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“Reina de la ketamina” llega a un acuerdo en EU: se declarará culpable por la muerte de Matthew Perry

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- Jasveen Sangha, conocida como “la reina de la ketamina”, acordó este lunes declararse culpable de cinco cargos federales por venderle al actor Matthew Perry la droga que lo mató, informó este lunes el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ, en inglés). 

Sangha, de 42 años, se declaró culpable de tres cargos de distribución de ketamina, un cargo de distribución de ketamina con resultado de muerte o lesiones corporales graves y uno más de almacenar y empaquetar drogas en su vivienda en Los Ángeles.

Con la declaración de culpabilidad de este lunes, la Fiscalía estadounidense logró que los cinco acusados implicados en la muerte de la estrella de Friends acuerden aceptar los cargos.

El médico Salvador Plasencia, conocido como Dr. P., se declaró culpable el mes pasado de suministrar la droga a Perry a través del asistente del actor, Kenneth Iwamasa.

Otros tres acusados en el caso, el médico Mark Chávez; Erik Fleming, que supuestamente proveía la droga; y el asistente Iwamasa, se declararon culpables de cargos de conspiración el año pasado.

El DOJ acusó a las cinco personas de pertenecer a una red delictiva clandestina responsable de distribuir grandes cantidades de ketamina, sustancia que fue encontrada en el cuerpo del intérprete en el momento de su muerte.

Las autoridades relataron que Perry obtuvo la ketamina que terminó con su vida de parte de Sangha, que la jeringa la proporcionó el médico Plasencia y que Iwamasa, en calidad de asistente personal, inyectó la droga al actor el día de su muerte, el 28 de octubre de 2023. Chávez y Fleming también hacían parte del entramado.

Sangha, quien tiene doble nacionalidad estadounidense y británica, enfrenta una pena máxima de 20 años de prisión federal por el cargo de almacenar drogas en su vivienda, hasta 10 años de prisión federal por cada cargo de distribución de ketamina y hasta 15 años de prisión federal por el cargo de distribución de esta droga con resultado de muerte. 

En su acusación, los fiscales federales aseguraron que los cinco sospechosos aprovecharon “los problemas de adicción” de Perry para sacar provecho de la estrella de “Friends” y “enriquecerse”.

El intérprete, celebrado por su personaje de Chandler Bing, había hablado sobre lo duro que se le hizo lidiar contra las adicciones en su libro de memorias “Friends, Lovers, and the Big Terrible Thing: A Memoir” en 2022 (Amigos, amantes y aquello tan terrible). 

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Hay una industria millonaria vendiendo estoicismo en internet. Su receta del éxito es hacer justo lo contrario de lo que dice el estoicismo

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“Mi padre está enganchado al estoicismo”. Hace unos días, un usuario de Reddit contaba que, en los últimos seis meses, su padre se había metido hasta el fondo en todo tipo de vídeos de Youtube sobre estoicismo. “Se pasa horas viendo […] lo que parece basura de autoayuda generada por IA, hecha para validar el ego y aumentar la paranoia de la gente”. 

“Lo raro es que el estoicismo de verdad parece que está hecho para enseñarte autocontrol y disciplina emocional, pero él se ha vuelto más reactivo, cínico y crítico”, explicaba. Y, realmente, no es raro en absoluto.

‘Estoico’ es un jugador de fútbol

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Shiromani Kant

Lo cierto es que, hoy por hoy, convertirse en estoico no significa leer a Marco Aurelio sino seguir cuentas, comprar libros, suscribirse a newsletters, ver vídeos y consumir contenido. Un contenido que, por cierto, está colindando con la psicología popular, las “tácticas de manipulación de la CIA”, los juegos mentales, las técnicas para “leer a la gente” y otros géneros del pensamiento conspiranoico.

Llevamos años escuchando que la filosofía “ha vuelto”, que la masculinidad está en crisis y no para de buscar opciones alternativas, que un puñado de ideas de hace 2000 y pico años están cambiando la forma en la miles de personas se enfrentan a su día a día. Es hora de tratar a esa “ola” como lo que es: una enorme mentira

Busquemos donde busquemos (y salvo un pequeño grupo de divulgadores que caben en el maletero de un coche) el estoicismo no es un movimiento filosófico real ni una práctica colectiva. El estoicismo moderno es un nicho de mercado para creadores de contenido —libros, newsletters, suscripciones, merchandising, cursos— que viven precisamente del malestar que dicen aliviar. 

El boom del estoicismo pop

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Jan Demiralp

Como he contado en otras ocasiones, en 1965, durante la guerra de Vietnam, el piloto James B. Stockdale volvía de una misión de combate cuando fue alcanzado por fuego enemigo. Pasó siete años en unas condiciones indecibles; entre torturas y vejaciones diseñadas específicamente para romperlo por dentro. Pero tuvo suerte.

Según sus propias palabras, lo único que le ayudó a superar el cautiverio fue los recuerdos de un pequeño libro que le habían dado durante su paso por la universidad: el Enquiridion, el libro más conocido de Epicteto, uno de los grandes filósofos estoicos de la historia y a quién se suele atribuir el lema “sustine et abstine” (“soporta y renuncia”).

En él, en el Enquiridion, Stockdale comprendió que la “mente reflexiva” podía distanciarse de la emoción bruta e instintiva y, volver sobre lo vivido, con claridad de juicio y ecuanimidad para encontrar la paz mental. No sólo lo comprendió, sino que pasó buena parte del resto de su vida divulgándolo y defendiéndolo. En términos generales, Stockdale es la pieza fundamental de la reconversión de la filosofía estoica clásica en cultura pop; el lugar donde Epicteto se conecta con el capitalismo tardío de EEUU.

Cuento esto para dejar claro que la moda del estoicismo no tiene nada de nuevo. Lleva medio siglo en ascenso y, al menos una década, totalmente desbocado. Lo que ha pasado en los últimos años es que ese ‘boom’ se ha consolidado como industria. El subreddir r/Stoicism (de donde sacaba la historia que abre este texto) pasó de 840 miembros en 2012 a 610.000 en 2024. En TikTok, el hashtag #stoicism reune 645.000 publicaciones. 

Ryan Holiday ha vendido más de 10 millones de ejemplares de ‘The Daily Stoic’, tiene más de tres millones de seguidores en Instagram y dos en YouTube. Y, en español, también tenemos ejemplos de este género de la autoayuda filosófica. 

¿Autoayuda filosófica?

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Podríamos pensar que calificar de “autoayuda” a una filosofía de más de 2000 años es un atrevimiento por mi parte. Sin embargo, la crítica académica especializada en el estoicismo ha llegado (le ha costado, pero ha llegado) a la misma conclusión. Massimo Pigliucci (profesor del City College of New York y uno de los neo-estoicos más importantes y rigurosos) acuñó el término ‘broicism’ en 2019 para descubrir la apropiación ‘masculinista’ de esta escuela filosófica. 

En 2022, Mark Dery publicó “How Stoicism Became Broicism“. Se trata de un texto muy interesante (y discutible en algunos puntos) que radiografía muy claramente el problema del que estoy hablando. En 2025, de hecho, el investigador Erhan Ağaoğlu publicó un análisis sobre el estoicismo en TikTok que  deja claro la identificación entre ese “estoicismo” y los patrones de agresión, autoaislamiento, self-improvement y la reivindicación de la masculinidad tradicional. 

Hay quien opina que esto es problemático y quien defiende que no. De lo que no hay duda es de que no es estoicismo ni clásico, ni moderno, ni de ningún tipo. Es, en todo caso, ‘pseudo-filosofía ultraprocesada’ lista para consumir en el contexto de la economía de la atención. Una muy exitosa, eso sí: no todos los productos cultural muestran esa capacidad para escalar de esta forma tan marcada. 

¿Por qué está pasando esto? 

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Jaime Spaniol

Los sociólogos que están trabajando en el tema coinciden en que hay, al menos, tres factores que lo explican. El primero es la “sustitución de los marcos tradicionales relacionados con la comunidad presencial (religiosa o no)”. La hipótesis es que ha surgido un sector de la población (especialmente joven y masculino) que no tiene ‘marcos de sentido’ para gestionar la adversidad. El estoicismo, como todos los movimientos que están surgiendo a su alrededor, se han convertido en una especie de ‘caja de herramientas emocional’ sin componente religioso ni terapeúrico.

El segundo factor sería cierta “crisis de la masculinidad”. Esa crisis es la que llevan tratando de suturar los ‘influencers de la manosfera’ desde Jordan Peterson y es parta de los movimientos tectónicos que están convirtiendo en ‘pseudofilosofía’ el estoicismo.

Por último, la ‘plataformización de absolutamente todo’. Es decir, las dinámicas que facilitan y promueven plataformas como TikTok, Instagram, YouTube o X. Donde algunas personas quieren ver un renovado interés por la filosofía, hay un push de los algoritmos por el contenido breve, imperativo y motivacional

¿Y qué problema hay con todo esto?

La primera consecuencia de este fenómeno es que lo que ahora entendemos como ‘estoicismo’ no se parece en nada al estoicismo clásico. Pero seguramente eso no es lo más importante. Porque la gran consecuencia de todo esto es que el debate público se está contaminando de un discurso que es estructuralmente falaz. 

Al fin y al cabo, la industria que vende ‘estoicismo’ necesita que su mercancía no funcione, que nadie alcance la ‘serenidad prometida’.  Está estructuralmente viciada para hacer, una y otra vez, cosas que no funcionen realmente. 

Y ahí está la trampa: como nos ha enseñado la psicología conductual, cuando algo que solemos hacer deja de funcionar, nuestra primera reacción no es dejar de hacerlo. Es hacerlo con más fuerza, más a menudo, con más insistencia. Así hasta que terminamos rotos.

Y lo cierto es que ya nos estamos rompiendo.

Imagen | Xataka

En Xataka | Qué es el estoicismo, la filosofía griega de hace 2.000 años que hoy se ha vuelto a poner de moda

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hacerse un “Erasmus” en Zambia

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Kakegawa, en la prefectura de Shizuoka, es una de las grandes regiones productoras de té de Japón. De hecho, la FAO reconoció su buen hacer con su sistema de cultivo tradicional de praderas seminaturales llamado Chagusaba y le otorgó la distinción de ser Patrimonio Agrícola Mundial de Importancia Global, una distinción reservada a aquellos sistemas agrícolas con valor cultural y ecológico excepcional. 

Pero ese paisaje está desapareciendo: entre 2010 y 2020, el número de agricultores de té en la ciudad se desplomó de 1.400 a menos de 550, un 60% menos en solo una década, según datos del Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón. Lo particular no es la crisis, es cómo Japón la está resolviendo: con un viaje al corazón de África. 

Por qué es importante. Este caso invierte la dirección habitual de la cooperación técnica agrícola: va del sur al norte y no al revés, es decir, un agricultor japonés aprende en Zambia una filosofía de uso del territorio que después aplica con éxito en uno de los sistemas agrícolas tradicionales más amenazados de Japón. 

Por otro lado, este viraje de una industria tan tradicional como el té japonés sirve como un modelo alternativo para modernizar un sector más allá técnicas conocidas como subvenciones o de mejoras en el precio de mercado, sino de diversificar la función económica del territorio.

El Erasmus japonés. Japón tiene un programa de voluntariado internacional gestionado por JICA llamado Japan Overseas Cooperation Volunteers. Desde su fundación en 1965, más de 50.000 personas han participado en él trabajando en agricultura, sanidad e ingeniería en países en desarrollo. Es precisamente lo que hizo Hirano Koshi: en 2012 tenía poco más de 20 años y pocas ganas de dedicarse al negocio familiar de cultivo de kiwis, así que se fue Lusaka (Zambia). Volvió decidido a hacerse agricultor y aplicar todo lo que había visto en su aventura africana. 

Contexto: el tradicional té japonés está en crisis. La caída del sector de té en Kakegawa obedece a un cambio en los hábitos de consumo: triunfa el té embotellado listo para beber disponible en tiendas de todo el país, pero el té de hojas de toda la vida está bajo mínimos, como cuenta Hagita Yoshihiro, jefe de sección de la división de promoción del té de la ciudad. Esto conllevó una caída de precios para el productor y, si no hay rentabilidad, la continuidad del negocio se torna imposible: nadie quiere heredar explotaciones que no rentan. 

Según la FAO, la inviabilidad de la pequeña agricultura no es cuestión de productividad, sino de la estructura de mercado y falta de diversificación en los ingresos. Kakegawa es un magnífico ejemplo: el té producido tiene una calidad mundial, pero el precio recibido era insuficiente como para mantener la actividad. 

Lo que aprendió en Zambia. Lo que Hirano observó allí es que la tierra agrícola era también el centro de la vida social, la plantación era algo más que un medio de producción. Su primera idea al retornar fue recuperar el campo como lugar de encuentro. La segunda cuestión la resolvió un médico zambiano: “Si los agricultores cultivan verduras deliciosas y la gente se alimenta bien, esa se convierte en la medicina más eficaz”. Dignificar la profesión de agricultor es esencial para una dieta saludable, algo que por cierto la ciencia ya había demostrado

La revitalización de la industria del té japonés. El agroturismo se ha convertido en una de las grandes armas para frenar el abandono, o lo que es lo mismo: convertir los campos de té en una experiencia. Hirano instaló un campamento en parcelas abandonadas y diseñó programas educativos para estudiantes y empresas de Tokio, que acuden a Kakegawa a conocer el sector. Una vía alternativa de ingresos y generar interés por el territorio. Además, ha servido de acicate para mejorar el mantenimiento y la conservación del paisaje. El caso de Kakegawa no es aislado: también en Wazuka (Kyoto) existe una iniciativa similar de turismo en plantaciones de té que está gozando de una gran acogida.

En paralelo hay otro boom que está resultando clave: el del té matcha, lo que lleva de la mano la revalorización del té japonés de origen certificado. El Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón ha registrado un incremento de casi tres veces en la producción de matcha para 2023, llegando a 4.000 toneladas frente a las 1.500 de 2010. Si el mundo quiere cada vez más matcha, las fábricas necesitan comprar más hojas, de modo que los precios presionan al alza en origen y a los agricultores les permite superar el umbral de rentabilidad. En cualquier caso, el boom del té matcha apunta a una moda y el modelo de Hirano, sin resolver por sí solo la crisis del sector, sí que apunta a la dirección correcta: diversificar los ingresos para no depender del precio de mercado. 

En Xataka | El gran retraso tecnológico de Japón: cómo pasó de ser pionera en el sector a quedarse congelada en el tiempo

En Xataka | El té que nació para detener el tiempo ahora corre contra él: la crisis del matcha en Japón

Portada |  Vije Vijendranath y Motoki Tonn 

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En el siglo XVI España quiso controlar el estrecho de Magallanes fundando una ciudad. Se convirtió en un asentamiento maldito

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Una moneda es una moneda. Y una brújula, una brújula. Eso que parece tan obvio cambia cuando hablamos de la antigua (y efímera) ciudad del Rey Don Felipe, un asentamiento español fundado hace más de cuatro siglos por Pedro Sarmiento de Gamboa en la ribera norte del estrecho de Magallanes. Su objetivo era convertirse en una fortaleza que reforzase el control de la Corona española en un paso marítimo estratégico, pero la misión se complicó tanto que el poblado acabó convertido en una trampa mortal para sus colonos.

Tan mal salió la cosa que con el paso del tiempo la ciudadela acabó rebautizándose como ‘Puerto del Hambre’, un nombre mucho más acorde con lo que allí ocurrió en el XVII, y su recuerdo se difuminó en las brumas de la historia. Hubo que esperar hasta bien entrado el siglo XX para que los secretos de Rey Don Felipe emergiesen del olvido… y la tierra.

Ahora los arqueólogos han encontrado entre sus ruinas una pequeña pieza de plata que en marzo de 1584 depositó allí el propio Pedro Sarmiento de Gamboa durante la ceremonia fundacional del poblado. En su día era una simple moneda (un real de a ocho) que se usó con fines rituales. En 2026 se ha convertido en algo más: una brújula, una guía que ayudará a los investigadores a comprender mejor la estructura y ubicación de ciudad de Rey Don Felipe, la ciudadela maldita del estrecho de Magallanes que jamás debió existir.

En los confines del mundo

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Hoy el mundo vive pendiente de lo que ocurre en el estrecho de Ormuz. Hace casi cinco siglos las miradas de la Corona española se dirigían a otro estrecho marítimo con un importante valor estratégico: el de Magallanes, una franja navegable situada al sur de lo que hoy es Chile y que destaca como la conexión natural entre el Pacífico y Atlántico.

Desde que Fernando de Magallanes lo atravesó por primera vez, en el otoño de 1520, el paso se convirtió en un objeto de deseo para el Imperio español, sobre todo después de que otras expediciones lograsen cruzarlo con éxito y los ingleses entrasen en la carrera por su control a finales de la década de 1570 de la mano del corsario Francis Drake. Para garantizar los planes geopolíticos de España y su control exclusivo del paso transoceánico, las autoridades tuvieron una idea: fundar asentamientos permanentes en la zona.

La misión recayó sobre Pedro Sarmiento de Gamboa, un bregado marinero que entre otras misiones había participado en una (frustrada) misión del Virreinato del Perú para dar caza a Drake. Sarmiento emprendió primero una expedición con dos barcos en otoño de 1579 para reconocer el litoral del estrecho y explorar sus costas y, ya de regreso en España, en 1580 jugó un papel decisivo para que el Consejo de Indias se decidiese a apostar por construir ciudadelas y fortificaciones en el paso transoceánico de América.

La expedición partió de Sanlúcar a finales de septiembre de 1581 con una flota de 23 embarcaciones y alrededor de 3.000 hombres, entre marineros y futuros pobladores. A pesar de su enorme ambición, la aventura arrancó mal. Y no solo por las diferencias entre Sarmiento y Diego Flores de Valdés, a quien habían designado capitán general de la Armada del estrecho. Antes incluso de alejarse de Cádiz, una tormenta hundió media decena de barcos y acabó con la vida de 800 hombres.

Lo que siguió a continuación fue una singladura marcada por las desavenencias entre Sarmiento y Valdés, enfermedades, las inclemencias del océano y temporales que hicieron que la expedición perdiese naves, tripulantes y víveres. Tras incidentes y vicisitudes varias, Sarmiento y sus hombres llegaron al estrecha a comienzos de 1584 y fundaron una ciudad que bautizaron ‘Purificación de Nuestra Señora’.

No funcionó. Le ubicación y el clima no ayudaban, así que Sarmiento buscó un nuevo enclave, cerca del cabo Vírgenes, y fundó un asentamiento al que llamó ‘Nombre de Jesús’. Decidido a continuar con la misión, el marinero escogió a parte de las 340 personas que conservaba y buscó un tercer emplazamiento para crear otra ciudadela. En esta ocasión la bautizó con un guiño a la corte de los Habsburgo (Rey Don Felipe) y celebró la ceremonia de fundación en marzo de 1584. Sabemos que propio Sarmiento participó en el ritual.

El 25 de marzo colocó la primera piedra de la iglesia de la ciudadela y, con ella, en los cimientos, enterró un real de a ocho de plata. Como explican desde la Universidad Bernardo O’Higgins de Santiago, se trataba de “un gesto simbólico que marcaba el nacimiento de la ciudad”. Si el ritual pretendía propiciar la suerte del asentamiento, funcionó a medias.

Ha servido a los arqueólogos del siglo XXI, que acaban de encontrar la moneda “en el lugar y la posición” descritos por Sarmiento en sus escritos y ahora, gracias a esa pista, lo tendrán más fácil a la hora de interpretar un mapa del XVI en el que aparecen representadas las construcciones del poblado. A quien desde luego no les sirvió la moneda fue a los colonos que se asentaron en ciudad Rey Don Felipe.

La suya fue una historia trágica desde el comienzo.

Una ciudad maldita

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Ciudad Rey Don Felipe quizás disfrutase de una ubicación privilegiada desde un punto de vista geopolítico y estratégico, pero lo cierto es que no tardó en convertirse en un infierno para sus colonos. Y no solo porque la tripulación de la malhadada (y menguada) Armada del Estrecho llegó a Magallanes al límite de sus fuerzas. En ‘Puerto del Hambre. Más allá de la leyenda’, obra firmada por la historiadora Soledad González y el arqueólogo Simón Urbina, se aporta un dato clave: “A bordo de las naves o en tierra vieron morir o desertar a nueve de cada diez compañeros, amigos o familiares”.

Por si eso no fuera suficiente, tras fundar el asentamiento Nombre de Jesús la tripulación se dividió en grupos para expandirse hacia la península de Santa Ana, precisamente para establecer Rey Don Felipe.

Una vez allí, y a pesar de que Sarmiento de Gamboa se apresuró en poner los cimientos de la nueva ciudadela (tanto en un sentido metafórico como literal), las cosas no mejoraron. El escenario pintaba tan mal que hubo colonos que intentaron desertar o incluso robar el barco de la expedición para regresar a Chile, lo que llevó a Sarmiento a tomar medidas drásticas: clavó las cabezas de los ajusticiados en picas para que sirviesen de aviso al resto de la tripulación.

Una cosa era sin embargo tener controlada a los colonos (mal que bien) y otro muy distinta doblegar las duras condiciones que ofrecía la región de Magallanes, un territorio castigado por el frío, las nevadas y fuertes rachas de viento.

Los intentos de los colonos por aplicar los conocimientos de agricultura que traían de Europa cayeron en saco roto. Como recuerda la obra de González y Urbina, solo germinaron las habas. Y lo hicieron tras pasarse meses bajo un espeso manto de nieve. “La angustia y el hambre se propagaron como la peste. Hubo episodios de desesperación extrema y canibalismo”, relatan los expertos sobre el trágico destino de los pobladores de Nombre de Jesús y Rey Don Felipe.

Se calcula que antes de que se cumpliese un año desde la ceremonia en la que Sarmiento depositó el real de a ocho en los cimientos de la iglesia, en Rey Don Felipe quedaban apenas 90 pobladores. A los dos años esa cifra se había reducido a la tercera parte: alrededor de 30. 

No prosperaron los cultivos, pero tampoco los intentos de abandonar el estrecho. Asediados por el hambre, las enfermedades, la vigilancia de los indígenas y un clima adverso, no les quedó más remedio que aprovechar lo poco que les ofrecía el litoral para subsistir. “El primer invierno debió de haber afectado gravemente a la población adulta que había llegado de España y que debía cazar en un territorio desconocido”, explica Urbina en una entrevista con Live Science.

No es nada sorprendente si se tiene en cuenta que la expedición partió ya de España con las cartas marcadas. La suerte no la favoreció, eso es innegable, pero también lo es que la mayoría de quienes acompañaron a Sarmiento no estaban preparados para habitar en la zona austral de Chile.

El grupo de colonos estaba formado básicamente por agricultores habituados a subsistir con cultivos que no prosperaban en Magallanes. Tampoco conocían el clima y la tierra. Y tras las malas experiencias con expediciones europeas anteriores, los nativos no parecían dispuestos a echarles una mano.

Si todo lo anterior no fuese suficiente, los desdichados colonos no tardaron en ver cómo su situación se agravaba con una nueva penalidad que selló su destino: el aislamiento.

En cuanto la meteorología se lo permitió, Sarmiento se subió a la nao María para regresar a Nombre de Jesús y agrupar a los colonos. Durante la singladura se desató sin embargo una tormenta que llevó su barco hasta el sur de Brasil. Incapaz de regresar al Estrecho, el navegante acabó optando por volver a España en 1585 para advertir de lo que había ocurrido. La misión volvió a complicársele, con enfermedades y cautiverios incluidos, y no la completó hasta 1590.

Demasiado tiempo para los infelices que se habían quedado abandonados a su suerte en la región de Magallanes. Recuerda Marcelino González Fernández en la plataforma Historia Hispánica que acabaron pereciendo todos los colonos salvo dos, entre ellos el escribano Tomé Hernández, quien fue rescatado en 1587 por un barco de bandera británica.

Lo que dice la leyenda es que cuando el corsario Thomas Cavendish llegó a las costas de Santa Ana, hacia 1587, se encontró con que lo que en su día aspiraba a ser una sólida ciudadela defensiva había quedado reducida a una ruina.

De Rey Don Felipe se conservaban básicamente cadáveres y un puñado de supervivientes. Quizás para dar una lección de lo que allí había ocurrido y sacarle los colores a la Corona española decidió rebautizar la zona: omitió el nombre del rey Habsburgo y lo cambio por Puerto del Hambre, un topónimo más dramático… aunque también ajustado a la realidad.

Con el tiempo el recuerdo de Ciudad del Rey Rodrigo/Puerto del Hambre fue difuminándose. Incluso llegó a perderse la referencia exacta de dónde se situaba. Eso empezó a cambiar el siglo pasado, cuando se localizaron vestigios e incluso, en la década de 1970, un plano del siglo XVI que daba algunas pistas sobre la ubicación y distribución del poblado.

Desde entonces los arqueólogos han seguido ahondando en sus misterios, una empresa que ahora ha conseguido un hito clave gracias a una pequeña moneda de a ocho reales de plata.

Imágenes | Consejo de Monumentos Nacionales de Chile, Universidad Austral de Chile, Wikipedia 1 y 2

En Xataka | Al final la respuesta a “de dónde es Cristóbal Colón” siempre será la misma: depende de dónde vivas tú



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