas, China llega a este momento crítico en una posición casi inmejorable: el ejército de su gran rival depende cada vez más del gigante asiático y además está a un suspiro de ser autosuficiente.
El documento de “Tendencias en las transferencias internacionales de armas, 2025” publicado hace unos días por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo recoge las tendencias, cambios y principales actores del comercio mundial de armas pesadas entre los periodos 2016-20 y 2021-25 y deja claro algo: en armamento, China se lo guisa y China se lo come.
El cambio de China. Mientras el volumen global de transferencias de armas ha crecido un 9,2 % en el periodo 2021-25 , China se ha mantenido como el quinto mayor exportador del mundo (con un 5,6 % de la cuota global). Pero su forma de interactuar con el mercado ha cambiado radicalmente: ahora vende más y compra mucho menos.
Hace 10 años China era el quinto mayor importador de armas del mundo y hoy apenas aparece en el puesto 21: ha bajado del top 10 por primera vez desde 1991. No es que se haya desarmado ni mucho menos. De hecho, está produciendo cazas como si no hubiera un mañana y ya ha superado a Estados Unidos en la producción de submarinos nucleares. Es que ya no tiene que comprar fuera lo que fabrica en casa.
Por qué es importante. Porque China es la segunda potencia militar del mundo en gasto (según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos) y que un país de su tamaño e inversión deje de depender del mercado exterior es una confirmación más de la madurez de su industria. Y disminuir su talón de Aquiles: si no depende de nadie para disponer de armamento, no hay presiones que valgan para intentar cortarle el suministro. Sin ir más lejos, una de las primeras medidas de China en el tira y afloja de los aranceles fue endurecer su marco de control a las tierras raras, esenciales para el armamento.
Por otro lado, la influencia de China no solo se mide por sus fronteras, sino por quiénes dependen de ella: ya hemos visto cómo es esencial en la cadena de suministro de Estados Unidos, pero el informe del SIPRI destaca cómo se erige como el pilar de la defensa de Pakistán, es el mayor proveedor de armas para el África Subsahariana y está abriendo nuevos mercados en Europa (Serbia).
Contexto global. El documento del SIPRI sitúa este cambio en un contexto de rearme global, especialmente en Europa (donde hay un 210% más de importaciones) y la competencia directa de Estados Unidos. Según el informe, la política de exportación de armas de EEUU hacia Asia y Oceanía en parte determinada por su objetivo de contener la influencia de China, destacando receptores clave como Japón, Australia o Corea del Sur.
Del ‘Made in Rusia’ al ‘Made in China’. China ha reducido sus importaciones entre 2016 y 2025 un 72%. Históricamente el gigante asiático era dependiente de la tecnología rusa, pero ya no. Eso sí, Rusia sigue siendo su principal proveedor: supone el 66% del total importado.
Tras el fin de la Guerra Fría, Pekín seguía dependiendo de Moscú y su tecnología, pero a lo largo de la década de los 90 hubo momentos clave para este punto de inflexión en la estrategia china, como el trauma de Yinhe en el estrecho de Malaca o la crisis del Estrecho de Taiwán de 1996 en los que quedó patente la superioridad militar estadounidense y la necesidad de construir su propia industria de defensa.
China se está rearmando. Pekín ya posee la armada más numerosa del mundo en cuanto a número de buques, según el departamento de defensa de EEUU y se ha consolidado como el referente en el despliegue de misiles hipersónicos. En el plano estratégico, el Pentágono proyecta que China contará con más de 1.000 ojivas nucleares para 2030. Si analizamos su presupuesto más reciente, que creció un 7,2 %, la autosuficiencia tecnológica y la innovación científica en defensa aparecen como la prioridad absoluta para romper cualquier dependencia exterior.
Qué significa para el resto del mundo. Para Rusia evidentemente supone perder a su mayor y más fiel cliente histórico. Según los datos del SIPRI, la caída de las compras chinas ha arrastrado las exportaciones rusas a mínimos históricos, agravando la crisis de su industria de defensa. Para Estados Unidos es un caramelo envenenado:mientras Washington intenta reforzar a sus aliados en el Pacífico, se enfrenta a un rival que imprime un ritmo de producción industrial y tecnológica que hoy les cuesta seguir. Para figuras como Pete Hegseth, China ya no es solo un competidor, es la pacing threat: la amenaza que marca el ritmo y la escala a la que el resto del mundo debe intentar adaptarse.
Los países geográficamente próximos a China también están acelerando sus compras, impulsados tanto por los planes de refuerzo estadounidenses como por el temor propio. La pregunta es hasta cuándo podrán sostener este pulso, porque, en términos de masa industrial y velocidad, hoy nadie parece capaz de seguir el ritmo de China.
Portada | CCTV, SteKrueBe
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En 1967 Canadá construyó viviendas futuristas como piezas de Lego. Medio siglo después siguen sin saber cómo repararlas
Cuando Moshe Safdie diseñó Habitat 67 siendo estudiante de arquitectura, tuvo una idea revolucionaria: utilizó miles de piezas de Lego para probar cómo podían encajar los módulos de viviendas en tres dimensiones. Décadas después, el propio arquitecto seguía recordando que llegó a vaciar tiendas enteras de Lego en Montreal para construir las maquetas. Y quizás ahí estaba el problema.
Reinventar la vivienda a lo Lego. A comienzos de los años 60, las ciudades occidentales estaban atrapadas entre dos modelos que parecían inevitables: enormes bloques de apartamentos impersonales o interminables suburbios dependientes del coche. Un joven estudiante de arquitectura llamado Moshe Safdie creyó que existía una tercera vía.
Su idea era aparentemente simple y radical al mismo tiempo: construir viviendas prefabricadas apilando módulos de hormigón como si fueran piezas gigantes de Lego, de forma que cada familia pudiera tener luz, terraza, vegetación y sensación de casa individual dentro de una gran estructura urbana. El proyecto terminó convirtiéndose en Habitat 67, el gran icono futurista de la Expo de Montreal. Lo que Canadá presentó al mundo como el futuro definitivo de las ciudades acabó siendo una de las obras arquitectónicas más fascinantes y problemáticas del siglo XX.
Habitat 67 era una utopía. La imagen del edificio sigue pareciendo futurista incluso hoy: 354 enormes módulos de hormigón prefabricado, cada uno de unas 90 toneladas, apilados en formas irregulares sobre una península artificial frente al río San Lorenzo. Safdie estaba obsesionado con resolver un problema que consideraba central para el futuro urbano: cómo mantener la densidad de la ciudad sin sacrificar la privacidad, la naturaleza y la sensación de hogar.
Su lema era “For everyone a garden”. Cada apartamento debía tener jardín propio, ventilación cruzada, vistas abiertas y calles peatonales elevadas en lugar de pasillos cerrados. La inspiración venía tanto de las viviendas pueblo del suroeste estadounidense como del metabolismo japonés que contamos hace unos días, un movimiento arquitectónico que imaginaba edificios formados por células modulares capaces de crecer y reorganizarse como organismos vivos.


El gran problema: hacerlo barato. La paradoja de Habitat 67 es que nació precisamente para abaratar vivienda urbana… y terminó costando muchísimo más de lo previsto. Safdie imaginó que la prefabricación industrial permitiría fabricar apartamentos en cadena con rapidez y eficiencia, pero la realidad fue muy distinta. El complejo requería un sistema de ensamblaje extremadamente sofisticado, una fábrica instalada dentro de la propia obra, grúas gigantescas y conexiones técnicas complejísimas entre módulos.
Cada caja debía salir de fábrica prácticamente terminada, con ventanas, cableado, baños y cocinas incorporadas antes de ser elevada hasta su posición definitiva. La reducción del proyecto original (de 1.200 viviendas previstas a apenas 158) disparó todavía más los costes. El experimento pensado para democratizar la ciudad terminó convirtiéndose en un complejo demasiado caro incluso para la clase media que pretendía atraer.


Aparecen las goteras y el moho. Con el paso del tiempo apareció el otro gran enemigo de Habitat 67: el agua. La estructura escalonada llena de terrazas, jardines y uniones entre módulos generó una pesadilla de impermeabilización. El hormigón comenzó a sufrir filtraciones constantes en el clima extremo de Montreal y el agua acabó penetrando en muros y sistemas de ventilación. Algunos residentes denunciaron problemas graves de humedad y moho durante años.
Las reparaciones nunca fueron sencillas porque el edificio no funciona como un bloque convencional: cada módulo forma parte estructural de un entramado tridimensional extremadamente complejo. Medio siglo después, las restauraciones siguen siendo casi quirúrgicas. En la gran rehabilitación realizada para el 50 aniversario hubo que desmontar capas exteriores, volver a aislar enormes superficies y rediseñar sistemas completos para proteger la estructura de los inviernos canadienses.
De sueño social a símbolo de élite. Otra de las ironías más llamativas de Habitat 67 es su evolución social. Lo que nació como manifiesto de vivienda urbana accesible terminó transformándose en una de las direcciones más exclusivas de Montreal. Los alquileres originales ya eran prohibitivos en los años 60 y la privatización posterior convirtió los apartamentos en propiedades de lujo.
Hoy algunas unidades alcanzan precios millonarios y los costes de mantenimiento mensual son altísimos. La “ciudad para todos” acabó siendo un enclave para élites culturales, empresarios y amantes de la arquitectura. Sin embargo, incluso sus críticos admiten que el edificio logró algo extraordinario: demostrar que la vivienda densa podía ser emocionalmente distinta a los bloques repetitivos que dominaron el urbanismo moderno.
Nunca murió del todo. Lo más fascinante es que, pese a todos sus problemas, Habitat 67 continúa ejerciendo una influencia gigantesca sobre arquitectos y urbanistas. Décadas después sigue inspirando proyectos modulares, complejos aterrazados y nuevas ideas sobre cómo combinar densidad urbana y calidad de vida. Incluso las herramientas digitales actuales han resucitado el proyecto original nunca construido.
En los últimos años, Safdie Architects y Epic Games recrearon virtualmente el gigantesco “Project Hillside” que el gobierno canadiense recortó por falta de dinero en los años 60. Gracias a Unreal Engine, drones y modelos hiperrealistas, el arquitecto pudo recorrer por primera vez la versión completa de la ciudad modular que había imaginado de joven.
Hay algo profundamente simbólico en esa estampa: Habitat 67 fue tan ambicioso que ni siquiera la tecnología de su tiempo podía hacerlo plenamente viable. Quizá por eso sigue fascinando hoy. Porque parece una reliquia del pasado… pero también una visión de un futuro urbano que todavía no sabemos cómo construir sin que se venga abajo a base de filtraciones, costes disparatados y reparaciones eternas.
Imagen | Parcours riverain – Ville de Montréal, Thomas Ledl, Vassgergely
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“Es un mensaje de tolerancia, inclusión, empatía”: “Fjord”, de Cristian Mungiu, gana la Palma de Oro en Cannes
EFE.- “Fjord”, del rumano Cristian Mungiu y protagonizada por Renate Reinsve y Sebastian Stan, ganó este sábado la Palma de Oro del 79 Festival de Cannes, la segunda que recibe el realizador tras la de “4 meses, 3 semanas, 2 días” en 2007.
“Nos hace felices, pero habrá que esperar 20 años para saber cuáles eran las mejores películas”, manifestó Mungiu al recoger el galardón, anunciado en la gala de clausura por el presidente del jurado, el director surcoreano Park Chan-wook.
“Fjord” narra el periplo judicial de una pareja rumano-noruega interpretada por Renate Reinsve y Sebastian Stan, muy religiosa y con cinco hijos, que se instala en Noruega, en un pueblo al final de un fiordo.
Traban amistad con sus vecinos, pero cuando el profesorado de la escuela donde van los niños descubre hematomas en el cuerpo de uno de ellos, la comunidad los relaciona inmediatamente con la educación ultraconservadora y religiosa que reciben y pierden la custodia.
Mungiu aseveró que con esta película han “corrido un riesgo”, el de “elevar la voz” frente a los peligros a los que estamos expuestos como sociedad y contar “cosas que la gente no se atreve a decir en público”.
“Las sociedades hoy están fracturadas, radicalizadas. Este filme es un compromiso contra toda forma de integrismo, es un mensaje de tolerancia, inclusión, empatía. Son palabras maravillosas que a todos nos gustan, pero hay que aplicarlas más a menudo”, consideró.
Dijo que el estado del mundo hoy “no es el mejor” y que no está “orgulloso” de cómo se lo “dejamos a nuestros hijos”.
Por eso subrayó que, antes de “pedirles hacer un cambio” a las nuevas generaciones, es necesario que el esfuerzo “empiece con nosotros”.
Y para ello “es importante en el cine hablar de cosas pertinentes” y comprender la dirección en la que va el mundo, algo que se puede hacer “observando a la gente a nuestro alrededor”.
Las películas de Mungiu ya habían sido premiadas tres veces en Cannes: “Graduación” (2016) fue recompensada con el premio de dirección; “Más allá de las colinas”, que cosechó el premio al mejor guion y a la mejor interpretación femenina en 2012 (Cosmina Stratan) y “4 meses, 3 semanas, 2 días”, que fue la Palma de Oro de 2007.
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Llevamos décadas ignorando un órgano porque lo creíamos inútil. Ahora han visto que es crucial en nuestra longevidad
En el centro del pecho, justo detrás del esternón, se esconde una pequeña glándula que ha sido sistemáticamente ignorada por la medicina en lo que respecta a la salud de los adultos: el timo. Durante mucho tiempo los libros de texto han enseñado que este órgano es vital en la infancia para desarrollar el sistema inmunológico, pero que posteriormente se atrofia y se convierte en grasa cuando vamos creciendo. Pero su papel a la larga no es tan irrelevante como pensábamos.
Un vuelco. El paradigma que nos enseñaban a todos en el colegio ha dado un gran vuelco a través de una publicación en Nature que ha demostrado que la salud del timo en la edad adulta no solo importa, sino que es un factor determinante para predecir cuánto vamos a vivir, el estado de nuestra salud cardiovascular y también cómo se va a responder ante un cáncer.
Cómo se ha visto. La premisa de este interesante estudio radica en una simple observación sobre las personas que no tenían timo porque se les había extirpado y el aumento de mortalidad por todas las causas con respecto a quien tiene un timo sano. A partir de aquí, un equipo de investigación quiso entender el verdadero impacto de un órgano “dormido” a través de diferentes TAC para calcular la salud tímica de diferentes personas.
El sistema analizó las imágenes de numerosas personas, incluyendo los datos del National Lung Screening Trial, que contaba con más de 25.000 pacientes. Al cruzar el estado del timo con el historial médico y la longevidad de cada individuo, los resultados fueron tan abrumadores que los propios investigadores confesaron que era la primera vez que veían unos resultados tan espectaculares, puesto que nadie se esperaba que un órgano tan pequeño tuviera tanto impacto clínico.
Reduce mortalidad. Este estudio ha analizado de manera intensa la función de esta glándula en grupos de adultos amplios para descubrir que mantener una buena salud tímica se asocia directamente con una menor mortalidad global. Pero sorprendentemente, el estudio vincula tener un timo sano con una menor incidencia en la mortalidad cardiovascular
En oncología. Aquí es donde el hallazgo cobra una dimensión clínica revolucionaria, puesto que los datos muestran una correlación clara entre un timo sano y una menor incidencia de cáncer de pulmón. Pero se puede ir más allá al apuntar que los pacientes que se someten a una inmunoterapia y tienen un timo sano responden mucho al tratamiento, e incluso tienen un menor riesgo de volver a padecer un cáncer.
La medicina preventiva. Con esta evidencia, la “salud tímica” se posiciona para convertirse en un parámetro muy importante en el campo de la medicina personalizada para poder tener una idea de cómo un paciente puede aceptar un tratamiento. Pero además, monitorizar su degradación podría permitir a la medicina adelantarse a las enfermedades autoinmunes en aquellas personas que ya tienen un mayor riesgo.
Imágenes | kjpargeter en Magnific
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