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Popular actor japonés desata polémica tras supuesta relación con una conductora más joven que él
El cantante y actor japonés Fuji Rysei, de 32 años de edad, desató una polémica luego de que fue visto junto con la modelo y conductora de programas de variedades, Angelica Imai, de 24 años de edad, en un bar ubicado en Roppongi, distrito de entretenimiento en Japón.
De acuerdo con lo reportado por medios locales, ambos habrían protagonizado una supuesta cita en compañía de otros amigos.
En imágenes compartidas se les puede observar en la misma mesa, vestidos con gorras similares de béisbol donde, según los testigos, el contacto físico incrementó los rumores de romance entre las figuras públicas.
Fuji Rysei es también miembro de un grupo de J-pop llamado West y ha protagonizado dramas como “Sella mis labios con un beso” (2025) o “El amor del guardaespaldas de la princesa” (2023).
Mientras que Angelica es conocida en redes sociales por subir contenido donde comparte su vida diaria como conductora de un popular programa japonés y las portadas de revista en las que ha aparecido.
Cabe recordar que en la cultura del entretenimiento asiático, principalmente la que involucra a cantantes masculinos, es mal visto que los actores tengan una pareja sentimental debido a la relación parasocial de los fanáticos con ellos.
Sin embargo, este fenómeno se da con mayor frecuencia en idols coreanos del K-pop, como sucedió con uno de los integrantes del grupo: Exo, Chanyeol quien, inesperadamente, reveló durante una presentación que estaba casado y tenía hijos, declaraciones que no fueron bien recibidas por sus fans y hasta el día de hoy no termina de ser aceptado.
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la ciencia tiene un nuevo número mágico (y una regla de oro sobre cómo darlos)
Uno de los mantras que se ha repetido en numerosas ocasiones es que si o si se tienen que dar 10.000 pasos al día para poder gozar de una buena salud. Nuestras pulseras de actividad tienen parte de culpa, ya que nos dan hasta premios por llegar a esta meta o nos recuerdan que no hemos conseguido alcanzarla. Pero este número nació como una estrategia de marketing en Japón en los años 60 y ahora la ciencia va haciendo cada vez más matices con respecto a esta cifra para darle más importancia a cómo se anda.
El estudio. Las pruebas más recientes que tenemos al respecto las encontramos publicadas en la prestigiosa revista The Lancet en julio de 2025, que combinó 57 estudios y analizó 31 cohortes distintas de personas para poder llegar a una conclusión lo más robusta posible.
Los resultados. En pocas palabras, podemos afirmar que el mantra de dar 10.000 pasos está más que desmontado, puesto que ya alcanzando 7.000 pasos al día se consigue tener un 47% menos de mortalidad por cualquier causa, y un 25% menos de riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular frente a quienes solo dan 2.000 pasos diarios de media.
Esto es lo que apuntan también diferentes organizaciones de referencia en el mundo de la cardiología, como la American College of Cardiology, que afirman que el beneficio sobre la salud sigue una curva en la que la mayor caída del riesgo de mortalidad ocurre antes de llegar a los 10.000 pasos, fijando la nueva meta en los 7.000-8.000 pasos diarios.
No vale el paseo. Para muchos, todos los pasos que hay en el contador de la actividad física son iguales, ya sean los primeros de la mañana para ir al baño como los que damos mientras vemos los escaparates por el centro comercial. Pero la realidad es que no son pasos ‘productivos’, puesto que para llegar a estos 7.000 pasos que no aseguran una reducción de la mortalidad, la intensidad de la marcha importa mucho más que el número.
Cómo llegar aquí. Aquí Harvard Health lo resume a la perfección al apuntar que caminar se convierte en un ejercicio aeróbico moderado solo cuando incrementamos la intensidad hasta notar un pulso más alto y una respiración más exigente. Para tener una idea, si estamos aquí, nos podemos situar en la situación en la que aún se puede hablar, pero solo en frases cortas.
Si queremos tener una cifra encima de la mesa, podemos quedarnos con llegar hasta los 100 pasos por minuto, que puede estar en torno a los 4,5 km por hora si queremos llevarlo a cabo también en una cinta de correr en el gimnasio.
Es importante. Hacer estos pasos a diario es importante, ya que está demostrado que la velocidad de la caminata adecuada está directamente vinculada con la reducción significativa de casos de infarto, ictus e insuficiencia cardiaca, especialmente en personas que ya sufren hipertensión.
Imágenes | Drazen Zigic en Magnific
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“Adolescencia” se lleva cuatro galardones en los premios BAFTA, incluyendo mejor actor de reparto para Owen Cooper
EFE.- La serie británica “Adolescencia” (Adolescence), de Netflix, se coronó este domingo como la gran triunfadora en la ceremonia de entrega de los premios BAFTA de televisión, tras acumular un total de cuatro máscaras doradas, incluida la categoría de mejor miniserie dramática.
“Adolescencia”, creada por los británicos Jack Thorne y Stephen Graham, relata la historia de Jamie (Owen Cooper), un niño de 13 años acusado del asesinato de una compañera de su escuela, y a lo largo de sus cuatro capítulos —rodados en plano secuencia— explora cómo internet impulsa la violencia, el acoso escolar o la misoginia entre los adolescentes.
El exitoso drama criminal de Netflix, que acumula 142 millones de visualizaciones y es el segundo título más visto de la historia de la plataforma (sólo por detrás de la primera temporada de “Merlina”), también partía como el favorito para estos BAFTA televisivos.
De hecho, el galardón inicial de la noche, el de mejor actor de reparto, fue a parar a manos del joven Owen Cooper, que con tan sólo 16 años se consagra como una de las grandes promesas del panorama actual, gracias a su celebrado debut actoral en “Adolescencia”.
Guiños a los Beatles
Cooper agregó así el primer BAFTA a su ya engrosada lista de éxitos, tras haber obtenido un Globo de Oro, un Emmy y un Actor Award, y rindió homenaje a los Beatles cuando subió a recoger la máscara dorada.
“En palabras de John Lennon: no conseguirás nada si no tienes la visión de imaginarlo. Así que creo que sólo necesitas tres cosas para ser exitoso: una obsesión, un sueño y, en tercer lugar, a los Beatles”, comentó el joven actor.
“Lo que necesitamos es amor, namasté”, dijo Stephen Graham —continuando la referencia de Cooper al cuarteto de su Liverpool natal— tras ganar el BAFTA a mejor actor protagonista por su papel en “Adolescencia”, pues además de estar detrás de la creación de la serie también interpreta a Eddie, el padre del niño.
La Academia británica de Cine y Televisión reconoció asimismo a Christine Demarco, que encarna a Manda, la madre de Cooper en “Adolescencia”, como mejor actriz de reparto.
A las cuatro máscaras conseguidas por la serie de Netflix este domingo hay que sumarle otros dos galardones, el de mejor dirección y mejor sonido, en los premios de la técnica, que se celebraron en una ceremonia diferente el fin de semana pasado.
Un foco en Medio Oriente
La gran sorpresa de la noche se dio en la categoría de mejor actriz, donde se impuso Narges Rashidi, por su papel protagonista en la miniserie de la BBC “Prisioner 951”, y quien recordó durante su discurso de aceptación que ella era una niña nacida en Irán “que sobrevivió a la guerra con siete años”.
“Otros muchos niños ahora en Irán, Gaza, Ucrania y Sudán nunca tendrán esa oportunidad. Las historias que contamos importan”, agregó la actriz.
El conflicto en Medio Oriente, o más bien su seguimiento periodístico, también obtuvo varios reconocimientos. El documental “Gaza: Médicos bajo ataque”, de la cadena británica Channel 4, consiguió el BAFTA en la categoría de actualidad, e “Israel-Irán: La guerra de los 12 días”, también del mismo medio, logró la máscara de mejor cobertura informativa.
“The Studio” y “Código de Silencio”, también premiadas
El BAFTA a mejor serie dramática se lo llevó el título de ITV “Code of Silence” (Código de Silencio), sobre una persona sorda que ofrece su ayuda a la policía gracias a su habilidad de leer los labios.
Aunque el grueso de la ceremonia celebró la excelencia de la televisión británica, también reconoció a la comedia estadounidense de Apple TV+ “The Studio”, protagonizada por el canadiense Seth Rogen y la fallecida Catherine O’Hara, como la mejor serie internacional.
La ceremonia, presentada por el comediante británico Greg Davies, hizo gala del característico humor británico y fue más desenfadada que la de los BAFTA de cine, si bien no faltaron los momentos emotivos, como el de la artista noruega Aurora, que puso voz al tradicional “In Memoriam”.
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El día que una pequeña disputa por la tecla Tab acabó revelando la gran diferencia entre IBM y Microsoft
Hay compañías que han vivido tanto que su historia ya no se cuenta solo a través de grandes lanzamientos, adquisiciones o batallas comerciales. También se cuenta en los detalles pequeños, en esas escenas aparentemente menores que, vistas con el paso del tiempo, terminan explicando mejor una época que muchos comunicados oficiales. Microsoft e IBM pertenecen a esa categoría. Sus caminos se cruzaron cuando el ordenador personal todavía estaba definiendo muchas de sus reglas, y algunas de aquellas discusiones, incluso las más diminutas, dejaron al descubierto algo más profundo que una diferencia técnica.
La escena la ha recuperado Raymond Chen, un veterano ingeniero de Microsoft que lleva más de tres décadas vinculado a la evolución de Windows y que desde hace años reúne en The Old New Thing algunas de las historias más curiosas del ecosistema Windows y Microsoft. Chen no presenta el episodio como una vivencia propia, sino como el recuerdo de un colega que fue destinado a las oficinas de IBM en Boca Raton, Florida, durante la colaboración entre ambas compañías en OS/2.
OS/2 era mucho más que otro nombre perdido en la historia del software. IBM y Microsoft lo presentaron en 1987 como un sistema operativo pensado para la línea IBM PS/2 y llamado a llevar el PC más allá de las limitaciones de DOS, con una base más moderna y ambiciones propias de una informática que empezaba a mirar más lejos. La colaboración venía de un acuerdo de desarrollo conjunto firmado en 1985, cuando el proyecto todavía no se llamaba OS/2. En ese contexto, cualquier decisión de interfaz podía tener más peso del que parece hoy, porque muchas convenciones del PC moderno todavía estaban asentándose.
Dos compañías muy parecidas y también muy distintas
El problema es que aquella colaboración reunía a dos compañías en momentos muy distintos de su vida. Microsoft era todavía una empresa joven, muy pegada al software y a una manera de trabajar más directa, mientras que IBM llegaba con décadas de historia, una estructura enorme y el peso de una cultura corporativa mucho más asentada. Chen lo resume como un choque de percepciones: desde Microsoft se veía a IBM como atrapada en una burocracia sin sentido, y desde IBM se miraba a Microsoft como unos de hackers indisciplinados. Su propio matiz es importante: probablemente había algo de razón en ambas lecturas.


La anécdota concreta empieza en Boca Raton, donde un colega de Chen trabajaba asignado a las oficinas de IBM. En algún momento surgió una discusión sobre qué tecla debía utilizarse para pasar de un campo a otro dentro de los cuadros de diálogo. El ingeniero de Microsoft tomó una decisión que hoy nos resulta casi invisible por lo asumida que está: usar Tab para esa función. A IBM no le convenció la elección y pidió que el asunto se elevara al responsable de aquel ingeniero en Redmond, una reacción que ya dejaba entrever hasta qué punto la discrepancia iba más allá de la propia tecla.
En Redmond, la petición no se entendió como un asunto que mereciera subir mucho más. El responsable del ingeniero respondió con una idea muy clara: si Microsoft había enviado a alguien a Boca Raton, era para que pudiera resolver allí decisiones como esa. Traducido a un tono más institucional, el mensaje que volvió a IBM fue que Microsoft apoyaba la elección de la tecla Tab. La reacción de IBM fue justo la contraria. En lugar de cerrar la discusión, la compañía la elevó por su propia cadena de mando hasta un vicepresidente, varios niveles por encima de quienes estaban programando.


IBM no solo había elevado la discusión, también quería una respuesta a la misma altura jerárquica. Si su vicepresidente estaba en contra de usar Tab, Microsoft debía encontrar a alguien equivalente para sostener lo contrario. El colega de Chen respondió entonces con una frase maravillosa, traducida aquí al español: “La madre de Bill Gates no está interesada en la tecla Tab”. Era una forma bastante fina de decir que aquello no merecía seguir subiendo por el ascensor corporativo. No hacía falta subir hasta las alturas de Microsoft para decidir cómo se pasaba de un campo a otro en un cuadro de diálogo.
La frase funcionó, al menos según el relato de Chen: aparentemente, después de aquella respuesta, la discusión terminó y Tab se mantuvo como la tecla elegida para avanzar entre campos. El detalle tiene gracia porque hoy casi nadie se detiene a pensar en ello: simplemente pulsamos Tab y esperamos que el cursor salte al siguiente espacio disponible. Pero hubo un momento en el que esa convención no estaba tan cerrada. Y lo que vemos en esta historia es justamente eso: una pequeña decisión de interfaz convertida en terreno de choque entre costumbre, jerarquía y criterio técnico.
La fecha exacta, sin embargo, no aparece en el relato de Chen. Sabemos que el episodio pertenece a los años de colaboración entre Microsoft e IBM alrededor de OS/2, cuyo acuerdo de desarrollo conjunto se remonta a 1985 y cuya llegada pública se produjo en 1987. Eso nos permite acotar el contexto, pero no fijar el día ni el año de la discusión por Tab.
Hay muchas decisiones detrás de los productos y servicios que usamos a diario. Algunas son enormes y visibles, pero otras pasan por debajo del radar: una tecla, un gesto, una convención de interfaz que aprendemos una vez y repetimos durante años sin preguntarnos de dónde salió. Seguramente muchas tienen una historia detrás, aunque la mayoría nunca trasciende y otras no serían especialmente interesantes. De vez en cuando, sin embargo, aparece una anécdota como esta y nos permite asomarnos a algo que casi nunca vemos: cómo se manejan las cosas dentro de las empresas que construyen la tecnología que usamos.
Imágenes | Kaatvrtg (Wikimedia Commons) |
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