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conducción autónoma para un coche de 9.000 euros
Con un conductor pero bajo una lluvia intensa y con un coche que se puede comprar en China por 9.000 euros al cambio directo.
Esas han sido las bases de la prueba de conducción autónoma que BYD ha puesto a nuestra disposición para tener una toma de contacto con el Ojo de Dios, el sistema más avanzado de la compañía China, que ya funciona en el país asiático y que llegará a todos los coches de la empresa.
Independientemente de su precio.
Antes de nada, el Ojo de Dios
Aunque la experiencia llegará unas líneas más abajo, es importante presentar qué es el Ojo de Dios, cuáles son sus credenciales y qué se propone.
Hace unos meses, BYD presentaba su sistema de conducción autónoma más avanzado. Nada especialmente novedoso si no fuera porque estaba dando un puñetazo encima de la mesa de la industria. Su gran atractivo es que llegará a todos sus coches, independientemente de su precio.
Ese es el verdadero aliciente. Hasta ahora, las funciones más avanzadas en los sistemas de conducción autónoma se han vendido como extras o como una parte de un equipamiento completo pero de precio alto. Son, en definitiva, una fuente de ingresos con la que se tantea, incluso, con servicios de suscripción como hace Tesla, por ejemplo.
Con su Ojo de Dios, BYD aspira a generar un valor añadido al producto para atraer a nuevos clientes. Que los modelos más básicos permitan disfrutar de servicios vedados hasta ahora parece una buena estrategia. La gran duda es: ¿qué pasará con esos ingresos?
Sobre esto mismo preguntamos a Stella Li durante nuestra breve charla en una mesa redonda con otros compañeros periodistas. Entonces, la vicepresidenta de BYD se limitó a decir que ya habían estudiado a fondo el asunto y que “contemplaban otras vías de ingresos” pero sin explicar a las claras cuáles eran éstas.
Mucho se ha escrito desde entonces y una de las posibilidades que parecen más evidente es la generación de ingresos a través de una tienda propia de aplicaciones dentro del sistema de infoentretenimiento del vehículo, que bien permita visualizar o acceder a cualquier otro tiempo contenido en parado… o en marcha.
Esto último es a lo que se aspira en los coches con niveles de conducción autónoma más avanzados e, incluso, sería hasta posible legalmente en Reino Unido si Mercedes pudiera aplicar las condiciones suficientes para activar su nivel 3 de autonomía con Drive Pilot. Pero sigue siendo de, nuevo, terreno acotado a vehículos de altísima gama.
BYD ha señalado que el sistema, de base, llegará a todos sus vehículos pero tiene tres niveles. El primero solo está disponible en autopista y es el que hemos probado. Esta es nuestra experiencia.
Un coche de 9.000 euros pero autónomo
El BYD Dolphin Surf (de apellido Seagull en China) llega a nuestro hotel conducido por un empleado de la compañía. Nos recoge para iniciar la prueba y salimos al tráfico rodado.
Durante unos minutos, el conductor toma diversas salidas y vamos comprobando algunos detalles que nos dicen que estamos ante un coche diferente. Por fuera, el Seagull se diferencia de nuestros Dolphin Surf en una cámara en las aletas delanteras.
Por dentro, la resolución de las cámaras, que es bastante buena en nuestro modelo patrio, parece aquí todavía mejor. En el cuadro de instrumentos se visualizan un mayor número de objetos que alrededor del vehículo (peatones, otros coches, conos…) que aparecen y desaparecen al tiempo que el vehículo avanza.
Curiosidades, en el navegador, además de la ruta, en cada cruce se muestra el tiempo de espera del semáforo con una cuenta regresiva si está cerrado. Cuando se abre, un pequeño aviso sonoro alerta al conductor. Y si el semáforo permite el libre paso de vehículos, la cuenta regresiva indica, evidentemente, cuánto tiempo queda para que el semáforo se cierre.
Esto no es algo exclusivo de BYD pero es sorprendente lo bien que funciona. Sobre todo porque detecta el semáforo que nos corresponde, ya que no siempre el semáforo principal coincide en tiempos con los de tomar un desvío a la derecha o izquierda y tomar otra salida.
En esas estamos cuando el conductor toma la salida a la autopista. Nos hace un gesto. En el navegador ha aparecido una señal gris que indica que el Ojo de Dios está disponible. El conductor tiene la oportunidad de presionarla en la pantalla táctil o activarla con un botón del volante. Opta por lo segundo… y no pasa nada.
Y es lo mejor que se puede decir. Por delante tenemos una treintena de kilómetros para viajar con un sistema de conducción autónoma. El conductor mantiene las manos bajo el volante pero no hace presión y, realmente, si quisiera tomar el control del coche por un error del mismo le costaría un tiempo preciado antes de tomar los mandos.
Es decir, el coche es el que nos mantiene en la vía sin ayuda.

El conductor presionando con el volante la activación del sistema de conducción autónoma
En primer lugar, el funcionamiento es muy bueno, rallando el excelente. El coche se mantiene centrado en el carril y de ahí no lo mueve ni las curvas, ni las juntas dilatadoras o las estructuras de los puentes. Estas dos últimas se dejan sentir mucho a nuestro paso pero el BYD Dolphin Surf se mantiene inalterable.
El único punto en el que sufre un poco es cuando otro vehículo nos adelanta y se sitúa a unos pocos metros por delante del vehículo. Cuando corta la trayectoria y la distancia de seguridad desaparece, el frenado es demasiado brusco.
Sin embargo, el coche recupera la velocidad con una facilidad pasmosa y, sobre todo, con una muy buena decisión que, esta vez, no cae en la brusquedad. La aceleración es limpia y progresiva.

La luz verde de los retrovisores muestra que el coche circula en modo autónomo
Ese punto negro es, realmente, el único. Durante nuestra prueba, el BYD Dolphin Surf se tuvo que enfrentar a condiciones meteorológicas complejas. Llevaba un buen rato lloviendo cuando nos subimos al coche y en la calzada se mantenía mucha agua. Tanto es así que el spray dificultaba la lluvia y un camión llegó a dejarnos “ciegos” cuando lo adelantamos.
No fue impedimento para que el Dolphin Surf diera lo mejor de sí mismo en un entorno en el que otros coches que hemos probado tienen problemas para mantener el control de crucero adaptativo. ¿Donde está aquí la diferencia? Primero, no tenemos que llevar las manos en el volante y, en segundo lugar, el coche cambia solo de carril.
Esto último lo puede decidir el conductor o ceder por completo la decisión al vehículo. En este último caso, el coche siempre se mantuvo en el carril de la izquierda ya que viajábamos a la velocidad máxima permitida en la vía y era el carril que las indicaciones mostraban como más propicio para llegar a nuestro destino.
Pero, además, hay que tener en cuenta que en China no existe obligación de circular por la derecha, por lo que cualquier carril es apto para un adelantamiento. Cosa que el Dolphin Surf hizo con plena suficiencia cada vez que se encontró en una encrucijada o se aproximó a los carriles exteriores para preparar la maniobra de salida al entorno urbano.
El desempeño en todas las ocasiones me pareció extraordinario. El cambio de carril se produjo con una seguridad y tranquilidad que sorprende, sin vaivenes y sin movimientos bruscos que puedan crear inseguridad.
Y en esas estábamos cuando comprobé las dos situaciones que más me llamaron la atención. La primera es menos sorprendente pero estuvo muy bien gestionada. El vehículo necesitaba cambiarse a la derecha para tomar una de las salidas. Se iba a desplazar cuando comprobó que no había distancia de seguridad suficiente con el vehículo que circulaba en el nuevo carril unos metros más atrás. Mostró el carril en amarillo en el cuadro de instrumentos y se mantuvo en el sitio.
Nada nuevo pero en otros vehículos el sistema habría cancelado la maniobra. Aquí, sencillamente, la mantuvo activa hasta que el vehículo posterior abandonó el carril y se quedó libre, en ese momento complementó la misma.
La segunda sí que me llamó todavía más la atención. Viajábamos por el carril izquierdo cuando un Volvo empezó a acercarse a una velocidad muy alta (y por encima de lo permitido). La solución del coche fue cambiarse a la derecha para no entorpecer el paso y retomar el carril una vez éste nos superó. Una gestión que demuestra hasta qué punto el coche entendió correctamente el entorno.
Realmente sorprendido
Sí, la prueba se hizo con conductor y no estamos ante el Ojo de Dios más avanzado de los que tiene BYD disponibles.
Pero eso no resta un ápice de mérito a la experiencia. No hay que olvidar que esto lo está entregando BYD de serie en un coche de menos de 10.000 euros al cambio. Uno que, en España, se puede comprar por poco más de 11.000 euros si accedemos a todas las ayudas del Plan MOVES pero que, desde luego, se puede comprar por menos de 20.000 euros.
No hay muchos más rivales por debajo de ese precio y no hay, para mí, mejor alternativa para comprar si queremos un coche puramente urbano. Tanto eléctrico como en combustión.
Nos queda por ver cuál es el desempeño del sistema en una megaciudad China. Lo probamos en Xi’An, una urbe de 13 millones de habitantes. Tanto allí como en las inacabables Shanghai, Pekín o Shenzen, más pobladas, y con un tráfico tan voluminoso como el de Xi’An, el reto para programadores e ingenieros debe ser mayúsculo.
Porque no se trata exclusivamente de los coches, hay que contemplar el flujo de las motocicletas, con un caminar tan anárquico e inesperado al primer vistazo como lógico cuando se observa con calma.
También hay que ver si BYD consigue desplegar el sistema fuera de China. Allí, todos los kilómetros que hemos realizado los hemos hecho por carreteras muy cuidadas, muy anchas y bien pintadas. Hasta el momento, las marcas chinas (y BYD está incluida) no han conseguido trasladar una buena experiencia con los sistemas de conducción semiautónoma en Europa, con carreteras más estrechas y, en muchos casos, en peor estado.
Confiamos, eso sí, en que al menos todo este gasto en investigación y desarrollo sí les permita aterrizar parte de este conocimiento a los vehículos europeos y por lo menos podamos disfrutar de unos mejores sistemas de ayuda a al conducción.
Fotos | Xataka
En Xataka | BYD y Tesla tienen un plan para barrer a la competencia en China: tirar los precios a lo bestia
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Ninja Crispi Pro análisis características precio especificaciones
Por la sana costumbre de no morirme de inanición y algo de afición culinaria, parte de mi tiempo libre lo empleo cocinando. Y hay quien dice que hasta se me da bien. Soy usuario habitual del horno y en él preparo buena parte de mis recetas. Por eso nunca había prestado demasiada atención a las freidoras de aire. Siempre las había visto como un electrodoméstico interesante, pero prescindible para alguien que ya tiene un buen horno en casa.
Tras más de un mes utilizando la Ninja Crispi Pro he descubierto que estaba planteando mal la comparación. No porque la freidora de aire vaya a sustituir al horno, sino porque me ha permitido cocinar determinados platos que antes, simplemente, no me compensaba. Y eso termina teniendo más impacto en el día a día de lo que imaginaba.
✅ Cómpralo si…
- Cocinas habitualmente para una o dos personas.
- Te gustan las guarniciones, los rebozados o las elaboraciones rápidas.
- Buscas una freidora de aire fácil de limpiar y mantener.
❌ No lo compres si…
- Cocinas habitualmente para varias personas.
- Esperas sustituir completamente el horno.
- Sueles preparar grandes bandejas o recetas familiares.
Lo esencial en 30 segundos
La Ninja Crispi Pro es una freidora de aire diferente. Sus principales señas de identidad son sus recipientes de cristal intercambiables, que permiten cocinar, servir, guardar alimentos y volver a utilizarlos sin necesidad de cambiar la comida de recipiente.
La buena capacidad de los recipientes de la Ninja Crispi Pro, que se adaptan al volumen de la comida que vas a preparar, encaja especialmente bien en aquellas situaciones donde utilizar un horno convencional resulta poco práctico por el alto consumo de energía que se emplearía.
Los recipientes de cristal son una ventaja en términos de uso y eficiencia. Al ser transparentes puedes ver si los alimentos ya están cocinados o dorados al gusto sin tener que estar abriendo constantemente el cajón de cocción deteniendo el proceso.
Eso sí, conviene ajustar las expectativas. Aunque los recipientes son profundos y aparentan una gran capacidad, en este tipo de electrodomésticos la superficie disponible importa mucho más que la altura. Cuando intentamos cocinar grandes cantidades de comida aparecen las limitaciones habituales de cualquier freidora de aire.
Ninja CRISPi PRO XL Air Fryer, 5 Preset Cooking Functions, 5.7 and 2.3 inch CleanCrisp Glass Cooking Bowls and Storage Lids, Moss Green AS090EUGN
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Nuestra experiencia con la Ninja Crispi Pro


Una freidora de aire fácil de usar que entra por los ojos. Es una airfryer que no se parece mucho a lo que estamos acostumbrados. La cesta tiene un acabado poco convencional que recuerda más a una fuente de horno que a la típica cesta extraíble. Pero más allá de por su diseño, me ha encantado lo fácil que es usarla: mediante un sistema súper intuitivo de botones y una ruleta central, basta con girar para elegir el modo, ajustar el tiempo o la temperatura, y pulsar para empezar a cocinar al instante. Desde el primer momento queda claro que es un electrodoméstico pensado para no complicarte la vida.
El cristal es un actor protagonista. Ver los alimentos mientras se cocinan es más útil de lo que parece. Poder vigilar el dorado de los alimentos de un vistazo es de gran ayuda, sobre todo cuando aún no dominas los tiempos de una receta nueva. Nos ahorra tener que estar sacando la cesta cada poco rato, conservando así el calor interior y ahorrando energía. Otra de las cosas que me han gustado son las asas y patas protectoras de los recipientes, ya que permiten llevarlos directamente a la mesa para servir, o guardarlos tal cual en la nevera sin ensuciar más cacharros. Y por si todo esto fuera poco, no solo son aptos para lavavajillas, sino que, al limpiarlos a mano, la suciedad sale muy, muy fácil, incluso la grasa.


Más capacidad de la que parece… y también menos. Al principio, reconozco que la profundidad de los recipientes me pareció una gran ventaja, ya que permite acomodar sin problemas piezas voluminosas como un pollo entero o pimientos asados. Sin embargo, con el uso descubrí que en una freidora de aire la superficie plana útil es mucho más importante que la profundidad, ya que los alimentos necesitan estar bien extendidos para que el flujo de aire caliente los cocine de forma homogénea. En recetas como empanadillas, patatas o verduras rebozadas el resultado mejora cuando los alimentos tienen espacio suficiente entre ellos, algo que en un recipiente tan profundo es más complicado.
Donde más me ha sorprendido. La mayor sorpresa ha sido descubrir lo bien que cocina determinados alimentos, hasta el punto de que me ha hecho cambiar hábitos. Antes solía evitar las frituras tradicionales o intentaba no encender el horno para preparar una ración pequeña por el gasto de energía que supone. Con este dispositivo he recuperado algunas de esas recetas. Las patatas fritas naturales quedan muy buenas, los rebozados mantienen una textura crujiente y las alitas de pollo salen con un toque crujiente gracias a la circulación constante de aire caliente. También ha demostrado un rendimiento sobresaliente a la hora de recalentar empanadillas o porciones de pizzas, evitando esa textura chiclosa en la masa al calentarla en el microondas.
El experimento de los canelones. Uno de los experimentos que más curiosidad me despertaba era ponerla a prueba con platos propios del horno tradicional, así que, como catalán de bien, me animé a preparar unos canelones. La ración individual fue mejor de lo esperado, pero la prueba me sirvió para toparme con los límites reales de su formato: preparar comida para uno tiene todo el sentido del mundo, pero hacer una bandeja familiar es otra historia no por calidad de cocinado, sino por capacidad.
Ficha técnica de la Ninja Crispi Pro
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Ninja Crispi Pro |
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DIMENSIONES |
31,08 x 29,79 x 28,01 cm |
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capacidad de los recipientes |
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Funciones |
AirFry, MaxCrisp, Recrisp, Roast, Bake/Prove, Dehydrate |
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Potencia y temperatura |
2.050 W Temperatura de 40°C a 240°C |
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MATERIALES |
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PRECIO |
Ninja Crispi Pro, la opinión de Xataka


La Ninja Crispi Pro me ha convencido precisamente porque no ha intentado convertirse en algo que no es. Después de más de un mes de uso sigo utilizando el horno para algunas de mis recetas habituales, pero también he descubierto que la freidora de aire ha ocupado un espacio propio dentro de la cocina. Un espacio que antes quedaba vacío entre el microondas y el horno convencional.
Su propuesta basada en recipientes de cristal aporta ventajas en términos de comodidad, limpieza y experiencia de uso. Pero lo que realmente marca la diferencia es que consigue que determinadas elaboraciones resulten mucho más accesibles en el día a día, sobre todo si hablamos de cocinar para dos o tres personas.
Patatas fritas naturales, rebozados, alitas, pequeñas guarniciones o raciones individuales son recetas que ahora preparo con más frecuencia simplemente porque el proceso resulta más rápido, cómodo, eficiente y no implica abusar de las frituras tradicionales.
¿Te lo recomiendo?
Si no cocinas para más de tres personas, sin duda, la recomiendo. Me ha parecido una freidora de aire muy fácil de usar, tanto por el sistema de mandos y botones, como por el hecho de poder ver la comida y poder pararla antes de que se te queme. Además, la solución de los recipientes de cristal es un puntazo a la hora de limpiarlos, servir la comida e incluso usarlos como táper. ¿Quién en su sano juicio preferiría ensuciar varios cacharros cuando puede usar el mismo para todo?
Imágenes | Xataka
En Xataka | Mejores freidoras de aire en calidad precio. Cuál comprar en función del uso y cinco modelos recomendados
Este dispositivo ha sido cedido para prueba por parte de Ninja. Puedes consultar cómo hacemos las reviews en Xataka y nuestra política de relaciones con empresas.
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Si la pregunta es cómo evitar que nuestro coche sea un horno, unos expertos alemanes creen que llevamos toda la vida equivocándonos
Playa por la mañana, visita al chiringuito y siesta en la casita alquilada. No suena mal. Uno sale del chiringuito con la tripa llena y el alma embriagada de la dulce sensación de despreocupación que te invade cuando llega el postre y dices “por qué no me iba a comer ese helado de tres bolas”.
Pero al ir al coche, la dura realidad. El sol golpea como nunca. Tocar cualquier cosa dentro del coche es jugarse una visita al hospital con una quemadura de segundo grado y no parece haber manera de bajar la temperatura del interior. “Pero si yo puse el parasol”, dirás. Pero… ay, amigo. ¿Y si lo has puesto mal? ¿Y si lo has hecho todo al revés?
Eso es lo que defienden los expertos alemanes del ADAC, una suerte de RACE alemán famoso por sus estudios de fiabilidad pero que ponen el foco en todo aquello que gira alrededor de nuestros coches. Y su última publicación es un buen ejemplo de ello.
Más “fresquito”
El club de automovilistas ADAC ha publicado un artículo en el que explica qué temperatura alcanza un coche al sol y qué medidas podemos tomar para reducir la temperatura que nos encontraremos en su interior.
Hay que tener en cuenta que la temperatura del habitáculo en un coche no solo es importante por evitar quemaduras al tocar el volante o la palanca de cambios. Según la DGT, conducir en un interior que supere los 30 grados puede tener efectos sobre nuestro organismo similar a conducir bajo los efectos del alcohol.
Por eso, cuando llegamos a un coche que está aparcado al sol es importante intentar rebajar la temperatura lo antes posible. La mejor idea es poner en marcha lo que se viralizó como “el truco japonés”: abrir las ventanas y abanicar el coche con la propia puerta para mover el aire del interior e intentar que salga lo antes posible. Si pones el aire acondicionado, debes jugar con él para lanzarlo a los pies o el techo en función de si estamos o no conduciendo y las ventanillas están o no abiertas.
Pero para facilitar la tarea, es muy importante tomar precauciones antes. Una de ellas es, por supuesto, el parasol. Desde el RACC aseguran que utilizar el parasol puede reducir hasta 11 grados la temperatura interior del vehículo. Llegamos a nuestro destino, pillamos el parasol en la zona superior y nos cercioramos que cubra toda la superficie del parabrisas, cerramos el coche y nos vamos.
¿Seguro?
Lo que dicen los expertos del ADAC esta no es la mejor manera de actuar. Para ello han puesto al sol a cinco Dacia Sandero exactamente iguales y han buscado cuál es la mejor manera de conseguir que la temperatura del habitáculo sea la más baja posible.
En su estudio, el coche que estaba sin protección alcanzó una temperatura interior de 53ºC (benditos 53ºC si los comparamos con las temperaturas que puede alcanzar el interior de nuestro coche al sol en España) y la temperatura más baja se había conseguido cubriendo el coche con una lona que refleja los rayos solares. Evidentemente, esta opción es la menos práctica por el tamaño de la lona que hay que mover en el maletero y por las inconveniencias de ponerla y quitarla. Eso sí, los 43ºC conseguidos en el interior marcaban la diferencia.
La segunda opción menos útil fue poner un paño blanco sobre el coche. En este caso, la temperatura alcanzada fue de 50ºC.
Y aquí llega lo interesante porque es la opción que más utilizamos. Los expertos probaron a poner el parasol dentro del coche, bajo el parabrisas, y fuera del coche, sobre el parabrisas. Y el resultado fue que ponerlo sobre el parabrisas redujo en 4ºC la temperatura respecto a ponerlo bajo el cristal. De hecho, poner el parasol sobre el parabrisas dejó la temperatura en 45ºC, muy cerca de la mejor opción. Al contrario, poner el parabrisas de la manera tradicional dejó la temperatura interior en 49ºC.

“Semigaraje” es la traducción que hace Google sobre ponerle al coche una lona que lo recubra
Lo cierto es que tiene sentido. Cuando el sol actúa directamente sobre el cristal del coche, éste se calienta y actúa de lupa por lo que la temperatura en el habitáculo sube todavía más. Además, el propio cristal emite más calor al interior al estar caliente, por eso no es del todo recomendable comprar un coche con techo solar sin cortinilla si vives en climas especialmente cálidos. En ese caso, el calor del cristal se proyecta sobre las cabezas de los pasajeros.
Poniendo el parabrisas en el interior evitamos que los rayos incidan directamente sobre el cristal y, por tanto, esa capacidad para retener el calor y elevar más la temperatura es inferior. En ese caso, lo que debemos hacer antes de irnos es “pillar” unas cintas del parasol al cerrar las puertas para que el parasol no salga volando.
Foto | Andrew Bone
En Xataka | La mejor manera de utilizar el aire acondicionado en el coche: las claves para luchar contra el calor
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Llevamos décadas enfriando las casas con máquinas cada vez más caras. El método persa no consume un solo vatio desde hace 2.500 años
Durante décadas, el aire acondicionado ha sido la gran respuesta al calor. Cuanto más subían las temperaturas, más potente era la máquina que instalábamos. Sin embargo, hace más de 2.500 años, en una ciudad del desierto iraní, alguien planteó una idea completamente distinta: quizá el problema no era cómo enfriar una casa, sino cómo construirla para que nunca llegara a calentarse demasiado.
El calor tiene un nuevo enemigo. El planeta atraviesa una escalada de temperaturas sin precedentes y los edificios están empezando a pagar la factura. Las fachadas de cristal convierten oficinas y viviendas en auténticos invernaderos, el hormigón acumula calor durante horas y las ciudades irradian por la noche la energía absorbida durante el día.
La consecuencia es una dependencia cada vez mayor del aire acondicionado. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los sistemas de refrigeración ya consumen alrededor del 20% de toda la electricidad mundial, una cifra que seguirá creciendo a medida que las olas de calor sean más frecuentes.
El rediseño persa. En pleno altiplano iraní se encuentra Yazd, una ciudad donde las temperaturas estivales superan con facilidad los 40 ºC y donde sobrevivir nunca fue una cuestión de comodidad, sino de ingeniería. Allí apareció uno de los sistemas de refrigeración pasiva más sofisticados jamás concebidos: el bâdgir, conocido como captador de viento.
Su planteamiento era radicalmente distinto al actual. En lugar de combatir el calor una vez había entrado en la vivienda, la propia arquitectura se encargaba de capturar el aire fresco, expulsar el caliente y mantener un interior habitable sin consumir electricidad.

Yazd
El “método persa”: una forma de pensar. A primera vista, un bâdgir parece una chimenea alta y decorativa que sobresale de los tejados. En realidad, es un sistema cuidadosamente calculado para aprovechar dos fenómenos naturales.
Por un lado, captura las corrientes de aire que circulan varios metros por encima del suelo y las canaliza hacia el interior. Por otro, incluso cuando apenas sopla viento, actúa como una chimenea solar: el aire caliente asciende por la torre y, al escapar, genera una depresión que atrae aire más fresco hacia el edificio. En muchas viviendas ese flujo pasaba además sobre depósitos subterráneos de agua o canales conectados a los qanats, aumentando todavía más el efecto refrigerante.

Un bâdgir en Yazd
Una ciudad diseñada para el clima. Lo verdaderamente extraordinario de Yazd es que el bâdgir no funcionaba de manera aislada. Formaba parte de un ecosistema arquitectónico donde cada elemento cumplía una función. Los gruesos muros de adobe absorbían lentamente el calor. Los patios interiores creaban microclimas protegidos del sol.
Los qanats transportaban agua subterránea desde las montañas y ayudaban a refrescar el aire. Incluso existían los yakhchal, enormes estructuras capaces de fabricar y conservar hielo durante meses en mitad del desierto. El resultado era una ciudad concebida para trabajar con el clima, no contra él.

Yakhchal en Yazd
Y llegó el aire acondicionado. Durante el siglo XX, gran parte de Oriente Medio y otras regiones cálidas abrazaron modelos arquitectónicos importados que poco tenían que ver con sus condiciones climáticas. El hormigón sustituyó al adobe, las fachadas acristaladas reemplazaron a los muros macizos y las soluciones pasivas fueron cediendo terreno a los sistemas mecánicos.
Muchos bâdgir quedaron abandonados por la falta de mantenimiento, por la entrada de polvo o insectos y, sobre todo, porque el aire acondicionado ofrecía una respuesta inmediata. El problema es que también trasladó el consumo energético al centro de la ecuación y convirtió la refrigeración en una necesidad permanente.


La ironía de Occidente. Mientras muchas torres de viento caían en desuso en Irán, sus principios empezaban a reaparecer discretamente en otros lugares del mundo. Entre finales de los años setenta y mediados de los noventa se instalaron miles de versiones modernas de captadores de viento en edificios públicos británicos. Centros comerciales, hospitales y colegios incorporaron sistemas de ventilación inspirados en aquellos diseños milenarios.
En Estados Unidos, el centro de visitantes del Parque Nacional Zion consiguió reducir drásticamente la necesidad de aire acondicionado gracias a estrategias de refrigeración pasiva basadas en el mismo concepto. Hoy arquitectos e ingenieros recurren a simulaciones por ordenador para optimizar una tecnología que nació hace siglos observando simplemente cómo se movía el viento.
El futuro quizás no está en máquinas más eficientes. La arquitectura contemporánea empieza a asumir una idea que durante décadas quedó relegada a un segundo plano: el edificio también forma parte del sistema de climatización. Normativas recientes en países como Reino Unido priorizan la sombra, la ventilación natural y la reducción de la ganancia solar antes de recurrir a soluciones mecánicas.
Persianas exteriores, lamas, cubiertas vegetales, materiales con alta inercia térmica o patios vuelven a ganar protagonismo. Incluso quienes defienden el uso del aire acondicionado coinciden en que estas medidas pueden reducir de forma notable su consumo energético.
La gran lección: no repetir el mismo error. La historia del método persa y su bâdgir no demuestra que debamos renunciar al aire acondicionado. Demuestra algo mucho más incómodo: durante décadas hemos intentado solucionar el calor añadiendo máquinas a edificios que, en muchos casos, fueron diseñados como si el clima no importara.
Los persas siguieron el camino contrario hace más de dos milenios. Antes de pensar en cómo enfriar una casa, pensaron en cómo construir una que necesitara enfriarse lo menos posible. Quizá la tecnología más revolucionaria para afrontar las próximas olas de calor no sea una máquina nueva, sino recuperar una vieja idea que llevaba siglos esperando en los tejados del desierto.
Imagen | Mohammad Hosseini, Diego Delso, Pastaitaken, Dinkun Chen
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