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no llevar un kit reparapinchazos
Cada día más personas toman una decisión cuando pinchan en la carretera: llamar a una asistencia. No lo decimos nosotros, lo dicen los datos de RACE, quienes señalan a los problemas en los neumáticos como la segunda causa por la que más veces acuden al rescate de conductores. Y, pese a todo, la DGT tiene un mensaje si quieres olvidarte de tus enseres para reparar un pinchazo: XX euros de multa.
Que lo hagan otros. Cada vez podemos arreglar menos cosas en nuestros coches. Y cuando tenemos oportunidad, tampoco lo hacemos. Contábamos hace tiempo que las empresas de asistencia y los profesores de autoescuela han detectado una tendencia clara en los conductores: menos conocimientos de mecánica y menos intención de ponerse manos a la obra para llevar a cabo una reparación.
Estamos ante una consecuencia directa de una mayor complejidad en nuestros vehículos, con sistemas Star&Stop que dificultan cambiar una simple batería o faros LED insustituibles al momento, como sí sucedía cuando contábamos con un juego de bombillas en el maletero del coche. Pero, además, es que, cuando podemos tampoco queremos.
No voy a cambiar la rueda. Según datos de RACE, la primera causa de asistencia en carretera es el cambio de la batería. El segundo es la sustitución de la rueda por un problema en el neumático. Concretamente, un 12% de las llamadas que reciben en el RACE apuntan a que el conductor necesita que alguien le cambie una rueda o repare un pinchazo.
La tendencia hace tiempo que se refleja en los propios vehículos. La inexcusable rueda de repuesto dio paso a ruedas “de galleta”, más pequeñas y que como máximo permiten circular a 80 km/h y tienen los kilómetros limitados. Con los años se han popularizado los kits reparapinchazos. Soluciones que han ido reduciendo los costes para el fabricante al tiempo que ganan espacio en el maletero.
Y, todo indica, clientes y fabricantes parecen estar contentos. Las marcas de coches porque no tienen que hacer ese esfuerzo económico y los clientes porque tampoco parecen querer el esfuerzo físico de cambiar la rueda que, desde hace años, concentra la mayor parte de las llamadas de auxilio en carretera.
¿Y por qué contar con ello? Llegados a este punto, siendo el conductor consciente de que no va a cambiar la rueda, hay quien se habrá preguntado por qué no prescindir de ese neumático de sustitución o del kit reparapinchazos. Huecos que, sin duda, pueden ser aprovechados para ganar más maletero.
La DGT, sin embargo, obliga a contar con ellos, independientemente de si vamos a utilizarlos o no. En el artículo 1. c) del Anexo XII del Reglamento General de Vehículos se especifica que “todos los turismos” deberán contar con la siguiente dotación:
c) Una rueda completa de repuesto o una rueda de uso temporal, con las herramientas necesarias para el cambio de ruedas, o un sistema alternativo al cambio de las mismas que ofrezca suficientes garantías para la movilidad del vehículo. En estos casos se circulará respetando las limitaciones propias de cada alternativa.
La multa. Como decimos, aunque un conductor no tenga intención de cambiar un neumático, lo cierto es que tiene la obligación de contar con los repuestos necesarios para realizar esa intervención.
Nos hemos puesto en contacto con la DGT y nos han confirmado que la multa en este caso sería de 80 euros, al entender que se trata de una infracción leve por no contar con los elementos adecuados para realizar la sustitución. No hay que confundir esto con la infracción grave que sanciona el conducir “un vehículo que incumpla las condiciones técnicas reglamentariamente establecidas”, hecho que sí está sancionado con 200 euros.
Foto | Jamie Street y David Villarreal Fernández
En Xataka | Qué hacer en caso de accidente y si dan tu coche como siniestro total: todos los pasos a seguir
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El superyate de Jeff Bezos es uno de los más grandes y caros del mundo. Ahora está a la venta por curioso motivo: el aparcamiento
Con más de 127 metros de eslora, el superyate de Jeff Bezos es uno de los más grandes del mundo. De hecho, es tan grande que incluso causó algunos problemas a su constructor holandés cuando intentaba sacarlo a alta mar desde los astilleros. El barco era tan grande que no pasaba por debajo de un puente, por los que se barajó incluso desmontarlo. Era solo el primero de los problemas que Jeff Bezos iba a tener con el tamaño de su barco.
Según adelantaba Page Six, ahora el millonario estaría considerando poner a la venta el Koru. El motivo no tiene que ver con el precio ni con su mantenimiento. El problema es que la embarcación es tan grande que no cabe en casi ningún sitio, y allí donde consigue entrar, todo el mundo lo reconoce al instante.
Un barco enorme con un precio a juego. El Koru es una goleta de tres mástiles de más de 70 metros de altura construida por el astillero neerlandés Oceanco y entregada a Bezos en abril de 2023. Con 127 metros de eslora fue durante un tiempo el segundo velero más grande del mundo y actualmente figura entre los mayores de su categoría. De hecho, es tan grande que cuando se acerca a Miami, lugar de residencia habitual de Jeff Bezos desde su mudanza en 2025, el lujoso velero debe amarrar junto a los grandes cargueros y petroleros porque no cabe en las marinas cercanas.
Su construcción costó en torno a 500 millones de dólares y va acompañado de un buque de apoyo llamado Abeona, valorado en otros 75 millones de dólares. Según cálculos de Robb Report, mantener ambas embarcaciones en funcionamiento cuesta unos 30 millones de dólares al año. Prácticamente calderilla para alguien que podría gastarse un millón de dólares al día y, aun así, tardaría más de 548 años en arruinarse.
El problema: el aparcamiento. De acuerdo a lo una fuente cercana al millonario consultada por Page Six, Bezos considera que el yate se ha vuelto “demasiado grande para gestionarlo”. Pero no se trata solo del tamaño: el Koru se ha hecho tan popular gracias a su propietario, que resulta imposible mantener la privacidad allí donde fondea. Ocultar un velero del tamaño de un edificio de diez plantas frente a la costa no es tarea sencilla.
Uno de los inconvenientes del tamaño del Koru es que, por ejemplo, el millonario no pudo ni acercarse a la marina de Montecarlo durante el último Gran Premio de Mónaco, evento deportivo en el que los millonarios ven pasar a los monoplazas sin ni siquiera bajarse de su yate. En cambio, el Koru, tuvo que conformarse con permanecer fondeado lejos de los amarres y usar una pequeña lancha para desplazarse a tierra debido a sus enormes proporciones.
Algo similar sucedió durante las celebraciones previas a la boda de Jeff Bezos y Lauren Sánchez en Venecia, donde el Koru debió permanecer fondeado en mitad de la laguna veneciana porque no cabía en los amarres cercanos a Venecia.
Una venta sin precio oficial y muchas incógnitas. Por el momento la venta no ha sido confirmada por ningún intermediario ni por el propio fundador de Amazon, y tampoco está claro si el buque de apoyo Abeona formará parte del acuerdo de venta.
Lo que sí parece cierto es que Jeff Bezos podría estar cansado de todos los inconvenientes que implica operar una embarcación de esas dimensiones, y estaría considerando comprar un superyate algo más discreto y manejable, que no le cause tantos problemas de “aparcamiento”.
Imagen | Oceanco, Smithsonian
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La especulación con cartas de Pokémon es un problema tan grave que algunas tiendas ya hacen exámenes de conocimientos a sus clientes
En 2024, las ventas globales del juego de cartas coleccionables de ‘Pokémon’ alcanzaron los 2.200 millones de dólares, con un crecimiento del 25% respecto al año anterior. The Pokémon Company incrementó la producción hasta los 10.200 millones de cartas para 2025. Durante la pandemia, Logan Paul y otros creadores de contenido empezaron a abrir sobres en vídeos que alcanzaban millones de visualizaciones. Desde entonces, la fiebre no ha dejado de crecer, y las tiendas comienzan a plantear pruebas insólitas para distinguir a los compradores genuinos de los revendedores.
This is a test. En la sucursal oeste de Ikebukuro, en Tokio, la tienda especializada Bic Camera tomó una decisión que separaría a los compradores de cartas coleccionables de ‘Pokémon’ de los especuladores: para comprar sobres de la última expansión, Ninja Spinner, hay que superar antes un cuestionario escrito de 15 preguntas sobre el universo ‘Pokémon’ sin móvil, sin ayuda y en japonés.
Es solo el principio. El cuestionario no es el único requisito. Los compradores deben tener una cuenta de fidelidad activa en la cadena, ya sea mediante aplicación o tarjeta física, lo que permite al personal detectar compras sospechosamente frecuentes. Además, la tienda aplica un límite de una caja por cliente y retira el precinto y el embalaje exterior en el momento de la entrega: un producto abierto pierde gran parte de su valor en el mercado secundario, donde los revendedores necesitan el sellado intacto para inflar los precios.
Según el usuario de X Ryo Saeba, el sistema está funcionando: varios revendedores suspendieron el test y se marcharon sin producto, ya que debido a la naturaleza aleatoria del cuestionario no se puede preparar de antemano. Es un problema que, no obstante, no tiene solución fácil ni siquiera desde The Pokémon Company: si se imprimen más copias de las cartas más demandadas se reduciría la especulación, pero el juego competitivo quedaría afectado, así como la sensación de exclusividad de encontrar una carta rara en un sobre.
Por qué Ninja Spinner. La expansión Ninja Spinner es la versión japonesa de la occidental Chaos Rising, cuyo lanzamiento está previsto para el 22 de mayo, y que cuenta con Mega Greninja ex como carta protagonista. La carta dorada de Mega Greninja ex valía 593 dólares en marzo y ahora se cotiza en miles. Un sobre que en tienda cuesta alrededor de 5 euros puede revenderse por 40 en cuestión de horas.
El yen mal. Además, hay un factor económico adicional que convierte el problema de los revendedores en algo más serio: la debilidad estructural del yen, combinada con el precio relativamente asequible de las cajas, ha convertido las cartas de Pokémon en objetivo habitual de compradores extranjeros y revendedores internacionales. Los lanzamientos exclusivos de Japón, que incluyen ilustraciones y acabados no disponibles en otros mercados, multiplican el atractivo. A veces las novedades duran minutos en las estanterías antes de acabar en plataformas de reventa.
Cómo lo hacen. Los revendedores profesionales tienen tácticas para erquivar los sistemas de control que las tiendas establecen para dar preferencia a los compradores reales: contratan a varias personas para hacer cola simultáneamente, usan múltiples tarjetas de pago y crean cuentas falsas para acceder a reservas online. En octubre de 2025, la policía japonesa detuvo a dos ciudadanos vietnamitas que habían creado treinta cuentas ficticias usando tarjetas SIM obtenidas fraudulentamente para participar en sorteos de compra y hacerse con decenas de cajas ese verano.
Otras iniciativas. Otras sucursales de Bic Camera han adoptado medidas como pedir un carné de conducir o el documento de identificación fiscal japonés, lo que limita las compras a residentes. Las tiendas oficiales Pokémon Center también mantienen límites estrictos de unidades por cliente para preservar precios cercanos al oficial. Fuera de Japón también ha habido una tibia respuesta a la actividad de los scalpers, nombre como se conoce a los revendedores en el sector: Walmart, por ejemplo, introdujo un límite de cinco packs por compra a finales de 2024 después de que un vídeo con 12 millones de visualizaciones en TikTok mostrara a un scalper vaciando el expositor completo de una tienda en un solo viaje.
Cabecera | Pexels
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Para lograr el hito de levantar la mayor industria de drones sin China, Ucrania ha encontrado un aliado explosivo: Taiwán
En plena Guerra Fría, varios ingenieros occidentales quedaron sorprendidos al descubrir que algunos de los pequeños componentes electrónicos más fiables del mercado mundial procedían de una isla que apenas aparecía en los grandes titulares geopolíticos. Décadas después, aquella especialización silenciosa en fabricar piezas diminutas y aparentemente invisibles terminaría convirtiéndose en una de las capacidades industriales más codiciadas del planeta.
La guerra que cambió una industria. Durante décadas, Taiwán fue conocido sobre todo por fabricar chips, componentes electrónicos y piezas invisibles que terminaban dentro de teléfonos, ordenadores o servidores repartidos por todo el planeta, pero las guerras modernas están empezando a empujar esa capacidad industrial hacia otro terreno mucho más explosivo.
Contaba el Guardian que lo que está ocurriendo entre Ucrania y Taiwán refleja un cambio silencioso que apenas existía hace unos años: la creación de una nueva alianza tecnológica nacida directamente de la guerra de drones, de la presión china y de la necesidad desesperada de producir millones de sistemas baratos, autónomos y listos para el combate.
Ucrania quiere romper su dependencia de China. La guerra obligó a Ucrania a construir a toda velocidad una gigantesca industria de drones capaz de alimentar un frente que consume cantidades absurdas de aparatos cada mes. El problema es que gran parte de la cadena de suministro mundial sigue dominada por China: motores, baterías, sistemas de navegación, componentes electrónicos y tierras raras continúan dependiendo en enorme medida de fabricantes chinos. Como contamos, Kiev empezó a considerar esa dependencia como un riesgo estratégico cuando aumentaron las sospechas sobre el apoyo indirecto de Pekín a Rusia y crecieron los temores a posibles restricciones de exportación.
Ahí empezó a aparecer Taiwán como una alternativa inesperadamente importante. Su enorme experiencia en semiconductores, microelectrónica, integración electrónica y producción tecnológica avanzada la convirtió en uno de los pocos lugares capaces de suministrar piezas críticas sin depender completamente de Occidente ni quedar atrapado bajo control directo chino. Para Ucrania, encontrar socios industriales fuera de China dejó de ser una cuestión comercial y pasó a convertirse literalmente en un asunto de supervivencia.
Y Taiwán encontró a Ucrania. Mientras Ucrania busca producir millones de drones alejándose poco a poco de China, Taiwán observa el conflicto con otra preocupación: la posibilidad de enfrentarse algún día a Pekín en su propio territorio. Esa coincidencia de amenazas está creando una relación cada vez más profunda entre ambos mundos. De hecho, contaba el New York Times que ingenieros taiwaneses envían drones a Ucrania para ser probados directamente en combate, empresas estadounidenses trasladan diseños nacidos en el frente ucraniano hacia producción taiwanesa y antiguos soldados taiwaneses que hoy luchan en Ucrania regresan a casa contando cómo funciona realmente la guerra moderna.
Muchos militares taiwaneses empiezan a descubrir que las doctrinas tradicionales quedan completamente superadas frente a enjambres de drones FPV, sistemas marítimos no tripulados o robots terrestres baratos capaces de destruir vehículos multimillonarios. Ucrania se está convirtiendo así en una especie de universidad militar improvisada para Taiwán, una donde las lecciones no salen de simulaciones sino de un frente real donde cada error cuesta vidas.


La nueva industria militar ya no se parece a la antigua. Uno de los cambios más profundos de esta guerra es que la producción militar ya no depende únicamente de gigantescas fábricas estatales o grandes contratistas tradicionales. Ucrania ha desarrollado más de un centenar de fabricantes locales de componentes mientras adapta constantemente sus sistemas a necesidades concretas del frente. Las empresas ucranianas modifican drones, software y sistemas de guiado a una velocidad muy superior a la industria clásica occidental.
Taiwán encaja perfectamente en esa transformación porque posee justo aquello que Ucrania necesita para acelerar esa producción: electrónica avanzada, chips especializados y capacidad industrial flexible. Varias compañías taiwanesas ya operan desde Polonia o Lituania para abastecer indirectamente a Kiev, mientras las exportaciones taiwanesas de drones hacia Europa se han disparado de forma masiva. En paralelo, empresas estadounidenses están utilizando Ucrania y Taiwán como dos extremos de una misma cadena industrial: Ucrania aporta experiencia de combate y desarrollo acelerado, y Taiwán aporta capacidad tecnológica y fabricación escalable.
La obsesión por construir drones fuera de China. Tanto Ucrania como Taiwán comparten otra prioridad que se está convirtiendo en casi una doctrina industrial: construir cadenas de suministro a expensas de Pekín. El problema es mucho más complicado de lo que parece porque incluso muchos componentes fabricados fuera de China siguen utilizando materiales, baterías o imanes que dependen de proveedores chinos.
Aun así, ambos territorios intentan reducir gradualmente esa exposición. Taiwán quiere levantar una industria de drones completamente desligada de China antes de 2027 y aumentar su producción propia de imanes de tierras raras, mientras Ucrania continúa desplazando producción hacia dentro de sus fronteras. Qué duda cabe, el desafío es gigantesco porque los productos chinos siguen siendo mucho más baratos y abundantes, pero la lógica estratégica empieza a pesar más que el coste económico. En mitad de una guerra, la prioridad deja de ser comprar lo más barato y pasa a ser garantizar que la cadena de suministro siga funcionando cuando llegue la próxima crisis.
Construyendo algo más grande que drones. Si se quiere también, lo más importante de esta relación quizá no sea únicamente la producción de drones, sino la aparición de un nuevo eje tecnológico y militar informal entre dos territorios que viven bajo la amenaza permanente de vecinos mucho más grandes. Ucrania aporta experiencia real de guerra, tácticas probadas y una velocidad brutal de innovación bajo presión extrema. Taiwán aporta capacidad industrial, semiconductores y acceso a tecnologías críticas que Occidente no produce con suficiente rapidez.
El resultado empieza a parecerse a algo mucho más ambicioso: toda una red internacional de producción militar distribuida donde empresas privadas, ingenieros, voluntarios y fabricantes trabajan por encima de las limitaciones diplomáticas oficiales. Incluso el gobierno ucraniano reconoce ya que están apareciendo fábricas de drones basadas en diseños ucranianos fuera de sus fronteras, incluida una en Taiwán.
One more thing. En el fondo, lo que la guerra está acelerando es una idea que hace pocos años habría parecido improbable: que para levantar la mayor industria de drones del planeta fuera de China, Ucrania ha terminado encontrando en Taiwán a uno de sus aliados más valiosos y estratégicos.
Imagen | X, Trydence
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