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Hay gente poniendo los cuernos con una IA. En serio

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Las infidelidades están a la orden del día,  y si no que se lo digan a aquel CEO que fue pillado en el concierto de ColdPlay. Hasta tenemos programas de televisión que hacen de los cuernos su principal entretenimiento. Lo que no es tan habitual, o eso creíamos, es que las infidelidades no sean con otra persona, sino con una IA. 

Qué está pasando. La IA está rompiendo matrimonios. Hace unos meses hablamos de una tendencia en aumento: hay personas en relaciones con chatbots IA, enamorados hasta las trancas. Si los humanos estamos conectando emocionalmente con IAs, el paso siguiente era lógico: que también se produzcan infidelidades. Una abogada especializada en divorcios cuenta en este reportaje de Wired que cada vez se están dando más casos en los que la IA es el motivo de la ruptura, sobre todo en matrimonios que ya estaban atravesando dificultades. Los resultados de la encuesta realizada por Divorce-online en Reino Unido coinciden: el número de peticiones de divorcio que mencionaban el uso de chatbots está aumentando. 

Al mismo nivel. ¿Es igual de grave ser infiel con una IA que con una persona? El debate está servido, pero la mayoría opina que sí. Según esta encuesta, un 64% considera que sí es una forma de infidelidad y un 22% lo califica como “traición emocional”. En esta otra encuesta, el 60% respondieron que era una infidelidad igual de grave, no sólo un poco. Lo cierto es que, aunque no haya un contacto físico, a menudo la conexión emocional que se desarrolla puede ser tan intensa como en una relación real. 

Infidelidades. En Reddit encontramos bastantes casos, como el de esta mujer que rompió su matrimonio de 14 años después de descubrir la “sexy latina baby girl” con la que chateaba su marido. Era una IA, una en la que por cierto se había gastado miles de dólares. O este usuario que confesaba sentirse mal por estar engañando a su novia con un chatbot IA. Y hay muchos más ejemplos.

Marco legal. En España, el motivo del divorcio no importa a nivel jurídico, por lo que una infidelidad no debe afectar el resultado en aspectos como la custodia de los hijos. Sin embargo, tal y como cuentan en el reportaje de Wired, en EEUU hay 16 estados en los que la infidelidad está considerada un delito menor, claro que para eso se tendría que considerar la IA como una persona y ahí no hay un marco legal claro; las primeras leyes relacionadas con las relaciones con la IA la clasifican como “tercera parte”, no una persona. Lo que sí puede jugar en contra del infiel es si, como en el caso que mencionábamos arriba, hay un gasto de dinero común asociado a esa infidelidad con la IA.

Enamorados de la IA. Los humanos estamos usando la IA como si fuera nuestro psicólogo, le hablamos como si fuera nuestra amiga y también estamos desarrollando vínculos románticos. Hay muchas apps de ‘compañeros IA’ que potencian esa conexión emocional como Replika o Character.AI, pero también hay casos de personas que conectan con chatbots “normales” como ChatGPT. De hecho, lo vimos cuando lanzaron GPT-5, muchos los usuarios montaron en cólera porque querían seguir chateando con GPT-40. El motivo es que el modelo era más cálido y juguetón; muchos usuarios habían desarrollado vínculos emocionales y lo echaban de menos

Imagen | Vitaly Gariev en Unsplash

En Xataka | “No puedo parar”: la adicción a hablar con la IA ya está aquí y hasta existen grupos de ayuda para dejarla

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Europa se ha cansado de ser el “actor secundario” de la NASA. Y por eso está empezando a trabajar con China

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La Agencia Espacial Europea (ESA) y la Academia China de Ciencias (CAS) se han asociado para poner en marcha una ambiciosa misión, dirigida a estudiar los mecanismos empleados por la Tierra para protegerse de las inclemencias solares.

Estaba previsto que la misión SMILE se lanzase este 9 de abril, pero un pequeño problema técnico ha obligado a posponerla hasta una fecha que aún no está clara. De cualquier modo, es solo una pequeña piedra en el camino para una misión que refuerza la intención de Europa de unir fuerzas al que a día de hoy se considera la competencia directa de la NASA en muchas cuestiones espaciales. Dados los vaivenes que enfrenta Estados Unidos en materia científica, podría ser una idea interesante. 

El protector solar terrestre bajo lupa. La misión SMILE (Solar wind Magnetosphere Ionosphere Link Explorer) cuenta con cuatro instrumentos dirigidos a analizar la interacción de los vientos solares con la magnetosfera que actúa como escudo de la Tierra. 

Es una misión necesaria por muchos motivos. Por un lado, porque muchos de los mecanismos empleados por la Tierra para protegerse de las radiaciones solares siguen siendo en parte un misterio. Y, por otro, porque el análisis de datos podría ayudar a predecir las tormentas solares con más exactitud. Actualmente se puede saber con alta probabilidad si van a ocurrir, pero la situación dista mucho de ser exacta. Dado que este tipo de eventos afectan a los sistemas de comunicaciones terrestres, la previsión sería un punto clave

Cuatro instrumentos. Los instrumentos con los que cuenta SMILE son el Soft X-ray Imager (SXI), el Light Ion Analyzer (LIA), el Detector Plane Assembly (DPA) y el Ultraviolet Imager (UVI). El SXI se encarga de tomar imágenes de rayos X para estudiar las fronteras de la magnetosfera, mientras que el DPA aporta soporte mecánico y térmico. Es decir, ayuda a mantener los sistemas de toma de imágenes a una temperatura estable, algo esencial dada la cercanía al Sol. 

En cuanto a LIA, su función es analizar las partículas ionizadas. Los vientos solares consisten en un flujo de partículas ionizadas que se forman en la corona del Sol y se liberan hacia el espacio. Están directamente relacionadas con los efectos perjudiciales de las tormentas solares, por lo que es importante analizarlas. Por su parte, UVI se encarga de tomar imágenes en el rango ultravioleta del espectro. Sobre todo tomarán imágenes de auroras, íntimamente ligadas a los picos de actividad solar.

Contribución europea y china. Europea ha aportado los instrumentos SXI y DPA, además del cohete Vega que impulsará el satélite y todos sus instrumentos al espacio. Por su parte, China ha desarrollado los instrumentos UVI y LIA, así como la plataforma satelital del conjunto SMILE. 

Tampoco falta España. Uno de los instrumentos de SMILE, el DPA, se ha desarrollado en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) español

Poco reconocimiento. La NASA le ha cedido a Canadá un asiento en la cápsula Orión para viajar a la Luna. El canadiense Jeremy Hansen es uno de los tripulantes de Artemis II, a pesar de no haber viajado nunca al espacio. Canadá no ha participado en el desarrollo tecnológico de la misión. Europa, en cambio, ha proporcionado el sistema de motores que ha impulsado a los cuatro astronautas hacia nuestro satélite. Aun así, apenas se ha hecho mención a la importante contribución de la ESA durante el desarrollo de Artemis II.. 

Por qué China. Hace mucho tiempo que China dejó de ser una potencia espacial emergente, para convertirse en una de las más consolidadas del panorama actual. Con su Estación Espacial Tiangong asentada en la órbita baja, es la única instalación de este tipo además de la Estación Espacial Internacional. Su misión lunar cuenta con una gran relevancia gracias a la exploración de las misiones no tripuladas Chang’e. Además, espera llevar a sus propios taikonautas (así se conoce a los astronautas chinos) al satélite en 2030. También es importante su exploración en Marte gracias a rovers como Zhurong

Chinese Tiangong Space Station
Chinese Tiangong Space Station

Tiangong

¿Horas bajas para la NASA? El gobierno de Donald Trump quiere hacer recortes drásticos a la ciencia con inversión pública en Estados Unidos y posiblemente la NASA no se escape. Por eso, puede ser un buen momento para buscar otros apoyos en la carrera espacial, como ya está haciendo la ESA con SMILE. 

Eso no quiere decir que vaya a dejar de colaborar con la NASA, pero sí que es cierto que se abre a explorar nuevos socios. Si hay algo que nos ha enseñado la historia es que la mejor manera de avanzar en la carrera espacial es dejar a un lado los egos y avanzar en equipo. Cerrarse solo a un compañero de viaje puede acabar siendo contraproducente. 

Imágenes | ESA | Shujianyang

En Xataka | La comida de los astronautas no resulta apetecible de primeras, menos en China

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Sabíamos que había agua en la Luna, pero no por qué algunos cráteres estaban vacíos. Al fin tenemos la respuesta

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Hace tiempo que se sabe que existe agua en la Luna. Sin embargo, acceder a ella es bastante complicado. Para empezar, de momento solo se ha detectado agua en forma de hielo. Pero, además, no está claro cuáles son los mejores lugares para buscar. Hay algunas pistas, pero no paran de aparecer excepciones que desconciertan a los científicos. Por eso, el estudio llevado a cabo recientemente por científicos de la Universidad de Colorado Boulder ha resultado muy esclarecedor.

Agua helada escondida en las sombras. Las misiones que han detectado hielo en la Luna lo han localizado en las profundidades de los cráteres del polo sur lunar. Mayormente, en algo conocido como trampas frías. Estos son lugares que se encuentran permanente en sombra, de tal manera que las altísimas temperaturas que se alcanzan durante el día, de más de 120ºC, no puedan evaporar el agua. 

Un recurso esencial para la colonización lunar. La detección de agua en la Luna fue un gran hito en su momento, ya que facilitaría que, en un futuro, los colonizadores lunares puedan usar el agua para cubrir necesidades básicas. Podrían emplearla para beber, pero también, por ejemplo, sería posible separar el hidrógeno del oxígeno mediante hidrólisis y emplearlo como combustible. Recordemos que la fórmula del agua es H2O, dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. 

No es tan fácil. Ya se han detectado algunos cráteres que contienen hielo, como el Cabeus. Podríamos pensar que todos los cráteres del polo sur que se encuentren en trampas frías, al igual que este, servirán como surtidores de agua. Desgraciadamente, la tarea no es tan sencilla. Se conoce que varios cráteres en esta situación no contienen agua, por lo que se debe buscar otro patrón que ayude a los futuros colonizadores lunares a saber dónde buscar.

Una cuestión de orientación. Los autores del estudio que se acaba de publicar se basaron en dos tipos de datos. Por un lado, los datos de temperatura superficial aportados por el instrumento Diviner del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO) de la NASA. Por otro, los resultados de una serie de simulaciones computacionales sobre la evolución lunar. 

Al estudiar todo esto en conjunto se descubrió algo interesante. Que la orientación de la Luna no ha sido siempre la misma. Su inclinación relativa con respecto a la Tierra ha cambiado ligeramente a lo largo de miles de millones de años, de tal manera que puede que lo que hoy en día esté en sombra no lo estuviese en el pasado. Por eso hay cráteres en trampas frías que no tienen agua.

Cuanto más antiguo, mejor. Algo que también han observado estos científicos al revisar estudios anteriores es que los cráteres más antiguos del polo sur lunar tienen más probabilidad de albergar agua. Por eso, lo ideal es buscar cráteres antiguos que se encuentren en el polo sur y en trampas frías. Se reduce mucho la cantidad de lugares probables en los que buscar. De hecho, ya hay un candidato siguiendo esta premisa: el cráter Haworth. Según los modelos, lleva 3.000 millones de años en sombra.

Habrá que comprobarlo. Los autores de este estudio ya están diseñando un instrumento, llamado Sistema de Imagen Infrarroja Compacta Lunar (L-CIRiS), para analizar este y otros cráteres candidatos en busca de agua helada. La NASA planea desplegarlo cerca del Polo Sur lunar a finales de 2027. Será una buena forma de detectar los mejores surtidores de agua lunares con la vista puesta en futuras misiones de larga estancia en nuestro satélite. Cuanto más se prepare el terreno, mejor que mejor. 

Imagen | 

Xataka | La cara “oculta” de la Luna ha sido durante décadas un misterio: China ya tiene un mapa químico para arrojar luz

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Hemos convertido WhatsApp en un “chupete emocional”. Y la ciencia advierte que nos está haciendo más frágiles

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Un mensaje enviado, un doble check azul y, de pronto, el silencio. En ese espacio de tiempo, que puede durar minutos o días, el estómago se encoge. La reacción inmediata para muchos es instintiva: desbloquear la pantalla del smartphone, sumergirse en redes sociales, enviar mensajes en bucle buscando consuelo. Hemos convertido nuestros dispositivos en un “chupete emocional” para calmar la angustia del “no saber”.

En una era donde la hiperconexión nos promete respuestas instantáneas, la ciencia y la psicología lanzan una advertencia clara: nuestra incapacidad para tolerar la incertidumbre nos está haciendo cada vez más frágiles.

El cerebro ante el caos. Para entender qué nos ocurre, hay que mirar a nuestra biología. Tal y como explica la psicóloga Regina López Riego, nuestro cerebro está evolutivamente diseñado para buscar patrones y dar sentido a todo lo que nos rodea. “Esto fue clave para nuestra supervivencia como especie: identificar amenazas y anticipar peligros”, señala. Sin embargo, en el mundo actual, esa necesidad de certeza se traduce en un sufrimiento constante.

El problema radica en que vivimos en un universo regido por la entropía. Desde el equipo de Nalu Psicología recuerdan que, basándonos en la teoría del caos y la termodinámica, los sistemas tienden al desorden. “El futuro es incierto y, de una manera u otra, nos manejamos como podemos ante ello”, explican. Cuando acechan cambios, el miedo toma el protagonismo alertándonos de un posible peligro.

Para mitigar ese miedo, recurrimos a un parche: el control. No obstante, es una trampa. El cerebro procesa los síntomas de la ansiedad de la misma manera que se relaciona con la incertidumbre, liberando grandes cantidades de noradrenalina que afectan a nuestro sistema nervioso. Cuanto más intentamos amarrar el futuro, más malestar generamos.

La trampa del sobrepensamiento. Cuando la mente no tiene datos, los inventa. La psicóloga Marta Valle en su blog explica que el sobrepensamiento no como una falta de inteligencia, sino como un mecanismo de protección fallido nacido del miedo al error y la baja tolerancia a la incertidumbre. Se manifiesta de dos formas: rumiando el pasado o preocupándose de forma anticipatoria por el futuro. “Crees que si lo piensas lo suficiente, evitarás un problema”, detalla pero el resultado final es parálisis, insomnio y desconexión del presente.

Los expertos de los Servicios de Salud Mental (CAMHS) de la Universidad de Harvard tienen un nombre para este fenómeno: “viajes en el tiempo tóxicos”. La Dra. Rue Wilson, psicóloga de esta institución, describe cómo intentamos sentirnos en control imaginando diferentes resultados. “Nos quedamos atascados rumiando, abrumados por los ‘y si…’, y desconectados del presente, que es donde realmente tenemos mayor certeza”.

Alimenta un monstruo mayor. Este bucle termina en lo que la psicóloga Laura Marín define como el trastorno de ansiedad generalizada (TAG), donde la preocupación es constante y se alimenta de sobredimensionar los riesgos.

 Marín ilustra esto con un ejemplo claro: dos mujeres, Alicia y Brenda, se someten a una prueba médica. Mientras Alicia pregunta lo necesario y sigue con su día a día, Brenda busca información compulsivamente en internet y necesita que su pareja la tranquilice continuamente. Es la llamada “búsqueda de reaseguro”. Chequear emails, posponer decisiones o pedir opinión constantemente son estrategias que dan un falso alivio a corto plazo, pero que a la larga nos vuelven incapaces de tolerar la menor duda.

El móvil como vía de escape. La necesidad de huir de la incertidumbre ha encontrado en los smartphones a su mejor aliado, pero con un alto coste para la salud mental. Investigaciones rigurosas respaldan esta afirmación. En un par de estudios publicados en la revista científica Science Direct (liderados por Jon D. Elhai y sus colaboradores en 2017), se demostró a través de revisiones sistemáticas que la severidad de la depresión y la ansiedad están fuertemente ligadas al uso problemático del teléfono móvil.

Uno de los hallazgos más reveladores de la investigación de Elhai diferencia entre el uso “social” del teléfono (mensajería, redes) y el uso “de proceso” (consumo de noticias, entretenimiento, scroll pasivo). El estudio descubrió que la ansiedad está mucho más relacionada con el uso de proceso que con el social. Es decir, las personas con ansiedad utilizan las funciones no sociales de sus dispositivos como un mecanismo de evasión (como el doomscrolling o consumo adictivo de noticias) para no enfrentarse al estrés, siendo este “uso de proceso” el puente directo hacia la adicción al móvil.

De hecho, la Dr. Leigh W. Jerome advierte precisamente sobre este hábito. Frente al caos mundial, el doomscrolling no nos prepara para el futuro, sino que “puede causar dolores de cabeza, tensión muscular, presión arterial elevada y dificultad para dormir”. Leon Garber, consejero de salud mental, añade una reflexión vital sobre la evitación compulsiva de la duda: “La evitación, por sí sola, no es negativa (…) pero imagina cuántas oportunidades perdidas de crecimiento o conexión, con el tiempo, se suman a una relación perdida”. Garber señala que incluso la terapia tiene un límite si el paciente solo busca respuestas definitivas. “Tenemos que aprender a vivir con la incertidumbre. Fundamentalmente, tenemos que aprender a vivir”, sentencia.

La trampa del mundo hiperconectado. El anhelo de certezas no solo afecta al individuo, sino que moldea nuestra sociedad. Un análisis publicado en The Conversation nos recuerda que, según la pirámide de Maslow, la seguridad es una necesidad primordial. Sin embargo, la obsesión por eliminar todos los riesgos tiene un lado oscuro.

“Hay deseos que no deben cumplirse y el de la seguridad radical es un anhelo que nunca puede ni debe satisfacerse”, subraya el artículo. Intentar controlarlo todo, ya sea a través de algoritmos, cámaras de vigilancia o la cesión de libertades, nos despoja de nuestra humanidad y nos aboca a una servidumbre voluntaria. En lugar de delegar el control en la tecnología para evitar el pánico, los expertos abogan por una “pedagogía de la responsabilidad”, apelando a los valores de Kant y Rousseau, donde asumimos que el riesgo cero no existe.

Cómo habitar el vacío. Dado que la incertidumbre es inevitable, la solución no pasa por encontrar todas las respuestas, sino por cambiar nuestra relación con las preguntas. Según instituciones como Harvard CAMHS y diversos profesionales de la psicología, existen cuatro claves para transitar lo incontrolable:

  • Enfócate en lo que controlas: desafiar la ilusión de la certeza absoluta. Si te quedas sin empleo, no puedes controlar cuándo te contratarán, pero sí cuántos currículums envías. La acción real mata la rumiación.
  • Entrena la tolerancia: La psicóloga Laura Marín aconseja exponerse a la duda para romper el bucle ansioso. Limitando la revisión del correo a dos veces al día o tomando decisiones sencillas sin pedir opiniones ajenas. Al principio incomoda, pero la ansiedad termina cediendo.
  • Usa el cuerpo como ancla: Para salir de la espiral de pensamientos hay que validar la emoción (“es normal sentir ansiedad”) y utilizar el sistema parasimpático a nuestro favor. Dar un paseo consciente prestando atención a estímulos físicos reales nos devuelve al presente.
  • Respirar y observar: la “respiración de caja” (inhalar en 4 tiempos, mantener en 4, exhalar en 6). Como complemento, la psicóloga Regina López Riego propone la aceptación activa: visualizar la incertidumbre como “una nube que flota” o los pensamientos como “hojas en un río”. Observarlos, dejarlos pasar y no juzgarlos.

La libertad de no saber. Al final, aceptar lo incierto no es resignarse ni vivir sin red de seguridad. Es comprender que nuestra mente no es una bola de cristal y que utilizar las pantallas como anestesia solo debilita nuestra resiliencia. 

Vivir con equilibrio en 2026 requiere un acto de rebeldía: soltar el teléfono y abrazar el silencio entre la pregunta y la respuesta. No podemos prepararnos para cada escenario posible porque la vida es demasiado aleatoria. La verdadera fortaleza no está en tener el mapa de lo que vendrá, sino en la confianza de que sabremos caminar por el terreno, sea cual sea.

Imagen | Freepik

Xataka | El Baile de San Vito no fue el único delirio colectivo de la antigüedad. Bienvenidos a “creer que tienes el culo de cristal”

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