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“Avatar: Fuego y ceniza” conquista la taquilla mundial y supera los mil millones de dólares
Reuters.- La película de ciencia ficción y fantasía de James Cameron “Avatar: Fuego y ceniza” ha superado los mil millones de dólares en taquillas de todo el mundo, siendo la cuarta película del director en rebasar dicho umbral.
La película, que devuelve al público al impresionante planeta de Pandora, ha recaudado mil 030 millones de dólares en ventas de entradas, a nivel global, según informó Walt Disney Studios el domingo.
“Avatar: Fuego y ceniza” es la tercera película de la saga “Avatar” y ha recaudado en conjunto seis mil 350 millones de dólares en todo el mundo. La cinta retoma la historia donde la dejó la segunda entrega, “Avatar: El camino del agua“, con Jake y Neytiri lamentando la pérdida de un hijo.
La primera película de la franquicia, se estrenó en 2009 y recaudó dos mil 900 millones de dólares en ventas de entradas en todo el mundo, convirtiéndose en la película más taquillera de la historia en valores absolutos, según Comscore, aunque queda por detrás del clásico de 1939: “Lo que el viento se llevó” si se ajustan los ingresos de taquilla a la inflación y al precio medio de las entradas a lo largo de las décadas.
13 años después, en 2022, se estrenó “Avatar: El camino del agua“, que recaudó más de dos mil 300 millones de dólares en todo el mundo y ganó un Óscar por los mejores efectos visuales.
La última entrega, estrenada a tiempo para la temporada navideña, recaudó 306 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá, y 777 mil un millón de dólares a nivel internacional, según informó Disney.
La primera superproducción de James Cameron que superó los mil millones de dólares fue “Titanic“, estrenada en 1997, que recaudó casi dos mil 300 millones de dólares en todo el mundo.
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obligar a Estados Unidos a salir de su zona de confort
Si hoy nos preguntaran qué país lidera la carrera por la inteligencia artificial, la respuesta más inmediata probablemente seguiría siendo Estados Unidos. Y no sería una ocurrencia. Durante décadas, el país ha marcado el paso de la innovación tecnológica y buena parte de las herramientas digitales que utilizamos a diario nacen de sus grandes compañías. Sin embargo, ese liderazgo ya no es tan incontestable como antes. El tablero empieza a moverse y hay un actor que está recortando distancias a una velocidad difícil de ignorar. Ese actor es China.
La pregunta ya no es si China compite, sino cómo ha llegado hasta aquí. Cómo un país identificado durante años como la fábrica del mundo, asociado a la producción masiva y a la mano de obra barata, se ha convertido en un referente de innovación y vanguardia tecnológica. En un nuevo vídeo del canal de YouTube de Xataka, nuestro compañero Francisco Franconi analiza este proceso en detalle y pone cifras, contexto y matices a un fenómeno que estamos viendo desarrollarse casi en tiempo real y que puede alterar el equilibrio de poder en el sector tecnológico global.
China ya no es solo la fábrica del mundo: está construyendo su propio camino en la IA
“China debería estar años por detrás de Estados Unidos en el desarrollo de IAs. Es un hecho, ya que entre un 85 y un 95% del mercado global de chips utilizados en este sector pertenecen a Nvidia”, explica Franconi. El dato es clave, pero no lo explica todo. La carrera por la inteligencia artificial no se juega únicamente en el terreno de los semiconductores. Hay otros factores estructurales que resultan igual de determinantes, y uno de ellos es la energía. El vídeo profundiza en la enorme brecha energética que separa a ambos países y en por qué este aspecto es crucial para entender el avance chino.


Como apunta Franconi, la energía “es necesaria para construir fábricas de chips, de supercomputadoras y centros de procesamiento. Sin ella no hay crecimiento industrial”. Para contextualizar esta afirmación, el análisis recurre a datos de la Agencia Internacional de la Energía que ayudan a dimensionar el alcance real de esa ventaja y su impacto directo en el desarrollo industrial y tecnológico.
Otro de los ejes del vídeo es la resiliencia. En concreto, la capacidad de China para adaptarse y seguir avanzando pese a las sanciones y restricciones impuestas por las distintas administraciones estadounidenses. Franconi se detiene en las reiteradas limitaciones que afectan a NVIDIA, pero también examina el caso de Huawei y el papel que empiezan a jugar startups como Deepseek en este nuevo escenario.
El talento aparece como otro de los pilares fundamentales de esta carrera. “Un dato relevante es que China tiene un mayor número de graduados en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, pero el dato más impactante es que el 50% de los investigadores de IA del mundo son de procedencia china”, señala Franconi. Una cifra que ayuda a entender por qué el país asiático está ganando peso con tanta rapidez en el desarrollo y la investigación en inteligencia artificial.
El vídeo también recorre el ecosistema actual de los modelos de lenguaje que compiten en el mercado y ofrece una fotografía clara de la posición que ocupan China y Estados Unidos en esta carrera tecnológica. Un análisis que desemboca en las conclusiones de nuestro compañero sobre hacia dónde se dirige este pulso global y qué implicaciones puede tener a medio y largo plazo.
Ya puedes ver el vídeo completo en el canal de YouTube de Xataka. Y, por supuesto, te invitamos a dejar tus comentarios tanto allí como en este artículo.
Imágenes | Xataka
En Xataka | Huawei va a volver. Y no todo el mundo está preparado para lo que viene
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Despiden en redes al cantante Yeison Jiménez, fallecido en accidente aéreo en Colombia; decretan tres días de luto
EFE.- La muerte del cantante de música popular Yeison Jiménez, de 34 años, quien pereció junto con otras cinco personas en un accidente de avión ocurrido el sábado en el departamento de Boyacá, tiene consternada este domingo a Colombia mientras avanzan las investigaciones para esclarecer las causas del siniestro.
La vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez, lamentó la muerte del artista en el accidente de la aeronave, un bimotor Piper Navajo, de propiedad del cantante.
“Expreso mis sentidas condolencias y mi solidaridad a las familias, amigos y seguidores del cantante Yeison Jiménez”, escribió en X la vicepresidenta.
Autoridades locales y regionales y políticos de distintos partidos también expresaron en redes sociales su pesar por el fallecimiento de Jiménez, un hombre de origen humilde que en su infancia trabajó en Corabastos, el principal mercado de productos agroalimentarios de Bogotá, y que encontró la muerte cuando estaba en la cúspide de su carrera.
“Con profundo dolor despedimos a un hijo de Corabastos. Yeison Jiménez llevó en su historia el esfuerzo, las madrugadas y la dignidad del mercado”, manifestó esa entidad en un mensaje en su cuenta de X.
https://x.com/FranciaMarquezM/status/2010365810984804371?s=20
Últimas imágenes del fallido vuelo
La fiscalía general informó que abrió “una indagación relacionada con el siniestro de la aeronave particular”, que se estrelló al intentar despegar del aeropuerto de Paipa, Boyacá, y cayó en un campo cercano al final de la pista.
El avión bimotor quedó calcinado tras el accidente, en el que murieron también el mánager del artista, Jefferson Osorio, otros integrantes de su equipo de trabajo y el piloto de la aeronave.
Tras el accidente ha circulado un video grabado desde el interior de la aeronave segundos antes de despegar y subido a sus redes sociales por Weisman Mora, fotógrafo del artista, también fallecido, en el que se ve al piloto chateando en su celular durante la maniobra de despegue.
En la imagen se ve también el panel de control de la aeronave con aparentes mensajes de advertencia sobre una posible falla eléctrica que al parecer el piloto no notó, lo que ha dado lugar a especulaciones sobre lo sucedido.
El cantante tenía previsto presentarse la noche del sábado en una fiesta popular del municipio de Marinilla, en Antioquia, donde lo esperaba su banda.
Los organizadores hicieron un minuto de silencio y un homenaje simbólico a la hora en que estaba programada su presentación.
Tras las labores de rescate y atención de la emergencia, realizadas por organismos de socorro, autoridades aeronáuticas y unidades de la Policía Nacional, los cuerpos de los seis ocupantes fueron trasladados a la sede del Instituto Nacional de Medicina Legal en Bogotá.
Los suyos se despiden
En Manzanares, departamento de Caldas, tierra natal del artista, la alcaldía decretó tres días de luto y el izado de la bandera a media asta.
“Yeison Jiménez, a lo largo de su trayectoria artística, se consolidó como una de las figuras más representativas de la música popular colombiana, alcanzando reconocimiento a nivel nacional e internacional, llevando con orgullo el nombre de Manzanares y del departamento de Caldas a múltiples escenarios, y convirtiéndose en un referente cultural para las nuevas generaciones”, expresó el gobierno municipal en un comunicado divulgado en X.
El equipo de trabajo de Jiménez también publicó un texto en el que agradeció las múltiples muestras de apoyo recibidas y expresó su solidaridad con las familias de las demás personas fallecidas en el accidente.
“Hoy no sólo despedimos a un artista; despedimos a un hijo, un hermano, un amigo, un ser humano lleno de sueños y valentía, que convirtió su historia en esperanza para miles de personas”, señaló el mensaje, en el que subrayó que su legado permanecerá en la música regional colombiana.
Artistas como Carlos Vives, Silvestre Dangond y Fonseca también se despidieron de Jiménez en redes sociales, donde resaltaron su legado musical y expresaron solidaridad con su familia y allegados.
Jiménez se había consolidado como una de las figuras más influyentes de la música popular en Colombia con éxitos como “Sublime mujer”, “Aventurero”, “Vete”, “Ni tengo ni necesito” y “Mi venganza”, entre otros.
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cómo aprendimos a cuidar lo que vive en una pantalla
Treinta años después de su lanzamiento en Japón, el Tamagotchi sigue siendo reconocible al primer vistazo. La forma de huevo, los tres botones, la pantalla que apenas muestra unos cuantos píxeles animados. Todo parece sacado directamente de los años noventa y, sin embargo, no estamos ante un objeto congelado en el tiempo. Bandai ha seguido empujando nuevas versiones y el producto continúa encontrando público, tanto entre quienes lo recuerdan de su infancia como entre nuevas generaciones que no vivieron su auge original.
Ese recorrido, desde fenómeno global a icono cultural persistente, no se explica solo como una moda que vuelve. El Tamagotchi instaló una relación distinta con un dispositivo: en su versión original no se usaba cuando apetecía, sino cuando lo reclamaba. Cuidar, alimentar, limpiar y asumir consecuencias formaban parte del trato, con un elemento radical para un juguete electrónico de la época: no había botón de pausa que te rescatara del descuido. Lo que hoy interpretamos como “economía de la atención” todavía no tenía nombre, pero la mecánica ya estaba ahí.
Un juguete japonés que enseñó a convivir con lo digital
Desde el punto de vista funcional, el Tamagotchi es una simulación básica de cuidado y crecimiento encapsulada en un objeto de bolsillo. El dispositivo ejecuta un conjunto de reglas que determinan el estado de la criatura digital, reglas que el usuario solo puede modular parcialmente mediante acciones concretas y repetidas en el tiempo. No hay una curva de aprendizaje compleja ni un final claramente definido, y ahí reside parte de su singularidad frente a otros juguetes electrónicos de su época. Lo importante no es “ganar”, sino sostener el vínculo.
El interés no está en dominar el sistema, sino en convivir con él. Esa lógica, deliberadamente abierta, permitió que el Tamagotchi trascendiera el marco habitual del juguete electrónico y se integrara en la rutina diaria de quienes lo usaban. No se trataba de sentarse a jugar, sino de asumir una presencia que podía exigir intervención a lo largo del día, con independencia del contexto. Es una distinción pequeña sobre el papel, pero enorme en la práctica, porque desplaza el juego de un “rato” a una relación continuada.
Para entender por qué este producto aparece en Japón en 1996, conviene mirar el contexto industrial sin convertirlo en una explicación cultural cerrada. Bandai operaba en un mercado maduro de juguetes y licencias, y a mediados de los noventa buscaba formatos capaces de conectar con un público joven que ya convivía con lo electrónico. Japón, además, era un entorno especialmente habituado a objetos personales portátiles, desde reproductores hasta consolas, y a personajes convertidos en iconos cotidianos. Todo eso no “causó” el Tamagotchi, pero sí lo hizo más legible.


La clave es que el Tamagotchi no se apoyaba en una franquicia conocida ni en una historia previa. Su atractivo se sostenía en una idea sencilla, portátil y fácil de comunicar, reforzada por una estética cercana a la cultura visual japonesa del momento, donde lo pequeño y lo expresivo ya formaban parte del paisaje. Esa combinación ayudó a que el concepto se adoptara con rapidez y, sobre todo, a que se compartiera con naturalidad. No como un aparato raro, sino como un objeto personal que se llevaba encima.
Aunque a menudo se habla del Tamagotchi como un invento singular, su origen es el resultado de una colaboración muy concreta. Akihiro Yokoi, presidente de WiZ, planteó el concepto inicial de una mascota virtual portátil y lo presentó a Bandai a mediados de los noventa. Allí, Aki Maita, responsable del proyecto dentro de la compañía, fue quien transformó esa idea en un producto viable desde el punto de vista técnico y comercial. Esa doble autoría importa porque evita el relato fácil del genio solitario y describe mejor cómo nacen muchos fenómenos de consumo.
El concepto inicial era el de de una mascota virtual portátil.
El proceso incluyó pruebas con usuarios reales antes de su lanzamiento, algo poco habitual en el desarrollo de juguetes electrónicos de la época. Esos ensayos permitieron ajustar tanto el diseño como el enfoque del producto y revelaron un dato clave para Bandai: el interés surgía con fuerza entre adolescentes, especialmente chicas, lo que influyó en la estética final y en la manera de presentarlo. No es un detalle menor, porque explica por qué el Tamagotchi se convirtió en un objeto social y visible, no en un dispositivo que se escondía.
Si hablamos del nombre, podemos decir que tampoco fue un detalle menor ni una ocurrencia tardía. “Tamagotchi” nace de una combinación deliberada entre tamago, la palabra japonesa para “huevo”, y watch, en referencia a un objeto que se consulta a menudo, adaptado fonéticamente en Japón. Esa elección revela cómo se pensó el producto desde el principio. No como un juguete que se usa de manera puntual, sino como algo que se lleva encima y se mira con frecuencia.


Como decimos, en el modelo original, el dispositivo no ofrecía control total al usuario. No había forma de congelar el sistema ni de proteger a la criatura de las consecuencias del descuido, y esa dureza estaba integrada en la propuesta. La asimetría, en la que el usuario respondía más de lo que mandaba, alteraba la relación tradicional entre jugador y juguete y elevaba el coste emocional del abandono.
Bandai asumió desde el inicio que esa falta de indulgencia formaba parte de la experiencia. El Tamagotchi no estaba diseñado para complacer, sino para exigir constancia y generar implicación. Esa lógica, que hoy asociamos a dinámicas digitales mucho más sofisticadas, fue clave para que el vínculo con la criatura se sintiera menos instrumental y más cercano a una responsabilidad cotidiana.


Cuando el Tamagotchi salió de Japón, lo hizo como suelen hacerlo los fenómenos difíciles de anticipar: más rápido de lo que el mercado podía absorber. En mayo de 1997 llegó a Estados Unidos y, a partir de ahí, se extendió a otros mercados, incluidos países europeos, en un periodo muy corto. Bandai pasó de gestionar un lanzamiento doméstico a lidiar con un producto global, con problemas de abastecimiento, reventa y una presencia constante en medios que no siempre sabían cómo encajar aquel juguete en categorías conocidas.
La popularidad trajo consigo tensiones inesperadas. El dispositivo empezó a aparecer en aulas, exámenes y actividades donde no estaba invitado, y en muchos centros se optó por restringirlo o prohibirlo por las interrupciones que generaba. Esa reacción, lejos de frenar el fenómeno, contribuyó a amplificarlo, porque confirmaba que el Tamagotchi ya no era solo un juguete: era un asunto social. En muy poco tiempo se convirtió en un marcador generacional, algo de lo que se hablaba y que se veía, no un entretenimiento privado.


Cuando la fiebre inicial empezó a diluirse a finales de los noventa, el Tamagotchi no desapareció. Cambió de fase. Bandai optó por reactivarlo con iteraciones técnicas que alteraban la experiencia sin romper su lógica, y ahí aparece un primer salto clave: la conectividad entre dispositivos, inicialmente mediante infrarrojos, que permitía interacción directa entre mascotas. El producto seguía siendo reconocible, pero encontraba una razón nueva para volver, sin depender únicamente del recuerdo.
Ese movimiento marcó un patrón que se repetiría con el tiempo. Cada nueva oleada introducía un cambio tecnológico concreto, como el salto al color, nuevas pantallas o formatos distintos, que servía para atraer a una generación diferente sin borrar la anterior. El Tamagotchi dejaba de ser un fenómeno puntual para convertirse en una marca capaz de reactivarse periódicamente, con ajustes graduales en lugar de reinvenciones agresivas.


Treinta años después, el Tamagotchi no se sostiene únicamente como un recuerdo de los noventa. Bandai ha señalado un repunte en la tracción comercial de la marca en los últimos años, impulsado en buena medida por el público adulto que lo conoció en su infancia, y lo ha acompañado con nuevas líneas y lanzamientos.
El entorno en el que hoy existe el Tamagotchi no se parece en nada al de finales de los noventa. Las mascotas virtuales se han multiplicado en forma de aplicaciones móviles y de juguetes conectados que integran sensores, conexión permanente y, en algunos casos, funciones basadas en IA. En ese contexto, el Tamagotchi no puede competir por realismo ni por amplitud de funciones, y tampoco parece interesado en hacerlo.
La estrategia, más que tecnológica, es de posicionamiento. En lugar de maximizar capacidades y acercarse a un “compañero inteligente”, el Tamagotchi se mantiene como un dispositivo con reglas claras y una experiencia acotada, incluso cuando incorpora conectividad en modelos recientes. No es una renuncia a lo moderno, sino una forma de preservar su identidad frente a un ecosistema saturado de pantallas y servicios. Su atractivo reside en esa mezcla de sencillez, tangibilidad y previsibilidad, no en prometer una relación perfecta.
Imágenes | Antonio Rubio | BANDAI (1, 2, 3)
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