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la réplica de su casa
Ocurrió en octubre de 2012. Internet había descubierto lo que parecía un programa cuya existencia era desconocida por el común de los mortales: el complejo utilizado por el Equipo 6 de los Navy SEAL para entrenarse en la redada contra Osama bin Laden en Pakistán aún era visible en la vista satelital de Bing. La sorpresa era mayúscula: habían construido en Estados Unidos una maqueta idéntica del refugio de Laden en Abbottabad.
Desde entonces hasta ahora, Washington ha perfeccionado la táctica.
Del laboratorio al asalto real. La captura de Nicolás Maduro no fue una improvisación a la aventura ni una apuesta al caos, sino la ejecución casi literal de un plan ensayado durante meses en un entorno controlado. Antes de que helicópteros, cazas y drones cruzaran el espacio aéreo venezolano, Estados Unidos ya había recorrido ese camino decenas de veces en Kentucky, dentro de una réplica a tamaño real del refugio donde el líder venezolano pasaba sus noches.
Muros, puertas reforzadas, recorridos interiores y tiempos de reacción fueron estudiados hasta el extremo, del mismo modo que se había hecho catorce años antes con el complejo de Abbottabad. La lógica es simple y brutal: reducir la realidad a un problema técnico, convertir un asalto real en la repetición de un entrenamiento, y eliminar casi por completo la fricción de lo inesperado.
Abbottabad como manual. La operación contra Osama bin Laden en 2011 marcó un antes y un después en la doctrina estadounidense de operaciones de alto valor. Entonces, la CIA y el JSOC construyeron réplicas del complejo paquistaní, analizaron durante meses los patrones de vida del objetivo y ensayaron cada movimiento hasta la saciedad. De hecho, publicaron los programas de las maquetas utilizadas.
El uso de inteligencia humana, vigilancia persistente y simulación física del objetivo permitió a los SEAL entrar en un país soberano, ejecutar la misión y salir en minutos. Venezuela demuestra que aquello no fue una excepción histórica, sino el nacimiento de un método. Todo lo que funcionó con Bin Laden (replicas, patrones de vida, ensayos repetidos, ejecución nocturna y retirada rápida) ha sido reaplicado casi punto por punto en Caracas.

Réplica de la casa de Bin Laden desarrollada por la CIA

Réplica de la casa de Bin Laden desarrollada por la CIA
El ojo que no parpadea. Un elemento conecta de forma especialmente clara Abbottabad y Caracas: el uso del RQ-170 Sentinel. Hablamos de un dron furtivo, diseñado para vigilar objetivos de altísimo valor en entornos hostiles, que fue clave tanto en Pakistán como en Venezuela. Su misión no es atacar, sino observar sin ser visto, establecer rutinas, confirmar presencias y ofrecer información en tiempo real durante el asalto.
En el caso de Maduro, contaban los analistas de TWZ que el Sentinel habría orbitado durante semanas para afinar cada detalle de su vida diaria y, ya en la operación, para alimentar a los centros de mando con imágenes y datos en directo. Es el equivalente moderno al vigía que lo ve todo, pero con sensores capaces de convertir una ciudad entera en un tablero legible desde miles de kilómetros.
El salto cualitativo del objetivo. La gran diferencia entre Abbottabad y Caracas no está en la técnica, sino más bien en el rango del objetivo. Bin Laden era el líder de una organización terrorista escondido en un complejo privado. Maduro era el jefe de un Estado soberano, protegido por fuerzas armadas regulares y alojado en instalaciones militares.
Replicar para él la misma metodología implica una escalada política y estratégica enorme. Si en 2011 Estados Unidos demostró que podía entrar en Pakistán para eliminar a un enemigo, en Venezuela ha demostrado que puede secuestrar a un presidente en activo, sacarlo del país y hacerlo sin bajas propias. El mensaje implícito es mucho más inquietante: no hay rango, cargo ni frontera que convierta a alguien en intocable si Washington decide lo contrario.
La lección final. Si se quiere también, la comparación entre Bin Laden y Maduro deja una conclusión difícil de ignorar. Estados Unidos ha perfeccionado una doctrina que combina inteligencia humana, vigilancia aérea furtiva, simulación física del objetivo y fuerzas especiales hasta convertir la captura de una persona concreta en un problema casi industrial. Primero se ensaya, luego se ejecuta. Primero se observa durante meses, luego se actúa en minutos.
Desde ese prisma, la operación de Venezuela no inaugura nada nuevo, pero sí confirma algo esencial: todo lo aprendido en Abbottabad no solo sigue vigente, sino que se ha ampliado y normalizado. La lección estratégica en ese sentido es clara y profundamente incómoda para el resto del planeta: si Washington se lo propone, hoy tiene la capacidad de capturar a prácticamente cualquier individuo del planeta, en casi cualquier lugar, y en el momento que considere oportuno.
Imagen | CIA
En Xataka | Alguien apostó 30.000 dólares a que Maduro caía la noche anterior a que cayera. Ha ganado 400.000 dólares
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invertir una millonada en una infraestructura echada a perder durante décadas
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha dejado a la administración de Donald Trump como “tutor” de facto del sector petrolero más rico —y a la vez más castigado. En este nuevo tablero geopolítico, el CEO de Repsol, Josu Jon Imaz, fue seleccionado para participar en una reunión clave en el Salón Este de la Casa Blanca junto a otros gigantes petroleros. Según informa Bloomberg, Repsol busca ahora licencias urgentes para retomar la exportación de crudo, una actividad que quedó congelada tras el embargo comercial de marzo de 2025.
La consigna para que Repsol pueda cumplir su plan estratégico y sacar a bolsa su negocio de upstream (exploración y producción) en Wall Street, necesita que sus activos venezolanos dejen de ser un apunte contable de riesgo y se conviertan en barriles reales.
Resucitar una industria “echada a perder”. Durante el encuentro, Trump ha pedido a las petroleras una inversión conjunta de 100.000 millones de dólares para resucitar una industria obsoleta. Pero la infraestructura está tan deteriorada que la estatal PDVSA ha llegado a desmantelar oleoductos para vender el metal como chatarra. Aún así, como ha explicado RTVE, Repsol ha prometido triplicar su producción, pasando de 45.000 a 135.000 barriles diarios en un plazo de tres años.
Desafío titánico. El crudo venezolano es “extrapesado”, denso como el alquitrán, y llega a las refinerías “sucio”, cargado de sal y metales. Solo empresas con un arraigo histórico como Repsol (presente en el país desde 1993) tienen el know-how para procesar esta “comida pesada”. Pero el problema no es solo el petróleo. El 90% de lo que Repsol produce en el yacimiento La Perla es gas natural, un recurso que alimenta el 33% del suministro eléctrico de Venezuela. Sin el gas de Repsol, el país se apaga; pero para que este gas sea rentable y pueda exportarse, la compañía necesita construir plantas de licuefacción que hoy simplemente no existen.
“Pragmatismo ante el entorno Trump”. Para facilitar el desembarco, Washington ha decretado una “emergencia nacional” que permite al Tesoro de EEUU blindar los ingresos petroleros venezolanos en cuentas estadounidenses. Esta medida, calificada por Expansión como un movimiento sin precedentes, busca evitar que los fondos sean confiscados por los miles de acreedores que aguardan en la puerta, ofreciendo la “seguridad total” que Trump prometió a los ejecutivos.
Mientras Repsol se declara “lista para invertir con fuerza”, el CEO de ExxonMobil, Darren Woods, lanzó un jarro de agua fría en la misma Casa Blanca. Según recoge el Financial Times, Woods afirmó que Venezuela sigue siendo “ininvertible” sin cambios drásticos en el marco legal y recordó que sus activos fueron confiscados dos veces en el pasado.
En el horizonte. Repsol camina sobre un campo de minas financiero. Todavía arrastra una deuda patrimonial de 330 millones de euros por parte de PDVSA. Además, Financial Times advierte que competidores como Chevron parten con ventaja por su estrecha relación personal con Trump y por haber mantenido operaciones constantes bajo licencias especiales durante los años de embargo.
A esto se suma la advertencia del analista Ron Bousso en Reuters: Trump ha sugerido que las empresas deben “olvidar” las deudas del pasado para empezar con “igualdad de condiciones”. Para Repsol, esto podría significar renunciar definitivamente a cobrar lo perdido bajo el chavismo a cambio de mantener sus derechos de explotación futuros.
Una apuesta final. La compañía debe decidir si entierra miles de millones en reconstruir una infraestructura fósil en un mundo que clama por la transición energética. El “agujero” de 1.160 millones de euros en el déficit comercial de España con Venezuela es solo el síntoma de una dependencia peligrosa.
Venezuela sigue siendo la mayor gasolinera del mundo, pero hoy es una instalación en ruinas. El éxito de Repsol no dependerá ya solo de su pericia técnica en los campos de Quiriquire o La Perla, sino de su capacidad para bailar al ritmo que marque Washington en una reconstrucción que, según los expertos, podría tardar décadas en completarse.
Imagen | Repsol
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Brillan los Globos de Oro: “Golden”, de la cinta “K-pop demon hunters”, gana la categoría de mejor canción
El sencillo “Golden” de la película “K-pop demon hunters” ganó este domingo el premio a mejor canción una película animada en la edición 83 de los Globos de Oro.
Esta cinta fenómeno de Netflix también está nominada en la categoría de mejor largometraje animado, premio que todavía no se entrega.
Esta es la primera canción coreano-estadounidense en recibir un Globo de Oro, premios considerados la antesala de los Óscar, en la categoría de canción original.
El galardón fue recibido por la artista EJAE, Kim Eun-Jae, su nombre real, quien narró que pese a su duro entrenamiento no era elegida para formar parte de las agrupaciones femeninas de K-pop.
La película sobre un grupo femenino de K-pop que persigue demonios míticos se convirtió el pasado agosto en la película más vista de la plataforma de contenidos en línea con al menos 236 millones de visualizaciones, según datos de Netflix.
La canción ”Golden” superó los 100 millones de reproducciones semanales en todo el mundo por primera vez, según Billboard
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Eric Schmidt, ex-CEO de Google, está construyendo un enorme telescopio espacial. La pregunta no es cómo, sino para qué
Si hoy alguien quisiera construir algo parecido a un nuevo Hubble, lo lógico sería pensar en años de informes, revisiones y comités antes de que la primera pieza de hardware siquiera se fabrique. Sin embargo, esa lógica acaba de romperse con un anuncio inesperado: Eric Schmidt, ex-CEO de Google, y su esposa Wendy han puesto sobre la mesa su propio dinero para impulsar no uno, sino cuatro telescopios, entre ellos un observatorio espacial de gran envergadura.
El movimiento no solo desafía la inercia del sector, sino que plantea una pregunta más profunda que la del presupuesto o la tecnología, qué persigue exactamente un antiguo directivo de Silicon Valley al meterse en el corazón de la astronomía moderna. Se trata de un proyecto impulsado por el Schmidt Observatory System, busca cubrir desde el cielo profundo hasta el estudio detallado de fenómenos transitorios.
Un cambio de modelo. En la actualidad, los telescopio están generalmente en manos agencias públicas y consorcios académicos. Construir espejos cada vez mayores y, después, poner instrumentos en órbita convirtió la astronomía en un asunto de presupuestos nacionales. La entrada de los Schmidt en este terreno sugiere que, con nuevas tecnologías y otra forma de financiar el riesgo, ese equilibrio histórico podría estar empezando a moverse de nuevo.
Riesgo, velocidad y ciencia abierta. El planteamiento detrás del sistema de observatorios no es competir con las agencias espaciales, sino cubrir el espacio que dejan sus propios procesos, largos, conservadores y muy condicionados por presupuestos públicos. Los Schmidt buscan financiar conceptos que ya han sido imaginados por la comunidad científica, pero que rara vez superan la barrera de la financiación oficial por su nivel de riesgo o por los plazos que exigen.
La pieza que da sentido al conjunto y que marca realmente la diferencia es Lazuli, el único de los cuatro proyectos que saldrá de la Tierra. Su objetivo es cubrir un amplio abanico de ciencia, desde eventos transitorios que duran minutos u horas hasta el estudio detallado de exoplanetas, con un nivel de flexibilidad que los grandes observatorios públicos no siempre pueden ofrecer.
Más lejos, más ágil. Una de las rupturas más claras de Lazuli frente al Hubble está en dónde va a operar y cómo. Mientras el telescopio de la NASA orbita a unos 500 kilómetros de la Tierra, Lazuli se situará mucho más lejos, en una órbita elíptica que debería darle una vista más despejada y permitir un enlace de datos rápido y continuo.

Lazuli Space Observatory
En la descripción oficial, Schmidt Sciences enmarca esa operación en una órbita “lunar-resonant”. A eso se suma un espejo mayor, de 3,1 metros frente a los 2,4 metros de Hubble, y una filosofía de observación pensada para reaccionar con rapidez ante fenómenos inesperados.
Una plataforma, varios instrumentos. Lazuli está diseñado como una plataforma única que integra tres instrumentos pensados para cubrir desde observaciones de gran campo hasta el estudio detallado de exoplanetas y fenómenos transitorios.
- Imager óptico de campo amplio con alta cadencia para series temporales fotométricas, campo de visión de 30′×15′ y filtros entre 300 y 1000 nm
- Espectrógrafo de campo integral que cubre de forma continua 400–1700 nm, optimizado para espectrofotometría estable y clasificación rápida
- Coronógrafo de alto contraste para observar directamente exoplanetas y entornos circumestelares, con contrastes de 10⁻⁸ y hasta 10⁻⁹ tras procesado
La era de los telescopios-array. Argus, DSA y LFAST son telescopios tradicionales, sino sistemas distribuidos que aprovechan los avances recientes en computación, almacenamiento y análisis automatizado. En lugar de concentrar todo en una sola estructura, reparten la captación de luz o de señales de radio entre decenas o miles de módulos que luego se sincronizan digitalmente. Esa modularidad pretende acelerar despliegues y abre la puerta a observar el cielo casi en tiempo real, algo fundamental para la astronomía de eventos fugaces.

Render del Argus Array (izquierda), Deep Synoptic Array (derecha)
Argus Array reunirá 1.200 telescopios ópticos en Texas para observar de forma casi continua el cielo del norte, con la idea de poder “rebobinar” lo ocurrido minutos u horas antes de un evento como una supernova. DSA, en Nevada y bajo la dirección de Caltech, desplegará 1.600 antenas de radio para mapear más de mil millones de fuentes y actualizar su visión del cielo cada quince minutos. LFAST, por su parte, se instalará en Arizona como un sistema de 20 espejos de 80 centímetros orientado a espectroscopía de gran apertura y a la búsqueda de biosignaturas, con un prototipo previsto para mediados de 2026.
Lo que los Schmidt han puesto en marcha es, en el fondo, un experimento sobre el propio sistema científico. Lazuli y sus tres compañeros en tierra pretenden mostrar que es posible construir observatorios de gran escala con más rapidez y con una apertura de datos que no siempre encaja en los modelos tradicionales. Que esa visión se materialice dependerá de factores aún por despejar, como los contratistas finales, los costes reales o la viabilidad de los calendarios, pero si sale bien, el impacto no se medirá solo en nuevos descubrimientos, sino en una nueva manera de decidir qué ciencia se hace.
Imágenes | Village Global | Schmidt Observatory System
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