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Estados Unidos ha encontrado cómo proteger sus barcos más vulnerables en alta mar: con drones de escolta
Los océanos y mares del planeta son todo menos una balsa de aceite, y no por el clima precisamente: el mar Negro con la guerra entre Rusia y Ucrania, el mar Báltico con la guerra híbrida y las flotas fantasma, las tensiones del estrecho de Ormuz por donde pasa el 20% del petróleo mundial o la crisis del Mar Rojo, con drones y misiles de los hutíes. Y eso son solo algunos de los puntos calientes que hacen que buques logísticos y mercantes se vean en serios problemas para desempeñar su función.
La posibilidad de mandar a la marina de acompañante para esas rutas donde el ambiente está caldeado obviamente no es una opción. Así que a la agencia de proyectos de investigación avanzada de defensa de EEUU (DARPA) ha contratado a una empresa para que lo resuelva con un sistema de escolta autónoma con drones.
Contexto. Si el estrecho de Ormuz es un punto estratégico para el comercio internacional, el estrecho Bab el-Mandeb no se queda atrás: por allí pasa el 12 % del comercio marítimo mundial, según el Centro de Investigación de Oriente Próximo. Pero desde 2023, pasar por allí es un campo de minas, lo que ha llevado a que miles de embarcaciones (según Wikipedia citando fuentes del Pentágono) sigan una ruta alternativa que implica rodear todo África pasando por el Cabo de Buena Esperanza.
Eso son 20.000 kilómetros extra, diez días de viaje más y el consecuente gasto en combustible. Este caso concreto no es un mero ejemplo: es el que ha llevado a DARPA a tomar la decisión de contar con Raytheon para desatascar ese cuello de botella cuanto antes, como explica el presidente de Tecnología Avanzada de la empresa, Colin Whelan.
Por qué es importante. Porque el 80% del comercio mundial circula por mar y hay una serie de estrechos que resultan críticos y que, en caso de conflicto, actúan como cuellos de botella por su vulnerabilidad. Y los efectos son inmediatos en forma de retrasos en los suministros y precios.
La protección de mercantes hasta la fecha requería una escolta naval en una operación lenta, cara y para la cual no hay tantos efectivos como para destinarlos a esa misión. Lo que Pulling Guard propone es una protección autónoma sin requerir de tripulación extra ni modificaciones estructurales.
¿Qué es Raytheon? Esa empresa no es cualquiera: Raytheon es la división de armamento del grupo RTX, la mayor empresa aeroespacial y de defensa del mundo, con 180.000 trabajadores y 88.000 millones de dólares de facturación en 2025. Con más de un siglo a sus espaldas y sede en Virginia, tiene en su currículum misiles como el Patriot o el Tomahawk. Es uno de los cinco grandes contratistas del Pentágono y es habitual en las contrataciones del DARPA.
Qué es Pulling Guard. Pulling Guard es el sistema desarrollado por Raytheon, una plataforma semiautónoma remolcada por el buque que protege. Desde esta opera un drone con sensores electroópticos e infrarrojos para detectar potenciales amenazas y transmitir información en tiempo real a operadores remotos en tierra o a bordo. Estos últimos son los encargados de tomar decisiones sin que la tripulación se exponga.
Tiene dos fases: en la primera es un sistema de vigilancia avanzada y en la segunda integra armamento. Pulling Guard no es un escudo pasivo ni un sistema de alerta preventivo: es, en pocas palabras, una unidad de combate autónoma ligera acoplada a un barco civil.
Lo que aún no sabemos. Más allá de incógnitas técnicas como el presupuesto, el calendario de fases o el tipo de armamento integrado, esta propuesta trae dos cuestiones peliagudas: el derecho internacional y las zonas grises.
Sin ir más lejos, desde cuestiones como qué reglas de enfrentamiento se aplican al operador remoto desde tierra autorizando fuego, de quién es la responsabilidad jurídica del ataque o qué sucede si el sistema actúa en aguas de un tercer estado. Por no hablar de algo más mundano como los registros de bandera o las aseguradoras. O algo más básico incluso: ¿pierde el buque su condición de civil al portar este sistema?
En Xataka | La Marina de Estados Unidos ya sabe cómo engañar a los radares enemigos: drones que crean flotas fantasma
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Corea del Sur ha tenido durante años la natalidad más catastrófica del mundo. Y ahora al fin ha logrado que crezca
Desde hace unos cuantos años hablar de demografía en Corea del Sur obliga a sacar antes un paquete de clínex. Pese a todos sus intentos (y no han sido pocos) el país parecía condenado a sufrir una ‘sangría’ incontrolable de natalidad y ver cómo se tensan las costuras de su economía. Quizás suene exagerado, pero viene bien recordar que se despidió de 2024 declarándose “superenvejecida” y que hay académicos que advierten que la nación se está vaciando (literalmente).
Con ese telón de fondo, Seúl ha arrancado 2026 con un dato positivo: gana bebés. Y lo hace además por segundo año consecutivo. La gran pregunta que se plantea ahora es… ¿Estamos ante u cambio de tendencia o solo un espejismo?
La cifra: 254.457. Es un dato provisional (el definitio no llegará hasta el verano), pero aún así ha llegado como maná en un país acostumbrado a que cada noticia sobre demografía suponga un drama nacional. El año pasado Corea del Sur registró 254.457 nacimientos, un buen balance se mire por donde se mire. Para empezar porque supone un 6,8% más que en 2024 y deja el mayor alza porcentual desde 2007; pero esas son solo dos de las lecturas posibles.


Más bebés por mujer. Otra lectura interesante es la que nos habla de la “tasa de fertilidad”, el número medio de bebés que (a nivel estadístico) se espera que tenga una mujer a lo largo de su vida reproductiva. Hace unos años ese indicador se desplomó hasta 0,72, muy lejos de la “tasa de reemplazo” (2,1 hijos por mujer) que permite que las sociedades se mantengan estables. El dato sigue por debajo de esa línea roja, pero al menos ha crecido: en 2025 pasó de 0,75 a 0,8.
No solo eso. Reuters recuerda que el Gobierno surcoreano manejaba estimaciones optimistas que planteaban que esa tasa creciese a 0,75 en 2025 y 0,8 en 2026, con lo que parece estar recuperando posiciones más rápido de lo previsto. En Seúl la tendencia es incluso más pronunciada. Allí el indicador subió un 8,9% al pasar de 0,53 a 0,63. Siguen siendo datos muy pobres y están lejos de resolver el problema que tiene Corea, pero sugieren un cambio de ciclo.
Rompiendo la mala racha. Que la natalidad aumente en Corea del Sur es noticia, pero lo es más todavía si (como es el caso) ese crecimiento se mantiene durante dos años. En 2024 el país ya registró un dato positivo (rompiendo con ocho ejercicios de caídas consecutivas) que ahora invita a pensar si realmente ha dado con la tecla para animar a sus jóvenes a tener más descendencia.
Desde luego el país ha invertido tiempo, esfuerzos y sobre todo recursos económicos en ese objetivo, en el que se juega desde la sostenibilidad social y la marcha de su industria a cuestiones tan relevantes como la defensa nacional.
Más bodas, más bebés. 2025 no solo ha sido un buen año en las maternidades. También lo ha sido para los wedding planners. Los matrimonios aumentaron un 8,1% en 2025, reforzando el repunte del 14,8% ya registrado en 2024. Son buenas noticias porque, en una sociedad conservadora como la surcoreana (el porcentaje de nacimientos fuera del matrimonio es sorprendentemente bajo), las bodas suelen considerarse un indicador adelantado del repunte de la natalidad.
¿Tendencia o espejismo? Esa es la pregunta del millón. Que Corea del Sur lleva años intentando activar su natalidad es innegable, igual que lo es que ha invertido grandes recursos en ese esfuerzo y que en el empeño se han implicado desde las instituciones públicas al mundo empresarial. Sin embargo en juego hay otros factores que invitan a pensar que el reciente crecimiento de la natalidad surcoreana podría ser más circunstancial que estructural. Es decir, que en realidad estaríamos ante una suerte de ‘espejismo’ demográfico.
La resaca de la pandemia. A la hora de explicar el fenómeno hay quien apunta a la influencia de la pandemia. No tanto en la natalidad en sí como en los matrimonios. Es cierto que se están cansado más surcoreanos y que ese indicador probablemente vaya a influir en la natalidad de los próximos añois, pero también lo es que muchas parejas tuvieron que aplazar sus planes durante la pandemia.
“El número de matrimonios ha aumentado durante 21 meses consecutivos, de abril de 2024 a diciembre del año pasado, ya que las parejas que habían retrasado sus matrimonios debido al COVID-19 se han casado”, reconoce Park Hyun-jung, directivo de la oficina gubernamental que analiza las tendencias poblacionales. Él mismo admite que a día de hoy resulya muy difícil establecer una “correlación” clara entre las políticas gubernamentales y la mejora de la natalidad.
Una demografía con ‘eco’. Hay quien apunta sin embargo otro factor que estaría influyendo de forma directa en la demografía surcoreana: la historia. La explicación la desgranaba hace poco Rapahel Rashid en The Guardian y aporta una teoría alternativa. En la Corea del Sur de 2024 o 2025 han nacido más bebés sencillamente porque ya ocurrió lo mismo en la Corea de hace 30 años.
Para ser más precisos, más o menos durante la primera mitad de los años 90 (1991-1995) se registró un pico de alrededor de 3,6 millones de bebés que hoy se estrenan en la treintena y empiezan a convertirse a su vez en padres.
Revisando la historia. Nos explicamos. Por paradógico que resulte, en los años 50 y 60 Corea tenía un problema bastante diferente al actual: una tasa de fertilidad altísima que llevó a las autoridades a lanzar programas de planificación familiar. El objetivo: garantizar la recuperación del país tras la guerra.
El mensaje que se lanzó era muy simple: ten menos hijos (dos, uno) y garantízales una vida mejor. Funcionó tan bien que a comienzos de la década de 1980 la tasa de fecundidad había caído ya por debajo del margen de reemplazo y Seúl decidió cambiar de rumbo. Al hacerlo favoreció el repunte que ahora estaría caldeando la natalidad. Según esa teoría, lo que vemos hoy es en realidad un “eco demográfico“, la herencia de lo que algunos denominan los “echo boomers”.
Imágenes | Jamie Lee (Unsplash), Hoi An and Da Nang Photographer (Unsplash)Corea del Sur ha llevado la rivalidad en las aulas al extremo: el 84% de sus niños van a academias para ser aún más competitivos
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Corea del Sur ha tenido durante años la natalidad más catastrófica del mundo. Y ahora al fin ha logrado que crezca
Desde hace unos cuantos años hablar de demografía en Corea del Sur obliga a sacar antes un paquete de clínex. Pese a todos sus intentos (y no han sido pocos) el país parecía condenado a sufrir una ‘sangría’ incontrolable de natalidad y ver cómo se tensan las costuras de su economía. Quizás suene exagerado, pero viene bien recordar que se despidió de 2024 declarándose “superenvejecida” y que hay académicos que advierten que la nación se está vaciando (literalmente).
Con ese telón de fondo, Seúl ha arrancado 2026 con un dato positivo: gana bebés. Y lo hace además por segundo año consecutivo. La gran pregunta que se plantea ahora es… ¿Estamos ante u cambio de tendencia o solo un espejismo?
La cifra: 254.457. Es un dato provisional (el definitio no llegará hasta el verano), pero aún así ha llegado como maná en un país acostumbrado a que cada noticia sobre demografía suponga un drama nacional. El año pasado Corea del Sur registró 254.457 nacimientos, un buen balance se mire por donde se mire. Para empezar porque supone un 6,8% más que en 2024 y deja el mayor alza porcentual desde 2007; pero esas son solo dos de las lecturas posibles.


Más bebés por mujer. Otra lectura interesante es la que nos habla de la “tasa de fertilidad”, el número medio de bebés que (a nivel estadístico) se espera que tenga una mujer a lo largo de su vida reproductiva. Hace unos años ese indicador se desplomó hasta 0,72, muy lejos de la “tasa de reemplazo” (2,1 hijos por mujer) que permite que las sociedades se mantengan estables. El dato sigue por debajo de esa línea roja, pero al menos ha crecido: en 2025 pasó de 0,75 a 0,8.
No solo eso. Reuters recuerda que el Gobierno surcoreano manejaba estimaciones optimistas que planteaban que esa tasa creciese a 0,75 en 2025 y 0,8 en 2026, con lo que parece estar recuperando posiciones más rápido de lo previsto. En Seúl la tendencia es incluso más pronunciada. Allí el indicador subió un 8,9% al pasar de 0,53 a 0,63. Siguen siendo datos muy pobres y están lejos de resolver el problema que tiene Corea, pero sugieren un cambio de ciclo.
Rompiendo la mala racha. Que la natalidad aumente en Corea del Sur es noticia, pero lo es más todavía si (como es el caso) ese crecimiento se mantiene durante dos años. En 2024 el país ya registró un dato positivo (rompiendo con ocho ejercicios de caídas consecutivas) que ahora invita a pensar si realmente ha dado con la tecla para animar a sus jóvenes a tener más descendencia.
Desde luego el país ha invertido tiempo, esfuerzos y sobre todo recursos económicos en ese objetivo, en el que se juega desde la sostenibilidad social y la marcha de su industria a cuestiones tan relevantes como la defensa nacional.
Más bodas, más bebés. 2025 no solo ha sido un buen año en las maternidades. También lo ha sido para los wedding planners. Los matrimonios aumentaron un 8,1% en 2025, reforzando el repunte del 14,8% ya registrado en 2024. Son buenas noticias porque, en una sociedad conservadora como la surcoreana (el porcentaje de nacimientos fuera del matrimonio es sorprendentemente bajo), las bodas suelen considerarse un indicador adelantado del repunte de la natalidad.
¿Tendencia o espejismo? Esa es la pregunta del millón. Que Corea del Sur lleva años intentando activar su natalidad es innegable, igual que lo es que ha invertido grandes recursos en ese esfuerzo y que en el empeño se han implicado desde las instituciones públicas al mundo empresarial. Sin embargo en juego hay otros factores que invitan a pensar que el reciente crecimiento de la natalidad surcoreana podría ser más circunstancial que estructural. Es decir, que en realidad estaríamos ante una suerte de ‘espejismo’ demográfico.
La resaca de la pandemia. A la hora de explicar el fenómeno hay quien apunta a la influencia de la pandemia. No tanto en la natalidad en sí como en los matrimonios. Es cierto que se están cansado más surcoreanos y que ese indicador probablemente vaya a influir en la natalidad de los próximos añois, pero también lo es que muchas parejas tuvieron que aplazar sus planes durante la pandemia.
“El número de matrimonios ha aumentado durante 21 meses consecutivos, de abril de 2024 a diciembre del año pasado, ya que las parejas que habían retrasado sus matrimonios debido al COVID-19 se han casado”, reconoce Park Hyun-jung, directivo de la oficina gubernamental que analiza las tendencias poblacionales. Él mismo admite que a día de hoy resulya muy difícil establecer una “correlación” clara entre las políticas gubernamentales y la mejora de la natalidad.
Una demografía con ‘eco’. Hay quien apunta sin embargo otro factor que estaría influyendo de forma directa en la demografía surcoreana: la historia. La explicación la desgranaba hace poco Rapahel Rashid en The Guardian y aporta una teoría alternativa. En la Corea del Sur de 2024 o 2025 han nacido más bebés sencillamente porque ya ocurrió lo mismo en la Corea de hace 30 años.
Para ser más precisos, más o menos durante la primera mitad de los años 90 (1991-1995) se registró un pico de alrededor de 3,6 millones de bebés que hoy se estrenan en la treintena y empiezan a convertirse a su vez en padres.
Revisando la historia. Nos explicamos. Por paradógico que resulte, en los años 50 y 60 Corea tenía un problema bastante diferente al actual: una tasa de fertilidad altísima que llevó a las autoridades a lanzar programas de planificación familiar. El objetivo: garantizar la recuperación del país tras la guerra.
El mensaje que se lanzó era muy simple: ten menos hijos (dos, uno) y garantízales una vida mejor. Funcionó tan bien que a comienzos de la década de 1980 la tasa de fecundidad había caído ya por debajo del margen de reemplazo y Seúl decidió cambiar de rumbo. Al hacerlo favoreció el repunte que ahora estaría caldeando la natalidad. Según esa teoría, lo que vemos hoy es en realidad un “eco demográfico“, la herencia de lo que algunos denominan los “echo boomers”.
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