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la normativa permite que te lleves a casa un producto de hace tres semanas
Vamos al supermercado, cogemos un paquete de huevos donde se lee en letras grandes “Categoría A” o “Huevos Frescos” y asumimos que esas gallinas pusieron los huevos hace un par de días. Pero la realidad es muy diferente, y que el apartado legal y biológico siguen caminos muy distintos. Y es algo fácilmente de ver si nos fijamos en las fechas de consumo preferente y si hacemos las cuentas oportunas veremos que lo que la ley considera “fresco” puede llevar casi un mes en el mundo.
Muchas dudas. Al ver esto, las preguntas más lógicas que podemos tener en este caso es si es seguro su consumo o incluso si es legal. Y la realidad es que sí lo es. Pero hay una letra pequeña en la normativa de los 28 días que hay que conocer antes de decidir si hacemos una tortilla cuajada o una mayonesa casera.
El reloj de los 28 días. Para entender qué estamos comprando, primero hay que acudir al BOE y a la normativa europea. En este caso, los huevos de categoría A —los que encontramos habitualmente en el lineal del súper— tienen un ciclo de vida comercial muy específico. Según la normativa de comercialización, estos huevos deben clasificarse, marcarse y embalarse en los 10 días siguientes a la puesta.
Pero aquí es donde tenemos el dato clave: la fecha de consumo preferente se fija en un máximo de 28 días desde la puesta. Es decir, la ley permite que un huevo sea vendido y consumido legalmente hasta cuatro semanas después de haber salido de la gallina. De esta manera, como recogen las guías técnicas de etiquetado y la propia AESAN, ese es el plazo tope para suministrarlos al consumidor.
Por tanto, bajo el paraguas legal, “fresco” no significa “puesto ayer”. Significa “dentro de la ventana de 28 días“.
Cómo saber la edad real. Aquí es donde encontramos la picaresca y el cálculo que muchos divulgadores como el médico Fernández Viso ha compartido en su cuenta de TikTok. En este caso como el envase rara vez pone la “fecha de puesta”, porque no es obligatorio, si aparece la de ‘consumo preferente’. Y con esta se puede hacer una especie de ingeniería inversa.
Para hacerlo, vamos a poner un ejemplo. Si estamos en el súper un 8 de enero y vemos un envase de huevos con la fecha de consumo preferente el 18 de enero, la operación es bastante sencilla. La fecha límite en este caso es de 28 días después de la puesta, y si caducan el 18 de enero es que fueron puestos alrededor del 21 de diciembre. Es por ello que nada de frescos.
Su sentido. Aunque originalmente esta horquilla de tiempo estaba limitada a los 21 días para poder garantizar un poco más la proximidad y el consumo, la realidad es que se cambió hasta los 28 días para reducir el desperdicio alimentario. No es que el huevo se mantenga “ultra fresco” mágicamente hasta el día 28, es que se ha priorizado que no acaben en la basura si siguen siendo aptos para el consumo.
El verdaderamente fresco. Hay una categoría que si es mucho más reciente, y es el que pone en su envoltorio “extra” o “extra frescos”. El Reglamento Delegado de la UE especifica que esta mención solo puede utilizarse durante los 9 primeros días tras la puesta. Si ves esa etiqueta, tienes garantías de frescura real. Si no la ves, estás ante un huevo estándar que puede tener desde 10 hasta 28 días.
El problema es que, en la cabeza del consumidor, el término “fresco” del lineal se interpreta de forma laxa. Las guías de buenas prácticas comerciales reconocen esta disparidad: la legalidad del etiquetado no coincide con lo que la gente entiende intuitivamente por frescura. Además, la práctica comercial habitual de mezclar lotes en los lineales, que es legal siempre que se respete la trazabilidad, hace que perdamos la percepción de la edad exacta de cada envase de huevos.
Seguridad alimentaria. Saber la edad del huevo no es solo una cuestión de calidad gastronómica, es un tema de seguridad. La AESAN y la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) advierten que alargar el tiempo de almacenamiento incrementa el riesgo de intoxicación por Salmonella.
La mitigación del riesgo. Este es un riesgo que crece de manera exponencial cuanto más tiempo pasan los huevos almacenados, tanto en la tienda como en casa. Por eso, las recomendaciones de los expertos son claras, y dependen del calendario que sigamos.
En concreto, para cocinar, es decir, que el huevo quede bien cuajado o cocido, se puede apurar hasta la fecha de consumo preferente sin problema. Pero para el consumo en crudo como en mayonesas o tartares la frescura es crítica. En este caso se recomienda usar huevos a los que les falten más de dos semanas para caducar.
Imágenes | Jakub Kapusnak
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un 3% de la población mundial ve el mundo con interferencias
Imagina tu vida viendo el mundo como si estuvieras constantemente en medio de una tormenta de nieve. Abrir tus ojos y que el paisaje se llene de puntos estáticos como cuando miramos una televisión de cerca: una telaraña permanente que te acompaña siempre. Muchas personas experimentan esta enfermedad y no se han dado cuenta de ello hasta que han hablado con médicos acerca de esta condición neurológica.
Es lo que los expertos en salud han llamado “nieve visual”.
Ver el mundo con “interferencias”. Un estudio en Reino Unido estima que la afección de la nieve visual puede afectar hasta al 3% de la población. Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos dicen que actualmente no existe cura para esta enfermedad. El síntoma principal son pequeños puntos continuos en la visión del paciente, que difieren en color y gravedad de una persona a otra. “Es como una enorme capa de interferencias de televisión que cubre toda mi visión las 24 horas al día, los 7 días de la semana”, explicaba la paciente Paris Haigh en este artículo de BBC.
“Puedo verlas incluso cuando cierro los ojos”, comentaba. Otras personas lo han descrito como una especie de visión pixelada. Otras que pueden filtrar los puntos la mayor parte del tiempo, pero algunos días les resultan más difíciles que otros.


¿Cómo funciona? “Consiste en la visión constante de puntos blancos y negros en la totalidad del campo visual, que simula la visión a través de un filtro granulado o, como muchos pacientes refieren, simula la visión de la pantalla de un televisor encendido pero no conectado a la antena, también conocido como ruido blanco”, explicaba el doctor Enrique Santos Bueso, del Instituto de Investigación del Hospital Clínico San Carlos en Madrid.
Ciertas cosas pueden hacer que los puntos parpadeantes se vuelvan más notorios. Para muchos, eso lo provocan el cansancio, la ansiedad y los dolores de cabeza, o cuando se encuentran en ambientes muy luminosos u oscuros. El uso de productos cosméticos también puede causar problemas. Algunos usan gafas con lentes de color naranja cuando leen. Si bien ayudan con la nieve visual, no la eliminan.

El artista digital Zytomania creó esta imagen para mostrar cómo es su propia nieve visual.
¿Por qué aparece? La condición es causada por un problema en la forma en la que el cerebro maneja la información visual. El profesor Jon Stone, profesor de neurología en la Universidad de Edimburgo, ha visto a varios pacientes con nieve visual: “Normalmente, nuestros cerebros son buenos para filtrar las experiencias visuales que no queremos. Este sistema de filtrado no funciona tan bien en personas con nieve visual, probablemente porque partes del sistema visual de su cerebro están hiperactivas de una manera que no resulta útil. Es un poco como tener tinnitus, pero de tu visión”, explicaba.
En realidad, estamos en una etapa muy temprana. Hace 15 años ni siquiera estaríamos hablando de esto pues nadie estaba de acuerdo; la nieve visual ni siquiera había sido aceptada universalmente como “trastorno”.
Algunas sospechas. Peter Goadsby, profesor de Neurología del Instituto Nacional para la Investigación Sanitaria Wellcome Trust en King’s College dice que ha visto tanto a un niño de 7 años como a hombres de 70 con este problema. Y de todos los países. Todos lo describen de la misma forma. Eso llevó a Goadsby a concluir que, aunque se active de maneras distintas, debe haber un mecanismo subyacente común.
Falta mucho por entender pero ya se logró algo muy importante: el reconocimiento. “Encontramos que en un área en la parte de atrás del cerebro, hay una estructura particular que es más activa metabólicamente y recibe un flujo de sangre mayor en quienes sufren de nieve visual. Eso podría indicar que esa parte del cerebro no está lo suficientemente inhibida o demasiado excitada”, detallaba.
Difícil de detectar. De acuerdo con Visual Snow Initiative, una organización benéfica de EEUU dedicada a la investigación de la nieve visual, aproximadamente el 56% de las personas con esta afección reciben un diagnóstico incorrecto. Para la mayoría, el proceso para obtener un diagnóstico formal les resultó frustrante. Paris habló con un oftalmólogo y un neurólogo sobre la afección, pero sintió que no sabían lo que era. “Puede sentirse como una condición inventada cuando los expertos no saben de lo que estás hablando”, decía.
A algunos se les muestra una televisión con ruido blanco y casi todos exclaman: “¡Sí, así es como se ve!”. Y llevan así toda la vida.
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Los influencers han puesto de moda darte calambrazos en el nervio vago para curar el estrés. La ciencia tiene malas noticias
Después de un día maratoniano, que si el informe que no llega, dar de comer a los niños, sacar el perro, ir a esa clase de pilates… Y tu cerebro se niega a apagarse. Abres TikTok o Instagram buscando una distracción y, entre bailes y recetas, aparece un influencer. Lleva un dispositivo de diseño minimalista pegado al cuello o enganchado a la oreja. Promete que, con solo pulsar un botón y recibir unos pequeños pulsos eléctricos, su ansiedad desaparecerá, dormirá como un bebé y su “niebla mental” se disipará. Lo llaman “el gran reinicio del sistema nervioso”.
Durante siglos, el nervio vago ha funcionado en la más absoluta oscuridad anatómica, pero hoy ha alcanzado un estatus casi mítico en el ecosistema del bienestar. Según The New York Times, hay miles de millones de impresiones en redes sociales sobre este nervio. Celebridades como Kelly Ripa y podcasters de la talla de Andrew Huberman alaban sus virtudes. “Gran parte de esto está siendo impulsado por influencers que dicen: ‘Solo haz esto para estimular tu nervio vago, y todos los problemas de tu vida se resolverán'”, explica el Dr. Kevin Tracey, neurocirujano y presidente de los Institutos Feinstein para la Investigación Médica.
Suena a ciencia ficción, pero los pronósticos apuntan a que la estimulación de este nervio generará una industria de mil millones de dólares para el año 2030. La pregunta obligada que surge es: ¿realmente podemos “hackear” nuestro estrés a base de calambrazos en el cuello, o estamos ante el enésimo placebo caro de internet?
Para entender el fenómeno, primero hay que entender la biología. Tal y como explica la Cleveland Clinic, el nervio vago (cuyo nombre proviene del latín “vagabundo”) es el décimo de los doce pares craneales y el más largo de todos. Nace en el tronco del encéfalo y serpentea por el cuello, el pecho y el abdomen, conectando el cerebro con el corazón, los pulmones y el sistema digestivo. Es la autopista principal de nuestro sistema nervioso parasimpático, el encargado de la función de “descansar y digerir”. Básicamente, es el freno de mano del cuerpo. Cuando nos estresamos, se activa el sistema simpático (la respuesta de “lucha o huida”); cuando el peligro pasa, el nervio vago debería entrar en acción para calmar las pulsaciones y relajar el organismo.
¿Pero por qué la gente está obsesionada con electrocutarlo? Según detalla la revista Women’s Health, vivimos una epidemia de estrés crónico. La avalancha de correos electrónicos, los atascos y las presiones diarias provocan lo que se conoce como “disfunción vagal”. Nuestro cuerpo se queda atascado en modo supervivencia y pierde la capacidad de volver a la calma. La promesa de solucionarlo rápidamente ha propiciado la aparición de dispositivos comerciales.
Ante la idea de aplicarse electricidad casera, es normal preguntarse si esto es peligroso. Generalmente, la respuesta física es no. Según el Dr. Michael Kilgard, director del Texas Biomedical Device Center, entrevistado por The New York Times, las baterías de estos dispositivos comerciales son demasiado pequeñas para quemar la piel. Lo máximo que se siente es un hormigueo.
Sin embargo, el peligro real es psicológico y médico. “La rareza de las sensaciones es lo suficientemente molesta como para que la gente sienta que los dispositivos están haciendo algo”, advierte Kilgard. En la mayoría de los casos, estos gadgets son “probablemente poco más que un placebo disfrazado de neurociencia“. El riesgo reside en la falsa esperanza: pacientes que gastan cientos de euros en aparatos que no hacen nada, retrasando tratamientos médicos que sí han demostrado ser efectivos. Para comprender el verdadero impacto de esta falsa esperanza, es vital separar el grano de la paja y definir dónde termina el rigor científico.
La línea entre la medicina y el marketing de wellness
La ciencia de la Estimulación del Nervio Vago (ENV o VNS por sus siglas en inglés) es real, fascinante y muy compleja, pero está a años luz de lo que venden los influencers. Existen dispositivos médicos reales, pero como subraya un exhaustivo artículo de revisión publicado en la revista científica Comprehensive Physiology, la estimulación invasiva (iVNS) “sigue siendo el estándar de oro con eficacia bien documentada”. Es decir, hablamos de pequeños aparatos parecidos a marcapasos que se implantan quirúrgicamente bajo la piel del pecho, con cables enroscados directamente al nervio. Según Cleveland Clinic, la FDA (la agencia estadounidense del medicamento) ha aprobado estos implantes severos para tratar casos de epilepsia resistente y depresión clínica grave.
La investigación médica no deja de avanzar. Un ensayo clínico fundamental publicado recientemente en Nature Medicine (el ensayo RESET-RA), demostró que un sistema neuromodulador implantado dirigido al nervio vago logró reducir significativamente la inflamación en pacientes con artritis reumatoide que no respondían a los medicamentos convencionales. Por otro lado, como señala una revisión de la revista Exploratory Research and Hypothesis in Medicine, se está estudiando intensamente el uso de estimuladores no invasivos (en la oreja o el cuello) en entornos clínicos para la rehabilitación tras un ictus o para frenar el deterioro cognitivo.
Pero, ¿qué hay de los aparatos que cualquiera puede comprar por internet para “quitarse el estrés”? Los expertos son tajantes. La Dra. Kristl Vonck, neuróloga de la Universidad de Gante, advierte que los aparatos de consumo están “ligeramente regulados y no tienen que demostrar a la FDA que realmente funcionan”. Muchas empresas se escudan en afirmaciones vagas sobre el “bienestar” para esquivar los controles médicos y utilizan el lenguaje de los ensayos clínicos reales como mera táctica de marketing.
Además, como explica un investigador clínico en The Conversation, manipular el nervio vago no es una panacea y no funciona igual para todos. Algunas personas en ensayos clínicos experimentan dolores de cabeza, empeoramiento de migrañas o incluso un bajón en el estado de ánimo al recibir estimulación. “La mayoría de las enfermedades implican múltiples factores biológicos y psicológicos, y ningún nervio por sí solo explica o soluciona todos”, sentencia.
La desinformación no se limita a los dispositivos; también abarca los diagnósticos caseros. La revista Bustle se hizo eco recientemente de una tendencia viral en TikTok: la prueba de los “tres tragos”. Creadoras de contenido aseguraban que si eres incapaz de tragar saliva tres veces seguidas y de forma rápida, tu nervio vago está gravemente desregulado por culpa del estrés crónico.
Los terapeutas tuvieron que intervenir. Chloë Bean, terapeuta experta en trauma somático, aclaró que tragar sí involucra a este nervio, pero no poder hacerlo tres veces seguidas “no significa automáticamente que tu nervio vago esté atascado”. Puede deberse a algo tan mundano como la deshidratación, alergias o, paradójicamente, la propia ansiedad de estar haciéndote un test de TikTok.
La buena noticia es que no necesita gastar cientos de euros en tecnología ni obsesionarse con tests virales para cuidar su sistema nervioso. Existen métodos avalados por psicólogos y científicos que estimulan el nervio vago:
- Respiración asimétrica: Al exhalar más lentamente de lo que se inhala, se envían señales a los receptores pulmonares conectados al nervio vago para que bajen las pulsaciones.
- El frío: Lavarse la cara con agua muy fría (un truco que hizo viral Hailey Bieber antes de la Met Gala) activa un reflejo fisiológico de inmersión que dirige la sangre al cerebro y reduce el ritmo cardíaco.
- El sonido: Dado que este nervio pasa por el oído interno y las cuerdas vocales, cantar en voz alta, tararear o escuchar música relajante lo estimula directamente.
No obstante, como precaución, también los expertos advierten que hay personas con el nervio vago “hiperactivo”, una condición médica (síncope vasovagal) que hace que la presión arterial baje demasiado rápido ante estímulos, provocando desmayos. Para ellos, estimular el nervio a la ligera no es buena idea.
La medicina bioelectrónica es una frontera científica apasionante. Es indudable que el nervio vago es la gran autopista que conecta nuestra mente con nuestro cuerpo, y los ensayos clínicos demuestran que, manipulado por manos médicas expertas, puede ayudar a pacientes con enfermedades graves, desde la epilepsia hasta la artritis. Sin embargo, el mercado del bienestar se ha adelantado apresuradamente a la ciencia. Vender la idea de que un pequeño gadget pegado al cuello va a borrar de un plumazo el estrés del siglo XXI, el insomnio y la fatiga es, hoy por hoy, un ejercicio de marketing más que de medicina.
Como bien resume The Conversation, el mensaje clave debe ser “precaución sin cinismo”. El nervio vago es real y su cuidado es importante. Pero hasta que los dispositivos de consumo logren alcanzar el rigor de los ensayos clínicos, quizás lo más inteligente para su salud —y para su bolsillo— sea apagar el móvil, dar un paseo por la naturaleza y, simplemente, respirar profundo.
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Muere Dick Parry, emblemático saxofonista de Pink Floyd, a los 83 años
Dick Parry, el emblemático saxofonista del grupo de rock psicodélico Pink Floyd, murió la mañana del pasado viernes a los 76 años de edad, informó el guitarrista de la banda, David Gilmour, en una publicación en redes sociales donde recordó su pasión por la música desde la adolescencia y que marcó una era de éxitos como “Shine On You Crazy Diamond“.
Gilmour no precisó las causas del fallecimiento, pero sí destacó que ambos compartieron escenario durante la giras como On An Island y en el festival Live 8 de 2005, cuando Pink Floyd se reunió con el exlíder y bajista Roger Waters para dar un concierto después de más de 20 años de ruptura.
“Desde que tenía 17 toqué en bandas con Dick al saxofón”, recordó en la publicación. “Su sensibilidad y timbre hacen que su forma de tocar el saxofón sea inconfundible, un sello distintivo de enorme belleza conocido por millones y que constituye una parte fundamental de canciones como Shine On You Crazy Diamond, Wish You Were Here, Us and Them y Money“, agregó.
Asimismo, compartió una serie de fotografías donde se puede ver a ambos músicos desde la época de 1963, en la reunión de Pink Floyd de 2005 y en las giras de sus proyectos solistas.

Pink Floyd se formó en 1965, integrada por Syd Barret (quien después fue reemplazado por Gilmour), Roger Waters, Richard Wright y Nick Mason. A lo largo de los años, la formación de la banda cambió, dejando atrás a sus entonces líderes Syd Barret (1968) y Roger Waters (1985).
Aunque nunca fue considerado un miembro oficial de la alineación, Parry imprimió un sello característico en las composiciones de la banda desde el aclamado Dark Side of The Moon (1973) y a través de otros álbumes como Wish You Were Here (1975) y The Division Bell (1994), además de participar en las giras mundiales de la banda.
El álbum Dark Side of The Moon les valió el reconocimiento como uno de los grupos más exitosos e importantes de la música pop. El álbum permaneció en la lista Billboard Top 200 más tiempo que cualquier otro de la época.
Por otro lado, The Wall de 1979 consolidó al grupo de rock como “exponentes de una visión distintamente oscura”, según reconoce la revista especializada Rolling Stone.
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